miércoles, 19 de septiembre de 2018

Santo Padre: No renuncie.


En el evangelio de san Mateo 26,31 se nos narra que Jesús les dice a sus discípulos, -al hablarles de lo que le sucedería en Jerusalén-: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.

  Desde hace un par de meses atrás, estamos siendo testigos de una nueva oleada de casos, de acusaciones; más bien de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes acusados de pedofilia y también del hecho de encubrimiento de los mismos por parte de obispos y cardenales. Estos casos se han descubierto en el estado norteamericano de Pensilvania. Según el Gran Jurado formado para estas investigaciones, se han detectado aproximadamente más de mil casos, pero solamente se tienen documentación de unos trecientos, y de esos trecientos, solo cuatro están todavía dentro del tiempo de ser juzgados; los demás, ya perimieron. Son casos que datan desde la década de los 70s; muchos de los involucrados, tanto victimarios como víctimas, han muerto. Esta situación ha traído también lo que se podría llamar una cacería de brujas. Una vez más se señala a la jerarquía  católica norteamericana con el dedo acusatorio de su responsabilidad, complicidad y encubrimiento. Y como siempre, el dardo apunta a su cabeza: al Santo Padre.

  El diario norteamericano The Washington Post, -el segundo diario más importante de los Estados Unidos después del New York Times-; publicó en el mes de Agosto un artículo en el que pedía la renuncia del Papa Francisco. Hay que señalar que este diario es favorable a la Iglesia Católica. Pero este diario lo que más bien resalta con este artículo, es el sentir de una gran parte del catolicismo en Norteamérica, -del ala más conservadora-, que estos casos de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes, es tan vergonzoso, que pareciera que lo que mejor puede sucederle a la Iglesia Católica es que el Papa renuncie; así, afirma el artículo, le estaría dando a sus opositores la oportunidad de ver a dos Papas eméritos, -Benedicto XVI y Francisco-, y dar oportunidad a una nueva cara fresca al frente de la misma. De hecho, estas ideas no nos pueden sorprender ya que, desde hace mucho tiempo se viene insinuando o cacareando de una posible renuncia al pontificado de Francisco; incluso en ocasiones periodistas le han llegado a preguntar sobre esta posibilidad. Y es que, si Benedicto XVI en su momento no pudo soportar más estar al frente de la Iglesia por todos los casos de corrupción, desorden y pederastia, pues a Francisco le sucedería lo mismo.

  Pero también esto tiene un conato de enfrentamiento entre lo que se ha llamado los dos bandos dentro del Vaticano: el ala tradicionalista o conservadora y el ala progresista o revolucionaria. Recordemos que el Papa Francisco, desde que asumió la guía de la Iglesia, se ha venido destacando por su reforma de la Curia Vaticana; también al mismo se la ha señalado que lleva a la Iglesia por un camino más progresista, más de avanzada, cosas que rayan muchas de las veces en una cierta apariencia de traición a la sana doctrina evangélica y eclesial de salvación de las almas; por una visión más social y de asistencialismo.  Por supuesto hay quienes no lo ven así y más bien lo aplauden y apoyan. Resalta mucho en esta situación, una carta que le dirigiera el ex nuncio apostólico en Estados Unidos, Mons. Carlos María Viganó al Papa Francisco, en donde lo acusa de encubrimiento de la conducta sexual inmoral del ex cardenal de Washington Monseñor Theodore McCarrick y le solicita que renuncie al pontificado. Esta carta ha tenido el apoyo de varios cardenales dentro y fuera de los Estados Unidos, pero también se han manifestado dentro y fuera del país muchos cardenales y conferencias episcopales, como la de España y el CELAM, en apoyo al santo Padre, que no hay que entenderlo como un “no haga nada, hágase el desentendido, mire para otro lado”.

