martes, 29 de septiembre de 2026

Código 29, Derechos Humanos y Doctrina Católica.

 Por P. Robert A. Brisman P.

  A raíz de unos hechos trágicos de delincuencia que hace unos días atrás han sucedido en nuestra sociedad dominicana, se viene debatiendo una controversia entre lo que es la eliminación de los delincuentes y los derechos humanos. Es conocido en el ambiente policial en el combate a la delincuencia el famoso “código 29” o, también como otros prefieren llamarlo “ponerlo en 29”.

  Hace unos meses atrás el presidente de la República en una rueda de prensa, al referirse a un cierto delincuente, lo conminó a que se entregara o lo iban a poner en 29. Cuando el presidente dijo estas palabras, esto llamó la atención de muchos de los allí presentes y también de la sociedad porque no sabíamos a qué se refería el presidente con ese número o expresión. Ya después, los que sí sabían qué significa, lo comentaron en los medios y las redes sociales. Según los expertos, este código en el argot policial significa eliminar al delincuente.

  Sin pretender ser exhaustivo en los hechos, recordemos tres de los últimos hechos delincuenciales lamentables y trágicos, que han estremecido a nuestra sociedad dominicana. Antes hay que decir o señalar que, parece que la delincuencia hace su aparición como por temporada. Es decir, siempre en nuestra sociedad han ocurrido hechos delictivos atroces, graves y trágicos, pero en ocasiones suceden unos hechos delictivos que conmociona a la sociedad por la magnitud o manera en cómo han ocurrido.

  Ahora sí, recordemos esos últimos hechos delictivos trágicos sucedidos hace unos meses atrás. El primero de ellos es la balacera ocurrida en el municipio de Boca Chica entre bandas delictivas donde hubo varios muertos. Pero ¿qué fue lo que más llamó la atención de ese lamentable hecho y concitó el interés de los medios de comunicación? Que entre los baleados había uno que era un artista o cantante que gozaba de cierta fama. Pues los medios y las redes sociales se enfocaron más en este personaje. El segundo hecho lamentable sucedido días después, fue el lamentable hecho del apuñalamiento de un joven en la entrada de su edificio en horas de la madrugada en un sector de clase media alta, donde el delincuente le propinó unas diez estocadas y no se llevó nada de sus partencias. Este hecho provocó la indignación de toda la sociedad, como ha de ser y surgieron opiniones de todo tipo, entre ellas señalando la poca efectividad de la vigilancia policial. No bien estamos viviendo este hecho lamentable, cuando días atrás sucedió otro de gravedad que fue el asesinato de una señora dentro de su casa por dos delincuentes y resultando herido su esposo, que no estaba presente en ese momento, sino que lo esperaron hasta horas de la madrugada para agredirlo. Ya sabemos los detalles de los hechos de esta tragedia y los involucrados. Pero ¿Por qué este hecho ha concitado hasta el día de hoy tanta atención? Pues ciertamente por una de las personas involucradas que es un famoso merenguero. Sucede con esto que, un caso tumba a otro caso.

  Al mencionar estos hechos lamentables, no pretendo emitir un juicio de valor. Pero lo cierto es que, debemos preguntarnos si es verdad que, porque han sucedido estas tragedias, la vida en nuestra sociedad es imposible, o, como dicen muchos, que este país no sirve; que aquí no se puede vivir o que las autoridades no están haciendo su trabajo, etc. Hay otros que afirman que no se puede confiar en nadie. ¿Será esto cierto? ¿Podemos vivir sin confiar en ninguna persona? Mas bien creo que lo correcto es tener cuidado a quien le damos nuestra confianza.

  Pues esto ha planteado una controversia entre la actuación de las autoridades frente a la delincuencia y los Derechos Humanos. Son muchas las voces de todos los ámbitos que se han expresado a favor de que las autoridades deben de dar una respuesta contundente ante el auge de la delincuencia. Hace unos días, el presidente de la República volvió a decir en una rueda de prensa que los delincuentes deben entregarse; no lo dijo como en la ocasión anterior refiriéndose al “código 29 o ponerlos en 29”. Lo mas seguro es que no le convenia políticamente referirse con esos términos.

  Es aquí donde entra entonces el tema de los Derechos Humanos. Los DD.HH y la delincuencia generan un fuerte debate sobre el equilibrio entre la seguridad ciudadana y las garantías legales de los imputados. La Comisión Interamericana de los DD.HH., en su Informe sobre Seguridad Ciudadana y Derechos Humanos en su capítulo IV, señala que los Estados tienen el deber primordial de garantizar la seguridad, prevenir el delito y proteger los derechos tanto de las víctimas como de los ciudadanos honestos mediante cuerpos policiales civiles y profesionales.  Los defensores de estos derechos se han manifestado en favor de que, las autoridades no deben de eliminar a los delincuentes y que más bien deben de proteger sus derechos humanos. Pero, al mismo tiempo, esto ha provocado una reacción de indignación y rechazo de gran parte de la sociedad en no estar de acuerdo en este punto ya que, se argumenta también sobre los derechos humanos de las víctimas: ¿Por qué esta gente sólo habla y se manifiesta en favor de la defensa de los DD HH., de los delincuentes o victimarios y no defiende los DD.HH., de los inocentes o víctimas? ¿Entonces, para esta gente defensora de los DD.HH., hay unos que son más humanos que otros?

  Las autoridades tienen la responsabilidad de dar protección y cuidar a la población y, al mismo tiempo enfrentar la delincuencia. Con razón se dice que las autoridades deben tener el monopolio de la delincuencia. Esto no es tan fácil como se dice. Esto conlleva toda una estrategia de programa o plan de lucha contra la delincuencia. La delincuencia no se combate solamente con la eliminación física de los delincuentes. Esa es la acción extrema. Lo cierto es que, eliminando al delincuente no se elimina la delincuencia. Pero, también es cierto que los delincuentes no se dejan atrapar tan fácil por las autoridades y muchas veces la enfrentan con fuerza letal y éstas tienen que responder con igual proporción o más: no es cierto que, si un delincuente recibe a la policía con balas, estos le van a responder con flores. En principio no se trata de salir a matar al delincuente, sino de salir a apresarlos para llevarlos ante los tribunales. Pero hay que ser conscientes de que las autoridades no se la van a encontrar fácil el apresarlos. También es cierto que en ocasiones las mismas autoridades han cometido abusos. Pero eso es parte del riesgo, que lo que se puede hacer es reducirlo a su mínima expresión. Los policías también ponen en riesgo su vida cuando salen a combatir a los delincuentes; ellos también tienen familia que velar por ellas. A ellos también hay que protegerles sus derechos humanos.

