miércoles, 11 de julio de 2018

La Dirección Espiritual exige sinceridad


“Diles: Esta es la nación que no obedece al Señor su Dios ni quiere ser corregida. La sinceridad ha desaparecido por completo de sus labios” (Jer 7,28).



  Toda persona que se decide a recorrer el camino de Dios, lo primero que tiene que hacer es asumir con sinceridad dicho trayecto. Tenemos que aprender a adentrarnos en lo más profundo de nuestro interior y sacar toda esa basura que está asentada en el fondo; hay que sacarla a flote, hasta la superficie. No podemos estar poniendo o tapando con trapos nuestras miserias, nuestras limitaciones. Esto exige mucho valor porque no es fácil llevarlo a cabo. A mucha gente se le hace muy difícil enfrentarse a sus miedos, a sus miserias, a sus limitaciones, a sus defectos. Es como si tuviéramos un cadáver en el fondo de la piscina que está provocando el que salga manchas feas hasta la superficie y se atacan con limpiadores, pero por más que se quitan, vuelven y salen; pero lo que hay que sacar es ese cadáver del fondo que es el causante de las manchas. Eso es ir a la raíz del problema. Eso es lo que persigue la dirección espiritual. Por eso la exigencia de la sinceridad. Hay que ser capaces y valientes para ir a la causa principal de la dejadez o sequedad espiritual en la misma presencia de Dios. Estas manchas pueden ser la sensualidad, o un egoísmo brutal enmascarado, o una tibieza grande…Y para sacarla fuera, delante de la persona que nos puede entender y curar, es necesaria la gracia de Dios, que hemos de pedir, y la virtud humana de la valentía. Y Santa Teresa decía que por esto es que todas las almas necesitan un desaguadero.

  Para que la dirección espiritual sea eficaz y no se pierda el tiempo, es necesario e indispensable la virtud de la sinceridad. No es correcto querer disfrazar las cosas, los hechos, las causas; querer adornarlas o disfrazarlas para que suenen más bonitas o para dar la impresión de que no son tan feas o malignas. La sinceridad es la señal de que el acompañamiento ha arrancado con buen pie y es garantía de continuidad en el mismo. Si queremos recoger buenos frutos de la dirección espiritual es necesario la sinceridad desde el principio; es como dar esa buena imagen con claridad, sin engaños, de lo que realmente nos pasa. Cuando un enfermo va al médico, éste le dice directamente lo que le sucede sin rodeos ni tapujos; va directamente al punto de su malestar y así el médico ya sabe por donde tendrá que ir tratando el malestar y también qué medicamentos podrá recetar. Algo parecido sucede con la dirección espiritual cuando le tratamos al médico espiritual nuestros malestares o enfermedades del alma.

  La sinceridad no es exagerar. Es decir las cosas tal y como son, sin aumentarle ni disminuirle nada; no se valen las medias verdades ni los disimulos. Es sinceridad en lo concreto; en el detalle, con delicadeza, cuando sea preciso. Huyendo siempre del embrollo y de lo complicado. Cuando somos sinceros, somos capaces de reconocer nuestros defectos, miserias y equivocaciones. Es llamar las cosas por su nombre, sin disfrazarlos con falsas justificaciones.

  Cuidado con una estrategia del demonio en cuanto que puede llevar, -y de hecho lo busca-, a la persona a no buscar la ayuda necesaria para poder enfrentar determinado problema. Una de las condiciones de ese demonio, que es mudo, es precisamente hundir en la mudez a su víctima; ahogarlo en su problema y que no busque ayuda en nadie ni reciba ayuda de nadie. Se parece a esa acción que comete el león cuando caza a su presa, no la ataca en las patas sino más bien le clava sus colmillos en la garganta para ahogarla y no darle la más mínima oportunidad para gritar. Demostrado está que el tragarse las cosas nunca es bueno porque acumularíamos tantas amarguras y sinsabores, que en cualquier momento explotaríamos. No hay que dejar llegar las cosas al extremo.

