miércoles, 16 de septiembre de 2020

Estado de Emergencia y Toque de Queda o Confinamiento

 

  La Constitución de la República Dominicana, en su título XIII, que habla de los Estados de Excepción, en su artículo 262, especifica la modalidad del Estado de Emergencia. En el artículo 265 dice que esta modalidad podrá declararse cuando ocurran hechos que perturben o amenacen perturbar en forma grave e inminente el orden económico, social, medioambiental del país, o que constituyan calamidad pública. En el art. 266, que habla de las disposiciones regulatorias para establecerlo, en el inciso 4 no. 6, especifica entre los derechos que quedan suspendidos cuando se declara los Estados de Conmoción Interior y de Emergencia: la libertad de tránsito, dispuesta en el art. 46, así como las libertades de asociación y de reunión, establecidas en los arts. 47 y 48. De mi parte, yo no voy a hacer ningún comentario al respecto de estos números constitucionales, ya que, no soy abogado; esto más bien lo dejo a ellos ya que tienen el conocimiento y argumentos para su análisis. Yo solo me he concretado a mencionarlos para tener y dar como referencia al tema que sí me interesa tratar en este artículo, que no pretende ser un análisis exhaustivo, sino más bien una opinión que no necesariamente tiene que ser compartida por el lector, o también puede ser enriquecida con otras opiniones. 

  Como ya sabemos, desde el mes de marzo nuestro país ha venido transitando por este camino difícil que ha provocado a nivel mundial la ya conocida “pandemia” para unos; para otros es una “plandemia”; y hay otros que se han referido a la misma como “farsa”. Cada uno, de acuerdo con sus convicciones, la llama como mejor le parezca. Pero recordemos que nuestras autoridades, - que todavía estaban al frente de la cosa pública -, declararon el Estado de Emergencia, dando cumplimiento así a lo establecido por la Constitución. Para llevar a cabo este Estado de Emergencia, hay que implementar también una serie de medidas que ayuden a lograr el objetivo trazado o buscado para el cuidado de la población general, en este caso específico, el de la salud pública. Al mismo tiempo, se ha denunciado por varios gobiernos, entre ellos el de Bielorrusia, que esto del Estado de Emergencia imponiendo el confinamiento a la población, no ha sido más que una treta o exigencia del Fondo Monetario Internacional que, para otorgar ayuda económica a los países, pone como exigencia estas medidas. Estos gobernantes pues se han negado ceder en estas exigencias de FMI. Por otro lado, tenemos que hay países que nunca establecieron ni impusieron a su población el Estado de emergencia ni confinamiento; otros gobiernos lo asumieron de manera opcional.

  Pues una de estas medidas que implementó el gobierno central en nuestro país fue el referente al “toque de queda”. Esto, lógicamente, conllevó a que se viera afectado el aparato productivo-económico nacional, porque la población se le impuso el confinamiento en sus hogares. Este toque de queda nunca, - y hasta el día de hoy -, no se ha podido implementar de manera absoluta ya que la situación, sobre todo económica de la población no lo permite. Es cierto que ha habido voces de personas de diferentes estratos sociales que han pedido que se establezca el toque de queda de manera absoluta, es decir, de 24 horas para que así la ya mencionada curva o aplanamiento del virus llegue. Pero, siendo honestos y sinceros, aplicar de manera absoluta el toque de queda sería una opción que considero draconiana, y que provocaría una situación social que a mi entender sería incontrolable, inmanejable y desastrosa, tanto para las autoridades como para la misma sociedad. La realidad es que nuestra población en general no soportaría un confinamiento o toque de queda de 24 horas ya que, la mayoría no cuenta con los recursos económicos suficientes para abastecer, sobre todo, su alimentación por tantos días sin salir a trabajar. Aquí hay un gran porcentaje de la población que tiene que salir todos los días a buscar su sustento y no es verdad que se quedarán de brazos cruzados en sus casas viendo cómo los suyos gritan por el hambre, y el gobierno central no tiene los recursos suficientes para abastecer de lo esencial a toda la población. Aunque esta sea una opción, no es factible implementarla de esa manera. Y es que, una población hambrienta, cuando se decida tirarse a las calles, no hay nada que la detenga, ni siquiera las balas, porque romperán todo lo que encuentren a su paso; ejemplos los tenemos en lo que han vivido y están viviendo otros países.

