jueves, 23 de abril de 2020

Se acerca la fecha límite


  Como ya sabemos, llevamos más de un mes en confinamiento domiciliario. Este confinamiento se ha asumido por los gobiernos de los países como una de las medidas para ayudar a contrarrestar la propagación del virus. Pero lo cierto es que dicho confinamiento, en realidad, no detiene el avance del virus; más bien hay quienes ven en la aplicación de esta medida una manera de mantener encerrada y controlada a la población, y como una violación a derechos fundamentales. Ya hay gobiernos que han tomado la decisión de ir terminando con el confinamiento domiciliario gradualmente y creo que esta medida la debemos de ir pensando también otros. Se me podría decir o alegar que en esos países la situación de la pandemia está mejor controlada porque tienen un sistema de salud y de conciencia en la población mucho más elevado que nosotros. Tienen razón. Pero tampoco creo que sea ese el parámetro que nos lleve a medir a todos por igual. De hecho, no importa que un país tenga un sistema de salud avanzado más que otros, porque el eso al virus no le importa; tanto la población de países desarrollados como en vía de desarrollo, se contagian y enferman por igual; el virus mata a cualquiera por igual sin importarle que viva en un país desarrollado o subdesarrollado.

  Por otro lado, desde hace semanas se viene cacareando el tema de que aquí en nuestro país aún no hemos llegado al famoso “pico o curva” del virus y que, por lo tanto, debemos de continuar en confinamiento. Pero la pregunta es: ¿y cuándo va a llegar ese pico o curva? Y ese pico, ¿tiene número? ¿Cuántos tiene que morir e infectarse para saber o dar como valido ese pico? Hay quienes hasta han dado fechas: unos dicen que a principio de mayo o a mitad, otros hablan de agosto, septiembre, octubre, etc. A ciencia cierta no se sabe cuándo llegaremos a ese famoso pico o curva. De hecho, en ningún país, ni si quiera los más desarrollados, se ha podido establecer ese pico. Lo que han ido haciendo es ir enfrentando en el día a día la lucha contra este virus y por eso es que hemos escuchado el que día a día el número de contagiados baje o suba, igual que los enfermos, así como los fallecidos y recuperados. Esto ha llevado a que ya en algunos países hayan tomado la decisión de ir pensando en reactivar gradualmente la vida social y productiva.

  Aquí en nuestro país, llevamos más de un mes en este confinamiento domiciliario con sus excepciones. Se sigue señalando la poca conciencia que está manifestando gran parte de la población de que no acate estas recomendaciones y por eso nos encontramos con que hay muchas personas en las calles, tratando de realizar sus actividades de abastecimiento alimentario, ir a los bancos, hacer ejercicios físicos al aire libre, etc. La fecha de prolongación del confinamiento se ha ido extendiendo con el paso de las semanas. Estamos llegando al final de otra fecha más para terminar con el confinamiento, pero desde ya se están haciendo consultas por las redes para ir sopesando la visión de la gente con respecto a que si el confinamiento debe seguir o debe de terminar; ya las autoridades civiles están haciendo lo suyo al respecto y el presidente ya ha dicho que aún lo más difícil de la pandemia está por venir, ¿anja? ¿y cuándo va a llegar? Y, como se ha de esperar, ya está concitando la opinión de mucha gente de que el confinamiento debe continuar. Es decir, ya se está preparando a la población para que, llegada la fecha límite del confinamiento, se prolongue por un par de semanas más; ósea, no nos sorprenda el que dos días antes del 30 se nos diga que el confinamiento continuará hasta el 15 o 20 de mayo; y así sucesivamente.

  Para algunos la cuarentena le ha asentado muy bien porque han tenido tiempo para la reflexión, estar con ropa muy cómoda, tomándose un café, un té y hasta un traguito de ron, whisky, vino; un tiempo de vacaciones y paz. Otros están viendo o pensando qué tipo de mascarillas, guantes, desinfectante usarán como método más efectivo de prevención; otros están desempolvando cosas que ni se acordaban de que tenían en sus casas, deshaciéndose de lo superfluo y lo que es basura; otros se la pasan en pura criticadera a las autoridades y otros se aferran más a la práctica religiosa para poder mantener su paz y estabilidad emocional… y tantas cosas más que están pasando. No hay un criterio uniforme. Todos tenemos nuestra opinión y visión de la situación. Pero en medio de todo, tenemos que buscar un equilibrio.

 Según un estudio de la universidad de Harvard, publicado en la revista científica Science de abril de este año 2020, sugiere que el distanciamiento social podría mantenerse hasta el 2022: dice que el esfuerzo único de aislamiento como el que se está realizando en muchos países del mundo no detendrá la transmisión del virus, y que el mismo será estacional, como los otros coronavirus estrechamente relacionados que causan el resfriado común, con tasas de transmisión más altas en los meses más fríos. Es decir, lo he dicho y lo repito: este virus llegó para quedarse y lo que nos queda es aprender a convivir con él protegiéndonos lo mejor que podamos sabiendo de que esto mismo no es garantía de que no nos contagiemos y enfermemos. ¿Qué es lo razonable: que se aíslen los enfermos y los sanos? O ¿Qué se aíslen los enfermos y, los sanos salgan a producir, a trabajar? Es a los enfermos que hay que aislar y proteger a los más vulnerables, como los ancianos; y también de los sanos que se vayan enfermando aislarlos y ayudarlos a sanar. Se me puede alegar de que yo estoy fijándome más en el tema económico antes que en el humano. Y es que la economía no son sólo nada más números. Resulta que por la economía es que nosotros somos capaces de llevar el pan a la mesa, y otras cosas más. Hay que estar claro en esto: alimento de sobra hay para la población; lo que está escaseando o se está acabando es el dinero para comprar los alimentos, y se está acabando porque hace más de un mes que no se está produciendo; y cuando el dinero se acabe, ¿qué es lo que va a suceder? Pues que la gente se tirará a las calles a buscar a como dé lugar el sustento de los suyos y eso implica el saqueo a todo tipo de comercio y entonces sí se le presentará a las autoridades una situación de ingobernabilidad difícil de controlar. Y no digamos ya de los antisociales que se están dedicando, en medio de la pandemia, a asaltar y robar a los transeúntes. Ahí están los hechos. La miseria económica es hambre, es conflictividad social explosiva, es mala salud, es menos dinero para sanidad. Que el gobierno puede solventar o facilitar algunos recursos para ayudar a apaliar esas necesidades, sí; pero recordemos que el gobierno usa el dinero que recibe por los impuestos; no es dinero de su bolsillo que otorga.

