jueves, 26 de febrero de 2026

Independencia Nacional: Seamos una Nación Fuerte y Santa

 

Por P. Robert A. Brisman P.

 

  Estamos en las vísperas de celebrar un aniversario más de nuestra Independencia: 182 años exactamente. Al llegar a esta fecha no podemos dejar de mirar hacia atrás y ver el camino que hemos recorrido como nación libre, soberana e independiente; para seguir construyendo el presente con intención de forjar una nación edificada en la justicia y mirar al futuro para dejar a las venideras generaciones un país edificado en los valores y principios que dan vida y prosperidad.

  Debemos seguir construyendo el país que nuestros independentistas quisieron. La nación dominicana ha enfrentado muchas crisis en su pasado y presente, y de todas ha sabido salir adelante, no sin experimentar dolor y sufrimiento. Toda liberación política, económica, social, cultural y espiritual es un proceso de desarrollo interna y externa de toda sociedad y su gente. Es una lucha constante contra toda esclavitud de alma y cuerpo, como son la ignorancia, la miseria, el temor, el vicio y desde luego el pecado. Podemos afirmar que, el proceso de independencia y libertad de nuestra nación dominicana no ha terminado. Es una independencia y libertad que se vienen construyendo, edificando. Este proceso nos recuerda la enseñanza de Jesús: “El que escucha mis palabras y las pone práctica…edifica su casa sobre roca firme”. Esto es lo que viene sucediendo con nuestra nación. Pero esa edificación debe contar con cada dominicano y dominicana de buen corazón para que esta obra de Dios sea una realidad.

  La práctica de la libertad exige compromiso con la Patria. Nos debe de llevar a la vivencia de valores como son: la verdad, el amor, el respeto mutuo, el trabajo, la honradez, la caridad, la solidaridad, la fraternidad, la valentía, la constancia, etc., valores que deben ser inculcados desde la niñez. Estos valores no son solamente para ser contemplados, sino para ser vividos en nuestro diario comportamiento.

  Hay una enfermedad moral que abunda en la historia humana y de la cual nuestra nación dominicana no escapa, y es la traición. Tenemos traidores que han abierto las puertas de nuestra nación a nuestros enemigos, apostando por el caos, el desorden y el incumplimiento de nuestras leyes. Cuando Duarte fundó la Trinitaria y, consciente de este mal moral, la constituyó como organización dotada de un mecanismo protector, por eso la fuerza vindicativa del juramento trinitario: “Si tal hago, Dios me proteja, y de no ser así, que me lo tome en cuenta; y mis consorcios castiguen el perjurio y la traición si los vendo”.

  En el libro del profeta Joel 2,17, leemos: “Perdona a tu pueblo, Señor”.  Como nación que ha sido fundada en los valores y principio cristianos, le hemos fallado a Dios, lo hemos traicionado. Hemos desviado, - como hizo el rey Salomón -, nuestros corazones del camino de Dios: “Se enojó el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón del Señor Dios de Israel, diciéndole que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado. Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo” (1Re 11,9-11).

  Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, pero con tristeza que, nuestra nación dominicana vive una especie de posesión demoníaca. En la Biblia, la serpiente es un símbolo de la oscuridad, del reino satánico o demoníaco. En gran parte, la sociedad dominicana ha cerrado su corazón a Dios y se ha rendido a los dioses, se ha fabricado sus propios ídolos. Hay una especie de persecución contra Cristo y sus seguidores que buscan procurar el fin de la fe en Jesús y la exterminación de los suyos.