  La sinceridad es el gran remedio de muchas angustias y problemas personales, que dejarán de serlo cuando nos abrimos a esa persona puesta por Dios para limpiarnos, curarnos, y devolvernos la dignidad perdida o maltrecha; esa persona que nos ayuda a ver la luz que, aunque tenue, se ve al final del túnel. Esa persona que Dios ha puesto para ayudarnos a enfrentar nuestras dificultades, puede ver en nuestro interior por la gracia de Dios con la cual ha sido revestido; sabe intuir toda la capacidad de bien que existe en nuestro corazón.

jueves, 14 de junio de 2018

Cuidado con esa estrategia.


El pasado mes de mayo salió publicada una información que daba cuenta de un programa-agenda patrocinada por una Ong Save the Children, en colaboración con el ayuntamiento del Municipio de Santo Domingo Oeste con la finalidad de incorporar los derechos de la niñez a la gestión municipal. El proyecto lleva por título “Gestión Municipal Participativa: inclusión del enfoque de los derechos de la niñez en la administración local de Santo Domingo”. Esto con el auspicio de la Unión Europea. Este proyecto incluye también lo que han denominado Enfoques de Género y la discapacidad como elementos claves en la construcción de municipios equitativos e inclusivos.

  Por otro lado, tenemos que en el mes de abril, salió otra publicación en los medios sobre la creación del programa Igualando RD, un programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) y el Ministerio de la Mujer, para implementar cambios transformadores en las empresas eliminando desigualdades y garantizando la igualdad entre hombres y mujeres. Esta iniciativa contribuye a que el sector privado sea parte activa en el cumplimiento de la nueva Agenda Global y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Es una iniciativa para que las empresas asuman la responsabilidad de implementar políticas y prácticas para ampliar el acceso al trabajo. Pero además la empresa pasa a formar parte activa de la Comunidad Global de Prácticas Laborales para la Igualdad de Género que coordina el PNUD.

  Todo esto viene a colación de que, desde hace un buen tiempo para acá, nuestra sociedad dominicana está siendo, -de alguna manera-, objetivo de estos organismos internacionales para ir implementando de manera muy sutil la Ideología de Género o como se le conoce también implementación de Eje transversal de género. Y como vemos, la estrategia tiene diferentes blancos de ataque: unos inician con la niñez y otros se lanzan por el lado del empresariado. Esa es la estrategia.

  Como parte de ésta, está también el tema relacionado con el aborto. Nuevamente estamos siendo blanco de ataque por estos grupos y ongs subsidiadas con dinero foráneo y nacional para que en nuestro país se legalice el asesinato de los no nacidos, -aborto. Se siguen esgrimiendo como argumentos las tres principales causales que ya conocemos y que se han legalizado en otros países. Pero también sabemos que el asunto es abrir las puertas a ese derrotero para llegar más adelante al aborto libre, que ya está legalizado en otros países. Estas tres causales, estos mismos grupos saben que ya no se sostienen debido al avance de los conocimientos de la ciencia en esta materia. Y es que los promotores del aborto saben que en este campo de la ciencia no pueden dar la batalla porque los argumentos científicos son contundentes, y por eso es que han decidido ignorarlos, y por otro lado siempre vienen con el tema de señalar la mentalidad religiosa como anacrónica y medieval. De hecho, ya está más que dicho hasta la saciedad de que la discusión sobre este tema es primeramente científico. Así proyectan sus faltas de argumentos en sus contrarios. A estos les encanta pelearse con los curas, pero le huyen a la ciencia, a la biología, a la genética.

  ¿Cuáles son las voces en las que se apoyan estos defensores y promotores del aborto? Voces de algunos comunicadores e instituciones que se la pasan pontificando en unos falsos derechos de la mujer, pero no quieren escuchar y rechazan las voces de las diferentes academias de la ciencia que ya han dicho a unanimidad que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Otro argumento de los abortistas es basarse en lo que otros países desarrollados han implementado en sus legislaciones con respecto al aborto, y que si ya éstos lo han legalizado, ¿por qué nosotros no? ¿Por qué permanecemos en el “atraso”? ¿Por qué no nos modernizamos? ¡Vaya modernidad la de asesinar a los niños en el vientre materno! ¿Que la madre tiene derecho a decidir sobre su cuerpo? Bueno, si la mujer quiere hacerse un tatuaje o ponerse un pirsin en su cuerpo, claro que lo puede decidir. Pero decidir sobre la vida de un tercero que tiene todo su código genético diferente al de la madre y que no es un tumor ni una mancha que nace en su vientre, eso es totalmente falso. Toda mujer que decide  embarazarse, será madre para siempre. Lo que tiene que decidir es si quiere ser madre de su hijo vivo o madre su hijo asesinado por ella misma.

