sábado, 24 de septiembre de 2022

HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES 2022

 

 La devoción de la Virgen María de la Merced se remonta al año de 1218. Ella se apareció a Pedro Nolasco, un mercader de la época. Éste, al ver que no sólo se comerciaba con mercancías materiales, sino también con personas, - específicamente personas que eran tomadas como esclavos por los sarracenos o mahometanos y vendidos como tales -; se interesa en ver cómo puede ayudarles para sacarlos de esa situación. La Virgen le inspira que funde una Orden religiosa que se dedique y se consagre la rescate y liberación de los cristianos cautivos y esclavizados por razón de su fe en poder de los musulmanes.

  El largo período de dominación árabe supuso para España importantes transformaciones en lo político, económico, social, cultural y religioso. Entre los numerosos monarcas que ofrecieron resistencia a los árabes, se destaca el rey Jaime I de Aragón, - el conquistador -, hombre valiente y muy religioso, que unió su nombre al de Pedro Nolasco y Raimundo de Peñafort.

  La palabra Merced significa “misericordia, ayuda, compasión y piedad”. La misión de este siervo de Dios, - Pedro Nolasco -, es llevar y hacer partícipe de la misericordia de Dios, manifestada en la Madre de su Hijo, a estos hijos suyos privados de su libertad por los musulmanes. María de la Merced es la mujer y madre de la misericordia divina.

  La fundación de la nueva familia religiosa mercedaria se realiza el 10 de agosto de 1218 en la Catedral de Barcelona-España, en presencia del obispo Berenguer de Palou, quien le dio la cruz blanca del obispado; y del Rey Jaime I, que se nombró como su protector y patrono, otorgándole a la Orden el permiso para usar su escudo de armas, en señal de distinción y nobleza. En determinadas ocasiones, Pedro Nolasco acompañó al rey en sus batallas para participar en la liberación de los cautivos. La primera casa donde residieron los integrantes de la Orden religiosa fue el hospital de Santa Eulalia. Los religiosos tomaron como norma de vida la Regla de san Agustín. Como un dato histórico, es bueno saber que el primer hospital psiquiátrico del mundo fue fundando por un sacerdote-religioso mercedario llamado fray Joan Gilabert, llamado Hospital de los Inocentes de Valencia.

  Para su manutención y trabajo liberador, los religiosos recolectaban dinero de los feligreses para usarlo en comprar la libertad de los cautivos; y aquellos que estaban en unas condiciones de salud física difícil, los atendían en el Hospital, los evangelizaban y cuando se recuperaban completamente, volvían con sus familias.

  La Orden religiosa fue fundada con carácter real y militar, es decir, los religiosos debían de llevar una espada a la cintura en su misión evangelizadora y liberadora, aunque no hay registro de que la llegaran a usar. Esto fue así durante los primeros cien años de su fundación.  Después se legisló en la Orden para suprimir la espada del hábito religioso y sólo quedó como recuerdo o signo de ésta una correa que cuelga del cinto de los religiosos. En 1272, tras la muerte de su fundador Pedro Nolasco, la familia religiosa tomó el nombre oficial de Orden de Santa María de la Merced, para la redención de los cautivos.

  Los frailes mercedarios, a parte de los tres votos comunes a los institutos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, emiten un cuarto voto que se llama “suma caridad o voto de redención”, que consiste en quedarse en el lugar del cautivo con tal de que éste fuera liberado. Pedro Nolasco y sus hermanos religiosos, tomaron a la Virgen de la Merced como patrona y guía. La espiritualidad está fundamentada en Jesús liberador de la humanidad y en la Santísima Virgen, Madre liberadora. Los frailes se convierten así en caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora.

  El 30 de septiembre de 1628, el papa Urbano VIII, canonizó a Pedro Nolasco, y a petición del rey Felipe IV, el 2 de junio de 1664, se decretó agregar su festividad en el breviario romano para el 29 de enero, siendo trasladada después para el día de su fallecimiento, el 6 de mayo. En 1265 se aprobó la advocación mariana por la Santa Sede; y el papa Inocencio III extendió el culto para toda la Iglesia Católica en 1696, estableciendo su fiesta para el 24 de septiembre.  

  Con el paso de los siglos, esta Orden religiosa se ha dedicado a la liberación de los cristianos cautivos por su fe, pero también han ido adaptando el ejercicio de su carisma fundacional a las nuevas cautividades que sufre el ser humano. Por eso también los encontramos que se dedican al trabajo apostólico de liberación y evangelización en los hospitales, colegios y cárceles; sin dejar de mencionar el trabajo pastoral en las parroquias y diferentes misiones evangelizadoras en varios países en todo el mundo. Esta familia religiosa ha sido hogar de grandes hombres y mujeres de fe y devoción a la Madre Santísima, como por ejemplo Santa María de Servellón y san Ramón Nonato, y que son un testimonio de vida cristiana para todos nosotros.

  La presencia y devoción a la Virgen de la Merced, llega a América en el segundo viaje del almirante Cristóbal Colón, de manos de uno de sus hijos religiosos y que era el confesor del almirante, Fray Juan Infante. Cuenta la leyenda que, entre los indígenas de la isla y los españoles, se originó una batalla donde Colón y sus acompañantes tuvieron que enfrentar a los indios guiados por un cacique; levantaron una trinchera y colocaron una gran cruz de madera, cruz que los indios quemaron e intentaron destruir sin poder lograrlo. Ante esta agresividad, Fray Juan Infante insta a los españoles a que sigan combatiendo y les prometió la victoria en nombre de la Virgen. Este triunfo de los españoles fue lo que dio lugar a que se levantara un santuario en el cerro en honor a la Virgen María de la Merced, en el lugar donde se había plantado la cruz. Con la Independencia Nacional de 1844, la Virgen María de la Merced fue declarada Patrona de la República Dominicana.

  Hoy, el pueblo dominicano celebramos a nuestra Madre espiritual de la Merced, nuestra Patrona, la mujer de la misericordia de Dios. Hoy nos unimos a ella con su canto del Magnificat y decimos: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres”.  Esta fiesta nos hace recordar la situación de cautividad de muchos de los hijos espirituales de la Madre del cielo y hermanos nuestros que, de diferentes modos padecen cautividades o son marginados a causa de su fe o por otras esclavitudes hostiles a sus creencias y dignidad humana.

  Dios sigue sufriendo y padeciendo en sus hijos aquí en la tierra. Sigue escuchando los clamores de dolor y opresión de sus hijos y sigue manifestando su intención de bajar y liberarnos (Ex 3, 7-8). Él no llora en el cielo, donde habita en una luz inaccesible y goza eternamente de una felicidad infinita. Dios llora en la tierra. Sus lágrimas se deslizan ininterrumpidamente por el rostro divino de Jesús, que, aun siendo Uno con su Padre celestial, aquí en la tierra sobrevive y sufre.

