martes, 8 de septiembre de 2026

Propuesta Legislativa: ¿Obligar a hablar creole? Los límites de la ley frente a la lengua

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Se hizo público en algunos medios de comunicación y redes sociales el proyecto o propuesta de ley presentado por un diputado del PRM de Azua, Julio César Beltré, para que se establezca de manera obligatoria en el sistema educativo nacional, - específicamente en los colegios y escuelas de nivel primario y secundario -, el aprendizaje del creole. Pero también se sabe que hay otros legisladores oficialistas que apoyan esta propuesta legislativa. Este proyecto equipara el creole con el inglés y el francés que, más bien es para dar la impresión o imagen de que se estaría hablando un idioma o lengua universal. Y como era de esperarse, el debate se encendió.

  Hablar de lengua es hablar de cultura, de identidad y de personas. Según los argumentos de justificación de la propuesta o anteproyecto, dice el diputado que, entre la República Dominicana y Haití, hay vínculos históricos, comerciales, culturales y migratorios que compartimos ambos y una intensa dinámica fronteriza. Este diputado, además, dice que aprender creole fortalecería la comunicación entre ambas naciones, especialmente entre las zonas limítrofes y facilitaría el comercio y la cooperación bilateral.

  Vayamos por parte. ¿Qué significa la palabra "vínculo", que el diputado afirma en su propuesta? Esta palabra significa "unión, atadura". Entonces, ¿quiere decir que la RD y Haití, están unidas o atadas en todo o en varios aspectos? ¿RD y Haití están unidas o atadas en lo histórico, lo cultural, lo comercial y la migración? ¿Se puede hablar de una atadura o unión entre ambas naciones o, más bien, hablar de una relación necesaria que conlleva establecer unas buenas relaciones de países vecinos? ¿RD y Haití son dos países en una misma isla que no tendría sentido que estuviéramos separados? ¿Se le olvidó a este diputado y a quienes le secundan, de quién nos independizados? ¿Quiénes fueron nuestros opresores y verdugos?

  A ver. El creole se deriva mayormente de la lengua francesa. La constitución haitiana establece que el francés y el creole son los dos idiomas oficiales del país; mientras que, en RD el idioma oficial es el español. RD y Haití lo único que tenemos en común es que compartimos una misma isla. Pero, no hay ni tenemos vínculos culturales; somos de culturas diferentes: no compartimos idioma, ni creencias, ni conocimiento, ni arte, ni moral, ni leyes, ni costumbres, ni educación, ni hábitos que nos identifiquen como dos naciones hermanas; que no lo somos, ni lo seremos. ¿Que tenemos relaciones comerciales? Sí. Pero ¿Quiénes son los que tienen esas relaciones comerciales? Grandes comerciantes y empresarios, así como políticos que se han beneficiado de un comercio, - en gran parte irregular -, con ese país, sin importarles cumplir con las leyes establecidas que regulan dicha actividad. Si ellos necesitan aprender creole para sus negocios, que lo hagan.

  ¿Y el tema migratorio entre ambas naciones? Este es uno de los grandes y graves problemas que tiene la RD con Haití: la masiva migración ilegal y el descontrol de las autoridades dominicanas que no asumen con sinceridad este problema. Las medidas que anuncian parecen más bien una especie de anestesia para calmar la irritación social de los dominicanos: hablan de deportaciones, pero al mismo tiempo, a los que deportan, vuelven a entrar al país de manera ilegal por el contubernio y corrupción de las mismas autoridades fronterizas y el tráfico de migrantes por parte de desaprensivos delincuentes civiles, así como los mismos empresarios que fomentan la mano de obra extranjera ilegal y barata.

Dicho lo anterior, entonces ¿por qué estos políticos siguen apretando la tuerca, proponiendo leyes que llevan a entender que quieren unir ambas naciones en vez de legislar para que se establezcan leyes que combatan realmente la migración ilegal, sobre todo la que viene de Haití y se fortalezca la soberanía de la RD? Muchas veces se ha dicho, y con razón, que entre ambas naciones lo que debe establecerse son unas relaciones de buenos vecinos que lleve a cada actor a ocuparse de su territorio, es decir, ellos allá y nosotros aquí, sin perjuicio de la soberanía de cada país.

  A los dominicanos no pueden obligarnos a aprender a hablar el idioma de los que fueron nuestros verdugos, nuestros opresores. Son ellos los que tienen que aprender el español, si quieren venir a establecerse aquí, hacer negocios, vivir, estudiar..., todo de manera legal en el cumplimiento de la ley migratoria de la RD. El creole no es un idioma ni una lengua universal; no se habla en ningún otro país; a diferencia del español que esta entre las primeras cinco lenguas más habladas del mundo.

  Ahora, ¿Qué implicaciones culturales tendría para la RD aprender el idioma de sus opresores?

  A estos legisladores hay que preguntarles: Y después qué otras propuestas vendrán: ¿que icemos la bandera haitiana en las escuelas y colegios, junto a la dominicana y que se cante el himno haitiano porque tenemos vínculos históricos y culturales con Haití? ¿Que asumamos el vudú como manifestación religiosa? ¿Que asumamos actitudes reñidas contra la moral y las buenas costumbres, - como defecar y bañarse en cueros en la vía pública -, para normalizarlas en nuestra sociedad? ¿Que las transacciones comerciales dentro de RD se realicen con la moneda haitiana?

  Señores legisladores, sean prudentes en su propuesta. Este no es un tema ligero ni superficial, ni de simple trámite burocrático. Sabemos que hay una gran presencia o matrícula de estudiantes haitianos en nuestras escuelas sin pedirles un solo documento de identidad y que los mismos no muestran identificación con la historia dominicana ni cantan nuestro himno nacional. ¿Qué piensan y dicen los haitianos de Juan Pablo Duarte? También ¿qué implicaría la aprobación de este proyecto para las autoridades dominicanas y el cuerpo docente nacional; la inversión, estructura y preparación de los docentes que se tendría que crear para llevar a cabo el aprendizaje de este idioma?

  El idioma español es parte de nuestra identidad como dominicanos y sumarle el creole se estaría fomentando una mezcla que afectaría nuestra identidad. Sería una especie de mimetización y una mala señal de lo que desde nuestra independencia hemos logrado.

  Aprender siempre es importante y positivo para el desarrollo de los pueblos y las personas. Hablar más de un idioma es tener acceso a otro mundo diferente al propio. Pero también conlleva asumir conocimientos y costumbres y es una forma de unión. Y esto es lo que está detrás de esta propuesta legislativa. A la mayoría de los dominicanos no nos interesa aprender ese idioma de una minoría sólo porque a un reducido grupito de empresarios y políticos se les antoja imponerlo al resto de la sociedad por sus intereses comerciales y por presiones foráneas. A los dominicanos no nos interesa tener vínculos de unidad culturales con los que fueron nuestros opresores y verdugos. El dominicano que necesite o quiera aprender a hablar creole, que lo haga de manera personal. Queremos más bien, que ellos allá se decidan a sacar a su país de la miseria y crisis en la que ellos mismo lo han sumido y lo mantienen. Esto sería beneficioso para ambas naciones.

  Y es que somos dos pueblos diferentes, en el que cada uno tomó su rumbo por caminos diferentes. No pretendan buscar formas de crear vínculos forzados entre ambas naciones, porque eso no será posible. No sigan apretando la tuerca a la sociedad dominicana con este tipo de imposiciones. Dejen de poner sus intereses personales, partidistas y de grupo, disfrazados de lazos amigables, por encima de los intereses nacionales y soberanos. Esta migración masiva e ilegal haitiana es ya un grave problema social y demanda de todos, sobre todo de las autoridades, aplicar medidas que ya están establecidas y otras que deben establecerse, si queremos que nuestro país siga avanzando hacia el desarrollo, el progreso y el orden.

  ¿Por qué no le preguntaron a la sociedad dominicana si estamos de acuerdo con esa propuesta? La respuesta la saben y por eso no lo hacen, sino que se atribuyen una acción que afecta, en este caso, la identidad cultural del país, para hacer sus movimientos sectarios y antinacionales. A ustedes se les olvida que están en esos puestos políticos por un tiempo muy limitado y que la sociedad que ustedes juraron representar en sus mejores intereses se las cobra con el voto.

  Señores legisladores, recuerden la historia de ambos países, sus culturas, sus valores, sus identidades. Este no es un tema sencillo para legislar de esa manera por sus implicaciones. ¿Qué hay detrás de esa propuesta legislativa? Las consecuencias de algo así no se ven de inmediato, sino a largo plazo. Es un tema muy, pero muy delicado y hay que analizarlo con detenimiento y frialdad intelectual, sin manipulaciones, sin engaños. Es poner todas las cartas sobre la mesa; analizar los pros (que dudo que los haya), y los contras (que sí son peligrosos para RD). Porque, si a esas vamos, entonces ¿por qué no se legisla para imponer el idioma chino, el mandarín, debido a la gran cantidad de ciudadanos chinos que viven y tienen negocios en RD? También en nuestro país hay cantidades significativas de población de otros países que han aprendido a hablar español. ¿Por qué entonces el creole hay que imponerlo a los dominicanos? Yo me pregunto si existe una ley en Haití que obligue a los haitianos a aprender y hablar español. Me imagino que no. Entonces, ¿por qué somos siempre los dominicanos los que tenemos que ceder ante estos aprestos?

  Concluyo este artículo volviendo a decirles que no sigan apretando la tuerca a la sociedad dominicana con acciones, propuestas y leyes que laceran la identidad, la cultura y la soberanía dominicana. Con estas acciones lo que provocan es que los votantes miren hacia otros posibles aspirantes porque la población está harta y cansada de tantas promesas de campaña de defensa, promoción y soluciones a los grandes problemas sociales, y cuando logran el triunfo, se olvidan de ellas. La sociedad dominicana debemos protestar contra esta imposición que se quiere legislar. Esto no es una necesidad ni una prioridad ya que no resuelve ningún problema acuciante de la sociedad dominicana en su conjunto. Protejamos nuestra lengua y la libertad de quienes la hablamos.

martes, 1 de septiembre de 2026

La irresponsabilidad del director del INTRANT

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Hace unos días atrás, yo escribí un artículo de opinión sobre el problema del caos y el desorden del tránsito vehicular en nuestro país, sobre todo, en lo que se denomina el Gran Santo Domingo. Expresé en ese artículo mi opinión sobre lo que creo que sería el primer paso a dar para buscar posibles soluciones a este problema nacional que se ha convertido en un problema de salud pública. Lo hice desde mi realidad como ciudadano, preocupado por este problema y que también sigue esperando que las autoridades, actuales y venideras, se empeñen en buscarle posibles soluciones y que no nos sigamos quedando en las quejas, pero no buscamos ni hacemos todo lo posible por erradicar dicho problema. Y esto nos compete a toda la sociedad, no solo a las autoridades. Todos tenemos nuestra cuota en el fomento de este caos vehicular y también todos tenemos nuestra cuota en aplicar los correctivos de lugar.