  Como nación, le hemos abierto las puertas a los espíritus demoníacos al apartarnos de Dios, de su palabra, de Jesús. ¿Qué buscan estos ídolos espirituales? Ejercer su dominio sobre nuestra nación. Los valores y principios cristianos que han forjado nuestra nación dominicana están siendo sustituidos o reemplazados por principios idólatras, como la imposición de políticas progresistas globalistas auspiciadas por organismos internacionales mediante el chantaje económico; la ideología de género, con el aborto y simulaciones matrimoniales de uniones homosexuales en la clase alta, para ir influenciando y mentalizando a la población a que asumamos una conducta que va en contra de nuestros valores y principios culturales y familiares, como algo normal; otro ídolo es el multiculturalismo, haciéndonos creer que, porque dos naciones compartimos una isla somos lo mismo; así quieren arruinar nuestro país como han hecho con otros. Los dominicanos somos los únicos que debemos decidir de manera soberana quién entra y quién no a nuestro país, y bajo qué condiciones, porque la migración, primeramente es un tema de política migratoria de los estados soberanos antes que un asunto de caridad y compasión, y porque una migración masiva y descontrolada, no es beneficiosa ni es signo de progreso ni de desarrollo; otros ídolos son la limitación de la libertad de expresión que se quiere legalizar; la imposición de derechos humanos sin fundamentos que se multiplican absurdamente hasta significar cualquier cosa; la manipulación mediática, la difamación y la vulgaridad en los medios y redes sociales de comunicación; la corrupción, la violación y profanación de nuestros símbolos patrios, etc. Nuestra cultura e identidad dominicana están sufriendo una especie de ataque constante que buscan su paganización. Necesitamos y debemos exigir de nuestras autoridades que cumplan y hagan cumplir la ley con determinación, sin abusos, sin privilegios, sin distinción; que entendamos todos, - autoridad y ciudadanos -, que la aplicación de la ley no se dialoga; que no expriman a los ciudadanos; que protejan sus derechos; que nos concienticen sobre nuestros deberes; que fortalezcan nuestras instituciones. Que, el tan cacareado crecimiento económico se traduzca en un verdadero desarrollo y bienestar social.

  Como nación fundada en los valores y principios cristianos, hemos de reconocer que, con el paso del tiempo nos hemos ido alejando de la palabra de Dios, de sus leyes y de sus caminos. George Washington, después de su toma de posesión, dirigió al pueblo estadounidense unas palabras proféticas y que nosotros podemos hacer nuestras: “Si Estados Unidos alguna vez se apartaba de Dios y de sus leyes eternas, sus bendiciones serían eliminadas”.

  Pero no todo está perdido. Todavía tenemos tiempo de volver nuestros pasos a Dios. Por eso, el salmista nos dice: “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad” (Slm 33,12). Tenemos que arrodillarnos, no ante los ídolos que son seres de polvo que no pueden salvar; sino arrodillarnos ante Dios, eso nos engrandece como nación libre y soberana. No vendamos nuestra alma, ni nuestra identidad por un plato de lentejas. Necesitamos fronteras seguras y bien vigiladas. Las fronteras abiertas no traen ningún beneficio, ni progreso, ni desarrollo a los pueblos. Todo lo contrario: traen desorden, pobreza, caos, violencia. No permitamos que vengan de fuera a dictarnos e imponernos lo que tenemos que hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Luchemos, como nación, por ser un bastión, un muro de contención ante estas agendas globalistas y genocidas, destructoras de las soberanías de los estados. Para ser un país que progresa no tenemos que renunciar a nuestros valores y principios. Seamos arquitectos de nuestro propio destino. Busquemos juntos caminos para vivir en paz en medio de este caos que vivimos. No permitamos que la soberbia sea la que nos marque el camino a seguir. Estamos frente a una guerra espiritual en nuestra nación: el vudú, el gaga, la brujería, el islam han hecho su entrada en nuestra casa porque le hemos abierto las puertas y hemos dejado que avancen porque hemos entendido mal la libertad de culto y libre asociación.

  El Dios en el que nosotros creemos, nos dice en el libro del Deuteronomio (30,15-18): “Hoy pongo ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te ordeno hoy, amando al Señor, tu Dios, marchando por sus caminos y guardando sus mandamientos, leyes y normas, entonces vivirás y te multiplicarás: el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión”.   Queridos hermanos, no cortemos nuestras raíces cristianas, porque si lo hiciéramos, a partir de ese día empezaremos a morir. Venzamos, con la gracia de Dios, nuestros pecados sociales de idolatría, de corrupción, de vulgaridad, de injusticia…porque Dios es compasivo y misericordioso, y quiere hacer de nosotros una nación fuerte y santa. Que nuestra Madre del cielo nos acompañe y que nos ayude a reconciliarnos con Dios, nuestro Creador y Padre.

jueves, 12 de febrero de 2026

El amigo fiel es refugio seguro

 

En el libro del Eclesiástico 6,14-16, se nos dice que “un amigo fiel es protección poderosa, quien lo encuentra, halla un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, es de incalculable valor. Un amigo fiel es medicina que salva, lo encontrarán los que temen al Señor”.