  Sea cierto o no la veracidad de estos casos de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes, es vergonzoso y execrable; no tienen defensa alguna. La Iglesia de Cristo se ve una vez más en el ojo del huracán y sus enemigos están aprovechando la ocasión para enfilar sus ataques. Es verdad que la pedofilia no es exclusiva de la Iglesia Católica. En otras instituciones humanas este flagelo está presente. Esto no debe ser un consuelo ni una justificación. El papa Benedicto XVI lo dijo en su momento, y Francisco por igual: “un solo caso de abuso es demasiado”. ¿Qué tiene que seguir haciendo la Iglesia al respecto? ¿Abolir el celibato? ¿Cortarle la cabeza en la plaza pública a los sacerdotes pedófilos? ¿Renunciar el Papa? ¿Que desaparezca la institución eclesial? Ninguna de éstas. Lo que tiene que seguir haciendo es endurecer más su política de “cero tolerancia”; seguir colaborando con las autoridades civiles para el esclarecimiento de los casos; ser más estricta en el discernimiento de los candidatos al sacerdocio ministerial, etc. Tenemos que llegar a la verdad de esta desgracia; tenemos que asumir la crudeza de esta situación, incluso con esperanza; no como consuelo. Vemos aquí, por un lado, cómo se está acusando y señalando a la Iglesia Católica de ser permisiva y laxa con la conducta sexual inmoral de algunos de sus sacerdotes y se le exige que actúe en consecuencia; pero por otro lado, vemos también cómo, en muchas sociedades, se viene normalizando esta conducta depravada, impuesta en la educación, la política, los medios de comunicación, el mundo del entretenimiento, etc.; y muchos no dicen nada, más bien lo aplauden porque dicen y defienden la pedofilia como un derecho. Y es que en el mundo, el panorama de los abusos sexuales a niños, niñas y adolescentes, fuera de los ámbitos de la investigación, es desconocido. La pedofilia es un mal que atraviesa diversos estratos sociales: un 97% se produce en las familias; 2% en ámbitos escolares y 1% en ámbitos religiosos, recreativos y deportivos. Así también, el mercado de la pedofilia asume cuatro formas, que son: 1- prostitución infantil; 2- pornografía infantil; 3- el tráfico de niños y niñas, y 4- el turismo sexual pedófilo. Según un informe de la UNICEF de 2006, alrededor de un millón ochocientos mil niños, niñas y adolescentes en todo el mundo son absorbidos por el comercio sexual, víctimas inocentes que amenazan sus vidas; un flagelo e industria que mueve miles y miles de millones de dólares al año.

  No cabe dudas que en todo esto los que van ganando son los degenerados. El poder está en manos de personas malas, que no dudan en mentir, engañar, robar, matar y destruir sociedades enteras. La pedocriminalidad, -como afirma la escritora española Pilar Baselga-, existe porque miles de personas colaboran, encubren o hacen de la vista gorda para que podamos seguir tranquilos con nuestras vidas más o menos mediocre. Pero ¿por qué es tan profundo y tan lucrativo este flagelo de la pederastia? Porque se trata de hacer el mayor daño posible. No hay mayor mal que hacerle daño a un niño inocente, por eso el daño que se le inflinge a los niños por nacer con el aborto, ya que no hay nada más puro que un recién nacido. Violarlo es lo peor, analmente todavía peor.

  No podemos seguir mirando para el otro lado ante este flagelo, porque estos delincuentes seguirán violando y matando. Estamos en un proceso arduo, permanente y profundo de purificación. Es doloroso pasar por el fuego para purificarnos, pero tenemos que hacerlo si queremos seguir siendo luz para el mundo. El Papa Francisco no debe renunciar al ministerio que Cristo le ha confiado, de ser pastor de SU Iglesia. Cristo prometió, en la persona del apóstol Pedro, que rogaría a Dios para que su fe no desfallezca y pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. El Santo Padre no está solo en este camino de cruz, dolor y sufrimiento. Desde que fue elegido para este ministerio y hasta el día de hoy, ha pedido y pide que oremos por él. Es lo que debemos seguir haciendo. La oración nos da fortaleza.

jueves, 9 de agosto de 2018

La causa del Reino


En el evangelio leemos que Jesús les dijo a sus apóstoles que a ellos los perseguirían, los maltratarían, los injuriarían, los condenarían y hasta los matarían… todo por MI CAUSA. Pero, ¿cuál es la causa de Jesús? Pues el Reino de Dios. De muchas y diferentes maneras Jesús dejó bien claro que a esto fue  Él  enviado a nosotros por su Padre del cielo. Él dijo que el Reino de Dios ya está entre nosotros, y en otra ocasión dijo que el Reino de Dios está dentro de nosotros.

  Este Reino de Dios no es como los reinos humanos o mundanos. Es verdad que nosotros pensamos este Reino de Dios en categorías humanas; y esto es así porque ciertamente nosotros somos seres humanos, no somos otra cosa, no somos extraterrestres. Pero, aunque esto sea cierto, por el otro lado no es correcto quedarnos en estas categorías humanas para tratar de entender una realidad que, como es el Reino de Dios, nos trasciende, está muy por encima de nuestro entendimiento. Más bien lo que hacemos es tratar de acercarnos, aproximarnos en nuestro lenguaje humano a una realidad trascendental. Siempre nuestro lenguaje se quedará corto ya que jamás podremos abarcar con nuestras categorías la divinidad de Cristo.

