martes, 14 de junio de 2016

Los fundamentos de la Ideología de Género (III)


En nuestra sociedad dominicana esta ideología se quiere implantar, y ya se están empezando a dar pasos para esto y la puerta de entrada es el proyecto de “salud sexual y salud reproductiva” que cursa en el Congreso: Ante proyecto “Empodérate” (proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven; en cuanto al crecimiento personal, es la capacidad de cada uno de nosotros de tomar las riendas de nuestra vida; ser capaces de decidir y tomar responsabilidad de nuestras decisiones en nuestra vida y de todo lo que suceda debido a esas decisiones). Tal y como sucedió en España en el 2010: se quiere empezar desde la educación (libro hablemos patrocinado por la ONU, UE, Pro familia, y otras Ongs), donde se le quiere educar a los niños a ver como normal lo que no lo es; se le incita a explorar su sexualidad a temprana edad con la intención de aprender a masturbarse, a tener cualquier relación sentimental con quien quiera, se le enseña que la homosexualidad es normal y que tener relaciones homosexuales es normal y nadie tiene por qué decirle lo contrario (los padres). A esto el Papa Francisco nos recuerda en la misma Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, en el n. 281: “la educación sexual brinda información, pero sin olvidar que los niños y los jóvenes no han alcanzado una madurez plena. La información debe llegar en el momento apropiado y de una manera adecuada a la etapa que viven”; C.S. Lewis, en su libro “la abolición del hombre”, dice: “dudo que estemos suficientemente atentos a la importancia que tienen los libros de texto de la enseñanza primaria”; otra manera de adoctrinamiento que ha empezado a darse es la asistencia del embajador norteamericano con su compañero sentimental a las escuelas; otra es la creación de la cámara de comercio LGTB; otra es el anuncio de la representante de la USAID de apoyar económicamente a los políticos y partidos que promuevan los grupos LGTB y “sus derechos”, que no es más que una clara y burda injerencia en asuntos internos dominicanos y esta es la hora que las autoridades no han dicho nada, etc. Esto es un modelo de corrupción. La pregunta aquí sería: ¿están ustedes, padres, dispuestos a permitir que sus hijos sean adoctrinados con nueva perspectiva de género y que no puedan decidir qué educación es la que quieren para sus hijos? Porque, después que sus hijos se destrocen síquica, sicológica, antropológicamente, ¿el Estado o alguna de estas Ongs u organismo supranacional les van a ayudar con el problema? Nos estamos enfrentando a lo que podríamos llamar un profundo lavado de cerebro de nuestra sociedad, empezando por los más vulnerables, nuestros niños y jóvenes. Definitivamente, en nuestra sociedad, podemos decir que estamos empezando a vivir cosas muy graves, y que nos afectan a todos, especialmente a los niños, y la gente no se entera, y si se entera, no reacciona.

  El Papa san Juan Pablo II denunció todo esto que se estaba fraguando en este organismo multinacional, cuando en la Conferencia sobre la Mujer de Pekín (1995), invitó a la delegación de la Santa Sede a acudir al pueblo, es decir, a hablarles al pueblo sobre lo que se estaba fraguando en esa Conferencia y lo que se le venía encima a los pueblos, a las sociedades con estas nuevas legislaciones diabólicas. Hay que educar, formar y concientizar al pueblo. Esto ciertamente causó mucho revuelo en muchas naciones europeas porque estaban apoyando esta reingeniería anticristiana: si muchas personas supieran o pensaran lo que muchos políticos están haciendo con su voto a la hora de legislar, pensarían muy bien a quién votan. Los partidos políticos, cuando llegan al poder, se encuentran con una línea marcada supranacional o transnacional que tienen que someterse a ella. Y es que, por lo común, los electores no saben nada de conexiones internacionales ocultas detrás de un partido o político, independientemente de la orientación de ese partido o político.

