Por P. Robert A. Brisman P.
Uno de los dichos populares en nuestra
sociedad es que, el dominicano, desde que pisa el aeropuerto, se transforma. Se
vuelve un estricto cumplidor de las leyes, sobre todo cuando viaja a un país
donde las leyes se cumplen, como por ejemplo los EE.UU. Pero, desde que llega
al país y sale del aeropuerto, se transforma y vuelve automáticamente a asumir
la actitud del desorden.
Teniendo estas palabras anteriores en cuenta,
uno de los dolores de cabeza de nuestra sociedad dominicana siempre ha sido el
desorden del tránsito vehicular. Este desorden no lo venimos padeciendo desde
hace unos años atrás. Es un padeciendo de décadas atrás que, con el paso del
tiempo y la indiferencia de las autoridades se ha complicado más.
Parte de la culpa de este desorden lo
encabezan las autoridades, pasadas y presentes, porque nunca han querido asumir
ni aplicar las medidas que se necesitan para ayudar a buscar posibles
soluciones a este problema.
Hemos sido testigos de las numerosas
concesiones y dejadez que las autoridades le han otorgado, sobre todo a los
llamados sindicatos de choferes que, más bien han funcionado siempre como
empresarios del transporte. Es muy oportuno recordar el calificativo con el que
un prestigioso periodista, - fallecido -, los nombró como "los dueños del
país".
Así es. "Los dueños del país" que
siempre le han trazado pautas y presionado a los gobiernos para que éstos a su
vez, les otorguen y concedan beneficios particulares a costa de que ellos no
incendien las calles, mientras y el resto de la población está indefensa ante
las medidas que estos empresarios del transporte han aplicado en detrimento y
en franco abuso de la población de a pie. Desde hace décadas, estos empresarios
del transporte le han sacado tantos beneficios a los gobiernos que se han
inflado de tal manera que los mismos gobiernos se han visto en la inacción e
indiferencia o impotencia de no hacerles nada: les meten miedo o los
chantajean. Les han creado programas de renovación vehicular (como los pasados
dos planes – RENOVE -, vehiculares para el transporte público y que la sociedad
bautizó como “los pollitos y las garzas blancas”), y no fueron más que un puro
desastre, entramado mafioso y de corrupción que al final no resolvieron nada
para que el transporte público. Estos sindicatos choferiles han funcionado como
"monstruos" insaciables donde sus presidentes se han enriquecido y
hasta han ocupado posiciones políticas de alto nivel, como ha sido en el poder
legislativo.
Pero, volvamos al punto. Hemos venido
escuchando opiniones de diferentes sectores y personalidades señalando posibles
soluciones para que este desorden vehicular desaparezca. Lo que me he dado
cuenta es que no he leído ni escuchado a ninguno señalar lo que debería ser, a
mi pensar, el primer paso para provocar dichos cambios: la reforma total de la
ley de tránsito de nuestro país.
Unos dicen que podría ser fundir en una sola
institución la DIGESSET y el INTRANT. Pero ¿Será esa la real solución? Si
queremos dar pasos seguros para esto, la solución a este desorden vehicular
pasa por un conjunto de medidas que, si no se asume así, pues todo seguirán
siendo "medidas parches" que nada resuelven.
Las medidas que ameritan asumirse para
empezar a dar señales de verdaderos cambios pasan por la reforma total y
absoluta de la ley de tránsito del país. Para hacer esto, debe consultarse y
establecer una comisión por personas que sean expertas en movilidad vehicular
que tomen en cuenta la realidad vehicular nacional, pero sin privilegios ni
distinción. La pregunta es: ¿Tenemos en el país ese personal calificado?
Por otro lado, esa reforma de la ley de
tránsito debe incluir, lo que yo llamo, medidas disuasivas, por ejemplo: el
aumento de las multas a un monto que la población se espante. Por eso se llaman
"medidas disuasivas”, porque se trata de disuadir al conductor de que no
viole la ley para que no tenga que pagar una multa alta. Y es que uno de los
problemas es que hay un gran porcentaje de conductores que no pagan sus multas
porque son irrisorias y tampoco existe un sistema que ayude a saber la
situación de esos casos. Es que no hay régimen de consecuencias por las
violaciones a la ley de tránsito.
