martes, 27 de diciembre de 2016

Respuesta a César Medina


  Señor Medina, he leído con detenimiento y atención en su columna de este prestigioso diario su escrito titulado “Wally Brewster…(1)”, de fecha 22/12/2016 en donde usted hace una defensa del señor embajador de los Estados Unidos y su esposo en cuanto a su labor diplomática y también en referencia a su condición sexual. Usted dice en el artículo que, y cito: “El que diga que no, miente: El embajador Wally y su esposo Bob harán falta cuando se marchen en enero y se despidan como embajadores de los Estados Unidos”. Que yo sepa, el embajador es el señor Wally, no su esposo. Pero a lo mejor será cuestión de semántica o jerga diplomática de la cual me declaro ignorante. Continúa usted diciendo de ellos que dominaron el debate público, dando de qué hablar, impusieron su agenda y cumplieron su misión…que es mucho para dos embajadores improvisados que llegaron a la defensiva con el estigma de su preferencia sexual en una sociedad homofóbica que aún cree que la homosexualidad se contagia por ósmosis. No sé si el término este bien usado aquí, pero creo que es más seguro y certero referirlo a lo que dice la ciencia con respecto a la conducta homosexual. Usted también menciona que “la Iglesia, y me imagino que se refiere a la Católica, que es más homofóbica aún, gritándole ¡maricones! desde el altar”.

  Señor embajador Medina, permítame aclararle lo siguiente. Cuando el señor Brewster fue designado como embajador de los Estados Unidos ante el Estado dominicano y antes de que nuestro gobierno le diera el plácet, hubo manifestaciones en contra de ello no debido a su preferencia homosexual, sino más bien a que de ante  mano se sabía que venía con una agenda de imposición LGTB. Nuestra sociedad dominicana tiene sus principios, valores y costumbres propias y, absolutamente nadie, aún en su condición de embajador, tiene derecho a venir a imponernos cosas contrarias que atenten contra nuestra identidad cultural. Por otro lado, le recuerdo que no fue la Iglesia, como usted dice, que le gritó maricones a estos señores y mucho menos desde el altar. Me imagino que se refiere usted a unas palabras dichas por nuestro Cardenal López en una entrevista improvisada después de un acto religioso. Con todo el respeto que me merece y le debo a mi Cardenal, le aclaro que él no es la Iglesia; él es parte de la iglesia. La Iglesia la formamos todos los bautizados, por el hecho de ser bautizados. Pero cuidado, el ser bautizados no nos garantiza que ya estemos salvados, tenemos que vivir de acuerdo a ese regalo de Dios. Una de las cosas que muchas personas y, sobre todo muchos comunicadores, tienen que aprender  a distinguir es saber cuándo un obispo, cura o diácono hablan de manera personal y cuándo hablan en nombre de la Institución eclesial. Sepa usted que ninguno de éstos ministros anteriormente mencionados ostenta la voz oficial de la Iglesia Católica en la República Dominicana. La voz oficial de la Iglesia Católica en nuestro país es la Conferencia del Episcopado Dominicano, y es un organismo colegiado. Además, le remito al Catecismo de la Iglesia Católica nn. 2357-2359 sobre lo que nos enseña nuestra Iglesia con respecto a los homosexuales y la homosexualidad.

  Por otro lado, señor Medina, en varios diarios digitales, entre ellos “7 días.com.do”,-que no me extrañaría que los calificara de estiercoleros digitales-, aparece un escrito de la columnista Margarita Cordero, de fecha 15/06/2013, donde escribe un artículo titulado “España niega el plácet a Oscar Medina para sustituir a su padre César en la embajada”. Este artículo deja claro algunas aseveraciones que son atribuidas a su persona sobre el tema de su visión de la homosexualidad y del interés de su persona por ocupar la legación diplomática dominicana en los Estados Unidos. El artículo hace referencia que el gobierno español se negó a dar el plácet a su hijo alegando su consanguinidad como razón de su decisión inapelable, sobre todo cuando se conoció que usted pernoctaba más en nuestro país que en su puesto de trabajo. Pero con el tema sobre la homosexualidad, habla de su “furibunda homofobia”  a la briosa defensa de los LGTB: dice que por los pasillos se sabe de su interés por ocupar la embajada dominicana en Washington, y del cambio dado por usted de su más cerril homofobia al abanderamiento en la defensa de la homosexualidad del señor Brewster, y de cinco antológicos artículos escritos por usted comenzando el 2 de julio de ese año 2013 sobre el tema. Habla también de la utilización de sus programas y columna del Listín Diario para imputar a personas que no le agradan, con intención marcadamente insultante, la condición homosexual. Desórdenes hormonales, repetía cada vez más de las más recientes el 7/12/2012, para asimilar inmoralidad sexual y enfermedad. Su regodeo de la descalificación era patético pero a usted no le importaba.