  En nuestro Escudo Nacional tenemos la palabra Libertad, y nuestra Bandera Nacional está atravesada por la cruz, que no es signo de padecimiento, sino de redención.  Hay una realidad de opresión sobre nuestro pueblo dominicano, de sometimiento de personas sobre personas y de instituciones de tal magnitud que merecen no sólo la mirada misericordiosa de Dios, sino su intervención efectiva a favor de los más débiles. El Hijo de Dios se hizo hombre al encarnarse en el vientre de la Virgen Madre, para traer la buena noticia de la liberación de cautivos y oprimidos. Hoy en día una gran parte de nuestra sociedad dominicana está dominada por diferentes esclavitudes. Con el paso del tiempo, gran parte de nuestra sociedad se ha venido apartando de Dios, de su amor, de su justicia, de su paz, de su misericordia. Hay mucho desorden en nuestra sociedad. Nuestra sociedad se caracteriza porque se ha dejado influir por la división que le viene siendo inoculada por diferentes medios. Se nos acusa de xenófobos, racistas y discriminación contra aquellos que no son de los nuestros. Se viene instalando en nuestra sociedad lo que se ha denominado con lenguaje cool, la “cultura woke”, que no es más que sembrar división, odio y rechazo en el interior de la persona. Se han venido creando problemas donde nunca existían. Decía Juan Pablo Duarte, hablando sobre la Unidad de las razas: “Los blancos, morenos, cobrizos, cruzados, marchando serenos, unidos y osados, la patria salvemos de viles tiranos, y al mundo mostremos que somos hermanos”.

  Nuestra sociedad dominicana hoy está sumida en una profunda espiral de violencia, abuso de poder, carestía, muertes abusivas, incomprensión, violencia doméstica, irrespeto entre hijos y padres; una gran parte de la población exigiendo la legalización de la muerte de niños inocentes e indefensos en el vientre materno; unas autoridades que siguen sin aprobar el Código Penal debido a intereses de organismos internacionales que presionan con sus millones de dólares y políticas injerencistas para que se legisle a favor del aborto y todo lo que tiene que ver con la agenda ideológica de género, que ya se viene implementando en instituciones públicas y otras del sector privado. Es decir, nuestra sociedad dominicana está siendo arropada por las nuevas esclavitudes de lo que se llama el marxismo cultural, que se manifiesta en la imposición de la ideología de género, el feminismo radical y la teoría crítica de la raza; está siendo esclavizada por una doctrina atea y materialista que busca destruir los valores, principios y fundamentos cristianos de nuestra nación.

  Otros males que caracterizan nuestra sociedad y que se traducen como esclavitudes es el aumento de la pobreza, por la injusticia y la mala administración de los encargados de dirigir los bienes del Estado. Esclavitudes del orden moral, de desenfreno sexual en niños y adultos, poco respeto por la vida. Se vive la esclavitud que provoca la pérdida de la fe y la impiedad, el irrespeto a la institución religiosa; a los valores y principios humanos para asumir, promover y defender los antivalores que conducen al materialismo, al desenfreno, a la vanidad. En definitiva, gran parte de nuestra sociedad se ha olvidado del Dios amor y misericordioso.

  Estos son los signos de los tiempos que nos han tocado vivir en la actualidad; que se acerca a lo que habló Jesús en su evangelio. En el Documento de Puebla, los obispos latinoamericanos nos dicen: “El Espíritu del Señor impulsa al Pueblo de Dios en la historia a discernir los signos de los tiempos y a descubrir en los más profundos anhelos y problemas de los seres humanos, el plan de Dios sobre la vocación del hombre en la construcción de la sociedad, para hacerla más humana, justa y fraterna” (n 1128). María de la Merced se preocupa porque somos sus hijos de este pueblo dominicano los que estamos expuestos a estas calamidades y, como Madre, quiere evitarnos tantos sufrimientos. También, María de la Merced, nuestra Señora y Patrona, nos hace ver que varias de esas calamidades pueden ser postergadas y suprimidas, debido a las oraciones y sacrificios de sus hijos. El Señor, por medio de la Madre de su Hijo, nos comunica su amor, paciencia y misericordia; nos da la oportunidad al arrepentimiento para ayudarnos a evitar el sufrimiento. Nuestra Madre espiritual se preocupa de todos estos males y pecados, que esclavizan a sus hijos espirituales de la Iglesia y de esta nación.

  En María de la Merced, el Padre celestial, nos llama a que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo para que desaparezcan de nosotros todos los malos hábitos. Y así ser libres para amar y servir a Jesucristo, único Señor y dueño de nuestras vidas.

   La situación de opresión y esclavitud que padece nuestra sociedad dominicana plantea un desafío al evangelio y por eso tenemos que mirar desde la fe esta situación, buscando en la Palabra de Dios los criterios iluminadores, para pasar de la esclavitud y la opresión a una liberación plena. Por eso, el papa Pablo VI dijo: “La teología, la predicación y la catequesis, para ser fieles y completas, exigen tener ante los ojos a todo el hombre y a todos los hombres y comunicarles en forma oportuna y adecuada un mensaje particularmente vigoroso en nuestros días sobre la liberación” (EN 29).

  María de la Merced es Madre y fuente de la misericordia divina. Ella no es indiferente a los clamores, sufrimientos y padecimientos de sus hijos espirituales. María es la mujer de la libertad, la redentora de cautivos, que genera una fuerza de misericordia y liberación, sean cuales sean las cadenas de la esclavitud. Como leemos en el prefacio de la misa, “Ella cuida siempre con afecto materno a los hermanos de su Hijo que se hallan en peligros y ansiedad, para que, rotas las cadenas de toda opresión, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu”.

  María de la Merced nos ofrece los dones y gracias de Dios; nos ofrece sus mercedes. En ella, el pueblo dominicano es invitado a transitar estos caminos de liberación y, aunque muchas veces hemos puesto oídos sordos a este llamado, adherirnos con la fe y con la vida al evangelio liberador de Jesús, nos sabemos responsables de proclamar con insistencia este mensaje, y buscar creativamente hacerlo con realidad en las estructuras de la sociedad, haciendo lo que su Hijo nos diga.  

  Termino esta reflexión citando una estrofa del himno a la Bandera, del escritor Ramón E. Jiménez, que dice: “¡Dios!, parece decir, ¡Oh bandera! La sublime expresión de tu azul; ¡Patria!, el rojo de vívida llama; ¡Libertad!, dice el blanco en la cruz”.