  ¿Qué hacer ante todo esto? ¿Qué es lo correcto o lo más prudente? ¿Qué es lo que más conviene al bienestar común? ¿A quién le vamos o tenemos que hacerle caso? ¿Hasta dónde aguantaremos este confinamiento, sin pensar en que los recursos económicos se nos están acabando y las empresas ya no podrán seguir pagando sueldos, mientras otras empresas están suspendiendo trabajadores? Hay mucha gante que sigue viendo sólo lo que se nos está representando en el escenario sobre esta obra. Muchos están siendo presa del miedo, del pánico, del estrés, la angustia, la desesperación, la depresión, el sufrimiento… pero también de la comodidad, del ocio, de la haraganería; hay quienes están engordando sin más y otros están luchando por mantenerse en el peso ideal; hay otros que están estudiando desde la comodidad de su casa, pero sin tener contacto físico, etc. Para algunos, el confinamiento es prevención; para otros, es dictadura.

  ¿Saben qué? ¡Pues los enfermos al aislamiento y los sanos a trabajar! Y cuidémonos todos lo mejor que podamos. En las cuarentenas racionales, sensatas, se aísla a los enfermos, no a los sanos. Dios nos envía la lluvia a todos y usamos el paraguas para mojarnos lo menos posible; pues así mismo: nos llegó este virus, pues protejámonos lo más y mejor que podamos.


martes, 21 de abril de 2020

Mi opinión


  Antes que nada, quiero dejar en claro que no es mi intención hacer un análisis exhaustivo de esta pandemia y sus consecuencias que estamos viviendo, como tampoco pensar que lo que voy a decir es lo único o como si fuera palabra de Dios. Sé que el que lea estas ideas podrá tener sus diferencias de opinión, podrá no estar de acuerdo o, también podrá enriquecerlas con las propias o ver la situación de otra manera, etc., (aunque, una cosa es no estar de acuerdo con lo expresado aquí, y otra cosa es afirmar que lo que aquí expreso sea mentira). Lo bueno de esto es que nos da la oportunidad de reflexionar sobre esta situación. Pues así invito a quien lo lea, que pueda aportar esas ideas propias y juntos poder tomar conciencia de buscar y provocar lo mejor para nuestra sociedad en todos los ámbitos en que nos desarrollamos.

  Como ya sabemos, la humanidad está viviendo una situación difícil con esto del coronavirus o covid19, - o hay quienes lo prefieren llamar con su nombre original de SARS 2.0 -, puesto que este virus ya tiene varios años de existencia y tiene variaciones, cada una de ellas más peligrosa que la anterior, siendo esta última la más peligrosa, según los expertos bioanalistas y epidemiólogos, y otras personalidades de ciencia.

  Para mí, esta situación del virus yo la contemplo desde dos perspectivas o dos partes. La primera me la imagino como si estuviéramos en una obra de teatro: esta el escenario donde se nos está representando la obra con un número de actores muy reducidos; y los demás, -que somos la inmensa mayoría-, estamos de público. En el escenario se nos están representando las causas de esta pandemia: dónde se originó, por qué salió el virus, el número de infectados que hay, también el de los contagiados, el número de los que han fallecido (por día), las medidas que están tomando las autoridades de cada país para contrarrestar el virus: como son los recursos, insumos médicos, medidas económicas, la cuarentena, etc. Y esto es lo que la mayoría estamos viendo y todo esto nos está provocando diferentes reacciones, sobre todo, de sorpresa, miedo, pánico, desesperación, impotencia, dolor, tristeza, sufrimiento, incertidumbre, depresión, angustia, ansiedad, etc.

  Yo he querido, decidido más bien, no quedarme con lo que se nos está representando en el escenario ya descrito, sino que estoy haciendo el ejercicio de ver lo que hay detrás del escenario para tener una visión más completa o detallada de esta obra. En lo personal me he puesto a darle seguimiento a los análisis de expertos científicos bioanalistas, - así como de expertos analistas internacionales de renombre -, que han emitido su opinión al respecto de cómo se está manejando la situación: detrás del escenario podemos ver y escuchar quién o quiénes están detrás del origen y propagación del virus, qué es lo que en realidad se está buscando con el mismo, cuáles son las reales intenciones que un grupito de poderosos buscan con esto (y no es ninguna teoría de la conspiración); de hecho, se mencionan nombres específicos de los más grandes millonarios, instituciones farmacéuticas, fundaciones, organismos internacionales que tienen su cuota de responsabilidad en esta pandemia. Se resalta también el accionar de varios gobiernos, sobre todo, el del presidente de los Estados Unidos, como el primer abanderado de enfrentar a este grupo de poderosos que están detrás de la pandemia.

  Esta pandemia no es la primera ni será la única que enfrentará la humanidad. De hecho, en años y siglos anteriores, ya la humanidad ha experimentado estas cosas; pensemos en la pandemia de la llamada “fiebre española” (que no es muy correcto el nombre) de 1918. Pero, lo cierto es que la humanidad tiene que aprender a vivir con un virus más en su historial, como lo ha hecho con el Ébola y la gripe H1 N1. Es decir, al igual que estos virus, pues también el Covid19 llegó para quedarse.

  Entre las medidas adoptadas por las autoridades, está el punto del confinamiento domiciliario que, en cada país se ha aplicado de manera diferente: en unos está siendo más estricto que en otros, a tal grado que, tenemos el caso de Filipinas donde su presidente dio la orden al cuerpo del orden de que tirara a matar a quien estuviera en las calles sin ninguna justificación. Esta medida del confinamiento se ha tomado como preventiva para ayudar a que el virus no se siga propagando, evitando las aglomeraciones de personas en lugares públicos como parques, teatros, centros comerciales, espectáculos públicos, iglesias, etc.

