miércoles, 26 de septiembre de 2018

El neo lenguaje o lenguaje inclusivo


Desde que la izquierda moderna se decidió a meterse a la fuerza e imponer su nueva manera de ver la vida o la realidad, han venido destrozando, cual espada de Democles, todo lo que a su paso encuentran para darle un nuevo giro o sentido a lo que no lo tiene. Hoy se denuncia mucho que el sentido común es el menos común de los sentidos; y en esto los promotores y apañadores de esta nueva izquierda se pintan solitos. Se han metido de lleno hasta las más altas esferas, sobre todo de la política, -y con fuerte respaldo económico de organismos internacionales como la ONU, UE, BM, FMI, BID,- para desde ahí imponer su avasalladora forma o manera de percibir la realidad con su nueva visión que raya muchas de las veces en la idiotez, imbecilidad, estupidez y la sinrazón. Y  es una realidad que en este mundo hay muchas estupideces e idioteces, y las mismas las promueven los idiotas y estúpidos; por lo tanto, en el mundo actualmente hay muchos idiotas y estúpidos. Y lo peor de esto es que quieren imponerles sus idioteces al resto de la humanidad de una forma irracional. Es lo que muchos han llamado como lo políticamente correcto. Pues lo mejor que podemos hacer es declararnos “políticamente incorrectos”.

  Desde hace tiempo venimos soportando un sin número de cosas que cuando nos detenemos a analizar y reflexionar en las mismas, no queda más que la pregunta: ¿A dónde diablos es que estos grupitos nos quieren llevar? Pero también: ¿Por qué nos dejamos dominar, avasallar e imponer sus estupideces? ¿Es que el resto de la población no razonamos? ¿Por qué tenemos miedo a enfrentar a estos grupitos y decirles en su cara que ya basta de sus estupideces irracionales? ¿Por qué los que representan el poder político doblan la muñeca tan fácil ante estos grupitos de gente que parecen que no tiene nada que hacer más que estarle fastidiando la vida a los demás con sus antojos, idioteces y estupideces?

  Todo lo anterior viene al caso por el asunto de que ahora nos han metido o llevado por un derrotero más, una estupidez más: el asunto del lenguaje inclusivo. Primero aclaremos esto desde el uso correcto del lenguaje: si el participio activo del verbo “atacar” es “atacante”, y del verbo “existir” es “existente”; entonces ¿cuál es el participio activo del verbo “ser”?: “ente”, que significa “el que tiene identidad”. Por esto, cuando queremos nombrar a la persona que ejerce acción, se añade la terminación “ente”. Así entonces tenemos que, al que preside se le llama presidente y no presidenta; independientemente del género; lo mismo pasa con la palabra “estudiante” y no “estudianta”; el participio activo del verbo “cantar” es cantante, no cantanta; se dice capilla ardiente, no capilla ardienta; se dice adolescente, no adolescenta; se dice paciente, no pacienta; se dice dirigente, no dirigenta; etc. En estos casos, el género lo indica el artículo.   Dicen los partidarios de esta estupidez que la lengua castellana es una lengua machista. Pero ¡por Dios! Con respecto a esto se ha pronunciado la Real Academia Española (RAE), para denunciar y condenar esta nueva manera de presentar y de maltratar nuestra lengua castellana. Precisamente, en España es donde esta aberración y estupidez está avanzando más. Se está tratando de someter un proyecto de ley para cambiar la Constitución española y quitarle todo ese conato de lenguaje machista que tiene la misma y que utilice un lenguaje más inclusivo.  Aquí en América Latina tenemos el caso de la ex presidente de Argentina Cristina Kishner que en sus discursos ya utilizaba esta manera de hablar, cuando decía: todos y todas, estudiantes y estudiantas; jóvenes y jovenas; lo mismo sucede en el régimen socialista del presidente Maduro en Venezuela; está el caso de la portavoz en el Congreso español del partido Podemos, Irene Montero, que utiliza las palabras jóvenes y jovenas,  portavoces y portavosas. Esto raya en la ridiculez. Y es que el político, pero también toda persona que no se adhiera a esta manera del lenguaje, está en contra de la igualdad de género y del movimiento feminista. Y es que estos grupos ideológicos feministas de extrema izquierda ven el machismo hasta en la sopa; tienen una obsesión tan marcada contra el machismo o el heteropatriarcado, que no les deja ver más allá de sus narices.