  Cuidado con esos números de abortos que se presentan como argumentos para su legalización. Los abortistas en honor a la verdad no buscan el bienestar de la mujer ni su salud, mucho menos el aborto tampoco tiene que ver con la reproducción; más bien buscan el aborto en sí mismo porque es un negocio que mueve mucho dinero. No existe aborto gratis ni seguro. Para ellos es un asunto económico, político e ideológico, pero no humanitario.


La Dirección Espiritual: ¿Es necesaria?


“Déjenlos: son ciegos y guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo” (Mt 15,14).

 

Hay un dicho popular que dice que dos cabezas piensan más que una; cuatro ojos ven más que dos. Esto es verdad. Nosotros los seres humanos necesitamos de la ayuda de los demás, aunque nos neguemos a reconocerlo. Hay una mala costumbre de parte de mucha gente de negarse a buscar o recibir ayuda de los otros porque piensan que les están coartando en su libertad e interfieren en sus decisiones. Esto es falso. Partimos del hecho de que Dios nos creó seres sociables; no aislados, ni solitarios. Recordemos que por eso Dios después de crear al primer hombre, como vio que este se sentía solo dijo que no es bueno que el hombre este solo y le creó a la mujer como ayuda y compañera; la creó de su misma dignidad: “ésta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne”; fue la expresión de Adán al verla.

  En la vida espiritual, demostrado está que no podemos caminar solos; no es bueno que caminemos solos. Jesús fue consciente de esto, por eso se les acercó a los discípulos de Emaús y se puso a caminar con ellos; junto a ellos. Se ha demostrado que el realizar el camino de la fe y de la espiritualidad se hace mucho más fácil y llevadero cuando lo compartimos con los otros; cuando nos dejamos ayudar por los demás; cuando nos apoyamos en los demás. El acompañamiento espiritual es necesario e indispensable por muchas razones. En las Sagradas Escrituras nos encontramos con un pasaje del libro del éxodo en donde vemos que el pueblo de Israel se queja al vagar por el desierto sin rumbo ni sentido, que están cansados de dar vueltas y vueltas alrededor de la montaña. Esto es lo que podríamos parafrasear con el dicho popular de que “hemos caminado o vivido sin ton ni son”. Muchas veces así vamos nosotros caminando por la vida: sin saber a dónde vamos, sin que el estudio o trabajo nos acerca a Dios, sin que la amistad, la familia, la salud y la enfermedad, los éxitos y los fracasos nos ayudaran a dar un paso hacia adelante en lo verdaderamente importante: la santidad, la salvación.

  En la vida espiritual es muy fácil perder el camino, el sentido, la orientación; porque se está sometido constantemente a pruebas, tentaciones, obstáculos, etc., que lo cuestionan todo y lo confrontan todo. Es muy frecuente que en la vida espiritual pasemos por lo que muchos han llamado “la sequedad espiritual”, que es un arma de doble filo: por un lado si nos dejamos dominar por ella nos tira o lanza al suelo y se nos hace más difícil levantarnos; pero por otro lado, es la voz de alarma en nuestro interior que nos dice que hay que dar un paso más hacia adelante. Dejarnos ayudar en la dirección espiritual nos lleva a saber a no preocuparnos por cosas que en el fondo tienen o tenían poca o ninguna importancia, asuntos completamente irrelevantes y accidentales. Es necesaria la dirección espiritual porque muchas veces andamos con un fuerte desaliento o desánimo en nuestro caminar, y esto se puede presentar en cualquier momento o edad. Necesitamos esa voz amiga que nos grita el ¡ánimo, adelante! ¡No te detengas! ¡No debes pararte! porque tienes la gracia de Dios para superar cualquier dificultad ¡Cuánto mayores sean los obstáculos, mayor es la gracia de Dios! Estas palabras nos ayudan a recuperar la esperanza de saber que es Jesús que tiene la última palabra: “si tus problemas son grandes, cuéntales a tus problemas lo grande que es Dios”. No es bueno ir por la vida solos; no es bueno caminar en la vida solos.