  Una amistad buena, sincera y duradera se fundamenta en la misma palabra de Dios, en la fe en él, en su gracia. Fue el mismo Señor Jesucristo que dijo “a ustedes ya no los llamo siervos, sino amigos; porque el siervo no sabe lo que hace su señor” (Jn 15,14-15); y también dijo “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. Vemos aquí que el mismo Cristo, el Maestro, condicionó su amistad al cumplimiento fiel de su palabra, de su enseñanza; y por eso también dijo que todo el que enseñe a los demás a cumplir la más leve palabra del mensaje, será el más grande en el Reino de los cielos.

  Jesús quiso unirnos a su persona en su misión evangelizadora concediéndonos su amistad sincera. Les prometió a sus discípulos y, en ellos a nosotros, que nunca nos dejaría solos; como un fiel amigo estaría siempre con nosotros, a nuestro lado dándonos la fuerza y el valor que necesitaríamos para llevar a cabo la misión evangelizadora encomendada por él. Su amor y su amistad son nuestros compañeros en el camino misionero y nos guía en el camino de ser sus verdaderos y fieles testigos; nos hizo testigos de su amor, su amistad, su alegría y su bienaventuranza.

  Jesús llama amigos íntimos a quienes le siguen en fidelidad; nos ha invitado a participar de sus alegrías, en el banquete nupcial, que es imagen del banquete del Reino de los cielos. Jesús nos enseñó que quienes creen y siguen sus enseñanzas en fidelidad, ocuparían un lugar de predilección en su corazón. Con su gesto de amistad nos enseña a acoger a todos sin distinción; a no ser solamente amigo de los amigos, sino también de aquellos que hasta nos ven como sus enemigos. Recordemos que Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro, ante la muerte de una persona amada. Como cristianos debemos estar siempre abiertos a los demás. Debemos también seguir aprendiendo y profundizando en la amistad verdadera y saber comunicar el amor de Dios que llevamos en el corazón.

  San Ambrosio dijo: “Si descubres algún defecto en el amigo corrígele en secreto. Las correcciones hacen bien y son de más provecho que una amistad muda”. La amistad sincera requiere que ayudemos al amigo a ser más perfecto, una amistad perseverante; y nuevamente el libro del Eclesiástico 22,31 nos dice que “no debemos avergonzarnos de defender al amigo”. No abandonarlo en el momento de las necesidades, no negarle nuestro afecto, mantener nuestra lealtad. Y es que, en la adversidad se prueban los amigos verdaderos, pues en la prosperidad todos parecen fieles (san Ambrosio).

  La caridad sobrenatural fortalece y enriquece la amistad. San Agustín dijo que “la verdadera amistad no se mide por intereses temporales, sino que se bebe por amor gratuito”. Y es que este amor gratuito viene del mismo Dios, de su amor gratuito, deseando su bienestar y su alegría. Y no olvidemos, a ejemplo del mismo Cristo, que el extremo del verdadero amor es aquel que está dispuesto a dar la vida por sus amigos. Cristo fue fiel a su amistad por nosotros hasta el extremo y nos enseña así a ser amigos de los amigos. 

  Pues queridos hermanos, celebremos la verdadera amistad y el amor sincero hoy y siempre. No vivamos nada más el aspecto comercial y banal de estos dones de Dios a nosotros. Sigamos pidiendo a nuestro Dios y Señor, que nos siga llenando de su gracia para fortalecer nuestra amistad que se fundamenta en su amor gratuito para una esperanza viva.

viernes, 8 de agosto de 2025

Nuestra Batalla Espiritual

 

El apóstol san Pablo, en sus cartas a los Efesios y segunda a los Corintios, nos habla de la batalla espiritual que está presente en nuestro caminar de fe. Nos advierte el apóstol que nuestra lucha no es contra la carne o la sangre, sino contra los principados, las potestades y las dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires.

  Pues si es una batalla espiritual la que libramos de manera permanente, esta se da entre dos poderes espirituales: el poder espiritual del bien, representado por Jesús; y el poder espiritual del mal, representado por satanás. El terreno donde esta batalla se lleva a cabo, principalmente, es en el interior del hombre. Es decir, en su mente y su corazón. Pero, la postura del hombre ante esta batalla interior no es pacífica, sino activa. No se trata de que el hombre se haga el desentendido e indiferente con lo que sucede en su interior, sino que asuma una actitud activa para que, con la gracia de Dios, asuma la parte que le corresponde y así poder inclinar la balanza para el lado de Dios, y si no lo hace, pues la otra opción que le queda es la inclinación de la balanza para el lado de satanás.