  En lo que concierne al toque de queda, este se implementó como un medio para ayudar, disque, a la reducción de los contagios. Pero resulta que los contagios siguen; no importa el distanciamiento social (que también este, según los expertos, no ha sido aplicado de manera correcta por sus consecuencias sico-social), las normas de higiene, la manera de saludarnos (con los codos y puño), mascarillas. El toque de queda o confinamiento que ha sido implementando en muchos otros países, lo cierto es que no ha logrado su objetivo buscado; de ahí que ya en muchos de estos países, sus ciudadanos se han cansado y otros se  están cansando de seguir cumpliendo con una medida que no ha logrado nada bueno, sino más bien, lo que ha logrado o provocado es que se agraven otras situaciones de la salud de la población en otros aspectos psicológicos y sociales, como la ansiedad, - tanto en personas que ya la padecen y la tenían controlada, así como en otras que la habían superado -, la animosidad, el estrés, incertidumbre, miedo al futuro, estrés postraumático (que suele ser muy severo), los suicidios, las enfermedades del corazón, la diabetes, y otras más. Muchos han tenido que vivir la frustrante situación de ni siquiera poder darle cristiana sepultura a sus familiares y amigos que han muerto, ya sea por el virus u otra causa, no han podido hacer un duelo reparador. ¡Y qué no decir con respecto a las crisis en el ámbito espiritual! Y es que tenemos que ser sinceros. Desde el principio hasta el día de hoy, las medidas que asumió el gobierno saliente, como las que ha continuado el gobierno actual, se asumieron más con tinte político y económico (para el gobierno, sobre todo), tomando como pretexto la salud pública. Recordemos que, en nuestro caso, este proceso nos agarró en medio de un proceso electoral y esto influyó para, decirlo de una manera popular, que el gobierno no apretara demasiado la tuerca a la población por el costo político que le podría causar en las elecciones presidenciales. Nos fueron llevando poco a poco hasta el día de las elecciones; muchas protestas por parte de los legisladores; pero al final, el partido oficialista perdió las elecciones y de inmediato cambió la actitud de todos. A partir del día después de las elecciones, la solicitud de duración del Estado de Emergencia dio un gran giro: se extendieron más los días, las medidas y no hubo protestas por ninguna otra autoridad. Pareciera que fue una especie de venganza contra la población.

  De las medidas tomadas por las autoridades nuestras, la que más está provocando sin sabores, desacuerdos, protestas y otras cosas más, es precisamente el toque de queda. Hay que preguntarnos con sinceridad: ¿ha logrado el toque de queda el objetivo buscado? Se ha dicho que es para ayudar a frenar o bajar los contagios del virus, pero ¿se ha logrado? Hay que sincerizar esta medida; es decir, ver y analizar sinceramente su eficacia; se ha implementado un horario específico que inicia, de lunes a viernes de 7pm a 5am; y los fines de semana de 5pm a 5am. Se ha establecido diferentes horarios para algunas provincias: ¿ha sido acertada? ¿Es la RD un país tan extenso territorialmente que sea necesario establecer diferentes horarios en las provincias? ¿Se ha pensado lo frustrante y desequilibrante que es para la población que, si una persona tiene que viajar a una provincia, tiene que preguntar o preguntarse a qué hora inicia el toque de queda en la misma? El toque de queda ha aumentado el tema del soborno o macuteo: se tiene conocimiento de que las autoridades le piden dinero a las personas que se topan fuera del horario normal para no llevarlos al cuartel; otra situación que se está dando es que hay personas comprando combustibles en galones para después vendérselo a los automovilistas más caro; el toque de queda no se aplica de manera igualitaria a toda la población. Se ha dicho que podría más bien focalizarse, pero lo cierto es que las autoridades no tienen ni cuentan con la logística para poder aplicarlo de esta manera, y ellas lo saben. El toque de queda ha venido a provocar el que se disparen otras enfermedades, agravando más la situación actual de la salud pública.

  Por otro lado, se habla de una posible segunda ola del virus, (que ya se tienen reportes de algunos países), si no se llega a la curva o aplanamiento de este; a este respecto, ya muchos científicos y expertos en virología y epidemiologia han advertido que estos vaticinios no tienen ningún fundamento científico ya que la expansión o rebrote de un virus no se puede predecir jamás de esa manera. No dudo de que hay quienes anhelan de que así suceda, ya que los recursos económicos, - sobre todo -, fluirán con más rapidez. El tema de los test ayuda a esto: una práctica que ya ha sido denunciada como inefectiva por todas las inexactitudes que arroja. Otro tema que tiene a la población en expectativa es la llegada de la o las vacunas, con todo lo que tiene que ver en lo referente a que se están saltando las normas para su creación, como lo es el proceso de experimentación que, según los científicos, tarda entre 6 a 10 años. Es como que nos han vendido a la población la solución de la cura, pero al mismo tiempo parece que no la quieren demasiado pronto, quieren que el miedo, el pánico, el terror, la angustia, la ansiedad, las depresiones, etc., continúen. Pero lo que no comenta, con relación a las vacunas, es lo que hay detrás en cuanto a la inversión billonaria que ya están haciendo las grandes farmacéuticas y el costo que vendrá después para los gobiernos y población en general; vacunas que ya están incluso, siendo falsificadas. En fin, todo esto parece que se trata de control, dinero y poder.

  Así que, esperemos a ver si cuando concluya la fecha límite de este toque de queda, a final de este mes, las autoridades toman en consideración estos y otros factores que puedan servir para lograr una mejor eficacia de esta medida. Tienen que cuestionarse si la misma ha logrado su objetivo; si decidieran seguir aplicándola, lo más conveniente y prudente es que la unifiquen: que sea un mismo horario para todos los días y a nivel nacional.