  También estos paladines de este neo lenguaje ya se les escucha hablar así: queridos, queridas y querides; amigos, amigas y amigues. Hace un tiempo atrás se intentó usar la “@” y la “X”, pero como eran imposible pronunciarlas, pues la cambiaron por el uso de la “e”. Así, en la Argentina, parte de la clase política se refieren a sus colegas como “les diputades indecises”. Pero, ¿de quién fue esta flamante idea de deconstruir, desdoblar el lenguaje?  La que inició con esto fue la ex presidente de Islandia, Vigdis Finnbogadottir, y que tiene una presencia cimera en la ONU como embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO; y que,  con la intención de deconstruir la educación para dar paso a todo esto de la ideología de género, pues se le ocurrió que hay que destrozar el lenguaje para hacerlo más genérico. ¿Qué pensaríamos de una persona que ante un público de diferentes edades y sexo y profesiones u oficio, hablara de esta manera: “la pacienta era una estudianta adolescenta, sufrienta, representanta, integranta e independienta de las cantantas y también atacanta y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta?”. Ya lo dijo el gran filósofo danés y luterano Soren Kierkegaard: “El sufragio universal ha establecido la hegemonía de la idiotez”.

  En español el plural masculino implica ambos géneros gramaticales. Así que al dirigirse al público no es necesario ni correcto decir “dominicanos y dominicanas, niños y niñas, hermanos y hermanas”. Y es que a eso vamos a la escuela y colegios: a aprender el uso correcto del lenguaje. Hoy en día, políticos e ignorantes comunicadores continúan con el error. Decir ambos géneros es correcto sólo cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: mujeres y hombres, toros y vacas, damas y caballeros.

  En conclusión, abogamos por el uso correcto de nuestro lenguaje. Allí donde haya que diferenciar los hombres de las mujeres, pues que se haga; pero allí donde no sea necesario hacer esta distinción, pues que también se haga. No se trata de caer en un “quítate tú para ponerme yo”, en lo que al uso de las palabras se refiere. Se trata de ser correctos a la hora de hablar.

La Dirección Espiritual nos lleva hacia la docilidad.


“No confíes en que vivan mucho tiempo, ni creas que terminarán bien. Vale más hijo dócil que mil que no los son; vale más morir sin hijos que tener hijos insolentes” (Eclo 16,3).



  Según el diccionario, la docilidad es el carácter del que es fácil de educar o dirigir; y también carácter del que cumple lo que se le manda. Va muy relacionado a la obediencia: la persona dócil es una persona obediente.

  En el libro de los Reyes se nos narra la historia de un general sirio llamado Naamán, que estaba enfermo de lepra, que oyó a una esclava hablar de un profeta de Israel con poder para curarle ese mal. Así que se puso en camino con sus soldados y llegó frente a la puerta de Eliseo. Este le mandó a decir que se fuera a bañar siete veces en el Jordán y así su carne quedaría sanada. Este general no ocultó su molestia porque pensó que el profeta le había hecho un desplante y lo irrespetó al no recibirlo; se enojó con el profeta. Uno de sus servidores lo convenció de que cumpliera con lo mandado por el profeta puesto que no era nada complicado; éste reflexionó y cumplió con el mandato del profeta y su carne quedó curada. Esta actitud es lo que podemos decir que la asumió con docilidad y humildad, que desde su punto de vista parecía inútil. Tuvo una buena disposición interior y así las palabras del profeta Eliseo se cumplieron en él.

  La docilidad es una de las virtudes que nos enseña el mismo Señor Jesucristo. Se habla muchas veces de la docilidad al Espíritu. El Papa Francisco, al canonizar al Papa Juan XXIII, lo describió como el “Papa de la docilidad al Espíritu”. Era el hombre, el sacerdote, el sucesor de san Pedro, vicario de Cristo…dócil al Espíritu. Hombre que se dejaba guiar y obedecía al Espíritu de Dios, al Espíritu Santo. La docilidad es una clara muestra de fe. Jesús en una ocasión dijo que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Pero esto será posible si nos dejamos guiar y aprendemos a obedecer al Espíritu; si dejamos que la gracia de Dios actuara en nosotros. En la dirección espiritual podemos alcanzar esta virtud que nos llena de la gracia divina. Otro ejemplo de esta docilidad la encontramos en el apóstol Pedro que, después de haber estado toda la noche bregando en la pesca, no pescó nada y cuando obedeció al mandato del Señor de echar las redes al lado derecho de la barca, pescaron tal cantidad de peces que las redes casi se rompían. Por eso, el que obedece no se equivoca, y Pedro supo obedecer al Señor y no se equivocó.

