martes, 12 de diciembre de 2017

La Dirección Espiritual (3): Canal de Gracia


“Quien a ustedes escucha, a mí me escucha” (Lc 10,16).



  Dios ha derramado su gracia abundantemente sobre nosotros, sus hijos e hijas. Jesús mismo nos vino a participar de la gracia de Dios-Padre cuando dijo que vino al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo; y también cuando dijo “yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Esto es lo que podemos entender como la gracia de Dios. San Pablo nos dirá que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Entonces podemos decir que la dirección espiritual es un canal de gracia. Sabemos también que el Señor nos ofreció curación, sanación de la enfermedad del pecado: “son los enfermos los que necesitan al médico; no los sanos”. Esta sanación del alma nos la participa el Señor por medio de Él mismo y, otras veces por medio de otros que Él ha elegido para obrar en nuestro favor.

  Nuestro Señor tiene sus formas y maneras de cómo actuar en nosotros; tiene sus instrumentos que ha elegido. Nadie tiene la exclusividad de este actuar en nombre de Dios. Pero también nosotros debemos de tener mucho cuidado de no instrumentalizar a Dios ni al Espíritu Santo para intentar hacerles que hagan lo que nosotros queramos. Aquí nos estamos refiriendo más específicamente al director espiritual, ya que es una persona, un instrumento en las manos de Dios; una persona elegida por Él para este servicio. El director espiritual es una persona que conoce el sendero, que se ha preparado para este ministerio; es una persona que ha profundizado en el conocimiento interior del alma y que, en muchas de las veces, hace de maestro y guía, de médico; es un amigo que acompaña en el caminar; es también ese buen pastor en las cosas que a Dios se refiere.

  El director espiritual es esa persona que ayuda a ver los posibles obstáculos que nos podemos encontrar en el camino de la vida; nos guía por caminos y senderos de vida interior para que luchemos con eficacia y nos anima en toda circunstancia. Por eso, quien a él lo escucha, escucha a aquel que lo ha enviado y de quien en su nombre habla y actúa. Es el Espíritu de Dios que actúa y habla en él y por medio de él. El director espiritual tiene que saber despertar la sed y el hambre de Dios en el alma; tiene que saber avivar la llama del Espíritu cuando percibe que ésta se quiere apagar en el alma; guía al alma por el sendero de la vocación a la que ha sido llamada por el Señor y así también puede reafirmarla si ya se conoce la misma. El director espiritual nos ayuda a conducirnos por el camino de la santidad enfrentando con valentía el pecado. De ahí que, como nos dice Francisco Fernández-Carvajal: “Por eso, estos deseos de ser mejores, de crecer en la amistad con Jesucristo y de preocuparnos de los demás, son el fundamento de la dirección espiritual”. De ahí que insistamos en que la dirección espiritual sea un canal de gracia, ya que la vida del Señor, su amor y su amistad se desbordan abundantemente para que desde ya en esta vida luchemos por nuestra santidad, como lo dijo el mismo señor Jesucristo: “sean santos como su Padre celestial es santo”. El director espiritual nos ayuda a mantenernos en el camino que Dios desde un principio ha elegido para nosotros, porque él mismo es un hombre que vive en libertad y nos encamina para que vivamos y usemos de esa libertad con la cual hemos sido creados y revestidos por Dios.

  La Iglesia, que es el pueblo de Dios, siempre ha visto y recomendado esta práctica desde antiguo como un camino eficaz que nos ayuda a mantenernos en el camino hacia esa santidad que el Señor Jesús nos ha llamado. Es un medio eficaz también para mantenernos en la práctica de una vida espiritual y práctica cristiana efectiva, profunda y comprometida; por esto siempre la ofreció a sus hijos e hijas porque ella es consciente de que solos no podemos avanzar o se nos hace difícil el camino para poder vivir y ser luz en medio de tanta tiniebla que nos rodea.

  La vida del hombre sobre la tierra es un constante desafío. Cada día debemos estar dispuestos a nuevas cosas que pueden ocurrir: una enfermedad, un accidente, un fracaso, una pérdida… Ante todo esto corremos el riesgo de apartarnos del camino de Dios. Con la ayuda del director espiritual podemos mantenernos en el sendero de nuestra vocación divina, porque solo el dominio de Dios conduce al bien, a la bendición; mientras que, el dominio del mal, de la desidia, del sin sentido conduce a la destrucción, inseguridad, temor y muerte.

Si lo sabemos, ¿Por qué no lo practicamos?