  

jueves, 3 de septiembre de 2020

Dar razón de nuestra fe

 

“Sino glorifiquen a Cristo Señor en sus corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que le pida razón de su esperanza; pero con mansedumbre y respeto...” (1Pe 3,15-16).

  La apologética, - del original griego apologetikós; y derivado al latín apologeticus -, es la parte de la teología que busca explicar lo que creemos y hacemos como católicos y, así mismo, expone los errores para proteger la integridad de la fe.

  Desde los primeros tiempos del cristianismo o, mejor dicho, desde tiempos del mismo Jesucristo; siempre han existido y proclamado en la Iglesia errores doctrinales, y esto provocó o llevó a los responsables de las comunidades a asumir lo que sería la defensa de la fe y las buenas costumbres que se fundamentan en Jesucristo y su evangelio. Hay que recordar que fue el mismo Señor Jesucristo quien dio autoridad a los cabezas, - Los Doce y en ellos, a sus sucesores -, de su Iglesia de atar y desatar, y también le entregó al apóstol Pedro las llaves del Reino: esta es una imagen precisamente de autoridad. La apologética fue y se convirtió en una necesidad, ya que ni en tiempos de los apóstoles dejaron de aparecer o existir quienes se empecinaran en tergiversar y confundir a los otros haciendo una falsa y manipulada interpretación de la nueva y sana doctrina. Es responsabilidad de la Iglesia de conducir y mantener por el camino correcto a los fieles y discípulos de Cristo, guiándolos en el conocimiento y aceptación del evangelio, de la buena noticia de la salvación; así se lo expresó Cristo al apóstol Pedro: “He rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos en la fe” (Lc 22,32). La Iglesia debe de conducir a los cristianos a la maduración y plenitud de la fe.

  La Iglesia de Cristo ha tenido que enfrentar en todo su caminar las herejías, las apostasías y los cismas. Personas que hacen juicios erróneos de la inteligencia sobre verdades de fe definidas como tales, juicio erróneo sostenido de forma voluntaria y pertinaz en contra de la autoridad de Dios depositada en los apóstoles y sus sucesores. La Iglesia, durante su caminar de siglos ha tenido que enfrentar innumerables situaciones de divisiones, rupturas dentro y fuera de ella. Bien se ha dicho que los peores enemigos de la Iglesia han salido de ella misma; por eso el mismo apóstol san Pablo se pronunció sobre éstos: “Les exhorto, hermanos, por el nombre del mismo Señor Jesucristo, a que todos tengan un mismo lenguaje y a que no haya divisiones entre ustedes, a que vivan unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir” (1Cor 1,10). Nuestro Señor Jesucristo siempre pidió al Padre por la unidad de su familia, de los suyos, de sus seguidores y discípulos: “Que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17,21). Pero esta unidad querida, deseada y pedida por Jesús, siempre se ha visto amenazada por las actitudes de muchos de los que se dicen seguidores del Maestro. Con razón el mismo Señor Jesucristo prometió que nunca permitiría que su Iglesia, su familia espiritual, sería derrotada por ningún poder; que la mantendría en pie con su presencia divina por medio del Espíritu Santo. Además, el signo de la unidad de los discípulos de Cristo sería testimonio para el mundo de la presencia y existencia de Dios. Esta es una de las verdades proclamada por la Iglesia Católica en el Credo: “Creo en la Iglesia que es UNA…” Podemos decir que esta unidad de la Iglesia es, al mismo tiempo, un don y una tarea: don, regalo de Dios y tarea de nosotros los cristianos. Tenemos el compromiso de llegar a la unidad en el seno de la única Iglesia. Pero solos jamás podremos lograrlo; necesitamos la ayuda, fortaleza y gracia de Dios. El evangelista san Juan llama a estos propulsores de la división en la Iglesia, nada más que anticristos: “Hijitos, es la ultima hora. Han oído que tiene que venir el anticristo: pues bien, ya han aparecido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros” (1Jn 2,18-19).

  La división en la iglesia, sobre todo con la mal llamada Reforma Protestante, ha provocado en la misma una herida que parece ser que no tendrá sanación y es hasta irreconciliable con la Iglesia fundada por Cristo. Entre ellos mismos se vienen produciendo divisiones que están fuera de su control. No nos ha de extrañar que estas actitudes también estén muy enraizadas en muchos fieles católicos que, aun profesando la fe apostólica, católica y romana, rechazan los dogmas de la fe católica. Entonces, ¿cuál es fin de estas divisiones, pleitos y herejías? Pues el de herir y destruir la iglesia de Cristo; construir una iglesia a nuestra imagen y semejanza; adaptada a nuestras necesidades. Pero cuidado: esas iglesias no salvan. Pero resulta que, al mismo tiempo, estas situaciones han llevado a la misma Iglesia a reforzar y ahondar la doctrina evangélica y explicar las verdades de la fe.  