  El pensar de esta manera fue lo que hicieron los apóstoles y lo que los llevó a que en muchas ocasiones asumieran actitudes contrarias a lo que su Maestro les enseñaba y quería transmitir. Ellos veían todo esto desde la perspectiva meramente humana y no eran capaces de dar el paso de trascendencia. Esto también es lo que le sucedió a la samaritana cuando al hablar con Jesús no entendía de qué le estaba hablando, y el Maestro tuvo que irla llevando a ese plano trascendental del mensaje que traía. Ese fue un diálogo en dos dimensiones diferentes: Jesús hablando en un plano espiritual-trascendental, y la samaritana hablando en un plano humano-terrenal. Tenemos el ejemplo en el evangelio de la madre de los dos discípulos que se le acercó a Jesús para pedirle que le concediera el favor de que, en su Reino , ellos se sentaran uno a su derecha y el oro a su izquierda, a lo que el Señor les dijo que no sabían lo que pedían. Pero también está la actitud de enojo de los otros discípulos al ver esta acción de la madre y sus dos hijos; y es que ellos también tenían sus planes, su s deseos de ocupar esos puestos de importancia en el Reino de Dios. Pero Jesús los conminó a que el que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos, a ejemplo suyo, que no vino a ser servido sino a servir.

  Entonces, si hay un Reino de Dios es porque también hay otro reino que no es de Dios. Todo reino tiene su rey: el del cielo es Dios y el del mundo es el diablo o príncipe del mal o padre de la mentira. Estos reinos son totalmente antagónicos, no se juntan para nada, son como el agua el aceite. En el diálogo de Jesús con Pilatos, cuando éste le pregunta sobre su reino, Jesús le responde o, más bien le aclara, que su Reino no es de este mundo, porque si así fuera, hace tiempo que su Padre había mandado todo un ejército a defenderlo. Pero su reino no es de este mundo. Y esto se entiende porque, este mundo está enfermo por el pecado, y para poder ser sanado de esa enfermedad, la medicina tiene que venir de otro lugar, y esa medicina es precisamente el Reino de Dios. Pero tampoco hay que entender que este Reino de Dios es un reino tipo extraterrestre o marciano, no. Este Reino de Dios es otra realidad. Y es el Reino que se nos ha dado y revelado a nosotros como “proyecto”, es decir, se nos ha dado como un “don y tarea”. Es regalo de Dios y tarea nuestra que tiene que irse implementando, testimoniando, construyéndose en el día a día de nuestra existencia. Este Reino de Dios se viene construyendo, edificando y esto terminará cuando el Señor vuelva con toda su gloria y majestad.

  Este Reino de Dios no es el del rey que tiene su ejército, su gabinete, sus esplendores mundanos, sus influencias en otros reinos o pueblos, y que le dicta normas políticas y económicas a los demás, etc. Este Reino de Dios es, como lo dijo san Pablo: “El Reino de Dios no es comida ni bebida. El Reino de Dios es paz, justicia y gozo en el Espíritu Santo. Y quien en esto sirve a Cristo agrada a Dios, y tiene la aprobación de los hombres”. En el Reino de Dios no hay puestos de mando, no hay gabinete, no hay implemento de estrategias políticas ni económicas ni sociales, ni educativas, ni de salud, ni de seguridad ciudadana, etc.

  Pues, esta es la causa nuestra. No es otra causa diferente a la de Jesús. Esta es la causa que tenemos que seguir proclamando, anunciando, como nos lo mandó el mismo Señor: “Díganles a las gentes que el Reino de Dios está cerca”. Pero hay que asumir esta causa en nuestras vidas, desde nuestra fe. Testimoniarla desde lo más profundo de nuestro corazón, porque por eso es que está dentro de nosotros; no es para que la guardemos, es para que hagamos creíble el mensaje del evangelio, de la buena noticia de salvación.

 

La Dirección Espiritual exige la sencillez y confianza.


“La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo gozará de luz” (Mt 6,22).



  Con estas palabras, el señor Jesús nos quiere hacer entender que esa sanidad de la que nos habla la podemos entender también como sencillez. Ya sabemos que nuestro Dios y Padre, es el Dios Todopoderoso pero también es el Dios sencillo; el Dios que no se complica y no es complicado. Por eso es que ama a los sencillos y humildes; y rechaza al soberbio y orgulloso. Para la dirección espiritual esta es una de las virtudes también muy importantes. De hecho, hay una relación muy estrecha entre la sinceridad y la sencillez. De la primera ya hemos hablado. Diremos algo de la segunda.

