Por P.
Robert A. Brisman P.
Según
el diccionario de la RAE, la palabra sinceridad significa "valor y
cualidad de expresarse y actuar con veracidad, honradez y sin fingimiento".
Pues
teniendo en cuenta este significado de la palabra sinceridad tenemos, -
nuevamente en la palestra social -, el tema de la migración masiva e ilegal
haitiana que afecta en gran medida a la RD. Debemos tener en cuenta de que en la
RD hay un problema fuerte y serio con el tema migratorio. Aquí hay una gran
cantidad de extranjeros ilegales de varios países y continentes, de los cuales
las autoridades no tienen el completo control. La política migratoria
dominicana y las instituciones encargadas de ésta aún no están a la altura o
nivel que se requiere para controlar dicha migración.
Ahora,
dentro de esta preocupante situación, la más complicada es la migración
haitiana, ya que un muy alto porcentaje es masiva e ilegal. Esta migración se
complica porque el haitiano sólo tiene que cruzar un río que, por decirlo de
una manera gráfica, el agua le da por los tobillos; mientras que los demás
extranjeros tienen que llegar por los aeropuertos o puertos del país, además de
tener un pasaporte válido para viajar y para algunos una visa. Sumémosle a este factor el tema de los
sobornos que obtienen miembros de las autoridades civiles y militares apostados
en la frontera y que es una cadena de corrupción que se extiende de extremo a
extremo de todo el territorio nacional. No podemos dejar de un lado la acción o
papel que juegan en esta crisis migratoria gran parte del empresariado que
fomentan esta migración por su mano de obra barata y de evasión de prestaciones
laborales e impuestos, que se traduce en una situación hasta de esclavitud
laboral. Otro elemento que hay que añadir es el tráfico de ciudadanos haitianos
ilegales que son transportados por desaprensivos dominicanos. Hay otro factor
que tiene que ver con la defensa y promoción que hacen algunas personalidades
del ámbito religioso que, no hay que confundirlas con opiniones
institucionales, sino que son opiniones personales. Pues todos estos no pueden
ser calificados más que de traidores a la patria.
Pues
hace unos días atrás, en nuestra capital dominicana, se realizó un partido de
fútbol entre las selecciones de RD y Haití en el estadio olímpico Félix
Sánchez. El fútbol goza de mucha simpatía y pasión en el vecino país. Ellos
tienen una trayectoria futbolística de más tradición que la RD, que es más bien
beisbolera. Haití incluso debutó en el pasado Campeonato Mundial de Fútbol. En
la RD apenas hace unos años se viene jugando fútbol organizado y podemos
afirmar que ha avanzado mucho, pero aún no está al nivel de la pasión por el
béisbol.
Este
juego entre estas dos selecciones atrajo un gran público, sobre todo haitiano.
Según las imágenes publicadas parecía que el juego fue en el vecino país. La
asistencia de los hinchas haitianos opacó por completo la poca asistencia de
fanáticos dominicanos. El punto fue que, en la entrada al estadio se dio el
percance de que estos fanáticos haitianos rompieron una de las puertas de
entrada en un estadio que fue sometido a una completa remodelación con motivo a
los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe. No hubo un real control de
los asistentes por parte de las autoridades que fueron desbordadas por dicha
turba. Las autoridades realmente no se prepararon debidamente para controlar el
evento y los asistentes. Se supo que los tickets se agotaron rápidamente porque,
sobre todo, los hinchas haitianos compraron la mayoría. La selección haitiana
metió una goleada a su rival dominicano de 4-1, y esto provocó más euforia de
su fanaticada. Hay que sumarle a este evento las palabras dichas por uno de sus
jugadores estelares que se refirió a que "La Hispaniola es Haití".
Estas palabras, dichas en el contexto de algarabía o pasión del gol y triunfo,
estuvieron fuera de lugar y son más bien palabras provocadoras dichas en
nuestra casa. Eso es imprudencia y falta de respeto.