 

Ut Cooperatores Simus Veritatis

 

Es tradición de nuestra Iglesia Católica que, al elegir a uno de sus hijos presbítero para el ministerio del episcopado, éste debe de elegir un lema que será el que guiará su ministerio episcopal durante toda su vida. Es parte de la tradición eclesial que el mismo esté escrito en latín, que es la lengua madre de la Iglesia con el la cual ella escribe sus documentos y otros escritos. El elegido al episcopado debe de seleccionar los elementos de su escudo episcopal y acompañarlo de esta frase o lema que puede ser tomado de las sagradas escrituras o de algún escrito o documento patrístico. Las palabras con la que hemos titulado este artículo es el lema episcopal del cardenal Joseph Ratzinger, -papa Benedicto XVI -, que se traducen así: “Debemos servir de modo que seamos cooperadores de la verdad”.

  La figura del papa emérito Benedicto XVI no deja de ser atrayente y, sobre todo, por la sabiduría, elocuencia, vida espiritual, sencillez y humildad que adornan su persona. Desde ya hay quienes, dentro y fuera de la Iglesia, están pidiendo que sea declarado con el título de “Doctor de la Iglesia”. Sus escritos son un gran aporte, no sólo para la Iglesia Católica y sus fieles, sino también para el mundo. No podemos poner en dudas la grandeza intelectual de este hombre de Dios, de este hijo de Su Iglesia, de este maestro de la espiritualidad cristiana, y que será, sin dudas, un gran legado que alimentará el rico depósito de la fe que custodia la iglesia de Cristo para que siga siendo luz en este mundo que está envuelto cada vez más en un gran manto de tiniebla.

  Los escritos de este papa emérito son un gran tesoro de sabiduría y conocimiento de un hombre que, con el paso de los años y sus experiencias de vida desde su niñez hasta nuestros días, ha tenido tanto que compartir y decirle al mundo de que, ciertamente, la esperanza cristiana nunca muere. Es el hombre y sacerdote de Dios, que sigue sirviendo a la verdad, la única verdad, - aunque a muchos esto les incomode -, de Dios revelada en su Hijo amado, su predilecto, al que debemos de escuchar y que nos hace realmente libres. Esa verdad a la cual él siempre ha querido servir y defender aun a costa de todos los inconvenientes e incomprensiones que esto le ha provocado desde siempre, pero de una manera más particular, desde que fue puesto al frente, por el papa san Juan Pablo II, de la Congregación para la Doctrina de la Fe y después en su ministerio petrino, como sucesor del apóstol san Pedro y Vicario de Cristo. Este papa emérito, quiso retirarse a un lugar apartado, lejos del bullicio para dedicar el final de sus años de vida en este mundo a la contemplación, meditación y estudio, y así seguir aportando a la vida de la Iglesia los dones con los cuales Dios mismo lo revistió. Si es verdad que Benedicto XVI se retiró del pontificado, no es menos cierto que sigue presente entre nosotros aportando desde el silencio y la clausura con su oración, humildad y reflexión al fortalecimiento de la única Iglesia de Cristo.

  En una homilía pronunciada en la Basílica vaticana en abril del 2005, dijo: “A quien tiene una fe clara, según el credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos”. Palabras certeras que dejan al descubierto lo que hoy caracteriza a la sociedad moderna y progresista: ya no es un simple relativismo, sino la dictadura del relativismo. Ya no se trata de que las cosas dependen del cristal con que se miren, sino que, las cosas dependen de que no llevemos la contraria a los adversarios porque corremos el riesgo o amenaza de ser eliminados. Esta verdad absoluta que Cristo encarna, hoy en día es la verdad atacada y rechazada por los progresistas modernos que tienen cada uno su verdad o verdades.

  El papa emérito es un visionario que ha señalado en varias ocasiones la crisis en la cual viene caminando la Iglesia, sobre todo cuando la señala desde su parte interior, su jerarquía: Ante la prolongada crisis que viene atravesando el sacerdocio desde hace muchos años, le ha parecido necesario remontarse a las raíces más hondas del problema. En el libro escrito a “dos manos”, junto al cardenal Robert Sarah, - Prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos -, “Desde lo más hondo de Nuestros Corazones”, dice: “Es urgente, es preciso que ninguno de nosotros, obispos, sacerdotes y laicos, nos dejemos impresionar por los argumentos equivocados, las puestas en escenas teatrales, las mentiras diabólicas, los errores de moda que quieren desvalorizar el celibato sacerdotal”. Es una inquietud que inunda su corazón, pero sabe que el amor siempre tiene la última palara. El sacerdote tiene la misión de velar. Debe estar en guardia ante las fuerzas amenazadoras del mal. Debe mantener despierto al mundo para Dios. Debe estar de pie frente a las corrientes del tiempo. De pie en la verdad. De pie en el compromiso por el bien. Y es que los fieles esperan de los sacerdotes solamente una cosa:  que seamos especialistas en promover el encuentro del hombre con Dios.

viernes, 14 de agosto de 2020

Oposición, Mentira y Tergiversación

 

Entonces se adelantó un espíritu, se puso delante del Señor y dijo: Yo le engañaré. El Señor preguntó: ¿Cómo? Él respondió: iré y me convertiré en espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Dijo el Señor: lo engañarás y saldrás victorioso. Vete y hazlo (1Re 22,21-22)”.