  ¿Qué significa que esta batalla espiritual entre el bien y el mal, entre Cristo y satanás, se dé en el interior del hombre? En el libro del Génesis, en el segundo relato de la creación, el Señor dice que está cansado de la maldad del hombre porque ha visto que sus pensamientos son perversos y su corazón está inclinado al mal desde su juventud. Las acciones del hombre, - buenas o malas -, son consecuencia de los pensamientos y sentimientos que albergamos en nuestro interior. De ahí, pasan a nuestro exterior, a nuestras instituciones. Jesús dijo que, no es lo que entra al hombre lo que hace impuro, sino lo que sale de su boca. Pues esa lucha se libra en la mente y el corazón del hombre. O sea, es la constante lucha entre los pensamientos y sentimientos de Dios, sembrados en el interior del hombre; y los pensamientos y sentimientos, que satanás quiere sembrar al mismo tiempo en el corazón del hombre y que son contrarios a los de Dios.

  Por esto es por lo que el mismo Cristo inicia su predicación de la buena noticia invitando a la conversión. Pero, la conversión no es externa, sino más bien interna. Es conversión completa de la mente y el corazón del hombre. Que nos esforcemos todos en poner en práctica los pensamientos y sentimientos de Dios. La conversión no se da de afuera hacia dentro, sino al revés: de adentro hacia fuera. La conversión no tiene que ver con un cambio de iglesia. La conversión es un camino que tenemos que recorrer; un proceso personal y espiritual de cambio interior que termina con la muerte a este mundo.

  El pasaje del evangelio donde Jesús increpa al apóstol Pedro señalándole como satanás, no hay que entenderlo como si fuera que el Maestro lo llamara como tal. Sino más bien, fue que Jesús vio en la persona del apóstol el accionar de satanás al utilizarlo a él, - poniendo en su mente pensamientos contrarios a los de Dios -, para hacerlo desviar de su propósito evangelizador. Esto, de hecho, fue también una de las tantas tentaciones que Jesús tuvo que enfrentar en su ministerio evangelizador.

  Pues a nosotros también nos sucede igual. Si nos descuidamos en no poner en práctica la gracia de Dios que nos ha dado, corremos el riesgo de permitir que sea satanás el que domine en nuestro interior, sembrando pensamientos y sentimientos contarios a los de Dios. No tiremos jamás la toalla en nuestro caminar de fe y eclesial, poque esto es lo que quiere satanás. Recordemos que Cristo dijo que él venció al mundo y que nosotros también lo podremos vencer, pero con la única condición de que tenemos que ir hacia él, porque sin él, nada podremos hacer.

viernes, 4 de julio de 2025

¿Honramos a Dios con los labios o con el corazón?

 Por P. Robert A. Brisman P.

En el libro del profeta Isaías 29,13, leemos lo que se puede interpretar como una queja o lamento del Señor hacia el pueblo elegido: “El Señor ha dicho: puesto que este pueblo se me acerca con la boca, y me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí…” Vemos que el Señor, a través del profeta, le expresa su descontento al ver que el pueblo se dedica a practicar una religión solamente de los labios hacia fuera. Es una religión que no conlleva una transformación interior; que se basa en un puro cumplimiento de preceptos y rituales sin consecuencia para la transformación del corazón; que no busca la conversión.

  Jesucristo, en el mensaje del evangelio, una de las observaciones y preocupaciones que hizo a sus oyentes y seguidores, fue precisamente la advertencia de que no se conformaran con practicar una religión basada sólo en un puro cumplimiento de normas y ritos externos, que no buscaban la transformación del corazón. En el evangelio de san Marcos 7,1-13, nos presenta una controversia entre Jesús y los fariseos, donde éstos le reprochan el que sus discípulos comen con las manos impuras, es decir, sin lavárselas. Y Jesús les responde diciéndoles que ellos les dan más importancia a los preceptos humanos que a los mandatos divinos. Y les cita al mismo tiempo el texto del profeta Isaías citado más arriba.