  Por otro lado, desde hace unos años atrás el gobierno central viene realizando lo que ha llamado una reforma de la institución policial. Pero la población nos preguntamos en qué va esa reforma, en qué consiste, qué pasos se han dado. El presidente de la República se viene reuniendo los lunes con los responsables de dicha reforma, pero la sociedad sigue sin ver los avances de dicha reforma. Sólo se ha visto el cambio de uniforme de los miembros de la institución.

  Tenemos aquí que señalar la ausencia de la ministra del interior que, ante estos hechos trágicos delincuenciales, ha brillado por su ausencia y silencio. Ella es la primera que debe de estar en primera línea dando la cara ante estos hechos. Ella es la superior inmediata del Director General de la Policía. La sociedad se viene preguntando y le pregunta a ella ¿Dónde está?, ¿Le comieron los ratones la lengua? Volvemos a decir que, la delincuencia no se combate nada más con la eliminación física de los delincuentes. Esto conlleva todo un plan a corto, mediano y largo plazo. Esto empieza por el refuerzo de la educación y oportunidades reales de trabajo. De lo que se trata es de ensañar a llevar una vida buena y recta para el ser humano, y esto solo podemos conseguirlo mediante una lucha constante para convertirnos en mejores personas.

  Los DD.HH., muchas veces se toman como excusas para justificar lo ingustable y hasta para manipular las acciones debidas. Hemos venido caminando también en lo que son el surgimiento de nuevos derechos humanos. Es verdad que con el tiempo evolucionan, pero estos nuevos derechos no pueden contradecir los derechos humanos fundamentales. Seamos conscientes de que, con mucha frecuencia se cree que las ongs actúan promoviendo el bien social per se. Pero también tienen sus propios intereses institucionales.

  San Agustín dijo “Odia el delito, pero ama al delincuente: Asimismo, siendo justo el jefe de un Estado, no debe proceder con extremado rigor en el castigo de la delincuencia, sino buscar en el castigo la mejora del que lo padece y su retorno a la paz que llegó a infringir. Representa en el Estado al padre familia en el hogar, se le puede decir, como al juez”. Es decir, el castigo no debe buscar la venganza cruel, sino la mejora moral del delincuente y su regreso a la paz que rompió, actuando el juez con la diligencia propia de un padre de familia. Y la enseñanza de la Iglesia Católica en el Compendio de la Doctrina Social (nn. 402-403), al hablar sobre la Justicia Reconciliadora, señala que “el castigo debe buscar un doble objetivo: fomentar la reinserción del condenado en la sociedad y promover una justicia reconciliadora, capaz de restablecer la armonía en las relaciones sociales perturbadas por el acto delictivo cometido”. El Estado tiene la doble responsabilidad de desalentar las conductas que atentan contra los derechos humanos y las normas fundamentales de la vida civil, y de reparar mediante el sistema penal, el desorden generado por la actividad delictiva. La corrección del culpable implica un componente moral que trasciende el castigo y se orienta hacia la redención y la reconciliación. También enseña la Iglesia que el castigo justo es aquel que se corresponde con la gravedad del delito. La prisión debe ser el último recurso; y ¿qué decir de la eliminación física del agresor?

  En conclusión. La sociedad está mayoritariamente de acuerdo en que a los delincuentes hay que eliminarlos, pensando o afirmando que este tipo de acción podría ayudar a eliminar la delincuencia. Por otro lado, hay grupos y ongs que defienden los derechos humanos de los delincuentes, pero no dicen nada o muy poco de los derechos humanos de los hombres y mujeres que ejercen autoridad, - así como los derechos humanos del resto de la población -, porque también ellos son seres humanos y arriesgan sus vidas cuando persiguen el delito y a los delincuentes. Al mismo tiempo está la acción de las autoridades gubernamentales que deben de aplicar acciones concretas de seguridad en favor de la ciudadanía en una realidad social muy compleja como la nuestra. Todo esto es un gran reto para cada actor. Ante el auge de la delincuencia no se pueden aplicar paños tibios, sino planes de acciones concretas. El miedo es un sentimiento normal y es parte de nuestra realidad como seres humanos; esa es una cosa y otra es dejarnos dominar por el miedo. No podemos vivir bajo el manto del dominio del miedo; no podemos andar en las calles con delirio de miedo. Sí debemos ser precavidos y prudentes. Cuidarnos lo más y mejor que podamos, pero eso no significa que no nos topemos en el camino con situaciones difíciles que pongan en riesgo nuestra seguridad. En cualquier lugar y momento podemos vivir situaciones extremas que pongan en riesgo nuestra seguridad. Hay que castigar el delito. Hay personas que, lamentablemente no pueden vivir en sociedad y hay que tenerlos aislados permanentemente. Siempre han sucedido y sucederán casos de abusos por parte de las autoridades. En la persecución del delito no podemos esperar ni exigir perfección, pero sí acciones concretas que permitan a la sociedad vivir en un clima de paz social con la firme actitud del cumplimiento de la ley sin distinción, pero con verdadera justicia.

 

Dios les bendiga.

martes, 8 de septiembre de 2026

Propuesta Legislativa: ¿Obligar a hablar creole? Los límites de la ley frente a la lengua

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Se hizo público en algunos medios de comunicación y redes sociales el proyecto o propuesta de ley presentado por un diputado del PRM de Azua, Julio César Beltré, para que se establezca de manera obligatoria en el sistema educativo nacional, - específicamente en los colegios y escuelas de nivel primario y secundario -, el aprendizaje del creole. Pero también se sabe que hay otros legisladores oficialistas que apoyan esta propuesta legislativa. Este proyecto equipara el creole con el inglés y el francés que, más bien es para dar la impresión o imagen de que se estaría hablando un idioma o lengua universal. Y como era de esperarse, el debate se encendió.

  Hablar de lengua es hablar de cultura, de identidad y de personas. Según los argumentos de justificación de la propuesta o anteproyecto, dice el diputado que, entre la República Dominicana y Haití, hay vínculos históricos, comerciales, culturales y migratorios que compartimos ambos y una intensa dinámica fronteriza. Este diputado, además, dice que aprender creole fortalecería la comunicación entre ambas naciones, especialmente entre las zonas limítrofes y facilitaría el comercio y la cooperación bilateral.