  La sencillez es consecuencia necesaria de un corazón que busca a Dios. Ya el mismo san Agustín llegó a decir que nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Dios. Esta virtud es lo opuesto al deseo de llamar la atención, la pedantería, el aire de suficiencia, la jactancia… (Fernández-Carvajal). Todas estas actitudes son obstáculos para un verdadero acercamiento y unión con Cristo, que nos impide por demás el seguirle de cerca; más bien crea barreras que nos impiden ayudar a los demás. El señor Jesús dijo que teníamos que aprender a ser sencillos como la paloma, es decir, a no ser complicados interiormente ni enredados.

  La sencillez nos conduce a ser hombres y mujeres auténticos: nuestra palabra y nuestra actuación de cristianos y de hombres y mujeres honrados debe tener un gran valor delante de los demás, porque hemos de buscar siempre y en todo la autenticidad, huyendo de la hipocresía y de la doblez. Cuando nosotros nos dejamos guiar por la verdad, seremos siempre un reflejo de Dios por esa verdad que guía nuestra vida y aprenderemos a tratarla con respecto: “busquen la verdad y serán hombres realmente libres”, nos dijo el Señor Jesús. Esa verdad tiene su nombre y su apellido: Jesús, el Hijo de Dios. Él se dijo de sí mismo que es el camino, y la verdad y la vida. No somos actores de la vida. No representamos un papel en el teatro de la vida. Por eso debemos de ser auténticos si queremos ser verdaderos; y ser auténticos según la voluntad de Dios. Y es que la dirección espiritual nos conduce a la vivencia de estas virtudes cuando la sabemos ejercer de acuerdo a la voluntad divina. Hoy se hace urgente que el cristiano sea un hombre, una mujer de una sola palabra, de una sola vida, sin utilizar máscaras o disfraces ante situaciones en las que puede ser costoso mantener la verdad, sin preocuparse del qué dirán y alejando los respetos humanos, rechazando toda hipocresía.

  ¿Y qué decir con respecto a la virtud de la confianza? Ciertamente es mucho lo que se puede decir. En las misma Sagradas Escrituras son muchos los pasajes bíblicos que nos hacen referencia a esta virtud. En el libro de los Proverbios leemos “porque el Señor te infundirá confianza y evita que caigas en alguna trampa” (3,26). La confianza, al igual que la sencillez y la humildad, también son parte de la verdadera oración. La virtud de la confianza es la firme seguridad, apoyada en la esperanza, que se tiene en uno mismo, en alguien o en algo. Confiar en todos y en todo es insensato, pero no confiar en nadie ni en nada, es un error. Es verdad que el Señor nos dice que el hombre que confía en otro hombre es maldito. Pero debemos de tener cuidado en cómo interpretamos esta afirmación. Si el hombre no pudiera confiar en los demás pues no tendría ningún sentido el que se lancen a un proyecto común como es el matrimonio; qué fuera de los hijos si los padres no confiaran en ellos y viceversa; tampoco tendría sentido el establecer una amistad con otra persona si no se le tiene confianza, porque también nos dice las Sagradas Escrituras que la persona digna de confianza sabe guardar el secreto (Prov 11,13).

  La confianza espiritual, como valor religioso y humano, tenemos que aprender a confiar en Dios, porque es nuestra fortaleza, sustento de nuestros ideales, solución a nuestras inquietudes y antídoto contra nuestros males, miedos y dudas. Si depositamos toda nuestra confianza en Dios, nos sentiremos mucho mejor, sin olvidar que debemos obrar responsablemente, por amor al prójimo y por civismo. Pero es muy importante aprender y practicar la confianza en Él. La dirección espiritual nos conduce a fortalecer y profundizar esta virtud de la confianza. El director espiritual tiene que ser digno de nuestra confianza, porque, se gana la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra.

miércoles, 11 de julio de 2018

La Dirección Espiritual exige sinceridad


“Diles: Esta es la nación que no obedece al Señor su Dios ni quiere ser corregida. La sinceridad ha desaparecido por completo de sus labios” (Jer 7,28).



  Toda persona que se decide a recorrer el camino de Dios, lo primero que tiene que hacer es asumir con sinceridad dicho trayecto. Tenemos que aprender a adentrarnos en lo más profundo de nuestro interior y sacar toda esa basura que está asentada en el fondo; hay que sacarla a flote, hasta la superficie. No podemos estar poniendo o tapando con trapos nuestras miserias, nuestras limitaciones. Esto exige mucho valor porque no es fácil llevarlo a cabo. A mucha gente se le hace muy difícil enfrentarse a sus miedos, a sus miserias, a sus limitaciones, a sus defectos. Es como si tuviéramos un cadáver en el fondo de la piscina que está provocando el que salga manchas feas hasta la superficie y se atacan con limpiadores, pero por más que se quitan, vuelven y salen; pero lo que hay que sacar es ese cadáver del fondo que es el causante de las manchas. Eso es ir a la raíz del problema. Eso es lo que persigue la dirección espiritual. Por eso la exigencia de la sinceridad. Hay que ser capaces y valientes para ir a la causa principal de la dejadez o sequedad espiritual en la misma presencia de Dios. Estas manchas pueden ser la sensualidad, o un egoísmo brutal enmascarado, o una tibieza grande…Y para sacarla fuera, delante de la persona que nos puede entender y curar, es necesaria la gracia de Dios, que hemos de pedir, y la virtud humana de la valentía. Y Santa Teresa decía que por esto es que todas las almas necesitan un desaguadero.