  En esta controversia, Jesús hace la advertencia a los fariseos de las consecuencias de la práctica puramente legal de la religión. Aquí Jesús no critica ni descalifica la religión per se, sino más bien que hace la advertencia del sinsentido que tiene practicar una religión basada en un puro cumplimiento de normas y ritualista, pero que no busca la conversión del corazón. Dice el Señor que lo que hace impuro al hombre no es lo que entra a él de fuera, sino lo que sale de su boca, porque lo que habla viene del corazón. Jesús hace la crítica con un sentido evangelizador. No ataca a las personas, sino las actitudes negativas e hirientes en las que las personas pueden caer, creyendo al mismo tiempo que cumplen con la voluntad de Dios.

  La religión es necesaria. De hecho, Jesús no la abolió ni tampoco dio pie para que cada uno siguiera o hiciera su religión como se le antoje o mejor entienda o a la carta. Jesús era un fiel cumplidor de los preceptos religiosos de su tiempo, pero la practicó en su real y verdadero sentido. En esto también fue Maestro.

  La palabra fariseo quiere decir “separado”. Una cosa son los fariseos, es decir, las personas; y otra cosa es el fariseísmo, es decir, las actitudes de las personas. Jesús y el evangelio no atacan a las personas, sino las actitudes de las personas. Son nuestras malas actitudes o acciones que van en contra de la voluntad de Dios, las que tenemos que cambiar de acuerdo con su palabra. Una cosa es el pecador y otra cosa es el pecado. Dios ama al pecador, pero rechaza el pecado; Jesús vino a salvar al pecador del pecado. El pecado mata el alma, la condena eternamente.

  Esto tiene relación con la conversión. Los fariseos querían y buscaban la transformación fuera de ellos. Pero se olvidaban de que esa transformación hay que buscarla y encontrarla dentro, en el corazón, ya que, es el lugar donde el Padre y el Hijo quieren habitar: “Mira que estoy a la puerta, tocando, si me abres, mi Padre y Yo vendremos y haremos en ti nuestra morada”.

  El fariseísmo, que también se entiende como “hipocresía”, sigue estando presente entre nosotros en la actualidad. Y son de las actitudes que tenemos que seguir combatiendo para que, con la gracia de Dios, podamos vencerla y transformar nuestro corazón y nuestra mente, con su amor misericordioso. Tenemos que aprender a practicar una religión verdadera y esta es la que nos ayuda a transformar el corazón y la mente. Practicar una vida de fe y espiritualidad que iluminen y limpien nuestro corazón y que nos conduzca siempre en un continuo camino de conversión de mente y corazón, para tener los sentimientos y pensamientos de Cristo.


miércoles, 14 de mayo de 2025

Papa León XIV a los periodistas: informar la verdad y custodiar la libertad de expresión y prensa.

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  El pasado lunes, el santo padre León XIV tuvo su encuentro con la prensa en el aula magna San Pablo del Vaticano. Fue su primer discurso a los medios de comunicación que estuvieron, desde días anteriores cubriendo todo lo concerniente al Cónclave, donde fue elegido como Sumo Pontífice.

  Desde su entrada al aula magna, fue recibido de pie y con un fuerte y largo aplauso de los presentes. Inmediatamente terminado el aplauso, continuó con sus palabras al auditorio.

  Comenzó su alocución citando las palabras del señor en su discurso de las bienaventuranzas o sermón de la montaña, cuando proclamó “bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5,9). Vemos aquí, una vez más lo que ya habíamos señalado de este Pontífice, el cuál podría ser la identidad de este pontificado que inicia. Llamó nuevamente a la paz. Este será el Papa de la paz. Relató la labor que vienen haciendo gran parte de los periodistas a este respecto y las consecuencias que esto les ha traído: muchos han sido encarcelados y otros asesinados.

  Motivó a que el periodismo se realice con un sentido de búsqueda de la paz. La paz es una realidad que todos queremos y nos corresponde a todos buscarla, fomentarla, proponerla y defenderla. La paz es un compromiso universal, de todos y para todos. “Hacerlo así es propiciar un periodismo y una comunicación diferente”. Que no sea un periodismo manipulador, que no use palabras agresivas; que sea un periodismo que busque la verdad del amor.

  Recordó el Santo Padre que la paz comienza por cada uno de nosotros. Por esto, la paz que el señor nos da es un don, un regalo. Es la paz que nace y transforma nuestro interior, nuestro corazón, y de ahí, pasa a nuestras actividades, a nuestras instituciones.

  El Santo Padre volvió a insistir en el fin de la guerra: “Decir no a la guerra de palabras e imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra".