  Vayamos por parte. ¿Qué significa la palabra "vínculo", que el diputado afirma en su propuesta? Esta palabra significa "unión, atadura". Entonces, ¿quiere decir que la RD y Haití, están unidas o atadas en todo o en varios aspectos? ¿RD y Haití están unidas o atadas en lo histórico, lo cultural, lo comercial y la migración? ¿Se puede hablar de una atadura o unión entre ambas naciones o, más bien, hablar de una relación necesaria que conlleva establecer unas buenas relaciones de países vecinos? ¿RD y Haití son dos países en una misma isla que no tendría sentido que estuviéramos separados? ¿Se le olvidó a este diputado y a quienes le secundan, de quién nos independizados? ¿Quiénes fueron nuestros opresores y verdugos?

  A ver. El creole se deriva mayormente de la lengua francesa. La constitución haitiana establece que el francés y el creole son los dos idiomas oficiales del país; mientras que, en RD el idioma oficial es el español. RD y Haití lo único que tenemos en común es que compartimos una misma isla. Pero, no hay ni tenemos vínculos culturales; somos de culturas diferentes: no compartimos idioma, ni creencias, ni conocimiento, ni arte, ni moral, ni leyes, ni costumbres, ni educación, ni hábitos que nos identifiquen como dos naciones hermanas; que no lo somos, ni lo seremos. ¿Que tenemos relaciones comerciales? Sí. Pero ¿Quiénes son los que tienen esas relaciones comerciales? Grandes comerciantes y empresarios, así como políticos que se han beneficiado de un comercio, - en gran parte irregular -, con ese país, sin importarles cumplir con las leyes establecidas que regulan dicha actividad. Si ellos necesitan aprender creole para sus negocios, que lo hagan.

  ¿Y el tema migratorio entre ambas naciones? Este es uno de los grandes y graves problemas que tiene la RD con Haití: la masiva migración ilegal y el descontrol de las autoridades dominicanas que no asumen con sinceridad este problema. Las medidas que anuncian parecen más bien una especie de anestesia para calmar la irritación social de los dominicanos: hablan de deportaciones, pero al mismo tiempo, a los que deportan, vuelven a entrar al país de manera ilegal por el contubernio y corrupción de las mismas autoridades fronterizas y el tráfico de migrantes por parte de desaprensivos delincuentes civiles, así como los mismos empresarios que fomentan la mano de obra extranjera ilegal y barata.

Dicho lo anterior, entonces ¿por qué estos políticos siguen apretando la tuerca, proponiendo leyes que llevan a entender que quieren unir ambas naciones en vez de legislar para que se establezcan leyes que combatan realmente la migración ilegal, sobre todo la que viene de Haití y se fortalezca la soberanía de la RD? Muchas veces se ha dicho, y con razón, que entre ambas naciones lo que debe establecerse son unas relaciones de buenos vecinos que lleve a cada actor a ocuparse de su territorio, es decir, ellos allá y nosotros aquí, sin perjuicio de la soberanía de cada país.

  A los dominicanos no pueden obligarnos a aprender a hablar el idioma de los que fueron nuestros verdugos, nuestros opresores. Son ellos los que tienen que aprender el español, si quieren venir a establecerse aquí, hacer negocios, vivir, estudiar..., todo de manera legal en el cumplimiento de la ley migratoria de la RD. El creole no es un idioma ni una lengua universal; no se habla en ningún otro país; a diferencia del español que esta entre las primeras cinco lenguas más habladas del mundo.

  Ahora, ¿Qué implicaciones culturales tendría para la RD aprender el idioma de sus opresores?

  A estos legisladores hay que preguntarles: Y después qué otras propuestas vendrán: ¿que icemos la bandera haitiana en las escuelas y colegios, junto a la dominicana y que se cante el himno haitiano porque tenemos vínculos históricos y culturales con Haití? ¿Que asumamos el vudú como manifestación religiosa? ¿Que asumamos actitudes reñidas contra la moral y las buenas costumbres, - como defecar y bañarse en cueros en la vía pública -, para normalizarlas en nuestra sociedad? ¿Que las transacciones comerciales dentro de RD se realicen con la moneda haitiana?

  Señores legisladores, sean prudentes en su propuesta. Este no es un tema ligero ni superficial, ni de simple trámite burocrático. Sabemos que hay una gran presencia o matrícula de estudiantes haitianos en nuestras escuelas sin pedirles un solo documento de identidad y que los mismos no muestran identificación con la historia dominicana ni cantan nuestro himno nacional. ¿Qué piensan y dicen los haitianos de Juan Pablo Duarte? También ¿qué implicaría la aprobación de este proyecto para las autoridades dominicanas y el cuerpo docente nacional; la inversión, estructura y preparación de los docentes que se tendría que crear para llevar a cabo el aprendizaje de este idioma?

  El idioma español es parte de nuestra identidad como dominicanos y sumarle el creole se estaría fomentando una mezcla que afectaría nuestra identidad. Sería una especie de mimetización y una mala señal de lo que desde nuestra independencia hemos logrado.

  Aprender siempre es importante y positivo para el desarrollo de los pueblos y las personas. Hablar más de un idioma es tener acceso a otro mundo diferente al propio. Pero también conlleva asumir conocimientos y costumbres y es una forma de unión. Y esto es lo que está detrás de esta propuesta legislativa. A la mayoría de los dominicanos no nos interesa aprender ese idioma de una minoría sólo porque a un reducido grupito de empresarios y políticos se les antoja imponerlo al resto de la sociedad por sus intereses comerciales y por presiones foráneas. A los dominicanos no nos interesa tener vínculos de unidad culturales con los que fueron nuestros opresores y verdugos. El dominicano que necesite o quiera aprender a hablar creole, que lo haga de manera personal. Queremos más bien, que ellos allá se decidan a sacar a su país de la miseria y crisis en la que ellos mismo lo han sumido y lo mantienen. Esto sería beneficioso para ambas naciones.

  Y es que somos dos pueblos diferentes, en el que cada uno tomó su rumbo por caminos diferentes. No pretendan buscar formas de crear vínculos forzados entre ambas naciones, porque eso no será posible. No sigan apretando la tuerca a la sociedad dominicana con este tipo de imposiciones. Dejen de poner sus intereses personales, partidistas y de grupo, disfrazados de lazos amigables, por encima de los intereses nacionales y soberanos. Esta migración masiva e ilegal haitiana es ya un grave problema social y demanda de todos, sobre todo de las autoridades, aplicar medidas que ya están establecidas y otras que deben establecerse, si queremos que nuestro país siga avanzando hacia el desarrollo, el progreso y el orden.

