Por P. Robert A. Brisman P.
A raíz
de unos hechos trágicos de delincuencia que hace unos días atrás han sucedido
en nuestra sociedad dominicana, se viene debatiendo una controversia entre lo
que es la eliminación de los delincuentes y los derechos humanos. Es conocido
en el ambiente policial en el combate a la delincuencia el famoso “código 29”
o, también como otros prefieren llamarlo “ponerlo en 29”.
Hace
unos meses atrás el presidente de la República en una rueda de prensa, al referirse
a un cierto delincuente, lo conminó a que se entregara o lo iban a poner en 29.
Cuando el presidente dijo estas palabras, esto llamó la atención de muchos de
los allí presentes y también de la sociedad porque no sabíamos a qué se refería
el presidente con ese número o expresión. Ya después, los que sí sabían qué
significa, lo comentaron en los medios y las redes sociales. Según los
expertos, este código en el argot policial significa eliminar al delincuente.
Sin
pretender ser exhaustivo en los hechos, recordemos tres de los últimos hechos
delincuenciales lamentables y trágicos, que han estremecido a nuestra sociedad
dominicana. Antes hay que decir o señalar que, parece que la delincuencia hace
su aparición como por temporada. Es decir, siempre en nuestra sociedad han
ocurrido hechos delictivos atroces, graves y trágicos, pero en ocasiones
suceden unos hechos delictivos que conmociona a la sociedad por la magnitud o
manera en cómo han ocurrido.
Ahora sí,
recordemos esos últimos hechos delictivos trágicos sucedidos hace unos meses
atrás. El primero de ellos es la balacera ocurrida en el municipio de Boca
Chica entre bandas delictivas donde hubo varios muertos. Pero ¿qué fue lo que más
llamó la atención de ese lamentable hecho y concitó el interés de los medios de
comunicación? Que entre los baleados había uno que era un artista o cantante que
gozaba de cierta fama. Pues los medios y las redes sociales se enfocaron más en
este personaje. El segundo hecho lamentable sucedido días después, fue el
lamentable hecho del apuñalamiento de un joven en la entrada de su edificio en
horas de la madrugada en un sector de clase media alta, donde el delincuente le
propinó unas diez estocadas y no se llevó nada de sus partencias. Este hecho provocó
la indignación de toda la sociedad, como ha de ser y surgieron opiniones de
todo tipo, entre ellas señalando la poca efectividad de la vigilancia policial.
No bien estamos viviendo este hecho lamentable, cuando días atrás sucedió otro de
gravedad que fue el asesinato de una señora dentro de su casa por dos
delincuentes y resultando herido su esposo, que no estaba presente en ese
momento, sino que lo esperaron hasta horas de la madrugada para agredirlo. Ya
sabemos los detalles de los hechos de esta tragedia y los involucrados. Pero
¿Por qué este hecho ha concitado hasta el día de hoy tanta atención? Pues
ciertamente por una de las personas involucradas que es un famoso merenguero.
Sucede con esto que, un caso tumba a otro caso.
Al
mencionar estos hechos lamentables, no pretendo emitir un juicio de valor. Pero
lo cierto es que, debemos preguntarnos si es verdad que, porque han sucedido
estas tragedias, la vida en nuestra sociedad es imposible, o, como dicen
muchos, que este país no sirve; que aquí no se puede vivir o que las
autoridades no están haciendo su trabajo, etc. Hay otros que afirman que no se
puede confiar en nadie. ¿Será esto cierto? ¿Podemos vivir sin confiar en
ninguna persona? Mas bien creo que lo correcto es tener cuidado a quien le
damos nuestra confianza.
Pues
esto ha planteado una controversia entre la actuación de las autoridades frente
a la delincuencia y los Derechos Humanos. Son muchas las voces de todos los
ámbitos que se han expresado a favor de que las autoridades deben de dar una respuesta
contundente ante el auge de la delincuencia. Hace unos días, el presidente de
la República volvió a decir en una rueda de prensa que los delincuentes deben
entregarse; no lo dijo como en la ocasión anterior refiriéndose al “código 29 o
ponerlos en 29”. Lo mas seguro es que no le convenia políticamente referirse
con esos términos.