  Como pastor universal de la Iglesia, resaltó una vez más la solidaridad de la Iglesia con los periodistas, sobre todo aquellos que han sido encarcelados por informar la verdad. Pero esta solidaridad está fundamentada en el diálogo sincero, honesto y verdadero. Y, al mismo tiempo, pidió, - como un grito -, su inmediata liberación. Así la Iglesia se mantiene en la "defensa y promoción de la dignidad, la justicia y el derecho de los pueblos a estar informados, porque sólo los pueblos informados pueden tomar decisiones libres". Este pensamiento viene muy bien ante esta ola de manipulación y engaño que arropa a la humanidad en estos tiempos. La mentira disfrazada de verdad. Un mundo en el que, intencionalmente, nos ocultan la verdad y nos cuentan la mentira.

  Otro punto importante en su alocución a los periodistas fue su posición en cuanto a "la defensa y promoción de la libertad de expresión y prensa". Esto es importante ya que, envía una señal clara de que, en este sucesor del apóstol San Pedro, la prensa y los periodistas tendrán a un defensor y aliado. También estas palabras del Santo Padre nos caen como anillo al dedo en momentos en que se viene imponiendo en muchos países, - como en nuestra República Dominicana, - y que los medios locales no han resaltado -, con el proyecto de ley, sin consenso, para regular los medios de comunicación, sobre todo las redes sociales -, la coacción a este derecho constitucional de los pueblos. Se viene imponiendo la llamada "ley mordaza" para controlar las opiniones, sobre todo en las redes sociales.

  Y es que una prensa matrimoniada con el poder político se convierte en una especie de prostituta de ese poder. Deja de ser y ejercer el llamado "cuarto poder", para promocionar solo imágenes que no son más que ilusiones mediáticas. De hecho, desde el anuncio de su elección al pontificado, muchos y grandes medios periodísticos se han cebado contra el Santo Padre acusándolo y señalándolo con falsedades. No le han permitido ni siquiera que inicie bien su pontificado porque quieren ya predisponerlo ante los cristianos. Como ejemplo de esto, sucedió el que se le haya señalado, cuando estaba saludando a los presentes, el que evadió, según los medios, saludar a unas personas de la comunidad LGTBIQ. Pero se nota de que fue manipulada esa acción.

  Por otro lado, llamó a los periodistas a enfrentar uno de los desafíos más importantes para promover una comunicación capaz de sacarnos de la Torre de Babel, en la que a veces nos encontramos. Es decir, una comunicación de confusión del lenguaje sin amor, a menudo ideológico o partidista.

  El Santo Padre León XIV compartió otras ideas con los periodistas allí reunidos. Pero, nos quedamos con estas que hemos compartido ya que, nos siguen dando señales claras de la línea de su pontificado. Seguimos esperando la misa del próximo domingo 18, donde dará inicio formal a su pontificado y esperaremos con ansias su homilía. Lo que sí es cierto es que este Pontífice está hablando de una manera clara y sin ambigüedades. Pedimos a Dios que lo siga iluminando y que la intercesión de nuestra Madre del cielo, lo proteja.

domingo, 11 de mayo de 2025

Interpretando los gestos y palabras del Papa León XIV en su primer mensaje a la Iglesia y el mundo.

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Queridos hermanos, seguimos llenos de gozo y felicidad por el nuevo Pontífice que el Señor Jesús, por inspiración del Espíritu Santo, nos ha dado a su Iglesia. Podemos decir de manera jocosa que, estamos en nuestra luna de miel. Siguen siendo días de expectativas, incertidumbres, especulaciones, acusaciones, señalamientos, juicios, etc., con respecto a la persona del recién electo sucesor del apóstol san Pedro y Vicario de Cristo en la tierra. Los comentarios no han cesado y se sigue diciendo de todo sobre este sucesor 267 del primero de los apóstoles. Una vez más recordamos que debemos tener mucho cuidado con esos comentarios, porque muchos de ellos, - quizá la mayoría -, son malintencionados. Los enemigos de la Iglesia de Cristo y del cristianismo no han perdido tiempo para enfilar sus cañones y reiniciar el ataque. Podemos decir que tuvieron unos días de tregua esperando a ver lo que sucediera o saliera del recién concluido Cónclave para la elección del Romano Pontífice. Lo cierto es que con el elegido al ministerio petrino, se provocó mucha desilusión y frustración con los pronósticos que los medios, - sobre todo seculares -, hicieron de los llamados “papables”. Se cumplió, una vez más el dicho: “el que entró papa salió cardenal, y el que entró cardenal, salió papa”.