  La familia en nuestra cultura occidental está muy indefensa: tenemos la problemática de que los jóvenes de ahora están naciendo y creciendo en una sociedad en la que lo anormal se presenta como normal, y no solo porque están en los documentos de estos organismos y legislaciones de países, sino que están siendo bombardeados por todos lados, -y no de una manera inocente-, todo está establecido, calculado desde estos mismos organismos: presentar la homosexualidad como modelo a seguir esta en todos lados (tv, cine, revistas, dibujos animados, etc.). Es un proceso lento, pero que va haciendo huellas en la mentalidad de la juventud sobre todo hasta llegar a verlo como algo normal o natural; ahora, ¿será esto lo que les va a dar a ellos la felicidad o les hará felices? Lo ilegítimo se impone para dinamitar la ley natural. Decía el Papa Benedicto XVI: “la ley natural ha quedado, se ha convertido en una peculiaridad católica; algo que existe en cuanto a que es ley natural, hoy en día se ha venido postergando hasta que se rechaza que exista”. En el Antiguo Testamento leemos que Dios le ordenó al hombre no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque si lo hace morirá sin remedio. Precisamente, esa ciencia a la que se refiere la biblia es la moral que queda reservada a la divinidad y que no puede ser alterada por el hombre a su capricho.

viernes, 10 de junio de 2016

Los fundamentos de la Ideología de Género (II)


  Esta ideología tiene su origen, -en la sociedad occidental,- sobre la base de la opresión de la mujer  que ha estado sometida a estructuras machistas. Es una especie de feminismo radical que quiere acabar con todo lo que tenga que ver u oler a machismo; pero sobre todo, acabar con todo vestigio de cristianismo, ya que para éstos la religión es un medio inventado por el hombre para oprimir a la mujer; y su enemigo principal a vencer es el Vaticano. Los ideólogos de género no son feministas, pero utilizan el lenguaje feminista radical. Este feminismo radical tiene también un trasfondo marxista; de hecho, se puede decir que la ideología de género es hija de otras dos ideologías: el relativismo y el marxismo. En cuanto al relativismo el orden social no se ve como reposando en las leyes de Dios o de la naturaleza, sino como resultado de las elecciones libres del individuo y del pueblo soberano. El individuo toma sus decisiones apoyándose en las luces de la razón y eventualmente en las ciencias, pero esta postura nos lleva a dar por supuesta una ética en la que la clave para distinguir el bien del mal reside en la propia persona. Pero si no hay una verdad objetiva, si el bien y el mal son intercambiables, si somos incapaces de alcanzar la verdad o ésta está supeditada a mí mismo, entonces resulta que cada uno de nosotros es su autoridad suprema y nos encontramos con la no existencia de reglas generales universalmente válidas, por lo que es fácil, al no haber un orden moral objetivo, el caer en las mayores aberraciones. Lo bueno o lo malo, lo justo o injusto, depende de mí y haré lo que quiero, porque soy yo quien lo decide.

  En cuanto al Marxismo: este hace que sea el Estado quien me concede mis derechos, pues no hay autoridad superior a él, y en consecuencia dejo de ser sujeto natural de derechos que nadie puede violar. En cuanto a la verdad, se identifica con aquello que interesa al partido. En conclusión, nos encontramos ante una concepción totalitarista del Estado.

  Otro elemento es la revolución sexual de los 60s (la búsqueda del sexo por el sexo, placer por placer). Otro punto que promueve es la equiparación de los sexos, no ya en cuanto a derechos; sino más bien a una opción que la persona debe poder tomar libremente y la ley tiene que ampararla, protegerla; y las demás instituciones del Estado debe de apoyar a lo que la persona manifieste, sin tener que pensar en operaciones ni nada parecido, sino más bien es la pura manifestación de la voluntad.

  El siguiente paso de esta ideología es equiparar cualquier unión entre personas del mismo o diferente sexo con el matrimonio natural y como consecuencia, proponen como “familias” otros tipos de agrupaciones humanas, que trae como consecuencia que todo lo que la familia es queda descartado: para éstos ideólogos de género familia puede ser cualquier cosa: basta con que dos personas, no importando su sexo, se unan por cualquier motivo para ser reconocida como familia. Es una autoconstrucción de todo: de la persona, de la familia, de la sociedad, que sus consecuencias son grandísimas, negativamente hablando. Es una dinamitación de la sociedad. Éstos manejan una antropología totalmente contraria a la antropología cristiana. Este modelo de ideología ha sido acuñado por viejos enemigos de la cristiandad que han querido siempre acabar con el modelo cristiano.