  Señor embajador Medina, sea honesto y no manipulador. Usted tiene todo el derecho a hablar en defensa del señor embajador Brewster, pero hágalo con dignidad, respeto y decoro hacia el público; y sobre todo apegado a la verdad. Usted es primero un comunicador. No se trata de ocupar el primer lugar en la palestra pública, en este caso, de la comunicación. Comunique la verdad. Le recuerdo que andan en las redes sociales videos de usted despotricando contra el señor Danilo Medina cuando todavía no era candidato presidencial y, hoy presidente lo nombró a usted embajador. Cuidado con la hipocresía señor Medina. Hay que tener cuidado con lo que se habla hoy en día porque todo queda grabado y publicado. Y una cosa más señor Medina, estoy seguro que muchos que lean su artículo no estarán de acuerdo con su opinión, -derecho que también les asiste. Tenga la seguridad, y lo puede escribir con tinta indeleble, que yo soy uno de los que no extrañaré al señor Brewster y su esposo, y no estoy mintiendo. La misión diplomática del señor Brewster me recuerda a la también anterior misión de su compatriota el señor Robert Pastorino, a quien usted se refirió en uno de sus artículos titulado “Wally Brewster, Pastorino” (20/4/2016), como “un chicano embajador metiche que tuvo sus desavenencias con el ex presidente Joaquín Balaguer en el 1994”, y con nuestro señor Cardenal López Rodríguez.

  Yo también soy una especie de comunicador; tengo que comunicar la verdad, en mi caso, la verdad de Dios manifestada en la revelación divina en su Hijo Jesucristo porque creo y quiero ser libre como el Maestro de Nazaret lo enseñó.

jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Nueva Tolerancia o Autoritarismo?


Etimológicamente la palabra tolerancia significa la actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias. El hablar de nueva tolerancia ya nos da la idea de que hay una vieja tolerancia o una tolerancia pasada de moda, etc. Esto, visto así, es un absurdo. El cristianismo en este punto es fundamental, ya que es y ha sido siempre desde sus inicios el fruto del carácter cristiano. El apóstol san Pablo la menciona en su carta a los Gálatas como una de las actitudes fundamentales de todo cristiano: capacidad de soportar sin quejarse, y como base de la convivencia.

  Actualmente, y desde hace mucho tiempo, podemos decir que estamos viviendo un despojamiento de la racionalidad, esto causado por la falacia de esta nueva tolerancia en nuestra cultura, y cada vez es más profundo. Francisco Goya, en su obra “Los caprichos”, -que es una crítica a la sociedad española-, en uno de sus grabados que es un auto-retrato, presenta al pintor durmiendo sobre su escritorio después de haberse agotado, y su frase lapidaria es que “el sueño de la razón produce monstruos”. Es decir, si nosotros suspendemos la  razón, llegamos a la monstruosidad. Así va naciendo esta nueva tolerancia. La humanidad hace tiempo que viene huyendo, escapándose de lo racional y adentrándose en lo absurdo; el sociólogo Juan José Sebreli, en  su libro “El olvido de la razón”, donde cuestiona a otros grandes pensadores como Freud, Nietzsche, Heidegger, etc., dice que éstos formulaban preguntas cuyas respuestas estaban alejadas de la racionalidad, y así nos conducen a un callejón sin salida. En este marco aparece entonces esta nueva tolerancia. El absurdo es la negación de la razón. Hoy se está dando prioridad al sentimiento por encima de la razón.