  Pero, a parte de lo anterior mencionado, quiero enfocarme en hacer algunos señalamientos acerca de por dónde creo que el Papa León XIV llevará su ministerio petrino y que se traduce en el camino por dónde llevará a la Iglesia, al rebaño de Cristo. Voy a hacerlo sobre todo partiendo de su mensaje que dirigió desde el balcón de la Basílica de san Pedro a todos los allí reunidos y al mundo, después de su elección.

  Lo primero que debemos notar es que, salió al balcón vistiendo las prendas litúrgicas pontificales tradicionales. También va a vivir en el Palacio Apostólico. Me llamó la atención que inició invocando y llamando a la paz: “La paz esté con ustedes. Quiero que este saludo de paz llegue hasta sus corazones, a todas las familias, a todos los pueblos, a toda la tierra…, la paz esté con ustedes. Esta es la paz del resucitado: una paz desarmada y una paz desarmante y también perseverante; que proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente”. Creo que este Pontífice podría ser llamado el Papa de la paz, hacedor y constructor de la paz. Y quiero aquí hacer una notación sin que se me malinterprete. El Papa León XIV es de nacionalidad norteamericana y creo que será un punto clave en su ministerio petrino el trabajo que pudiera realizar, junto al presidente de los Estados Unidos, en la búsqueda de la paz en los diferentes conflictos bélicos actuales más sonados: Rusia-Ucrania; India-Pakistán; Israel-Franja de Gaza; China-Taiwán.

  Otra señal que descubro en este Pontífice nuestro es que ha centrado su ministerio en la persona de Cristo; será un pontificado Cristocéntrico, y “llamó a que seamos verdaderos discípulos de Cristo, ya que él nos precede; el mundo necesita de su luz; la humanidad necesita de él como el puente para alcanzar de Dios su amor. Ayúdennos también ustedes a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, poniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz”.

  Resaltó también en su mensaje “la unidad que debe de haber en la Iglesia, como un caminar juntos, buscando siempre la paz, la justicia; trabajando siempre como hombres y mujeres fieles a Jesucristo sin miedo para proclamar el evangelio y para ser misioneros”. Aquí resalto el llamado que hizo para que la Iglesia sea misionera que, de hecho, esa es su esencia, es la única misión, esa es su naturaleza, para eso existe: para evangelizar y llevar las almas al cielo (san Pablo VI).

  No podemos dejar pasar el hecho de haber especificado su filiación religiosa, cuando mencionó una frase emblemática de su padre fundador san Agustín: “Para ustedes soy obispo, pero con ustedes soy cristiano”. Este santo es imagen de la custodia, defensa y proclamación de la sana y verdadera doctrina evangélica, y también es conocido como el “doctor de la gracia”. El santo Padre León XIV no tiene la salvación asegurada, sino que también está en el camino para salvarse con el resto de los creyentes, de la Iglesia.

  Volvió a resaltar la unidad en el caminar juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado. “Llamó a su Iglesia particular, como Obispo de la diócesis de Roma, a ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes de diálogo, siempre abierta a recibir con los brazos abiertos a todos aquellos que tienen necesidad de recibir nuestra caridad y presencia de diálogo y de amor”.

  Pues este es uno de los desafíos a tener cuenta: buscar, construir y edificar la unidad de la Iglesia de Cristo, dando así cumplimiento al deseo de Jesús en su oración al Padre: “Padre, que así como tú y yo somos uno, que éstos también sean uno, como tú en mí y yo en ti” (Jn 20,21-23).

  León XIV es un hombre políglota. Habla perfectamente varios idiomas: su natal inglés, español, italiano, francés y portugués. En su primer mensaje dirigió unas breves palabras en español, sobre todo, saludando a su antigua diócesis de Chiclayo en el Perú. Llamó también a seguir siendo una Iglesia sinodal. Una Iglesia que camina y busca la paz, que busca siempre la caridad, una Iglesia que busca siempre estar cerca de quienes sufren.

Ha sido muy significativo también el que haya mencionado y encomendado su ministerio a la Virgen María, que camina siempre con nosotros y está cerca de nosotros, ayudándonos con su intercesión y su amor. Por esto terminó su mensaje, invitando a rezar juntos el Ave María. Nos da la impresión de que será un pontificado mariano.