  Las organizaciones supranacionales como la ONU, OEA, UE, los EE.UU; en diferentes conferencias, como la de Pekín en el 1995, fue lo que se podría llamar un “asalto a la familia”, ya que, en los documentos conclusivos se presentaba a la familia natural o tradicional como un obstáculo para el desarrollo de la mujer, una lacra que tenía la mujer que superar; la maternidad se empezó a valorar negativamente. En el 2001, en Ginebra se firma “El Tratado de los Comités” (comité de derechos humanos); en donde se estableció que hay que eliminar de las legislaciones nacionales toda referencia a los derechos y deberes de los padres sobre sus hijos en materia de educación, reproducción y sexualidad. Pero es que ya esto se estableció en la Conferencia de Pekín de que había que apartar a los menores de la injerencia de los padres, en el sentido de que no tendrían ellos, -los padres-, capacidad ni autoridad ni poder de decisión a la hora de transmitirles valores ni principios ni cultura. El psicólogo de Harvard, B.F. Skinner, en su libro Walden II (1948) dice: “necesitamos un orden nuevo y más  perfecto, en el que los niños sean criados por el Estado, antes que por sus padres, y que sean entrenados desde su nacimiento para demostrar sólo comportamiento y características deseables”. El Papa Francisco, en la Exh. Ap. Amoris Laetitia (n. 84), nos recuerda: “la educación integral de los hijos es obligación gravísima, a la vez que derecho primordial de los padres… El Estado ofrece un servicio educativo de manera subsidiaria, acompañando la función indelegable de los padres, que tienen derecho a poder elegir con libertad el tipo de educación, accesible y de calidad, que quieran dar a sus hijos según sus convicciones….Pero se ha abierto una brecha entre familia y sociedad, entre familia y escuela, el pacto educativo hoy se ha roto; y así, la alianza educativa de la sociedad con la familia ha entrado en crisis”. Esto es un paso aterrador hacia un nuevo totalitarismo en el que se pisotea, se invade la esfera privada en donde la familia no tendría ningún poder de decisión sobre lo que el Estado haría con los niños. La educación de los niños debe quedar totalmente apartada de lo que sus padres quieran transmitirles.

  ¿Qué es lo trágico de esto? Pues que condenan a la persona a sufrir, experimentar una frustración permanente. Se es hombre o mujer desde que se nace hasta que se muere; no importa las operaciones que se haga la persona para cambiar de sexo o tratamientos que se someta con ese fin; se cambia la apariencia más no la esencia. Es un ir contra la naturaleza de una forma violenta y esto crea una frustración desastrosa en la persona.

  Para los ideólogos de género vale cualquier tipo de agrupación de personas sin importar el sexo; vale también el derecho al hijo (que es un derecho que no existe): una cosa es estar abiertos a la vida, y otra muy distinta es el derecho a tener hijos. Esto es lo que da origen a tantos experimentos de alto riesgo como la fecundación in vitro, vientres de alquiler, o la adopción por parejas homosexuales que condicionan al niño a ver como natural lo que no lo es. Un hijo no puede tomársele ni verse como un instrumento de realización de nadie. La transmisión de la vida tiene que venir en un ambiente de normalidad y con toda su dignidad. La vida humana tiene que surgir en su ámbito natural; no en un ámbito de manipulación. Se podría decir que estamos en una especie de mundo o humanidad desquiciada donde de pronto se legaliza el aborto hasta considerarlo como un derecho (la candidata demócrata a la presidencia de los USA, Hillary Clinton dijo en una entrevista para la televisión que “los seres humanos no nacidos no tienen derechos”, y quiere mantener esa protección constitucional); como la mujer que concibe un hijo a la cual se le paga para que lo entregue a los que le dan el dinero (vientres de alquiler o maternidad subbrogada). El futuro, según éstos adeptos, es una sociedad en la que los hijos sean producto de la tecnología y la educación del Estado; en la que impere el amor libre, entendido como la práctica del sexo por puro placer, sin amor ni compromiso; sin matrimonio ni familia.




miércoles, 8 de junio de 2016

Los fundamentos de la Ideología de Género (I)


Actualmente nos hallamos en un momento histórico en el que, bajo la influencia de la corrección política marcada por la opresión de la imperante ideología de género, expresiones como hombre, mujer, padre, madre han perdido su sentido teológico-antropológico y se encuentran vacías de contenido, borradas por una idea de identidad absoluta e intercambiabilidad entre los sexos que lo inunda todo, desde la educación en las escuelas, hasta el contenido de las leyes.