  Para que la dirección espiritual sea eficaz y no se pierda el tiempo, es necesario e indispensable la virtud de la sinceridad. No es correcto querer disfrazar las cosas, los hechos, las causas; querer adornarlas o disfrazarlas para que suenen más bonitas o para dar la impresión de que no son tan feas o malignas. La sinceridad es la señal de que el acompañamiento ha arrancado con buen pie y es garantía de continuidad en el mismo. Si queremos recoger buenos frutos de la dirección espiritual es necesario la sinceridad desde el principio; es como dar esa buena imagen con claridad, sin engaños, de lo que realmente nos pasa. Cuando un enfermo va al médico, éste le dice directamente lo que le sucede sin rodeos ni tapujos; va directamente al punto de su malestar y así el médico ya sabe por donde tendrá que ir tratando el malestar y también qué medicamentos podrá recetar. Algo parecido sucede con la dirección espiritual cuando le tratamos al médico espiritual nuestros malestares o enfermedades del alma.

  La sinceridad no es exagerar. Es decir las cosas tal y como son, sin aumentarle ni disminuirle nada; no se valen las medias verdades ni los disimulos. Es sinceridad en lo concreto; en el detalle, con delicadeza, cuando sea preciso. Huyendo siempre del embrollo y de lo complicado. Cuando somos sinceros, somos capaces de reconocer nuestros defectos, miserias y equivocaciones. Es llamar las cosas por su nombre, sin disfrazarlos con falsas justificaciones.

  Cuidado con una estrategia del demonio en cuanto que puede llevar, -y de hecho lo busca-, a la persona a no buscar la ayuda necesaria para poder enfrentar determinado problema. Una de las condiciones de ese demonio, que es mudo, es precisamente hundir en la mudez a su víctima; ahogarlo en su problema y que no busque ayuda en nadie ni reciba ayuda de nadie. Se parece a esa acción que comete el león cuando caza a su presa, no la ataca en las patas sino más bien le clava sus colmillos en la garganta para ahogarla y no darle la más mínima oportunidad para gritar. Demostrado está que el tragarse las cosas nunca es bueno porque acumularíamos tantas amarguras y sinsabores, que en cualquier momento explotaríamos. No hay que dejar llegar las cosas al extremo.

  La sinceridad es el gran remedio de muchas angustias y problemas personales, que dejarán de serlo cuando nos abrimos a esa persona puesta por Dios para limpiarnos, curarnos, y devolvernos la dignidad perdida o maltrecha; esa persona que nos ayuda a ver la luz que, aunque tenue, se ve al final del túnel. Esa persona que Dios ha puesto para ayudarnos a enfrentar nuestras dificultades, puede ver en nuestro interior por la gracia de Dios con la cual ha sido revestido; sabe intuir toda la capacidad de bien que existe en nuestro corazón.

jueves, 14 de junio de 2018

Cuidado con esa estrategia.


El pasado mes de mayo salió publicada una información que daba cuenta de un programa-agenda patrocinada por una Ong Save the Children, en colaboración con el ayuntamiento del Municipio de Santo Domingo Oeste con la finalidad de incorporar los derechos de la niñez a la gestión municipal. El proyecto lleva por título “Gestión Municipal Participativa: inclusión del enfoque de los derechos de la niñez en la administración local de Santo Domingo”. Esto con el auspicio de la Unión Europea. Este proyecto incluye también lo que han denominado Enfoques de Género y la discapacidad como elementos claves en la construcción de municipios equitativos e inclusivos.

  Por otro lado, tenemos que en el mes de abril, salió otra publicación en los medios sobre la creación del programa Igualando RD, un programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) y el Ministerio de la Mujer, para implementar cambios transformadores en las empresas eliminando desigualdades y garantizando la igualdad entre hombres y mujeres. Esta iniciativa contribuye a que el sector privado sea parte activa en el cumplimiento de la nueva Agenda Global y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Es una iniciativa para que las empresas asuman la responsabilidad de implementar políticas y prácticas para ampliar el acceso al trabajo. Pero además la empresa pasa a formar parte activa de la Comunidad Global de Prácticas Laborales para la Igualdad de Género que coordina el PNUD.

