martes, 16 de enero de 2018

Se arrepintió de haber creado al hombre en la Tierra


  No deja de ser siempre interesante lo que leemos en el libro del Génesis en el capítulo seis en relación al tema de las consecuencias de la maldad del hombre, la corrupción de la creación, la salvación de Noé y su familia y la tentativa por parte de Dios de destruir todo lo que había creado, incluyendo al hombre. Será interesante que veamos paso por paso estos versículos para poder entenderlos mejor y que nos sirva para nuestra fe y esperanza en la promesa de Dios.

  Lo primero que se nos dice es que, “al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra y que todo su modo de pensar era siempre perverso”. Es importante recordar que ya anteriormente se nos había dicho que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, hombre y mujer los creó. La semejanza del hombre con Dios radica ciertamente en que, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado con inteligencia, voluntad y libertad. Pero cuando el hombre hace un uso erróneo de estas facultades, se opone a la voluntad divina. Ya el pecado había entrado al mundo, pero este no se detuvo; más bien prosiguió su avance, iba arropando todo. Pero el que se encargaría de propagarlo era precisamente el hombre con su mal uso de sus facultades. Pero también hay que resaltar que esto era debido a que el pecado o maldad se gestaba en el interior del hombre y de ahí pasaba a su exterior. Por eso Jesús nos dirá que el pecado se da primero en el interior de la persona y del interior pasa al exterior. Esa perversidad del hombre mancha toda la creación.

  Es característica del escritor sagrado en el Génesis, atribuirle a Dios lo que los biblistas han llamado antropomorfismos, es decir, aplicarle a Dios formas humanas; por eso se nos dice que Dios se paseaba por el paraíso, se oían sus pasos. En este capítulo seis se nos dice que Dios se arrepintió de haber creado al hombre y decide borrarlo, pero no solo a él, sino también a toda la creación. Fijémonos aquí que, como dice el dicho popular “por uno pagan todos”, pues el resto de la creación pagará la maldad del hombre. Pero también se dice que “por el sacrificio de uno, ganamos todos”, en referencia al sacrificio redentor de Cristo. Aunque Dios se ha arrepentido y toma la decisión de acabar con todo, se encuentra con un sólo hombre que es justo a sus ojos: ese hombre es Noé. Dios decide salvarlo, pero no solo a él sino también a toda su familia: por la justicia de uno, se salvan todos. ¡Ese es el gran Dios nuestro que nos reveló su Hijo Jesucristo!

  Ahora bien, aquí ya entramos en el tema de la barca o del Arca. Los Padres de la Iglesia y en ellos la tradición eclesial, siempre han visto en la imagen de la barca la prefiguración de la Iglesia. La Iglesia es el pueblo de Dios, como ya lo dijo el Concilio Vaticano II. Esta Iglesia va avanzando en el agua que es imagen del mundo, y va enfrentando incontables movimientos en tormentas, mareas, tranquilidad, oscuridad, fuertes vientos, etc. Así es el mundo: muchas veces hostil a la Iglesia; arremeten contra la Iglesia, pero no la hunden. En ella se llega a puerto seguro. Noé y su familia y los otros seres vivientes se salvaron porque iban en el Arca. Así nosotros también: nos salvamos porque vamos en la barca de la Iglesia porque así lo dispuso el mismo Jesús ya que los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella.

  Pero ya el mismo diluvio es imagen del bautismo. Con el diluvio Dios limpió esa maldad y perversidad en el hombre. El bautismo limpia nuestro interior de estas cosas y más; de todo aquello que provoca el pecado original en nosotros. Dios también nos ha dado un tiempo para que retornemos a Él: un tiempo de gracia, de vida, de misericordia, de paz, etc. Porque se ha arrepentido de intentar acabar con su creación, y sobre todo con el hombre. Esa Gracia es su misma vida, como nos lo comunicó su Hijo Jesucristo: “yo vine para que tengan vida, y vida en abundancia”.

  Dejemos que la Gracia de Cristo limpie nuestro interior de toda mancha de pecado; dejémonos iluminar por su luz para que no sigamos caminando en tinieblas; escuchemos sus palabras y pongámoslas en práctica para que así el mundo pueda ser más humano y más cristiano. Nosotros los cristianos hemos sido puestos como luz para el mundo. Debemos de aprender a vivir nuestra vida bajo los criterios de Cristo ya que Él dijo que seriamos sus amigos si hacemos lo que Él nos manda; y lo que Él nos manda es que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado; porque en la práctica del amor cristiano, es como los demás sabrán que somos sus discípulos; recordando las palabras la madre Teresa de Calcuta “amar hasta donde nos duela”, y el mismo san Agustín que dijo “ama y haz lo que quieras”.