  El intento de vivir sin una identidad, masculina  o femenina, está provocando frustración, desesperación e infelicidad entre muchas mujeres y hombres incapaces de ir en contra de su propia esencia. Hay una fuerte y profunda crisis de identidad en la sociedad contemporánea en los países más desarrollados, pero esta crisis ya ha llegado y se está instalando en las sociedades llamadas del tercer mundo. 

  Lo primero que tenemos que saber es qué es una ideología: “conjunto de ideas (cerradas) fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, una colectividad o época, y tiende a  conservar o transformar el sistema social, económico, político o cultural existente”. La ideología es una herramienta de control social para despojar al ser humano de su libertad, transformándolo en parte de una masa manipulable. Ahora, ¿qué es la ideología de género?: “es un sistema de pensamiento cerrado que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos”. Dicho en otras palabras, el sexo es algo accidental. El Papa Benedicto XVI, refiriéndose a esta filosofía de género, dijo: “el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido… El hombre niega tener una naturaleza preconstruida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear”. La raíz de esta ideología es la filosofía nietzscheana: “todo está conformado por nuestra voluntad; por lo que la realidad es obra de cada cual; hemos matado a Dios y ahora sólo quedamos nosotros. Nada nos puede determinar: sólo yo decido quién soy y lo que soy. Pero nuestra voluntad no es voluntad de existir, sino es voluntad de poder, de prevalecer”. ¿Por qué utilizan la palabra género en vez de sexo? Porque el término sexo hace referencia a la naturaleza, e implica dos posibilidades, varón y mujer; mientras que el término género procede de la lingüística y permite tres variaciones, -masculino, femenino, neutro, y muchas más. No existe sexo, sino género: roles adquiridos.

  La ideología de género busca transformar, reinventar, reconstruir lo natural, no lo artificial. Es una ideología totalmente antinatural. En todo esto subyace un interés económico e ideológico. También se puede decir que la “ideología de género” es, en sentido estricto,  ideología política, que tiene como objeto la conquista del poder por parte de la mujer. Sus más versados exponentes son Carl Marx, Sigmun Freud, Jean Paul Sartre, Michael Foucault, Jacques Derridá, Simón de Beauvoir. Éstos pretenden destruir o deconstruir la misma feminidad porque la mujer, -como categoría-, es un invento de los varones. Prima la cultura sobre la naturaleza. Simón de Beauvoir destruyó la maternidad; Frida el trabajo de ama de casa; Derridá el comportamiento sexual de la mujer; la nueva identidad alemana de la ideología de género quiere destruir hasta la misma identidad femenina, porque el género (lo sexual) es performativo: es algo que se va haciendo a lo largo de toda la vida y que depende de la voluntad del sujeto. No existe identidad sexual definida, normativa. El sujeto se define a partir de su práctica sexual, que es acción política: practicar el sexo es practicar la política: no hay normalidad sexual y la acción política liberadora consiste en la elección libre de la identidad de género, permanentemente cambiante. Hay que redefinir la sexualidad: el binomio heterosexual-homosexual es una producción homofóbica; así como el binomio hombre-mujer es una producción sexista.

  Quienes defienden y promueven esta ideología parten de la base de que no existe una ley natural. El sexo, según esta ideología, no es algo que venga dado por la naturaleza o por Dios, sino que es más bien una opción de la persona. Lo que determina el género es la educación. De aquí sale el que para éstos es más conveniente hablar de “genero” que de sexo, porque lo que cuenta es el género humano, mientras que el sexo cada uno lo construye o decide voluntariamente a cual pertenece o quiere pertenecer: puede cambiar voluntariamente de sexo cuantas veces quiera; no es necesario que se opere o haga tratamientos con una repercusión física; simplemente basta que exprese esa voluntad y se le tiene que reconocer hombre o mujer en función de lo que la persona manifieste. Es decir, es una autoconstrucción de la persona y no es algo que venga dado. Es de Simone de Beauvoir, en su obra “El segundo sexo” (1949), la frase “mujer y hombre no se nace, sino que se hace”.