  Entonces, todo esto aplicado a lo que en la actualidad estamos viviendo, hay que decir y afirmar que todo este nuevo pensamiento o, mejor dicho, “pensamiento único”, que ha hecho su entrada al mundo y se nos está imponiendo, nos lleva a vivir, proclamar y defender este absurdo. Esta Ideología de género que se está imponiendo en las sociedades es el gran absurdo de la humanidad: ¿cómo se puede interpretar el hecho de que una persona que nace siendo hombre se le ocurra decir después de unos años, que se siente mujer y viceversa, que por tanto hay que cambiarle el nombre y todo lo demás? Es decir, la persona puede llegar a ser cualquier cosa. Y a esto es lo que muchos llaman “progreso”. Somos iguales ante la ley, pero no iguales mediante la ley: la igualdad jurídica no puede ni debe suplantar la desigualdad biológica. Por ende, las leyes positivas, -es decir, las leyes escritas-, deben subordinarse a las leyes naturales y no colisionar con ellas.  El Papa Francisco ha  afirmado y denunciado que imponer esta ideología de género, -o como él ha llamado colonización ideológica-, a los niños en las escuelas y colegios es una maldad. Se establecen leyes por pura subjetividad y esto no es más que un absurdo jurídico, porque no se legisla para un grupito sino para la mayoría, aunque lo quieran pintar de otra cosa que suene bonito. Nuestros legisladores, legisladoras, jueces y demás autoridades deben tener mucho cuidado en no caer y no dejarse chantajear por esta irracionalidad para que no construyan monstruos.

  En el mundo hay muchas idioteces y éstas las promueven, proclaman y defienden los idiotas; por lo tanto, en nuestro mundo hay muchos idiotas. Y al utilizar esta palabra no lo hacemos con intención de ofender a la sociedad, porque la idiotez, según los griegos, es la persona sin formación académica, la persona que no razona culturalmente. Vivimos en lo se ha llamado como la “idiotización de la cultura”: y es que estamos en medio de una batalla cultural que busca generar cambios reales a partir del cambio cultural. Así entonces, esa vieja tolerancia que preconizaba la valoración del individuo, el respeto y la aceptación del otro ya es obsoleta, y ahora hay que darle paso a la nueva tolerancia para abandonar así los viejos principios y valores e inventarse y asumir otros nuevos. En la vieja tolerancia se discutían las ideas para llegar a la verdad, mientras que en la nueva tolerancia estas discusiones están vedadas porque es discriminación: cada grupo e individuo tiene sus verdades éticas. Esto es un relativismo moral, no hay valores morales absolutos. Es cierto que todas las verdades de los demás son respetables, pero también es cierto que son discutibles. Y es que pensar distinto no es intolerancia. Estamos siendo llevados a vivir en una sociedad autoritaria, y eso es peligroso: ejemplo de esto son EE.UU, España, Argentina, Francia, México, Canadá, etc.

  Aquí hay que mencionar otra consecuencia que está provocando esta nueva tolerancia, y es que se está llevando a la humanidad a un “vaciamiento espiritual”. Si todo es relativo, ¿qué valores les enseñaremos a nuestros hijos? ¿Qué valores enseñarán los maestros en las escuelas y colegios a los estudiantes? ¿Sobre qué se van a sustentar los valores de la sociedad en el futuro? Los cristianos, los que pensamos diferente, no podemos dejar que se nos avasalle; que se nos trate como ciudadanos de segunda, tercera o cuarta categoría.  Tenemos que seguir siendo tolerantes, pero de convicciones profundas,  proclamarlas y defenderlas; porque, como ya lo dijo Jesús “si callamos, las piedras hablarán” (Lc 19,40).

martes, 15 de noviembre de 2016

Hablemos del pecado: La prueba


“…Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro” (Gn 2,25).