  La humanidad siempre ha caminado entre la luz y un manto de tinieblas. El evangelista san Juan ya lo advirtió en su evangelio: “Rechazaron la luz porque prefirieron mejor seguir viviendo en las tinieblas para que sus obras no se vean descubiertas” (3,19). Vivir en la tiniebla, en la oscuridad es vivir en la mentira. Lucifer, cuyo significado es “ángel de luz”, en verdad es el padre de la mentira. Los opositores a Cristo y su evangelio, con facilidad llevan a gran parte de la humanidad a vivir en el engaño. Ya lo dijo el escritor Mark Twain: “Es más fácil engañar a los demás, que convencerlos de que han sido engañados”. Por lo tanto, estos enemigos de Cristo y su evangelio, se las ingenian para alejar, lo más que puedan al hombre, de la fe y de Jesucristo.

  ¿Tenemos algo en común los cristianos con estos mentirosos? No, y el que afirme lo contrario, estará cayendo nada más que en una pura y gran blasfemia contra el Espíritu Santo, de la cual ya nos advirtió Jesucristo: “Por lo tanto, les digo que todo pecado y blasfemia se les perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. A cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero” (Mt 12,31-32). Estos mentirosos, servidores de Lucifer, son capaces de atribuirle la obra y salvación de Dios: “La libertad los hará más verdaderos”, es su lema. Como tales ignorantes y anticientíficos, se creen sus propios cuentos y fábulas; entre ellos mismo se engañan, se mienten. El profeta Jeremías ya lo advirtió: “Guárdense los unos de los otros, no se fíen de sus hermanos, pues el hermano pone zancadillas y el compañero airea calumnias. Cada cual engaña a su vecino, ninguno dice la verdad, enseñan a sus lenguas a mentir; todos están pervertidos, son incapaces de cambiar. Fraude y más fraude, estafa y más estafa; y es que no quieren conocerme… ¿Por qué está deshecho el país, calcinado, como estepa intransitable? Respondió el Señor: Por abandonar la ley que les propuse, por desoír y abandonar mi palabra; por seguir su corazón obstinado los baales” (9,3-5.11b-13).

  ¿Hay alguna nación en la que se haya cumplido tal oráculo del profeta de Dios? ¡Pues claro! El ejemplo es Haití: primer país de América en obtener su independencia; único país del mundo consagrado al demonio en más de una ocasión; un país que ha experimentado diferentes tragedias: pobreza extrema, esclavitud, sida, ébola, huracanes, millares de muertos, inundaciones, tormentas, terremotos..., y otras catástrofes más. La naturaleza no es la culpable de todo. La culpa puede venir de la adoración de los dioses baales, de la adoración e idolatría de la “madre tierra”. El Señor dijo que “por eso se les quitará a ustedes el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Nuestro Dios es misericordioso y lo que mejor deberíamos de hacer es un acto de desagravio. Ya en algunos países se ha dado el paso de consagrarlos a la Madre del Verbo Divino, la Madre de Dios, casi continentes enteros se han consagrado a la Señora del cielo. Nuestro Señor Jesucristo dejó toda una comunidad, - la Iglesia, su Iglesia -, para bendecir y proteger al mundo; no podemos irnos en dirección contraria a la voluntad de Dios, al camino que ya Él nos ha revelado en su Hijo amado, su predilecto, al que dejó bien claro que debíamos de escuchar; que no nos conduce a la mentira, sino a la verdad. Cuando el hombre se aparta de Dios y vienen las desgracias, éste tiene que buscar la manera de cómo aplacar la ira divina. Pero debe de tener en cuenta de que tiene que convertirse y dejar de adorar los ídolos, para que no se burle del Dios vivo y verdadero.

  El Señor dijo que nosotros tenemos que conocer a Dios; lo planteó como algo indispensable. Conocemos de Dios lo que Él, en su infinita voluntad, ha dispuesto que podemos conocer; conocer a Dios no es abarcarlo. De hecho, la razón humana puede demostrar la existencia de Dios y conocer bastante sobre su naturaleza. Pero no puede llegar por sí sola a otras muchas verdades relacionadas con la naturaleza de Dios.  Conocer a Dios es conocer mi total dependencia hacia Él. Podemos decir, en definitiva, que si Dios existe, ha de haber una religión, pues la religión es lo propio de la relación natural entre cualquier ser y quien lo ha creado.