En el diccionario etimológico encontramos que la palabra autoridad viene del latín auctoritas, que derivó de auctor, cuya raíz es augere, que significa aumentar, promover, hacer progresar. Desde el punto de vista etimológico, autoridad es una cualidad creadora de ser, así como de progreso. Pero también en latín las palabras ducet et docet hacen referencia a conducir y enseñar. Así entonces, tenemos que la persona que ejerce autoridad es aquella que es creadora o forjadora del ser propio y del ser del otro. Pero, también en base a las palabras latinas antes mencionadas, podemos decir que la persona que ejerce autoridad es aquella que sabe o debe conducirse en la vida y a la vez enseña a los demás.

  Desde el punto de vista da la fe, podemos afirmar que estas cualidades estaban bien claras y definidas en la persona de Jesús: Jesús fue llamado por los demás como el Maestro; que enseñaba con una sabiduría diferente a la de los demás escribas y fariseos. Jesús también se conducía con autoridad y esto era muy bien percibido por sus oyentes; sabía muy bien ejercer esta cualidad con sus seguidores, principalmente con sus discípulos. Una cosa es ejercer la autoridad y otra es ejercer el autoritarismo: la primera, como ya lo hemos visto, es positiva y ayuda al buen conducirse de la persona; mientras que la segunda es entendida como el ejercicio abusivo de la autoridad, y puede derivar en despotismo, dictadura, absolutismo, etc.  Todo esto viene al asunto de preguntarnos por qué hoy en día la humanidad esta tan falta de autoridad o, como dicen otros, hay un gran vacío de autoridad en la humanidad, en sus instituciones. Se puede decir que esta falta de autoridad se ha institucionalizado, es estructural; y esto, como es lógico, está contribuyendo al deterioro de la convivencia social, familiar y cultural.

  Pensemos rápidamente en la falta de autoridad que hay en la institución familiar. Parece ser que en nuestros días, los padres tienen miedo a ejercer la autoridad que es su deber. Hay padres que tienen o manifiestan miedo a corregir a sus hijos de sus errores; que, en el colmo, hasta parece que les piden permiso a sus hijos para hacer o decir las cosas, etc. Uno de los grandes errores en muchos hogares es que hoy todo lo dialogan, y no todo se dialoga; la aplicación de las normas se regatea y los padres, muchas veces, ceden ante el chantaje de  los hijos. Un error de muchos padres es pensar que sus hijos no pasen las dificultades que ellos pasaron en su niñez o que no tengan las limitaciones que ellos tuvieron. Pero, ¿es este pensamiento correcto? Claro que no. A los hijos  no se les puede dar todo, aunque se pueda darlo; más bien hay que enseñarles a esforzarse en la vida, hay que enseñarles el valor del sacrificio, del trabajo, del respeto, de la responsabilidad; como se dice popularmente: hay que enseñarles a rascarse con sus propias uñas. A los hijos no se les puede llenar de derechos, y no recordarles sus deberes. Hay que educarlos enseñándoles quién tiene la autoridad en el hogar, y la autoridad es monopolio de los padres. Los padres cristianos deben de pedirle a Dios que les ilumine para que sepan ejercerla con amor y de acuerdo a su voluntad; el mejor ejemplo lo tienen en el mismo Jesús que practicó el servicio con amor y autoridad.

  Y en cuanto al ejercicio de la autoridad en la sociedad, ¿qué pasa? Pues que vemos cómo la autoridad está desacreditada en ella. Hoy tenemos una sociedad desafiante a la autoridad, en gran parte consecuencia de que la misma Institución ha caído en la violación de la misma ley que ella está llamada a cumplir y hacer cumplir. Tenemos una Institución que negocia y hasta le regatean y se deja chantajear en la aplicación de la ley. Las leyes se negocian, se discuten, se aprueban o se rechazan en el Congreso; pero una vez aprobadas y promulgadas, se tienen que aplicar: “la ley es dura, pero es la ley”. Hoy en día se está exigiendo el “imperio de la ley”. Debemos y tenemos que ser una sociedad que no transija con la aplicación de la ley; que sea cierto de que todos somos iguales ante la ley. Que la ley no sea utilizada para proteger a los poderosos y fastidiar a los pequeños. Y es que cuando una sociedad esta manga por hombro, no queda más que el desorden y caos. No se trata de exigir a los demás que cumplan la ley que yo no estoy dispuesto a cumplir. Es muy característico de nosotros que cuando vamos a un país en donde sí se cumplen las leyes, nos adaptamos inmediatamente a ello, pero no queremos hacerlo en nuestro país. Y es que ese es el problema, no queremos hacerlo. Seguimos fomentando el desorden, la anarquía, el caos, porque hay quienes se benefician del desorden; queremos ser una sociedad ordenada, pero sin esfuerzo ni sacrificio. La autoridad tiene que devolverle a la Institución el monopolio de la misma, pero ella tiene que dar ejemplo de su fiel cumplimiento al resto de la sociedad, porque el ejemplo entra por casa.