La dirección espiritual nos ayuda a perseverar en el camino (4)


“Más el que persevere hasta el fin, ese se salvará” (Mt 24,13).

  La vida de fe, la vida cristiana, la vida espiritual nos exige siempre y de manera constante y permanente, perseverancia. Jesús mismo nos invita en varias ocasiones a perseverar, a ser constantes y asiduos en nuestra práctica religiosa. Así sucede también con nuestro amor a Dios Padre. Estamos llamados a ejercitar día a día nuestra vida espiritual, porque en la medida en que lo hacemos nos vamos fortaleciendo en ella; es parecido a la práctica deportiva. Ninguno de nosotros nace siendo un experto en la vida espiritual, sino que tenemos que ir aprendiendo y fortaleciéndola en nuestro día a día. El deportista se traza metas en su disciplina deportiva; el cristiano también debe de trazarse metas concretas en su vida espiritual; debe tener unos objetivos claros a alcanzar; debe saber a dónde se dirige o quiere dirigirse; debe tener claro la meta a la cual quiere llegar. Recordemos que el cristiano es una persona caminante, peregrino; uno que siempre está en camino a ejemplo del Maestro. Jesús lo expresó con estas palabras: “pónganse en camino”; y también en otro momento dijo que “Él es el camino”.

  Ahora, es cierto que corremos el riesgo de perder este camino; perder el sendero trazado. Muchas veces vivimos sin camino: he ahí el origen o causa de muchos de nuestros fracasos, angustias y sufrimientos. Para que no perdamos el camino, Jesús nos dijo que es la luz verdadera que alumbra a todo hombre y mujer, y que quien fuera a Él nunca caminaría en las tinieblas. Pero es que muchos hombres y mujeres han escogido y siguen escogiendo las tinieblas, el error, el pecado… y esto solo conduce a la muerte. Pero tampoco nadie puede guiarse a sí mismo en este camino que conduce a Dios. Cristo no sólo es el camino que nos conduce al Padre, sino que es también la puerta que nos da acceso al Padre: “preocúpense por entrar por la puerta estrecha que es la que conduce a la vida”, nos dijo.

  Cuando no hay claridad en el camino, nos sumergimos en el estancamiento espiritual, en el desánimo, en la tibieza. Somos como esos barcos perdidos en alta mar en medio de la tormenta porque se ha dañado la brújula. Pues la dirección espiritual es como esa brújula que siempre nos ayuda a encontrar el camino perdido o nos devuelve a él para poder seguir avanzando. Es el medio por el cual podemos llegar a puerto seguro. Esta es la ayuda de Dios para que sus hijos e hijas no se pierdan, no importa los errores que hayan cometido. Este camino tenemos que aprender a recorrerlo en libertad, porque libres nos creó Dios. Pero, cuando hacemos mal uso de ésta libertad, elegimos el camino equivocado y nos dejamos arrastrar a la maldad. Por eso tenemos que aprender a darle un mejor uso a nuestra libertad para saber elegir entre el bien y el mal: esta es la base del éxito en la vida. Llevar una vida de acuerdo a lo que Dios y Jesucristo nos han revelado es ir encaminándonos por el sendero del éxito que nos conduce al Padre: “¿de qué le sirve a un hombre ganarse el mundo entero si al final pierde su alma? Por eso, preocúpense por acumular tesoros en el cielo, donde los ladrones no pueden robarlo ni la polilla destruirlo”.

  Recorrer este camino es cumplir con los mandatos de Dios. El camino no se recorre porque si o sin más. Eso no tiene sentido. Lo recorremos por algo y para algo; y más bien, lo recorremos por alguien, con alguien y para alguien: Dios. Por eso es que obedecemos sus mandatos, ordenanzas y reglas que Él ha establecido y como Él las ha establecido. Este camino nos exige fidelidad si es que queremos experimentar el favor de Dios, no porque él lo necesite, sino más bien porque estamos llamados a vivir con Él en la eternidad, experimentando su amor y disfrutando de su infinita presencia: San Pablo nos dice que “contemplaremos su rostro y lo veremos tal cual es”.