 

Yo sé a quienes elegí (Jn 13,18ª)

 

  Estas palabras del Señor a sus discípulos, después de haberles lavado los pies y mencionar nuevamente la traición de Judas, son de hecho palabras que nos deben de hacer reflexionar sobre el tema de la elección de Dios a nosotros. Lo primero que tenemos que decir es que, esta elección de parte del Señor no hay que entenderla nada más como la elección que hace Cristo de una persona para un ministerio o acción específica, -como podría ser el sacerdocio ministerial, la vida religiosa, etc. Tenemos que entenderla en su sentido amplio. Es decir, entenderla y asumirla en la elección que ha hecho el Señor de todos nosotros, sus hijos y discípulos. Y es que todos hemos sido elegidos por Dios, y elegidos de Dios. Pero, lo que debemos de preguntarnos es cómo estoy viviendo yo esa elección de Dios. No se trata de “sentirme” elegido por Dios, sino más bien de “vivir” como elegido por Dios y elegido de Dios. Y es que el vivir la elección como un puro sentimentalismo es limitado y superficial. Vivir la elección de Dios, es llegar al punto de la experiencia de vida; es dejar que esta elección transforme mi vida, mi existencia, todo mi ser. ¿Y cómo puedo lograr este cometido? Pues el mismo Señor nos lo dirá con estas palabras: “El que escucha mis palabras y las pone en práctica, es como el hombre prudente y sensato que edifica su casa sobre roca firme”. Pero también el cristiano que vive de esta manera, pasa a ser parte de la nueva familia de Jesús, es decir, se convierte en su hermano, su hermana y su madre.

  Fijémonos que el Señor deja claro que es el que ha dado el primer paso para esta elección. Ya en otra ocasión dirá a sus discípulos, y en ellos a nosotros, que no han sido ellos los que le han elegido, sino que es el Señor el que los ha elegido, y los ha elegido para que vayan y den fruto y ese fruto permanezca. La iniciativa siempre parte de Dios. El mismo evangelista san Juan nos dirá: “Nadie puede decir que ama a Dios, si Dios no lo ha amado primero”. Como Dios es el primero que ha dado el paso, pues espera que nosotros demos el segundo; y este consiste en que respondamos positivamente a su iniciativa. Pero como nos ha creado en y con libertad, sabe que esa respuesta no siempre es de acuerdo a lo que espera de nosotros.

  Por otro lado, este tema de la elección divina, -hay que decirlo-, tiene lo que podemos llamar un elemento de misterio. Pero, este misterio no hay que entenderlo como que existe algo que nosotros no debemos saber; sino más bien como, que siempre existe algo que al preguntarnos por qué Dios me ha elegido, no tenemos clara la respuesta. Es decir, fijémonos que los evangelistas no nos presentan al Señor dando explicación ni razones a los elegidos del por qué de la misma. Él solamente elige y así mismo espera que aceptemos su elección y que actuemos en consecuencia. El Señor no da detalles a nadie ni pregunta si la persona es buena, si no ha tenido malos pensamientos, si no ha dicho malas palabras, si nunca se ha equivocado, si eres devoto o no, si eres buen esposo o esposa, buen padre o buena madre, buen hijo o buena hija, buen empleado/a, buen jefe/a, etc. Él solo elige y punto. Ahora, es cierto también que nos elige para algo, y nosotros tenemos que ir descubriendo qué es o será ese “algo”. Es parecido a aquellas palabras que san pablo le dirigió al Señor después de su encuentro con él: “¿Qué tengo que hacer Señor?” o, las palabras que las gentes le dirigiera a Pablo y Pedro después de predicarles en la sinagoga sobre Jesucristo resucitado: “¿Qué tenemos que hacer?”.

  Yo sé a quienes he elegido”, quiere decir que el Señor nos conoce muy bien; mejor que a nosotros mismos. La elección del Señor es segura porque nos conoce y quiere que también nosotros le conozcamos para que le podamos amar: “Nadie ama lo que no conoce”. El Señor nos ha elegido para que estemos con él, le escuchemos, nos dejemos instruir y guiar por él para que hagamos lo mismo que nos dejó como enseñanza. El Señor nos ha elegido para ser hijos y, sobre todo, para que vivamos como sus hijos; portadores, anunciadores y testigos de la luz, ya que él vino como luz para el mundo. Nos ha hecho de esta manera “luz de las naciones para que, viendo los demás nuestras buenas obras, den gloria al Padre del cielo”; y así sea conocido y amado por todos, o por todos aquellos que aceptarán el mensaje de salvación del evangelio.

 

miércoles, 12 de agosto de 2020

Discurso Provida del presidente de los EE.UU., Donald Trump (2020)

 

El pasado 24 de enero, tuvo lugar en la capital de los Estados Unidos, la tradicional marcha por la vida, que llevaba por título: “Empodera la vida: Ser provida es ser promujer”. Dicha marcha, como su nombre lo indica, es la más clara manifestación en la sociedad norteamericana en defensa de la vida por nacer y contra el aborto, o como se dice en inglés, en contra de los “Prochoice”. Esta marcha, en esta ocasión, tuvo la particularidad de contar, por primera vez, con la presencia del presidente norteamericano y esta presencia no fue nada más con la intención de estar ahí sin más, sino que dirigió un discurso a los presentes, y que ha sido considerado como histórico por su contenido, su clara y profunda referencia a la fe cristiana, doctrina evangélica y dignidad de la persona humana.