Las
autoridades deportivas dominicanas elevaron la protesta de lugar y determinaron
que la selección haitiana no volverá a jugar en territorio dominicano. Pero después,
las mismas autoridades dijeron que la selección haitiana podría jugar en
territorio dominicano sólo como visitante. ¿Qué significa eso? ¿Que por jugar
de visitante, los hinchas haitianos no asistirán a apoyar a su selección en
masa o será restringida su asistencia a los estadios dominicanos? ¿Implica esa
medida que serán controladas en las entradas a los estadios para evitar
desorden y vandalismo estructural? Y como tercera señal, las autoridades
dominicanas pidieron o exigieron a la selección haitiana que se disculpara. Pero
¿los demás integrantes de la selección apoyaron esas palabras de su compañero?
No hay reporte sobre eso. Ahora, como la afrenta vino de uno de sus seleccionados,
la protesta debe presentarse a su respectiva Federación y a la Confederación de
Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (CONCAFAF).
¿Qué
nos deja esta situación sucedida hace unos días al pueblo dominicano y sus
autoridades? La asistencia de los fanáticos haitianos al estadio Olímpico Félix
Sánchez, nos deja claro la gran cantidad de haitianos que hay en nuestro país,
gran parte de ellos en situación migratoria irregular. También nos deja claro
el nivel de éstos con relación al buen comportamiento que deben de asumir los
asistentes a eventos masivos. Pensemos en el evento artístico que se realizó en
el mismo estadio unos días antes y cómo transcurrió el mismo en cuanto al
comportamiento de los asistentes. ¡Claro que hay diferencias!
Por
otro lado, se suma a esta realidad de crisis migratoria lo sucedido dos días
después en el municipio de Verón, en el paradisíaco lugar turístico de Punta
Cana, donde los agentes de migración hicieron una redada, se les salió de la
mano y ocurrió, según las noticias, la muerte de un ciudadano haitiano y se
armó una turba incontrolable que fueron a atacar y destruir el destacamento
policial del sector. Otro caso sucedido que se suma es el llevado a cabo por el
INTRANT al detener y apresar a conductores haitianos no regularizados en Friusa
y Bávaro, que manejaban autobuses y microbuses transportando a otros ciudadanos
haitianos ilegales, en violación a algunas leyes de tránsito. Por cierto ¿en
qué está la construcción de la mezquita en Punta Cana? ¿Está cancelada o siguen
construyéndola? Migración masiva ilegal haitiana, más islamismo y vudismo, no trae
nada bueno para nuestro país.
Estos
hechos acontecidos este fin de semana pasado, trae el tema nuevamente de la
masiva presencia de ciudadanos haitianos, - donde un gran porcentaje está de
manera irregular en nuestro país -; y nos lleva a preguntarle a las
autoridades: ¿Qué medidas están aplicando para controlar esta migración masiva
e ilegal? El presidente, hace unos meses atrás, habló de un paquete de quince
medidas a implementar para contrarrestar la migración ilegal, asegurar la
frontera y proteger la soberanía nacional ante la inestabilidad de Haití. Pero
en la práctica esas medidas parecen estar muy opacas, parece más bien que fue
para calmar la irritación de la población dominicana que está harta y cansada
de que este problema no se enfrente con contundencia y más bien lo que muestran
es miedo, contubernio y manipulación. ¿Hay sinceridad, de parte de las
autoridades, de enfrentar este problema? Porque ciertamente es un gran problema
para la RD que está viendo amenazada su soberanía, identidad y cultura.
Da la
impresión de que gran parte de la población dominicana no es consciente del
problema que esta migración masiva ilegal haitiana significa para la
permanencia de la nación dominicana. No se trata de impedir dicha migración. De
lo que se trata es de aplicar las leyes migratorias sin miramiento, determinar
qué tipo de migrantes queremos y necesita nuestro país; decidir quiénes entran
y quiénes no a nuestro territorio y en qué condiciones. Sabemos que existe una
maldita mafia en la frontera que involucra a instituciones civiles, militares,
ong's y particulares. Décadas atrás, ir a la frontera era considerado un
castigo. Pero ahora ya no es así, sino que más bien muchos se matan por ir para
allá por lo que implica en cuanto a la corrupción que permea esa zona.