  Tenemos que mantenernos en constante y permanente obediencia a Él, a lo que le agrada; así tendremos vida en abundancia y en todo nos irá bien. Nos apartaremos de lo malo, de todo lo que nos aleja de Dios; y nos decidiremos por lo bueno, que es el camino seguro de nuestra salvación, porque para esto fuimos creados: “por el amor y para el amor”, ya que nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en él, dijo san Agustín.



Bendiciones.

jueves, 4 de enero de 2018

¿Violencia de Género o Violencia Intrafamiliar? (2)


“Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas” (H.M. Menckel)

  Hay otros aspectos de este flagelo de la violencia de género o violencia intrafamiliar que no se está tomando en cuenta o no se habla; parece como si fuera un silencio culpable y cómplice. Me refiero a las otras violencias que se ejercen en el seno familiar: no se habla de la violencia que ejercen algunas mujeres contra algunos hombres, y esto se puede entender un poco por el tema de la “vergüenza” que provoca en estos hombres el no hablar ni denunciar a una mujer maltratadora y abusadora. Pero este es un hecho real; en menos porcentaje que a la inversa, pero real. Otra violencia de la cual no se habla es de la ejercida de padres contra los hijos; hijos contra los padres; y también no se habla de la violencia ejercida entre parejas del mismo sexo que llevan una vida juntos sentimentalmente, y que hay estudios científicos que certifican que este tipo de violencia es mayor en lesbianas que entre homosexuales. Tampoco se habla de la violencia que hay contra los ancianos por parte de sus familiares.  Ni qué decir de la violencia contra los no nacidos. Sólo se habla de la violencia de hombres contra mujeres. Y es que hacerlo así es manipulación, porque se quiere dar la impresión de que esto sucede por un odio cada vez más profundo de los hombres hacia las mujeres. Se falsean estadísticas; no se les da el mismo apoyo a los hombres abusados ni psicológico ni económico ni de protección. Como ejemplo de esto podemos mirar hacia España. La justicia no tiene sexo, tampoco debe buscar el bien de ningún colectivo, sino el triunfo del bien común y la reparación del aquel que es realmente víctima, no del que se hace la víctima para recibir una dadiva.

  Ahora, también es cierto que en lo que respecta a nuestro país, toda esta campaña que se ha venido haciendo por diferentes medios y que está presentando este mal como una pandemia y abultando las estadísticas y el aumento de la indignación colectiva, es patrocinada por agencias foráneas como la ONU, UE, BM, BID, OPS, FMI. Porque es que hay detrás de todo esto una mala intención de control y querer inducir de esta manera el que, si los hombres son o somos violentos, pues lo que hay que hacer es renunciar a ellos y buscarse a una compañera sentimental. O sea, para que quede claro, la manipulación con el tema de la violencia de género lo que en el fondo busca es fomentar el lesbianismo y homosexualismo. Esta manipulación de este mal lo que busca es alejar a las mujeres de los hombres y dar paso a profundizar unas relaciones entre personas del mismo sexo. Es la estrategia implementada. Volvamos a mirar a la situación de los países europeos sobre todo. Esto contribuye además al ya mencionado control de la natalidad mundial.

  Con lo expuesto hasta ahora y de manera muy apretada, creo que de lo que en realidad hay que hablar es de violencia intrafamiliar. También se puede hablar de violencia social. La función esencial de la familia es amar, nutrir, cuidar, proteger y educar a sus miembros y la violencia intrafamiliar para nada contribuye a esto. Hay varios elementos que provocan este flagelo, como lo son aspectos psicológicos (problemas de identidad, poca tolerancia a la frustración, impulsividad, agresión, miedo a la intimidad, baja autoestima); aspectos sociales (socialización del agresor durante su infancia, su posición en la familia y su posición en la sociedad), y biológicos. Pero la lista de estos elementos o factores es muy larga, ya que también hay que considerar el alcoholismo, farmacodependencia, traumas severos, armas de fuego y armas blancas, y un largo etcétera.