  En lo que respecta a nuestra realidad dominicana, este confinamiento domiciliario, se ha implementado en un horario específico de 5pm a 6am, dejando un espacio para que las personas puedan realizar algunas acciones o actividades que se consideran necesarias o indispensables, como, por ejemplo, el abastecerse de alimentos. Claro que, también se ha establecido con sus respectivas excepciones para que personas e instituciones gubernamentales y privadas sigan ejerciendo su trabajo en beneficio de la población, como lo son las empresas que tienen que ver con el abastecimiento de alimentos y combustibles, centros de salud. El tema aquí es que, este confinamiento domiciliario, - por una actitud de inconciencia e irresponsabilidad en un alto porcentaje de la población, y de falta de educación por otro -, no se está cumpliendo como debe de ser. Se han escuchado voces de diferentes actores o personalidades llamando a la conciencia de la población para que se queden en sus casas si no tienen que salir necesariamente a la calle o, también pidiendo el que las autoridades apliquen el confinamiento por 24 horas. Si es verdad que estar confinados en las casas puede ayudar a que el virus no se propague tan rápido, no es menos cierto que el mismo confinamiento no es solución al mismo. Hay casos en los que personas se han contagiado sin haber salido de su casa porque el virus tiene sus formas de propagación. Además, la realidad de nuestra sociedad dominicana no permite que seamos sometidos a un confinamiento tal ya que, un gran porcentaje de nuestra población es de clase baja, pobre, sin recursos o recursos muy limitados, y tienen que comer en el día a día. Es decir, tienen que salir todos los días a buscar el sustento de sus hogares porque no disponen de una despensa que puedan abastecer por una o dos semanas, a diferencia de otras familias que sí pueden. Si esta medida se aplicara por parte del gobierno, el problema social que se provocaría sería de magnitudes insospechadas porque de seguro que provocaría el que la gente saliera a las calles a sequiar comercios, tiendas, locales, etc., porque una población hambrienta no habría manera de reprimirla y mucho menos con balas, ni las cárceles fueran suficientes para apresar y tener una cantidad de personas que sería inmanejable (ejemplos ya los tenemos en otros países latinoamericanos actualmente). Creo que lo que tenemos que seguir exigiendo a las autoridades es que sean más estrictas en la aplicación de las mediadas (sin caer en abusos), y también que se enfoquen en dar las respuestas idóneas que la población necesita ante esta pandemia. Esta situación epidemiológica lo que ha venido a poner en evidencia son las limitaciones y precariedades, que tiene nuestro sistema de salud y educación. En realidad, no estamos preparados para enfrentar en lo más mínimo una pandemia de tal magnitud. El mismo gobierno no ha sabido enfrentar con decisión la tragedia; en muchos casos no ha querido recibir ayuda o dejarse ayudar; hay personas que han asumido una acción de colaboración que en realidad es el gobierno que debe de hacerlo; y claro que esto no ha sido por una real labor altruista, sino buscando otros intereses.

  En lo que respecta a la parte religiosa, ya sabemos que nuestras autoridades, nuestra jerarquía se ha sumado a llamar a sus feligreses para que asuman su responsabilidad en ayudar a la no propagación de esta pandemia. Se tomó la decisión de cerrar los templos para no provocar aglomeración de personas en los mismos; no hay ningún servicio religioso ni de oficina en las iglesias; implementándose así el uso de las celebraciones cibernéticas o por otros medios de comunicación, como la televisión y la radio. Esto ha venido a ayudar un poco a nuestra feligresía a que se mantenga en contacto con la Palabra de Dios y la misa. Pero, aun así, esto no ha dejado de provocar el que los mismos feligreses estén manifestando y, a veces es como queja, de que se debería ya dar el paso de, por lo menos, permitir la reapertura de los templos para participar de la misa. Y yo creo que ha llegado el momento de que nuestra jerarquía eclesiástica vea esa posibilidad. De hecho, ya hay algunos obispos de otros países que en sus respectivas diócesis han tomado la decisión de reabrir los templos para celebrar la misa con pueblo tomando en cuenta aplicar las medidas recomendadas por las autoridades para que el virus no se siga propagando, como son: el distanciamiento entre cada persona, el suprimir el gesto de la paz, el dar la comunión sacramental en la mano, aumentar el número de celebraciones el día domingo para evitar el aglomeramiento de personas, el que los fieles asistan al templo con mascarillas y guantes, etc. Creo que nuestros obispos deberían tomar como ejemplo estas medidas de otros obispos para implementarlas aquí. Es ir implementando medidas poco a poco. Nuestros feligreses necesitan participar, vivir en presencia física la vida comunitaria, eclesial, sacramental de la misa con la comunión, la administración del bautismo, la confesión sacramental y la unción de los enfermos. Necesitan ya recibir esa gracia santificante de una manera presencial.

  Según los expertos bioanalistas, -aunque no todos coinciden -, esto no se sabe con exactitud cuándo pasará. El confinamiento se ha venido extendiendo, y ya tenemos más de un mes en esto y cuando se aproxima la fecha conclusiva del mismo, par de días antes se da la noticia de que se prolongará por dos semanas más. Hay quienes han vaticinado el que podríamos llegar a los meses de agosto, septiembre y octubre confinados. Yo me pregunto: ¿Quién aguanta estar confinado hasta esas fechas? Además, ya tenemos muchos casos de personas que se han suicidado, han caído en depresión por el hecho de que no saben manejar toda esta situación de información y medidas preventivas y esto está complicando más la misma.

  Creo que las autoridades tendrán que asumir o ver la manera de ir cediendo en cuanto a las medidas de confinamiento. Estamos acercándonos o llegando al límite de aguante de la población. La gente se está desesperando y llegará el momento en que ya no soportarán estar un minuto más en su casa. Hay países en la que la población ya está tirada a las calles y no están en actitud de dejarse someter por desobediencia civil. Creo que las autoridades tendrán que ir dando pasos para reactivar la vida social y económica porque estamos llegando al límite y los gobiernos tampoco tienen recursos económicos infinitos para soportar esto. El gobierno se nutre de los impuestos que cobra al empresariado, del turismo y otras áreas de la producción. Las empresas ya están en el límite y los empleados no recibirán sueldo si no hay producción, si no trabajan. El presidente de los Estados Unidos ya ha comunicado que a partir del 1 de mayo se reactiva la economía del país, y me imagino que esto será seguido por otros gobiernos. Ya sabemos que la vida de la humanidad no volverá a ser igual a partir de esta pandemia y tendremos que aprender a vivir con ella asumiendo las acciones que ayuden a prevenir futuros contagios. Tendremos que volver a las calles, a los trabajos, a las escuelas, a los templos, a los parques, a las playas, a los campos, a las montañas, a los viajes al extranjero (cual sea el motivo), y quien se contagie y enferme del virus que vaya al hospital o clínica para ser atendido buscando sanación y quien no rebase la enfermedad, pues que Dios lo acoja en su gloria.