 

María de la Merced, redentora de cautivos y celestial patrona nuestra, ruega por nosotros. Amen.

miércoles, 24 de agosto de 2022

¿Desaparecerá la Iglesia? (2)

 

  El celibato sacerdotal quedó establecido en la legislación de la Iglesia católica latina en el Concilio de Elvira, - la actual Granada. Fue un concilio disciplinar. Es bueno aclarar que la Iglesia no inventó un estilo o estado de vida al establecer la legislación del celibato sacerdotal, sino más bien que, oficializó con esta legislación una práctica de vida que ya se venía realizando desde hace siglos atrás en la Iglesia por muchos de sus miembros, tanto sacerdotes como laicos.

  El Papa san Pablo VI, en un mensaje dirigido a los sacerdotes y seminaristas españoles en 1965, dijo: “Hoy como ayer, la misión específica del sacerdote es la de comunicar el pan de la palabra; la de distribuir, como ministro del culto, el perdón, la gracia y la santidad. Podrán cambiar los tiempos y los métodos, según la evolución de las costumbres, pero el contenido del mensaje seguirá siendo el mismo: el apostolado será siempre la transmisión de la vida espiritual”.

  Y el Papa Pío XII, en su carta encíclica Sacra Virginitas, sobre la Sagrada Virginidad, dice: “La santa virginidad y la castidad perfecta, consagrada al servicio divino, se cuentan, sin duda, entre los tesoros más preciosos dejados como herencia a la Iglesia por su Fundador. Por eso, los santos padres afirmaron que la virginidad perpetua es un bien excelso nacido de la religión cristiana”.

  El Decreto Presbiterorum Ordinis, del Concilio Vaticano II, en su número 16, leemos: “La perfecta y perpetua continencia por amor del Reino de los cielos, recomendada por Cristo Señor, aceptada de buen grado y laudablemente guardada en el decurso del tiempo y aún en nuestros días por no pocos fieles, ha sido siempre altamente estimada por la Iglesia de manera especial para la vida sacerdotal…, el celibato, que primero se recomendaba a los sacerdotes, fue luego impuesto por ley en la Iglesia latina a todos los que habían de ser promovidos al Orden sagrado. Esta legislación, por lo que atañe a quienes se destinan al presbiterado, la aprueba y confirma de nuevo este Sacrosanto Concilio, confiando en el Espíritu que el don del celibato, tan en armonía con el sacerdocio del Nuevo Testamento, será liberalmente dado por el Padre, con tal que quienes por el sacramento del Orden participan del sacerdocio de Cristo, e incluso toda la Iglesia, lo pidan humilde e insistentemente”. Como podemos deducir de este texto conciliar, el celibato es un don-regalo de Dios a su Iglesia, a su familia, y también él da las gracias necesarias para que los llamados al ministerio ordenado puedan vivirlo con generosidad y desprendimiento, con un corazón indiviso.

  En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el numeral 1579, leemos: “Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el Reino de los cielos”. Aquí nos presenta el Catecismo que lo que le da sentido a este estado de vida, a esta renuncia voluntaria y libre al matrimonio y formar una familia, es el “amor por el Reino de los cielos”. Reafirma así el Catecismo lo que ya había dicho Jesús con respecto a los “eunucos”, que se hacen a sí mismo por esta causa. El celibato no es una huida al matrimonio ni a la familia. Es la elección de un bien mayor, utilizando las palabras del apóstol san pablo. Pero sin menoscabo del estado de vida matrimonial, que también es una vocación a la santidad.

  Por otro lado, la Iglesia, en el Catecismo, nos recuerda quiénes pueden recibir este sacramento del Orden: “Sólo el varón bautizado recibe válidamente la Sagrada ordenación. El Señor Jesús eligió a hombres para formar el Colegio de los Doce apóstoles (Mc 3,14.19; Lc 6,12-16), y los apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores (1Tim 3, 1.13; 2Tim 1,6). La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación” (n. 1577). Y no podemos dejar de mencionar la carta apostólica de san Juan Pablo II, “Ordinatio Sacerdotalis”, donde dejó zanjada esta cuestión sobre la imposibilidad del sacerdocio femenino en la Iglesia Católica de rito latino: “Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a mis hermanos (Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia” (n. 4b).

  La vocación al sacerdocio ministerial contiene un elemento de misterio. Pero esto no hay que entenderlo como si hubiera algo en el llamado que no debiéramos o no pudiéramos saber porque se nos está prohibido; sino más bien, porque, como llamado del Señor, no sabemos a ciencia cierta por qué elige y llama a algunos hombres a este estado de vida. El Señor sólo espera del que es llamado, una respuesta desprendida y generosa a su invitación a seguirle y servirle de un modo más particular a través de este ministerio.  El sacerdocio ministerial no es un derecho que tenemos los católicos en la Iglesia, sino más bien un don-regalo de Dios a su Iglesia y está ordenado al servicio del sacerdocio común de los fieles. La vocación sacerdotal no es un llamado al poder, sino más bien, un llamado al servicio.

martes, 23 de agosto de 2022

En solidaridad y oración con la Iglesia de Nicaragua

 "Hermanos, siempre hemos de dar gracias a Dios por ustedes, como es justo, por cuanto crece sobremanera su fe, y abunda la mutua caridad de cada uno de todos ustedes, de tal manera que nosotros mismos nos gloriamos de ustedes en las iglesias de Dios, con motivo de su constancia y fe en medio de todas sus persecuciones y de las tribulaciones que sufren. Esta es una señal del justo juicio de Dios, para que sean hechos dignos del Reino de Dios por el cual padecen..." (2Tes 1,3-5).

 

  El insigne sacerdote y teólogo Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto XVI, en el año de 1968, dijo "que cuando Dios haya desaparecido totalmente para los seres humanos, experimentarán su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo". Estas palabras dichas por este sacerdote es lo porque muchos han calificado como "La profecía olvidada de Benedicto XVI sobre la Iglesia del futuro". Es lo que en otras palabras se ha calificado como la "Iglesia de los mínimos". El presbítero Ratzinger es, como muchos lo han calificado "el último gran teólogo de nuestros tiempos". Un sacerdote de gran erudición y visión celestial magnificas. Estas palabras y otras más las expresó en una entrevista radial titulada “¿Bajo qué aspectos se presentará la Iglesia en el año 2000?” Afirmaba con "contundencia que la Iglesia del futuro tendría que olvidarse de los aspectos políticos para centrarse en lo espiritual". Y es que mucho se ha hablado y señalado a la Iglesia una especie de sesgo político o de estar alineada con las ideologías políticas. Se le ha señalado en muchas ocasiones sobre un cierto maridaje político; y esto rompe con su esencia, puesto que ella está para velar y buscar la salvación de las almas. La Iglesia se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad.