  Creo que debemos tener mucho cuidado y saber hacia dónde queremos encausar esta cruzada contra este flagelo social que, como ya he dicho, no es nuevo, siempre ha existido. No podemos ni debemos dejar que nos manipulen la información para que no nos lleven a donde estos grupos foráneos nos quieren llevar, como lo están haciendo con otros países. Aquí, -nos guste o no, lo queramos ver o no-, hay una intención ideológica de género. No podemos dejar ni conducir a los demás a que nos eduquen ni educar para el odio, -y el odio hacia el hombre-, mucho menos dejarnos lavar el cerebro. Desde hace tiempo se está fomentando una persecución contra la virilidad, silenciosa, pero aterradora. La ley no está para juzgar el corazón, es decir, los sentimientos sino el acto, la intención. Ante la ley el asesinato de una mujer por un hombre y viceversa, con sus agravantes, deben juzgarse con la misma intención porque son asesinatos.

  Concluyo con las palabras de Carlos Aurelio Caldito, profesional de servicios para el individuo y la familia,- en España-, refiriéndose al movimiento feminista políticamente correcto: “Si el feminismo fuera sinceramente liberador, promovería relaciones armoniosas entre ambos sexos y fortalecería la familia; sin embargo, la agenda feminista, al hacer lo contrario, perjudica a la mayoría de las mujeres, y por descontado, a los hombres”.

 

 

miércoles, 3 de enero de 2018

¿Violencia de Género o Violencia Intrafamiliar? (1)


“La soberbia los envuelve como un collar; y la violencia los cubre como un manto” (Slm 73,6)



  No podemos negar que en nuestra sociedad hay un mal que se ha extendido como una pandemia; aunque también es de resaltar que ese flagelo social no es nuevo ni único de nuestra sociedad dominicana. Me refiero al flagelo de la violencia de género o violencia intrafamiliar. En esto hay muchas personas que no se ponen de acuerdo en cómo llamarle adecuadamente. Lo cierto es que en más de los casos este tema se está prestando a una manipulación profunda por parte de grupos interesados en que así sea. Con respecto a este tema, siento y percibo que no se nos está diciendo toda la verdad y que hay muchos datos que se nos están falseando para así crear una percepción del mismo errónea, y además, presentar esta situación como una guerra de odio de los hombres hacia las mujeres. A esto, la señora magistrada fiscal del Distrito Nacional, Yeni Berenice, escribió en su red social de twiter: “…Nos están matando, las madres, hijas, tías, hermanas, amigas… por el hecho de ser mujeres”. Esto es más un slogan político. Es decir, que se está dando la impresión de que lo que realmente existe es un odio del hombre hacia la mujer. Esto no es cierto. Las tragedias de los asesinatos cometidos por algunos hombres contra algunas mujeres, que son o han sido sus parejas sentimentales, hay que buscarlas en lo más profundo de la psique de estos hombres y que por lo regular tienen que ver con asuntos sentimentales. Preguntémonos: ¿existe el feminicidio? Es decir, ¿hay hombres que salen a las calles a matar mujeres por el solo hecho de ser mujeres? De hecho, lo que la ley castiga es el acto violento en sí y sus agravantes. La ley no mira si es un hombre o mujer; no es que la vida de la mujer vale más que la del hombre o viceversa, porque ambos somos iguales ante la ley.

  Y es que desde hace un buen tiempo atrás se viene presentando y dando a conocer a través de los medios de comunicación sobre todo, la magnitud de este problema. Desde hace unos meses para acá no hay día que llegue sin que se publique una o varias noticias de este problema social y esto viene creando, como se dice popularmente, roncha en la sociedad. Se han establecido o creado campañas de concientización para ayudar a disminuir o acabar con el problema. No estoy en contra de las mismas; pero lo cierto es que no sólo o nada más con esas campañas se resolverá esto; esa es una parte. En la solución de este problema todas las instituciones de la sociedad debemos de asumir la parte que nos corresponde: el Estado establecer políticas públicas claras y efectivas; las instituciones privadas también aportar para que establezcan políticas en sus empresas de fortaleza a la institución familiar;  las iglesias fomentar y fortalecer su trabajo  pastoral familiar con talleres, seminarios y todas las herramientas que la doctrina eclesial nos provee para este fin; las instituciones educativas estableciendo lineamientos de educación y orientación familiar entre el alumnado y profesorado; los medios de comunicación deben de aportar en ver cómo no promover programas ni películas que contengan violencia hacia la mujer, ni violencia sexual, ni violencia verbal; los artistas de los géneros de moda no incluir en sus letras incitación a la violencia ni contenido sexual en los que se degrada a la mujer sobre todo, etc.