Este es
un problema muy serio y de vital importancia para la permanencia de nuestra
nación dominicana. Esto nos involucra a todos: autoridades, instituciones públicas
y privadas, empresariado y población civil en general. En otros países de
Europa, más desarrollados que el nuestro, en estos momentos están enfrentando
crisis sociales protagonizadas por migrantes africanos y musulmanes como consecuencia
de sus políticas de fronteras abiertas y defendiendo y promoviendo un falso
multiculturalismo que no funciona, que más bien destruye a los Estados y hunde
en un desorden incontrolable a los países. Nosotros tenemos que vernos
reflejados en ese espejo para prevenir futuras crisis de protestas que puedan
involucrar dichos ciudadanos. Autoridades, empresarios e instituciones públicas,
privadas y religiosas y sociedad civil, debemos también asumir la parte que nos
corresponde. La migración primordialmente es asunto de política migratoria y
soberanía de los Estados, teniendo en cuenta los derechos humanos, la dignidad
humana y el bien común. No es un tema de caridad; tampoco es sobre la bondad o
maldad del migrante.
La doctrina
católica sobre la migración está contenida en los mensajes que emite el Santo Padre
cada mes de septiembre con motivo de la celebración de la Jornada Mundial del
Migrante y del Refugiado. Pero, quiero citar a manera de recordatorio, lo
que nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica sobre este tema en el
numeral 2241: "Las autoridades políticas, en aras del bien común del
que son responsables, pueden someter al ejercicio del derecho a inmigrar a
diversas condiciones jurídicas, especialmente en lo que respecta a los deberes
de los inmigrantes, para con el país de acogida. El inmigrante está obligado a
respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo
acoge, a obedecer sus leyes y contribuir con sus cargas”. No se trata de
permitir la entrada indiscriminada de migrantes. Debe existir un proceso de
verificación adecuado para garantizar la seguridad del país. Este es un derecho
soberano de los Estados.
Una
frontera abierta es paso fácil para delincuentes, terroristas, trata de
personas, contrabando de todo tipo; o sea, es puerta abierta para un mar de
corrupción. Las autoridades actuales, como todas las anteriores, tienen su
cuota de responsabilidad en este desorden migratorio que padece la RD. Todos
los políticos que aspiran a gobernar este país deben trazar políticas
migratorias claras y contundentes para enfrentar dicha crisis, si quieren ganar
el voto de los electores. Este es uno de los graves problemas de nuestra
sociedad dominicana y no se puede dejar pasar ni manipular a la sociedad con
demagogia electorera y después que son favorecidos con el voto, no cumplen con
lo prometido en la campaña electoral. El mundo está arropado por muchas crisis
y la migración descontrolada y fomentada por organismos internacionales y
grupos de globalistas descarados, se están beneficiando grandemente porque de
toda crisis, siempre hay quienes se benefician, y en nuestro país eso está
sucediendo con esta migración masiva ilegal, sobre todo del vecino país.
Estamos
hartos de advertir y denunciar en todos los ámbitos, nacional e internacional,
que la RD no puede hacerse cargo ella sola de la crisis haitiana; la RD no es
la culpable de esa crisis. Esa crisis afecta a toda la región, pero la más
afectada sin duda es la RD. Este problema hay que enfrentarlo ya con políticas
migratorias claras, precisas y contundentes; sin falsedades ni manipulaciones;
donde los intereses del país estén por encima de los intereses particulares y
grupales. Todos defienden a los haitianos, pero nadie los quiere en su
territorio, sino pregúnteles a los mexicanos, chilenos, argentinos, los Estado
Unidos, a quienes la administración Trump les canceló el programa conocido como
TPS y los está expulsando de su territorio…; los otros están endureciendo sus
políticas migratorias a raíz del desorden social que éstos están provocando en esos
países a los que llegan exigiendo derechos que no les corresponden; sacándole
gran provecho al victimismo y al chantaje.
Defender nuestra soberanía no consiste solamente en vigilar, proteger y
controlar el lado de nuestra frontera. La soberanía implica organización con
leyes propias, valores, identidad, principios, cultura, autonomía,
administración sin imposiciones.
¿Dónde
están o han quedado los ideales de Juan Pablo Duarte y demás independentistas?
¿En qué hemos convertido las letras de nuestro Himno Nacional? Y para colmo,
desde el Congreso hay quienes están proponiendo legislaciones para imponernos
por ley el dialecto del creole. El dialecto de nuestros opresores,
esclavizadores y verdugos. ¡Eso jamás!
¡Dios, Patria y Libertad!