  Fíjense que no abundé en cuanto al tema político de nuestra sociedad dominicana como tampoco al tema económico desde esta pandemia para no extenderme. Creo que eso lo pueden hacer otros con más objetividad y certeza que yo. Estamos en una situación en que TODO es coronavirus; no se habla de otra cosa que no sea coronavirus; también cualquier persona que muere inmediatamente se pregunta si fue por el coronavirus y no por otras causas; el coronavirus ha tapado u opacado otras cosas que están sucediendo en nuestra vida diaria: en lo político, cultural, económico. En medio de la pandemia, el banco central dominicano solicitó al FMI un préstamo de 650 millones de dólares; el gobierno dominicano pagó una deuda con el consorcio Odebrecht de 395.5 millones de dólares por la construcción de la planta de Punta Catalina para evitar un arbitraje.

  No hay dudas de que estamos atravesando un valle de lágrimas con esta pandemia, pero debemos tener la certeza de fe y esperanza en Dios de que la superaremos. Pero tendremos, - y de hecho ya lo estamos haciendo -, que pagar un precio muy alto por nuestra tozudez de no querer aprender por las buenas y de esa actitud de querer dominarlo todo y no depender de nadie y mucho menos de Dios. Ya lo dice el dicho popular “Dios aprieta, pero no ahorca”; y su palabra nos dice que “Dios reprende a quien ama”. El reprendimiento es duro, pero necesario, y es signo del amor de Dios por sus hijos porque quiere que cambie de actitud y vuelva a él, ya que no quiere su condenación ni perdición, sino que cambie de conducta y que viva.


martes, 10 de marzo de 2020

El sacerdote: hombre de un solo amor.


“Tu corazón ya no es tuyo. Si lo diriges a otra parte, no será alegre. Si lo distraes, se sentirá insatisfecho. Si lo llenas de criaturas, quedará decepcionado. Tu corazón ya no es tuyo. Ya no te pertenece” (anónimo).



  Muchas veces o por lo común, se ve a la persona del sacerdote como si fuera un extraterrestre; un ser que está desafanado de este mundo; que a lo mejor no sabe dónde está pisando, etc. Estas no son más que visiones o pensamientos totalmente fuera de la realidad. Otras veces se le ve al sacerdote como si fuera un frustrado, -sentimentalmente hablando-, y hasta decepcionado, que no le queda más remedio que adentrarse en un camino, –como es el sacerdocio ministerial-, para que pueda vivir o sacar sus más profundas frustraciones amorosas. Todo esto, volvemos a decir, es falso. De hecho, el sacerdote es un hombre normal, que ha decidido tomar su opción por un amor que para él lo llena todo, tal y como lo dijo el Maestro de Nazaret: “todo el que deje casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna” (Mt 19,29). Para el sacerdote no hay más tesoro preciado y valioso que éste.

  Ahora bien, este desprendimiento exige fidelidad. Esta fidelidad es lo que podríamos decir que es expresión de ese único amor al que el discípulo está llamado a poner en práctica. El Maestro de Nazaret es exigente y radical; su amor es único, exigente y radical; es Él que nos ha amado primero para que después lo amemos a Él. Y es que el sacerdote es llamado a una vida normal. Este amor no puede tener nada que lo obstaculice para que pueda ser dado sin condicionamientos. Por eso es que el discípulo, apóstol, sacerdote se consagra completamente para Dios y asume como estilo de vida el celibato: “hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron a sí mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender que entienda” (Mt 19,12). Y es que el celibato no se entiende sin relación al Reino de Dios. Este es el verdadero y único sentido del celibato; por eso se habla del “celibato por el reino de los cielos”; no es celibato sin más. Lo que le da sentido a este don es precisamente el sentido trascendente referido al reino de los cielos. Así, el discípulo, apóstol, sacerdote está dispuesto completamente a su entrega permanente y diaria a Dios. El único horizonte en el que resulta posible situar el camino del celibato es el del amor. El celibato es una entrega por amor. No es una huida de una realidad hostil o considerada difícil y engañosa. Se trata de un camino privilegiado para llegar al amor. Y es que Dios se nos presenta como el Amor que atrae hacia sí todo el ser y toda la existencia del célibe, atrae todas las pasiones, hasta las más ocultas y profundas.

  El celibato es un don que el llamado recibe del que lo ha llamado para que pueda amarlo totalmente. Esta vocación convierte a Dios en el único por completo, donde otro amor humano queda excluido cuando se lo trata de absolutizar. Pero este amor no es egoísta; es el Amor que se abre y se da a los demás. Se puede tener muchos amigos y muchos hermanos, pero sólo un Amor. En este sentido, el Amor en el celibato por el reino de los cielos debe ser exclusivo. La dignidad del celibato consiste en su expresión del amor exclusivo al Señor. Por eso es que si el discípulo, apóstol, sacerdote perdiere de vista este sentido exclusivo y trascedente del celibato, su ministerio no tendría sentido. De hecho, hay que recordar que con su estilo de vida celibataria, el sacerdote anuncia ya en este mundo el estilo de vida futuro: “pues en la resurrección, hombres y mujeres no se casarán, sino que serán como ángeles de Dios en el cielo” (Mt 22,30). Y es que el celibato, en nuestro mundo tan erotizado, puede convertirse, y de hecho lo es, en una realidad inquietante y provocadora. Ha habido muchos intentos, tanto desde fuera como desde dentro de la Iglesia, por anular o suprimir el celibato sacerdotal señalándolo como causa de muchos males (abusos sexuales); pero es que darse al Señor significa vivir, luchar, desear, actuar, soportar en virtud del único amor.

  Cuando el sacerdote asume el celibato por el reino de los cielos, es porque ha encontrado un tesoro muy superior, y que puede renunciar a un amor humano porque existe un Amor más grande, y que ese amor es de tal manera grande que es el único que merece la pena dar la vida por él. No hay más que un amor por el que vale la pena entregar la vida. Así, hay un único significado para la vida del sacerdote célibe: dejarse amar por Dios, buscarle y amarle de todo corazón.

¡Estamos en Feria!


