martes, 5 de mayo de 2026

María: la Mujer asociada al Redentor

 Por P. Robert A. Brisman P.

En los evangelios nos encontramos que Jesús en más de una ocasión se dirigió a María, no llamándola Madre, sino Mujer. Esta expresión en Jesús ha provocado cierta sospecha y especulaciones y muchos las han interpretado como si fuera una desconsideración, rebajándola y hasta sería una corrección de Jesús a María, su madre. Es como si él le estuviera llamando la atención por entrometerse en cosas que a ella no le competen. Y así le quita toda la importancia a ella en el plan salvífico de Dios. ¡Nada más falso y manipulador de parte de los enemigos de la Madre de Jesús!

  Para poder entender mejor y, más acorde con la revelación divina, tenemos que irnos al principio de las Sagradas Escrituras. María es la mujer que está asociada a la voluntad redentora de Dios Padre desde el principio hasta el final, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Al acercarnos a profundizar en esta expresión, nos adentramos en lo que podríamos llamar una de las expresiones más profundas y teológicas de todas las Sagradas Escrituras. Las Sagradas Escrituras, - la Biblia -, debemos leerla en relación o conexión con toda la Tradición eclesial, el Magisterio, los Padres Apostólicos, y no nada más de una manera literal, emocional y desconectada del lenguaje bíblico. Todas las palabras de Jesús, podemos decir que tienen un sentido pedagógico, de enseñanza; no son palabras dichas al azar, para salir del paso, no hay improvisación; son palabras con contenido sapiencial que debemos estar en consonancia con el Espíritu para poder entenderlas, aceptarlas y practicarlas.

  Jesús utilizó una pedagogía divina. Al llamar a su Madre “mujer”, fue precisamente para enseñar algo fundamental. En Caná de Galilea, es donde Jesús por primera vez se dirigió a María con la palabra “mujer”. Esta expresión no la podemos leer fuera del contexto en que fue dicha. Ya lo dice el dicho popular: “Un texto, sacado de contexto, se convierte en un pretexto”. Y muchos aquí es lo que hacen. Esta expresión en boca de Jesús a María, su Madre, no fue una reprimenda a ella. No podemos jamás pensar ni afirmar que Jesús tuviera una actitud tan negativa hacia su madre. Jesús, como todo niño educado en la enseñanza de la Torá, manifestaba un amor y respeto hacia sus padres, en cumplimiento del mandato divino de honrar a los padres. Y es que vemos aquí también la reacción de María que no se siente ofendida ni maltratada ni desconsiderada por parte de su Hijo. Ella solamente asiste, intercede por aquel joven matrimonio y dice una de las frases que quedará para la posteridad evangelizadora: “Hagan lo que él les diga”.

  Jesús no estaba marcando distancia de María. El accedió sin más a la súplica de su Madre, y así da inicio a su manifestación pública. Aquí lo que hubo fue una Revelación. Jesús no rebaja a María al llamarla “mujer”, sino que la estaba elevando. El papel de María va más allá de la maternidad biológica; surge de la voluntad divina de unirla a la Redención del género humano: “Pondré enemistad entre ti y la mujer…ella te aplastará la cabeza”. Por esto, el pueblo elegido, Israel, esperó durante siglos a la mujer asociada al Mesías. María es la mujer anunciada desde el Génesis, es la nueva Eva. La primera mujer, por su desobediencia entró el pecado al mundo; la segunda mujer, por su obediencia, vino la salvación al mundo. María es la cooperadora en la Redención: “Hágase en mí según tu palabra”. Esto no es casualidad, ni accidental. Es voluntad divina. Es teología pura.

  La Iglesia nunca ha orado como si Cristo estuviera sin su Madre. La liturgia, teología en acto, ni presenta a María como elemento decorativo del culto ni como figura paralela al Redentor, ni la relega por razón de prudencia ecuménica o por temor a exageraciones. La mira exactamente donde la ve el Evangelio: en la Encarnacion, en la cruz, en el cenáculo; junto al Hijo, nunca aislada, jamás a su nivel, siempre unida a Cristo, con él y bajo él, pero realmente presente como Madre que coopera en el misterio.

  Pues, en este mes de mayo, mes dedicado a la celebración de las madres, mes de María, dejémonos arropar por su amor maternal y espiritual, para que nuestra devoción a tan insigne Señora se fortalezca cada día más y seamos hijos e hijas transformados por su amor y misericordia espiritual.

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