Es aquí
donde entra entonces el tema de los Derechos Humanos. Los DD.HH y la
delincuencia generan un fuerte debate sobre el equilibrio entre la seguridad
ciudadana y las garantías legales de los imputados. La Comisión
Interamericana de los DD.HH., en su Informe sobre Seguridad Ciudadana y
Derechos Humanos en su capítulo IV, señala que los Estados tienen el deber
primordial de garantizar la seguridad, prevenir el delito y proteger los
derechos tanto de las víctimas como de los ciudadanos honestos mediante cuerpos
policiales civiles y profesionales. Los
defensores de estos derechos se han manifestado en favor de que, las
autoridades no deben de eliminar a los delincuentes y que más bien deben de
proteger sus derechos humanos. Pero, al mismo tiempo, esto ha provocado una
reacción de indignación y rechazo de gran parte de la sociedad en no estar de
acuerdo en este punto ya que, se argumenta también sobre los derechos humanos
de las víctimas: ¿Por qué esta gente sólo habla y se manifiesta en favor de la
defensa de los DD HH., de los delincuentes o victimarios y no defiende los DD.HH.,
de los inocentes o víctimas? ¿Entonces, para esta gente defensora de los DD.HH.,
hay unos que son más humanos que otros?
Las
autoridades tienen la responsabilidad de dar protección y cuidar a la población
y, al mismo tiempo enfrentar la delincuencia. Con razón se dice que las
autoridades deben tener el monopolio de la delincuencia. Esto no es tan fácil
como se dice. Esto conlleva toda una estrategia de programa o plan de lucha
contra la delincuencia. La delincuencia no se combate solamente con la eliminación
física de los delincuentes. Esa es la acción extrema. Lo cierto es que, eliminando
al delincuente no se elimina la delincuencia. Pero, también es cierto que los
delincuentes no se dejan atrapar tan fácil por las autoridades y muchas veces la
enfrentan con fuerza letal y éstas tienen que responder con igual proporción o más:
no es cierto que, si un delincuente recibe a la policía con balas, estos le van
a responder con flores. En principio no se trata de salir a matar al
delincuente, sino de salir a apresarlos para llevarlos ante los tribunales.
Pero hay que ser conscientes de que las autoridades no se la van a encontrar
fácil el apresarlos. También es cierto que en ocasiones las mismas autoridades
han cometido abusos. Pero eso es parte del riesgo, que lo que se puede hacer es
reducirlo a su mínima expresión. Los policías también ponen en riesgo su vida
cuando salen a combatir a los delincuentes; ellos también tienen familia que
velar por ellas. A ellos también hay que protegerles sus derechos humanos.
Por
otro lado, desde hace unos años atrás el gobierno central viene realizando lo
que ha llamado una reforma de la institución policial. Pero la población nos
preguntamos en qué va esa reforma, en qué consiste, qué pasos se han dado. El
presidente de la República se viene reuniendo los lunes con los responsables de
dicha reforma, pero la sociedad sigue sin ver los avances de dicha reforma. Sólo
se ha visto el cambio de uniforme de los miembros de la institución.
Tenemos
aquí que señalar la ausencia de la ministra del interior que, ante estos hechos
trágicos delincuenciales, ha brillado por su ausencia y silencio. Ella es la
primera que debe de estar en primera línea dando la cara ante estos hechos.
Ella es la superior inmediata del Director General de la Policía. La sociedad
se viene preguntando y le pregunta a ella ¿Dónde está?, ¿Le comieron los
ratones la lengua? Volvemos a decir que, la delincuencia no se combate nada más
con la eliminación física de los delincuentes. Esto conlleva todo un plan a
corto, mediano y largo plazo. Esto empieza por el refuerzo de la educación y
oportunidades reales de trabajo. De lo que se trata es de ensañar a llevar una
vida buena y recta para el ser humano, y esto solo podemos conseguirlo mediante
una lucha constante para convertirnos en mejores personas.