  No caben dudas que la vida en el paraíso era buena, sencilla y gozosa. No había de que preocuparse. Como lo dice este versículo no había de que avergonzarse. Lo importante era vivir al máximo y en plenitud. La misma relación con Dios era plena. Dios mismo dialogaba con el hombre de sus cosas. Había una armonía plena con toda la creación. Pero, no todo ciertamente era perfecto. Más adelante, en el mismo pasaje bíblico, leemos: “Oyeron luego el ruido de los pasos del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista del Señor Dios entre los arboles del jardín (3,8)… Y al preguntarle el Señor por que había hecho eso, Adán contesto: estoy desnudo, por eso me escondí” (3,10). ¿Cuál fue la razón de este cambio repentino? Pues el pecado.

  El pecado nos desnuda ante Dios. Ante la presencia de Dios no se puede estar de cualquier manera, sino cuando nos presentamos ante Él en justicia y santidad. Jesús dijo: “Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo” (Jn 15,19). Pero lo cierto es que a Dios no podemos volver de cualquier manera: “No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos” (Mt 7,21); y el apóstol Santiago nos dice: “muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe” (St 2,18). Si el pecado nos desnuda ante Dios, la fe nos mantiene cubiertos y con una coraza que nada ni nadie podrá destruir. La fe, hecha obras nos mantiene la gracia y por lo tanto nos encamina a la santidad y estar en la presencia de Dios.

  El pecado ha provocado muchas y desastrosas consecuencias en el mundo y, sobre todo, en el mismo ser humano. Podemos mencionar el sufrimiento. En le Génesis 3,16 leemos: “Con trabajo parirás los hijos”. Esta consecuencia del pecado está dirigida a Eva; pero a Adán también le tocó: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Gn 3,17). Estas dos sentencias siguen vigentes para la humanidad hasta que termine de cumplirlas mientras dure. Una segunda consecuencia del pecado es la muerte. San Pablo dice: “por un solo hombre entró el pecado al mundo y por este la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres” (Rm 5,12); y el apóstol Santiago dice: “el pecado, una vez consumado, engendra la muerte” (1,15). Como vemos, el cuerpo del ser humano sufrió las consecuencias más sensibles para la persona y ante ella reaccionamos con mayor ímpetu a causa del sufrimiento que suelen originarnos. También el alma sufrió las consecuencias del pecado, así como la voluntad y la libertad humanas.

  Concluyendo esta parte podemos decir entonces que la naturaleza humana quedó muy golpeada por el pecado. No está totalmente destruida, pero si muy herida por el dolor, el sufrimiento, la muerte, la concupiscencia, etc. Por eso es que Dios Padre nos ha enviado a su Hijo para redimirnos, para curar nuestras heridas, como la oveja perdida que al ser encontrada por el pastor la carga en sus hombros y la regresa al redil.

Bendiciones.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Católicos Veletas


Es sabido por todos que la veleta es un instrumento que sirve para saber o señalar  la dirección del viento. Si aplicamos estas palabras a la actitud de una gran parte de los católicos, podríamos decir que los mismos actúan como si fueran veletas: caminan, giran, piensan y hablan de acuerdo a la dirección del viento o de acuerdo a las circunstancias del momento.

  Hoy estamos experimentando una de las más nefastas actitudes que puede asumir una persona que dice que es creyente en Dios y la Iglesia, y es esta ambigüedad de actitudes frente a muchas situaciones que van en contra del evangelio y la enseñanza de nuestra Iglesia, sobre todo en el aspecto moral. De hecho, la humanidad viene atravesando por diferentes crisis: política, financiera, social, cultural, religiosa, etc. Pero todas estas crisis son causa de una más grande: CRISIS MORAL. La oscuridad en la que está viviendo gran parte de la humanidad se ha infiltrado también en muchas de sus instituciones, y una de ellas es la Iglesia; y cuando decimos Iglesia nos referimos a la familia-pueblo de Dios. Hay muchas tinieblas al interior de la familia de Dios. Y estas se manifiesta en actitudes que asumen o asumimos muchos de los cristianos católicos, -aunque no sólo católicos-, que dejan poco o nada qué desear. Muchos nos hemos dejado o se han dejado arropar por este relativismo destructor que está permeando gran parte de la vida y fe de los creyentes. Muchos se han o nos hemos convertido en defensores de lo indefendible o en justificar lo injustificable, en una actitud abiertamente contraria a la voluntad y mandatos de Dios. Muchos hemos tomado el evangelio y lo hemos ido adecuando a nuestras necesidades y pareceres, y esto no es más que una traición no solo al evangelio, sino al mismo Jesucristo, que mandó a sus discípulos a que transmitieran el mensaje del evangelio tal cual ellos lo recibieron, sin cambiarle una sola letra, porque el evangelio es de Cristo; y también nos dijo que seriamos sus amigos si hacemos lo que él nos manda (Jn 15,14).