  El camino a recorrer no siempre es claro. Muchas veces tendremos que preguntar a alguien que nos lleva cierta ventaja o experiencia por dónde es que se va a Dios. Por eso dijo san Agustín que, “así como un ciego no puede seguir el camino recto sin un lazarillo, tampoco puede nadie caminar sin guía”; y como dice la canción “sólo se llega a buen puerto, si se va de dos en dos”.  Francisco Fernández-Carvajal dice que porque el ojo, bueno para ver las cosas de afuera, es pésimo para verse a sí mismo. Y si no nos conocemos no podremos luchar, y sin lucha no hay santidad.

  Entonces, sí es necesaria la dirección espiritual. No podemos caminar solos. Dios lo supo y por eso actuó en consecuencia para que sus hijos no se pierdan en el camino. Jesús mismo lo enseñó y por eso estableció la comunidad de la Iglesia, para que nadie ose a caminar solo en este intrincado camino de la vida de fe y espiritual. Seamos humildes para reconocer, buscar y aceptar esa ayuda.

miércoles, 9 de mayo de 2018

¿Qué está pasando?


El autor del libro de los Hechos de los Apóstoles en 9,31 nos dice que la Iglesia se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba animada por el Espíritu Santo. Es sabido, sino por todos, pero sí por muchos que, uno de los males que ha sufrido y ha tenido que enfrentar la Iglesia de Cristo es el tema de la división a lo interno en ella. Esto lo leemos ya en el mismo evangelio y con el mismo Señor y Maestro, todo lo que tuvo que hacer para enfrentar y desterrar de sus discípulos esa actitud divisionista propia de todo grupo humano. En una ocasión el mismo Señor los conminó a que lucharan en contra de la división que el mismo satanás provocaría en su familia santa: “Todo reino dividido va a la ruina… entre ustedes no debe de ser así”; también tenemos la ocasión en la cual el Señor le pide a su Padre por la unidad de los suyos: “Que así, Padre, como tú y yo somos uno, que éstos también sean uno en mí, como yo en ti”. Así entonces, es enseñanza de nuestra Iglesia que la unidad querida por Jesús, -su familia santa, pueblo de Dios-, es un don y una tarea al mismo tiempo. Tarea esta que se debe de ir realizando en el tiempo; no es algo que se logra de la noche a la mañana. Primero está la gracia de Dios, porque sin él nada podremos hacer; y segundo esta nuestro esfuerzo, perseverancia y sacrificio. Es también sabido en la historia de la Iglesia que los peores enemigos suyos han salido de ella misma, de su interior: un ejemplo de esto, -y no es el único-, es el caso de José Stalin, que se formó en un seminario católico no porque sentía el llamado al sacerdocio ministerial, sino más bien para aprovecharse del nivel de formación académica que se recibe en estas instituciones.

  Todo esto viene al caso porque desde hace unos meses atrás hemos estado caminando en medio de una vorágine de acontecimientos que están soliviantando de alguna manera la misma doctrina eclesial con las consecuencias que esto provoca en los fieles católicos. Sabemos y tenemos conocimiento que dentro de la Iglesia hay diferentes grupos o corrientes con una marcada línea entre liberales y conservadores. Pero hemos perdido de vista que, no importa que seamos de un bando o de otro, lo cierto es que todos somos miembros de la Iglesia, la única Iglesia de Cristo y que por lo tanto debemos de guardar fidelidad a nuestro  Señor y fundador. Cuando el Papa Benedicto XVI anunció su renuncia al pontificado, una de las preguntas que le hicieron fue ¿qué pasaría ahora con la Iglesia? A lo que él, muy acertadamente respondió que la Iglesia no es suya, es de Cristo, y que él se encargaría de seguir llevando y guiando a su Iglesia por buen camino en medio de los embates que siempre ha padecido.