  Pues hace unas semanas atrás, y con motivo a la celebración de la Restauración de la República Dominicana el 16 de agosto, el presidente, como ya es una tradición, - que no por ley -, realizó cambios de funcionarios en el tren gubernamental en algunas dependencias del estado. Uno de esos cambios fue nombrar al nuevo incumbente del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte (INTRANT), general (r) Juan Manuel Méndez que, a su vez, venía de la dirección del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), donde estuvo al frente por varios años en varios gobiernos.

  Este señor, en una reciente entrevista que diera a la periodista de investigación Nuria Piera, - que fue más bien una entrevista tipo “píchamela suave”, porque la misma se notó muy complaciente con el entrevistado -; dijo, y cito: “Mi hijo pequeño hizo una oración pidiendo para que la imagen de mi papá no se dañe”. Pues lo cierto es que parece ser que esa oración no ha hecho el efecto ni ha obtenido los resultados deseados, porque la imagen de este señor sí que está por los suelos ya que tiene cuentas pendientes de su administración cuando estaba en el COE en unos casos sonados como, por ejemplo,  el gasto que se hizo en esa dependencia de más de mil millones de pesos para los arreglos mecánicos de ambulancias y que todavía al día de hoy, este señor no ha dado repuesta satisfactoria a la sociedad ni la justicia ni ninguna otra dependencia de transparencia del estado, ha actuado con el debido procedimiento de persecución contra la corrupción. A renglón seguido, el entrevistado se despacha con unas desatinadas palabras que dejan a la sociedad con la boca abierta, dijo: “El tránsito no lo va a solucionar nadie; no nos podemos venir a llamar a engaños. El tránsito vamos a gestionarlo, a trabajarlo con los actores y decirle a cada quién lo que tiene que hacer”.

  A este señor hay que preguntarle: general, si esa es su apreciación con respecto al caos y desorden del tránsito vehicular, ¿por qué entonces usted aceptó ese puesto en esa institución? En otra entrevista realizada por la periodista Colombia Alcantara, dijo el general que el presidente le pidió que lo acompañara en la dirección del COE, a pesar de que ya estaba en retiro. Pero, también hay que preguntarle al presidente: Señor presidente ¿Por qué usted nombró a un incumbente en el INTRANT que no sabe nada de movilidad vehicular, si no va a buscarle soluciones a los problemas? ¿Qué pasó con los cambios que prometió en su campaña? ¿En ellos nos estaban los cambios que la sociedad necesita en materia de tránsito vehicular? Ya lo dije en mi artículo anterior: estas son las consecuencias de nombrar a personas en instituciones o puestos que no dominan, que no conocen, que no están preparados. Esto solo se sigue haciendo por amiguismo o cuota política. Y la sociedad, los de a pie, somos los que pagamos el precio porque no vemos que estos funcionarios infuncionales se concentren en buscar soluciones a los problemas más acuciantes de la sociedad. Esto es síntoma de la falta de voluntad política para gestionar soluciones. Cuando a una persona la ponen en un puesto de tanta importancia es para que busque soluciones y no para que provoque más problemas. De ser así, quítese de ahí y váyase para su casa.

  Esta excusa inexcusable de este ministro también podrían asumirla otros ministros que se escudarían en tal pensamiento, por ejemplo, se me ocurre pensar: ¿Qué tal si escucháramos al ministro del interior y de migración decir “el problema de la migración ilegal haitiana no lo arregla nadie”; o al de salud diciendo que el problema de salud pública no lo arregla nadie”; o al de educación con esa misma afirmación? Etc. Pues si así sucede, entonces como dice el dicho popular “cerremos este país, votemos la llave al fondo del mar y vámonos de aquí para la luna”. Con razón dicen la vox populi que nuestro país es una selva con aires de modernidad.

  ¡Así es! Con ministros como estos seguimos siendo una sociedad desamparada y sujeta a su triste destino de seguir caminando en el desorden y el caos institucional; provocando que vivamos como perros y gatos; como chivos sin ley; aplicando la ley de la selva. Vuelvo y repito lo dicho hace unos días atrás: necesitamos, como sociedad, que las instituciones apliquen la ley con justicia, sin miramientos, sin distinción, sin complacencias, con igualdad para todos y que los abusos también se castiguen. ¡La ley es dura, pero es la ley! La autoridad debe devolvérsele absolutamente a la institución para que haga su trabajo como la ley manda. Por eso existen las leyes: para vivir en orden.

  Hay que recordarle a este señor que el tránsito vehicular no se maneja ni tiene que ver con temas ni asuntos de la naturaleza, como son las lluvias, tormentas, terremotos, ciclones, etc. Quiero recordarle que está en ese puesto para diseñar políticas públicas que enfrenten los problemas del tránsito en el país; y que afirmaciones como esa dejan claro que es un irresponsable. Se nota que este señor no asumió ese cargo para buscar soluciones, sino que más bien en sus palabras dejó entrever que él no va a echarse ese tema sobre sus hombros ya que incumbentes anteriores tampoco aplicaron soluciones a este problema. Él es uno más. A este señor lo que le interesa es mantener su “buena imagen”. Pero ya está derrotado.

  Como diría el chapulín colorado: ¡Oh, y ahora ¿Quién podrá defendernos? Esta frase también se puede parafrasear con un versículo del evangelio referida a la persona de Juan Bautista: “Soy la voz que clama en el desierto”. Así estamos la sociedad dominicana, gritando para que se apliquen políticas públicas para enfrentar los problemas sociales, pero no nos hacen caso. Por estas actitudes de indiferencia y de falta de soluciones reales, es que una gran parte de la población está harta y cansada de funcionarios que sólo buscan su bienestar particular y no resuelven los problemas sociales.

  General, como ciudadano le digo que yo no quiero ni espero que administre el problema del caos y el desorden vehicular, sino que piense, busque y aplique políticas públicas para resolver este problema, sino váyase en paz.

martes, 18 de agosto de 2026

El caos del tránsito vehicular: ¿Por dónde debe empezar el cambio?

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Uno de los dichos populares en nuestra sociedad es que, el dominicano, desde que pisa el aeropuerto, se transforma. Se vuelve un estricto cumplidor de las leyes, sobre todo cuando viaja a un país donde las leyes se cumplen, como por ejemplo los EE.UU. Pero, desde que llega al país y sale del aeropuerto, se transforma y vuelve automáticamente a asumir la actitud del desorden.

  Teniendo estas palabras anteriores en cuenta, uno de los dolores de cabeza de nuestra sociedad dominicana siempre ha sido el desorden del tránsito vehicular. Este desorden no lo venimos padeciendo desde hace unos años atrás. Es un padeciendo de décadas atrás que, con el paso del tiempo y la indiferencia de las autoridades se ha complicado más.

  Parte de la culpa de este desorden lo encabezan las autoridades, pasadas y presentes, porque nunca han querido asumir ni aplicar las medidas que se necesitan para ayudar a buscar posibles soluciones a este problema.

  Hemos sido testigos de las numerosas concesiones y dejadez que las autoridades le han otorgado, sobre todo a los llamados sindicatos de choferes que, más bien han funcionado siempre como empresarios del transporte. Es muy oportuno recordar el calificativo con el que un prestigioso periodista, - fallecido -, los nombró como "los dueños del país".

  Así es. "Los dueños del país" que siempre le han trazado pautas y presionado a los gobiernos para que éstos a su vez, les otorguen y concedan beneficios particulares a costa de que ellos no incendien las calles, mientras y el resto de la población está indefensa ante las medidas que estos empresarios del transporte han aplicado en detrimento y en franco abuso de la población de a pie. Desde hace décadas, estos empresarios del transporte le han sacado tantos beneficios a los gobiernos que se han inflado de tal manera que los mismos gobiernos se han visto en la inacción e indiferencia o impotencia de no hacerles nada: les meten miedo o los chantajean. Les han creado programas de renovación vehicular (como los pasados dos planes – RENOVE -, vehiculares para el transporte público y que la sociedad bautizó como “los pollitos y las garzas blancas”), y no fueron más que un puro desastre, entramado mafioso y de corrupción que al final no resolvieron nada para que el transporte público. Estos sindicatos choferiles han funcionado como "monstruos" insaciables donde sus presidentes se han enriquecido y hasta han ocupado posiciones políticas de alto nivel, como ha sido en el poder legislativo.

  Pero, volvamos al punto. Hemos venido escuchando opiniones de diferentes sectores y personalidades señalando posibles soluciones para que este desorden vehicular desaparezca. Lo que me he dado cuenta es que no he leído ni escuchado a ninguno señalar lo que debería ser, a mi pensar, el primer paso para provocar dichos cambios: la reforma total de la ley de tránsito de nuestro país.

  Unos dicen que podría ser fundir en una sola institución la DIGESSET y el INTRANT. Pero ¿Será esa la real solución? Si queremos dar pasos seguros para esto, la solución a este desorden vehicular pasa por un conjunto de medidas que, si no se asume así, pues todo seguirán siendo "medidas parches" que nada resuelven.

  Las medidas que ameritan asumirse para empezar a dar señales de verdaderos cambios pasan por la reforma total y absoluta de la ley de tránsito del país. Para hacer esto, debe consultarse y establecer una comisión por personas que sean expertas en movilidad vehicular que tomen en cuenta la realidad vehicular nacional, pero sin privilegios ni distinción. La pregunta es: ¿Tenemos en el país ese personal calificado?

  Por otro lado, esa reforma de la ley de tránsito debe incluir, lo que yo llamo, medidas disuasivas, por ejemplo: el aumento de las multas a un monto que la población se espante. Por eso se llaman "medidas disuasivas”, porque se trata de disuadir al conductor de que no viole la ley para que no tenga que pagar una multa alta. Y es que uno de los problemas es que hay un gran porcentaje de conductores que no pagan sus multas porque son irrisorias y tampoco existe un sistema que ayude a saber la situación de esos casos. Es que no hay régimen de consecuencias por las violaciones a la ley de tránsito.

  Por otro lado, esa reforma debe incluir la educación vial, y esto se hace incluyendo esta materia en el sistema educativo nacional. Puede ser desde el nivel de bachillerato (o como se le diga ahora). Pero tampoco como materia de relleno. La educación guía a la toma de conciencia ciudadana.

  Esta reforma debe incluir devolverle a la institución responsable la autoridad debida. Es decir, que no valga la excusa de que el conductor violador llame muestre a su papi, muestre la tarjetica de su amigo militar o funcionario, ni que el agente fiscalizador le tome llamada a nadie. Que la aplicación de la ley no sea ni aleatoria, ni selectiva, ni con privilegio, ni distinción. La aplicación de la ley debe ser igual para todos e innegociable. También debe castigar los abusos de autoridad.