  Independientemente del comportamiento de Donald Trump en lo personal, -con sus desmanes, misoginia y cualquier otro defecto que se le quiera adjudicar, puesto que todos los tenemos, y todos los presidentes estadounidenses, como personas, también los han tenido, unos más otros menos -, hay que hacer un acto de justicia ante este discurso provida del presidente Trump. Hemos querido rescatar lo que serían las ideas centrales de su discurso en esa manifestación por la defensa de la vida, sobre todo del niño por nacer ya que, es el primero de todos los derechos humanos y en el cual se sustentan todos los demás. Hemos querido resaltar esto por la importancia que tiene para el resto de los países que en estos momentos estamos luchando contra este genocidio moderno y liberal que es el aborto; contra sus promotores y defensores que lo presentan, no sólo como un derecho humano, sino que lo presentan como signo de progreso y que tiene que ser defendido y legislado en todos los Estados, con el apoyo de grupos, instituciones, organismos y sus ongs, con un fuerte financiamiento exorbitante.

  He aquí entonces esas ideas centrales del discurso provida de Trump:

1.- Los jóvenes son el corazón de la marcha por la vida: su generación es la que está haciendo a los EE.UU. una nación provida y Profamilia.

2.- Todos nosotros aquí entendemos una verdad eterna: cada niño es un regalo precioso y sagrado de Dios. Juntos debemos proteger, apreciar y defender la dignidad y la santidad de toda vida humana.

3.- Cuando vemos la imagen de un bebe en el útero, vislumbramos la majestad de la creación de Dios; cuando sostenemos a un recién nacido en nuestros brazos, sabemos el amor infinito que cada niño trae a una familia.

4.- Cuando vemos crecer a un niño, vemos el esplendor que irradia cada alma humana: una vida cambia el mundo.

5.- Los niños no nacidos no han tenido un defensor más fuerte que yo en la casa blanca, desde que ésta existe.

6.- Como nos dice la Biblia: cada persona está hecha maravillosamente a imagen y semejanza de nuestro Creador.

7.- Hemos tomado medidas decisivas para proteger la libertad religiosa: nos ocupamos de médicos, enfermeras, maestros y grupos, como las Hermanitas de los Pobres. Estamos preservando la adopción basada en la fe.

8.- Estamos protegiendo los derechos de los estudiantes provida a la libertad de expresión en los campus universitarios. Si las universidades quieren dólares de los contribuyentes federales, deben defender su derecho a la primera enmienda para decir lo que piensan y en lo que creen, y si no lo hacen, pagarán una multa financiera muy grande que no estarán dispuestos a pagar.

9.- Lamentablemente, la extrema izquierda, está trabajando para borrar nuestros derechos otorgados por Dios: cerrar organizaciones benéficas basadas en la fe, prohibir a los líderes religiosos en la plaza pública y silenciar a los estadounidenses que creen en la santidad de la vida.

10.- Para todas las mujeres que están hoy aquí, apoyando la marcha provida, tú simplemente haces que la misión de tu vida sea ayudar y difundir la gracia de Dios.

11.- Y todas las madres aquí – hoy -, las celebramos y declaramos que las madres son las heroínas. Gracias a ustedes nuestro país ha sido beneficiado con almas increíbles que han cambiado el curso, no sólo de nuestra historia local, sino de la tierra entera.

12.- No podemos saber qué lograrán nuestros ciudadanos aún no nacidos, los sueños que imaginarán, las obras maestras que crearán ni los descubrimientos que harán. Pero sabemos esto: cada vida trae amor a este mundo, cada niño trae alegría a una familia; vale la pena proteger a cada persona desde el momento de la concepción.

  Concluyo este artículo recordando las palabras del Papa Benedicto XVI: “Le recuerdo a todo aquel que se autonombre católico o lo sea, cualquier bautizado que quiera seguir en comunión con la Iglesia, con nuestro Señor Jesucristo y vivir en estado de gracia, NO puede apoyar ni votar a ningún candidato abortista”.

 

Bendiciones

 

Humanizar el sufrimiento

 

En el evangelio de san Marcos 1,29-39, se nos narra el milagro de la sanación de la suegra del apóstol Pedro y también la sanación de muchos enfermos y expulsión de muchos demonios de algunas personas por obra de Jesús. A todo esto, casi ya en los versículos finales se nos dice que los discípulos buscaban al Maestro y le dijeron que “todos” lo andaban buscando y el Señor les responde que hay que ir a otras ciudades y pueblos cercanos a seguir anunciando el evangelio porque para eso es que Él ha venido.