  Si sabemos esto, pues actuemos en consecuencia. No seamos cobardes ni acomodaticios ni irresponsables. Tenemos un deber y responsabilidad que asumir, ya que por esto se nos pedirá cuenta.

 

martes, 28 de noviembre de 2017

Ser Profeta Hoy

Cuando el ministro ordenado administra el sacramento del bautismo, hay unas palabras que pronuncia en el momento de la unción con el santo crisma: “…que Dios te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo sacerdote, profeta y rey”. Esta es lo que se conoce como la triple dimensión del bautizado. Pero muchas personas, incluyendo muchos cristianos, tienen una idea errónea de lo que es el verdadero profeta, (estamos refiriéndonos al profeta bíblico). El profeta bíblico no es la persona que adivina el futuro; no es una especie de chaman o brujo, etc. El verdadero profeta bíblico es, -en su definición más sencilla y clásica-, el que denuncia la injusticia y anuncia, al mismo tiempo, la justicia.
  El profeta bíblico es la persona elegida por Dios y no al revés; después es llamada por Dios para servirle; es la persona poseída por el Espíritu de Dios; no es él el que posee ni domina el Espíritu. De manera que hablará y actuará de acuerdo a lo que el Espíritu le inspire, en el momento que le inspire y en el lugar o circunstancia que le inspire. Es la persona que habla en nombre de Dios y no en nombre propio: “No serán ustedes los que hablen, es el Espíritu de mi Padre que hablará por ustedes”, dijo Jesucristo; el profeta hablará palabra de Dios y por eso es que el mensaje que anuncia siempre incomoda. Pero hay una actitud normal ante esta elección de Dios, y es que se manifiesta por lo común un rechazo a esta elección divina. El ejemplo más paradigmático que tenemos en las Sagradas Escrituras es el de Jonás que, al ser elegido por Dios para ir a profetizar a Nínive, -la gran ciudad-, se le escabulle y se esconde de Dios hasta que después de varios intentos no le queda de otra que acceder a lo que Dios le encomienda.
  En el libro del profeta Jeremías 20,7-9, leemos que el profeta le dice a Dios: “me sedujiste Señor y me dejé seducir…” Si es cierto que es Dios el que elige y llama a la persona para este ministerio, también es cierto que Dios no coacciona la libertad de la persona; Dios tiene la forma o manera de cómo lograr convencer a la persona para que acceda a su petición; es como si Dios nos enamorara. Pero es que también la persona decide con su libertad dejarse seducir, porque la Palabra de Dios es como fuego ardiente que quema las entrañas, sigue diciendo el profeta.
 El profeta de Dios, es la persona que molesta, fastidia, incomoda; pero también es incomprendida, perseguida, mofada, etc.; y como si todo esto fuera poco, su desenlace es por lo general la muerte. Tenemos tantos ejemplos en las Sagradas Escrituras y en la historia de la Iglesia, y el mismo Jesucristo no se libró de esta situación. Por eso es que la persona que ha sido elegida por Dios para este ministerio por lo general manifiesta su rechazo a esta elección aun sabiendo que viene del mismo Dios. Hoy, más que nunca,  necesitamos asumir esta dimensión de nuestro bautismo; ser verdaderos cristianos que, sin mirar hacia atrás, asumamos desde nuestra fe, este ministerio. El profeta no es la persona que esta puesta por Dios para asumir una actitud de pura y sólo criticadera; el profeta de Dios no es la persona criticona; no es la que habla sólo por hablar, sin razones, sin fundamentos ni argumentos: “Les daré palabras que ningún adversario suyo podrá rebatir”, dijo Jesucristo.  Hoy en día a nosotros se nos está prohibido o se nos quiere prohibir hacer crítica, denunciar sobre todo lo que está mal. Una de las características de nuestra sociedad dominicana es que es una sociedad criticona: todo lo critica pero pocas veces hace algún aporte importante para remediar o cambiar eso que critica; muchas veces es una crítica despiadada, vulgar, desconsiderada, con un lenguaje violento e incitando a la violencia, falta de respeto, sin fundamentos, y todo amparado en la libre expresión: “No hay dudas de que las redes sociales han permitido dar voz a una masa de personas que nunca la tuvo; y que buena parte de ella es ignorante, maleducada y hace del insulto, la mentira y la estupidez su forma de manifestarse. En cierto sentido es verdad que los idiotas han encontrado en las redes sociales su ambiente natural, y también que sus opiniones, cuando son repetidas por un número suficiente de personas, son influyentes a pesar de su contenido absurdo” (Gloria Álvarez, Cómo hablar con un Progre, pp. 66-67); y san Pablo en su carta a los Colosenses 3, 1-11 nos dice “desháganse de la ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡Fuera de su boca!”
  Los del bando contrario tienen cansado a uno con la desgastada y manipuladora frase “es que son unos retrogradas, medievales y conservadores”; frase esta que desde hace mucho tiempo nadie se las compra ni se las cree. El mundo de hoy está cada vez más descristianizado; Voltaire dijo: “dime a quién no puedes criticar, y te diré de quién eres esclavo”. Y es que para muchos, el disentir es sinónimo de odio. Pero el profeta no debe de amedrentarse ni por qué ceder ante estas insinuaciones y pretensiones de los adversarios. El profeta, que es la persona que habla en nombre de Dios, jamás se sentirá ni estará desamparado de Dios; el mismo Dios lo ha dicho y prometido, y Jesús lo ratificó: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

