Por P.
Robert A. Brisman P.
El domingo pasado, el presidente de la
república dirigió un mensaje a la nación donde hizo referencia a la situación o
crisis bélica que está enfrentando el Medio Oriente con la guerra entre Irán -
Estados Unidos de América - Israel, y de cómo la misma está afectando la
economía mundial, sobre todo con los precios del barril del petróleo. Sabemos
que el Medio Oriente es la zona de mayor producción y exportación de petróleo
mundial y lo que en esa zona ocurra en este sentido, pues los efectos en la
economía mundial se sienten de inmediato.
La República Dominicana no es productora de
petróleo, sino que es dependiente de esos países para la obtención de este
combustible y por eso los precios nuestros varían de acuerdo con los mercados
internacionales del crudo o, también llamado el "oro negro". Sabemos de
antemano que, con relación a los precios de los combustibles en nuestro país,
los gobiernos del pasado y actual, nunca han sido sinceros ni han querido
explicarle al país cómo aplican o calculan los precios de los combustibles. La excusa
siempre ha sido “cuando sube, sube; y cuando baja, baja”. ¡Mentira!
En momentos de crisis, ya sea nacional o
internacional, al pueblo siempre le viene bien y quiere escuchar las palabras
de sus líderes que puedan llevar sobre todo a la calma en medio de la tormenta.
Pero, también es cierto que los líderes deben tener cuidado y tacto de las
palabras que dirán y cómo las dirán, ya que, no se trata tampoco de provocar
más nerviosismo del que se está viviendo en momentos de crisis.
No es mi intención comentar aquí una por una
las medidas anunciadas por el presidente, sino más bien hacer un señalamiento
personal de lo que creo debemos hacer, - ciudadanos comunes, empresariado y
autoridades -, para que podamos juntos transitar este tramo amargo y de
incertidumbre que estamos viviendo en la actualidad.
Hoy el mundo está transitando
otra gran crisis. Hace unos años atrás, específicamente en el 2020, la
humanidad tuvimos que vivir la crisis sanitaria con el virus del COVID y fuimos
testigos de las medidas que a nivel mundial se implementaron y de la crisis
también que ésta provocó en gran parte de la población, y me refiero a lo
psicológico, emocional y espiritual; otras crisis son la guerra de Rusia contra
Ucrania y la guerra de Israel con Palestina. Pues ahora la humanidad está
viviendo otra crisis, una crisis de guerra en donde los ataques son con armas
de fuego, cohetes, drones, aviones de guerra, bombas, etc. No voy tampoco a
hacer un análisis de esta guerra (porque no soy experto en el tema), si es
justificada o no. Hay muchos expertos que han venido dando sus opiniones al
respecto de la misma.
Volviendo al tema de este artículo, pues
nuestro presidente dirigió su mensaje a la nación donde señaló parte de los
efectos, sobre todo negativos que está provocando esta guerra en Medio Oriente,
y cómo ya está afectando a nuestro país, concretamente en lo referente a la
economía.
En las dos últimas semanas, hemos
experimentado un aumento muy significativo en el precio de los combustibles y
las reacciones en contra no se han hecho esperar. Este aumento tiene un efecto
en los precios de los alimentos, la energía eléctrica, el transporte, etc. Es
decir, todo sube. El presidente señaló que el gobierno dispone de unos fondos
para ayudar a paliar algunos efectos de estos aumentos. Dijo que el costo del
gas licuado se congelará para ayudar a que ese combustible no golpeé
fuertemente a los más necesitados. Por otro lado, hizo la salvedad o la
advertencia de que las cosas subirán y que debemos estar preparados para ello; también
motivó para que retome el trabajo en modo remoto.
Cabe destacar de que, como sociedad debemos
ser conscientes de que esta guerra y las consecuencias de estos costos no se
podrán evitar. Esto nos lleva a que debemos de tomar más conciencia de la
realidad y de qué acciones debemos asumir para que estos aumentos afecten lo
menos posible a nuestros bolsillos.
El presidente, en su mensaje, hizo un llamado
a la sociedad al sacrificio. Pero, las preguntas son: ¿Sacrificio de quién o
para quién? ¿Sacrificio del pueblo llano nada más? O ¿Sacrificio de todos en
general: ¿pueblo llano, empresariado y autoridades? El presidente no hizo
mención, ni siquiera por error, sobre los sacrificios que asumirá el gobierno
central. Hubiese sido muy bueno que hubiera planteado en su mensaje qué
sacrificios asumiría el gobierno que preside; hubiese sido una buena señal para
la población y, a lo mejor hubiera tenido más impacto su mensaje, porque en
momentos de crisis, enviar estas señales es clave para una sociedad que está
algo nerviosa y alterada por esta crisis, sobre todo económica y también
generaría cierta confianza.
Debemos de tener en cuenta de que, nuestra
sociedad dominicana no destaca sobre todo por ser una sociedad que asume
sacrificios ni austeridad. Una de nuestras características sociales es
desgraciadamente el despilfarro, el derroche. Muchas veces cuando se nos pide
sacrificio y austeridad, sólo se le pide a los de abajo, pero a los de arriba,
a las autoridades y la clase empresarial, se les deja vía libre. Tenemos una
clase política que goza y disfruta de acceder a sus bonos de combustible
ilimitado para consumirlos en sus vehículos de alta gama o de alto consumo;
también gozan de sus exoneraciones para vehículos; los incentivos, subvenciones
y exoneraciones empresariales que representan una fuerte suma de millones de
pesos que el gobierno deja de percibir; viáticos para viajes, comidas en
restaurantes caros y el gasto excesivo en publicidad, etc.
Pues, el pueblo llano, - el de a pie -,
siempre es el más sacrificado. El llamado al sacrificio y a la austeridad debe
llegar también a las autoridades y la clase empresarial. Todos debemos asumir
sacrificios. Al pueblo llano, a los de abajo, a lo mejor esta crisis económica
debería llevarnos a utilizar el transporte público masivo para ir a algunos
lugares; también inducirnos a utilizar más los taxis para economizar gastos de
combustible particular; evitar comprar de algunas cosas o productos que no son
necesarios, como las compras compulsivas por internet, etc. Estas acciones no
serían permanentes, sino por un tiempo limitado hasta que la crisis bélica del
Medio Oriente dé señales de terminar. Y que quede claro: con esto dicho no
estoy diciendo ni insinuando que nos quedemos encerrados en nuestras casas,
como en la pandemia.
Estos tiempos, incluso, se puede decir que
son proféticos. Ya en la palabra de Dios estas crisis están anunciadas; así
como en las apariciones marianas. La humanidad sigue caminando como si nada;
como si todas estas crisis fueran normales, de la vida cotidiana. Es una
espiral de violencia que no termina y traen sus consecuencias para toda la
humanidad. Estamos transitando en estos momentos por cañadas oscuras; estamos
transitando por nuestro valle de lágrimas; no hay lugar ni espacio para el
dialogo entre las partes involucradas. Esto es una lucha de poderes, hegemonía
y, sobre todo, económica. Toda guerra es fundamentalmente por intereses económicos.
Son las grandes potencias repartiéndose el “pastel” del mundo.
Pues asumamos todos acciones preventivas ante
la crisis mundial actual. Asumamos sacrificios todos en estos momentos. Nos abemos
a ciencia cierta cuándo esta guerra terminará. No le pidamos a los demás, lo
que nosotros no estamos dispuestos a poner en práctica. Como dijo el presidente
en su mensaje, vamos a actuar con conciencia y eficiencia. Lo único que le
falto añadir fue la palabra TODOS.