  Esta reforma debería aplicar la ley de que, la persona que compre un vehículo de motor en un dealer, para poder salir con él del concesionario debe obtener la placa y el seguro; ya después lo podrá cambiar por el que más le acomode. Otra medida debe ser que todo vehículo de motor debe tener su registro (placa) para poder circular en el territorio nacional y prohibir la circulación de vehículos de motor no aptos para circular de manera ordinaria en las calles, por ejemplo: los buguis para montear, y que sean trasladados en remolques. La reforma de la ley debe contemplar el poner a una persona o personal al frente de la institución responsable que sepa y tenga experiencia en movilidad vehicular. Lamentablemente siempre vemos que al frente de la institución se nombran personas que no cumplen o no saben nada de esto y los ponen solo por amiguismo, cuota o compromiso político. La reforma debe también establecer el fortalecimiento de la institución en sus recursos humanos y técnicos: dotar a la institución de equipo de tecnología de punta que les permita realizar un trabajo mucho más efectivo.

  ¡Basta de aplicar medidas parches que no resuelven nada! ¡Basta de que la autoridad muestre miedo en la aplicación de la ley! ¡Basta de que la institución sea asumida nada más como institución recaudadora, que sólo aplican la ley cuando el gobierno necesita dinero! ¡Basta que miembros del gobierno de turno crean y asuman que su puesto político o jerarquía es una licencia para ellos hacer y andar en la calle como jefes y que las leyes para ellos no se aplican sin ninguna justificación!

  Mientras los presidentes no asuman su responsabilidad en esta área de tomar el toro por los cuernos en una real y profunda reforma de la ley de tránsito y eliminar los privilegios, así como los abusos de poder de los funcionarios para violar la ley sin consecuencias, este desorden de nuestras calles no va a cambiar para bien. La ley es dura, pero es la ley; debemos cumplirla y hacerla cumplir. La inconsciencia, el irrespeto, la imprudencia y otras actitudes negativas son las causantes, muchas veces, de los accidentes de tránsito que han colocado a nuestro país como uno de los más peligrosos del mundo para manejar. Transitar en orden en nuestras calles no nos va caer del cielo ni los buenos deseos u opiniones sin voluntad política y ciudadana.

  Tenemos leyes, pero no se aplican como debe ser. Todos debemos someternos a su cumplimiento. Todos debemos asumir la parte que nos corresponde. La responsabilidad no sólo es de las autoridades, sino también de todos los ciudadanos, empresarios y demás instituciones. No exijamos a los demás lo que no estamos dispuestos a dar o hacer por el bien de nuestra sociedad. No exijamos orden, cortesía y amabilidad a los demás, si no estamos dispuestos a practicarlas primero.

  Pues esta es sólo una opinión. Trabajar para poner o establecer el orden con el cumplimiento de la ley es una de las tareas pendientes de las actuales autoridades y las venideras. Pasemos de la quejadera a la acción. Hay muchas otras cosas o medidas que se pueden y se deben asumir si en verdad queremos que este desorden vehicular cambie y el tiempo es ahora. No basta con construir nuevas carreteras, túneles y elevados, si no se aplican ni cumplimos con las leyes de tránsito.

 

Dios les bendiga.

viernes, 14 de agosto de 2026

Massachusetts: Cuando la ley olvida al más vulnerable.

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Ha sido noticia mundial que el pasado 10 de agosto se publicara la rueda de prensa de la gobernadora del estado norteamericano de Massachussets, firmando la ley del aborto hasta el momento del nacimiento, legislación que deroga la anterior que establecía el límite del aborto hasta la semana 24. Su entrada en vigor está fechada para el mes de noviembre próximo. Según las imágenes que se publicaron, la gobernadora del estado norteamericano firmó la orden ejecutiva estatal en su oficina en presencia o compañía de un grupo de mujeres, legisladoras y miembros de organizaciones abortistas como la IPPF que, una vez firmada la ley, se unieron todas en un gran aplauso por el triunfo logrado en favor de los derechos de las mujeres y después brindaron por el acontecimiento. Cabe destacar que la gobernadora del estado ella misma pregona su catolicismo, pero también es defensora de estos derechos femeninos. Ante esta ley que ha firmado, como católica, la gobernadora está bajo la legislación católica de Derecho Canónico que, en sus cánones 1398 impone la pena canónica de excomunión automática (Latae sententiae), así como el canon 1329 &2 que extiende la pena a los cómplices sin cuya colaboración el delito no se habría cometido.

  Hemos de tener en cuenta que esta legislación estatal sucede a consecuencia de que, la Suprema Corte de Justicia Federal, eliminó la legislación federal del aborto (ley Rose and Wade), y otorgó la libertad a los estados para que legislen en sus territorios. Esto gracias a la influencia de la administración Trump de este segundo mandato y los jueces que fue nombrando para ocupar las vacantes en el Tribunal Supremo Federal.

  Con esta legislación estatal que ocurrió en este estado norteamericano, una vez más vemos que la cultura de la muerte sigue avanzando. El estado de Massachussets se convierte en el estado número once en aprobar este tipo de leyes, que también son estados gobernados por el partico azul, es decir, el partido demócrata.

  Así queda demostrado una vez más que la mujer pasa de ser portadora de vida, a ser portadora de muerte. Sigue convirtiéndose en la verduga de sus propios hijos en su vientre; es una devoradora de sus propios hijos; es una asesina de sus propios hijos desde el vientre. Es el más atroz infanticidio de estos tiempos modernos, de estos tiempos de progreso. Y lo peor es que son aplaudidos y secundados por muchos otros, incluyendo muchos cristianos. Es la decadencia de occidente. Es el reino de la muerte que sigue arropando a gran parte de la humanidad. El aborto es lo que es, por más que lo disfracen de derecho: es un homicidio, un asesinato, un crimen de lesa humanidad, que no garantiza ninguna salvación ni ningún remedio al sufrimiento de la madre que lo practica. La madre que asesina a su propio hijo en su vientre se cree que es su dueña y que puede disponer de su vida cómo y cuándo se le antoje. La mujer ha sido puesta como facilitadora de la vida, bendecida con el privilegio y la responsabilidad de preservar la especie, pero nunca es dueña de la vida que facilita y por tanto no tiene potestad para disponer la muerte de esa nueva persona. El papa León XIV, citando a su vez al Papa san Juan Pablo II, en su encíclica Magnifica Humanitas (n 51), nos recuerda: “El valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente”.

  Según esta ley estatal ¿Cuál es el criterio para realizar un aborto? Pues el del médico y la voluntad de la madre. Aquí no toma en cuenta ningún método, ni estudio científico ni nada parecido. ¿Qué implica esta ley para un ser humano (el bebé), que se ha desarrollado completamente en el vientre materno, tiene su cuerpo formado, su código genético, que siente, que respira, que palpita su corazón…, en fin, es un ser humano completo? ¿Será este el último paso que darán estos grupos infanticidas en su carrera mortífera o pretenden dar más pasos en esta dirección? ¿Hasta dónde es que quieren llegar? ¿Dónde queda el derecho fundamental de no agredir a otro? ¿Dónde queda el mandamiento divino de “no matarás”? ¿A dónde va una sociedad que aplica la pena de muerte a una persona en el vientre materno y en el momento de nacer? ¿Dónde están los defensores de los indefensos; de los que no tienen voz? ¿Dónde están aquellos que pregonan y defienden los derechos de los inmigrantes, los lgtbq, los veganos, los ecologistas, etc.?  ¿Pero no dicen nada de los derechos de los niños por nacer?

  ¡Un estado más que decide por decreto quién vive y quién no! Esto no es gobernar. Esto es totalitarismo disfrazado de progreso, de derechos, de conquista. ¿Se puede llamar esto política? Creo que más bien hay que llamarlo demoníaco: es el poder del mal contra el poder del bien, el poder de las tinieblas contra el poder de la luz; es la batalla espiritual entre el bien y el mal. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que parece ser que estamos siendo gobernados por personas que están poseídas por el demonio. Esto es síntoma de una sociedad violenta y sanguinaria que se ensaña contra los más débiles.

  Rabindranath Tagore señaló: “la verdad no está de parte de quien grite más”. Toda propaganda del mundo, no podrá ocultar el hecho de que el aborto es genocidio, y toda la censura del mundo, no podrá esconder el hecho de que tal genocidio es un negocio multimillonario para unos pocos.

  La mujer que aborta mata. Sabe qué mata, en qué momento mata y sabe perfectamente a quién mata. Al más cercano. Al propio. Al más indefenso, al más joven.

  Concluyo este artículo citando las palabras del Papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas (n 214): “Tenemos una posibilidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene”.

 

Dios les bendiga.

jueves, 11 de junio de 2026

Practiquemos la verdadera justicia (y 2)

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Estamos librando una batalla permanente contra el mal, contra el enemigo de Dios y de sus hijos e hijas. Ya el mismo san Pablo nos advirtió de que, nuestra batalla no es contra la sangre ni la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas y contra los espíritus malignos que están en los aires (Ef 6,12). Al difundir doctrinas falsas, satanás confunde a las gentes y, por lo tanto, se obstaculiza la verdad del evangelio y el progreso de la Iglesia de Cristo y su misión evangelizadora.

  Cuando el creyente solo se enfoca en practicar una religión legalista, de puro cumplimiento de normas, lo que hace es alejarse de la Iglesia y de la verdad de Dios. La batalla espiritual no es una lucha de poderes, sino una lucha por la verdad que perdura hasta el día de hoy y que durará hasta que venga el Señor Jesús en su gloria.

  La práctica farisaica de la religión nos lleva a abandonar la verdad y a abrazar la mentira; nos lleva a crear falsos ídolos a los cuales nos postramos en adoración y no son más que ídolos de barro que no pueden salvarnos. Son ídolos que habitan en nuestro corazón. Por esto, ya el Señor nos advirtió a través del profeta Ezequiel (14,4-5): “Por tanto, háblales y diles: Esto dice el Señor Dios: Todo hombre de la casa de Israel que ha erigido ídolos en su corazón y ha puesto ante su rostro la ocasión de su iniquidad, y luego acude al profeta, Yo, el Señor, le responderé por mí mismo, de acuerdo con la multitud de sus ídolos, a fin de recobrar por el corazón la casa de Israel, los que se han apartado de mí por la multitud de sus ídolos”. Nuestros ídolos nos autodestruyen y nos convierten en víctimas de guerra; todo esto empieza a partir de cambiar la verdad por la mentira.

  La verdad libera, mientras que la mentira esclaviza. Y Dios no nos quiere esclavos, sino libres, porque Cristo nos ha liberado. El fariseísmo nos hace falsos y tibios. Nuestra naturaleza espiritual es la verdad de Cristo, porque Cristo es la verdad, mientras que la naturaleza de satanás es la mentira: él es el padre de la mentira. No es satanás el que nos tiene que decir qué tenemos que creer, sino Cristo, que nos dijo que creamos en Dios, creamos en él y a su palabra.

