martes, 24 de marzo de 2026

Sacrificio: ¿De quién? O ¿Para quién?

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  El domingo pasado, el presidente de la república dirigió un mensaje a la nación donde hizo referencia a la situación o crisis bélica que está enfrentando el Medio Oriente con la guerra entre Irán - Estados Unidos de América - Israel, y de cómo la misma está afectando la economía mundial, sobre todo con los precios del barril del petróleo. Sabemos que el Medio Oriente es la zona de mayor producción y exportación de petróleo mundial y lo que en esa zona ocurra en este sentido, pues los efectos en la economía mundial se sienten de inmediato.

  La República Dominicana no es productora de petróleo, sino que es dependiente de esos países para la obtención de este combustible y por eso los precios nuestros varían de acuerdo con los mercados internacionales del crudo o, también llamado el "oro negro". Sabemos de antemano que, con relación a los precios de los combustibles en nuestro país, los gobiernos del pasado y actual, nunca han sido sinceros ni han querido explicarle al país cómo aplican o calculan los precios de los combustibles. La excusa siempre ha sido “cuando sube, sube; y cuando baja, baja”. ¡Mentira!

  En momentos de crisis, ya sea nacional o internacional, al pueblo siempre le viene bien y quiere escuchar las palabras de sus líderes que puedan llevar sobre todo a la calma en medio de la tormenta. Pero, también es cierto que los líderes deben tener cuidado y tacto de las palabras que dirán y cómo las dirán, ya que, no se trata tampoco de provocar más nerviosismo del que se está viviendo en momentos de crisis.

  No es mi intención comentar aquí una por una las medidas anunciadas por el presidente, sino más bien hacer un señalamiento personal de lo que creo debemos hacer, - ciudadanos comunes, empresariado y autoridades -, para que podamos juntos transitar este tramo amargo y de incertidumbre que estamos viviendo en la actualidad.

Hoy el mundo está transitando otra gran crisis. Hace unos años atrás, específicamente en el 2020, la humanidad tuvimos que vivir la crisis sanitaria con el virus del COVID y fuimos testigos de las medidas que a nivel mundial se implementaron y de la crisis también que ésta provocó en gran parte de la población, y me refiero a lo psicológico, emocional y espiritual; otras crisis son la guerra de Rusia contra Ucrania y la guerra de Israel con Palestina. Pues ahora la humanidad está viviendo otra crisis, una crisis de guerra en donde los ataques son con armas de fuego, cohetes, drones, aviones de guerra, bombas, etc. No voy tampoco a hacer un análisis de esta guerra (porque no soy experto en el tema), si es justificada o no. Hay muchos expertos que han venido dando sus opiniones al respecto de la misma.

  Volviendo al tema de este artículo, pues nuestro presidente dirigió su mensaje a la nación donde señaló parte de los efectos, sobre todo negativos que está provocando esta guerra en Medio Oriente, y cómo ya está afectando a nuestro país, concretamente en lo referente a la economía.

  En las dos últimas semanas, hemos experimentado un aumento muy significativo en el precio de los combustibles y las reacciones en contra no se han hecho esperar. Este aumento tiene un efecto en los precios de los alimentos, la energía eléctrica, el transporte, etc. Es decir, todo sube. El presidente señaló que el gobierno dispone de unos fondos para ayudar a paliar algunos efectos de estos aumentos. Dijo que el costo del gas licuado se congelará para ayudar a que ese combustible no golpeé fuertemente a los más necesitados. Por otro lado, hizo la salvedad o la advertencia de que las cosas subirán y que debemos estar preparados para ello; también motivó para que retome el trabajo en modo remoto.

  Cabe destacar de que, como sociedad debemos ser conscientes de que esta guerra y las consecuencias de estos costos no se podrán evitar. Esto nos lleva a que debemos de tomar más conciencia de la realidad y de qué acciones debemos asumir para que estos aumentos afecten lo menos posible a nuestros bolsillos.