  ¿Por qué no le preguntaron a la sociedad dominicana si estamos de acuerdo con esa propuesta? La respuesta la saben y por eso no lo hacen, sino que se atribuyen una acción que afecta, en este caso, la identidad cultural del país, para hacer sus movimientos sectarios y antinacionales. A ustedes se les olvida que están en esos puestos políticos por un tiempo muy limitado y que la sociedad que ustedes juraron representar en sus mejores intereses se las cobra con el voto.

  Señores legisladores, recuerden la historia de ambos países, sus culturas, sus valores, sus identidades. Este no es un tema sencillo para legislar de esa manera por sus implicaciones. ¿Qué hay detrás de esa propuesta legislativa? Las consecuencias de algo así no se ven de inmediato, sino a largo plazo. Es un tema muy, pero muy delicado y hay que analizarlo con detenimiento y frialdad intelectual, sin manipulaciones, sin engaños. Es poner todas las cartas sobre la mesa; analizar los pros (que dudo que los haya), y los contras (que sí son peligrosos para RD). Porque, si a esas vamos, entonces ¿por qué no se legisla para imponer el idioma chino, el mandarín, debido a la gran cantidad de ciudadanos chinos que viven y tienen negocios en RD? También en nuestro país hay cantidades significativas de población de otros países que han aprendido a hablar español. ¿Por qué entonces el creole hay que imponerlo a los dominicanos? Yo me pregunto si existe una ley en Haití que obligue a los haitianos a aprender y hablar español. Me imagino que no. Entonces, ¿por qué somos siempre los dominicanos los que tenemos que ceder ante estos aprestos?

  Concluyo este artículo volviendo a decirles que no sigan apretando la tuerca a la sociedad dominicana con acciones, propuestas y leyes que laceran la identidad, la cultura y la soberanía dominicana. Con estas acciones lo que provocan es que los votantes miren hacia otros posibles aspirantes porque la población está harta y cansada de tantas promesas de campaña de defensa, promoción y soluciones a los grandes problemas sociales, y cuando logran el triunfo, se olvidan de ellas. La sociedad dominicana debemos protestar contra esta imposición que se quiere legislar. Esto no es una necesidad ni una prioridad ya que no resuelve ningún problema acuciante de la sociedad dominicana en su conjunto. Protejamos nuestra lengua y la libertad de quienes la hablamos.

martes, 1 de septiembre de 2026

La irresponsabilidad del director del INTRANT

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Hace unos días atrás, yo escribí un artículo de opinión sobre el problema del caos y el desorden del tránsito vehicular en nuestro país, sobre todo, en lo que se denomina el Gran Santo Domingo. Expresé en ese artículo mi opinión sobre lo que creo que sería el primer paso a dar para buscar posibles soluciones a este problema nacional que se ha convertido en un problema de salud pública. Lo hice desde mi realidad como ciudadano, preocupado por este problema y que también sigue esperando que las autoridades, actuales y venideras, se empeñen en buscarle posibles soluciones y que no nos sigamos quedando en las quejas, pero no buscamos ni hacemos todo lo posible por erradicar dicho problema. Y esto nos compete a toda la sociedad, no solo a las autoridades. Todos tenemos nuestra cuota en el fomento de este caos vehicular y también todos tenemos nuestra cuota en aplicar los correctivos de lugar.

  Pues hace unas semanas atrás, y con motivo a la celebración de la Restauración de la República Dominicana el 16 de agosto, el presidente, como ya es una tradición, - que no por ley -, realizó cambios de funcionarios en el tren gubernamental en algunas dependencias del estado. Uno de esos cambios fue nombrar al nuevo incumbente del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte (INTRANT), general (r) Juan Manuel Méndez que, a su vez, venía de la dirección del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), donde estuvo al frente por varios años en varios gobiernos.

  Este señor, en una reciente entrevista que diera a la periodista de investigación Nuria Piera, - que fue más bien una entrevista tipo “píchamela suave”, porque la misma se notó muy complaciente con el entrevistado -; dijo, y cito: “Mi hijo pequeño hizo una oración pidiendo para que la imagen de mi papá no se dañe”. Pues lo cierto es que parece ser que esa oración no ha hecho el efecto ni ha obtenido los resultados deseados, porque la imagen de este señor sí que está por los suelos ya que tiene cuentas pendientes de su administración cuando estaba en el COE en unos casos sonados como, por ejemplo,  el gasto que se hizo en esa dependencia de más de mil millones de pesos para los arreglos mecánicos de ambulancias y que todavía al día de hoy, este señor no ha dado repuesta satisfactoria a la sociedad ni la justicia ni ninguna otra dependencia de transparencia del estado, ha actuado con el debido procedimiento de persecución contra la corrupción. A renglón seguido, el entrevistado se despacha con unas desatinadas palabras que dejan a la sociedad con la boca abierta, dijo: “El tránsito no lo va a solucionar nadie; no nos podemos venir a llamar a engaños. El tránsito vamos a gestionarlo, a trabajarlo con los actores y decirle a cada quién lo que tiene que hacer”.

  A este señor hay que preguntarle: general, si esa es su apreciación con respecto al caos y desorden del tránsito vehicular, ¿por qué entonces usted aceptó ese puesto en esa institución? En otra entrevista realizada por la periodista Colombia Alcantara, dijo el general que el presidente le pidió que lo acompañara en la dirección del COE, a pesar de que ya estaba en retiro. Pero, también hay que preguntarle al presidente: Señor presidente ¿Por qué usted nombró a un incumbente en el INTRANT que no sabe nada de movilidad vehicular, si no va a buscarle soluciones a los problemas? ¿Qué pasó con los cambios que prometió en su campaña? ¿En ellos nos estaban los cambios que la sociedad necesita en materia de tránsito vehicular? Ya lo dije en mi artículo anterior: estas son las consecuencias de nombrar a personas en instituciones o puestos que no dominan, que no conocen, que no están preparados. Esto solo se sigue haciendo por amiguismo o cuota política. Y la sociedad, los de a pie, somos los que pagamos el precio porque no vemos que estos funcionarios infuncionales se concentren en buscar soluciones a los problemas más acuciantes de la sociedad. Esto es síntoma de la falta de voluntad política para gestionar soluciones. Cuando a una persona la ponen en un puesto de tanta importancia es para que busque soluciones y no para que provoque más problemas. De ser así, quítese de ahí y váyase para su casa.