  Se plantea así una vuelta a los orígenes, a la fuente viva del evangelio. De no ser así, la Iglesia volverá a las catacumbas. La belleza de sus edificios no le servirá de nada; más bien, sólo servirán para alimentar a los perros, enemigos de Dios, de la fe, de la Iglesia, de los cristianos.

  Para este teólogo, "la Iglesia que surgió tras las revoluciones a finales del siglo XVIII, se había hecho más pequeña y había perdido esplendor social, pero al mismo tiempo se había hecho más fecunda por la nueva fuerza de su interioridad que, a través de los grandes movimientos de laicos y en las numerosas y nuevas fundaciones de órdenes, que tuvieron lugar desde mediados del siglo XIX, produjo nuevas fuerzas para la formación y la realidad social, hasta tal punto que no es posible imaginar nuestra historia más reciente sin ellas".

  No hay dudas de que la Iglesia está transitando en la actualidad por un camino difícil. Se ha recrudecido más la persecución por diferentes grupos. Hay una clara intención de, si no hacerla desaparecer, sí de reducirla a su mínima expresión o influencia. La Iglesia católica es el último reducto con el que se ha topado esta imposición ideológica que quiere reducir al mismo ser humano al nihilismo y a la institución católica con su doctrina, a un grupo religioso más, pero sin ninguna injerencia en la vida de las personas y las sociedades. En estos momentos, los cristianos católicos, sobre todo en Nicaragua, están viviendo una situación de persecución difícil. Sobre el régimen comunista y dictatorial del presidente Daniel Ortega y la vicepresidente, que es nada más y nada menos, su esposa; han enfocado sus ataques hacia la institución católica y sus miembros. Tenemos el caso lamentable del apresamiento del obispo de la diócesis de Matagalpa, Mons. Rolando José Álvarez Lagos, por supuestamente intentar organizar grupos violentos con el fin de alterar la vida y desestabilizar el gobierno. Ni ellos mismos se creen esa mentira. El presidente Daniel Ortega siempre ha tenido a la Iglesia católica entre ceja y ceja, y más a este obispo antes mencionado. Pero ¿quién es este obispo a quien el régimen comunista de los Ortega tiene apresado? Este obispo ha sido muy crítico con el régimen comunista nicaragüense por su abusos y violaciones a los derechos humanos.

  El régimen comunista nicaragüense, por medio de la institución policial, en una nota de prensa publicada el 5 de agosto, acusó a las autoridades de la Iglesia católica en Matagalpa, de "utilizar medios de comunicación y redes sociales para intentar organizar grupos violentos, incitándolos a ejecutar actos de odio en contra de la población, provocando un ambiente de zozobra y desorden, alterando la paz y armonía en la comunidad". Sigue diciendo el comunicado que "tales acciones tienen el propósito de desestabilizar al Estado de Nicaragua y atacar a las autoridades constitucionales". Así anunció la Policía de Nicaragua que ya "había iniciado un proceso de investigación, con la finalidad de determinar la responsabilidad penal de las personas involucradas". Y también el comunicado agrega que "las personas involucradas se mantendrán en sus casas". Pero la persecución a este obispo, sacerdotes y laicos no termina ahí. El régimen comunista nicaragüense ordenó el cierre violento de por lo menos ocho emisoras católicas de radio.

  Pero, sigamos abundando un poco más sobre este obispo a quien el régimen comunista de los Ortega tiene en esta situación de persecución. Este sacerdote recibió la ordenación episcopal de manos del arzobispo de Managua, Mons. Leopoldo Brenes, y fue nombrado obispo ordinario de la diócesis de Matagalpa por el Papa Benedicto XVI en el año 2011 y asumió como lema de su escudo episcopal “Hágase en mi según tu palabra”; fue secretario de prensa y comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN). Si es verdad que en Nicaragua la llamada "teología de la liberación" tuvo su auge años atrás, no es menos cierto que este obispo se ha mantenido al margen de esta y con un discurso combativo contra ella. Hay que recordar que el Papa san Juan Pablo II, en su momento, condenó esta corriente teológica por su contenido marxista. Este obispo de Matagalpa fue quien encabezó los diálogos de negociación y de paz ante el intento de golpe de Estado que hubo en 2018, donde Ortega se queda en el poder que derivó en un proceso electoral antidemocrático e ilegal, con muchas detenciones donde ha estado presente la tortura, las violaciones a los derechos humanos, asesinatos, etc. Y es en este tétrico escenario donde el obispo asume la vocería y defensa contra el régimen de los Ortega, porque lo acusaron de haber sido cabeza y orquestar una revuelta en su contra. Pues parece ser que esta es la causa principal de esta persecución contra este obispo.

  Ahora viene el punto que muchos, - católicos y no católicos, personalidades de las altas esferas políticas internacional -, han señalado al Papa Francisco que no se haya pronunciado contra esta persecución contra la Iglesia católica y sus feligreses. Lo primero que hay que pensar y tener en cuenta es que la CEN, hasta el día de hoy no se ha pronunciado en el sentido de hacer un reclamo al santo padre sobre este aspecto. Yo no creo que el Papa Francisco sea o esté indiferente y ajeno a lo que está sucediendo con la Iglesia católica en Nicaragua con esta persecución. El silencio del Papa yo no lo interpreto como un "silencio cómplice ni de miedo ni de indiferencia". Es ya conocida la expresión del Papa Francisco con respecto a la persecución religiosa: "Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades" (Evangelio Gaudium, 49). Es lo que el Papa Francisco ha llamado "Iglesia en salida". Es una Iglesia que tiene presencia en las periferias. Y es que la visión del dolor ajeno despierta una mirada más penetrante y sabia.

  Por un lado, tenemos que ya algunos obispos, tanto de Nicaragua como de otros países, así como sacerdotes y fieles laicos, se han pronunciado en contra de esta persecución y en apoyo a los fieles cristianos católicos. Los obispos de Cuba, que también han sufrido por décadas la persecución del régimen castrista, afirman en su comunicado que "los obispos católicos de Cuba, junto a nuestros sacerdotes, diáconos, vida religiosa y fieles, oramos y acompañamos con todo el afecto fraterno a la Iglesia de Dios en Nicaragua". Siguen diciendo que "agradecen el testimonio de fidelidad a Cristo y a los humildes que están ofreciendo la comunión que han mantenido en medio de las pruebas y la serena confianza en el Señor resucitado que están proclamando en estos momentos de cruz".