  El presidente, en su mensaje, hizo un llamado a la sociedad al sacrificio. Pero, las preguntas son: ¿Sacrificio de quién o para quién? ¿Sacrificio del pueblo llano nada más? O ¿Sacrificio de todos en general: ¿pueblo llano, empresariado y autoridades? El presidente no hizo mención, ni siquiera por error, sobre los sacrificios que asumirá el gobierno central. Hubiese sido muy bueno que hubiera planteado en su mensaje qué sacrificios asumiría el gobierno que preside; hubiese sido una buena señal para la población y, a lo mejor hubiera tenido más impacto su mensaje, porque en momentos de crisis, enviar estas señales es clave para una sociedad que está algo nerviosa y alterada por esta crisis, sobre todo económica y también generaría cierta confianza.

  Debemos de tener en cuenta de que, nuestra sociedad dominicana no destaca sobre todo por ser una sociedad que asume sacrificios ni austeridad. Una de nuestras características sociales es desgraciadamente el despilfarro, el derroche. Muchas veces cuando se nos pide sacrificio y austeridad, sólo se le pide a los de abajo, pero a los de arriba, a las autoridades y la clase empresarial, se les deja vía libre. Tenemos una clase política que goza y disfruta de acceder a sus bonos de combustible ilimitado para consumirlos en sus vehículos de alta gama o de alto consumo; también gozan de sus exoneraciones para vehículos; los incentivos, subvenciones y exoneraciones empresariales que representan una fuerte suma de millones de pesos que el gobierno deja de percibir; viáticos para viajes, comidas en restaurantes caros y el gasto excesivo en publicidad, etc.

  Pues, el pueblo llano, - el de a pie -, siempre es el más sacrificado. El llamado al sacrificio y a la austeridad debe llegar también a las autoridades y la clase empresarial. Todos debemos asumir sacrificios. Al pueblo llano, a los de abajo, a lo mejor esta crisis económica debería llevarnos a utilizar el transporte público masivo para ir a algunos lugares; también inducirnos a utilizar más los taxis para economizar gastos de combustible particular; evitar comprar de algunas cosas o productos que no son necesarios, como las compras compulsivas por internet, etc. Estas acciones no serían permanentes, sino por un tiempo limitado hasta que la crisis bélica del Medio Oriente dé señales de terminar. Y que quede claro: con esto dicho no estoy diciendo ni insinuando que nos quedemos encerrados en nuestras casas, como en la pandemia.

  Estos tiempos, incluso, se puede decir que son proféticos. Ya en la palabra de Dios estas crisis están anunciadas; así como en las apariciones marianas. La humanidad sigue caminando como si nada; como si todas estas crisis fueran normales, de la vida cotidiana. Es una espiral de violencia que no termina y traen sus consecuencias para toda la humanidad. Estamos transitando en estos momentos por cañadas oscuras; estamos transitando por nuestro valle de lágrimas; no hay lugar ni espacio para el dialogo entre las partes involucradas. Esto es una lucha de poderes, hegemonía y, sobre todo, económica. Toda guerra es fundamentalmente por intereses económicos. Son las grandes potencias repartiéndose el “pastel” del mundo.

  Pues asumamos todos acciones preventivas ante la crisis mundial actual. Asumamos sacrificios todos en estos momentos. Nos abemos a ciencia cierta cuándo esta guerra terminará. No le pidamos a los demás, lo que nosotros no estamos dispuestos a poner en práctica. Como dijo el presidente en su mensaje, vamos a actuar con conciencia y eficiencia. Lo único que le falto añadir fue la palabra TODOS.

 Dios les bendiga.

martes, 17 de marzo de 2026

Luchemos contra la violencia para lograr una convivencia civilizada

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Hace unos días atrás sucedió un hecho lamentable que ha consternado e indignado a la sociedad dominicana por el hecho en sí y uno de los actores principales del mismo por las actitudes que asumió. Me refiero al hecho lamentable del altercado ocurrido en el parqueo del aeropuerto internacional del Cibao en la provincia de Santiago de los Caballeros.