  Dios es el que nos convoca para que seamos y hagamos de sus profetas en medio de las contrariedades y peligros que Él sabe a los que nos podemos enfrentar o encontrar en el camino. El mismo Jesucristo dijo que si nosotros dejamos de hablar en su nombre, entonces hablarán las piedras; y si esto llegara a suceder, pues podemos estar seguros de que algo grande en lo que respecta a nuestra fe y compromiso cristiano está fallando. Y es que el que no está con Cristo está contra Él; y el que no recoge con Él, desparrama.

miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Existe el "derecho" al matrimonio homosexual? (2a. parte)


Si bien es cierto que hay grupos o lobbies que están haciendo todo el esfuerzo y presión para lograr el reconocimiento de derechos, no es menos cierto que también hay una gran cantidad de homosexuales que esto no les interesa. Es más, hay testimonios de personas con atracción al mismo sexo que no se sienten representados por estos grupos y que han manifestado su desacuerdo en la manera en cómo los mismos vienen ejerciendo su lucha. Testimonios de esto hay muchos, pero los medios de comunicación esto no les interesa resaltarlo porque también están fuertemente contaminados con esta ideología totalitarista, manipuladora y avasallante. Más bien, estos se sienten que están siendo tratados como tontos útiles por estos grupos y organismos para conseguir sus fines. De hecho, hay que afirmar que para que una ideología avance necesita del apoyo del Estado. Lo que en realidad quieren conseguir es la homosexualización de las sociedades.

  De esto nos damos cuenta cómo, desde las escuelas, se viene imponiendo esta ideología. Presentar como normal, lo que por naturaleza no lo es. Recordemos, hace unos meses atrás en nuestra sociedad dominicana, la asistencia del ex embajador norteamericano Wally Breuster y su compañero sentimental que asistían a las escuelas a tener pláticas y reuniones con los estudiantes y personal docente disque llevando ayuda a las escuelas. Su real y verdadera intención era ir mentalizando a los estudiantes, desde temprana edad, a ver esas relaciones entre personas del mismo sexo como normales. Y es que estos individuos están siempre buscando la manera de cómo ingeniárselas para conseguir y buscar el apoyo de su estilo de vida. Esto, en palabras evangélicas se dice así: “Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta el tiempo oportuno” (Lc 4,13). Así actúan éstos, se retiran pero a planear su siguiente estrategia para volver al ataque.

  No hay dudas de que nuestro sistema educativo está siendo permeado por esta ideología de género. Hay testimonios de personal docente de nuestras escuelas que dicen que en ocasiones son invitados a retirarse un fin de semana para darles unos talleres sobre educación y cuando empiezan a escuchar las charlas o conferencias no son más que pura charlas con contenido ideológico de género, sobre cómo  deben de hacer en sus cursos con los alumnos y transmitirles estos contenidos, y esto se hace con conocimiento del mismo Ministerio de Educación sin que los padres se enteren;  esto seguirá sucediendo mientras los padres no se planten ante esta mentalización ideológica de sus hijos y rechacen lo que se llama el “pensamiento políticamente correcto”.