martes, 7 de junio de 2016

Exhortación Apostólica Amoris Laetitia


Ya está publicada la Exhortación apostólica post-sinodal “Amoris Laetitia” (la alegría del amor en la familia), que es el resultado del Sínodo sobre la familia que tuvo lugar el año pasado en la ciudad del Vaticano. Este documento es el resultado de una amplia reflexión sinodal y papal, fruto de ese pasado Sínodo que tuvo como preámbulo un Sínodo extraordinario, es decir, que es fruto de dos años de reflexión sobre el tema de la familia en su situación actual. Ha sido un documento muy esperado, no solo por los católicos sino también por el resto del mundo ya que generó desde el principio muchas expectativas y también muchas especulaciones en donde se esperaba la postura del santo Padre en materia doctrinal y eclesial. Hay que recordar que este Sínodo sobre la familia, desde el principio se dijo que no iba a tratar aspecto de la doctrina, sino más bien era en lo referente a los desafíos pastorales que hoy presenta esta institución humana y cristiana en el contexto de la nueva evangelización.

  Fueron muchas las opiniones que se dieron en torno a este Sínodo tanto desde el ámbito externo como a lo interno de la Iglesia. Opiniones muy variadas, hasta de varios cardenales, como lo fue el cardenal alemán Kasper sobre el tema de la comunión a los divorciados vueltos a casar. Ya el mismo santo padre había dicho que el tema de la familia es muy basto y complejo para querer enmarcarlo a un solo aspecto como el ya mencionado, como si fuera éste el único problema que afecta a la familia. Fueron muchas las especulaciones y hasta se dieron por seguras una que otra idea que el santo padre ya había dicho. Hemos dicho en otras ocasiones que una de las particularidades del Papa Francisco es que él deja que todos opinen y hablen, pero después él viene con las palabras definitivas al respecto de cualquier tema que tenga que ver con su magisterio y la doctrina eclesial.

  Este documento post-sinodal, podríamos decir que ha causado mucha “decepción” en muchas personas que pensaron que el santo padre una vez más pondría en entredicho la enseñanza y doctrina eclesial de más de veinte siglos; pensaban que en este documento quedaría ya manifestada la “nueva postura” de la Iglesia Católica con respecto a estos temas; era, por así decirlo, la “modernización” de la Iglesia, o la nueva postura de una Iglesia Católica disque anquilosada y atrasada, etc. Pero nada de eso ha sucedido. Lo externado por el santo padre en este documento es una prueba más de que sigue en continuidad con el magisterio eclesial de tantos siglos del cristianismo.

  Aun así, no han parado, -sobre todo los medios de comunicación secular y uno que otro católico-, de hacer sus especulaciones o interpretaciones a conveniencia; han querido o forzado a decir al Papa lo que no ha dicho o querer hacerle decir al documento lo que no dice. Se sigue insistiendo en el tema de la comunión a los divorciados vueltos a casar y se especula que el Papa ha dado el permiso para que esto pueda ser posible. Pero la realidad es que en ninguna parte del documento dice tal cosa. El santo padre reitera la doctrina eclesial al respecto de este tema. Esta exhortación apostólica es un documento muy extenso, consta de nueve capítulos: 1- a la luz de la palabra; 2-  la realidad y desafíos de la familia; 3- mirando a Jesús: vocación de la familia; 4- el amor en el matrimonio; 5- amor que se vuelve fecundo; 6- perspectivas pastorales; 7- fortalecer la educación de los hijos; 8- acompañar, discernir e integrar la fragilidad y 9- espiritualidad matrimonial y familiar. Por lo cual el mismo Papa invita a que sea leído con pausa y discernimiento. Dice el Papa en el no. 2: “los debates que se dan en los medios de comunicación o en publicaciones, y aún entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de  pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas”.

  Es compleja la situación de la familia actualmente. Esto lleva a la Iglesia a estar buscando constantemente nuevas formas o maneras de cómo responder a estas problemáticas sin que esto quiera decir que tiene que traicionar la enseñanza evangélica y eclesial de más de veinte siglos. El santo padre invita y nos recuerda como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad y la paciencia.