  Según lo narrado y visto en el video subido a las redes sociales por la protagonista del hecho, la joven llegó al aeropuerto antes mencionado y estacionó su vehículo en una zona restringida o prohibida porque iba a buscar a un familiar que llegaba del extranjero. Cuando regresó a su vehículo se encontró con la situación de que la autoridad de tránsito, - los agentes -, le habían colocado al vehículo un candado o cepo por haberlo estacionado en dicha zona restringida. Pues la joven se indignó por la acción de los agentes y comenzó a grabar un video con su celular donde deja claro su indignación e incomodidad y dirigiéndose a los agentes con palabras soeces, vulgares, plebes e irrespetuosas, arremete contra los agentes reclamando a lo que ella no tiene derecho. Es decir, reclamando una supuesta injustica y abuso por parte de los agentes al proceder a impedir que el vehículo fuera movido. Esta joven alega en el video que ella solo duro un minuto dentro del aeropuerto y que no había, - según su parecer -, justificación para la acción de los agentes. La situación se fue caldeando más y más y después llegaron al lugar de fiscalización para proceder a pagar la multa y una vez en el lugar, la joven, acompañada por otros familiares y amigos, se abalanza sobre el agente de la digeset que le impuso la sanción igualmente profiriendo improperios y la misma falta de respeto. Pero, esto no quedó ahí, sino que esta joven agredió físicamente con un bisturí al agente cortándolo en la cara y provocándole una herida que le fue suturada con unos diez o doce puntos. El agente, con su arma de reglamento, le golpeó en la frente y le abrió una herida. Los familiares y amigos que allí estaban también participaron en la trifulca. Cabe señalar que, en otros países, como los Estados Unidos de América, por ejemplo, esta joven hubiera sido sujeto con lo que se llama “fuerza letal”.

  Pues este fue el hecho, según lo narrado y visto en los videos subidos a las redes sociales, sobre todo, por la misma joven involucrada.

  Ahora vamos por partes. Tenemos que saber que en los países existen lo que se llaman zonas o áreas de máxima seguridad. Y los aeropuertos, en todos los países, son zonas de máxima seguridad por lo implican esos espacios para el desarrollo de las actividades de transporte, comercio y asistencia de personas. Esas zonas se extienden también a lo que es el perímetro, - calles y avenidas -, alrededor de los aeropuertos. Las zonas de restricción están bien señaladas para que nadie alegue ignorancia. A nadie se les está permitido estacionarse en las calles de acceso a los aeropuertos donde entran y salen las personas. Sólo se permite dejar o recoger personas con sus equipajes e inmediatamente ir a los parqueos a estacionar el vehículo.

  Se entiende que no se permita estacionar ningún vehículo particular, - excepto los de emergencia -, porque puede darse lo que se llama un atentado con un vehículo que esté, por ejemplo, equipado con explosivo u otras cosas peligrosas. Además, imaginemos que se pudieran estacionar vehículos en esos lugares, pues sería un inmenso caos que se armaría y, si sucediera una emergencia, no habría chance para que se pudiera ejecutar alguna acción que amerite una intervención rápida de prevención o emergencia.

Con este caso citado, los ciudadanos debemos saber y ser conscientes a estas alturas que, tenemos que cumplir y obedecer las leyes, normas y reglas de la convivencia social. Cuando alguien viola la ley debe ser aplicada la sanción debida. Lamentablemente, es característico de nuestra sociedad dominicana el que mucha gente no obedezca las leyes y, cuando es sancionado, pues la reacción es de violencia hacia la autoridad o entre los mismos ciudadanos civiles.

  En el caso de esta joven, desde el principio hasta el final, ella tuvo la culpa de lo sucedido, puesto que, ella no debió estacionar su vehículo en un lugar prohibido, sin importar el tiempo que durara en buscar a su familiar. Los agentes cumplieron con su deber de aplicar la sanción debida sin miramiento: se cometió una violación a la ley y ellos actuaron en consecuencia. Ante la actitud agresiva, - de palabras y acción de la joven -, los agentes mantuvieron una actitud correcta de no responder igual ni agresivamente hasta el momento en que ocurrió la agresión física de la joven. Lo único que ella tenía que hacer era haber reconocido su falta e ir a pagar la multa en cuestión para recuperar su vehículo. Pero no fue lo que hizo.