  Con respecto al “matrimonio homosexual”, el derecho no protege cualquier relación humana, sino sólo aquellas imprescindibles para la organización comunitaria. En consecuencia, la razón por la cual el matrimonio propiamente dicho o,- matrimonio natural-, tiene un estatus especial dentro del ordenamiento jurídico, es porque las futuras generaciones surgen precisamente de estas uniones. Otro argumento de estos grupos de presión o lobbies es que afirman que la existencia de estas uniones homosexuales no afectaría en nada al matrimonio natural y podrían convivir sin problema alguno en la sociedad. Pero es que hacer esto va contra toda lógica porque lo cierto es que no es bueno ni sano equiparar lo que es bueno y natural con lo malo y anti natural. Es como querer poner al mismo nivel la virtud y el vicio. El matrimonio natural vendría a convertirse en una cosa más dentro de tantos modelos de convivencia de parejas que se están proponiendo actualmente. El columnista italiano Michael Signorile dijo: “Pedimos el derecho a casarnos no como una forma de adherirnos a los códigos morales de la sociedad, sino de desbancar un mito y alterar radicalmente una institución arcaica, la familia. La acción más subversiva que pueden emprender los gays y lesbianas es transformar por completo la noción de familia”.  

  Conforme a la lógica aristotélica, la no discriminación consiste en el trato igualitario entre iguales, por ende, no otorgarles a los homosexuales el derecho a contraer matrimonio no encarna discriminación alguna, dado que no son iguales, sino justamente homosexuales. Somos iguales ante la ley, pero no mediante la ley. La igualdad jurídica no puede ni debe suplantar la desigualdad biológica. La igualdad jurídica significa que todos aquellos que tienen capacidad para contraer matrimonio tienen el derecho de estar habilitados para hacerlo. Entonces, dos homosexuales que quieran vivir juntos lo pueden hacer. Pero ese acto privado no es de interés público, el Estado no tiene ni debe otorgarle aval oficial alguno, ni proveerles privilegios que la propia naturaleza del vínculo que eligieron tener les impide. Las leyes positivas, -es decir, las leyes escritas-, deben subordinarse a las leyes naturales y no colisionar con ellas.

 

martes, 10 de octubre de 2017

¿Existe el "derecho" al matrimonio homosexual? (1a. parte)