  Son muchos los grupos que se han alineado con los poderes oscuros de este mundo y se han catalogado como los verdaderos y únicos intérpretes del evangelio haciendo una tergiversación del mismo y aplicándose ellos mismos el calificativo de católicos. Un ejemplo de esto y de los más sonados es el grupo pseudoreligioso autodenominado “católicas por el derecho a decidir”, que no es más que un grupo feminista-radical-liberal que apoya, defiende y promueve la legalización del aborto, -un lobo disfrazado de oveja-, financiado por organismos internacionales (ONU, UE, IPPF, la mayor organización abortista mundial, -cuya filial en Rep. Dominicana es PROFAMILIA-, y que apoya económicamente a la candidata demócrata a la presidencia de EE. UU. Hillary Clinton, y ese apoyo tiene un precio). Grupos como estos y personas que piensan igual no son más que esos “católicos veletas”: porque piensan que manipulando el evangelio, haciéndole decir al evangelio lo que no dice o proclamando una falsa misericordia y compasión, creen que están en el camino correcto. Ya el mismo Jesús dijo “el que no obedece uno de los mandatos de la ley, aunque sea el más pequeño, ni enseña a la gente a obedecerlo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos…” (Mt 5,19); y también: “enséñenles a cumplir todo cuanto yo les he enseñado” (Mt 28,20); y el apóstol san Pablo: “harán caso a gente hipócrita y mentirosa, cuya conciencia está marcada con el hierro de sus malas acciones” (1Tim 4,2). El verdadero cristiano, seguidor de Cristo, no actúa como una veleta; más bien debe adherirse con todo su ser al mensaje evangélico, con sus exigencias y radicalidad.

  Vemos entonces cómo en algunos países del mundo se están llevando manifestaciones a favor y en defensa de la vida y de la familia natural (padre-madre-hijo). Hay que tener cuidado con la manipulación del lenguaje: no decimos “familia tradicional, sino familia natural”, para no dar la impresión de que si es tradicional pues hay que cambiarlo o modernizarlo. La institución familiar es anterior al Estado y demás instituciones; incluso, es anterior a la misma Iglesia. No fue el Estado ni la Iglesia los que inventaron la institución familiar. El Estado lo único que le corresponde es tutelar este bien natural, y a la Iglesia bendecirlo en nombre de Dios. Pero en muchas sociedades el Estado se ha erigido como dueño y señor de la misma y ahora la ha destrozado con estos “nuevos modelos de familias” que se ha inventado; y hay grupos, personalidades, gobiernos, etc., que están imponiendo a los países más pequeños, -débiles y pobres-, estos modelos aberrantes de familias. Karl Marx anotó claramente en sus Tesis sobre Feuerbach (tesis IV): “si el origen de la familia celestial no es más que la prefiguración de la misma familia terrena humana, es a ésta a la que hay que destruir”. Y Wilhelm Reich, en su libro La función del orgasmo, sostenía que la familia es una construcción enferma y que la liberación sexual sería no sólo la cura sino el nuevo método revolucionario. Esto es lo que muchos cristianos católicos están defendiendo, bajo el manto de un falso concepto de la misericordia y falsos derechos. Con ello no están más que negándole el derecho a Dios y cambiando lo que ellos no inventaron y que Dios no les dio ninguna autoridad para hacerlo.