  Así mismo, el arzobispo de la ciudad de Miami, Mons. Thomas Wenski, se pronunció condenando el "martirio de la Iglesia", llamando a los católicos a rezar por el obispo de Matagalpa, que fue secuestrado por la Policía de la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua.

  Tenemos también el pronunciamiento de la Asociación española de laicos católicos que lanzaron una campaña de denuncia de la vulneración de la libertad religiosa en Nicaragua, advirtiendo que "todo lo que está pasando no sale en los telediarios, pero es extremadamente grave". Hacen también un llamado a la OEA, y a la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos para que "tomen medidas para poner fin a estas persecuciones, agresiones y movilizaciones de odio" en Nicaragua. Denuncia también que "los cristianos están sufriendo en Nicaragua una terrible persecución llena de agresiones y odio, no solamente a ellos como personas por profesar la fe católica, sino también a las iglesias y nuestros símbolos; los templos están siendo profanados y destruidos por fanáticos anticatólicos, destacando que estos ataques están siendo promovidos por el totalitarismo dictatorial del gobierno nicaragüense y protegidos por las Fuerzas de Seguridad".

  Pero, de los pronunciamientos a favor de los cristianos católicos nicaragüenses y contra la dictadura de los Ortega, el que más ha llamado la atención es el publicado por un grupo de 26 exmandatarios de Latinoamérica y España, pidiendo al Vaticano, en la persona exclusiva del santo padre Francisco, una defensa más enérgica frente a la persecución de la dictadura de los Ortega. En este comunicado, los exmandatarios expresan la "preocupación agravada por lo que acontece en Nicaragua bajo la primitiva dictadura de los Ortega". Afirman estos exmandatarios que, "luego de perseguir y criminalizar a los liderazgos políticos y sociales como de cercenar de modo radical toda la libertad de expresión y de prensa, ahora avanza hacia la persecución de los líderes episcopales católicos, los sacerdotes y las religiosas". Dicen además que, "les preocupan que la quema de iglesias y la salvaje destrucción de las imágenes del culto católico, avanza en una línea de destrucción de bases sociales y antropológicas que mejor recuerda la quema de libros judíos, socialistas y pacifistas y de bibliotecas enteras por los partidarios del régimen nacional socialista alemán en 1933".

  Hay que tener cierta reserva de este comunicado de estos exmandatarios. Porque, lo cierto es que hay que preguntarnos qué hicieron ellos, en sus respectivos gobiernos, para proteger y salvaguardar el derecho humano a la libertad religiosa, cuando sabemos que, en sus gobiernos, también se realizaron fuertes persecuciones a la fe, sobre todo contra el catolicismo con la vandalización, profanación y quema de templos y no hicieron grandes acciones para proteger a los que hoy dicen defender. Yo más bien veo aquí, detrás de este comunicado, una oportunidad política que éstos saben aprovechar muy bien. Aunque es significativo este pronunciamiento, no deja de haber un aprovechamiento político detrás del mismo.

  Como ya hemos dicho anteriormente, son muchos los grupos, instituciones y personalidades que le han exigido al santo padre que se pronuncie contundentemente contra esta persecución del régimen de Daniel Ortega hacia la Iglesia católica y sus fieles. Se menciona aquí la actitud de "la prudencia" que ha tenido el santo padre, pero muchos lo han interpretado quizá erróneamente como "complicidad, miedo e indiferencia". Ciertamente que un mismo hecho, sea positivo o negativo, no se ve de manera igual desde dentro que desde afuera. Ya hemos dicho que la CEN no ha hecho ningún señalamiento al respecto. Lo cierto es que aquí hay que jugar o tener en cuenta la diplomacia. Cabe preguntarnos si es obligatorio que el santo padre se pronuncie ante esta atrocidad persecutoria del régimen de los Ortega, sabiendo de que a lo mejor esto pueda provocar un endurecimiento o recrudecimiento de la persecución. ¿No interpretaría el régimen de los Ortega tal pronunciamiento como una injerencia y oportunidad para justificar más su persecución?

  Pero, ya lo que muchos exigían y esperaban, sucedió. El santo padre Francisco, se ha pronunciado al respecto de esta situación de persecución del régimen de los Ortega contra la Iglesia católica y sus fieles. En el rezo del Ángelus del domingo XXI, del tiempo ordinario dijo que "sigue con preocupación y dolor la situación creada en Nicaragua, que involucra a personas e instituciones”. Dice el santo padre que de esta manera "expresa su convicción y deseo que por medio de un diálogo abierto y sincero se pueden todavía encontrar las bases para una convivencia respetuosa y pacífica".

  En definitiva, no creo que la actitud del santo padre, su silencio, sea manifestación de miedo, complicidad e indiferencia. Hay que actuar con prudencia, que no debe ser entendida precisamente como miedo. Creo que ciertamente el santo padre está muy cerca del pueblo católico nicaragüense. Esta es una situación que amerita actuar y moverse con prudencia, sabiduría y discernimiento. Ciertamente, el arma más poderosa del cristiano es la oración hecha con fe, confiada, humilde y perseverante. ¡Tiembla el mundo cuando un cristiano cae de rodillas!, decimos los cursillistas de cristiandad.

  Si es verdad que somos una sola familia espiritual y tenemos que luchar por la unidad, no es menos cierto que, también desde fuera, debemos de actuar con prudencia. Creo que si el santo padre le hiciera caso a cada persona, grupo e institución para que hable cuando a ellos les parece, sería catastrófico, no sólo para la institución religiosa, sino también para sus hijos amados.

  Lo que están viviendo nuestros hermanos cristianos en Nicaragua en estos tiempos, debe de ser para nosotros una motivación para seguir fortaleciendo nuestra fe, amor y confianza en nuestro Señor Jesucristo. Son tiempos difíciles para la vivencia y testimonio de la fe. Recordemos que san Juan Pablo II calificó a Latinoamérica como el “Continente de la Esperanza”. Pero ya en la mayor parte de este se ha ido instalando la ideología política socialista-comunista, y esto está siendo una gran prueba sobre todo para la fe cristiana católica. Esta es una guerra espiritual entre dos poderes: el poder de Dios contra el poder del mundo; el Reino de Dios contra el Reino del mundo; Dios contra Satanás: "La lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los poderes mundanos de estas tinieblas, contra los espíritus de la maldad en lo celestial". Se nos quiere reducir a lo mínimo; se quiere borrar de toda nuestra vida nuestra imagen y semejanza con Dios; muchos de los hijos de Dios se han revelado contra él. Estamos transitando el camino de las tinieblas y sólo la luz de Cristo, que es Cristo mismo, nos llevará a vencer estas tinieblas. Cristo sigue rogando al Padre celestial para que, al igual que le dijo al apóstol Pedro, nuestra fe no desfallezca. Nos ha tocado vivir un tiempo de prueba de fe muy difícil, a unos más que otros. Si esta persecución nos lleva a retornar a las catacumbas, que así sea. Si tenemos que ser parte de esa Iglesia de los mínimos, que así sea. Pero Iglesia fiel a Cristo y a su evangelio. Con el apóstol San Pablo digamos: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece; y también: "Si Cristo está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?"

miércoles, 3 de agosto de 2022

¿Desaparecerá la Iglesia? (1)

 

“Y yo te digo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18).