  Si su pontificado estará marcado por el pilar de la unidad, esto nos tiene que llevar a pensar en cómo, - y será uno de sus grandes retos -, enfrentará la crisis doctrinal que está avanzando en la Iglesia católica alemana. Recordemos que los obispos alemanes, no bien había sucedido la muerte del Papa Francisco, aprobaron el reglamento para bendecir a las parejas homosexuales. Y esto lacera precisamente la unidad de la Iglesia. Su primer predecesor homónimo, el Papa san León Magno, es llamado el “doctor de la unidad”: defensor de la unidad de la Iglesia, tanto en el campo doctrinal como disciplinar (Papa san Juan XXIII, Enc. Aeterna Dei Spientia).

  Pues este es el Romano Pontífice, el sucesor del apóstol san Pedro, que nuestro Señor Jesucristo quiso darnos a su Iglesia en estos tiempos convulsos. Es un hombre y sacerdote de una gran experiencia de vida espiritual, pastoral, doctrinal y eclesial. Es un hombre de los polos, de los extremos, es decir, norteamericano de nacimiento y pastor en el sur del continente. El nombre elegido por él no ha sido casualidad, sino que, tiene que ver con el legado que dejó su predecesor homónimo, León XIII: el Papa que, - entre muchas cosas -, introdujo a la Iglesia en la cuestión social, que condenó el socialismo-comunismo, defendió la propiedad privada y a los obreros, condenó la masonería dentro y fuera de la Iglesia, retomó la doctrina tomista dentro de la Iglesia para contrarrestar la ideología progresista y del relativismo moral, y que tuvo una visión de la batalla de la Iglesia contra satanás y compuso una oración al arcángel san Miguel para proteger a la Iglesia, para que fuera rezada al final de cada misa. Además, bíblicamente hablando, en Amós 3,8, se nos muestra la autoridad divina manifestada a través de la fortaleza del rugido del león; y en el Apocalipsis 5,5, Cristo mismo es denominado “el león de la tribu de Juda”, título que refleja su realeza y su victoria definitiva sobre el mal. Ya san Isidoro de Sevilla, en sus “Etimologías”, explica que el león es llamado rey porque sus rugidos hacen temblar a todas las bestias. Y esto es lo que la Iglesia hoy necesita: un pastor que haga temblar con su voz a aquellos que amenazan la fe y la moral cristianas. Y es que el santo padre León XIV, tendrá que enfrentar poderes imperiales e ideologías totalitarias, que han penetrado la Iglesia de Cristo e intentan destruirla desde dentro.

  No es bueno ni justo hacer juicios ni señalamientos de su persona ni de su pontificado, puesto que, apenas ha sido elegido al mismo. No es lo mismo ser un subordinado que pasar a ser y tener el puesto de máxima autoridad en la Iglesia universal. Debemos dejar que inicie su ministerio petrino para darnos cuenta de cuál o cuáles serán las líneas que seguirá en su pontificado. Él tendrá que impregnar de su impronta, como todo Pontífice, su ministerio petrino. Había temor e incertidumbre de que el nuevo Pontífice fuera de mentalidad ideológica liberal, progresista, conservadora, tradicionalista, radical, etc. Lo que nos toca es orar por él, por su ministerio petrino para que sea un buen pastor. El pastor no es nada sin su rebaño, como tampoco el rebaño es nada sin su pastor.

  No caigamos ni nos dejemos llevar por los prejuicios. Nos toca orar con fe, humildad, perseverancia, confianza y devoción. Somos la Iglesia de Cristo, su pueblo santo. Somos Iglesia misionera, evangelizadora y evangelizada. Debemos ser luz para este mundo que camina en tinieblas y en la mentira. Estamos viviendo una gran crisis de fe, de la pérdida de lo sagrado y del hombre en su naturaleza. Somos buscadores de la verdad de Dios, para ser real y verdaderamente libres. Somos y debemos ser Iglesia de la paz. Pero no de esa paz que nos ofrece el mundo, sino la paz que nos da Dios: la paz que es un don, un regalo de Dios.

  Seamos, junto a nuestro santo padre León XIV, leones de la fe, dispuestos a defender la verdad sin componendas y sin miedo, pero con caridad, firmes en los principios y misericordiosos con las personas.