  Así es hermanos, estamos en el mes de nuestra Feria del Libro Católico; evento que ya es tradición y muy esperado, no sólo por nuestros fieles, sino también por el público en general. Y es que, aunque es un evento de nuestra Iglesia Católica, se ha convertido en un evento para todos los que esperan encontrar un buen libro para leer y fortalecer el espíritu, así como participar de las diferentes actividades que se realizan en la misma ya que son para toda la familia. En nuestra feria del libro católico lo que queremos hacer es que la Palabra de Dios se siga anunciando, predicando y proclamando para que pueda ser recibida en cada corazón como terreno fértil donde ella pueda germinar. Que agradable y satisfactorio es saber y enterarnos de que ya para estas fechas se nos acercan muchas personas para preguntarnos sobre este evento y cuál será su contenido. Pero siempre nos quedamos en el factor sorpresa; no nos gusta adelantarnos sin antes tener la seguridad de lo que hemos planeado para cada ocasión; ya cuando está todo asegurado, es entonces que ya después se elabora todo el programa de la Feria y se da a conocer por los medios de comunicación televisivos, radiales, escritos y las redes sociales, así como con la colaboración de cada persona que se convierte en un promotor de este evento. Siempre nos esforzamos por dar lo mejor en cada Feria, ya que cada año es diferente y lo hacemos siempre con la intención de estar acorde con lo que está sucediendo en la actualidad y, sobre todo, hacer la planeación de acuerdo con el camino que está recorriendo nuestra Iglesia universal y particular en la República Dominicana. Queremos así estar, -como diría nuestro querido monseñor Amancio Escapa, - a quien esperamos que Dios tenga en su gloria -, en sintonía con la Iglesia.

  El lema que hemos escogido para esta edición trigésimo-primera de nuestra Feria es “La buena lectura desborda de sabiduría el alma”. Y es que esto es tan cierto que, el mismo Dios quiso que su Palabra quedara escrita de manera permanente para que nosotros tuviéramos acceso a ella siempre. Esa Palabra de Dios que es Palabra de vida, de fortaleza, de gracia y de verdad que nos reveló en su Hijo muy amado Jesucristo, su predilecto. Estamos llamados por el mismo Dios a buscar y llenarnos de su sabiduría. En el libro del profeta Nehemías 8,8 se nos dice: “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”; y san Pablo escribirá en 1Tim 4,13: “Entre tanto que voy, ocúpate de la lectura, la exhortación y la enseñanza”. Fijémonos que no es cualquier lectura. Es la lectura nada más y nada menos que de las Sagradas Escrituras; la lectura del libro de la vida, de la verdad, de la sabiduría. Por eso hemos resaltado de que se trata de la “buena lectura”. Y es que hay otras lecturas que ciertamente no son para nada buenas. Hay lecturas que destruyen, que no edifican, que no fortalecen; nosotros promovemos, anunciamos y predicamos la lectura de la Palabra de Dios, la que nos da y llena de sabiduría, del conocimiento de Dios, tal y como lo especificó el mismo Señor: “Entonces respondió Jesús y les dijo: Están equivocados por no entender las Escrituras ni el poder de Dios (Mt 22,29)”. Pues es el mismo Jesús el que nos insta a acercarnos y leer, estudiar y aplicar la Palabra de Dios a las situaciones de la vida diaria con coherencia, ya se trate de tentaciones, pruebas o triunfos.

  Por esto, la buena lectura de la Palabra de Dios nos lleva a conocer a Dios; conocer a Dios es conocer la sabiduría divina que lo impregna todo, toda nuestra existencia, todo nuestro ser. La buena lectura de la Palabra de Dios nos lleva a vivir y actuar de manera correcta; a caminar por el sendero correcto de nuestra fe que nos lleva a Dios-Padre; a no caer en errores doctrinales; para enseñarles a los demás la verdad que nos hace libres y verdaderos discípulos de Cristo. La buena lectura de la Palabra de Dios nos da sabiduría para saber vivir con autenticidad nuestro ser cristiano y filiación divina; la buena lectura de la Palabra de Dios nos da la sabiduría para saber usar la autoridad que Dios participa a los padres, pastores y autoridad civil para que podamos ejercerla según su voluntad, porque es una palabra poderosa, útil para enseñar, exhortar, corregir, amonestar, guiar, construir, edificar. Es la palabra de Dios que inspira a tantos hombres y mujeres para que plasmen sus ideas con la luz de la verdad.

  Sean todos bienvenidos una vez más a su Feria del Libro Católico. Esta es su casa, y este es su evento. Vengan a compartir con nosotros estos días de fiesta educativa, esparcimiento, entretenimiento, fraternidad y fortaleza en la fe. Que el mismo Dios y nuestra Madre del cielo sean nuestros pilares en todo este caminar fraterno y eclesial.



Bendiciones.

jueves, 27 de febrero de 2020

Homilía jueves después de ceniza (27-2-2020)


  Haciendo una analogía con el deporte, nos damos cuenta de que en el año las diferentes disciplinas se realizan o tienen temporadas en las que se intensifican más. Es decir, no todo el año se juega beisbol ni futbol ni basquetbol. Hay unos meses en el año en el que estas disciplinas se intensifican más. Pues así mismo sucede con nuestra vida espiritual, cristiana, de fe y eclesial. Durante el año, la Iglesia nos propone unas temporadas intensas para que podamos fortalecer nuestra vida espiritual. No es que fuera de estas temporadas fuertes de práctica religiosa no vivamos o practiquemos nuestra vida cristiana, sino más bien son como tiempos fuertes que se nos proponen para profundizarla y fortalecerla. En palabras del apóstol san Pablo: “son tiempos propicios”. Y esto es la cuaresma: un tiempo propicio para profundizar y fortalecer nuestra vida espiritual, cristiana, de fe y eclesial. La cuaresma y la semana santa tienen su sentido en la Pascua de resurrección.

  Basándonos en la palabra de Dios, y sobre todo en el Evangelio, se nos proponen como medios para lograr este fortalecimiento el ayuno, la oración y la limosna. No son los únicos medios para lograrlo, sino que más bien son como los medios básicos para poner en práctica. A estos medios ya conocidos por nosotros, podemos y debemos añadir otros que también son de gran ayuda. Podemos mencionar, por ejemplo: que lo primero que debemos de tener es una “actitud cuaresmal”. Tenemos que fortalecer la práctica del ayuno. El ayuno cuaresmal tiene y persigue un fin: renunciar a algo que se interpone entre Dios y yo; renunciar a algo que me está estorbando para que Dios tome plenamente posesión de mi corazón; es poner a Dios en el centro. No se trata de ayunar para rebajar las libras que tengo de más, sino para fortalecer nuestra vida espiritual y unión con Dios.