  Esta excusa inexcusable de este ministro también podrían asumirla otros ministros que se escudarían en tal pensamiento, por ejemplo, se me ocurre pensar: ¿Qué tal si escucháramos al ministro del interior y de migración decir “el problema de la migración ilegal haitiana no lo arregla nadie”; o al de salud diciendo que el problema de salud pública no lo arregla nadie”; o al de educación con esa misma afirmación? Etc. Pues si así sucede, entonces como dice el dicho popular “cerremos este país, votemos la llave al fondo del mar y vámonos de aquí para la luna”. Con razón dicen la vox populi que nuestro país es una selva con aires de modernidad.

  ¡Así es! Con ministros como estos seguimos siendo una sociedad desamparada y sujeta a su triste destino de seguir caminando en el desorden y el caos institucional; provocando que vivamos como perros y gatos; como chivos sin ley; aplicando la ley de la selva. Vuelvo y repito lo dicho hace unos días atrás: necesitamos, como sociedad, que las instituciones apliquen la ley con justicia, sin miramientos, sin distinción, sin complacencias, con igualdad para todos y que los abusos también se castiguen. ¡La ley es dura, pero es la ley! La autoridad debe devolvérsele absolutamente a la institución para que haga su trabajo como la ley manda. Por eso existen las leyes: para vivir en orden.

  Hay que recordarle a este señor que el tránsito vehicular no se maneja ni tiene que ver con temas ni asuntos de la naturaleza, como son las lluvias, tormentas, terremotos, ciclones, etc. Quiero recordarle que está en ese puesto para diseñar políticas públicas que enfrenten los problemas del tránsito en el país; y que afirmaciones como esa dejan claro que es un irresponsable. Se nota que este señor no asumió ese cargo para buscar soluciones, sino que más bien en sus palabras dejó entrever que él no va a echarse ese tema sobre sus hombros ya que incumbentes anteriores tampoco aplicaron soluciones a este problema. Él es uno más. A este señor lo que le interesa es mantener su “buena imagen”. Pero ya está derrotado.

  Como diría el chapulín colorado: ¡Oh, y ahora ¿Quién podrá defendernos? Esta frase también se puede parafrasear con un versículo del evangelio referida a la persona de Juan Bautista: “Soy la voz que clama en el desierto”. Así estamos la sociedad dominicana, gritando para que se apliquen políticas públicas para enfrentar los problemas sociales, pero no nos hacen caso. Por estas actitudes de indiferencia y de falta de soluciones reales, es que una gran parte de la población está harta y cansada de funcionarios que sólo buscan su bienestar particular y no resuelven los problemas sociales.

  General, como ciudadano le digo que yo no quiero ni espero que administre el problema del caos y el desorden vehicular, sino que piense, busque y aplique políticas públicas para resolver este problema, sino váyase en paz.

martes, 18 de agosto de 2026

El caos del tránsito vehicular: ¿Por dónde debe empezar el cambio?

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Uno de los dichos populares en nuestra sociedad es que, el dominicano, desde que pisa el aeropuerto, se transforma. Se vuelve un estricto cumplidor de las leyes, sobre todo cuando viaja a un país donde las leyes se cumplen, como por ejemplo los EE.UU. Pero, desde que llega al país y sale del aeropuerto, se transforma y vuelve automáticamente a asumir la actitud del desorden.

  Teniendo estas palabras anteriores en cuenta, uno de los dolores de cabeza de nuestra sociedad dominicana siempre ha sido el desorden del tránsito vehicular. Este desorden no lo venimos padeciendo desde hace unos años atrás. Es un padeciendo de décadas atrás que, con el paso del tiempo y la indiferencia de las autoridades se ha complicado más.

  Parte de la culpa de este desorden lo encabezan las autoridades, pasadas y presentes, porque nunca han querido asumir ni aplicar las medidas que se necesitan para ayudar a buscar posibles soluciones a este problema.

  Hemos sido testigos de las numerosas concesiones y dejadez que las autoridades le han otorgado, sobre todo a los llamados sindicatos de choferes que, más bien han funcionado siempre como empresarios del transporte. Es muy oportuno recordar el calificativo con el que un prestigioso periodista, - fallecido -, los nombró como "los dueños del país".

  Así es. "Los dueños del país" que siempre le han trazado pautas y presionado a los gobiernos para que éstos a su vez, les otorguen y concedan beneficios particulares a costa de que ellos no incendien las calles, mientras y el resto de la población está indefensa ante las medidas que estos empresarios del transporte han aplicado en detrimento y en franco abuso de la población de a pie. Desde hace décadas, estos empresarios del transporte le han sacado tantos beneficios a los gobiernos que se han inflado de tal manera que los mismos gobiernos se han visto en la inacción e indiferencia o impotencia de no hacerles nada: les meten miedo o los chantajean. Les han creado programas de renovación vehicular (como los pasados dos planes – RENOVE -, vehiculares para el transporte público y que la sociedad bautizó como “los pollitos y las garzas blancas”), y no fueron más que un puro desastre, entramado mafioso y de corrupción que al final no resolvieron nada para que el transporte público. Estos sindicatos choferiles han funcionado como "monstruos" insaciables donde sus presidentes se han enriquecido y hasta han ocupado posiciones políticas de alto nivel, como ha sido en el poder legislativo.

  Pero, volvamos al punto. Hemos venido escuchando opiniones de diferentes sectores y personalidades señalando posibles soluciones para que este desorden vehicular desaparezca. Lo que me he dado cuenta es que no he leído ni escuchado a ninguno señalar lo que debería ser, a mi pensar, el primer paso para provocar dichos cambios: la reforma total de la ley de tránsito de nuestro país.

  Unos dicen que podría ser fundir en una sola institución la DIGESSET y el INTRANT. Pero ¿Será esa la real solución? Si queremos dar pasos seguros para esto, la solución a este desorden vehicular pasa por un conjunto de medidas que, si no se asume así, pues todo seguirán siendo "medidas parches" que nada resuelven.

  Las medidas que ameritan asumirse para empezar a dar señales de verdaderos cambios pasan por la reforma total y absoluta de la ley de tránsito del país. Para hacer esto, debe consultarse y establecer una comisión por personas que sean expertas en movilidad vehicular que tomen en cuenta la realidad vehicular nacional, pero sin privilegios ni distinción. La pregunta es: ¿Tenemos en el país ese personal calificado?