  ¿Y qué decir de lo sucedido con el milagro de la multiplicación de los panes? Primero Jesús confronta a sus discípulos con esas palabras que a lo mejor los dejaron atónitos: “denles ustedes de comer”. Pero más adelante estos cumplen con lo mandado por su Maestro, en actitud de verdadera y profunda docilidad. Ellos pusieron en práctica lo que estaba a su alcance y el Señor Jesús hizo lo demás. Estas palabras nos las dirige el Señor a cada uno de nosotros; nos ubica en la realidad, que es contar con Él, que sigue actuando en nuestras vidas de modos concretos. Nos lleva a que contemos con Él para todo: “sin mi nada podrán hacer”. Otra enseñanza la encontramos en la curación de los diez leprosos. Estos quedaron sanos gracias a su docilidad a las palabras del Señor: sólo les dijo que fueran a presentarse con el sacerdote y por el camino quedaron sanados.

  No podemos dejar de mencionar al impetuoso San Pablo, con su fuerte personalidad y su carácter perseguidor, y que al encontrarse con el Señor en el camino a Damasco, a partir de ahí se convirtió en un apóstol de Cristo. San Pablo fue un hombre dócil al espíritu; pero también hay que resaltar que este hombre de carácter fuerte se dejó guiar, llevar por sus hombres a Damasco en donde Ananías, por revelación divina, le devolvería la vista, y así se convertiría en un hombre nuevo y útil para pelear a favor del Señor y su evangelio.

  La dirección espiritual se llena de frutos con la docilidad. Pero no podrá ser dócil quien se empeñe en ser tozudo, obstinado, incapaz de asimilar una idea distinta a la que ya tiene, o la que le dicta su experiencia. Aquí el soberbio, altanero y orgulloso se le dificultará seguir unos consejos; la vida siempre tiene algo que enseñarnos y solo quien está dispuesto con un verdadero espíritu de docilidad es el que puede aprender de lo desconocido, y reconoce que tiene que ser guiado e instruido. La docilidad requiere además de la virtud de la humildad, ya que nos lleva a sentirnos muy pequeños delante de Dios y necesitados de ayuda.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Santo Padre: No renuncie.


En el evangelio de san Mateo 26,31 se nos narra que Jesús les dice a sus discípulos, -al hablarles de lo que le sucedería en Jerusalén-: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.

  Desde hace un par de meses atrás, estamos siendo testigos de una nueva oleada de casos, de acusaciones; más bien de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes acusados de pedofilia y también del hecho de encubrimiento de los mismos por parte de obispos y cardenales. Estos casos se han descubierto en el estado norteamericano de Pensilvania. Según el Gran Jurado formado para estas investigaciones, se han detectado aproximadamente más de mil casos, pero solamente se tienen documentación de unos trecientos, y de esos trecientos, solo cuatro están todavía dentro del tiempo de ser juzgados; los demás, ya perimieron. Son casos que datan desde la década de los 70s; muchos de los involucrados, tanto victimarios como víctimas, han muerto. Esta situación ha traído también lo que se podría llamar una cacería de brujas. Una vez más se señala a la jerarquía  católica norteamericana con el dedo acusatorio de su responsabilidad, complicidad y encubrimiento. Y como siempre, el dardo apunta a su cabeza: al Santo Padre.

  El diario norteamericano The Washington Post, -el segundo diario más importante de los Estados Unidos después del New York Times-; publicó en el mes de Agosto un artículo en el que pedía la renuncia del Papa Francisco. Hay que señalar que este diario es favorable a la Iglesia Católica. Pero este diario lo que más bien resalta con este artículo, es el sentir de una gran parte del catolicismo en Norteamérica, -del ala más conservadora-, que estos casos de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes, es tan vergonzoso, que pareciera que lo que mejor puede sucederle a la Iglesia Católica es que el Papa renuncie; así, afirma el artículo, le estaría dando a sus opositores la oportunidad de ver a dos Papas eméritos, -Benedicto XVI y Francisco-, y dar oportunidad a una nueva cara fresca al frente de la misma. De hecho, estas ideas no nos pueden sorprender ya que, desde hace mucho tiempo se viene insinuando o cacareando de una posible renuncia al pontificado de Francisco; incluso en ocasiones periodistas le han llegado a preguntar sobre esta posibilidad. Y es que, si Benedicto XVI en su momento no pudo soportar más estar al frente de la Iglesia por todos los casos de corrupción, desorden y pederastia, pues a Francisco le sucedería lo mismo.

  Pero también esto tiene un conato de enfrentamiento entre lo que se ha llamado los dos bandos dentro del Vaticano: el ala tradicionalista o conservadora y el ala progresista o revolucionaria. Recordemos que el Papa Francisco, desde que asumió la guía de la Iglesia, se ha venido destacando por su reforma de la Curia Vaticana; también al mismo se la ha señalado que lleva a la Iglesia por un camino más progresista, más de avanzada, cosas que rayan muchas de las veces en una cierta apariencia de traición a la sana doctrina evangélica y eclesial de salvación de las almas; por una visión más social y de asistencialismo.  Por supuesto hay quienes no lo ven así y más bien lo aplauden y apoyan. Resalta mucho en esta situación, una carta que le dirigiera el ex nuncio apostólico en Estados Unidos, Mons. Carlos María Viganó al Papa Francisco, en donde lo acusa de encubrimiento de la conducta sexual inmoral del ex cardenal de Washington Monseñor Theodore McCarrick y le solicita que renuncie al pontificado. Esta carta ha tenido el apoyo de varios cardenales dentro y fuera de los Estados Unidos, pero también se han manifestado dentro y fuera del país muchos cardenales y conferencias episcopales, como la de España y el CELAM, en apoyo al santo Padre, que no hay que entenderlo como un “no haga nada, hágase el desentendido, mire para otro lado”.