  Muchos cristianos nos hemos dejado arropar y manipular por la mentira; la hemos comprado en algún momento de nuestra vida. ¿Cómo se destruye la mentira? Pues con la práctica de la verdad de Cristo. Por eso, ya el mismo Cristo nos dijo que no podemos estar al mismo tiempo con Dios y con el diablo; que no podemos servir a dos amos al mismo tiempo. Ésta también es la justicia que debemos practicar si queremos entrar en el Reino de los cielos.

  El mundo está arropado y viviendo en el engaño, en la mentira, en la manipulación, en la oscuridad. Y vende este engaño como algo bueno, loable y digno de ser asumido. Pero en realidad es todo lo contrario. San pablo nos advierte: “Vigilen para que nadie los seduzca por medio de vanas filosofías y falacias fundadas en la tradición de los hombres, y en los elementos del mundo, pero no en Cristo” (Col 2,8).  Los cambios, las ideas y creencias que el mundo va presentando como progreso y desarrollo, cambian continuamente según la época, pero tienen un elemento invariable: son contrarias a Cristo. Y ya Cristo dijo que “el cielo y la tierra pasarán. Pero sus palabras no pasarán” (Mt 24,35).

  Nuestra civilización occidental está enferma y nosotros debemos aprender a ver sus síntomas espirituales para aplicar la medicina que la sanaría.  Nuestra civilización es como un paciente que está en cama agonizando, luchando por no morir. Una civilización que ha atomizado la familia natural, donde los padres no conocen a sus hijos; el desplome de la natalidad; juventudes perdidas que cambian de género como si fuera cambiarse de ropa; naciones divididas contra sí mismas; culturas que celebran su propia autodestrucción porque le han metido en la mente la idea de que tenemos que ser inclusivos con todas las aberraciones que se puedan inventar; civilizaciones que han perdido el rumbo de hacia dónde deben ir; universidades que son centros de adoctrinamiento ideológico; iglesias vacías y convertidas en antros de perdición por el placer desmedido; políticos que se venden; medios de comunicación que se alinean con las ideologías modernas por dinero y se convierten en manipuladores; el amor convertido en mercancía y la sexualidad en entretenimiento; progresismo, diversidad, feminismo, relativismo, multiculturalismo, ecologismo, etc. Es la inoculación del veneno ideológico. Pues todo esto no es nada más que una lucha contra la civilización cristiana, porque la intención es borrar de raíz todo vestigio de cristianismo, específicamente la fe católica. 

  En conclusión. La palabra de Cristo es inmutable, porque Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, y a él nos debemos si queremos entrar en el Reino de los cielos.

miércoles, 10 de junio de 2026

El Reino de Dios está dentro de nosotros. Testimoniémoslo irradiando gracia

 Por P. Robert A. Brisman P.

La categoría teológica “Reino de Dios”, es la columna vertebral de todo el mensaje del evangelio. Jesús mismo lo dejó claro en su predicación: “Si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, es para que ustedes entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Mt 12,27). Y en el evangelio de san Lucas se nos dice que, “el Reino de Dios está ya en medio de ustedes” (17,21).

  El Reino de Dios no es una realidad material, sino más bien es una realidad espiritual, divina, que viene de lo alto. En el diálogo entre Jesús y Pilatos, cuando éste le pregunta que si es rey, Jesús le responde que su Reino no es de este mundo. Y es verdad. Porque, si el Reino de Dios fuera de este mundo, pues no podría ofrecer sanación a este mundo enfermo por el pecado.

  El Reino de Dios se opone a otro reino: el reino del mundo. Estos dos son antagónicos y enfrentan una batalla permanente. El Reino de Dios tiene su rey: Cristo; y el reino del mundo también tiene su rey: satanás. Cuando hablamos del reino del mundo, no nos estamos refiriendo al mundo de la creación, sino a las instituciones, grupos e ideologías que están presentes en el mundo y que se oponen al plan salvador de Dios.

  El Reino de Dios, al ser de naturaleza espiritual y divina, se nos ha dado como un don y una tarea al mismo tiempo. Es un don, un regalo de Dios para nosotros; no hemos hecho absolutamente nada para merecerlo. Todo ha sido generosidad y gratuidad de parte de Dios. Por esto mismo es que Jesús dijo que “lo que hemos recibido gratis, debemos darlo gratis”. El Reino de Dios ha sido sembrado en nuestro corazón como una semilla de grano de mostaza para que, con el tiempo vaya germinando en nuestro interior y de ahí pase a nuestro exterior. A nosotros nos corresponde ir resolviendo esta tarea. Pero, dicha tarea, no se resuelve de un día para otro, ni en una semana, ni en un mes, ni en un año, etc. Esta tarea, de hacer presente el Reino de Dios en el mundo, es una tarea, un trabajo de toda la vida. Esta tarea terminará cuando el Señor vuelva; que no sabemos cuándo será, porque él nunca dio fechas. Desde la Ascensión de Cristo al Padre hasta que Cristo regrese, estamos en el tiempo de la Iglesia. Es decir, estamos en el tiempo de seguir anunciando y proclamando el evangelio de Jesús para la salvación de las almas. Estamos en el tiempo de hacer presente, de testimoniar la luz de Cristo en este mundo arropado por las tinieblas. El Reino de Dios es luz, vida, verdad, justicia, compasión, etc. El reino del mundo es oscuridad, muerte, mentira, injusticia, impiedad, etc.

  El Reino de Dios busca la transformación interior de la persona, la transformación del corazón y la mente, la conversión de la persona. Este Reino de Dios impregna toda la vida y cada una de las realidades en las cuales el creyente desenvuelve su vida cotidiana. Allí donde quiera que se encuentre el creyente, debe testimoniar ese don, esa gracia del Reino de Dios. Por eso Jesús advirtió que su Reino no tenemos que buscarlo fuera de nosotros; no se puede comprar en ninguna tienda.

  El Reino de Dios es silencioso. Su eficacia depende de la presencia y acción del Espíritu Santo en colaboración con nuestra disponibilidad interior. Crece lentamente. El Reino de Dios nos conduce a ver las cosas de manera diferente, con la mirada de Dios. El cristiano que vive la fe, la caridad, la compasión, la justicia, etc., ya está manifestando con su vida el Reino de Dios. Y el libro de la Sabiduría 7,22-30, nos enseña que un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz, sin mancha, diáfano, inalterable, amante del bien, agudo, libre, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, lo observa todo y penetra en todos los espíritus; en los inteligentes, en los puros y hasta los más sutiles. Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad. Aunque es una sola, lo puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva el universo; de generación en generación, entra en las almas santas, para hacer amigos de Dios y profetas…todo esto es el Reino de Dios.

  El Reino de Dios debemos hacerlo presente primeramente en la familia, en el trabajo, con los amigos, en el tránsito, etc. El Reino de Dios quiere hacer nuevos a cada hombre y a cada mujer, para que así las sociedades sean nuevas; tener familias nuevas, hogares nuevos y ambientes nuevos.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Practiquemos la verdadera justicia (1)

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Nos advierte Jesús en el evangelio: “Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos” (Mt 5,20).

  Creo que todos, a estas alturas de nuestra vida cristiana, debemos tener claro que no nos salvamos como quiera. Que nuestra salvación está condicionada a la escucha y práctica de la palabra de Dios: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 7,21).

Ya sabemos que Dios quiere salvarnos a todos y que lleguemos al conocimiento de la verdad (1Tm 2,4). Pero, cada uno de nosotros debe querer también salvarse. Cristo dijo que el que se condena, se condena porque quiere, porque lo ha decidido con su libertad y voluntad. Pero que no diga que Dios lo ha condenado, porque Dios no condena a nadie. De hecho, Dios Padre nos ha ofrecido la salvación como un don, un regalo, y no como una imposición.

  Los Fariseos y Escribas eran los doctores de la ley. La conocían muy bien: la profundizaban, la investigaban, la enseñaban, la defendían, se esforzaban en cumplirla y la hacían cumplir. Como sus conocedores, se encargaron de añadirle más preceptos que hacían más difícil su cumplimiento. Era una carga demasiado pesada e incómoda de llevar. Más que ayudar a caminar en su intención de agradar a Dios, lo que hacía era impedir el avance en el camino de la virtud y una auténtica vida religiosa: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Hagan y cumplan todo cuanto les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas e insoportables y las echan sobre los hombros de los demás, pero ellos ni con uno de sus dedos quieren moverlas” (Mt 23,2-4).

  Por parte de estos grupos se daba una presunción de ser fieles cumplidores de la ley religiosa, pero no eran más que farsantes religiosos que sólo les importaba aparentar una piedad que en realidad no vivían ni transformaba el corazón. Por esto el Señor ya había denunciado al pueblo de su hipocresía religiosa a través del profeta Isaías 29,13: “Este pueblo me honra con los labios. Pero su corazón está lejos de mí”.

  Jesús siempre criticó y advirtió a sus discípulos y demás oyentes sobre el peligro que es para el creyente en Dios vivir una religión sólo basada en cumplimiento de normas, una religión puramente legalista; y no una religión verdadera y auténtica que busca la transformación del interior de la persona: de su corazón y de su mente, para que pueda tener los sentimientos y los pensamientos de un verdadero hijo e hija de Dios. Nos invita Jesús a esforzarnos a practicar una religión no de esfuerzo mínimo, que nos lleve a exigirle un derecho a Dios para que cumpla nuestros antojos y pareceres; más bien quiere Jesús que practiquemos una religión de profunda generosidad y servicio.

  La justicia que Dios quiere que practiquemos es la puesta en práctica de su amor: un amor que nos lleva a amar sus preceptos, mandatos y leyes; que nos lleva a vivir el santo temor de Dios, a fortalecer nuestra oración y a vivirla como un verdadero encuentro de fe y amor al Padre que ve en lo secreto de nuestro interior para ser recompensados. El amor no tiene límites, no se conforma. Lo da todo sin medidas. Es el amor que se entrega, que se da por entero a la persona amada, a ejemplo del mismo Jesús. Es el amor que perfecciona. Esta es la nueva y definitiva ley que Jesús nos dejó como camino a recorrer si es que queremos salvarnos: “En esto conocerán los demás que son mis discípulos: en que se aman unos a otros” (Jn 13,35).

  Jesús no fue un transgresor de la ley ni enseñó tal cosa a sus discípulos. Él dijo que no vino a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle su plenitud. Y esa plenitud es la del amor de Dios: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

  Nuestra fe en Cristo nos debe de llevar a vivir de manera diferente. A no vivir como los demás, a no amar ni a juzgar a la manera del mundo, a no insultarnos como lo hace el mundo y sus adeptos; a no ser violentos, ni iracundos, ni vengativos. Si queremos ser y vivir diferente, a la manera cristiana, tenemos que aceptar la invitación de Jesús: “No es digno de mí el que no toma su cruz de cada día y me sigue” (Mt 10,38).

martes, 5 de mayo de 2026

María: la Mujer asociada al Redentor

 Por P. Robert A. Brisman P.