  Ahora, yo me pregunto: ¿La lucha que se ha iniciado en diferentes medios para contrarrestar este flagelo social es real, sincero, verdadero? ¿En realidad se quiere acabar con esto?  Siempre se ha dicho que del desorden que se vive o se provoca, hay alguien o algunos que se beneficia/n. Hoy escuchamos, sobre todo a grupos de feministas, con el grito al cielo ante este hecho nefasto. ¿Pero ese grito de estos grupos es verdadero, sincero? ¿Están ellas en verdad defendiendo a estas mujeres abusadas y asesinadas?

  Hay quienes se refieren a este problema de la violencia de género como “industria de la violencia de género”. Afirman que hay grupos feministas que se ocuparon de generar el problema, apoyados con recursos del Estado y de Ongs poderosas económicamente, y así propagar lo que también llaman la “ideología de odio” recibiendo subvenciones e impartir cursos de adoctrinamiento en la guerra de los sexos y las casas de acogida donde se refugian las mujeres abusadas y maltratadas. Pero no existe esto mismo para los hombres.

  En nuestra sociedad dominicana podemos estar cayendo, y quizá hacia allá nos quieren llevar, en un estado de paranoia colectiva con este tema. Se están engrosando las denuncias en las fiscalías y pobre del hombre que caiga en este expediente. Hay que tener cuidado, ya que esto se puede prestar muy bien a manipulación y engaño de parte de muchas mujeres y organizaciones. Los jueces en estos momentos están muy severos y se manejan con mucha precaución para que no se les vaya a acusar de aplicar las leyes en detrimento de unos y a favor de otros, es decir, en detrimento de las mujeres y a favor de los hombres. Estamos en estos momentos en una situación de que el hombre que le dirija a una mujer algún piropo o palabra mal dicha, corre el riesgo de ser denunciado como maltratador y abusador, con la consecuente acción de ser detenido, enjuiciado y encarcelado así no más.

martes, 12 de diciembre de 2017

La Dirección Espiritual (3): Canal de Gracia


“Quien a ustedes escucha, a mí me escucha” (Lc 10,16).



  Dios ha derramado su gracia abundantemente sobre nosotros, sus hijos e hijas. Jesús mismo nos vino a participar de la gracia de Dios-Padre cuando dijo que vino al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo; y también cuando dijo “yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Esto es lo que podemos entender como la gracia de Dios. San Pablo nos dirá que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Entonces podemos decir que la dirección espiritual es un canal de gracia. Sabemos también que el Señor nos ofreció curación, sanación de la enfermedad del pecado: “son los enfermos los que necesitan al médico; no los sanos”. Esta sanación del alma nos la participa el Señor por medio de Él mismo y, otras veces por medio de otros que Él ha elegido para obrar en nuestro favor.

  Nuestro Señor tiene sus formas y maneras de cómo actuar en nosotros; tiene sus instrumentos que ha elegido. Nadie tiene la exclusividad de este actuar en nombre de Dios. Pero también nosotros debemos de tener mucho cuidado de no instrumentalizar a Dios ni al Espíritu Santo para intentar hacerles que hagan lo que nosotros queramos. Aquí nos estamos refiriendo más específicamente al director espiritual, ya que es una persona, un instrumento en las manos de Dios; una persona elegida por Él para este servicio. El director espiritual es una persona que conoce el sendero, que se ha preparado para este ministerio; es una persona que ha profundizado en el conocimiento interior del alma y que, en muchas de las veces, hace de maestro y guía, de médico; es un amigo que acompaña en el caminar; es también ese buen pastor en las cosas que a Dios se refiere.