  Sea cierto o no la veracidad de estos casos de abusos de menores por parte de algunos sacerdotes, es vergonzoso y execrable; no tienen defensa alguna. La Iglesia de Cristo se ve una vez más en el ojo del huracán y sus enemigos están aprovechando la ocasión para enfilar sus ataques. Es verdad que la pedofilia no es exclusiva de la Iglesia Católica. En otras instituciones humanas este flagelo está presente. Esto no debe ser un consuelo ni una justificación. El papa Benedicto XVI lo dijo en su momento, y Francisco por igual: “un solo caso de abuso es demasiado”. ¿Qué tiene que seguir haciendo la Iglesia al respecto? ¿Abolir el celibato? ¿Cortarle la cabeza en la plaza pública a los sacerdotes pedófilos? ¿Renunciar el Papa? ¿Que desaparezca la institución eclesial? Ninguna de éstas. Lo que tiene que seguir haciendo es endurecer más su política de “cero tolerancia”; seguir colaborando con las autoridades civiles para el esclarecimiento de los casos; ser más estricta en el discernimiento de los candidatos al sacerdocio ministerial, etc. Tenemos que llegar a la verdad de esta desgracia; tenemos que asumir la crudeza de esta situación, incluso con esperanza; no como consuelo. Vemos aquí, por un lado, cómo se está acusando y señalando a la Iglesia Católica de ser permisiva y laxa con la conducta sexual inmoral de algunos de sus sacerdotes y se le exige que actúe en consecuencia; pero por otro lado, vemos también cómo, en muchas sociedades, se viene normalizando esta conducta depravada, impuesta en la educación, la política, los medios de comunicación, el mundo del entretenimiento, etc.; y muchos no dicen nada, más bien lo aplauden porque dicen y defienden la pedofilia como un derecho. Y es que en el mundo, el panorama de los abusos sexuales a niños, niñas y adolescentes, fuera de los ámbitos de la investigación, es desconocido. La pedofilia es un mal que atraviesa diversos estratos sociales: un 97% se produce en las familias; 2% en ámbitos escolares y 1% en ámbitos religiosos, recreativos y deportivos. Así también, el mercado de la pedofilia asume cuatro formas, que son: 1- prostitución infantil; 2- pornografía infantil; 3- el tráfico de niños y niñas, y 4- el turismo sexual pedófilo. Según un informe de la UNICEF de 2006, alrededor de un millón ochocientos mil niños, niñas y adolescentes en todo el mundo son absorbidos por el comercio sexual, víctimas inocentes que amenazan sus vidas; un flagelo e industria que mueve miles y miles de millones de dólares al año.

  No cabe dudas que en todo esto los que van ganando son los degenerados. El poder está en manos de personas malas, que no dudan en mentir, engañar, robar, matar y destruir sociedades enteras. La pedocriminalidad, -como afirma la escritora española Pilar Baselga-, existe porque miles de personas colaboran, encubren o hacen de la vista gorda para que podamos seguir tranquilos con nuestras vidas más o menos mediocre. Pero ¿por qué es tan profundo y tan lucrativo este flagelo de la pederastia? Porque se trata de hacer el mayor daño posible. No hay mayor mal que hacerle daño a un niño inocente, por eso el daño que se le inflinge a los niños por nacer con el aborto, ya que no hay nada más puro que un recién nacido. Violarlo es lo peor, analmente todavía peor.