En los evangelios nos encontramos que Jesús en más de una ocasión se dirigió a María, no llamándola Madre, sino Mujer. Esta expresión en Jesús ha provocado cierta sospecha y especulaciones y muchos las han interpretado como si fuera una desconsideración, rebajándola y hasta sería una corrección de Jesús a María, su madre. Es como si él le estuviera llamando la atención por entrometerse en cosas que a ella no le competen. Y así le quita toda la importancia a ella en el plan salvífico de Dios. ¡Nada más falso y manipulador de parte de los enemigos de la Madre de Jesús!

  Para poder entender mejor y, más acorde con la revelación divina, tenemos que irnos al principio de las Sagradas Escrituras. María es la mujer que está asociada a la voluntad redentora de Dios Padre desde el principio hasta el final, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Al acercarnos a profundizar en esta expresión, nos adentramos en lo que podríamos llamar una de las expresiones más profundas y teológicas de todas las Sagradas Escrituras. Las Sagradas Escrituras, - la Biblia -, debemos leerla en relación o conexión con toda la Tradición eclesial, el Magisterio, los Padres Apostólicos, y no nada más de una manera literal, emocional y desconectada del lenguaje bíblico. Todas las palabras de Jesús, podemos decir que tienen un sentido pedagógico, de enseñanza; no son palabras dichas al azar, para salir del paso, no hay improvisación; son palabras con contenido sapiencial que debemos estar en consonancia con el Espíritu para poder entenderlas, aceptarlas y practicarlas.

  Jesús utilizó una pedagogía divina. Al llamar a su Madre “mujer”, fue precisamente para enseñar algo fundamental. En Caná de Galilea, es donde Jesús por primera vez se dirigió a María con la palabra “mujer”. Esta expresión no la podemos leer fuera del contexto en que fue dicha. Ya lo dice el dicho popular: “Un texto, sacado de contexto, se convierte en un pretexto”. Y muchos aquí es lo que hacen. Esta expresión en boca de Jesús a María, su Madre, no fue una reprimenda a ella. No podemos jamás pensar ni afirmar que Jesús tuviera una actitud tan negativa hacia su madre. Jesús, como todo niño educado en la enseñanza de la Torá, manifestaba un amor y respeto hacia sus padres, en cumplimiento del mandato divino de honrar a los padres. Y es que vemos aquí también la reacción de María que no se siente ofendida ni maltratada ni desconsiderada por parte de su Hijo. Ella solamente asiste, intercede por aquel joven matrimonio y dice una de las frases que quedará para la posteridad evangelizadora: “Hagan lo que él les diga”.

  Jesús no estaba marcando distancia de María. El accedió sin más a la súplica de su Madre, y así da inicio a su manifestación pública. Aquí lo que hubo fue una Revelación. Jesús no rebaja a María al llamarla “mujer”, sino que la estaba elevando. El papel de María va más allá de la maternidad biológica; surge de la voluntad divina de unirla a la Redención del género humano: “Pondré enemistad entre ti y la mujer…ella te aplastará la cabeza”. Por esto, el pueblo elegido, Israel, esperó durante siglos a la mujer asociada al Mesías. María es la mujer anunciada desde el Génesis, es la nueva Eva. La primera mujer, por su desobediencia entró el pecado al mundo; la segunda mujer, por su obediencia, vino la salvación al mundo. María es la cooperadora en la Redención: “Hágase en mí según tu palabra”. Esto no es casualidad, ni accidental. Es voluntad divina. Es teología pura.

  La Iglesia nunca ha orado como si Cristo estuviera sin su Madre. La liturgia, teología en acto, ni presenta a María como elemento decorativo del culto ni como figura paralela al Redentor, ni la relega por razón de prudencia ecuménica o por temor a exageraciones. La mira exactamente donde la ve el Evangelio: en la Encarnacion, en la cruz, en el cenáculo; junto al Hijo, nunca aislada, jamás a su nivel, siempre unida a Cristo, con él y bajo él, pero realmente presente como Madre que coopera en el misterio.

  Pues, en este mes de mayo, mes dedicado a la celebración de las madres, mes de María, dejémonos arropar por su amor maternal y espiritual, para que nuestra devoción a tan insigne Señora se fortalezca cada día más y seamos hijos e hijas transformados por su amor y misericordia espiritual.

viernes, 1 de mayo de 2026

Revuelo en el Vaticano: el Papa León XIV y una mujer disfrazada de arzobispo

 

Por P. Robert A. Brisman P.

 

  Según el diccionario de la RAE, la palabra revuelo significa: “agitación, confusión, alboroto o desorden entre personas o cosas, a menudo generado por una noticia impactante o un suceso”. Y es así. Pues esta semana ha causado un revuelo y escándalo el recibimiento que hicieran las autoridades del Vaticano a la señora Sarah Mullally, quien se desempeña o es la máxima autoridad de la iglesia católica anglicana ya que ostenta el grado de “arzobispa” de dicha Iglesia.

  Antes de seguir profundizando en este tema, es bueno saber que, la Iglesia católica, apostólica y romana, desde el Concilio Vaticano II, viene fomentando y aplicando lo que en uno de sus documentos llamado “Unitatis Redintegratio”, es el ecumenismo. En su Proemio leemos: “El restablecimiento de la unidad entre los cristianos es uno de los propósitos principales de este Concilio. La división de las iglesias que se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Cristo contradice a la voluntad de Dios y es motivo de escándalo para el mundo. En estos últimos tiempos, Dios ha dado a muchas personas y comunidades la gracia de un vivo deseo de la unión. Alegrándose de ello, este Concilio quiere proponer a todos los católicos los medios para responder a esta gracia divina”.

  Sabemos, por lo que leemos en el evangelio, que Cristo pidió al Padre celestial por la unidad de los suyos: “Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno” (Jn 17,21-22). La Iglesia nos enseña que la unidad querida por Cristo para ella, - su familia santa -, es un don y una tarea al mismo tiempo. La unidad de la Iglesia no se construye de un día para otro, ni cae del cielo. Esta unidad es un don, un regalo de Dios que necesita de la colaboración de cada uno de nosotros. Esta es la tarea que nos corresponde asumir a todos los cristianos.

  Pero, también es cierto que esta unidad debemos buscarla y edificarla en el fundamento de la verdad revelada por Dios Padre en su Hijo Jesucristo. No es la unidad que se nos puede antojar a algunos o a ciertos grupos de acuerdo con nuestras propias ideas y pareceres. Volvamos a citar el documento del V-II sobre el ecumenismo: “En esta Iglesia una y única han surgido escisiones y divisiones, a consecuencia de las cuales algunas comunidades se separaron, a veces no sin culpa de los hombres, de la plena comunión de la Iglesia romana” (Unitatis Redintegratio n.3). La tentación del rechazo y la división siempre han existido al interno de la Iglesia. El mismo Jesús lo vivió con el grupo de los Doce y sus discípulos: “Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: es dura esta enseñanza, ¿Quién puede escucharla?” (Jn 6,60). Por esto creemos que Jesús no le dio ninguna autoridad ni potestad a la naciente comunidad apostólica de alterar ni cambiar una sola letra del mensaje del evangelio: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto les he mandado” (Mt 28,19).

  La Iglesia de Cristo no está terminada; no se ha terminado de construir, de edificar. Se viene edificando en el tiempo. Cristo es el arquitecto y nosotros somos los obreros. Pero tenemos que aportar a su edificación según las indicaciones del arquitecto. Uno de esos aspectos es construir y edificar la unidad, que terminará cuando él regrese en su gloria.

Así llegamos al punto del ecumenismo. Esta palabra viene de la lengua griega antigua “Oikoumene”, que significa “tierra habitada o mundo habitado”. Desde la perspectiva católica, el “ecumenismo” es el movimiento surgido por gracia del Espíritu Santo, para reestablecer la unidad de todos los cristianos. Son muchos los encuentros que ha realizado la Iglesia Católica en el caminar para lograr edificar la unidad de la familia de Cristo. En 1960, el Papa Juan XXIII, funda el “Secretariado para la unión de los cristianos”. Y, como ya hemos señalado, tenemos el documento conciliar Unitatis Redintegratio, sobre la unidad de los cristianos, que presenta las bases doctrinales y las líneas de acción práctica del ecumenismo católico. Hay más documentos magisteriales sobre este tema.

  Dicho todo lo anterior, pues llegamos al punto central de este artículo: el recibimiento que ha sucedido en el Vaticano a la señora Sarah Mullally, “arzobispa de la Iglesia Anglicana”. Pues este hecho ha causado, como ya titulamos, un revuelo y escándalo en gran parte de los fieles católicos. Los medios de comunicación, que han resaltado esta noticia, algunos los han interpretado como un gesto de acercamiento y aceptación por parte de Roma a esta comunidad religiosa anglicana y su doctrina. Han circulado fotos y videos de algunos momentos en los que esta mujer ha interactuado con otras personalidades eclesiales vaticanas, como lo fue el gesto de bendición que ella hizo y donde se ve a un cardenal arzobispo inclinando su cabeza recibiendo dicha bendición.

Hay que aclarar que, aunque a esta mujer se dirigen como “arzobispa”, en realidad NO LO ES. Y no lo es porque, primero, la Iglesia anglicana, al separarse de la Iglesia de Roma, perdió la sucesión apostólica; otro elemento esencial es que, la mujer, por voluntad del mismo Cristo, no fue escogida para este ministerio sacerdotal. Y que quede claro: esto no quiere decir que la mujer sea menos que el hombre en la Iglesia. La mujer tiene su papel, su función, su lugar dentro de la Iglesia. Que no sea ministro sacerdotal no quiere decir que sea degradante para ella o discriminatorio. ¡Eso jamás! Aquí estamos hablando y señalando la voluntad y designio llevado a cabo por el mismo Jesús. La Virgen María, la madre de Jesús, no fue elegida ni incluida en este ministerio por Jesús. Y podemos afirmar que ella tenía mucha más dignidad que cualquier otro ser humano para serlo. Pero no fue así. A Jesús lo seguían otras mujeres y a ninguna de ellas las eligió para este ministerio; y tampoco leemos en el evangelio que ellas hicieran algún tipo de reclamo, o revuelta a Jesús por no incluirlas en este ministerio. Ellas sí realizaban otros ministerios en la comunidad creyente, también importantes.