De todos los argumentos más falsos, pero más cacareado por los grupos LGTBI, es decir que el matrimonio es un derecho, o que se trata de igualdad de derechos. NO LO ES. Y en esto estarán de acuerdo los expertos en materia de derecho, aunque muchos de ellos no se atrevan a decirlo porque a lo mejor no quieren que los tachen de intolerantes o de homofóbicos. Pero, como ya lo dijo el Cardenal Robert Sarah, Prefecto para la Congregación del Culto Divino: “decirles la verdad a los homosexuales, es amarles”. Y esto es lo que le falta a muchas personas, incluyendo los cristianos.
  Es sabido por todos que en muchos países del globo terráqueo (en Europa unos 14 países tienen regulados estas uniones, así como Canadá, USA, México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile), este tipo de legislaciones lo han logrado estos grupos o lobbies de presión LGTBI con ayuda de organismos internacionales como la ONU, OEA, UE; y Ongs poderosas económicamente como las que patrocina George Soros, Los Rockefeller, Bill Gates, etc.; gente poderosa que ha utilizado gran parte de su fortuna para ir imponiendo todo este tipo de legislaciones englobadas en la ideología de género, que incluye el aborto, eutanasia, el mal llamado e infundado cambio de sexo, etc.
  Pero sigamos hablando del matrimonio. Y es que para empezar, la misma palabra “matrimonio” ya le queda grande a estos grupos. La misma raíz etimológica lo contradice: matrimonio viene del latín mater  (matriz, madre = sitio en que se desarrolla el feto), y monium (calidad de = la aportación de la mujer que contrae nupcias para ser madre. En su aspecto natural implica la procreación, es decir, la multiplicación de la especie humana). El matrimonio es también, por un asunto jurídico, protección de la madre. Como vemos, en las parejas del mismo sexo esto no se cumple; ya desde aquí, empiezan mal. El matrimonio no es un derecho que el Estado le confiere a los individuos. El matrimonio no fue inventado por el Estado, por lo tanto, no tiene derecho ni potestad a cambiarlo; tampoco fue inventado por la Iglesia, y ésta tampoco tiene derecho a cambiarlo. El matrimonio es de institución divina y por lo tanto, es un don o regalo de Dios para el hombre y éste debe de realizarlo tal cual su Creador lo instituyó: entre un hombre y una mujer.
  Pero sigamos con la parte legal. El matrimonio no es un derecho, sino más bien una restricción de los derechos que el individuo ya tiene. Por ejemplo: en el Estado de California y otros más, si la esposa se compra un carro con su dinero, la mitad del valor de ese carro le pertenece al esposo aunque su nombre no esté en el título de propiedad y viceversa. Las personas que simplemente viven juntas pueden hacer todos los acuerdos que entre ellos les parezca, sean heterosexuales u homosexuales. Pueden dividir sus posesiones como quieran 50-50, 70-30, 90-10, etc. Pueden hacer su unión temporal, permanente o sujeta a ser cancelada cuando así lo decidan.
  La sociedad no tiene los mismos intereses en el resultado de la unión de parejas homosexuales, como sí las tiene las parejas heterosexuales. Transferir todas esas leyes a estas parejas, es como querer transferir las reglas del béisbol al futbol (Thomas Sowell). El  tribunal internacional de Estrasburgo, que es el más importante en materia de Derechos Humanos en la Unión Europea, sentó jurisprudencia ante esta realidad y concluyó que el tal derecho al matrimonio homosexual no existe. Argumentó este Tribunal lo siguiente: “Recuerda por unanimidad que la Convención Europea de los Derechos Humanos, no incluye un supuesto derecho de las parejas del mismo sexo, tanto en el marco del derecho a la vida privada y familiar (art. 8), como el derecho a casarse y tener una familia (art. 12)”.El artículo 12 consagra el concepto tradicional y natural del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y una mujer. Por otro lado, tenemos también que el Tribunal Supremo de Israel acaba de emitir una sentencia sobre el mismo: “El TS ha rechazado una petición de la asociación israelí LGTBI para equiparar, sin legislación mediante, el matrimonio y las uniones de personas del mismo sexo. Según la ley israelí, los tribunales rabínicos son la única autoridad relativa al matrimonio en el país”. Y el Tribunal de Irlanda del Norte también sentó jurisprudencia en el mismo tema: “Este Tribunal ratificó la sentencia del Tribunal de Estrasburgo”.
  Entonces, si se ha sentado bases a nivel internacional sobre este aspecto, la pregunta obligada es ¿por qué los países, organismos internacionales, ongs y demás, ignoran estas sentencias? ¿Por qué los activistas homosexuales quieren ver sus derechos restringidos con las leyes matrimoniales, cuando pueden perfectamente hacer sus propios contratos con sus propias provisiones y realizar todo tipo de ceremonias que les plazca para llevarlo a cabo? La respuesta es inmediata: en realidad lo que estos grupos de presión LGTBI buscan es que el resto de la sociedad les acepte su estilo de vida, una aprobación social oficial y no un asunto de derechos. ¿Por qué insisten tanto en que una institución como la Iglesia Católica les apruebe su estilo de vida, si ya a nivel legal lo han logrado en muchos países? Y esto le ha traído persecución a la misma institución eclesial como a los cristianos; hay tantos casos de esto, que solo basta con navegar un poco en internet y con solo poner la palabra “persecución religiosa o contra los cristianos, tenemos de sobra.

martes, 3 de octubre de 2017

Cumplir los mandatos del Señor o rechazarlos


En el primer relato de la creación del capítulo primero del Génesis, leemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Pero lo cierto es que muchas personas todavía hoy no entienden estas palabras o no saben cómo interpretar esta imagen y semejanza del hombre con Dios. La respuesta más sencilla a esta cuestión es saber que, el hombre, a diferencia de los demás seres vivientes creados por Dios, fuimos creados con tres facultades específicas y que nos hacen exclusivos frente a los demás seres vivos, y son las facultades de la inteligencia, voluntad y libertad. Aquí está nuestra imagen y semejanza con Dios. Pero también lo cierto es que estas facultades no las poseemos o tenemos de manera absoluta, sino que tienen sus límites. Pero cuando el hombre se ha empecinado en transgredir esos límites ahí vienen las dificultades. Recordemos el pasaje del a Torre de Babel donde el hombre quiso, no sólo ser igual que Dios, sino más que Dios y las consecuencias que esta actitud le trajo. Y es que el hombre, hoy en día,  sigue queriendo ser más que Dios.