  No podemos seguir mirando para el otro lado ante este flagelo, porque estos delincuentes seguirán violando y matando. Estamos en un proceso arduo, permanente y profundo de purificación. Es doloroso pasar por el fuego para purificarnos, pero tenemos que hacerlo si queremos seguir siendo luz para el mundo. El Papa Francisco no debe renunciar al ministerio que Cristo le ha confiado, de ser pastor de SU Iglesia. Cristo prometió, en la persona del apóstol Pedro, que rogaría a Dios para que su fe no desfallezca y pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. El Santo Padre no está solo en este camino de cruz, dolor y sufrimiento. Desde que fue elegido para este ministerio y hasta el día de hoy, ha pedido y pide que oremos por él. Es lo que debemos seguir haciendo. La oración nos da fortaleza.

jueves, 9 de agosto de 2018

La causa del Reino


En el evangelio leemos que Jesús les dijo a sus apóstoles que a ellos los perseguirían, los maltratarían, los injuriarían, los condenarían y hasta los matarían… todo por MI CAUSA. Pero, ¿cuál es la causa de Jesús? Pues el Reino de Dios. De muchas y diferentes maneras Jesús dejó bien claro que a esto fue  Él  enviado a nosotros por su Padre del cielo. Él dijo que el Reino de Dios ya está entre nosotros, y en otra ocasión dijo que el Reino de Dios está dentro de nosotros.

  Este Reino de Dios no es como los reinos humanos o mundanos. Es verdad que nosotros pensamos este Reino de Dios en categorías humanas; y esto es así porque ciertamente nosotros somos seres humanos, no somos otra cosa, no somos extraterrestres. Pero, aunque esto sea cierto, por el otro lado no es correcto quedarnos en estas categorías humanas para tratar de entender una realidad que, como es el Reino de Dios, nos trasciende, está muy por encima de nuestro entendimiento. Más bien lo que hacemos es tratar de acercarnos, aproximarnos en nuestro lenguaje humano a una realidad trascendental. Siempre nuestro lenguaje se quedará corto ya que jamás podremos abarcar con nuestras categorías la divinidad de Cristo.

  El pensar de esta manera fue lo que hicieron los apóstoles y lo que los llevó a que en muchas ocasiones asumieran actitudes contrarias a lo que su Maestro les enseñaba y quería transmitir. Ellos veían todo esto desde la perspectiva meramente humana y no eran capaces de dar el paso de trascendencia. Esto también es lo que le sucedió a la samaritana cuando al hablar con Jesús no entendía de qué le estaba hablando, y el Maestro tuvo que irla llevando a ese plano trascendental del mensaje que traía. Ese fue un diálogo en dos dimensiones diferentes: Jesús hablando en un plano espiritual-trascendental, y la samaritana hablando en un plano humano-terrenal. Tenemos el ejemplo en el evangelio de la madre de los dos discípulos que se le acercó a Jesús para pedirle que le concediera el favor de que, en su Reino , ellos se sentaran uno a su derecha y el oro a su izquierda, a lo que el Señor les dijo que no sabían lo que pedían. Pero también está la actitud de enojo de los otros discípulos al ver esta acción de la madre y sus dos hijos; y es que ellos también tenían sus planes, su s deseos de ocupar esos puestos de importancia en el Reino de Dios. Pero Jesús los conminó a que el que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos, a ejemplo suyo, que no vino a ser servido sino a servir.

  Entonces, si hay un Reino de Dios es porque también hay otro reino que no es de Dios. Todo reino tiene su rey: el del cielo es Dios y el del mundo es el diablo o príncipe del mal o padre de la mentira. Estos reinos son totalmente antagónicos, no se juntan para nada, son como el agua el aceite. En el diálogo de Jesús con Pilatos, cuando éste le pregunta sobre su reino, Jesús le responde o, más bien le aclara, que su Reino no es de este mundo, porque si así fuera, hace tiempo que su Padre había mandado todo un ejército a defenderlo. Pero su reino no es de este mundo. Y esto se entiende porque, este mundo está enfermo por el pecado, y para poder ser sanado de esa enfermedad, la medicina tiene que venir de otro lugar, y esa medicina es precisamente el Reino de Dios. Pero tampoco hay que entender que este Reino de Dios es un reino tipo extraterrestre o marciano, no. Este Reino de Dios es otra realidad. Y es el Reino que se nos ha dado y revelado a nosotros como “proyecto”, es decir, se nos ha dado como un “don y tarea”. Es regalo de Dios y tarea nuestra que tiene que irse implementando, testimoniando, construyéndose en el día a día de nuestra existencia. Este Reino de Dios se viene construyendo, edificando y esto terminará cuando el Señor vuelva con toda su gloria y majestad.

  Este Reino de Dios no es el del rey que tiene su ejército, su gabinete, sus esplendores mundanos, sus influencias en otros reinos o pueblos, y que le dicta normas políticas y económicas a los demás, etc. Este Reino de Dios es, como lo dijo san Pablo: “El Reino de Dios no es comida ni bebida. El Reino de Dios es paz, justicia y gozo en el Espíritu Santo. Y quien en esto sirve a Cristo agrada a Dios, y tiene la aprobación de los hombres”. En el Reino de Dios no hay puestos de mando, no hay gabinete, no hay implemento de estrategias políticas ni económicas ni sociales, ni educativas, ni de salud, ni de seguridad ciudadana, etc.