  Esta es una pregunta o afirmación que muchas personas, creyentes y no creyentes, se hacen y otros la dan como un hecho. Desde hace mucho tiempo atrás, siempre hemos escuchado que, si la Iglesia Católica no se “adapta” a los nuevos tiempos, desaparecerá porque lo que enseña, el mensaje que proclama está desfasado y esto provocará que sus miembros la abandonen. Pero, los que afirman o se preguntan esto, se olvidan de las palabras dichas por el mismo Jesús de que “el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán”.

  Tenemos que la revista The Economist, - que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y de la economía desde el marco global y que tiene su sede en la ciudad de Londres -, publicó un artículo en su edición de julio, bajo el título “La Tormenta sin fin”, en donde anuncia o predice un cisma en la Iglesia Católica. Dice el artículo: “La Iglesia tiene que seguir Aggiornandosse, adaptándose al mundo a toda velocidad, empezando por permitir el matrimonio a los sacerdotes, en la creencia de que el celibato es la causa última de los abusos sexuales por el clero”. Lo cierto es que esta tesis ya está desmontada por las investigaciones hechas, - como el Centro por la Protección de la Infancia de la Pontificia Universidad Gregoriana, que concluyó en un estudio realizado que, más del 90% de los abusos sexuales los cometen quienes no viven en celibato, es decir, en las familias, en las asociaciones de deporte y otros grupos e instituciones, y está también la Fundación ANAR, (Ayuda a niños/as y adolescentes en Riesgo), que en su estudio realizado entre 2008-2019, ha concluido que los abusos a menores en el clero en España son inferior al 1%. Claro que esto no debe tomarse como un alivio o justificación. Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco lo ha reiterado: “un solo caso de abuso ya es demasiado”. Es mentira que el celibato sea la causa de estos abusos. Se toma esto más bien como la excusa para atacar el don del celibato que por tantos siglos, a pesar de los errores cometidos, le ha funcionado y ha sido una bendición para la Iglesia. No es cierto que, si se aboliera el celibato, desaparecerían los casos de abusos. Y entonces, los casos de abusos sexuales que suceden en la familia, y entre los pastores casados de iglesias protestantes - que son en un porcentaje mucho mayor que en el clero católico-, ¿cuál es la causa? Y es que el problema real no está en el celibato, sino en el interior de la persona, en su afectividad, en su psicología. La verdad que está disfrazada en este artículo de opinión de este semanario inglés es su sesgo cristianófobo.

  Pero, sigue diciendo el artículo del semanario que “La Iglesia necesita cambios, que esos cambios se van a dar y que eso, probablemente, lleve al cisma que, citando fuentes vaticanas, está en el aire”. De seguro que a lo que apunta este artículo es a lo que viene sucediendo desde hace un par de años en la Iglesia Católica en Alemania con el Camino Sinodal que llevan a cabo. Dice también el artículo que “el mundo debe tener una religión universal coherente con las ideas hoy dominantes en medios y en la esfera pública, y para asumir ese papel la Iglesia debe renunciar lo más posible a doctrinas específicas, y a la pretensión exclusiva de ser custodia de una Verdad Universal y eterna”. Pero si la Iglesia hiciera esto, estaría traicionando al mismo Jesucristo. La Iglesia está en el mundo, pero No es del mundo. Está en el mundo para iluminarlo, guiarlo fuera de sus oscuridades y llevarlo a Cristo. Ya el escritor estadounidense, de origen japonés, Francis Fukuyama, en su libro El fin de la Historia y el Último Hombre, afirma que la religión cristiana, concretamente el catolicismo, debe de renunciar a creerse la religión verdadera, renunciar a sus dogmas, y pasar a ser una religión más entre otras. Lo cierto es que los cañones de ataque están dirigidos a la Iglesia Católica, pero ¿por qué? ¿Por qué si las otras iglesias cristianas, muchas de ellas se han plegado a esta agenda globalista con sus postulados, su concentración es doblegar a la Iglesia Católica con sus postulados? La respuesta es clara: la Iglesia católica, con el mensaje que proclama del evangelio, es una piedra de choque para toda esta agenda globalizada y genocida que quiere imponer la élite mundial por medio de la agenda 2030 y la ideología de género. Y es que el concepto del hombre y la naturaleza que proclama la Iglesia, no se deja manipular. La Iglesia sólo se arrodilla ante su Señor Jesucristo y no ante estos dioses de barro promotores de esta ideología. La intención es clara: acabar, desprestigiar moralmente a la Iglesia católica.

  Pero, sigamos citando el artículo en cuestión. Ante esta problemática de la Iglesia Católica, el semanario propone la solución: “Lo primero que dicen estos globalistas es que están apoyados por diversos obispos, proponiendo una modernización de la Iglesia en la que el Papa deberá aceptar la abolición del celibato para los sacerdotes, pero también apertura a las mujeres sacerdotisas y aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo”. Pues ya vemos por donde vienen estos gurúes globalistas que se presentan como una especie de “salvadores” de la Iglesia para que no desaparezca. Es decir que, la salvación de la Iglesia ya no está ni depende de la gracia santificante de Cristo, del Espíritu Santo, sino de estos gurúes globalistas. Son ellos los que se están presentando y pretenden hacer cumplir la promesa de Cristo.

jueves, 9 de junio de 2022

Ofrece el Perdón. Recibe la Paz.

 

Con estas palabras, el papa san Juan Pablo II títuló su Mensaje para XXX Jornada Mundial de la Paz en enero de 1997. El santo padre, en su mensaje nos exhortaba al perdón con estas palabras: “Es hora de decidirse a emprender juntos y con ánimo resuelto una verdadera peregrinación de paz, cada uno desde su propia situación” (1). Ya el mismo cristo nos había enseñado lo esencial y fundamental que es para nosotros vivir la paz que él nos vino a traer: “La paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde” (Jn 14,27). Nosotros, sus discípulos, somos portadores, predicadores y anunciadores de la paz del Maestro de Nazaret: “Cuando entren en una casa digan primero, la paz a esta casa, y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes”. Y lo somos porque la vivimos y la testimoniamos.