  Los cristianos, -católicos, ortodoxos, protestantes-, debemos ser luz en medio de las tinieblas. La luz está hecha para iluminar la oscuridad, no para taparla. No seamos manipuladores del evangelio y no le hagamos decir al evangelio lo que no dice. No es el evangelio el que tiene que acomodarse a nosotros, sino al revés. La Iglesia es la encargada, por mandato del mismo Jesucristo, de llevar el evangelio al mundo para que  éste pueda ser transformado; no es el mundo que hay que meter en la Iglesia. Tenemos que ser misericordiosos con las personas, pero intransigentes con el pecado, como lo dijo, hizo y enseñó Jesucristo, porque “el que no recoge con él, desparrama; y el que no está con él, está contra él” (Lc 11,23).

jueves, 6 de octubre de 2016

El camino del amor cristiano


  La encíclica del Papa Benedicto XVI “Dios es amor”, comienza con este pasaje de la carta de san Juan: “Dios es amor, quien permanece en el amor habita en Dios y Dios habita en él”. Estas palabras de la carta de san Juan expresan con singular claridad el centro de la fe cristiana, la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente visión del hombre y de su camino. El camino de todo cristiano esta en amar a Dios y servir a los hermanos en el amor y la misericordia, especialmente con los más necesitados, como hizo Jesús.

  La parábola del buen samaritano Lc 10, 29-37; cuenta cómo solo este hombre, -que no era bien visto por los judíos-, ayuda a un hombre que había sido asaltado y golpeado en el camino y que había sido ignorado por un sacerdote y un levita que pasaron delante de  él sin atenderlo, por considerar que el contacto con su sangre podía contaminarlos. La parábola debe inducirnos a transformar nuestra mentalidad según la lógica de Cristo, que es la lógica de la caridad: Dios es amor, y darle culto significa servir a los hermanos con amor sincero y generoso.

  Este relato evangélico ofrece el “criterio de medida”, es decir, la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado en “cualquier caso, quien quiera que sea”. Junto a esta regla universal, aparece una exigencia específicamente eclesial: que en la iglesia misma, en cuanto familia, ningún miembro sufra por necesidad. El camino del cristiano, aprendido de la enseñanza de Jesús, es “tener un corazón que ve donde hay necesidad de amor y actuará de manera consecuente”. En esta parábola, Jesús subraya la importancia primordial del mandamiento del amor y nos invita a practicar la misericordia con nuestro prójimo.

  Esta fue la vivencia y testimonio de nuestra ahora santa Teresa de Calcuta, a quien el Papa Francisco acaba de canonizar el mes pasado y así también nos la deja a todos los creyentes en Dios, hombres y mujeres de buena voluntad, como modelo de vida y ejemplo a seguir para que nuestra vida sea edificada en las enseñanzas de Cristo. La madre Teresa de Calcuta tuvo un amor privilegiado hacia toda persona que sufría y padecía las diferentes miserias humanas, muchas veces causadas por la misma actitud in misericorde de la humanidad. Tuvo también un amor tan grande y profundo hacia los niños que querían ser abortados. Nos quedan muy fresca aquellas palabra suyas cuando fue invitada como oradora en la asamblea de ONU y dijo “denme a los niños que quieran abortar, que yo los atiendo y les buscamos un hogar”. Ella fue muy puntual en su crítica al aborto. La hoy “santa” Teresa de Calcuta está de una manera especial entre nosotros y se queda cercana a nuestras vidas porque tenemos a una intercesora más que de seguro está pidiéndole a Dios por nosotros.

  Teresa de Calcuta fue una mujer, una cristiana, de un amor sincero que le llevó siempre a tener abierto su corazón. No ocultaba nada. Teresa de Calcuta siempre fue una mujer, una creyente en Dios que buscó el bien de los demás. Ella, como fiel amadora del Amor, buscó a toda costa evitar el mal y desear siempre el bien del otro. Una mujer en la que no hubo doblez ni falsedad para quedar bien ante los demás, contrario a lo que sus detractores han querido endilgarle. Una mujer que siempre amó al otro como es, nunca por lástima. Ella supo poner en práctica las palabras del apóstol Pablo a los Gálatas “tenemos que ayudarnos mutuamente a llevar las cargas de los otros” (6,2). Aprendió y enseñó a rechazar las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad y envidia.