  Por otro lado, esa reforma de la ley de tránsito debe incluir, lo que yo llamo, medidas disuasivas, por ejemplo: el aumento de las multas a un monto que la población se espante. Por eso se llaman "medidas disuasivas”, porque se trata de disuadir al conductor de que no viole la ley para que no tenga que pagar una multa alta. Y es que uno de los problemas es que hay un gran porcentaje de conductores que no pagan sus multas porque son irrisorias y tampoco existe un sistema que ayude a saber la situación de esos casos. Es que no hay régimen de consecuencias por las violaciones a la ley de tránsito.

  Por otro lado, esa reforma debe incluir la educación vial, y esto se hace incluyendo esta materia en el sistema educativo nacional. Puede ser desde el nivel de bachillerato (o como se le diga ahora). Pero tampoco como materia de relleno. La educación guía a la toma de conciencia ciudadana.

  Esta reforma debe incluir devolverle a la institución responsable la autoridad debida. Es decir, que no valga la excusa de que el conductor violador llame muestre a su papi, muestre la tarjetica de su amigo militar o funcionario, ni que el agente fiscalizador le tome llamada a nadie. Que la aplicación de la ley no sea ni aleatoria, ni selectiva, ni con privilegio, ni distinción. La aplicación de la ley debe ser igual para todos e innegociable. También debe castigar los abusos de autoridad.

  Esta reforma debería aplicar la ley de que, la persona que compre un vehículo de motor en un dealer, para poder salir con él del concesionario debe obtener la placa y el seguro; ya después lo podrá cambiar por el que más le acomode. Otra medida debe ser que todo vehículo de motor debe tener su registro (placa) para poder circular en el territorio nacional y prohibir la circulación de vehículos de motor no aptos para circular de manera ordinaria en las calles, por ejemplo: los buguis para montear, y que sean trasladados en remolques. La reforma de la ley debe contemplar el poner a una persona o personal al frente de la institución responsable que sepa y tenga experiencia en movilidad vehicular. Lamentablemente siempre vemos que al frente de la institución se nombran personas que no cumplen o no saben nada de esto y los ponen solo por amiguismo, cuota o compromiso político. La reforma debe también establecer el fortalecimiento de la institución en sus recursos humanos y técnicos: dotar a la institución de equipo de tecnología de punta que les permita realizar un trabajo mucho más efectivo.

  ¡Basta de aplicar medidas parches que no resuelven nada! ¡Basta de que la autoridad muestre miedo en la aplicación de la ley! ¡Basta de que la institución sea asumida nada más como institución recaudadora, que sólo aplican la ley cuando el gobierno necesita dinero! ¡Basta que miembros del gobierno de turno crean y asuman que su puesto político o jerarquía es una licencia para ellos hacer y andar en la calle como jefes y que las leyes para ellos no se aplican sin ninguna justificación!

  Mientras los presidentes no asuman su responsabilidad en esta área de tomar el toro por los cuernos en una real y profunda reforma de la ley de tránsito y eliminar los privilegios, así como los abusos de poder de los funcionarios para violar la ley sin consecuencias, este desorden de nuestras calles no va a cambiar para bien. La ley es dura, pero es la ley; debemos cumplirla y hacerla cumplir. La inconsciencia, el irrespeto, la imprudencia y otras actitudes negativas son las causantes, muchas veces, de los accidentes de tránsito que han colocado a nuestro país como uno de los más peligrosos del mundo para manejar. Transitar en orden en nuestras calles no nos va caer del cielo ni los buenos deseos u opiniones sin voluntad política y ciudadana.

  Tenemos leyes, pero no se aplican como debe ser. Todos debemos someternos a su cumplimiento. Todos debemos asumir la parte que nos corresponde. La responsabilidad no sólo es de las autoridades, sino también de todos los ciudadanos, empresarios y demás instituciones. No exijamos a los demás lo que no estamos dispuestos a dar o hacer por el bien de nuestra sociedad. No exijamos orden, cortesía y amabilidad a los demás, si no estamos dispuestos a practicarlas primero.

  Pues esta es sólo una opinión. Trabajar para poner o establecer el orden con el cumplimiento de la ley es una de las tareas pendientes de las actuales autoridades y las venideras. Pasemos de la quejadera a la acción. Hay muchas otras cosas o medidas que se pueden y se deben asumir si en verdad queremos que este desorden vehicular cambie y el tiempo es ahora. No basta con construir nuevas carreteras, túneles y elevados, si no se aplican ni cumplimos con las leyes de tránsito.

 

Dios les bendiga.

viernes, 14 de agosto de 2026

Massachusetts: Cuando la ley olvida al más vulnerable.

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Ha sido noticia mundial que el pasado 10 de agosto se publicara la rueda de prensa de la gobernadora del estado norteamericano de Massachussets, firmando la ley del aborto hasta el momento del nacimiento, legislación que deroga la anterior que establecía el límite del aborto hasta la semana 24. Su entrada en vigor está fechada para el mes de noviembre próximo. Según las imágenes que se publicaron, la gobernadora del estado norteamericano firmó la orden ejecutiva estatal en su oficina en presencia o compañía de un grupo de mujeres, legisladoras y miembros de organizaciones abortistas como la IPPF que, una vez firmada la ley, se unieron todas en un gran aplauso por el triunfo logrado en favor de los derechos de las mujeres y después brindaron por el acontecimiento. Cabe destacar que la gobernadora del estado ella misma pregona su catolicismo, pero también es defensora de estos derechos femeninos. Ante esta ley que ha firmado, como católica, la gobernadora está bajo la legislación católica de Derecho Canónico que, en sus cánones 1398 impone la pena canónica de excomunión automática (Latae sententiae), así como el canon 1329 &2 que extiende la pena a los cómplices sin cuya colaboración el delito no se habría cometido.

  Hemos de tener en cuenta que esta legislación estatal sucede a consecuencia de que, la Suprema Corte de Justicia Federal, eliminó la legislación federal del aborto (ley Rose and Wade), y otorgó la libertad a los estados para que legislen en sus territorios. Esto gracias a la influencia de la administración Trump de este segundo mandato y los jueces que fue nombrando para ocupar las vacantes en el Tribunal Supremo Federal.

  Con esta legislación estatal que ocurrió en este estado norteamericano, una vez más vemos que la cultura de la muerte sigue avanzando. El estado de Massachussets se convierte en el estado número once en aprobar este tipo de leyes, que también son estados gobernados por el partico azul, es decir, el partido demócrata.