  El director espiritual es esa persona que ayuda a ver los posibles obstáculos que nos podemos encontrar en el camino de la vida; nos guía por caminos y senderos de vida interior para que luchemos con eficacia y nos anima en toda circunstancia. Por eso, quien a él lo escucha, escucha a aquel que lo ha enviado y de quien en su nombre habla y actúa. Es el Espíritu de Dios que actúa y habla en él y por medio de él. El director espiritual tiene que saber despertar la sed y el hambre de Dios en el alma; tiene que saber avivar la llama del Espíritu cuando percibe que ésta se quiere apagar en el alma; guía al alma por el sendero de la vocación a la que ha sido llamada por el Señor y así también puede reafirmarla si ya se conoce la misma. El director espiritual nos ayuda a conducirnos por el camino de la santidad enfrentando con valentía el pecado. De ahí que, como nos dice Francisco Fernández-Carvajal: “Por eso, estos deseos de ser mejores, de crecer en la amistad con Jesucristo y de preocuparnos de los demás, son el fundamento de la dirección espiritual”. De ahí que insistamos en que la dirección espiritual sea un canal de gracia, ya que la vida del Señor, su amor y su amistad se desbordan abundantemente para que desde ya en esta vida luchemos por nuestra santidad, como lo dijo el mismo señor Jesucristo: “sean santos como su Padre celestial es santo”. El director espiritual nos ayuda a mantenernos en el camino que Dios desde un principio ha elegido para nosotros, porque él mismo es un hombre que vive en libertad y nos encamina para que vivamos y usemos de esa libertad con la cual hemos sido creados y revestidos por Dios.

  La Iglesia, que es el pueblo de Dios, siempre ha visto y recomendado esta práctica desde antiguo como un camino eficaz que nos ayuda a mantenernos en el camino hacia esa santidad que el Señor Jesús nos ha llamado. Es un medio eficaz también para mantenernos en la práctica de una vida espiritual y práctica cristiana efectiva, profunda y comprometida; por esto siempre la ofreció a sus hijos e hijas porque ella es consciente de que solos no podemos avanzar o se nos hace difícil el camino para poder vivir y ser luz en medio de tanta tiniebla que nos rodea.

  La vida del hombre sobre la tierra es un constante desafío. Cada día debemos estar dispuestos a nuevas cosas que pueden ocurrir: una enfermedad, un accidente, un fracaso, una pérdida… Ante todo esto corremos el riesgo de apartarnos del camino de Dios. Con la ayuda del director espiritual podemos mantenernos en el sendero de nuestra vocación divina, porque solo el dominio de Dios conduce al bien, a la bendición; mientras que, el dominio del mal, de la desidia, del sin sentido conduce a la destrucción, inseguridad, temor y muerte.

Si lo sabemos, ¿Por qué no lo practicamos?


En el diccionario etimológico encontramos que la palabra autoridad viene del latín auctoritas, que derivó de auctor, cuya raíz es augere, que significa aumentar, promover, hacer progresar. Desde el punto de vista etimológico, autoridad es una cualidad creadora de ser, así como de progreso. Pero también en latín las palabras ducet et docet hacen referencia a conducir y enseñar. Así entonces, tenemos que la persona que ejerce autoridad es aquella que es creadora o forjadora del ser propio y del ser del otro. Pero, también en base a las palabras latinas antes mencionadas, podemos decir que la persona que ejerce autoridad es aquella que sabe o debe conducirse en la vida y a la vez enseña a los demás.

  Desde el punto de vista da la fe, podemos afirmar que estas cualidades estaban bien claras y definidas en la persona de Jesús: Jesús fue llamado por los demás como el Maestro; que enseñaba con una sabiduría diferente a la de los demás escribas y fariseos. Jesús también se conducía con autoridad y esto era muy bien percibido por sus oyentes; sabía muy bien ejercer esta cualidad con sus seguidores, principalmente con sus discípulos. Una cosa es ejercer la autoridad y otra es ejercer el autoritarismo: la primera, como ya lo hemos visto, es positiva y ayuda al buen conducirse de la persona; mientras que la segunda es entendida como el ejercicio abusivo de la autoridad, y puede derivar en despotismo, dictadura, absolutismo, etc.  Todo esto viene al asunto de preguntarnos por qué hoy en día la humanidad esta tan falta de autoridad o, como dicen otros, hay un gran vacío de autoridad en la humanidad, en sus instituciones. Se puede decir que esta falta de autoridad se ha institucionalizado, es estructural; y esto, como es lógico, está contribuyendo al deterioro de la convivencia social, familiar y cultural.