  En el libro del Eclesiástico 15,16-21 leemos que el escritor sagrado nos señala que “si queremos, guardaremos los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad, y que por eso Dios ha puesto delante de nosotros fuego y agua, vida y muerte, para que escojamos de acuerdo a nuestra voluntad y libertad; y que Dios no ha mandado al hombre a pecar…”  La palabra guardar hay que entenderla como practicar. Por eso el mismo Jesús nos dice en el evangelio de san Juan: “si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos en él nuestra morada”. Y es que guardar los mandatos del Señor nos da la herencia eterna porque ellos alegran nuestro corazón (Slm 119,11). Aquí entran en juego la voluntad y libertad del hombre; Dios nos da la opción de elegir. Sabemos lo que Dios quiere para nosotros, pero no basta con que Él quiera nuestro bien, es necesario que nosotros también queramos nuestro bien. También se nos habla de la prudencia. Y la prudencia es una de las virtudes cardinales, que son cuatro: prudencia, justicia, templanza y fortaleza. Las virtudes cardinales son fundamentales en el ser humano. La palabra virtud quiere decir hacer hábito; pero este hábito no es en sentido de rutina, sino hábito de hacer lo bueno, porque es bueno.

  La virtud de la prudencia ayuda al hombre a discernir el bien del mal o distinguir entre el bien y el mal, para que pueda elegir siempre el bien. Pero, como está en juego la facultad de la libertad, pues no siempre elegimos el bien, sino el mal. Para el hombre siempre es bueno elegir la voluntad de Dios, eso lo hace un hombre prudente: “…el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca” (Mt 7,24); elegir lo contrario, por lo tanto, lo hace un hombre imprudente. El hombre siempre está pidiéndole a Dios que le muestre su voluntad y que se haga su voluntad en él, pero cuando Dios muestra cuál es su voluntad, que no siempre coincide con la del hombre, éste se echa para atrás.

  El mal, el pecado, más que estar fuera del hombre, está más bien dentro del hombre. Todo lo que Dios creó lo creó bueno, y al hombre lo creó muy bueno, nos dice el Génesis. Entonces, si el hombre fue creado muy bueno, ¿por qué peca? Pues porque quiere y elige pecar. El pecado se gesta, se anida en el interior del hombre, y de su interior pasa al exterior: “no es lo que entra al hombre lo que lo hace impuro, sino lo que sale de su boca…”, dijo Jesús. Cuando el hombre consiente en su interior, es lo peligroso. El consentir es como un deleitarse, gozarse en el pecado, y después viene la acción. Cuando Jesús habla de que si no somos mejores que los fariseos y escribas, no entraremos al reino de los cielos, nos está exhortando a que no nos quedemos en la letra, en lo externo de la ley, sino que seamos capaces de ir al espíritu de la ley. Por eso fue que Él vino a darle su plenitud a la ley y a los profetas, y no a abolirla. La ley de Dios y la ley dada a Moisés, nos son dos leyes contrapuestas, sino una sola ley dada al hombre en dos etapas: una en el Antiguo Testamento, que es preparación para la segunda, dada en el Nuevo Testamento y revelada en el Hijo de Dios. Jesús se nos muestra así como el verdadero legislador. Jesús nos hace ver en nuestro interior; por eso insistió tanto en limpiar nuestro corazón y en que no nos parezcamos a los fariseos y escribas. Que no hagamos de nuestro culto a Dios un culto vacío; que no honremos a Dios con los labios, sino con el corazón. Que elijamos cumplir sus mandatos y enseñemos a los demás a cumplirlos para así ser grandes en el reino de los cielos. Que seamos capaces de hablar de los mandatos del Señor ante los reyes y poderosos de la tierra, y en especial de nuestra sociedad, sin miedo ni vergüenza. Los mandatos del Señor dan vida y alegran el corazón.

lunes, 2 de octubre de 2017

Renovar nuestra mente


En su carta a los Romanos, san Pablo nos exhorta a que no nos ajustemos a los criterios de este mundo, sino que nos dejemos transformar por la renovación de nuestra mente, para que sepamos discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto (12, 1-2).

  En otras ocasiones hemos dicho y lo repetimos, que este mundo cada vez más está descristianizándose, (veamos principalmente a Europa); y es que cada vez más muchos cristianos se están acomodando a los criterios de este mundo y esto va en contra de la enseñanza del evangelio. Si Cristo, que se nos presentó como la luz verdadera que alumbra a todo hombre, y gran parte de la humanidad ha rechazado esa luz, por lo tanto está viviendo y caminando en la tiniebla; muchos cristianos también se han sumado y sumido en esa tiniebla porque se han alejado de la luz y han dejado de ser la sal y luz para el mundo; han perdido su sabor, se han vuelto sosos y están siendo tirados al suelo para ser pisoteados; se han llenado de oscuridad y ya no pueden iluminar.