  Pues, esta es la causa nuestra. No es otra causa diferente a la de Jesús. Esta es la causa que tenemos que seguir proclamando, anunciando, como nos lo mandó el mismo Señor: “Díganles a las gentes que el Reino de Dios está cerca”. Pero hay que asumir esta causa en nuestras vidas, desde nuestra fe. Testimoniarla desde lo más profundo de nuestro corazón, porque por eso es que está dentro de nosotros; no es para que la guardemos, es para que hagamos creíble el mensaje del evangelio, de la buena noticia de salvación.

 

La Dirección Espiritual exige la sencillez y confianza.


“La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo gozará de luz” (Mt 6,22).



  Con estas palabras, el señor Jesús nos quiere hacer entender que esa sanidad de la que nos habla la podemos entender también como sencillez. Ya sabemos que nuestro Dios y Padre, es el Dios Todopoderoso pero también es el Dios sencillo; el Dios que no se complica y no es complicado. Por eso es que ama a los sencillos y humildes; y rechaza al soberbio y orgulloso. Para la dirección espiritual esta es una de las virtudes también muy importantes. De hecho, hay una relación muy estrecha entre la sinceridad y la sencillez. De la primera ya hemos hablado. Diremos algo de la segunda.

  La sencillez es consecuencia necesaria de un corazón que busca a Dios. Ya el mismo san Agustín llegó a decir que nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Dios. Esta virtud es lo opuesto al deseo de llamar la atención, la pedantería, el aire de suficiencia, la jactancia… (Fernández-Carvajal). Todas estas actitudes son obstáculos para un verdadero acercamiento y unión con Cristo, que nos impide por demás el seguirle de cerca; más bien crea barreras que nos impiden ayudar a los demás. El señor Jesús dijo que teníamos que aprender a ser sencillos como la paloma, es decir, a no ser complicados interiormente ni enredados.

  La sencillez nos conduce a ser hombres y mujeres auténticos: nuestra palabra y nuestra actuación de cristianos y de hombres y mujeres honrados debe tener un gran valor delante de los demás, porque hemos de buscar siempre y en todo la autenticidad, huyendo de la hipocresía y de la doblez. Cuando nosotros nos dejamos guiar por la verdad, seremos siempre un reflejo de Dios por esa verdad que guía nuestra vida y aprenderemos a tratarla con respecto: “busquen la verdad y serán hombres realmente libres”, nos dijo el Señor Jesús. Esa verdad tiene su nombre y su apellido: Jesús, el Hijo de Dios. Él se dijo de sí mismo que es el camino, y la verdad y la vida. No somos actores de la vida. No representamos un papel en el teatro de la vida. Por eso debemos de ser auténticos si queremos ser verdaderos; y ser auténticos según la voluntad de Dios. Y es que la dirección espiritual nos conduce a la vivencia de estas virtudes cuando la sabemos ejercer de acuerdo a la voluntad divina. Hoy se hace urgente que el cristiano sea un hombre, una mujer de una sola palabra, de una sola vida, sin utilizar máscaras o disfraces ante situaciones en las que puede ser costoso mantener la verdad, sin preocuparse del qué dirán y alejando los respetos humanos, rechazando toda hipocresía.

  ¿Y qué decir con respecto a la virtud de la confianza? Ciertamente es mucho lo que se puede decir. En las misma Sagradas Escrituras son muchos los pasajes bíblicos que nos hacen referencia a esta virtud. En el libro de los Proverbios leemos “porque el Señor te infundirá confianza y evita que caigas en alguna trampa” (3,26). La confianza, al igual que la sencillez y la humildad, también son parte de la verdadera oración. La virtud de la confianza es la firme seguridad, apoyada en la esperanza, que se tiene en uno mismo, en alguien o en algo. Confiar en todos y en todo es insensato, pero no confiar en nadie ni en nada, es un error. Es verdad que el Señor nos dice que el hombre que confía en otro hombre es maldito. Pero debemos de tener cuidado en cómo interpretamos esta afirmación. Si el hombre no pudiera confiar en los demás pues no tendría ningún sentido el que se lancen a un proyecto común como es el matrimonio; qué fuera de los hijos si los padres no confiaran en ellos y viceversa; tampoco tendría sentido el establecer una amistad con otra persona si no se le tiene confianza, porque también nos dice las Sagradas Escrituras que la persona digna de confianza sabe guardar el secreto (Prov 11,13).

