Por P.
Robert A. Brisman P.
Ha sido
noticia mundial que el pasado 10 de agosto se publicara la rueda de prensa de la
gobernadora del estado norteamericano de Massachussets, firmando la ley del
aborto hasta el momento del nacimiento, legislación que deroga la anterior que establecía
el límite del aborto hasta la semana 24. Su entrada en vigor está fechada para
el mes de noviembre próximo. Según las imágenes que se publicaron, la gobernadora
del estado norteamericano firmó la orden ejecutiva estatal en su oficina en
presencia o compañía de un grupo de mujeres, legisladoras y miembros de
organizaciones abortistas como la IPPF que, una vez firmada la ley, se unieron
todas en un gran aplauso por el triunfo logrado en favor de los derechos de las
mujeres y después brindaron por el acontecimiento. Cabe destacar que la
gobernadora del estado ella misma pregona su catolicismo, pero también es
defensora de estos derechos femeninos. Ante esta ley que ha firmado, como
católica, la gobernadora está bajo la legislación católica de Derecho Canónico
que, en sus cánones 1398 impone la pena canónica de excomunión automática
(Latae sententiae), así como el canon 1329 &2 que extiende la pena a los
cómplices sin cuya colaboración el delito no se habría cometido.
Hemos
de tener en cuenta que esta legislación estatal sucede a consecuencia de que,
la Suprema Corte de Justicia Federal, eliminó la legislación federal del aborto
(ley Rose and Wade), y otorgó la libertad a los estados para que legislen en
sus territorios. Esto gracias a la influencia de la administración Trump de
este segundo mandato y los jueces que fue nombrando para ocupar las vacantes en
el Tribunal Supremo Federal.
Con
esta legislación estatal que ocurrió en este estado norteamericano, una vez más
vemos que la cultura de la muerte sigue avanzando. El estado de Massachussets
se convierte en el estado número once en aprobar este tipo de leyes, que
también son estados gobernados por el partico azul, es decir, el partido
demócrata.
Así
queda demostrado una vez más que la mujer pasa de ser portadora de vida, a ser
portadora de muerte. Sigue convirtiéndose en la verduga de sus propios hijos en
su vientre; es una devoradora de sus propios hijos; es una asesina de sus
propios hijos desde el vientre. Es el más atroz infanticidio de estos tiempos
modernos, de estos tiempos de progreso. Y lo peor es que son aplaudidos y
secundados por muchos otros, incluyendo muchos cristianos. Es la decadencia de occidente.
Es el reino de la muerte que sigue arropando a gran parte de la humanidad. El
aborto es lo que es, por más que lo disfracen de derecho: es un homicidio, un
asesinato, un crimen de lesa humanidad, que no garantiza ninguna salvación ni
ningún remedio al sufrimiento de la madre que lo practica. La madre que asesina
a su propio hijo en su vientre se cree que es su dueña y que puede disponer de
su vida cómo y cuándo se le antoje. La mujer ha sido puesta como facilitadora
de la vida, bendecida con el privilegio y la responsabilidad de preservar la
especie, pero nunca es dueña de la vida que facilita y por tanto no tiene
potestad para disponer la muerte de esa nueva persona. El papa León XIV,
citando a su vez al Papa san Juan Pablo II, en su encíclica Magnifica Humanitas
(n 51), nos recuerda: “El valor de la persona no depende de lo que realiza o
produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser
personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos
arbitrariamente”.
Según
esta ley estatal ¿Cuál es el criterio para realizar un aborto? Pues el del médico
y la voluntad de la madre. Aquí no toma en cuenta ningún método, ni estudio científico
ni nada parecido. ¿Qué implica esta ley para un ser humano (el bebé), que se ha
desarrollado completamente en el vientre materno, tiene su cuerpo formado, su código
genético, que siente, que respira, que palpita su corazón…, en fin, es un ser
humano completo? ¿Será este el último paso que darán estos grupos infanticidas
en su carrera mortífera o pretenden dar más pasos en esta dirección? ¿Hasta dónde
es que quieren llegar? ¿Dónde queda el derecho fundamental de no agredir a
otro? ¿Dónde queda el mandamiento divino de “no matarás”? ¿A dónde va una sociedad
que aplica la pena de muerte a una persona en el vientre materno y en el
momento de nacer? ¿Dónde están los defensores de los indefensos; de los que no
tienen voz? ¿Dónde están aquellos que pregonan y defienden los derechos de los
inmigrantes, los lgtbq, los veganos, los ecologistas, etc.? ¿Pero no dicen nada de los derechos de los
niños por nacer?
¡Un
estado más que decide por decreto quién vive y quién no! Esto no es gobernar.
Esto es totalitarismo disfrazado de progreso, de derechos, de conquista. ¿Se
puede llamar esto política? Creo que más bien hay que llamarlo demoníaco: es el
poder del mal contra el poder del bien, el poder de las tinieblas contra el
poder de la luz; es la batalla espiritual entre el bien y el mal. ¿Qué queremos
decir con esto? Pues que parece ser que estamos siendo gobernados por personas
que están poseídas por el demonio. Esto es síntoma de una sociedad violenta y
sanguinaria que se ensaña contra los más débiles.
Rabindranath
Tagore señaló: “la verdad no está de parte de quien grite más”. Toda
propaganda del mundo, no podrá ocultar el hecho de que el aborto es genocidio,
y toda la censura del mundo, no podrá esconder el hecho de que tal genocidio es
un negocio multimillonario para unos pocos.
La mujer
que aborta mata. Sabe qué mata, en qué momento mata y sabe perfectamente a quién
mata. Al más cercano. Al propio. Al más indefenso, al más joven.
Concluyo
este artículo citando las palabras del Papa León XIV, en su reciente encíclica
Magnifica Humanitas (n 214): “Tenemos una posibilidad real de contribuir al
bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a
quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no
la tiene”.
Dios les bendiga.