  Así queda demostrado una vez más que la mujer pasa de ser portadora de vida, a ser portadora de muerte. Sigue convirtiéndose en la verduga de sus propios hijos en su vientre; es una devoradora de sus propios hijos; es una asesina de sus propios hijos desde el vientre. Es el más atroz infanticidio de estos tiempos modernos, de estos tiempos de progreso. Y lo peor es que son aplaudidos y secundados por muchos otros, incluyendo muchos cristianos. Es la decadencia de occidente. Es el reino de la muerte que sigue arropando a gran parte de la humanidad. El aborto es lo que es, por más que lo disfracen de derecho: es un homicidio, un asesinato, un crimen de lesa humanidad, que no garantiza ninguna salvación ni ningún remedio al sufrimiento de la madre que lo practica. La madre que asesina a su propio hijo en su vientre se cree que es su dueña y que puede disponer de su vida cómo y cuándo se le antoje. La mujer ha sido puesta como facilitadora de la vida, bendecida con el privilegio y la responsabilidad de preservar la especie, pero nunca es dueña de la vida que facilita y por tanto no tiene potestad para disponer la muerte de esa nueva persona. El papa León XIV, citando a su vez al Papa san Juan Pablo II, en su encíclica Magnifica Humanitas (n 51), nos recuerda: “El valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente”.

  Según esta ley estatal ¿Cuál es el criterio para realizar un aborto? Pues el del médico y la voluntad de la madre. Aquí no toma en cuenta ningún método, ni estudio científico ni nada parecido. ¿Qué implica esta ley para un ser humano (el bebé), que se ha desarrollado completamente en el vientre materno, tiene su cuerpo formado, su código genético, que siente, que respira, que palpita su corazón…, en fin, es un ser humano completo? ¿Será este el último paso que darán estos grupos infanticidas en su carrera mortífera o pretenden dar más pasos en esta dirección? ¿Hasta dónde es que quieren llegar? ¿Dónde queda el derecho fundamental de no agredir a otro? ¿Dónde queda el mandamiento divino de “no matarás”? ¿A dónde va una sociedad que aplica la pena de muerte a una persona en el vientre materno y en el momento de nacer? ¿Dónde están los defensores de los indefensos; de los que no tienen voz? ¿Dónde están aquellos que pregonan y defienden los derechos de los inmigrantes, los lgtbq, los veganos, los ecologistas, etc.?  ¿Pero no dicen nada de los derechos de los niños por nacer?

  ¡Un estado más que decide por decreto quién vive y quién no! Esto no es gobernar. Esto es totalitarismo disfrazado de progreso, de derechos, de conquista. ¿Se puede llamar esto política? Creo que más bien hay que llamarlo demoníaco: es el poder del mal contra el poder del bien, el poder de las tinieblas contra el poder de la luz; es la batalla espiritual entre el bien y el mal. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que parece ser que estamos siendo gobernados por personas que están poseídas por el demonio. Esto es síntoma de una sociedad violenta y sanguinaria que se ensaña contra los más débiles.

  Rabindranath Tagore señaló: “la verdad no está de parte de quien grite más”. Toda propaganda del mundo, no podrá ocultar el hecho de que el aborto es genocidio, y toda la censura del mundo, no podrá esconder el hecho de que tal genocidio es un negocio multimillonario para unos pocos.

  La mujer que aborta mata. Sabe qué mata, en qué momento mata y sabe perfectamente a quién mata. Al más cercano. Al propio. Al más indefenso, al más joven.

  Concluyo este artículo citando las palabras del Papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas (n 214): “Tenemos una posibilidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene”.

 

Dios les bendiga.

jueves, 11 de junio de 2026

Practiquemos la verdadera justicia (y 2)

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Estamos librando una batalla permanente contra el mal, contra el enemigo de Dios y de sus hijos e hijas. Ya el mismo san Pablo nos advirtió de que, nuestra batalla no es contra la sangre ni la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas y contra los espíritus malignos que están en los aires (Ef 6,12). Al difundir doctrinas falsas, satanás confunde a las gentes y, por lo tanto, se obstaculiza la verdad del evangelio y el progreso de la Iglesia de Cristo y su misión evangelizadora.

  Cuando el creyente solo se enfoca en practicar una religión legalista, de puro cumplimiento de normas, lo que hace es alejarse de la Iglesia y de la verdad de Dios. La batalla espiritual no es una lucha de poderes, sino una lucha por la verdad que perdura hasta el día de hoy y que durará hasta que venga el Señor Jesús en su gloria.

  La práctica farisaica de la religión nos lleva a abandonar la verdad y a abrazar la mentira; nos lleva a crear falsos ídolos a los cuales nos postramos en adoración y no son más que ídolos de barro que no pueden salvarnos. Son ídolos que habitan en nuestro corazón. Por esto, ya el Señor nos advirtió a través del profeta Ezequiel (14,4-5): “Por tanto, háblales y diles: Esto dice el Señor Dios: Todo hombre de la casa de Israel que ha erigido ídolos en su corazón y ha puesto ante su rostro la ocasión de su iniquidad, y luego acude al profeta, Yo, el Señor, le responderé por mí mismo, de acuerdo con la multitud de sus ídolos, a fin de recobrar por el corazón la casa de Israel, los que se han apartado de mí por la multitud de sus ídolos”. Nuestros ídolos nos autodestruyen y nos convierten en víctimas de guerra; todo esto empieza a partir de cambiar la verdad por la mentira.

  La verdad libera, mientras que la mentira esclaviza. Y Dios no nos quiere esclavos, sino libres, porque Cristo nos ha liberado. El fariseísmo nos hace falsos y tibios. Nuestra naturaleza espiritual es la verdad de Cristo, porque Cristo es la verdad, mientras que la naturaleza de satanás es la mentira: él es el padre de la mentira. No es satanás el que nos tiene que decir qué tenemos que creer, sino Cristo, que nos dijo que creamos en Dios, creamos en él y a su palabra.

  Muchos cristianos nos hemos dejado arropar y manipular por la mentira; la hemos comprado en algún momento de nuestra vida. ¿Cómo se destruye la mentira? Pues con la práctica de la verdad de Cristo. Por eso, ya el mismo Cristo nos dijo que no podemos estar al mismo tiempo con Dios y con el diablo; que no podemos servir a dos amos al mismo tiempo. Ésta también es la justicia que debemos practicar si queremos entrar en el Reino de los cielos.