  Todo esto viene a colación de que, desde hace un buen tiempo para acá, nuestra sociedad dominicana está siendo, -de alguna manera-, objetivo de estos organismos internacionales para ir implementando de manera muy sutil la Ideología de Género o como se le conoce también implementación de Eje transversal de género. Y como vemos, la estrategia tiene diferentes blancos de ataque: unos inician con la niñez y otros se lanzan por el lado del empresariado. Esa es la estrategia.

  Como parte de ésta, está también el tema relacionado con el aborto. Nuevamente estamos siendo blanco de ataque por estos grupos y ongs subsidiadas con dinero foráneo y nacional para que en nuestro país se legalice el asesinato de los no nacidos, -aborto. Se siguen esgrimiendo como argumentos las tres principales causales que ya conocemos y que se han legalizado en otros países. Pero también sabemos que el asunto es abrir las puertas a ese derrotero para llegar más adelante al aborto libre, que ya está legalizado en otros países. Estas tres causales, estos mismos grupos saben que ya no se sostienen debido al avance de los conocimientos de la ciencia en esta materia. Y es que los promotores del aborto saben que en este campo de la ciencia no pueden dar la batalla porque los argumentos científicos son contundentes, y por eso es que han decidido ignorarlos, y por otro lado siempre vienen con el tema de señalar la mentalidad religiosa como anacrónica y medieval. De hecho, ya está más que dicho hasta la saciedad de que la discusión sobre este tema es primeramente científico. Así proyectan sus faltas de argumentos en sus contrarios. A estos les encanta pelearse con los curas, pero le huyen a la ciencia, a la biología, a la genética.

  ¿Cuáles son las voces en las que se apoyan estos defensores y promotores del aborto? Voces de algunos comunicadores e instituciones que se la pasan pontificando en unos falsos derechos de la mujer, pero no quieren escuchar y rechazan las voces de las diferentes academias de la ciencia que ya han dicho a unanimidad que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Otro argumento de los abortistas es basarse en lo que otros países desarrollados han implementado en sus legislaciones con respecto al aborto, y que si ya éstos lo han legalizado, ¿por qué nosotros no? ¿Por qué permanecemos en el “atraso”? ¿Por qué no nos modernizamos? ¡Vaya modernidad la de asesinar a los niños en el vientre materno! ¿Que la madre tiene derecho a decidir sobre su cuerpo? Bueno, si la mujer quiere hacerse un tatuaje o ponerse un pirsin en su cuerpo, claro que lo puede decidir. Pero decidir sobre la vida de un tercero que tiene todo su código genético diferente al de la madre y que no es un tumor ni una mancha que nace en su vientre, eso es totalmente falso. Toda mujer que decide  embarazarse, será madre para siempre. Lo que tiene que decidir es si quiere ser madre de su hijo vivo o madre su hijo asesinado por ella misma.

  Cuidado con esos números de abortos que se presentan como argumentos para su legalización. Los abortistas en honor a la verdad no buscan el bienestar de la mujer ni su salud, mucho menos el aborto tampoco tiene que ver con la reproducción; más bien buscan el aborto en sí mismo porque es un negocio que mueve mucho dinero. No existe aborto gratis ni seguro. Para ellos es un asunto económico, político e ideológico, pero no humanitario.


La Dirección Espiritual: ¿Es necesaria?


“Déjenlos: son ciegos y guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo” (Mt 15,14).

 

Hay un dicho popular que dice que dos cabezas piensan más que una; cuatro ojos ven más que dos. Esto es verdad. Nosotros los seres humanos necesitamos de la ayuda de los demás, aunque nos neguemos a reconocerlo. Hay una mala costumbre de parte de mucha gente de negarse a buscar o recibir ayuda de los otros porque piensan que les están coartando en su libertad e interfieren en sus decisiones. Esto es falso. Partimos del hecho de que Dios nos creó seres sociables; no aislados, ni solitarios. Recordemos que por eso Dios después de crear al primer hombre, como vio que este se sentía solo dijo que no es bueno que el hombre este solo y le creó a la mujer como ayuda y compañera; la creó de su misma dignidad: “ésta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne”; fue la expresión de Adán al verla.