  Como segundo medio está el acercarnos con más asiduidad a la Palabra de Dios. Recordemos que la Palabra de Dios no es nada más un conjunto de letras que contienen un bonito mensaje; sino más bien que esa Palabra es una persona, la persona de Cristo. Cristo dijo que su palabra es palabra de vida y que todo aquel que la escuche y la ponga en práctica ese es su hermano, su hermana y su madre; que sería dichoso, feliz, bienaventurado todo aquel que escuche su palabra y no se sienta defraudado de él. Cada vez que nos acercamos a la Palabra de Dios, al evangelio, nos acercamos a la persona de Cristo, en un diálogo de fe y confiado; es estar a los pies del Maestro escuchando su enseñanza para dejarnos iluminar por ella. La Palabra de Dios nos cuestiona, nos interpela, nos pone en acción, nos compromete.

  Un tercer medio es el que tenemos que renunciar a algo para así unirnos más a Dios. No se trata de renunciar a cosas superfluas; cosas que incluso no necesariamente nos llevan o conducen a Dios: podrán llevarnos a enflacar, a fortalecer la voluntad, etc. Pero, preguntémonos ¿qué le puedo ofrecer a Dios en esta cuaresma para que él sea el protagonista en mi vida? Aquí podemos añadir el dar limosna, no de lo que nos sobra, -que sería muy fácil-, sino dar de lo que tenemos. Siempre, a nuestro alrededor, hay personas que necesitan más.

  Un cuarto elemento que nos ayudaría a vivir con intensidad esta cuaresma es el sentirnos Iglesia. No se trata nada más de participar en las actividades de la Iglesia. Recordemos que la Iglesia somos cada uno de nosotros, cada uno de los bautizados. Cristo dijo que si le abrimos nuestro corazón, el Padre y él vendrían y harían su morada en nosotros; y esta morada se da por medio del Espíritu Santo. Es decir, nos convertimos en una especie de sagrario de la presencia permanente del Dios Trinitario. No nos conformemos sólo con participar de las actividades de la iglesia, de nuestro grupo o movimiento, sino que seamos parte de las actividades de la iglesia: “¡Yo soy Iglesia! ¡Tú eres Iglesia!”

  Cultivemos la bondad del corazón, ¿cómo? Pues aprendiendo a mordernos la lengua para no hablar mal ni hacer críticas mordaces de nadie, porque eso es faltar a la caridad. Ya san Pablo nos advirtió con respecto a esto cuando habló del “látigo de la lengua”. Es esforzarnos cada día para ver lo bueno que hay en el otro, en mi prójimo; y que así también lo hagan conmigo. Recordemos que Dios, al crearnos, nos creó buenos. Pues dejemos salir, testimoniar esa bondad interior.

  Y, por último, podemos mencionar como un elemento esencial, vivir la cuaresma con sentido mariano. Caminar esta cuaresma de la mano de María. Ella también vivió en su momento y en carne propia la cuaresma; ella recorrió el camino hacia el calvario junto a su hijo; ella nos acompaña y quiere guiarnos a conocer a Cristo; quiere enseñarnos el sacrificio, nos quiere enseñar a orar. María tiene y quiere ser protagonista, junto a nosotros, en esta cuaresma. Ella no defrauda a sus hijos.

  El camino cuaresmal es también camino de la cruz. Ya lo leemos en el evangelio del jueves después de ceniza: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi”. El cristianismo no se puede entender sin la cruz. ¡Es tomar la cruz de cada día! El cristianismo no es para los cristianos haraganes ni flojos; cristianos que viven sin un sentido del sacrificio. El camino de la cruz no quiere cristianos tibios, cristianos que no asuman la mortificación, de todo aquello que de alguna manera suponga sacrificio y abnegación. El cristiano que abandona la mortificación queda atrapado por los sentidos y se hace incapaz de un pensamiento sobrenatural. Sin espíritu de sacrificio y de mortificación no hay progreso en la vida interior. La mortificación solo produce tristeza cuando sobra egoísmo y falta generosidad y amor de Dios. El sacrificio lleva siempre consigo la alegría en medio del dolor, el gozo de cumplir la voluntad de Dios y de amarle con esfuerzo.

  Hoy estamos celebrando el 176 aniversario de nuestra independencia nacional. Pero esta fiesta nacional, hoy la estamos celebrando no el mejor de los ambientes, sino que nos ha encontrado viviendo una situación de crisis política que, como se ha dicho, nunca la habíamos vivido. Nuestra nación, que fue fundada en los valores y principios cristianos, hoy estos mismos principios se encuentran pisoteados y en franco ataque permanente para borrarlos de nuestra memoria histórica e identidad cultural. Desde hace tiempo ya, se vienen dando pasos para quitar toda señal de cristiandad que nos identifica como nación libre y soberana.

  Hoy nuestra sociedad dominicana está cayendo cada vez más en un relativismo moral, como denunciara una vez el papa Benedicto XVI: “La gran crisis de la humanidad hoy en día no es financiera, sino más bien, una gran crisis moral”. Y el papa san Juan pablo II dijo: “Es el riesgo de la alianza de la democracia con el relativismo ético que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad. En efecto, si no existe una verdad última, -que guíe y oriente la acción política-, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto como demuestra la historia” (VS 101). Y el papa Benedicto XVI, cuando aún era cardenal, dijo: “El relativismo moral, es decir, dejarse ir, dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos”. Y es que el hombre no se reconoce como cooperador de Dios ni intenta descubrir la verdad que el Señor ha puesto en su obra, sino que excluye al Creador e interpreta la creación desde sí y para sí. El hombre de nuestro tiempo vive idiotizado por la mentira y es víctima del robo sistemático cometido por los traficantes de las naciones, pero la nota que con más claridad muestra el estado universal de semejanza y uniformidad como un arrabal del infierno es el ataque prolijo contra la vida y la familia. Se trata de la guerra de los poderosos contra los débiles y que responde por completo a la lógica del pecado.

  Nuestra nación dominicana necesita hoy más que nunca que los cristianos seamos verdadera luz en medio de tanta oscuridad. Pero no es nuestra propia luz la que debemos irradiar, sino la luz de Cristo. Recordemos las palabras del apóstol san Pablo en su carta a los Efesios 6,12: “No luchamos contra carne ni sangre, sino contra principados, potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad…” Y estas se han hecho presente en nuestra sociedad dominicana. Es allí donde debemos, los discípulos de Cristo, testimoniar su luz para que queden al descubierto sus malas acciones y sus mentiras.

