jueves, 12 de febrero de 2026

El amigo fiel es refugio seguro

 

En el libro del Eclesiástico 6,14-16, se nos dice que “un amigo fiel es protección poderosa, quien lo encuentra, halla un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, es de incalculable valor. Un amigo fiel es medicina que salva, lo encontrarán los que temen al Señor”.

  Una amistad buena, sincera y duradera se fundamenta en la misma palabra de Dios, en la fe en él, en su gracia. Fue el mismo Señor Jesucristo que dijo “a ustedes ya no los llamo siervos, sino amigos; porque el siervo no sabe lo que hace su señor” (Jn 15,14-15); y también dijo “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. Vemos aquí que el mismo Cristo, el Maestro, condicionó su amistad al cumplimiento fiel de su palabra, de su enseñanza; y por eso también dijo que todo el que enseñe a los demás a cumplir la más leve palabra del mensaje, será el más grande en el Reino de los cielos.

  Jesús quiso unirnos a su persona en su misión evangelizadora concediéndonos su amistad sincera. Les prometió a sus discípulos y, en ellos a nosotros, que nunca nos dejaría solos; como un fiel amigo estaría siempre con nosotros, a nuestro lado dándonos la fuerza y el valor que necesitaríamos para llevar a cabo la misión evangelizadora encomendada por él. Su amor y su amistad son nuestros compañeros en el camino misionero y nos guía en el camino de ser sus verdaderos y fieles testigos; nos hizo testigos de su amor, su amistad, su alegría y su bienaventuranza.

  Jesús llama amigos íntimos a quienes le siguen en fidelidad; nos ha invitado a participar de sus alegrías, en el banquete nupcial, que es imagen del banquete del Reino de los cielos. Jesús nos enseñó que quienes creen y siguen sus enseñanzas en fidelidad, ocuparían un lugar de predilección en su corazón. Con su gesto de amistad nos enseña a acoger a todos sin distinción; a no ser solamente amigo de los amigos, sino también de aquellos que hasta nos ven como sus enemigos. Recordemos que Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro, ante la muerte de una persona amada. Como cristianos debemos estar siempre abiertos a los demás. Debemos también seguir aprendiendo y profundizando en la amistad verdadera y saber comunicar el amor de Dios que llevamos en el corazón.

  San Ambrosio dijo: “Si descubres algún defecto en el amigo corrígele en secreto. Las correcciones hacen bien y son de más provecho que una amistad muda”. La amistad sincera requiere que ayudemos al amigo a ser más perfecto, una amistad perseverante; y nuevamente el libro del Eclesiástico 22,31 nos dice que “no debemos avergonzarnos de defender al amigo”. No abandonarlo en el momento de las necesidades, no negarle nuestro afecto, mantener nuestra lealtad. Y es que, en la adversidad se prueban los amigos verdaderos, pues en la prosperidad todos parecen fieles (san Ambrosio).

  La caridad sobrenatural fortalece y enriquece la amistad. San Agustín dijo que “la verdadera amistad no se mide por intereses temporales, sino que se bebe por amor gratuito”. Y es que este amor gratuito viene del mismo Dios, de su amor gratuito, deseando su bienestar y su alegría. Y no olvidemos, a ejemplo del mismo Cristo, que el extremo del verdadero amor es aquel que está dispuesto a dar la vida por sus amigos. Cristo fue fiel a su amistad por nosotros hasta el extremo y nos enseña así a ser amigos de los amigos. 

  Pues queridos hermanos, celebremos la verdadera amistad y el amor sincero hoy y siempre. No vivamos nada más el aspecto comercial y banal de estos dones de Dios a nosotros. Sigamos pidiendo a nuestro Dios y Señor, que nos siga llenando de su gracia para fortalecer nuestra amistad que se fundamenta en su amor gratuito para una esperanza viva.

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