  Se sabe ya que la joven ha pedido perdón público a la sociedad y a los agentes del orden. Pero, tengamos en cuenta esto. Pedir perdón y otorgarlo es parte ya de la justicia. Pero esto no exenta de la acción de la justicia en los tribunales. Esta joven tiene que pagar el mal cometido de la agresión física al agente de tránsito. Debe ser sancionada por la agresión de intento de homicidio. Por otro lado, se ha oído que los padres de la joven han pedido o están accionando para que su hija sea exonerada de todo cargo y regrese a su casa como si nada hubiera pasado. Esto no puede suceder. Estos padres, más bien, lo que deben es permitir que su hija recapacite y entienda que ese tipo de conducta es incorrecta y conlleva sanciones en la justicia.

  Los excesos y los abusos, tanto de la autoridad como de los civiles, deben de ser castigados de manera ejemplar y justa para que este tipo de e conducta no sigan cometiéndose sin ningún tipo de consecuencia. Cuando la autoridad abusa del poder debe ser sancionada como estipula la justicia. Pues así mismo debe ser con los ciudadanos civiles.

  A raíz de este suceso lamentable, vuelve otra vez a salir a la palestra pública el debate sobre la situación del tránsito y el comportamiento de los conductores en nuestro país. Sabemos que nuestras calles son un pandemonio: por un lado, la autoridad no cumple con la aplicación de la ley como es debido; en muchos casos aplica la ley medalaganariamente, de manera selectiva, injusta, de momento, como parche; a veces da el mensaje de que tiene miedo de aplicar la ley a ciertos grupos y esto da pie a que éstos hagan lo que quieran. Así no progresamos, porque, cuando la ciudadanía ve estas acciones por parte de la autoridad, lo que sucede es que se aprovechan para hacer y deshacer en el tránsito. En otras ocasiones, es la misma autoridad que viola la ley de tránsito sin justificación alguna; cuantas veces vemos a muchos policías y militares circulando en las calles en sus motores, sin casco protector, sin placa, por los elevados y túneles, violando la luz roja de los semáforos, y nada pasa.

  Es tiempo ya de que la ley de tránsito de la República Dominicana sea reformada completamente. Se siguen poniendo parches y eso sólo dura un par de días porque la autoridad se cansa y la ciudadanía lo sabe. Esa reforma de la ley de tránsito tiene que establecer lo que yo llamo “medidas disuasivas”, para disuadir al conductor de que no viole la ley de tránsito y, si lo hace, será aplicada una sanción ejemplar.

  Pues, sin pretender ser un analista a profundidad de estos casos, más bien quise dejar mi opinión de lo que creo debe de ser la acción común de los ciudadanos frente a la autoridad, y de que debemos tomar conciencia de que tenemos que ir cambiando esa actitud de enfrentar a la autoridad porque nos da la gana, aun sin tener razón; no vamos a avanzar como una sociedad de verdadero derecho y sana convivencia. Hace mucho tiempo que nuestra sociedad viene caminando en un conato de violencia irracional motivado por muchas cosas que las personas están viviendo en su vida cotidiana. Pero, eso no es justificante para que vivamos en un constante enfrentamiento contra la autoridad y entre los mismos ciudadanos. Esto toma los ribetes a veces de que también es un problema de mal o enfermedad social que nos destruye como sociedad. Nos lleva a vivir como si fuéramos animales en la selva.

  Debemos recuperar, formarnos y fomentar permanentemente la actitud del diálogo, de la comunicación, de la convivencia, la educación, la amabilidad, la cortesía. Reconocer los fallos propios y aceptar las correcciones y, a veces, las sanciones que esto acarrea. Todos, - autoridades y ciudadanos comunes -, debemos asumir las acciones que nos corresponden para que la convivencia social sea lo que debe de ser. No pretendemos ser una sociedad perfecta, pero sí una sociedad donde nos guiamos por el respeto, el derecho y la auténtica justicia.

  La violencia no sólo es característica de nuestra sociedad. Es un problema de la humanidad, y desde tiempos bíblicos. La violencia es un cáncer social.

  Debemos recuperar los valores imprescindibles para una convivencia civilizada. Como sociedad, no podemos jamás acostumbramos a la violencia en ninguna de sus manifestaciones. El aprendizaje de la conduta empieza en los hogares, en las familias. Hay que seguir insistiendo en el fortalecimiento de los programas educativos.

 

Dios les bendiga.