Los DD.HH.,
muchas veces se toman como excusas para justificar lo ingustable y hasta para
manipular las acciones debidas. Hemos venido caminando también en lo que son el
surgimiento de nuevos derechos humanos. Es verdad que con el tiempo
evolucionan, pero estos nuevos derechos no pueden contradecir los derechos
humanos fundamentales. Seamos conscientes de que, con mucha frecuencia se cree
que las ongs actúan promoviendo el bien social per se. Pero también
tienen sus propios intereses institucionales.
San Agustín
dijo “Odia el delito, pero ama al delincuente: Asimismo, siendo justo
el jefe de un Estado, no debe proceder con extremado rigor en el castigo de la
delincuencia, sino buscar en el castigo la mejora del que lo padece y su
retorno a la paz que llegó a infringir. Representa en el Estado al padre
familia en el hogar, se le puede decir, como al juez”. Es decir, el castigo
no debe buscar la venganza cruel, sino la mejora moral del delincuente y su
regreso a la paz que rompió, actuando el juez con la diligencia propia de un
padre de familia. Y la enseñanza de la Iglesia Católica en el Compendio de
la Doctrina Social (nn. 402-403), al hablar sobre la Justicia
Reconciliadora, señala que “el castigo debe buscar un doble objetivo: fomentar
la reinserción del condenado en la sociedad y promover una justicia
reconciliadora, capaz de restablecer la armonía en las relaciones sociales
perturbadas por el acto delictivo cometido”. El Estado tiene la doble
responsabilidad de desalentar las conductas que atentan contra los derechos
humanos y las normas fundamentales de la vida civil, y de reparar mediante el
sistema penal, el desorden generado por la actividad delictiva. La corrección
del culpable implica un componente moral que trasciende el castigo y se orienta
hacia la redención y la reconciliación. También enseña la Iglesia que el
castigo justo es aquel que se corresponde con la gravedad del delito. La
prisión debe ser el último recurso; y ¿qué decir de la eliminación física del
agresor?
En
conclusión. La sociedad está mayoritariamente de acuerdo en que a los delincuentes
hay que eliminarlos, pensando o afirmando que este tipo de acción podría ayudar
a eliminar la delincuencia. Por otro lado, hay grupos y ongs que defienden los
derechos humanos de los delincuentes, pero no dicen nada o muy poco de los
derechos humanos de los hombres y mujeres que ejercen autoridad, - así como los
derechos humanos del resto de la población -, porque también ellos son seres
humanos y arriesgan sus vidas cuando persiguen el delito y a los delincuentes.
Al mismo tiempo está la acción de las autoridades gubernamentales que deben de
aplicar acciones concretas de seguridad en favor de la ciudadanía en una
realidad social muy compleja como la nuestra. Todo esto es un gran reto para
cada actor. Ante el auge de la delincuencia no se pueden aplicar paños tibios,
sino planes de acciones concretas. El miedo es un sentimiento normal y es parte
de nuestra realidad como seres humanos; esa es una cosa y otra es dejarnos
dominar por el miedo. No podemos vivir bajo el manto del dominio del miedo; no
podemos andar en las calles con delirio de miedo. Sí debemos ser precavidos y
prudentes. Cuidarnos lo más y mejor que podamos, pero eso no significa que no nos
topemos en el camino con situaciones difíciles que pongan en riesgo nuestra
seguridad. En cualquier lugar y momento podemos vivir situaciones extremas que
pongan en riesgo nuestra seguridad. Hay que castigar el delito. Hay personas
que, lamentablemente no pueden vivir en sociedad y hay que tenerlos aislados
permanentemente. Siempre han sucedido y sucederán casos de abusos por parte de
las autoridades. En la persecución del delito no podemos esperar ni exigir
perfección, pero sí acciones concretas que permitan a la sociedad vivir en un
clima de paz social con la firme actitud del cumplimiento de la ley sin
distinción, pero con verdadera justicia.
Dios les bendiga.