  Este pasaje del evangelista san Marcos nos pone de frente a reflexionar en la realidad del sufrimiento. Si a nosotros nos preguntaran si nos gusta el sufrimiento la respuesta por lógica ya sabemos cuál sería. Pero, lo cierto es que, aunque a ninguno de nosotros no nos guste sufrir, experimentamos el sufrimiento, y no una ni dos veces en nuestra existencia, sino varias veces. Claro que no se trata tampoco de afirmar que nuestra vida sea o deba de ser un continuo sufrimiento. Pero ¿por qué sufrimos? Pues porque el sufrimiento es parte de la realidad de nosotros los seres humanos; nosotros los seres humanos sufrimos, nos guste o no, estemos de acuerdo o no; el experimentar el sufrimiento no es una opción en nuestra existencia. Dios mismo no exentó a su Hijo del sufrimiento; al contrario, el mismo Jesús dijo que si a Él le hicieron todas esas cosas, a nosotros también nos sucederían o la experimentaríamos. Jesús no vino a explicarnos ni a quitarnos el sufrimiento; Jesús vino a llenarnos de su presencia. Aquí no cabe aquel slogan de una iglesia cristiana brasileña “pare de sufrir”. Pero en nuestros días se ha deshumanizado el sufrimiento y tenemos que recuperar esa dimensión de este. El que sufre no es una cosa; es un ser humano. No se trata de eliminar, matar al ser humano que sufre haciéndole sentir una falsa compasión (eutanasia); es más bien combatir y eliminar el sufrimiento, acompañando al que sufre. Por eso, ¡recuperemos la humanización del sufrimiento!

  Ante la realidad del sufrimiento tenemos que asumir actitudes. Actitudes que encontramos en estos breves versículos arriba mencionados. Vemos a Jesús que no es indiferente ante el sufrimiento del otro, es más bien solidario; se acerca al que sufre con amor, se compadece y actúa en consecuencia. Compadecerse del sufrimiento ajeno no es nada más sentir lástima; el compadecernos del sufrimiento ajeno nos lleva a actuar en consecuencia para ver o buscar la forma de cómo podemos ayudar a sanar o liberar del mismo, a ejemplo de Jesús. Es como lo dirá Jesús a sus discípulos en el pasaje de la multiplicación de los panes cuando éstos le pidieron que despidiera a la gente a sus casas porque ya casi anochecía y no habían comido, y el Señor les dijo “denles ustedes de comer”. No se trata de despedir a la gente ante sus necesidades, ante sus sufrimientos; se trata más bien de ayudarles a resolver sus necesidades, sus sufrimientos.

  Un aspecto muy importante que nos encontramos en estos versículos de san Marcos es que nos presenta a Jesús, -nuevamente-, realizando milagros; lo que en lenguaje técnico se conoce como un “taumaturgo” (hacedor de milagros). Pero debemos de tener muy claro que Jesús no vino al mundo a hacer milagros, sino más bien a anunciarnos el mensaje del Reino de Dios, la salvación. Por lo tanto, los milagros que Jesús realizaba se tienen que leer y ver en relación con este mensaje, no fuera de él. Por eso es que Jesús en ocasiones nos lo presentan los evangelistas que se niega a realizar milagros porque la gente eso es precisamente lo que buscaba en Él: ¡buscaban los milagros del Señor, pero no al Señor de los milagros! Ya en este mismo pasaje de san Marcos se nos narra que no sanó a todos los enfermos ni a todos los posesos, sino que sanó y liberó a “muchos”. Recordemos que en ocasiones se queja de esa visión y, justamente después del milagro de la multiplicación de los panes les reclama a la gente que están siguiéndolo no por el mensaje que transmite, sino porque les dio de comer; y en otra ocasión cuando dijo que esta generación si no ve no cree. Queda más bien especificado por el mismo Jesús que su misión es anunciar el evangelio, la buena noticia de salvación. Cuando Jesús, después de la resurrección, tiene que regresar al Padre les dice a sus discípulos que vayan a anunciar el evangelio a todos los hombres y todos los pueblos y el que quiera creer y se bautice se salvará; su mandato no fue que fueran a realizar milagros. El mismo apóstol san Pablo en su primera carta a los Corintios 9,16-19.22-23 nos dice “hay de mi si no anuncio el evangelio”, y como signos de la veracidad del mensaje les acompañarán los milagros. Pero no al revés. Como vemos, san Pablo sabe que su misión fue esa, la de anunciar el evangelio, no la de realizar milagros. En nuestros días también se sigue dando una visión taumatúrgica de la persona de Jesús; es decir, hay personas que sólo buscan a Jesús para que les realice un milagro, pero no tanto seguirlo porque hayan descubierto en él al Hijo de Dios, al Mesías, al salvador. Buscan y siguen los milagros del Señor, pero no buscan ni siguen al Señor de los milagros.

  Esta es la actitud que debemos de asumir los creyentes en Dios y también como parte de su gran familia que es la Iglesia, a la cual pertenecemos por el bautismo que hemos recibido. Tenemos que ser fieles al mandato del Señor de seguir anunciando su evangelio y Él mismo se irá encargando de ir realizando los pequeños o grandes milagros en nuestras vidas que considere que nos merecemos. Recordemos que la base del milagro es la fe, y no al revés. Como pedimos los cursillistas de cristiandad en nuestra guía del peregrino: señor, que no busquemos tus milagros; pero sí que tengamos tanta fe que merezcamos que nos los hagas.