  En el continente europeo, más específicamente en Alemania, hemos venido escuchando afirmaciones, comentarios, sugerencias y hasta determinaciones por parte de la Conferencia Episcopal Alemana, -aunque no todos los obispos-, y algunos sacerdotes, sobre el asunto de aceptar que los divorciados vueltos a casar tengan acceso a la comunión sacramental aun sin haber anulado su anterior matrimonio; también un obispo llegó a afirmar que los homosexuales mientras más sexo tengan entre ellos, más santos serán; otra es que una gran parte de los obispos alemanes quieren permitir el acceso a la comunión sacramental de los luteranos casados con católicos. A esto, el Cardenal Gerhard Müller ha dicho que esta propuesta no puede contradecir la fe católica. Y la última es que el cardenal-arzobispo Marx, obispo de Múnich,  se opone a una determinación del primer ministro a que en los edificios públicos se ponga la cruz, porque dice que esto provocaría animosidad, divisiones y disturbios públicos; y el Cardenal arzobispo de Bélgica Jozet De Kesel, ha afirmado que a las parejas  homosexuales y lesbianas se les dé una especie de bendición simbólica a su relación pecaminosa, ya que la Iglesia debe respetar más a estas personas y su experiencia de la sexualidad. ¿Y entonces? ¿Qué está pasando? ¿A dónde queremos ir? Europa viene caminando por muchos años en una profunda descristianización y sumergiéndose en una islamización, y Alemania está muy a la delantera en esto. ¿A dónde quieren estos obispos y otros más llevar a la Iglesia de Cristo? Quieren acomodarse al mundo contraviniendo la misma enseñanza del Maestro y Señor. La Iglesia de Cristo no puede acomodarse al mundo. El Cardenal Eijk, de Holanda, ha dicho que la práctica de la Iglesia se basa en la fe y la tradición y no en el consenso de las mayorías; y esto corrobora lo que el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica Gaudete et Exultate, dijo al denunciar las modernas herejías del gnosticismo y pelagianismo. La Iglesia y sus miembros debemos de ser sal y luz para mundo, como lo enseñó y mandó el mismo Cristo; y además dijo que nosotros estamos en el mundo, pero no somos del mundo, y pidió a su Padre para que nos proteja del mundo. Lo que va a mantener a la Iglesia a flote en medio de toda esta tempestad es en la medida en que permanezca fiel a su Señor. Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI y ratificado por el Papa Francisco: “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción, por su fidelidad a Cristo y a su evangelio”. No es verdad que la gente quiere una Iglesia a tono con el mundo y sus pompas, una Iglesia dizque moderna. Quiere y anhela una Iglesia fiel, verdadera y que sea camino de santificación para todos. No se trata de provocar escándalo cambiando la enseñanza y doctrina cristiana ni de querer una Iglesia a nuestra imagen y semejanza.

  Debemos de seguir pidiendo a Cristo por la unidad y fortaleza de su Iglesia, y que la mantenga en la fidelidad. Tenemos que permanecer adheridos a él si queremos dar frutos abundantes y buenos; permanecer en su amor, en su palabra: “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. Y lo que nos mandó fue predicar su evangelio y enseñarles a las gentes a cumplir todo lo que nos dejó como enseñanza de vida, santificación y salvación.