  Pues esta mujer no es arzobispa, aunque otros la llamen y se dirijan a ella con ese título. Esto no es discriminación ni machismo. Esto es doctrina, tradición y magisterio eclesial. ¿Podemos afirmar que el Papa León XIV, al recibirla en audiencia, la reconoce y acepta como tal? Pues creo que no. Aunque el hecho no deja de causar escándalo y malentendidos. Esta mujer, disfrazada de arzobispo, no puede presidir ninguna acción litúrgica sacerdotal: no puede bendecir, no puede presidir la eucaristía ni consagrar las especies eucarísticas, no puede conferir el ministerio ordenado, etc. Todo es invento del hombre, no de Dios.

  Concluimos diciendo y reafirmando que, el verdadero ecumenismo es el que se funda en la verdad de Cristo. El ministerio sacerdotal también se le conoce como “sacramento del orden”, pero ¿en orden a qué? Pues es el sacramento que está ordenado al servicio, no al poder. Y esto es lo que muchos, - hombres y mujeres -, ven y asumen con el sacerdocio ministerial. El sacerdote de Cristo es un servidor en y para la comunidad creyente, la Iglesia; actúa en persona de Cristo: cuando el sacerdote perdona los pecados, es Cristo mismo quien perdona a través de él. Es Cristo quien posee todo el ser del sacerdote en su acción litúrgica. Jesús dijo que los escándalos no se pueden evitar. Pero también dijo que ¡ay de aquellos que los provocan! Más le valdría que le amarrasen una piedra de molino al cuello y ser lanzado al fondo del mar (Mt 18,6; Mc 9,42). Nuestra jerarquía eclesiástica y pastores todos, debemos tener mucho cuidado en no seguir provocando escándalos a los más sencillos. Cuidado con hacer cosas buenas que parecen malas y viceversa. Esto tiene su costo.

 

Dios les bendiga.

martes, 14 de abril de 2026

Trump arremete contra el santo padre León XIV

 

Por P. Robert A. Brisman P.

 

  Es noticia mundial las recientes declaraciones o comentarios del presidente de los EE. UU. hacia la persona del santo padre León XIV, donde hace unas acusaciones sobre la actitud pacífica y cobarde del papa hacia los hechos y situaciones de crisis que vienen sucediendo en el mundo, pero no así con la acción de los EE. UU. hacia la guerra que está llevando a cabo contra Irán.

  Ya sabemos las palabras utilizadas por el presidente Trump hacia la persona del santo padre, y no creo necesario repetirlas aquí. Sabemos también las palabras, en respuesta, que el santo padre ha dicho al presidente.

  Sí es bueno resaltar que, el santo padre ha dejado claro que "no tiene miedo a la administración Trump", y que él no es político ni traza líneas políticas a los gobiernos; que más bien habla desde el evangelio, desde la verdad del evangelio y no va a callarse.

  Los sumos pontífices tienen una misión y mandato de Cristo muy particular ante el mundo, y es confirmar a sus hermanos en la fe; proclamar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo, enseñándoles a cumplir todo cuanto Cristo nos enseñó. Jesús dijo a sus discípulos que, cuando entraran a una casa, desearan la paz, y si allí hay gente de paz, esa paz se quedará con ellos; y si hubiera gente que no quisiera la paz, pues ese deseo volvería a ellos. El santo padre, junto a todos los creyentes en Cristo, somos anunciadores, proclamadores y hacedores de la paz. No de la paz que da el mundo, sino de la paz que nos da Dios: la paz que es un don y una tarea. La paz que nace en el corazón de cada hombre y mujer que cree en Dios y de aquellos de buena voluntad. La paz de Dios es uno de los bienes o dones del Espíritu Santo y del Reino de Dios. No hay dudas de que el santo padre es un hombre de Dios que tiene paz y serenidad en su corazón, y lo notamos al momento de ser cuestionado por los periodistas y al de dar su respuesta que fue muy respetuosa al no ponerse al mismo nivel en el lenguaje de su atacante.

  El presidente norteamericano parece ser que ha querido darle un manejo político a la figura del santo padre. Lo acusa de débil y de cómplice de grupos de izquierdas e ideológicos que actúan en contra, sobre todo, de los EE. UU. El santo padre dijo que no le tiene miedo a su administración, pero esto hay que entenderlo de que lo enfrentará con el arma que tenemos los cristianos: la verdad del evangelio de Jesucristo: "y conocerán la verdad y la verdad los hará libres".

  Este choque me hace recordar el pasaje del evangelio donde se nos narran las palabras de Jesús hacia la persona de Herodes cuando lo llamó "zorro". Es la confrontación del poder político contra el poder espiritual; la confrontación de las armas bélicas contra el arma de la oración. Jesús no se dejó amedrentar por el poder político y continuó su misión evangelizadora. Pues lo mismo ha dejado manifestado el santo padre León XIV. No puede ocurrírsele a alguien que el papa apoye conflictos armados. Los sumos pontífices siempre han llamado y proclamado el buscar la paz a través del diálogo diplomático. Recordemos que los papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco fueron unos abanderados de la paz.

  El presidente Trump quiere la paz, pero lo hace a través de la fuerza bélica, mientras que el santo padre llama a la paz mediante el diálogo y la oración. Para Trump la paz en una meta, un punto de llegada; para el Santo padre la paz es el camino. Ya lo dijo Mahatma Gandhi: "No hay camino para la paz, sino que la paz es el camino". Recordemos que Trump, el año pasado, exigió que se le diera el premio Nobel de la paz. Pero, ahora se destapa atacando ferozmente y con odio al santo padre, que pide la paz. Algo está fallando en la visión de este presidente.

  Trump es presidente del país más poderoso militarmente y tiene sus intereses geopolíticos y económicos. En sí, esta guerra que está llevando a cabo no es tanto por implantar la paz, sino por lograr controlar el petróleo y el dominio global de la economía. El santo padre es pastor universal de la Iglesia Católica y busca la paz de la humanidad. La Iglesia siempre llama y llamará a la paz y a la reconciliación porque, es así como la humanidad sanará las heridas. La paz de Dios es una paz sanadora de las heridas y sufrimientos internos del hombre. La Iglesia llama a proteger la dignidad del ser humano.

  La Iglesia en estos momentos debe actuar con prudencia. Si no hay paz, serenidad y, sobre todo, silencio, no se puede pensar. Y sin pensar, tampoco se puede ser uno mismo. La virtud de la prudencia es buena para todo. Pero es especialmente necesaria cuando hay que gobernar. Pero, no debemos confundir la virtud de la prudencia con el miedo. La Iglesia debe ser prudente porque, como dice el dicho popular "hay quienes se están aprovechando para pescar en río revuelto". Es decir, este choque entre el presidente Trump y el santo padre León XIV, lo están aprovechando, sobre todo, los enemigos de Trump para atacarlo utilizando y manipulando la figura del santo padre, que de por sí no les interesa la Iglesia ni la fe cristiana. Ahí ya tenemos los pronunciamientos de varios líderes políticos del mundo solidarizándose con el santo padre. Pero esto no es más que un aprovechamiento político. Y en esto, la Iglesia institucional debe saber actuar con sabiduría para no caer en el juego ideológico.

  Por otro lado, como católicos, debemos estar unidos a nuestro pastor universal. No se trata de tomar las armas ni caer en la difamación, ni en los dimes y diretes, sino de aferrarnos a la verdad del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.  La unidad es nuestro fundamento como Iglesia, comunidad cristiana, y esa unidad nos viene dada de la única autoridad jerárquica, constituida por el mismo Jesucristo. Esta unidad se manifiesta en el conjunto de la Iglesia manifestada en torno al santo padre, sucesor del apóstol Pedro.

  Pues, ante este impase que ha ocasionado el presidente Trump hacia el santo padre León XIV, seamos y actuemos con prudencia para no dejarnos llevar a un punto que los demás utilicen para sus fines ideológicos y políticos. Sigamos pidiendo a Dios por la paz del mundo. Dejemos que el Espíritu Santo nos guíe para ser hacedores de la paz. Ya lo dijo el Señor: "Dichosos los que trabajen por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios".

martes, 24 de marzo de 2026

Sacrificio: ¿De quién? O ¿Para quién?

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  El domingo pasado, el presidente de la república dirigió un mensaje a la nación donde hizo referencia a la situación o crisis bélica que está enfrentando el Medio Oriente con la guerra entre Irán - Estados Unidos de América - Israel, y de cómo la misma está afectando la economía mundial, sobre todo con los precios del barril del petróleo. Sabemos que el Medio Oriente es la zona de mayor producción y exportación de petróleo mundial y lo que en esa zona ocurra en este sentido, pues los efectos en la economía mundial se sienten de inmediato.

  La República Dominicana no es productora de petróleo, sino que es dependiente de esos países para la obtención de este combustible y por eso los precios nuestros varían de acuerdo con los mercados internacionales del crudo o, también llamado el "oro negro". Sabemos de antemano que, con relación a los precios de los combustibles en nuestro país, los gobiernos del pasado y actual, nunca han sido sinceros ni han querido explicarle al país cómo aplican o calculan los precios de los combustibles. La excusa siempre ha sido “cuando sube, sube; y cuando baja, baja”. ¡Mentira!

  En momentos de crisis, ya sea nacional o internacional, al pueblo siempre le viene bien y quiere escuchar las palabras de sus líderes que puedan llevar sobre todo a la calma en medio de la tormenta. Pero, también es cierto que los líderes deben tener cuidado y tacto de las palabras que dirán y cómo las dirán, ya que, no se trata tampoco de provocar más nerviosismo del que se está viviendo en momentos de crisis.

  No es mi intención comentar aquí una por una las medidas anunciadas por el presidente, sino más bien hacer un señalamiento personal de lo que creo debemos hacer, - ciudadanos comunes, empresariado y autoridades -, para que podamos juntos transitar este tramo amargo y de incertidumbre que estamos viviendo en la actualidad.

Hoy el mundo está transitando otra gran crisis. Hace unos años atrás, específicamente en el 2020, la humanidad tuvimos que vivir la crisis sanitaria con el virus del COVID y fuimos testigos de las medidas que a nivel mundial se implementaron y de la crisis también que ésta provocó en gran parte de la población, y me refiero a lo psicológico, emocional y espiritual; otras crisis son la guerra de Rusia contra Ucrania y la guerra de Israel con Palestina. Pues ahora la humanidad está viviendo otra crisis, una crisis de guerra en donde los ataques son con armas de fuego, cohetes, drones, aviones de guerra, bombas, etc. No voy tampoco a hacer un análisis de esta guerra (porque no soy experto en el tema), si es justificada o no. Hay muchos expertos que han venido dando sus opiniones al respecto de la misma.

  Volviendo al tema de este artículo, pues nuestro presidente dirigió su mensaje a la nación donde señaló parte de los efectos, sobre todo negativos que está provocando esta guerra en Medio Oriente, y cómo ya está afectando a nuestro país, concretamente en lo referente a la economía.