  En la vida espiritual, demostrado está que no podemos caminar solos; no es bueno que caminemos solos. Jesús fue consciente de esto, por eso se les acercó a los discípulos de Emaús y se puso a caminar con ellos; junto a ellos. Se ha demostrado que el realizar el camino de la fe y de la espiritualidad se hace mucho más fácil y llevadero cuando lo compartimos con los otros; cuando nos dejamos ayudar por los demás; cuando nos apoyamos en los demás. El acompañamiento espiritual es necesario e indispensable por muchas razones. En las Sagradas Escrituras nos encontramos con un pasaje del libro del éxodo en donde vemos que el pueblo de Israel se queja al vagar por el desierto sin rumbo ni sentido, que están cansados de dar vueltas y vueltas alrededor de la montaña. Esto es lo que podríamos parafrasear con el dicho popular de que “hemos caminado o vivido sin ton ni son”. Muchas veces así vamos nosotros caminando por la vida: sin saber a dónde vamos, sin que el estudio o trabajo nos acerca a Dios, sin que la amistad, la familia, la salud y la enfermedad, los éxitos y los fracasos nos ayudaran a dar un paso hacia adelante en lo verdaderamente importante: la santidad, la salvación.

  En la vida espiritual es muy fácil perder el camino, el sentido, la orientación; porque se está sometido constantemente a pruebas, tentaciones, obstáculos, etc., que lo cuestionan todo y lo confrontan todo. Es muy frecuente que en la vida espiritual pasemos por lo que muchos han llamado “la sequedad espiritual”, que es un arma de doble filo: por un lado si nos dejamos dominar por ella nos tira o lanza al suelo y se nos hace más difícil levantarnos; pero por otro lado, es la voz de alarma en nuestro interior que nos dice que hay que dar un paso más hacia adelante. Dejarnos ayudar en la dirección espiritual nos lleva a saber a no preocuparnos por cosas que en el fondo tienen o tenían poca o ninguna importancia, asuntos completamente irrelevantes y accidentales. Es necesaria la dirección espiritual porque muchas veces andamos con un fuerte desaliento o desánimo en nuestro caminar, y esto se puede presentar en cualquier momento o edad. Necesitamos esa voz amiga que nos grita el ¡ánimo, adelante! ¡No te detengas! ¡No debes pararte! porque tienes la gracia de Dios para superar cualquier dificultad ¡Cuánto mayores sean los obstáculos, mayor es la gracia de Dios! Estas palabras nos ayudan a recuperar la esperanza de saber que es Jesús que tiene la última palabra: “si tus problemas son grandes, cuéntales a tus problemas lo grande que es Dios”. No es bueno ir por la vida solos; no es bueno caminar en la vida solos.

  El camino a recorrer no siempre es claro. Muchas veces tendremos que preguntar a alguien que nos lleva cierta ventaja o experiencia por dónde es que se va a Dios. Por eso dijo san Agustín que, “así como un ciego no puede seguir el camino recto sin un lazarillo, tampoco puede nadie caminar sin guía”; y como dice la canción “sólo se llega a buen puerto, si se va de dos en dos”.  Francisco Fernández-Carvajal dice que porque el ojo, bueno para ver las cosas de afuera, es pésimo para verse a sí mismo. Y si no nos conocemos no podremos luchar, y sin lucha no hay santidad.

  Entonces, sí es necesaria la dirección espiritual. No podemos caminar solos. Dios lo supo y por eso actuó en consecuencia para que sus hijos no se pierdan en el camino. Jesús mismo lo enseñó y por eso estableció la comunidad de la Iglesia, para que nadie ose a caminar solo en este intrincado camino de la vida de fe y espiritual. Seamos humildes para reconocer, buscar y aceptar esa ayuda.

miércoles, 9 de mayo de 2018

¿Qué está pasando?


El autor del libro de los Hechos de los Apóstoles en 9,31 nos dice que la Iglesia se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba animada por el Espíritu Santo. Es sabido, sino por todos, pero sí por muchos que, uno de los males que ha sufrido y ha tenido que enfrentar la Iglesia de Cristo es el tema de la división a lo interno en ella. Esto lo leemos ya en el mismo evangelio y con el mismo Señor y Maestro, todo lo que tuvo que hacer para enfrentar y desterrar de sus discípulos esa actitud divisionista propia de todo grupo humano. En una ocasión el mismo Señor los conminó a que lucharan en contra de la división que el mismo satanás provocaría en su familia santa: “Todo reino dividido va a la ruina… entre ustedes no debe de ser así”; también tenemos la ocasión en la cual el Señor le pide a su Padre por la unidad de los suyos: “Que así, Padre, como tú y yo somos uno, que éstos también sean uno en mí, como yo en ti”. Así entonces, es enseñanza de nuestra Iglesia que la unidad querida por Jesús, -su familia santa, pueblo de Dios-, es un don y una tarea al mismo tiempo. Tarea esta que se debe de ir realizando en el tiempo; no es algo que se logra de la noche a la mañana. Primero está la gracia de Dios, porque sin él nada podremos hacer; y segundo esta nuestro esfuerzo, perseverancia y sacrificio. Es también sabido en la historia de la Iglesia que los peores enemigos suyos han salido de ella misma, de su interior: un ejemplo de esto, -y no es el único-, es el caso de José Stalin, que se formó en un seminario católico no porque sentía el llamado al sacerdocio ministerial, sino más bien para aprovecharse del nivel de formación académica que se recibe en estas instituciones.

