Por P. Robert A. Brisman P.
Es noticia mundial las recientes
declaraciones o comentarios del presidente de los EE. UU. hacia la persona del
santo padre León XIV, donde hace unas acusaciones sobre la actitud pacífica y
cobarde del papa hacia los hechos y situaciones de crisis que vienen sucediendo
en el mundo, pero no así con la acción de los EE. UU. hacia la guerra que está
llevando a cabo contra Irán.
Ya sabemos las palabras utilizadas por el
presidente Trump hacia la persona del santo padre, y no creo necesario
repetirlas aquí. Sabemos también las palabras, en respuesta, que el santo padre
ha dicho al presidente.
Sí es bueno resaltar que, el santo padre ha
dejado claro que "no tiene miedo a la administración Trump", y que él
no es político ni traza líneas políticas a los gobiernos; que más bien habla
desde el evangelio, desde la verdad del evangelio y no va a callarse.
Los sumos pontífices tienen una misión y
mandato de Cristo muy particular ante el mundo, y es confirmar a sus hermanos
en la fe; proclamar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo, enseñándoles a
cumplir todo cuanto Cristo nos enseñó. Jesús dijo a sus discípulos que, cuando
entraran a una casa, desearan la paz, y si allí hay gente de paz, esa paz se
quedará con ellos; y si hubiera gente que no quisiera la paz, pues ese deseo
volvería a ellos. El santo padre, junto a todos los creyentes en Cristo, somos anunciadores,
proclamadores y hacedores de la paz. No de la paz que da el mundo, sino de la
paz que nos da Dios: la paz que es un don y una tarea. La paz que nace en el
corazón de cada hombre y mujer que cree en Dios y de aquellos de buena
voluntad. La paz de Dios es uno de los bienes o dones del Espíritu Santo y del
Reino de Dios. No hay dudas de que el santo padre es un hombre de Dios que
tiene paz y serenidad en su corazón, y lo notamos al momento de ser cuestionado
por los periodistas y al de dar su respuesta que fue muy respetuosa al no
ponerse al mismo nivel en el lenguaje de su atacante.
El presidente norteamericano parece ser que
ha querido darle un manejo político a la figura del santo padre. Lo acusa de
débil y de cómplice de grupos de izquierdas e ideológicos que actúan en contra,
sobre todo, de los EE. UU. El santo padre dijo que no le tiene miedo a su
administración, pero esto hay que entenderlo de que lo enfrentará con el arma
que tenemos los cristianos: la verdad del evangelio de Jesucristo: "y
conocerán la verdad y la verdad los hará libres".
Este choque me hace recordar el pasaje del
evangelio donde se nos narran las palabras de Jesús hacia la persona de Herodes
cuando lo llamó "zorro". Es la confrontación del poder político
contra el poder espiritual; la confrontación de las armas bélicas contra el
arma de la oración. Jesús no se dejó amedrentar por el poder político y
continuó su misión evangelizadora. Pues lo mismo ha dejado manifestado el santo
padre León XIV. No puede ocurrírsele a alguien que el papa apoye conflictos
armados. Los sumos pontífices siempre han llamado y proclamado el buscar la paz
a través del diálogo diplomático. Recordemos que los papas san Juan Pablo II,
Benedicto XVI y Francisco fueron unos abanderados de la paz.
El presidente Trump quiere la paz, pero lo
hace a través de la fuerza bélica, mientras que el santo padre llama a la paz
mediante el diálogo y la oración. Para Trump la paz en una meta, un punto de
llegada; para el Santo padre la paz es el camino. Ya lo dijo Mahatma Gandhi:
"No hay camino para la paz, sino que la paz es el camino". Recordemos
que Trump, el año pasado, exigió que se le diera el premio Nobel de la paz.
Pero, ahora se destapa atacando ferozmente y con odio al santo padre, que pide
la paz. Algo está fallando en la visión de este presidente.
Trump es presidente del país más poderoso
militarmente y tiene sus intereses geopolíticos y económicos. En sí, esta
guerra que está llevando a cabo no es tanto por implantar la paz, sino por
lograr controlar el petróleo y el dominio global de la economía. El santo padre
es pastor universal de la Iglesia Católica y busca la paz de la humanidad. La
Iglesia siempre llama y llamará a la paz y a la reconciliación porque, es así
como la humanidad sanará las heridas. La paz de Dios es una paz sanadora de las
heridas y sufrimientos internos del hombre. La Iglesia llama a proteger la
dignidad del ser humano.
La Iglesia en estos momentos debe actuar con
prudencia. Si no hay paz, serenidad y, sobre todo, silencio, no se puede
pensar. Y sin pensar, tampoco se puede ser uno mismo. La virtud de la prudencia
es buena para todo. Pero es especialmente necesaria cuando hay que gobernar.
Pero, no debemos confundir la virtud de la prudencia con el miedo. La Iglesia
debe ser prudente porque, como dice el dicho popular "hay quienes se están
aprovechando para pescar en río revuelto". Es decir, este choque entre el
presidente Trump y el santo padre León XIV, lo están aprovechando, sobre todo,
los enemigos de Trump para atacarlo utilizando y manipulando la figura del
santo padre, que de por sí no les interesa la Iglesia ni la fe cristiana. Ahí
ya tenemos los pronunciamientos de varios líderes políticos del mundo
solidarizándose con el santo padre. Pero esto no es más que un aprovechamiento
político. Y en esto, la Iglesia institucional debe saber actuar con sabiduría
para no caer en el juego ideológico.
Por otro lado, como católicos, debemos estar
unidos a nuestro pastor universal. No se trata de tomar las armas ni caer en la
difamación, ni en los dimes y diretes, sino de aferrarnos a la verdad del
evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
La unidad es nuestro fundamento como Iglesia, comunidad cristiana, y esa
unidad nos viene dada de la única autoridad jerárquica, constituida por el
mismo Jesucristo. Esta unidad se manifiesta en el conjunto de la Iglesia
manifestada en torno al santo padre, sucesor del apóstol Pedro.
Pues, ante este impase que ha ocasionado el
presidente Trump hacia el santo padre León XIV, seamos y actuemos con prudencia
para no dejarnos llevar a un punto que los demás utilicen para sus fines
ideológicos y políticos. Sigamos pidiendo a Dios por la paz del mundo. Dejemos
que el Espíritu Santo nos guíe para ser hacedores de la paz. Ya lo dijo el
Señor: "Dichosos los que trabajen por la paz, porque ellos serán llamados
hijos de Dios".
No hay comentarios.:
Publicar un comentario