  En las dos últimas semanas, hemos experimentado un aumento muy significativo en el precio de los combustibles y las reacciones en contra no se han hecho esperar. Este aumento tiene un efecto en los precios de los alimentos, la energía eléctrica, el transporte, etc. Es decir, todo sube. El presidente señaló que el gobierno dispone de unos fondos para ayudar a paliar algunos efectos de estos aumentos. Dijo que el costo del gas licuado se congelará para ayudar a que ese combustible no golpeé fuertemente a los más necesitados. Por otro lado, hizo la salvedad o la advertencia de que las cosas subirán y que debemos estar preparados para ello; también motivó para que retome el trabajo en modo remoto.

  Cabe destacar de que, como sociedad debemos ser conscientes de que esta guerra y las consecuencias de estos costos no se podrán evitar. Esto nos lleva a que debemos de tomar más conciencia de la realidad y de qué acciones debemos asumir para que estos aumentos afecten lo menos posible a nuestros bolsillos.

  El presidente, en su mensaje, hizo un llamado a la sociedad al sacrificio. Pero, las preguntas son: ¿Sacrificio de quién o para quién? ¿Sacrificio del pueblo llano nada más? O ¿Sacrificio de todos en general: ¿pueblo llano, empresariado y autoridades? El presidente no hizo mención, ni siquiera por error, sobre los sacrificios que asumirá el gobierno central. Hubiese sido muy bueno que hubiera planteado en su mensaje qué sacrificios asumiría el gobierno que preside; hubiese sido una buena señal para la población y, a lo mejor hubiera tenido más impacto su mensaje, porque en momentos de crisis, enviar estas señales es clave para una sociedad que está algo nerviosa y alterada por esta crisis, sobre todo económica y también generaría cierta confianza.

  Debemos de tener en cuenta de que, nuestra sociedad dominicana no destaca sobre todo por ser una sociedad que asume sacrificios ni austeridad. Una de nuestras características sociales es desgraciadamente el despilfarro, el derroche. Muchas veces cuando se nos pide sacrificio y austeridad, sólo se le pide a los de abajo, pero a los de arriba, a las autoridades y la clase empresarial, se les deja vía libre. Tenemos una clase política que goza y disfruta de acceder a sus bonos de combustible ilimitado para consumirlos en sus vehículos de alta gama o de alto consumo; también gozan de sus exoneraciones para vehículos; los incentivos, subvenciones y exoneraciones empresariales que representan una fuerte suma de millones de pesos que el gobierno deja de percibir; viáticos para viajes, comidas en restaurantes caros y el gasto excesivo en publicidad, etc.

  Pues, el pueblo llano, - el de a pie -, siempre es el más sacrificado. El llamado al sacrificio y a la austeridad debe llegar también a las autoridades y la clase empresarial. Todos debemos asumir sacrificios. Al pueblo llano, a los de abajo, a lo mejor esta crisis económica debería llevarnos a utilizar el transporte público masivo para ir a algunos lugares; también inducirnos a utilizar más los taxis para economizar gastos de combustible particular; evitar comprar de algunas cosas o productos que no son necesarios, como las compras compulsivas por internet, etc. Estas acciones no serían permanentes, sino por un tiempo limitado hasta que la crisis bélica del Medio Oriente dé señales de terminar. Y que quede claro: con esto dicho no estoy diciendo ni insinuando que nos quedemos encerrados en nuestras casas, como en la pandemia.

  Estos tiempos, incluso, se puede decir que son proféticos. Ya en la palabra de Dios estas crisis están anunciadas; así como en las apariciones marianas. La humanidad sigue caminando como si nada; como si todas estas crisis fueran normales, de la vida cotidiana. Es una espiral de violencia que no termina y traen sus consecuencias para toda la humanidad. Estamos transitando en estos momentos por cañadas oscuras; estamos transitando por nuestro valle de lágrimas; no hay lugar ni espacio para el dialogo entre las partes involucradas. Esto es una lucha de poderes, hegemonía y, sobre todo, económica. Toda guerra es fundamentalmente por intereses económicos. Son las grandes potencias repartiéndose el “pastel” del mundo.

  Pues asumamos todos acciones preventivas ante la crisis mundial actual. Asumamos sacrificios todos en estos momentos. Nos abemos a ciencia cierta cuándo esta guerra terminará. No le pidamos a los demás, lo que nosotros no estamos dispuestos a poner en práctica. Como dijo el presidente en su mensaje, vamos a actuar con conciencia y eficiencia. Lo único que le falto añadir fue la palabra TODOS.

 Dios les bendiga.

martes, 17 de marzo de 2026

Luchemos contra la violencia para lograr una convivencia civilizada

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Hace unos días atrás sucedió un hecho lamentable que ha consternado e indignado a la sociedad dominicana por el hecho en sí y uno de los actores principales del mismo por las actitudes que asumió. Me refiero al hecho lamentable del altercado ocurrido en el parqueo del aeropuerto internacional del Cibao en la provincia de Santiago de los Caballeros.

  Según lo narrado y visto en el video subido a las redes sociales por la protagonista del hecho, la joven llegó al aeropuerto antes mencionado y estacionó su vehículo en una zona restringida o prohibida porque iba a buscar a un familiar que llegaba del extranjero. Cuando regresó a su vehículo se encontró con la situación de que la autoridad de tránsito, - los agentes -, le habían colocado al vehículo un candado o cepo por haberlo estacionado en dicha zona restringida. Pues la joven se indignó por la acción de los agentes y comenzó a grabar un video con su celular donde deja claro su indignación e incomodidad y dirigiéndose a los agentes con palabras soeces, vulgares, plebes e irrespetuosas, arremete contra los agentes reclamando a lo que ella no tiene derecho. Es decir, reclamando una supuesta injustica y abuso por parte de los agentes al proceder a impedir que el vehículo fuera movido. Esta joven alega en el video que ella solo duro un minuto dentro del aeropuerto y que no había, - según su parecer -, justificación para la acción de los agentes. La situación se fue caldeando más y más y después llegaron al lugar de fiscalización para proceder a pagar la multa y una vez en el lugar, la joven, acompañada por otros familiares y amigos, se abalanza sobre el agente de la digeset que le impuso la sanción igualmente profiriendo improperios y la misma falta de respeto. Pero, esto no quedó ahí, sino que esta joven agredió físicamente con un bisturí al agente cortándolo en la cara y provocándole una herida que le fue suturada con unos diez o doce puntos. El agente, con su arma de reglamento, le golpeó en la frente y le abrió una herida. Los familiares y amigos que allí estaban también participaron en la trifulca. Cabe señalar que, en otros países, como los Estados Unidos de América, por ejemplo, esta joven hubiera sido sujeto con lo que se llama “fuerza letal”.

  Pues este fue el hecho, según lo narrado y visto en los videos subidos a las redes sociales, sobre todo, por la misma joven involucrada.

  Ahora vamos por partes. Tenemos que saber que en los países existen lo que se llaman zonas o áreas de máxima seguridad. Y los aeropuertos, en todos los países, son zonas de máxima seguridad por lo implican esos espacios para el desarrollo de las actividades de transporte, comercio y asistencia de personas. Esas zonas se extienden también a lo que es el perímetro, - calles y avenidas -, alrededor de los aeropuertos. Las zonas de restricción están bien señaladas para que nadie alegue ignorancia. A nadie se les está permitido estacionarse en las calles de acceso a los aeropuertos donde entran y salen las personas. Sólo se permite dejar o recoger personas con sus equipajes e inmediatamente ir a los parqueos a estacionar el vehículo.

  Se entiende que no se permita estacionar ningún vehículo particular, - excepto los de emergencia -, porque puede darse lo que se llama un atentado con un vehículo que esté, por ejemplo, equipado con explosivo u otras cosas peligrosas. Además, imaginemos que se pudieran estacionar vehículos en esos lugares, pues sería un inmenso caos que se armaría y, si sucediera una emergencia, no habría chance para que se pudiera ejecutar alguna acción que amerite una intervención rápida de prevención o emergencia.

Con este caso citado, los ciudadanos debemos saber y ser conscientes a estas alturas que, tenemos que cumplir y obedecer las leyes, normas y reglas de la convivencia social. Cuando alguien viola la ley debe ser aplicada la sanción debida. Lamentablemente, es característico de nuestra sociedad dominicana el que mucha gente no obedezca las leyes y, cuando es sancionado, pues la reacción es de violencia hacia la autoridad o entre los mismos ciudadanos civiles.

  En el caso de esta joven, desde el principio hasta el final, ella tuvo la culpa de lo sucedido, puesto que, ella no debió estacionar su vehículo en un lugar prohibido, sin importar el tiempo que durara en buscar a su familiar. Los agentes cumplieron con su deber de aplicar la sanción debida sin miramiento: se cometió una violación a la ley y ellos actuaron en consecuencia. Ante la actitud agresiva, - de palabras y acción de la joven -, los agentes mantuvieron una actitud correcta de no responder igual ni agresivamente hasta el momento en que ocurrió la agresión física de la joven. Lo único que ella tenía que hacer era haber reconocido su falta e ir a pagar la multa en cuestión para recuperar su vehículo. Pero no fue lo que hizo.

  Se sabe ya que la joven ha pedido perdón público a la sociedad y a los agentes del orden. Pero, tengamos en cuenta esto. Pedir perdón y otorgarlo es parte ya de la justicia. Pero esto no exenta de la acción de la justicia en los tribunales. Esta joven tiene que pagar el mal cometido de la agresión física al agente de tránsito. Debe ser sancionada por la agresión de intento de homicidio. Por otro lado, se ha oído que los padres de la joven han pedido o están accionando para que su hija sea exonerada de todo cargo y regrese a su casa como si nada hubiera pasado. Esto no puede suceder. Estos padres, más bien, lo que deben es permitir que su hija recapacite y entienda que ese tipo de conducta es incorrecta y conlleva sanciones en la justicia.

  Los excesos y los abusos, tanto de la autoridad como de los civiles, deben de ser castigados de manera ejemplar y justa para que este tipo de e conducta no sigan cometiéndose sin ningún tipo de consecuencia. Cuando la autoridad abusa del poder debe ser sancionada como estipula la justicia. Pues así mismo debe ser con los ciudadanos civiles.

  A raíz de este suceso lamentable, vuelve otra vez a salir a la palestra pública el debate sobre la situación del tránsito y el comportamiento de los conductores en nuestro país. Sabemos que nuestras calles son un pandemonio: por un lado, la autoridad no cumple con la aplicación de la ley como es debido; en muchos casos aplica la ley medalaganariamente, de manera selectiva, injusta, de momento, como parche; a veces da el mensaje de que tiene miedo de aplicar la ley a ciertos grupos y esto da pie a que éstos hagan lo que quieran. Así no progresamos, porque, cuando la ciudadanía ve estas acciones por parte de la autoridad, lo que sucede es que se aprovechan para hacer y deshacer en el tránsito. En otras ocasiones, es la misma autoridad que viola la ley de tránsito sin justificación alguna; cuantas veces vemos a muchos policías y militares circulando en las calles en sus motores, sin casco protector, sin placa, por los elevados y túneles, violando la luz roja de los semáforos, y nada pasa.