  La confianza espiritual, como valor religioso y humano, tenemos que aprender a confiar en Dios, porque es nuestra fortaleza, sustento de nuestros ideales, solución a nuestras inquietudes y antídoto contra nuestros males, miedos y dudas. Si depositamos toda nuestra confianza en Dios, nos sentiremos mucho mejor, sin olvidar que debemos obrar responsablemente, por amor al prójimo y por civismo. Pero es muy importante aprender y practicar la confianza en Él. La dirección espiritual nos conduce a fortalecer y profundizar esta virtud de la confianza. El director espiritual tiene que ser digno de nuestra confianza, porque, se gana la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra.

miércoles, 11 de julio de 2018

La Dirección Espiritual exige sinceridad


“Diles: Esta es la nación que no obedece al Señor su Dios ni quiere ser corregida. La sinceridad ha desaparecido por completo de sus labios” (Jer 7,28).



  Toda persona que se decide a recorrer el camino de Dios, lo primero que tiene que hacer es asumir con sinceridad dicho trayecto. Tenemos que aprender a adentrarnos en lo más profundo de nuestro interior y sacar toda esa basura que está asentada en el fondo; hay que sacarla a flote, hasta la superficie. No podemos estar poniendo o tapando con trapos nuestras miserias, nuestras limitaciones. Esto exige mucho valor porque no es fácil llevarlo a cabo. A mucha gente se le hace muy difícil enfrentarse a sus miedos, a sus miserias, a sus limitaciones, a sus defectos. Es como si tuviéramos un cadáver en el fondo de la piscina que está provocando el que salga manchas feas hasta la superficie y se atacan con limpiadores, pero por más que se quitan, vuelven y salen; pero lo que hay que sacar es ese cadáver del fondo que es el causante de las manchas. Eso es ir a la raíz del problema. Eso es lo que persigue la dirección espiritual. Por eso la exigencia de la sinceridad. Hay que ser capaces y valientes para ir a la causa principal de la dejadez o sequedad espiritual en la misma presencia de Dios. Estas manchas pueden ser la sensualidad, o un egoísmo brutal enmascarado, o una tibieza grande…Y para sacarla fuera, delante de la persona que nos puede entender y curar, es necesaria la gracia de Dios, que hemos de pedir, y la virtud humana de la valentía. Y Santa Teresa decía que por esto es que todas las almas necesitan un desaguadero.

  Para que la dirección espiritual sea eficaz y no se pierda el tiempo, es necesario e indispensable la virtud de la sinceridad. No es correcto querer disfrazar las cosas, los hechos, las causas; querer adornarlas o disfrazarlas para que suenen más bonitas o para dar la impresión de que no son tan feas o malignas. La sinceridad es la señal de que el acompañamiento ha arrancado con buen pie y es garantía de continuidad en el mismo. Si queremos recoger buenos frutos de la dirección espiritual es necesario la sinceridad desde el principio; es como dar esa buena imagen con claridad, sin engaños, de lo que realmente nos pasa. Cuando un enfermo va al médico, éste le dice directamente lo que le sucede sin rodeos ni tapujos; va directamente al punto de su malestar y así el médico ya sabe por donde tendrá que ir tratando el malestar y también qué medicamentos podrá recetar. Algo parecido sucede con la dirección espiritual cuando le tratamos al médico espiritual nuestros malestares o enfermedades del alma.

  La sinceridad no es exagerar. Es decir las cosas tal y como son, sin aumentarle ni disminuirle nada; no se valen las medias verdades ni los disimulos. Es sinceridad en lo concreto; en el detalle, con delicadeza, cuando sea preciso. Huyendo siempre del embrollo y de lo complicado. Cuando somos sinceros, somos capaces de reconocer nuestros defectos, miserias y equivocaciones. Es llamar las cosas por su nombre, sin disfrazarlos con falsas justificaciones.

  Cuidado con una estrategia del demonio en cuanto que puede llevar, -y de hecho lo busca-, a la persona a no buscar la ayuda necesaria para poder enfrentar determinado problema. Una de las condiciones de ese demonio, que es mudo, es precisamente hundir en la mudez a su víctima; ahogarlo en su problema y que no busque ayuda en nadie ni reciba ayuda de nadie. Se parece a esa acción que comete el león cuando caza a su presa, no la ataca en las patas sino más bien le clava sus colmillos en la garganta para ahogarla y no darle la más mínima oportunidad para gritar. Demostrado está que el tragarse las cosas nunca es bueno porque acumularíamos tantas amarguras y sinsabores, que en cualquier momento explotaríamos. No hay que dejar llegar las cosas al extremo.

  La sinceridad es el gran remedio de muchas angustias y problemas personales, que dejarán de serlo cuando nos abrimos a esa persona puesta por Dios para limpiarnos, curarnos, y devolvernos la dignidad perdida o maltrecha; esa persona que nos ayuda a ver la luz que, aunque tenue, se ve al final del túnel. Esa persona que Dios ha puesto para ayudarnos a enfrentar nuestras dificultades, puede ver en nuestro interior por la gracia de Dios con la cual ha sido revestido; sabe intuir toda la capacidad de bien que existe en nuestro corazón.

jueves, 14 de junio de 2018

Cuidado con esa estrategia.