  Todo esto viene al caso porque desde hace unos meses atrás hemos estado caminando en medio de una vorágine de acontecimientos que están soliviantando de alguna manera la misma doctrina eclesial con las consecuencias que esto provoca en los fieles católicos. Sabemos y tenemos conocimiento que dentro de la Iglesia hay diferentes grupos o corrientes con una marcada línea entre liberales y conservadores. Pero hemos perdido de vista que, no importa que seamos de un bando o de otro, lo cierto es que todos somos miembros de la Iglesia, la única Iglesia de Cristo y que por lo tanto debemos de guardar fidelidad a nuestro  Señor y fundador. Cuando el Papa Benedicto XVI anunció su renuncia al pontificado, una de las preguntas que le hicieron fue ¿qué pasaría ahora con la Iglesia? A lo que él, muy acertadamente respondió que la Iglesia no es suya, es de Cristo, y que él se encargaría de seguir llevando y guiando a su Iglesia por buen camino en medio de los embates que siempre ha padecido.

  En el continente europeo, más específicamente en Alemania, hemos venido escuchando afirmaciones, comentarios, sugerencias y hasta determinaciones por parte de la Conferencia Episcopal Alemana, -aunque no todos los obispos-, y algunos sacerdotes, sobre el asunto de aceptar que los divorciados vueltos a casar tengan acceso a la comunión sacramental aun sin haber anulado su anterior matrimonio; también un obispo llegó a afirmar que los homosexuales mientras más sexo tengan entre ellos, más santos serán; otra es que una gran parte de los obispos alemanes quieren permitir el acceso a la comunión sacramental de los luteranos casados con católicos. A esto, el Cardenal Gerhard Müller ha dicho que esta propuesta no puede contradecir la fe católica. Y la última es que el cardenal-arzobispo Marx, obispo de Múnich,  se opone a una determinación del primer ministro a que en los edificios públicos se ponga la cruz, porque dice que esto provocaría animosidad, divisiones y disturbios públicos; y el Cardenal arzobispo de Bélgica Jozet De Kesel, ha afirmado que a las parejas  homosexuales y lesbianas se les dé una especie de bendición simbólica a su relación pecaminosa, ya que la Iglesia debe respetar más a estas personas y su experiencia de la sexualidad. ¿Y entonces? ¿Qué está pasando? ¿A dónde queremos ir? Europa viene caminando por muchos años en una profunda descristianización y sumergiéndose en una islamización, y Alemania está muy a la delantera en esto. ¿A dónde quieren estos obispos y otros más llevar a la Iglesia de Cristo? Quieren acomodarse al mundo contraviniendo la misma enseñanza del Maestro y Señor. La Iglesia de Cristo no puede acomodarse al mundo. El Cardenal Eijk, de Holanda, ha dicho que la práctica de la Iglesia se basa en la fe y la tradición y no en el consenso de las mayorías; y esto corrobora lo que el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica Gaudete et Exultate, dijo al denunciar las modernas herejías del gnosticismo y pelagianismo. La Iglesia y sus miembros debemos de ser sal y luz para mundo, como lo enseñó y mandó el mismo Cristo; y además dijo que nosotros estamos en el mundo, pero no somos del mundo, y pidió a su Padre para que nos proteja del mundo. Lo que va a mantener a la Iglesia a flote en medio de toda esta tempestad es en la medida en que permanezca fiel a su Señor. Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI y ratificado por el Papa Francisco: “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción, por su fidelidad a Cristo y a su evangelio”. No es verdad que la gente quiere una Iglesia a tono con el mundo y sus pompas, una Iglesia dizque moderna. Quiere y anhela una Iglesia fiel, verdadera y que sea camino de santificación para todos. No se trata de provocar escándalo cambiando la enseñanza y doctrina cristiana ni de querer una Iglesia a nuestra imagen y semejanza.

  Debemos de seguir pidiendo a Cristo por la unidad y fortaleza de su Iglesia, y que la mantenga en la fidelidad. Tenemos que permanecer adheridos a él si queremos dar frutos abundantes y buenos; permanecer en su amor, en su palabra: “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. Y lo que nos mandó fue predicar su evangelio y enseñarles a las gentes a cumplir todo lo que nos dejó como enseñanza de vida, santificación y salvación.