  No esperemos más. Leamos con fe y desafío esta exhortación para que juntos busquemos y logremos fortalecer esta institución fundamental de la sociedad y los retos pastorales que nos presenta.

martes, 24 de mayo de 2016

Hablemos del pecado: su nombre


“…Un día en que los hijos de Dios fueron a presentarse ante Él, apareció también entre ellos el Satán. Dijo Dios al Satán: ¿de dónde vienes? El respondió: de pasearme por la tierra…Dijo Dios. ¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra, es un hombre íntegro y temeroso de Dios y apartado del mal. Dijo el Satán: ¿crees que no le teme a Dios por nada? Has bendecido sus actividades y familia. Ponle la mano a sus posesiones y verás cómo te maldice…” (Job 1,6-11).

  Vemos en este pasaje del libro de Job que se nos muestra al tentador como uno de los hijos de Dios. El nombre de Satán significa “el adversario”, “el acusador”. Es uno de los servidores de Dios. Este ángel servidor reta a Dios en su siervo Job y Dios le permite la prueba, pero sin ponerle la mano a Job. Nos muestra este pasaje bíblico que el Diablo o Satán tiene astucia para tentar, más no poder. Lo mismo nos presenta el evangelio, cuando Jesús fue tentado en el desierto por el Diablo o tentador. El Diablo no es poderoso ya que si lo fuera le haría la guerra directamente a Dios; entonces como no puede hacerlo así, le golpea a Dios por donde más le duele: por sus hijos e hijas, tentándolos. Ya estamos más conscientes de la astucia que utiliza para tentar y hacer caer a nuestros primeros padres.

  Con el Diablo no se dialoga. Este es uno o el más grave error que cometemos los seres humanos. Escucharle es ponernos en riesgo de caer, ya que tiene una forma muy sutil de cómo enredarnos en su telaraña pecaminosa. Lo que empezó en Eva como una tentación en la carne, terminó en una tentación en la soberbia... “seréis como dioses”. El Diablo no tienta a la buena de Dios, sino que analiza y ataca donde ve que tiene alguna posibilidad. Por esto mismo es que se nos recomienda muy encarecidamente la oración: “velen y oren para que no caigan en la tentación” (Mc 14,38), nos dijo Jesús. La tentación es incompatible con la oración.

  Una pregunta que no deja de darnos vueltas en la cabeza, hablando de la tentación -, es preguntarnos el por qué Dios permite la tentación. Lo podemos formular de otra manera: ¿Dios puede tentar? La respuesta inmediata es NO. Dios no puede tentar ni ser tentado. La tentación no puede darle a Dios lo que Dios tiene en plenitud. Dios es el sumo bien. En Dios no hay maldad. En Dios la tentación es imposible, porque esta no tiene nada que ofrecerle. Nos dice el apóstol Santiago en su carta: “Consideren como perfecta alegría, hermanos míos, cuando se vean cercados por diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce constancia” (1,2). Nuestra fe en Dios se fortalece en la prueba. San Pablo utiliza la imagen del oro pasado por el fuego para decirnos que así mismo tiene que ser probada, purificada y fortalecida nuestra fe; y también nos dice que nos preparemos para cuando Dios se decida a probar nuestra fe.  Es muy conocida por nosotros la frase que dice “si tus problemas son grandes, cuéntales a tus problemas lo grande que es Dios”. Esto nos llama a fortalecer nuestra fe; pero también la tentación es una oportunidad para crecer y fortalece r la virtud. Nos dice el padre Fortea en su libro Summa Daemoniaca: “Si no existiera la tentación no podría darse esa constancia de la virtud que resiste una y otra vez contra toda seducción tentadora. Dicho de otra manera, hay determinados tipos de virtudes que jamás podrían existir sin haber resistido antes la tentación. Es más, cuanto más dura sea la prueba, mayor será la luz de la virtud al sobreponerse a la tentación” (pág. 45).

 

Bendiciones.

martes, 19 de abril de 2016

Hablemos del pecado: Su origen (2a. parte)


Nosotros siempre o por lo general hablamos del pecado de diferentes maneras. Pero casi nunca nos preguntamos por su origen. Leemos en la biblia que por un solo hombre entro el pecado en el mundo y que por eso todos somos pecadores (san Pablo); pero no sabemos o no hemos reflexionado cómo fue esa llegada del pecado al mundo o cómo fue ese origen. Es bueno entonces que digamos algunas ideas al respecto de este punto.