  Pensemos rápidamente en la falta de autoridad que hay en la institución familiar. Parece ser que en nuestros días, los padres tienen miedo a ejercer la autoridad que es su deber. Hay padres que tienen o manifiestan miedo a corregir a sus hijos de sus errores; que, en el colmo, hasta parece que les piden permiso a sus hijos para hacer o decir las cosas, etc. Uno de los grandes errores en muchos hogares es que hoy todo lo dialogan, y no todo se dialoga; la aplicación de las normas se regatea y los padres, muchas veces, ceden ante el chantaje de  los hijos. Un error de muchos padres es pensar que sus hijos no pasen las dificultades que ellos pasaron en su niñez o que no tengan las limitaciones que ellos tuvieron. Pero, ¿es este pensamiento correcto? Claro que no. A los hijos  no se les puede dar todo, aunque se pueda darlo; más bien hay que enseñarles a esforzarse en la vida, hay que enseñarles el valor del sacrificio, del trabajo, del respeto, de la responsabilidad; como se dice popularmente: hay que enseñarles a rascarse con sus propias uñas. A los hijos no se les puede llenar de derechos, y no recordarles sus deberes. Hay que educarlos enseñándoles quién tiene la autoridad en el hogar, y la autoridad es monopolio de los padres. Los padres cristianos deben de pedirle a Dios que les ilumine para que sepan ejercerla con amor y de acuerdo a su voluntad; el mejor ejemplo lo tienen en el mismo Jesús que practicó el servicio con amor y autoridad.

  Y en cuanto al ejercicio de la autoridad en la sociedad, ¿qué pasa? Pues que vemos cómo la autoridad está desacreditada en ella. Hoy tenemos una sociedad desafiante a la autoridad, en gran parte consecuencia de que la misma Institución ha caído en la violación de la misma ley que ella está llamada a cumplir y hacer cumplir. Tenemos una Institución que negocia y hasta le regatean y se deja chantajear en la aplicación de la ley. Las leyes se negocian, se discuten, se aprueban o se rechazan en el Congreso; pero una vez aprobadas y promulgadas, se tienen que aplicar: “la ley es dura, pero es la ley”. Hoy en día se está exigiendo el “imperio de la ley”. Debemos y tenemos que ser una sociedad que no transija con la aplicación de la ley; que sea cierto de que todos somos iguales ante la ley. Que la ley no sea utilizada para proteger a los poderosos y fastidiar a los pequeños. Y es que cuando una sociedad esta manga por hombro, no queda más que el desorden y caos. No se trata de exigir a los demás que cumplan la ley que yo no estoy dispuesto a cumplir. Es muy característico de nosotros que cuando vamos a un país en donde sí se cumplen las leyes, nos adaptamos inmediatamente a ello, pero no queremos hacerlo en nuestro país. Y es que ese es el problema, no queremos hacerlo. Seguimos fomentando el desorden, la anarquía, el caos, porque hay quienes se benefician del desorden; queremos ser una sociedad ordenada, pero sin esfuerzo ni sacrificio. La autoridad tiene que devolverle a la Institución el monopolio de la misma, pero ella tiene que dar ejemplo de su fiel cumplimiento al resto de la sociedad, porque el ejemplo entra por casa.

  Si sabemos esto, pues actuemos en consecuencia. No seamos cobardes ni acomodaticios ni irresponsables. Tenemos un deber y responsabilidad que asumir, ya que por esto se nos pedirá cuenta.

 