¡Que así sea!

martes, 11 de febrero de 2020

Llamados y Escogidos para Evangelizar


El pasaje del evangelio que nos narra la expulsión de los mercaderes del templo hecha por Jesús, una de las razones que presenta el Señor a sus oyentes es que el templo es casa de oración. Esto quiere decir que el templo es lugar de encuentro con el Señor en un ambiente de oración, de dialogo confiado entre dos personas, dos amigos; es el lugar donde celebramos nuestra fe. El Señor nos espera cada día en la sagrada eucaristía. La presencia maravillosa de Cristo en el sagrario en medio de nosotros debe renovar cada día nuestra vida. Cuando le recibimos, le visitamos, podemos decir en sentido estricto: hoy he estado con Dios. Estar en la presencia del Señor ante el sagrario, es estar como María, hermana de Martha y Lázaro, a los pies del Maestro, en contemplación, escuchando su palabra, su enseñanza, porque hemos sabido elegir y escoger la parte mejor, la que no se nos quitará. Es también la actitud de dar gracias al Señor por las bendiciones recibidas. El hábito de Jesús de dar gracias nos dirige a tomar la decisión de ser agradecidos a Dios en cualquier situación, creyendo que Dios está por encima de todas las situaciones. Dar gracias es una opción, no un sentimiento. Los enemigos de dar gracias son: el quejarse, tomar las bendiciones de Dios como algo obligatorio, la falta de fe, el pesimismo y el egoísmo. Dios no nos debe nada a ninguno; pero sí nosotros le debemos todo a Dios. Su gratuidad sigue siendo y será para cada uno un gran don de su infinita misericordia e infinito amor.

  Estos tiempos que estamos viviendo no dejan de ser o presentarnos a todos, en lo personal, social y eclesial grandes retos o desafíos que de alguna manera tocan nuestro ser cristiano, nuestra fe, nuestro compromiso apostólico. Estamos viviendo lo que el escritor español José Javier Esparza ha llamado o calificado como “La civilización más materialista de todos los tiempos. Esta es una civilización que descansa, sobre todo, en la eficacia técnica-material, la eficacia tecno-económica”.

  En lo que respecta a nuestra condición de miembros de la Iglesia, desde hace ya un buen tiempo atrás, se ha venido denunciado la triste realidad que viene enfrentando y golpeando a la vez la Iglesia de Cristo. Hoy se denuncia la situación a la que está siendo sometida la Iglesia, con lo que el ex prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, cardenal Gerard Müller, ha denunciado como “el afán o intención de muchos miembros de la Iglesia de querer llevarla a acomodarse al espíritu del mundo”. Hoy en día muchos quieren una iglesia moderna, a tono con los tiempos; otros han interpretado el que la iglesia debe de discernir los signos de los tiempos, y estos tiempos modernos exigen y reclaman que la Iglesia de Cristo se amolde al mismo, asumiendo todo aquello que el mismo Señor combatió como manifestaciones del espíritu del mundo, del padre de la mentira. Lo peor de esta situación es que son fomentadas, alentadas, defendidas y justificadas por algunos ministros ordenados que se han adueñado del evangelio de Cristo y están cediendo a los impulsos del demonio. Ellos se encaminan hacia el infierno y están arrastrando otras almas con ellos. Los cristianos, hace tiempo ya, que solo ven en sus pastores a hombres en busca de poder; porque éstos han olvidado que el poder, la autoridad es para servir en la Iglesia. El pastor posee, por el sacramento del Orden, el poder y la autoridad de Cristo, que es servidor y como tal debe ejercerla. Debe despojarse de todo el ser, las ideas personales, de las preferencias y los gustos para hacerse humilde servidor de la salvación de todos. Es Jesucristo que edifica a su Iglesia con la palabra y la eucaristía. Decía Benedicto XVI que lo que necesita la Iglesia para responder en todo tiempo a las necesidades del hombre es santidad, no administración. ¿Qué es lo que está en crisis hoy en día? No son las instituciones ni las estructuras, sino nuestra fe y fidelidad a Cristo. Si el cristianismo pacta con el mundo en lugar de iluminarlo, los cristianos no somos fieles a la esencia de nuestra fe. La tibieza del cristianismo y de la Iglesia provoca la decadencia de la civilización. Recordemos las fuertes palabras del Apocalipsis de que a los tibios los vomita el Señor.

  Nuestro movimiento de cursillos es movimiento de la Iglesia de Cristo. No es mí movimiento ni tu movimiento. Es movimiento inspirado, guiado y fortalecido por el Espíritu Santo; esto hace que el movimiento de cursillos sea una especie de sagrario de la santidad de Dios que se nos participa a todos. Nuestro movimiento de cursillos no debe perder de vista jamás que predicamos a Cristo y su evangelio, en la fidelidad de su Iglesia, de la cual somos parte por el bautismo que hemos recibido. Ninguno de nosotros jamás debe de querer, ni buscar ni fomentar ni querer vivir su propio movimiento; no es el movimiento el que tiene que adaptarse a nosotros; es al revés; movernos para donde se mueve la Iglesia de Cristo, que la guía en la verdad y hacia puerto seguro; no se trata de imponer mis ideas, mis criterios mis costumbres. La Iglesia y nuestro movimiento tienen necesidad de santos. Los cristianos-cursillistas tenemos que ser el perfume de Dios. Todos los que somos de Dios y trabajamos para su gloria y para la salvación de las almas, hemos de ser como una ofrenda del suave olor, agradable ante Dios. Tenemos que seguir dejándonos amar por Dios para amarlo a él; tenemos que seguir enseñando a los demás a amar a Dios; tenemos que seguir aprendiendo entre nosotros a amarnos como Cristo nos ama. Esto es lo que cambia y transforma el corazón de la persona y hace el evangelio de Cristo creíble. Porque si el corazón de la persona no se transforma, su realidad tampoco se transformará.