  Es de todos sabido y aceptado que el mal o el pecado no entraron al mundo venido de Dios. Ya hemos dicho que en Dios solo hay bondad, no maldad. Dios no puede contradecirse. La maldad viene de otro sitio. El apóstol Santiago en su carta nos dice: “ninguno, cuando sea tentado, diga: es Dios quien me tienta; porque Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie” (1,13). Claro está ¡Dios no tienta a nadie! Dios no está a favor del pecado, sino más bien que lo rechaza. El pecado mata, y Dios quiere nuestra vida; para eso nos creó y nos envió a su Hijo para que nos redimiera. Dios rechaza el pecado pero ama al pecador; o sea, ama al pecador pero sin su pecado. Entonces, si Dios no es el origen del pecado, ¿Quién es? o ¿Cuál es?

  Es importante aquí lo que la Revelación nos comunica con respecto al pecado. Si no fuera por ella, todo se quedaría en el ámbito del misterio. Cuando leemos las Sagradas Escrituras, nos damos cuenta que la primera aparición del mal o pecado tuvo lugar en el surgimiento de la rebelión de los ángeles contra Dios. En la carta de Judas leemos: “a los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene guardados con ligaduras eternas bajo tinieblas para el juicio del gran día” (Jud 6). Vemos que ya en el cielo, en presencia del mismo Dios, la rebeldía de muchos de sus servidores ya estaba presente y esto les trajo serias consecuencias. El padre José Antonio Fortea, en su libro “Summa Daemoniaca”, nos dice al respecto: “Comenzaban a acariciar la posibilidad de que había aparecido en sus inteligencias la posibilidad de una existencia  aparte de Dios y de sus normas” (pag 17); y en otro apartado: “Cada demonio pecó en uno o varios pecados en especial. La rebelión tuvo su raíz en la soberbia, pero de esa raíz nacieron otros pecados… Hay unos demonios que pecan más de ira, otros de egolatría, otros de desesperación, etc. Los locuaces, los hay más despectivos, en uno brilla de un modo especial la soberbia, en otro el pecado del odio… Aunque todos se apartaron de Dios, unos son más malos que otros” (pag. 25)

  La Revelación nos da a conocer el origen del pecado en dos etapas: una es la rebeldía  de los ángeles por el mal uso de su libertad; y la otra es el hombre que hace lo mismo al dejarse seducir por el demonio cuando le dijo “serán como dioses” (Gen 3,5). Pero, el origen de los ángeles fue bueno porque fueron creados por Dios: “El Diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos” (Concilio de Letrán IV, 1215). El mismo apóstol Pedro, en su epístola nos dice: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, si no que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiado hasta su juicio” (2Pe 2,4). El apóstol Pedro nos indica el pecado de estos ángeles. Entonces, vemos más claro que el pecado de los ángeles es anterior al pecado de los hombres. Han rechazado a Dios y su Reino, el rechazo de su amor. El Diablo es pecador desde el principio.

  Pero es curioso que para estos seres no hay salvación, no hay redención; sin embargo, para el hombre sí. El hombre sí es redimido del pecado. Nos dice el Catecismo en el número 393: “Es el carácter irrevocable de su elección, y no un defecto de la infinita misericordia divina lo que hace que el pecado de los ángeles no pueda ser perdonado”; y san Juan Damasceno dijo: “no hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte”.

  Concluimos esta parte con unas palabras del padre Fortea en su libro ya citado más arriba: “El demonio no es más que un ángel que ha decidido tener su destino lejos de Dios. Es un ángel que quiere vivir libre, sin ataduras. La soledad interior en que se encontrará por los siglos de los siglos, los celos de comprender que los fieles gozan de la visión de un Ser Infinito, le llevan a reprocharse a sí mismo su pecado una u otra vez” (pág. 21).



Bendiciones.

miércoles, 13 de abril de 2016

El Papa en tierra azteca


Nuevamente tuvimos al santo Padre en América, específicamente ahora le tocó a México. Pero antes de llegar a tierra azteca, el santo padre hizo una escala breve en Cuba para un encuentro fraterno con el líder de la iglesia católica ortodoxa de lo que se conoce como de toda las Rusias-, el patriarca Kiril. Este encuentro de estos dos líderes religiosos se viene propiciando desde hace un poco más de medio siglo. Todo empezó con el Papa san Juan Pablo II, pero no fue posible ya que faltando unas semanas para ese encuentro, el Papa polaco murió. Se continúo la intención con el Papa Benedicto XVI, pero tampoco se pudo realizar por motivos de impases sobre la presencia de la iglesia católica en Rusia. Pero ya con el Papa Francisco estas diferencias han sido superadas y se ha aprovechado este viaje a América y reunirse en un país neutral, como lo ha sido Cuba.