   El amor que profesaba y testimoniaba Teresa de Calcuta no se hacía del rogar para prestar su servicio al que lo necesitaba. Es como el ejemplo de la misma Madre de Dios cuando, después del anuncio del ángel, se fue a asistir a su prima Isabel. Y es que saber adelantarse es una cualidad de delicadeza espiritual. Nos imaginamos que con Teresa de Calcuta nadie tuvo nunca que rogarle al- gún servicio; más bien podríamos pensar que en muchas ocasiones tuvo y supo renunciar a lo suyo, a lo que le agradaba, para poder servir a los demás, sobre todo, a los que más necesitaban.

  El amor exige trabajo y Teresa de Calcuta era una mujer infatigable, eficiente, creativa. Una mujer que de seguro se preocupaba porque todo se hiciera y le saliera bien, haciendo las cosas con calidad. Era una mujer que no postergaba la labor de lo que el Señor nos pide realizar a favor y hacia los demás. Una mujer que no perdía tiempo, no se dejaba dominar por la flojera ni el descuido para que no se apoderara de ella ni de su misión.


viernes, 23 de septiembre de 2016

El Drama de la Homosexualidad (2a parte)


En 1973 la homosexualidad fue sacada de la lista de enfermedades de desorden mentales, pero esto se debió a la presión de grupos gays, a la cabeza Ronald Bayer, y es un buen ejemplo de cómo  la militancia política puede llegar a interferir y alterar el discurso científico. Y en 2008 la APA (American Psychological Association), declaró en su documento “Orientación sexual y homosexualidad: aunque se ha investigado mucho sobre las posibles influencias genéticas, hormonales, sociales, culturales y de desarrollo sobre la orientación sexual, no se han encontrado evidencias que permitan a los científicos que la orientación sexual está determinada por uno o varios factores en particular. Muchos piensan que lo biológico y lo ambiental juegan en conjunto roles complejos; la mayoría de las personas experimentan poca o nula sensación de haber elegido su orientación sexual”. El escritor y ex homosexual Richard Cohen, en su libro “Abriendo las puertas del armario: Lo que no sabías de la homosexualidad”, nos dice que hay que comprender que este fenómeno, más que un asunto político y moral, es más bien un asunto psicológico, y que por lo tanto no debemos de seguir mirando con ojos de rechazo a estas personas que sin haberlo elegido experimentan atracción por su mismo sexo.

  Las crisis de confusión sobre la identidad sexual que se da en la adolescencia no son difíciles de superar, con o sin ayuda médica, según la gravedad del caso. Lo que sería un gran error es que asuman la condición de homosexual como algo normal y definitivo, y animarles a que desarrollen su sexualidad en ese sentido.

  Es importante tener en cuenta y llamar la atención en quienes defienden, por ejemplo, la castidad o la fidelidad conyugal que tengan que padecer, en nombre de la tolerancia, todo tipo de ataques o burlas, y sin embargo no se pueda opinar sobre cómo debe abordarse el tema de la homosexualidad. Parece que no puede hablarse sobre aquellos a quienes el progresismo oficial otorga la condición de agraviados. Es una curiosa tolerancia unidireccional, por la que unos pueden atacar pero nunca ser atacados. Al final es un simple problema de libertad de expresión.

¿Qué nos enseña nuestra Iglesia católica al respecto?

  ¿Es la iglesia la que ha sido dura y poco comprensiva con la homosexualidad y los homosexuales? ¿O es más bien la misma sociedad, que en muchas épocas y ambientes, ha asumido estas actitudes? Es verdad que muchos católicos se han dejado contagiar por estas influencias de la sociedad, pero la Iglesia sabe bien que las tendencias homosexuales constituyen para algunas personas una dura prueba, e insisten en que deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza, y que ha de evitarse respecto a ellas todo signo de discriminación injusta (CIC 2358).