martes, 8 de mayo de 2018

Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate


El mes pasado fue publicada la nueva exhortación apostólica del Papa Francisco (la tercera, después de Evangelii Gaudium  y Amoris Laetitia), que lleva por título Gaudete et Exsultate, -Alégrense y Regocíjense-, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. Recordemos que la Exhortación Apostólica es un  documento pontificio escrito por el Papa con la intención de dirigir un mensaje a la comunidad cristiana católica para llevar a cabo una actividad particular y escrito al terminar un Sínodo y es de tipo pastoral; pero sin definir la doctrina eclesial. Esta frase, con la cual se conoce este documento, se la dirigió el Señor Jesucristo a sus discípulos ante las persecuciones y humillaciones que les provocaría el seguimiento de su causa, que es la causa del Reino de Dios. El documento consta con cinco capítulos: 1- El llamado a la santidad; 2- Dos sutiles enemigos de la santidad; 3- A la luz del Maestro; 4- Algunas notas de la santidad en el mundo actual, y 5- Combate, Vigilancia y Discernimiento. Y es que el señor vino al mundo para que tengamos vida y vida en abundancia. Esta vida para la que fuimos creados y llamados por Dios Padre en su Hijo Jesucristo, es la santidad de Dios manifestada en sus hijos y para sus hijos. El Papa nos recuerda que es Dios, por medio de su Hijo Jesucristo, que nos ha creado y llamado a la santidad: “sean santos como su Padre celestial es santo”. La santidad no es un invento de la Iglesia, es un llamado divino; y si Dios nos ha llamado a ella, es porque podemos llegar; pero necesitamos de su ayuda. Esa ayuda que nos da es precisamente su Gracia; la Gracia que nos santifica. Así entonces, el Papa nos exhorta diciéndonos que Dios no se conforma con una existencia aguada, mediocre, licuada. El llamado a la santidad siempre ha estado presente en todas las Sagradas Escrituras. No es una novedad que nos trajo Jesucristo. El Hijo más bien le dio su verdadero y real sentido. Están las palabras que dirigió Dios a Abraham: “camina en mi presencia y sé perfecto” (Gn 17,1).

  El santo padre aclara en la misma exhortación que no pretende hacer ni elaborar un tratado sobre la santidad. Su verdadera, real y única intención es la de hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades (no.2). En otras palabras, sería el de ayudarnos a ser santos de este tiempo; porque es que la santidad es para todos los tiempos, lugares y épocas; mientras exista un ser humano sobre la faz de la tierra, estaremos en camino a la santidad. Hay que tener en cuenta que los santos no nacen, se hacen; y se hacen en el día a día de la cotidianidad, en medio de los errores, dificultades, tropezones, virtudes y cualidades. En la Biblia encontramos un sin número de testimonios que nos hablan de la santidad lograda por tantos creyentes y que nos animan a perseverar, con constancia en este camino haciendo lo que tenemos que hacer. Tenemos que lograr una vida de perfección en medio de las dificultades porque nuestra meta y fin es agradar en todo al Señor. Santos no son sólo los que nuestra Iglesia ha declarado como tales y elevado a los altares; santos son todos aquellos que, por su vida virtuosa en la tierra, lograron acumular ese tesoro en el cielo donde los ladrones no pueden robar ni la polilla destruir, y están gozando de la eternidad de Dios y con Dios. Nos une a ellos unos permanentes lazos de amor y comunión; es la comunión de los santos.

  El santo padre nos recuerda que la santidad es para todos; y ésta puede y tiene que ser vivida y testimoniada en cada una de las situaciones y realidades en las que desenvolvemos nuestra vida. Para ser santos no necesariamente hay que ser ministros ordenados, religioso o religiosa. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios. Dios quiso derramar su santidad en todo su pueblo; nadie se salva solo, como individuo aislado, sino en la dinámica de un pueblo (no.6). Así, la santidad se vive, en lo que el mismo santo padre ha llamado como “los santos de la puerta de al lado”; frase está muy novedosa y propia de nuestro Papa. Y dice el santo padre que le encanta ver la santidad de los padres que crían con tanto amor a sus hijos; hombres y mujeres que trabajan con tanto amor para llevar el pan a sus casas; los enfermos, religiosas ancianas. Es la santidad de vivir la vida sencilla o la sencillez de la vida. No debemos tener miedo a la santidad ni a ser santos.

  En definitiva, no se trata de conformarnos con una vida “presuntamente” cristiana; es más bien que esta siempre ha sido la vida del cristiano: llegar al cielo desde su propio estado de vida. Hay muchos medios conocidos para lograr la santificación, como son la oración, sacramentos, devociones, ofrendas de sacrificios, dirección espiritual, etc. La finalidad de la vida cristiana es la santidad, y el camino de la santidad es un camino de Gracia que se nutre de la oración y la vida sacramental.


La Dirección Espiritual: libertad y responsabilidad


Así podré vivir en libertad, pues he elegido tus preceptos” (Sal 119,45).