  Es tiempo ya de que la ley de tránsito de la República Dominicana sea reformada completamente. Se siguen poniendo parches y eso sólo dura un par de días porque la autoridad se cansa y la ciudadanía lo sabe. Esa reforma de la ley de tránsito tiene que establecer lo que yo llamo “medidas disuasivas”, para disuadir al conductor de que no viole la ley de tránsito y, si lo hace, será aplicada una sanción ejemplar.

  Pues, sin pretender ser un analista a profundidad de estos casos, más bien quise dejar mi opinión de lo que creo debe de ser la acción común de los ciudadanos frente a la autoridad, y de que debemos tomar conciencia de que tenemos que ir cambiando esa actitud de enfrentar a la autoridad porque nos da la gana, aun sin tener razón; no vamos a avanzar como una sociedad de verdadero derecho y sana convivencia. Hace mucho tiempo que nuestra sociedad viene caminando en un conato de violencia irracional motivado por muchas cosas que las personas están viviendo en su vida cotidiana. Pero, eso no es justificante para que vivamos en un constante enfrentamiento contra la autoridad y entre los mismos ciudadanos. Esto toma los ribetes a veces de que también es un problema de mal o enfermedad social que nos destruye como sociedad. Nos lleva a vivir como si fuéramos animales en la selva.

  Debemos recuperar, formarnos y fomentar permanentemente la actitud del diálogo, de la comunicación, de la convivencia, la educación, la amabilidad, la cortesía. Reconocer los fallos propios y aceptar las correcciones y, a veces, las sanciones que esto acarrea. Todos, - autoridades y ciudadanos comunes -, debemos asumir las acciones que nos corresponden para que la convivencia social sea lo que debe de ser. No pretendemos ser una sociedad perfecta, pero sí una sociedad donde nos guiamos por el respeto, el derecho y la auténtica justicia.

  La violencia no sólo es característica de nuestra sociedad. Es un problema de la humanidad, y desde tiempos bíblicos. La violencia es un cáncer social.

  Debemos recuperar los valores imprescindibles para una convivencia civilizada. Como sociedad, no podemos jamás acostumbramos a la violencia en ninguna de sus manifestaciones. El aprendizaje de la conduta empieza en los hogares, en las familias. Hay que seguir insistiendo en el fortalecimiento de los programas educativos.

 

Dios les bendiga.   

jueves, 26 de febrero de 2026

Independencia Nacional: Seamos una Nación Fuerte y Santa

 

Por P. Robert A. Brisman P.

 

  Estamos en las vísperas de celebrar un aniversario más de nuestra Independencia: 182 años exactamente. Al llegar a esta fecha no podemos dejar de mirar hacia atrás y ver el camino que hemos recorrido como nación libre, soberana e independiente; para seguir construyendo el presente con intención de forjar una nación edificada en la justicia y mirar al futuro para dejar a las venideras generaciones un país edificado en los valores y principios que dan vida y prosperidad.

  Debemos seguir construyendo el país que nuestros independentistas quisieron. La nación dominicana ha enfrentado muchas crisis en su pasado y presente, y de todas ha sabido salir adelante, no sin experimentar dolor y sufrimiento. Toda liberación política, económica, social, cultural y espiritual es un proceso de desarrollo interna y externa de toda sociedad y su gente. Es una lucha constante contra toda esclavitud de alma y cuerpo, como son la ignorancia, la miseria, el temor, el vicio y desde luego el pecado. Podemos afirmar que, el proceso de independencia y libertad de nuestra nación dominicana no ha terminado. Es una independencia y libertad que se vienen construyendo, edificando. Este proceso nos recuerda la enseñanza de Jesús: “El que escucha mis palabras y las pone práctica…edifica su casa sobre roca firme”. Esto es lo que viene sucediendo con nuestra nación. Pero esa edificación debe contar con cada dominicano y dominicana de buen corazón para que esta obra de Dios sea una realidad.

  La práctica de la libertad exige compromiso con la Patria. Nos debe de llevar a la vivencia de valores como son: la verdad, el amor, el respeto mutuo, el trabajo, la honradez, la caridad, la solidaridad, la fraternidad, la valentía, la constancia, etc., valores que deben ser inculcados desde la niñez. Estos valores no son solamente para ser contemplados, sino para ser vividos en nuestro diario comportamiento.

  Hay una enfermedad moral que abunda en la historia humana y de la cual nuestra nación dominicana no escapa, y es la traición. Tenemos traidores que han abierto las puertas de nuestra nación a nuestros enemigos, apostando por el caos, el desorden y el incumplimiento de nuestras leyes. Cuando Duarte fundó la Trinitaria y, consciente de este mal moral, la constituyó como organización dotada de un mecanismo protector, por eso la fuerza vindicativa del juramento trinitario: “Si tal hago, Dios me proteja, y de no ser así, que me lo tome en cuenta; y mis consorcios castiguen el perjurio y la traición si los vendo”.

  En el libro del profeta Joel 2,17, leemos: “Perdona a tu pueblo, Señor”.  Como nación que ha sido fundada en los valores y principio cristianos, le hemos fallado a Dios, lo hemos traicionado. Hemos desviado, - como hizo el rey Salomón -, nuestros corazones del camino de Dios: “Se enojó el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón del Señor Dios de Israel, diciéndole que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado. Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo” (1Re 11,9-11).

  Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, pero con tristeza que, nuestra nación dominicana vive una especie de posesión demoníaca. En la Biblia, la serpiente es un símbolo de la oscuridad, del reino satánico o demoníaco. En gran parte, la sociedad dominicana ha cerrado su corazón a Dios y se ha rendido a los dioses, se ha fabricado sus propios ídolos. Hay una especie de persecución contra Cristo y sus seguidores que buscan procurar el fin de la fe en Jesús y la exterminación de los suyos.

  Como nación, le hemos abierto las puertas a los espíritus demoníacos al apartarnos de Dios, de su palabra, de Jesús. ¿Qué buscan estos ídolos espirituales? Ejercer su dominio sobre nuestra nación. Los valores y principios cristianos que han forjado nuestra nación dominicana están siendo sustituidos o reemplazados por principios idólatras, como la imposición de políticas progresistas globalistas auspiciadas por organismos internacionales mediante el chantaje económico; la ideología de género, con el aborto y simulaciones matrimoniales de uniones homosexuales en la clase alta, para ir influenciando y mentalizando a la población a que asumamos una conducta que va en contra de nuestros valores y principios culturales y familiares, como algo normal; otro ídolo es el multiculturalismo, haciéndonos creer que, porque dos naciones compartimos una isla somos lo mismo; así quieren arruinar nuestro país como han hecho con otros. Los dominicanos somos los únicos que debemos decidir de manera soberana quién entra y quién no a nuestro país, y bajo qué condiciones, porque la migración, primeramente es un tema de política migratoria de los estados soberanos antes que un asunto de caridad y compasión, y porque una migración masiva y descontrolada, no es beneficiosa ni es signo de progreso ni de desarrollo; otros ídolos son la limitación de la libertad de expresión que se quiere legalizar; la imposición de derechos humanos sin fundamentos que se multiplican absurdamente hasta significar cualquier cosa; la manipulación mediática, la difamación y la vulgaridad en los medios y redes sociales de comunicación; la corrupción, la violación y profanación de nuestros símbolos patrios, etc. Nuestra cultura e identidad dominicana están sufriendo una especie de ataque constante que buscan su paganización. Necesitamos y debemos exigir de nuestras autoridades que cumplan y hagan cumplir la ley con determinación, sin abusos, sin privilegios, sin distinción; que entendamos todos, - autoridad y ciudadanos -, que la aplicación de la ley no se dialoga; que no expriman a los ciudadanos; que protejan sus derechos; que nos concienticen sobre nuestros deberes; que fortalezcan nuestras instituciones. Que, el tan cacareado crecimiento económico se traduzca en un verdadero desarrollo y bienestar social.

  Como nación fundada en los valores y principios cristianos, hemos de reconocer que, con el paso del tiempo nos hemos ido alejando de la palabra de Dios, de sus leyes y de sus caminos. George Washington, después de su toma de posesión, dirigió al pueblo estadounidense unas palabras proféticas y que nosotros podemos hacer nuestras: “Si Estados Unidos alguna vez se apartaba de Dios y de sus leyes eternas, sus bendiciones serían eliminadas”.

  Pero no todo está perdido. Todavía tenemos tiempo de volver nuestros pasos a Dios. Por eso, el salmista nos dice: “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad” (Slm 33,12). Tenemos que arrodillarnos, no ante los ídolos que son seres de polvo que no pueden salvar; sino arrodillarnos ante Dios, eso nos engrandece como nación libre y soberana. No vendamos nuestra alma, ni nuestra identidad por un plato de lentejas. Necesitamos fronteras seguras y bien vigiladas. Las fronteras abiertas no traen ningún beneficio, ni progreso, ni desarrollo a los pueblos. Todo lo contrario: traen desorden, pobreza, caos, violencia. No permitamos que vengan de fuera a dictarnos e imponernos lo que tenemos que hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Luchemos, como nación, por ser un bastión, un muro de contención ante estas agendas globalistas y genocidas, destructoras de las soberanías de los estados. Para ser un país que progresa no tenemos que renunciar a nuestros valores y principios. Seamos arquitectos de nuestro propio destino. Busquemos juntos caminos para vivir en paz en medio de este caos que vivimos. No permitamos que la soberbia sea la que nos marque el camino a seguir. Estamos frente a una guerra espiritual en nuestra nación: el vudú, el gaga, la brujería, el islam han hecho su entrada en nuestra casa porque le hemos abierto las puertas y hemos dejado que avancen porque hemos entendido mal la libertad de culto y libre asociación.

  El Dios en el que nosotros creemos, nos dice en el libro del Deuteronomio (30,15-18): “Hoy pongo ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te ordeno hoy, amando al Señor, tu Dios, marchando por sus caminos y guardando sus mandamientos, leyes y normas, entonces vivirás y te multiplicarás: el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión”.   Queridos hermanos, no cortemos nuestras raíces cristianas, porque si lo hiciéramos, a partir de ese día empezaremos a morir. Venzamos, con la gracia de Dios, nuestros pecados sociales de idolatría, de corrupción, de vulgaridad, de injusticia…porque Dios es compasivo y misericordioso, y quiere hacer de nosotros una nación fuerte y santa. Que nuestra Madre del cielo nos acompañe y que nos ayude a reconciliarnos con Dios, nuestro Creador y Padre.