  El santo padre sigue exhortándonos en su mensaje: “El perdón, en su forma más alta y verdadera, es un acto de amor gratuito. Pero, precisamente como acto de amor, tiene también sus propias exigencias: la primera es el respeto a la Verdad. Sólo Dios es la verdad absoluta… El perdón, lejos de excluir la búsqueda de la verdad, la exige. El mal hecho debe ser reconocido y, en lo posible, reparado” (no. 5). Es decir que, según lo que nos enseña el santo padre, el perdón no quiere decir “borrón y cuenta nueva”, o, “aquí no ha pasado nada, sigamos caminando”.

Sigamos citando las palabras del santo padre en su mensaje: “Otro presupuesto esencial del perdón y la reconciliación, es la justicia, que tiene su fundamento último en la ley de Dios y en su designio de amor y de misericordia sobre la humanidad. Entendida así, la justicia no se limita a establecer lo que es recto entre las partes en conflicto, sino que tiende sobre todo a reestablecer las relaciones auténticas con Dios, consigo mismo y con los demás. Por lo tanto, no hay contradicción alguna entre perdón y justicia” (n 5). De esta manera, el santo padre nos enseña y recuerda que otorgar el perdón no es la justicia, pero sí es un signo de la justicia. El perdón no exime del juicio.

  En el número 6 del mensaje, el santo padre nos dice que: “El creyente sabe que la reconciliación proviene de Dios, el cual está dispuesto siempre a perdonar a cuantos acuden a él, y a cargar sobre las espaldas todos sus pecados… Jesús proclamó durante toda su vida el perdón de Dios, pero, al mismo tiempo, añadió la exigencia del perdón recíproco como condición para obtenerlo”. Recordemos que una de las peticiones de la oración del Padre Nuestro es “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Tenemos que preguntarnos entonces si estas palabras son una realidad en nuestra vida cristiana, en nuestra vida diaria o si sólo las repetimos mecánicamente.

  Lo anteriormente presentado, es para ayudarnos a reflexionar en cómo debemos actuar los cristianos ante situaciones difíciles o tragedias que se nos presentan en nuestro caminar. Hace unos días, nuestra sociedad dominicana vivió una amarga y dolorosa tragedia en la que una persona le quitó la vida a un ministro del gobierno por un asunto, - según lo manifestado por los medios de comunicación y las hipótesis de la investigación policial y judicial -, personal en el que se señala un interés económico entre el victimario y la víctima.

  No voy a entrar en detalles o análisis de las causas que tuvo esta persona para cometer el hecho, porque no es mi intención ni tampoco soy un investigador ni analista criminal. Pero, como cristiano y sacerdote, sí quiero hacer un comentario desde la parte de la enseñanza evangélica y doctrinal católica con respecto al perdón.

  Sucedido el hecho trágico, la familia de la víctima emitió un comunicado público en la que se resalta claramente que ellos perdonan al agresor. Estas palabras del comunicado han provocado un sin número de comentarios en las redes, unos en apoyo; otros en desacuerdo, otros de indiferencia, etc.; entre esos comentarios nos encontramos con las opiniones de personalidades de cierta influencia en la sociedad y también incluyen las palabras dichas por el presidente de la República. No voy aquí a mencionar todos esos comentarios, porque sería imposible.

  Nosotros hemos escuchado frases como: “Que lo perdone Dios, porque yo no”; o, “yo no soy Dios para perdonar”; o, “perdono cuando lo sienta”, etc. Aquí cabe entonces preguntarnos: ¿Es que acaso nosotros los seres humanos no podemos perdonar o es que no queremos perdonar? ¿Es el perdón algo imposible de aplicarlo u otorgar? ¿No dijo el Señor Jesús que “si nosotros no somos capaces de perdonar de corazón, no seremos perdonados? Entonces, ¿Jesús nos estaba pidiendo algo imposible? Y como éstas, hay más preguntas. Para San Benito, perdonar a otro puede exigir un gran esfuerzo espiritual que desafía a toda persona. Decía: “Perdonar no es nada fácil. No nos resulta particularmente difícil cuando estamos de ánimo indulgente o nos sentimos motivados por los buenos sentimientos. Pero casi nadie escapa a la tentación de retirar pronto sus gestos de reconciliación. Lo que llamamos perdón, a menudo no es otra cosa que otorgar libertad condicional al otro… esperamos impacientes los signos concretos de arrepentimiento… queremos estar seguros de que el arrepentido no reincidirá”. Es decir, según estas palabras del santo, nos hace entender que con frecuencia hacemos depender nuestro perdón del arrepentimiento del culpable.

  Pero lo cierto es, y al mismo tiempo es lamentable, que muchos cristianos y no cristianos; creyentes y no creyentes; no han entendido la dinámica del perdón. Y es que el perdón, más que un sentimiento es, sobre todo, una decisión. Y esta decisión es la que la gracia de Dios nos fortalece para poder realizarla. Porque tampoco se trata de pensar o decir “yo perdono porque puedo, porque me da la gana o, porque me levanté con el pie derecho y quiero perdonar, etc.”. NO ES ASÍ. NO FUNCIONA ASÍ. Una persona, - cristiana o creyente -, perdona porque Dios le da la gracia para dar el paso: “Sin mi nada podrán hacer”, nos dijo el Señor; y a san Pablo le dijo: “Solamente mi gracia te basta”. El perdón es la medicina o ungüento que sana nuestras heridas interiores. Cuando se perdona, no se hace para que el otro se sienta bien, sino para que la persona que lo otorga empiece a sanar interiormente. Y esto es lo que ha hecho la familia de la víctima al otorgar el perdón a su victimario. Esta familia nos ha dado un claro y verdadero testimonio de fe; testimonio que muchos no han entendido ni entenderán ya que sólo quien ha experimentado el perdón y ha sido sanado de sus heridas interiores por la gracia de la misericordia divina, lo hace: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten”; y también “Tenemos que perdonar setenta veces siete”.  Esta familia ha actuado como una familia cimentada en la roca firme que es Cristo y su evangelio. Los que conocemos, poco o mucho a esta familia, sabemos que es una familia de una profunda vivencia de fe y por eso han dado este testimonio. Esta familia, con este testimonio cristiano, se convierten en luz en medio de las tinieblas del odio, la ira, el rencor y la venganza que en estos momentos arropan nuestra sociedad. Y es que en estos momentos nuestra sociedad está viviendo una paradoja: la gente que está quejándose del nivel al que ha llegado la violencia, el odio, el irrespeto por la vida humana, la pérdida de los valores, principios y decadencia moral, etc., es la misma que está pidiendo la cabeza, la sangre del victimario, que no quiere perdonar, que afirma que debió suicidarse, que pide que se lo entreguen en sus manos para disponer al antojo de él, que desea y quiere que a éste los demás internos le cobren caro en la cárcel, se burlan de las acciones de fe de los demás, etc. En definitiva, seguimos aplicando la ley del talión del ojo por ojo, diente por diente.