  Estos son los dos pilares de la dirección espiritual del que busca esa ayuda. Dios nos ha creado libres y ha determinado que por esa misma libertad es que tenemos que acercarnos a Él, conocerlo para amarlo obedeciendo sus mandatos. Si el amor no es libre, no es amor verdadero. Dios mismo ha aceptado las consecuencias del uso de nuestra libertad y la respeta, aunque en muchos de los casos ese uso de la libertad nos lleve o conduzca por camino contrarios a los que Dios quiere. He ahí las consecuencias del mal que aqueja a la humanidad. Pero aún así, Dios no quiere que ninguno de sus hijos e hijas se pierda. Nosotros no somos como marionetas que nos movemos a merced y voluntad del manejador. Debemos movernos con libertad, responsabilidad, autonomía y determinación propias. Nos dice el mismo Francisco Fernández Carvajal que la tarea de la dirección espiritual hay que orientarla no dedicándose a fabricar criaturas que carecen de juicio propio, y que se limitan a ejecutar materialmente lo que otro les dice; por el contrario, la dirección espiritual debe tender a formar personas de criterio. Y el criterio supone madurez, firmeza de convicciones, conocimiento suficiente de la doctrina, delicadeza de espíritu y educación de la voluntad.

  George Bernanos dice que el escándalo del universo no es el sufrimiento, sino la libertad. Y es que nosotros debemos en todo tiempo formarnos en la libertad. Podemos decir que, si bien es cierto que la libertad es un don de Dios a nosotros, también es una tarea; y la tarea consiste en irla ejerciendo bajo los criterios del Dios creador y Padre nuestro. La libertad, mientras más la referimos a Dios más libres somos: “corran tras la verdad y esa verdad los hará realmente libres”, dijo Jesucristo. La libertad hace de nosotros hombres y mujeres con criterio para saber aplicarlo con soltura, con espontaneidad y espíritu cristiano. Como ninguno de nosotros nace siendo un experto en vida espiritual, no podemos olvidar que el camino espiritual está lleno de situaciones adversas, imprevistas, y tenemos que hacerle frente con valentía, decisión y autonomía que nos acerque cada vez más al cumplimiento de la voluntad divina en nuestras vidas.

  La dirección espiritual nos tiene que conducir a desterrar de nosotros todo sentimiento negativo en la toma de decisiones y compromisos; tiene también que ayudarnos a alimentar nuestra vida interior. Dejar salir de nosotros, -testimoniar-, de nuestro interior ese Reino de Dios por medio de acciones apostólicas, formación en el estudio, en el modo de realizar nuestro trabajo, en la manera de santificar la familia y la misma comunidad cristiana, la vivencia de la gracia sacramental, etc. Esta vivencia es la que nos ayudará a ir formando y fortaleciendo las virtudes e ir madurando en el camino de la fe; llegar a la adultez espiritual tal y como lo señala san Pablo: “cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño; pero al hacerme hombre, dejé atrás lo que era propio de un niño” (1Cor 13,11).

  Son muchas las cosas que nos hacen sufrir; que nos enfrentan al dolor, a la desesperanza, etc. El dolor siempre tiene algo que decirnos. Decía Dostoievski: “el verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor”. El sufrimiento, las inquietudes, las turbaciones que Dios permite que nos lleguen, pueden ser a veces una excelente advertencia acerca de una insuficiencia de la vida en la tierra, como un aviso que nos recuerda que no confiemos en las fuentes pasajeras de la felicidad. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y en la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza. Sólo con el desarrollo de la libertad sabremos amar.

  Como consecuencia de este actuar responsable y libre, las indicaciones del director espiritual no son, de ordinario, mandatos, sino consejos, señales que no quitan espontaneidad ni libertad; por el contrario, potencian las iniciativas de la persona. La dirección espiritual nos señala el rumbo. Está para servir. Pero deja en total libertad al director espiritual para que con sabiduría y decisión tome o indique la ruta más segura para que la persona aterrice o despegue en su vida espiritual, dejándola siempre que asuma con responsabilidad su libertad con iniciativa, esfuerzo para dirigirse a Dios en cualquier circunstancia.

martes, 10 de abril de 2018

La dirección espiritual (5): Saber elegir la persona adecuada.


“Pide consejo a uno que respete siempre a Dios, que tú sepas que cumple los mandamientos y tiene sentimientos iguales a los tuyos, de manera que, si tropiezas, sufrirá contigo” (Eclo 37,11).