El pasado mes de mayo salió publicada una información que daba cuenta de un programa-agenda patrocinada por una Ong Save the Children, en colaboración con el ayuntamiento del Municipio de Santo Domingo Oeste con la finalidad de incorporar los derechos de la niñez a la gestión municipal. El proyecto lleva por título “Gestión Municipal Participativa: inclusión del enfoque de los derechos de la niñez en la administración local de Santo Domingo”. Esto con el auspicio de la Unión Europea. Este proyecto incluye también lo que han denominado Enfoques de Género y la discapacidad como elementos claves en la construcción de municipios equitativos e inclusivos.

  Por otro lado, tenemos que en el mes de abril, salió otra publicación en los medios sobre la creación del programa Igualando RD, un programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) y el Ministerio de la Mujer, para implementar cambios transformadores en las empresas eliminando desigualdades y garantizando la igualdad entre hombres y mujeres. Esta iniciativa contribuye a que el sector privado sea parte activa en el cumplimiento de la nueva Agenda Global y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Es una iniciativa para que las empresas asuman la responsabilidad de implementar políticas y prácticas para ampliar el acceso al trabajo. Pero además la empresa pasa a formar parte activa de la Comunidad Global de Prácticas Laborales para la Igualdad de Género que coordina el PNUD.

  Todo esto viene a colación de que, desde hace un buen tiempo para acá, nuestra sociedad dominicana está siendo, -de alguna manera-, objetivo de estos organismos internacionales para ir implementando de manera muy sutil la Ideología de Género o como se le conoce también implementación de Eje transversal de género. Y como vemos, la estrategia tiene diferentes blancos de ataque: unos inician con la niñez y otros se lanzan por el lado del empresariado. Esa es la estrategia.

  Como parte de ésta, está también el tema relacionado con el aborto. Nuevamente estamos siendo blanco de ataque por estos grupos y ongs subsidiadas con dinero foráneo y nacional para que en nuestro país se legalice el asesinato de los no nacidos, -aborto. Se siguen esgrimiendo como argumentos las tres principales causales que ya conocemos y que se han legalizado en otros países. Pero también sabemos que el asunto es abrir las puertas a ese derrotero para llegar más adelante al aborto libre, que ya está legalizado en otros países. Estas tres causales, estos mismos grupos saben que ya no se sostienen debido al avance de los conocimientos de la ciencia en esta materia. Y es que los promotores del aborto saben que en este campo de la ciencia no pueden dar la batalla porque los argumentos científicos son contundentes, y por eso es que han decidido ignorarlos, y por otro lado siempre vienen con el tema de señalar la mentalidad religiosa como anacrónica y medieval. De hecho, ya está más que dicho hasta la saciedad de que la discusión sobre este tema es primeramente científico. Así proyectan sus faltas de argumentos en sus contrarios. A estos les encanta pelearse con los curas, pero le huyen a la ciencia, a la biología, a la genética.

  ¿Cuáles son las voces en las que se apoyan estos defensores y promotores del aborto? Voces de algunos comunicadores e instituciones que se la pasan pontificando en unos falsos derechos de la mujer, pero no quieren escuchar y rechazan las voces de las diferentes academias de la ciencia que ya han dicho a unanimidad que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Otro argumento de los abortistas es basarse en lo que otros países desarrollados han implementado en sus legislaciones con respecto al aborto, y que si ya éstos lo han legalizado, ¿por qué nosotros no? ¿Por qué permanecemos en el “atraso”? ¿Por qué no nos modernizamos? ¡Vaya modernidad la de asesinar a los niños en el vientre materno! ¿Que la madre tiene derecho a decidir sobre su cuerpo? Bueno, si la mujer quiere hacerse un tatuaje o ponerse un pirsin en su cuerpo, claro que lo puede decidir. Pero decidir sobre la vida de un tercero que tiene todo su código genético diferente al de la madre y que no es un tumor ni una mancha que nace en su vientre, eso es totalmente falso. Toda mujer que decide  embarazarse, será madre para siempre. Lo que tiene que decidir es si quiere ser madre de su hijo vivo o madre su hijo asesinado por ella misma.

  Cuidado con esos números de abortos que se presentan como argumentos para su legalización. Los abortistas en honor a la verdad no buscan el bienestar de la mujer ni su salud, mucho menos el aborto tampoco tiene que ver con la reproducción; más bien buscan el aborto en sí mismo porque es un negocio que mueve mucho dinero. No existe aborto gratis ni seguro. Para ellos es un asunto económico, político e ideológico, pero no humanitario.