  Es mucha la noticia que hay en los medios sobre este acontecimiento. Y, ¡claro que ha sido un acontecimiento! Desde que sucedió el cisma que dividió a la Iglesia hasta ahora, estos dos líderes religiosos se juntan, se dan las manos y conversan en un clima de fraternidad. El tema más importante tratado fue el de la persecución y martirio que están sufriendo nuestros hermanos cristianos por el estado islámico. Tendremos que esperar para saber a qué conclusiones habrán llegado ambos líderes religiosos.

  Pero ahora el santo Padre llega a México. Siempre una gran cantidad de personas y fieles católicos se han preguntado por qué los últimos tres papas han visitado más de una ocasión este gran país azteca; qué es lo que les ha llamado la atención  a los últimos tres Papas de México, etc. Cabe señalar que a veces estas preguntas se hacen bajo el manto de cierto celo porque pareciera que los otros países del continente latinoamericano no despiertan la misma inquietud de los pontífices. Se han dado varias razones para justificar estos viajes apostólicos a México, y el mismo santo padre ha dado algunas que otras causas de su visita. Independientemente de estas, si quiero, -y es bueno señalar-, otras causas que hay que tener en cuenta son las siguientes: recordemos que México, junto con Brasil y Colombia, tienen la mayor cantidad de fieles católicos de este continente. México es una de las columnas del catolicismo junto a estas otras dos naciones. La fe católica del pueblo Mexicano ha sido muy golpeada por los escándalos de abusos sexuales llevados a cabo por algunos miembros del clero. Esta triste situación, como en los otros países, ha sido un demoledor golpe a la fe de muchos fieles y ha puesto en entredicho también la autoridad de la Iglesia. Recordemos que siempre se le ha endilgado a la jerarquía católica en México y al Vaticano el no haber actuado con prontitud y energía ante estos casos.

  Otro asunto o problema que no debemos dejar pasar por alto es que México ha sido contagiado, si cabe el término, por la ideología de género. En algunos estados de México se han aprobados leyes que hacen presente aquello que el papa san Juan Pablo II llamó “la cultura de la muerte”, con leyes de aborto, uniones homosexuales y adopciones por estos y eutanasia. México es un país federado y hay leyes federales y leyes estatales; por eso estas leyes sólo se han aprobados en algunos estados incluyendo el Distrito Federal. Todo esto conlleva a mermar más la tradición, valores y principios del pueblo mexicano que en su mayoría se identifican con el catolicismo. La visita del santo Padre a México ha provocado también cierto malestar y crítica porque los contrarios a ella han dicho que el gobierno mexicano ha gastado muchos millones y que lo mejor era que lo invirtieran en obras de bien social. Hay que aclarar que el costo de la visita papal a México casi en su totalidad fue asumida por donaciones de empresas y  personas particulares, -por ejemplo: los cinco papamóviles usados para sus recorridos fueron donados por empresas automotrices-; sin dejar de lado la responsabilidad o la parte que sí le corresponde a las autoridades. Recordemos que el santo Padre también ostenta la categoría de jefe de Estado del Vaticano y el país anfitrión tiene la obligación y responsabilidad de garantizar la seguridad y estancia  de todo visitante distinguido, como lo son los jefes de estado que visitan un país. Jamás se puede pretender que porque sea el Papa, el gobierno mexicano no cumpla con su deber con tan distinguido huésped. A estos que dicen estas cosas habría que preguntarles por qué no reclaman lo mismo cuando va cualquier otro jefe de estado de visita a su país. Lo evidente no necesita demostración: definitivamente se fragua por debajo una animadversión hacia la figura del Papa y lástima que sea en uno de los bastiones del catolicismo en América. Pero, esto tampoco ha de extrañarnos.

  Esperemos que esta visita del santo Padre haya logrado su cometido y que Francisco haya podido confirmar a nuestros hermanos de México en la fe en Cristo y su Iglesia.