  Siempre está presente la duda o inquietud de a quién es que hay que dirigirse o con quién tengo que hablar cuando me siento sin salida en este intrincado camino de la vida espiritual. La respuesta a estas interrogantes es que puede ser con una persona que se considere que lo puede ayudar a encontrar esa salida que necesita. Por otro lado se recomienda, sobre todo, que si estamos hablando de dirección espiritual, pues lo más lógico es que sea con un sacerdote ya que él sabrá orientar a la persona no sólo desde la parte humana, sino también y sobre todo desde la parte espiritual o del alma. Recordemos que uno de los nombres que recibe el sacerdote es el de “cura”, y hace referencia a la “cura de almas”. El sacerdote, por causa de su consagración sacerdotal, puede ayudar a encontrar la cura del alma que está pasando por una situación difícil y además también orienta desde su condición humana, como persona que es.

  Si no se considera la posibilidad de hablar con un sacerdote para recibir esta ayuda espiritual, y más bien se busca a otra persona que realice esta función, no puede ser cualquier persona. De hecho, la persona que se elija para este servicio debe ser  alguien que sea digno de toda la confianza puesto que se van a tratar temas y situaciones muy personales y hasta íntimas y por ello se exige la mayor discreción; es casi parecido al sigilo sacramental de la confesión. Cuando se habla con el director espiritual se tiene que ser sincero, honesto, humilde, claro, directo, etc., para que también el director espiritual lo sea con el otro.

  Es de sabios buscar consejo. Es de sabio saber y aprender a escuchar a otras personas que tienen más experiencias acumuladas en la vida y que desde sus vivencias nos pueden ayudar a ver mejor las situaciones adversas y difíciles que se nos van presentando en el caminar, tanto en lo humano como en lo espiritual. Pero también es cierto que a muchas personas les cuesta buscar esta ayuda. Hay muchas personas que se niegan con su libertad y voluntad para escuchar el consejo de los sabios. Son personas que muchas de las veces se escudan en el pensamiento de que ellos no necesitan consejo de nadie ni mucho menos que le digan qué hacer en su vida o con su vida. Son personas más bien que no quieren escuchar lo que tienen que escuchar.

  Escuchar al otro requiere y exige una actitud de humildad; humildad que nadie nace con ella y que por eso es que tenemos que pedirla a aquél que nos la puede dar porque la tiene en plenitud: Dios. San Basilio dijo: “Pongan toda diligencia y la mayor atención para encontrar una persona que les pueda servir de guía seguro en la labor que quieran emprender hacia una vida santa; elíjanle tal que sepa señalar a las almas de buena voluntad el camino que conduce a Dios”. Esto es lo que se debe perseguir al buscar esta ayuda espiritual. Muchas veces en el sendero de la vida perdemos el sentido del camino, la dirección correcta que nos lleva hacia Dios y a poner en práctica su palabra; nos apartamos de la luz de Cristo que ilumina nuestras vidas. El director espiritual es una especie de amigo que el mismo Dios nos proporciona para que no caminemos solos. El libro del Eclesiástico nos dice que “un amigo fiel es una protección segura; el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio; su valor no se mide con dinero. Un amigo fiel protege como un talismán; el que honra a Dios lo encontrará” (6,14-16).

  La dirección espiritual ha de moverse en un clima sobrenatural y a la vez humano. Hay que saber elegir a la persona adecuada para este servicio. Cuando se está enfermo se sabe a quién acudir: al médico. Pero también no se acude a cualquier médico, sino a uno de confianza, que entiende nuestra enfermedad; lo mismo que cuando tenemos un problema legal, acudimos a un abogado, pero no a cualquier abogado. Pues cuando se trata de problemas del alma, -de Dios-, nos acercamos a quien sabemos que nos puede orientar por el camino que conduce a Dios. Importante y esencial será que quien dirija almas ha de ser una persona de oración. Para llevar almas a Dios no basta un vago y superficial conocimiento del camino. Es necesario que él también lo recorra y conozca sus dificultades. Es decir, debe luchar por tener vida interior, trato con Jesús, piedad. Y con la piedad, la ciencia debida y el ejemplo (Francisco Fernández Carvajal).