  Cuando Jesús llamó a sus primeros discípulos, los llamó para que estuvieran con Él y hacerlos pescadores de hombres, predicando el Reino de Dios. Y es que nosotros también hemos sido llamados por Cristo a su seguimiento y prepararnos así para la predicación del evangelio, del Reino de Dios. Somos predicadores del evangelio de Jesús; predicamos a Jesús y su evangelio en la fidelidad a su Iglesia. Nos llama el Señor a estar con él para instruirnos y seguir haciéndonos pescadores de hombres. El llamado del Señor nos invita e implica la renuncia: renuncia a nuestras propias ideas, renuncia a nuestros placeres, a nuestra comodidad, a nuestro egoísmo, a nuestro afán de protagonismo, a nuestro afán de brillar y no iluminar, a nuestro deseo de ser servidos y no servir.

  Necesitamos seguir profundizando en el silencio interior; seguir madurando nuestra fe y compromiso cristiano; seguir creciendo en nuestro interior. No estamos aquí para perder el tiempo: la escucha y la reflexión de la palabra de Dios, la oración, los sacramentos, la reflexión sobre nosotros mismos, el estudio, la lectura, la formación, charlas, reuniones, etc., serán necesarias para seguir creciendo, para dar consistencia a nuestra fe y compromiso eclesial, para seguir madurando como personas y como cristianos. Tenemos el Espíritu de Dios que nos llena de su vida y su presencia y nos llamó sus hijos amados y predilectos. Tenemos que seguir siendo instrumentos de Dios para que otros se acerquen a Él; a nosotros no nos toca decidir quien sí y quien no puede buscar a Dios y su amor.

  Propongámonos hacer el esfuerzo de preocuparnos de nuestra formación cristiana, para que nuestra fe y nuestra vida interior madure y tenga consistencia. Procuremos hacer siempre el bien y poner el corazón en ello.



¡Que así sea!

Les dijo: ¡cobardes! ¡Hombres de poca fe!


  En el evangelio de Mateo en el capítulo 8,23-27, se nos presenta, si se quiere, una escena evangélica muy simpática. Se nos narra que Jesús sube a la barca junto a los discípulos y como todo ser humano, se hecha a dormir porque está cansado, agotado. Esto es muy importante tenerlo en cuenta ya que se nos presenta a Jesús en una actitud muy humana; recordemos que las mismas Sagradas Escrituras nos dicen de Jesús que en todo se asemejó a nosotros, menos en el pecado. Jesús fue tan humano como cualquiera de nosotros, simples mortales; al igual que nosotros, también siente el cansancio de toda una jornada de trabajo, y es lógico que, agotado, quiera descansar. Además, no es el único pasaje del evangelio en el que se nos muestra a Jesús asumiendo esta actitud. Es como si se nos quisiera hacer ver una intención muy a propósito de Jesús.

  En este pasaje evangélico, tenemos por un lado a los discípulos, hombres diestros en las cosas del mar, ya que ellos se dedicaban al oficio de la pesca. Este pasaje evangélico es a lo mejor paradigmático, ya que estos hombres no solo debieron experimentar estas situaciones en el mar una sola vez; de seguro la vivieron muchas veces; pero ahora está la particularidad de que está presente el Señor. Estos hombres, adentrados en el mar, sienten los embates de los fuertes vientos y el fuerte oleaje que golpean la barca sintiendo la sensación de que la misma quisiera hundirse. Y esto es lo que le dicen a su Maestro: Señor, ¡sálvanos, que nos hundimos! Por el otro lado esta precisamente Jesús, agotado por el cansancio, está sumido en un profundo sueño ya que estos embates contra la barca no lo despertaban; fueron sus discípulos que lo despertaron.

  Los discípulos están asustados, temerosos, no saben qué hacer para poder seguir adelante en su travesía. Es entonces cuando van con el Maestro, lo despiertan y le gritan que haga algo. En lo personal así también es nuestra vida. Cuántas veces no hemos tenido que enfrentar en nuestro caminar esos fuertes vientos y tempestades de nuestros dolores, sufrimientos, pruebas, tentaciones, problemas, etc., que zarandean y golpean nuestra vida fuertemente y nosotros llenos de miedo no sabemos qué hacer y nos desesperamos; miramos para todos lados y no vemos salida, no vemos la luz al final del túnel. En medio de la desesperación le gritamos a Dios que nos ayude, que nos salve porque nos hundimos, nuestra vida sentimos que se nos va, la perdemos, perdemos la batalla. Pero el Señor, al igual que a los discípulos nos dice: “¡gente de poca fe!”. Fijémonos que el Señor no les reclama a los discípulos que no sientan miedo; de hecho, el mismo Jesús experimento el miedo. Lo que les reclama es que se dejen dominar por el miedo, porque los inmoviliza, los frisa, no los deja avanzar ni en la vida ni en la fe ni en la vida espiritual. Que aprendamos más bien a confiar, porque no estamos ni caminamos solos en la vida. Él lo prometió que estaría con nosotros siempre; pero tenemos que creerlo y dejar que se acerque y nosotros acercarnos.

  En cuanto a lo eclesial, la imagen de la barca es imagen de la Iglesia; el mar es imagen del mundo donde hay toda clase de peces. En la barca hay uno que lleva el timón, pero otro es el capitán, y el timonero lleva la barca por donde le manda el capitán, no por donde el timonero le da la gana de llevarla. Hay otros que van en la barca haciendo otras labores, necesarias todas. Así va la Iglesia: Pedro es el timonero, y sus sucesores, los papas; pero Jesús es el capitán y es el que dice al timonero por dónde guiar la Iglesia. Los discípulos, a pesar del miedo que experimentaron, no se lanzaron al mar porque lo cierto es que, a pesar de los fuertes vientos y embates del mar, están a salvo en la barca. Pues en la Iglesia, la gran familia de Cristo nos pasa igual: a pesar de los embates contra ella, de las persecuciones, si permanecemos en ella estaremos seguros; llegaremos a puerto seguro, estamos a salvo; porque Jesús prometió que a su Iglesia nada ni nadie la podrá destruir. No se trata de lanzarnos al mar, abandonar la Iglesia a pesar de los problemas que encontremos en ella. En el mar, fuera de la Iglesia estamos a merced del maligno y de sus embates y fácilmente morimos, nos ahogamos.

  En nuestra vida y en la misma Iglesia encontraremos estas situaciones. Cristo dijo que tuviéramos ánimo, que no perdiéramos la calma, ya que Él ha vencido al mundo, al pecado y la muerte, y ese mismo sería nuestro triunfo si permanecemos fieles a Él y a sus enseñanzas. Pidamos a Jesús siempre que nos dé fortaleza para permanecer en su Iglesia, en su camino, ya que, nos conduce al Padre y es por el cual tenemos acceso al Él.