  El mundo está arropado y viviendo en el engaño, en la mentira, en la manipulación, en la oscuridad. Y vende este engaño como algo bueno, loable y digno de ser asumido. Pero en realidad es todo lo contrario. San pablo nos advierte: “Vigilen para que nadie los seduzca por medio de vanas filosofías y falacias fundadas en la tradición de los hombres, y en los elementos del mundo, pero no en Cristo” (Col 2,8).  Los cambios, las ideas y creencias que el mundo va presentando como progreso y desarrollo, cambian continuamente según la época, pero tienen un elemento invariable: son contrarias a Cristo. Y ya Cristo dijo que “el cielo y la tierra pasarán. Pero sus palabras no pasarán” (Mt 24,35).

  Nuestra civilización occidental está enferma y nosotros debemos aprender a ver sus síntomas espirituales para aplicar la medicina que la sanaría.  Nuestra civilización es como un paciente que está en cama agonizando, luchando por no morir. Una civilización que ha atomizado la familia natural, donde los padres no conocen a sus hijos; el desplome de la natalidad; juventudes perdidas que cambian de género como si fuera cambiarse de ropa; naciones divididas contra sí mismas; culturas que celebran su propia autodestrucción porque le han metido en la mente la idea de que tenemos que ser inclusivos con todas las aberraciones que se puedan inventar; civilizaciones que han perdido el rumbo de hacia dónde deben ir; universidades que son centros de adoctrinamiento ideológico; iglesias vacías y convertidas en antros de perdición por el placer desmedido; políticos que se venden; medios de comunicación que se alinean con las ideologías modernas por dinero y se convierten en manipuladores; el amor convertido en mercancía y la sexualidad en entretenimiento; progresismo, diversidad, feminismo, relativismo, multiculturalismo, ecologismo, etc. Es la inoculación del veneno ideológico. Pues todo esto no es nada más que una lucha contra la civilización cristiana, porque la intención es borrar de raíz todo vestigio de cristianismo, específicamente la fe católica. 

  En conclusión. La palabra de Cristo es inmutable, porque Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, y a él nos debemos si queremos entrar en el Reino de los cielos.

miércoles, 10 de junio de 2026

El Reino de Dios está dentro de nosotros. Testimoniémoslo irradiando gracia

 Por P. Robert A. Brisman P.

La categoría teológica “Reino de Dios”, es la columna vertebral de todo el mensaje del evangelio. Jesús mismo lo dejó claro en su predicación: “Si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, es para que ustedes entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Mt 12,27). Y en el evangelio de san Lucas se nos dice que, “el Reino de Dios está ya en medio de ustedes” (17,21).

  El Reino de Dios no es una realidad material, sino más bien es una realidad espiritual, divina, que viene de lo alto. En el diálogo entre Jesús y Pilatos, cuando éste le pregunta que si es rey, Jesús le responde que su Reino no es de este mundo. Y es verdad. Porque, si el Reino de Dios fuera de este mundo, pues no podría ofrecer sanación a este mundo enfermo por el pecado.

  El Reino de Dios se opone a otro reino: el reino del mundo. Estos dos son antagónicos y enfrentan una batalla permanente. El Reino de Dios tiene su rey: Cristo; y el reino del mundo también tiene su rey: satanás. Cuando hablamos del reino del mundo, no nos estamos refiriendo al mundo de la creación, sino a las instituciones, grupos e ideologías que están presentes en el mundo y que se oponen al plan salvador de Dios.

  El Reino de Dios, al ser de naturaleza espiritual y divina, se nos ha dado como un don y una tarea al mismo tiempo. Es un don, un regalo de Dios para nosotros; no hemos hecho absolutamente nada para merecerlo. Todo ha sido generosidad y gratuidad de parte de Dios. Por esto mismo es que Jesús dijo que “lo que hemos recibido gratis, debemos darlo gratis”. El Reino de Dios ha sido sembrado en nuestro corazón como una semilla de grano de mostaza para que, con el tiempo vaya germinando en nuestro interior y de ahí pase a nuestro exterior. A nosotros nos corresponde ir resolviendo esta tarea. Pero, dicha tarea, no se resuelve de un día para otro, ni en una semana, ni en un mes, ni en un año, etc. Esta tarea, de hacer presente el Reino de Dios en el mundo, es una tarea, un trabajo de toda la vida. Esta tarea terminará cuando el Señor vuelva; que no sabemos cuándo será, porque él nunca dio fechas. Desde la Ascensión de Cristo al Padre hasta que Cristo regrese, estamos en el tiempo de la Iglesia. Es decir, estamos en el tiempo de seguir anunciando y proclamando el evangelio de Jesús para la salvación de las almas. Estamos en el tiempo de hacer presente, de testimoniar la luz de Cristo en este mundo arropado por las tinieblas. El Reino de Dios es luz, vida, verdad, justicia, compasión, etc. El reino del mundo es oscuridad, muerte, mentira, injusticia, impiedad, etc.

  El Reino de Dios busca la transformación interior de la persona, la transformación del corazón y la mente, la conversión de la persona. Este Reino de Dios impregna toda la vida y cada una de las realidades en las cuales el creyente desenvuelve su vida cotidiana. Allí donde quiera que se encuentre el creyente, debe testimoniar ese don, esa gracia del Reino de Dios. Por eso Jesús advirtió que su Reino no tenemos que buscarlo fuera de nosotros; no se puede comprar en ninguna tienda.

  El Reino de Dios es silencioso. Su eficacia depende de la presencia y acción del Espíritu Santo en colaboración con nuestra disponibilidad interior. Crece lentamente. El Reino de Dios nos conduce a ver las cosas de manera diferente, con la mirada de Dios. El cristiano que vive la fe, la caridad, la compasión, la justicia, etc., ya está manifestando con su vida el Reino de Dios. Y el libro de la Sabiduría 7,22-30, nos enseña que un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz, sin mancha, diáfano, inalterable, amante del bien, agudo, libre, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, lo observa todo y penetra en todos los espíritus; en los inteligentes, en los puros y hasta los más sutiles. Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad. Aunque es una sola, lo puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva el universo; de generación en generación, entra en las almas santas, para hacer amigos de Dios y profetas…todo esto es el Reino de Dios.

  El Reino de Dios debemos hacerlo presente primeramente en la familia, en el trabajo, con los amigos, en el tránsito, etc. El Reino de Dios quiere hacer nuevos a cada hombre y a cada mujer, para que así las sociedades sean nuevas; tener familias nuevas, hogares nuevos y ambientes nuevos.