miércoles, 10 de junio de 2026

El Reino de Dios está dentro de nosotros. Testimoniémoslo irradiando gracia

 Por P. Robert A. Brisman P.

La categoría teológica “Reino de Dios”, es la columna vertebral de todo el mensaje del evangelio. Jesús mismo lo dejó claro en su predicación: “Si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, es para que ustedes entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Mt 12,27). Y en el evangelio de san Lucas se nos dice que, “el Reino de Dios está ya en medio de ustedes” (17,21).

  El Reino de Dios no es una realidad material, sino más bien es una realidad espiritual, divina, que viene de lo alto. En el diálogo entre Jesús y Pilatos, cuando éste le pregunta que si es rey, Jesús le responde que su Reino no es de este mundo. Y es verdad. Porque, si el Reino de Dios fuera de este mundo, pues no podría ofrecer sanación a este mundo enfermo por el pecado.

  El Reino de Dios se opone a otro reino: el reino del mundo. Estos dos son antagónicos y enfrentan una batalla permanente. El Reino de Dios tiene su rey: Cristo; y el reino del mundo también tiene su rey: satanás. Cuando hablamos del reino del mundo, no nos estamos refiriendo al mundo de la creación, sino a las instituciones, grupos e ideologías que están presentes en el mundo y que se oponen al plan salvador de Dios.

  El Reino de Dios, al ser de naturaleza espiritual y divina, se nos ha dado como un don y una tarea al mismo tiempo. Es un don, un regalo de Dios para nosotros; no hemos hecho absolutamente nada para merecerlo. Todo ha sido generosidad y gratuidad de parte de Dios. Por esto mismo es que Jesús dijo que “lo que hemos recibido gratis, debemos darlo gratis”. El Reino de Dios ha sido sembrado en nuestro corazón como una semilla de grano de mostaza para que, con el tiempo vaya germinando en nuestro interior y de ahí pase a nuestro exterior. A nosotros nos corresponde ir resolviendo esta tarea. Pero, dicha tarea, no se resuelve de un día para otro, ni en una semana, ni en un mes, ni en un año, etc. Esta tarea, de hacer presente el Reino de Dios en el mundo, es una tarea, un trabajo de toda la vida. Esta tarea terminará cuando el Señor vuelva; que no sabemos cuándo será, porque él nunca dio fechas. Desde la Ascensión de Cristo al Padre hasta que Cristo regrese, estamos en el tiempo de la Iglesia. Es decir, estamos en el tiempo de seguir anunciando y proclamando el evangelio de Jesús para la salvación de las almas. Estamos en el tiempo de hacer presente, de testimoniar la luz de Cristo en este mundo arropado por las tinieblas. El Reino de Dios es luz, vida, verdad, justicia, compasión, etc. El reino del mundo es oscuridad, muerte, mentira, injusticia, impiedad, etc.

  El Reino de Dios busca la transformación interior de la persona, la transformación del corazón y la mente, la conversión de la persona. Este Reino de Dios impregna toda la vida y cada una de las realidades en las cuales el creyente desenvuelve su vida cotidiana. Allí donde quiera que se encuentre el creyente, debe testimoniar ese don, esa gracia del Reino de Dios. Por eso Jesús advirtió que su Reino no tenemos que buscarlo fuera de nosotros; no se puede comprar en ninguna tienda.

  El Reino de Dios es silencioso. Su eficacia depende de la presencia y acción del Espíritu Santo en colaboración con nuestra disponibilidad interior. Crece lentamente. El Reino de Dios nos conduce a ver las cosas de manera diferente, con la mirada de Dios. El cristiano que vive la fe, la caridad, la compasión, la justicia, etc., ya está manifestando con su vida el Reino de Dios. Y el libro de la Sabiduría 7,22-30, nos enseña que un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz, sin mancha, diáfano, inalterable, amante del bien, agudo, libre, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, lo observa todo y penetra en todos los espíritus; en los inteligentes, en los puros y hasta los más sutiles. Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad. Aunque es una sola, lo puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva el universo; de generación en generación, entra en las almas santas, para hacer amigos de Dios y profetas…todo esto es el Reino de Dios.

  El Reino de Dios debemos hacerlo presente primeramente en la familia, en el trabajo, con los amigos, en el tránsito, etc. El Reino de Dios quiere hacer nuevos a cada hombre y a cada mujer, para que así las sociedades sean nuevas; tener familias nuevas, hogares nuevos y ambientes nuevos.