Por otro lado, esa reforma debe incluir la
educación vial, y esto se hace incluyendo esta materia en el sistema educativo
nacional. Puede ser desde el nivel de bachillerato (o como se le diga ahora).
Pero tampoco como materia de relleno. La educación guía a la toma de conciencia
ciudadana.
Esta reforma debe incluir devolverle a la
institución responsable la autoridad debida. Es decir, que no valga la excusa
de que el conductor violador llame muestre a su papi, muestre la tarjetica de
su amigo militar o funcionario, ni que el agente fiscalizador le tome llamada a
nadie. Que la aplicación de la ley no sea ni aleatoria, ni selectiva, ni con
privilegio, ni distinción. La aplicación de la ley debe ser igual para todos e
innegociable. También debe castigar los abusos de autoridad.
Esta reforma debería aplicar la ley de que,
la persona que compre un vehículo de motor en un dealer, para poder salir con
él del concesionario debe obtener la placa y el seguro; ya después lo podrá
cambiar por el que más le acomode. Otra medida debe ser que todo vehículo de
motor debe tener su registro (placa) para poder circular en el territorio
nacional y prohibir la circulación de vehículos de motor no aptos para circular
de manera ordinaria en las calles, por ejemplo: los buguis para montear, y que
sean trasladados en remolques. La reforma de la ley debe contemplar el poner a
una persona o personal al frente de la institución responsable que sepa y tenga
experiencia en movilidad vehicular. Lamentablemente siempre vemos que al frente
de la institución se nombran personas que no cumplen o no saben nada de esto y
los ponen solo por amiguismo, cuota o compromiso político. La reforma debe
también establecer el fortalecimiento de la institución en sus recursos humanos
y técnicos: dotar a la institución de equipo de tecnología de punta que les
permita realizar un trabajo mucho más efectivo.
¡Basta de aplicar medidas parches que no
resuelven nada! ¡Basta de que la autoridad muestre miedo en la aplicación de la
ley! ¡Basta de que la institución sea asumida nada más como institución
recaudadora, que sólo aplican la ley cuando el gobierno necesita dinero! ¡Basta
que miembros del gobierno de turno crean y asuman que su puesto político o
jerarquía es una licencia para ellos hacer y andar en la calle como jefes y que
las leyes para ellos no se aplican sin ninguna justificación!
Mientras los presidentes no asuman su
responsabilidad en esta área de tomar el toro por los cuernos en una real y
profunda reforma de la ley de tránsito y eliminar los privilegios, así como los
abusos de poder de los funcionarios para violar la ley sin consecuencias, este
desorden de nuestras calles no va a cambiar para bien. La ley es dura, pero es
la ley; debemos cumplirla y hacerla cumplir. La inconsciencia, el irrespeto, la
imprudencia y otras actitudes negativas son las causantes, muchas veces, de los
accidentes de tránsito que han colocado a nuestro país como uno de los más
peligrosos del mundo para manejar. Transitar en orden en nuestras calles no nos
va caer del cielo ni los buenos deseos u opiniones sin voluntad política y
ciudadana.
Tenemos leyes, pero no se aplican como debe
ser. Todos debemos someternos a su cumplimiento. Todos debemos asumir la parte
que nos corresponde. La responsabilidad no sólo es de las autoridades, sino
también de todos los ciudadanos, empresarios y demás instituciones. No exijamos
a los demás lo que no estamos dispuestos a dar o hacer por el bien de nuestra
sociedad. No exijamos orden, cortesía y amabilidad a los demás, si no estamos
dispuestos a practicarlas primero.
Pues esta es sólo una opinión. Trabajar para
poner o establecer el orden con el cumplimiento de la ley es una de las tareas
pendientes de las actuales autoridades y las venideras. Pasemos de la quejadera
a la acción. Hay muchas otras cosas o medidas que se pueden y se deben asumir
si en verdad queremos que este desorden vehicular cambie y el tiempo es ahora. No
basta con construir nuevas carreteras, túneles y elevados, si no se aplican ni cumplimos
con las leyes de tránsito.
Dios les bendiga.