  Hoy escuchamos a muchos cristianos decir a boca llena que son cristianos pero de mente abierta o, dicho en inglés que parece que suena más bonito, son “open main”. Pero lo cierto es que hay tantas personas con la mente abierta que podemos decir que se les ha salido el cerebro y parece que no se han dado cuenta. Esta actitud ya la denunció el mismo Cristo cuando dijo “nadie puede servir a dos amos al mismo tiempo…” Y es que con esa frase se da paso a todo lo que quiera entrar: aborto, uniones legales entre homosexuales y adopción de niños por estos, eutanasia, ideología de género, etc. Porque hay que ser inclusivos, y parece y el mensaje es que Cristo, el evangelio y la Iglesia son excluyentes. Muchos dicen “soy cristiano, pero de mente abierta”. Esto no es correcto: o se es cristiano completo o no se es cristiano.

  Pero esta mentalidad, esto de ser de mente abierta, no afecta y tampoco es una conducta que asumen sólo los laicos; es que también hay sacerdotes, obispos, religiosas y algunas instituciones de la nuestra iglesia Católica que se han plegado a este pensamiento relativista. En nombre de una falsa misericordia, una falsa caridad y falsa tolerancia, hoy muchos están aceptando todo como bueno y válido. No es raro encontrarnos con sacerdotes, obispos y colegios católicos apoyando todo esto que el evangelio denuncia. Muchos cristianos se han dejado arropar por esta oscuridad que les tiene nublado el cerebro y su fe, porque hay que estar bien con el mundo y sus pompas, sus errores, sus equívocos, pero se rechaza la enseñanza evangélica: Ya lo dijo el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino: “decirle la verdad a los homosexuales es amarles”.

  Otro síntoma de este plegarse a los criterios del mundo es adherirse a lo que los analistas políticos llaman “lo políticamente correcto”, o como otros prefieren llamar “pensamiento único”. Por eso es que también vemos cómo muchos de los hombres y mujeres de la política, que están encargados de elaborar, aprobar y aplicar las leyes en sus países y que se dicen que son cristianos, sucumben tan fácil a este pensamiento único; no son fieles a sus convicciones cristianas y después que la Iglesia les llama la atención, se sienten ofendidos, rechazados, juzgados, señalados, etc. Tenemos el caso, -no el único-,  de la legalización del aborto en Chile con el apoyo del partido demócrata-cristiano y lo que les ha dicho el obispo de Villarrica al respecto; y aquí en nuestra sociedad dominicana se ha tomado el caso trágico de Emely y el aborto al que fue sometida para traer el tema de su legalización por parte de los diputados con apoyo de las Ongs pro aborto, politizando así esta tragedia, como si esta fuera la solución a esta problemática.  Eso popularmente se llama “pescar en río revuelto”. Y es que la Iglesia de Cristo, como madre que es, también debe de llamarles la atención y hacer los correctivos de lugar cuando uno de sus hijos comete un error, y más si este error es voluntario o intencional. En el evangelio esto se llama “corrección fraterna”, es decir, corregir al que yerra con caridad, pero, -al mismo tiempo-, con autoridad.

  Por eso san Pablo nos exhorta a que renovemos constantemente nuestra mente, pero a la manera cristiana, de acuerdo a lo que el Espíritu Santo nos inspire. El cristiano debe de ser el discípulo que manifieste sin tapujos ni vergüenza las enseñanzas de su Maestro, Cristo Jesús, porque todo el que se avergüence de Cristo delante de los hombres, Él se avergonzará de suyo delante de su Padre. Cristo mismo ya nos había advertido que aunque estamos en el mundo, no somos del mundo; y que nos eligió para que demos fruto en abundancia y que ese fruto perdure. No se trata de estar con Dios y con el Diablo al mismo tiempo; no se trata de ser complacientes con el mundo; no se trata de enseñar un mensaje diferente al que nos vino a enseñar Jesucristo, porque el que se enseñe a los demás a cumplir un mensaje diferente, ése será el más pequeño en el reino de los cielos.

  Tenemos que ser instrumentos en manos de Cristo para ayudar a otros a que lleguen al conocimiento de la verdad y sean personas verdaderamente libres, porque para eso nos libertó Cristo. Tenemos el Espíritu de Dios para poder discernirlo todo y quedarnos con lo bueno rechazando lo malo. El que tenga oídos para oír, que oiga.