  Las inclinaciones o actos homosexuales son objetivamente desordenados y, por tanto, es inmoral realizarlos, pero el homosexual como persona merece todo respeto. Esas personas han de ser ayudadas para que puedan ser plenamente felices. Y su necesidad principal no es el placer sexual, sino la alegre y necesaria certeza de sentirse queridas, comprendidas y aceptadas personalmente. La acción pastoral de la Iglesia con estas personas ha de caracterizarse por la comprensión y el respeto. Tienen que sentirse miembros de pleno derecho de la parroquia, y para ellos vale la misma llamada a la santidad del resto de los demás hombres y mujeres. Hay que tener siempre presente la maternidad de la Iglesia, que ama a todos los hombres y mujeres, también a aquellos que tienen grandes problemas.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

El drama de la Homosexualidad (1a. parte)


  ¿Qué nos dice las Sagradas Escrituras al respecto? Gen 19,1-29: “destrucción de Sodoma y Gomorra: Lot hospeda a dos hombres en su casa, y los aldeanos quieren abusar de ellos…” Lev 18,22: “no te acostarás con varón como con mujer: es abominación”; Rm 1,24-27: “Dios los entregó a sus pasiones infames, sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza. Igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrazaron a sus deseos de unos por otros, cometiendo infamia de hombre con hombre…”; 1Cor 6,10: “no heredarán el Reino los ladrones, avaros, borrachos, ultrajadores, explotadores, adúlteros, afeminados, homosexuales…”; 1Tm 1,10: “la ley ha sido instituida para los prevaricadores, impíos, pecadores, irreligiosos, adúlteros, homosexuales, mentirosos…”

  La homosexualidad la podríamos calificar como un fuerte drama, es decir, la persona homosexual sufre mucho, y quien conozca o tenga contacto con alguna de estas personas, sabe o tiene que darse cuenta de que tiene que asumir una actitud de comprensión y aprecio muy especiales por ellas. Tenemos que ser capaces de comprender el dolor y sufrimiento por el que transitan estas personas.

  La homosexualidad se puede superar. Pero no es fácil. La medicina ha avanzado mucho, y hay abundante experiencia clínica de que la homosexualidad se puede superar con una terapia adecuada. El sicólogo holandés Gerard van der Aardweg, que tiene una experiencia de más de veinte años trabajando con la homosexualidad y homosexuales, afirma que el homosexual tiene instintos heterosexuales, pero que suelen ser bloqueados por su convencimiento homosexual. Por eso, la mayor parte de los pacientes que lo desean verdaderamente, y se esfuerzan con perseverancia, mejoran en uno o dos años, y poco a poco disminuye o desaparecen sus obsesiones homosexuales. Dejarse llevar por estos impulsos homosexuales produce angustia aún más grande, pues lleva una vida de profundos desequilibrios afectivos, disfrazados quizá por una satisfacción aparente, pero que acaba conduciendo a una mayor desesperanza y un mayor deterioro psíquico.

  La iglesia católica les anima a asumir la cruz del sufrimiento y de la dificultad que puedan experimentar por su condición, es decir, esa cruz es la castidad: un sacrificio que les proporcionará como beneficio una fuente de auto donación que los salvará de una forma de vida que los amenaza continuamente con destruirlos. La actividad homosexual impide la propia realización y felicidad, porque es contraria a la naturaleza. En los casos más graves quizá no sean aptos para el matrimonio, pero siempre son aptos para amar –de otra manera- a los demás, y así pueden vivir incluso con un amor mayor que el que reina en muchos matrimonios.

  Hay quienes dicen y hasta afirman que la homosexualidad tiene un origen genético. Esto es falso. Por lo menos hasta el día de hoy la ciencia no lo ha demostrado. Hace un tiempo atrás se habló del gen de la homosexualidad, pero esto fue desmentido por la misma ciencia. Graig Venter, fundador de una de las compañías más punteras de la investigación genética dijo: “no tenemos genes suficientes para justificar la noción de un determinismo biológico, y es altamente improbable que puedan existir genes específicos sobre el alcoholismo, la homosexualidad o la agresividad. Los hombres no son prisioneros de sus genes, sino que las circunstancias de la vida de cada individuo son cruciales en su personalidad”. La homosexualidad no es genética, sino sobrevenida.