martes, 28 de noviembre de 2017

Ser Profeta Hoy

Cuando el ministro ordenado administra el sacramento del bautismo, hay unas palabras que pronuncia en el momento de la unción con el santo crisma: “…que Dios te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo sacerdote, profeta y rey”. Esta es lo que se conoce como la triple dimensión del bautizado. Pero muchas personas, incluyendo muchos cristianos, tienen una idea errónea de lo que es el verdadero profeta, (estamos refiriéndonos al profeta bíblico). El profeta bíblico no es la persona que adivina el futuro; no es una especie de chaman o brujo, etc. El verdadero profeta bíblico es, -en su definición más sencilla y clásica-, el que denuncia la injusticia y anuncia, al mismo tiempo, la justicia.
  El profeta bíblico es la persona elegida por Dios y no al revés; después es llamada por Dios para servirle; es la persona poseída por el Espíritu de Dios; no es él el que posee ni domina el Espíritu. De manera que hablará y actuará de acuerdo a lo que el Espíritu le inspire, en el momento que le inspire y en el lugar o circunstancia que le inspire. Es la persona que habla en nombre de Dios y no en nombre propio: “No serán ustedes los que hablen, es el Espíritu de mi Padre que hablará por ustedes”, dijo Jesucristo; el profeta hablará palabra de Dios y por eso es que el mensaje que anuncia siempre incomoda. Pero hay una actitud normal ante esta elección de Dios, y es que se manifiesta por lo común un rechazo a esta elección divina. El ejemplo más paradigmático que tenemos en las Sagradas Escrituras es el de Jonás que, al ser elegido por Dios para ir a profetizar a Nínive, -la gran ciudad-, se le escabulle y se esconde de Dios hasta que después de varios intentos no le queda de otra que acceder a lo que Dios le encomienda.
  En el libro del profeta Jeremías 20,7-9, leemos que el profeta le dice a Dios: “me sedujiste Señor y me dejé seducir…” Si es cierto que es Dios el que elige y llama a la persona para este ministerio, también es cierto que Dios no coacciona la libertad de la persona; Dios tiene la forma o manera de cómo lograr convencer a la persona para que acceda a su petición; es como si Dios nos enamorara. Pero es que también la persona decide con su libertad dejarse seducir, porque la Palabra de Dios es como fuego ardiente que quema las entrañas, sigue diciendo el profeta.
 El profeta de Dios, es la persona que molesta, fastidia, incomoda; pero también es incomprendida, perseguida, mofada, etc.; y como si todo esto fuera poco, su desenlace es por lo general la muerte. Tenemos tantos ejemplos en las Sagradas Escrituras y en la historia de la Iglesia, y el mismo Jesucristo no se libró de esta situación. Por eso es que la persona que ha sido elegida por Dios para este ministerio por lo general manifiesta su rechazo a esta elección aun sabiendo que viene del mismo Dios. Hoy, más que nunca,  necesitamos asumir esta dimensión de nuestro bautismo; ser verdaderos cristianos que, sin mirar hacia atrás, asumamos desde nuestra fe, este ministerio. El profeta no es la persona que esta puesta por Dios para asumir una actitud de pura y sólo criticadera; el profeta de Dios no es la persona criticona; no es la que habla sólo por hablar, sin razones, sin fundamentos ni argumentos: “Les daré palabras que ningún adversario suyo podrá rebatir”, dijo Jesucristo.  Hoy en día a nosotros se nos está prohibido o se nos quiere prohibir hacer crítica, denunciar sobre todo lo que está mal. Una de las características de nuestra sociedad dominicana es que es una sociedad criticona: todo lo critica pero pocas veces hace algún aporte importante para remediar o cambiar eso que critica; muchas veces es una crítica despiadada, vulgar, desconsiderada, con un lenguaje violento e incitando a la violencia, falta de respeto, sin fundamentos, y todo amparado en la libre expresión: “No hay dudas de que las redes sociales han permitido dar voz a una masa de personas que nunca la tuvo; y que buena parte de ella es ignorante, maleducada y hace del insulto, la mentira y la estupidez su forma de manifestarse. En cierto sentido es verdad que los idiotas han encontrado en las redes sociales su ambiente natural, y también que sus opiniones, cuando son repetidas por un número suficiente de personas, son influyentes a pesar de su contenido absurdo” (Gloria Álvarez, Cómo hablar con un Progre, pp. 66-67); y san Pablo en su carta a los Colosenses 3, 1-11 nos dice “desháganse de la ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡Fuera de su boca!”
  Los del bando contrario tienen cansado a uno con la desgastada y manipuladora frase “es que son unos retrogradas, medievales y conservadores”; frase esta que desde hace mucho tiempo nadie se las compra ni se las cree. El mundo de hoy está cada vez más descristianizado; Voltaire dijo: “dime a quién no puedes criticar, y te diré de quién eres esclavo”. Y es que para muchos, el disentir es sinónimo de odio. Pero el profeta no debe de amedrentarse ni por qué ceder ante estas insinuaciones y pretensiones de los adversarios. El profeta, que es la persona que habla en nombre de Dios, jamás se sentirá ni estará desamparado de Dios; el mismo Dios lo ha dicho y prometido, y Jesús lo ratificó: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

  Dios es el que nos convoca para que seamos y hagamos de sus profetas en medio de las contrariedades y peligros que Él sabe a los que nos podemos enfrentar o encontrar en el camino. El mismo Jesucristo dijo que si nosotros dejamos de hablar en su nombre, entonces hablarán las piedras; y si esto llegara a suceder, pues podemos estar seguros de que algo grande en lo que respecta a nuestra fe y compromiso cristiano está fallando. Y es que el que no está con Cristo está contra Él; y el que no recoge con Él, desparrama.