  Hay un elemento que sucedió unos minutos o segundos antes de que el victimario cometiera el hecho, y que todos han pasado por alto. Y es que, según la asistente del ministro, cuando escuchó la fuerte discusión entre ambos en el despacho, le preguntó al ministro si quería que llamara a la seguridad, a lo que el ministro respondió: “no, es mi amigo”. Pues estas palabras me hacen recordar las palabras que le dirigió Jesús al apóstol Judas Iscariote cuando lo entregó dándole un beso, y el Maestro le dijo a manera de pregunta: “Amigo, con un beso entregas al Hijo del Hombre”.

  Seamos sal y luz para el mundo; seamos sal y luz para nuestra sociedad. Llevemos la luz de Cristo allí donde está presente la oscuridad. No podemos seguir incitando la violencia ni dejarnos dominar por el odio, el rencor y la sed de venganza; y es que la ofensa sólo se puede superar con el perdón, y nunca con la venganza. Mientras la persona más se aleje del amor, se llenará de odio; mientras más se aleje de la vida, se llenará de muerte; mientras más se aleje de la libertad, será más esclavo; mientras más se aleje de la verdad, se hundirá en la mentira. Leemos en el salmo 80: “Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer; por eso los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos”. En definitiva, mientras más se aleje de Dios, será dominado por el demonio. Cristo no lo hizo y así nos lo enseñó a sus seguidores y discípulos. No se nos prohíbe sentir ira, rencor, odio… porque eso es parte de nuestra condición humana. Lo que se nos prohíbe, desde nuestra fe en Cristo y su evangelio, es dejarnos dominar por estos sentimientos negativos para no actuar en consecuencia. Esta familia y la sociedad tenemos que iniciar nuestro camino, nuestro proceso de sanación, de fortaleza y de liberación. Cada uno a su ritmo.

  Lo que es imposible para nosotros, es posible para Dios. Pero tenemos que permitirle a Dios esa posibilidad en nuestra vida. Es fácil decir que se es cristiano; pero no es fácil vivir como cristiano, como hijo de Dios. Y esto es lo que espera y quiere Dios-Padre de nosotros sus hijos.

jueves, 14 de abril de 2022

Soy católico, pero… (y 3ª parte)

 

Con lo que hemos dicho anteriormente, esto nos lleva al título que hemos dado a este escrito: Soy católico, pero… Es decir: ¿Qué tipo de catolicismo estoy viviendo o es el que quiero vivir? ¿Qué clase de católico soy? ¿Vivo un catolicismo a mi conveniencia o me esfuerzo en vivirlo como debe de ser? ¿Soy católico, pero sólo voy a misa los domingos, porque leo la Biblia y rezo el rosario? ¿Soy católico porque me gusta la discoteca, el alcohol, etc.? ¿Es esto lo que me da mi identidad católica? ¿Soy católico, porque   escucho al Papa, a mis obispos, sacerdotes, pero no les obedezco? ¿Soy católico porque estudié en un colegio o universidad católica, pero nunca me preocupé por hacer o cumplir con lo que en esas instituciones académicas me enseñaban en cuanto a mi fe? ¿Soy católico porque me bautizaron de pequeño, pero no me he interesado por crecer, profundizar y madurar mi fe bautismal? ¿Soy católico porque me casé por la Iglesia, pero no me he preocupado ni interesado por fortalecer la gracia matrimonial que recibí en ese sacramento? ¿Soy católico porque hice la primera comunión, pero nunca me he preocupado por seguir practicando ni recibiendo la gracia de la comunión? ¿Soy católico, pero sólo voy a misa el viernes santo? Y resulta que el viernes santo es el único día que no se celebra la misa. Y un sin número de preguntas más.

  Sabemos también de grupos que se denominan católicos, pero sólo utilizan el nombre de católicos como un título, y otros no se esfuerzan por poner en práctica la doctrina católica. Tenemos, por ejemplo, el conocido grupo, -que es más bien una ong proaborto -, “católicas por el derecho a decidir”: este grupo recibe financiamiento internacional para su lucha, defensa e imposición del aborto en las legislaciones de los países. Existe otro grupo llamado “católicas 2.0”, que promueven, entre otras cosas, la ordenación sacerdotal de las mujeres. Están los grupos de “católicos progresistas” en los Estados Unidos que promueven el aborto, la homosexualidad, eutanasia, etc. En fin, son esos católicos que se han dejado arropar por la visión laicista y han asumido sus postulados, pero se siguen llamando católicos.

  Sabemos también de muchas personas que se aprovechan de la riqueza de la doctrina católica, su enseñanza en la educación en colegios y universidades; incluso personas que profesan otra fe no católica ni cristiana o, incluso atea, ya que tienen un nivel alto y decente. La pregunta aquí es: ¿Porque están en estas instituciones y aprenden a citar incluso pasajes bíblicos y se insertan en la catequesis, son católicos? La respuesta es NO. Todos estos saben muy bien manipular a los demás con el tema religioso para lograr alcanzar sus propios fines, y no los de Cristo.

  Hoy muchos cristianos católicos viven un cristianismo “bajo en compromiso, acomodado, ligero”. Quitándole al Evangelio todo aquello que es o pueda ser incómodo para la sociedad. El arzobispo de Glasgow, Mons. Philip Tartaglia, dijo al respecto: “Los católicos escoceses están demasiado despreocupados en defender sus creencias. Demasiados creyentes se han adaptado al mundo secular que los rodea al enfatizar no su propia fe sino sus propios valores éticos”. Y agregó: “Demasiados creyentes ya no hablan de que Jesús ganó la salvación por los pecadores, sino en lugar de eso, le señalan como un ideal moral que los humanos deben esforzarse por lograr. Nos acomodamos, no nos comprometemos, evitamos los conflictos, incluso cuando el conflicto es el único camino correcto, somos demasiado vanos, como diríamos en Escocia”.

  ¡O estamos con Cristo, o contra Cristo! ¡O cosechamos con Cristo, o desparramamos! Tenemos que ser verdaderos y auténticos cristianos. Hemos sido bautizados no para sentirnos hijos de Dios, sino para vivir como hijos de Dios. ¿Cómo lo logramos? Jesús ya lo dijo: “Todo el que escuche mis palabras y las ponga en práctica, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. También nos dijo: “Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando”. Tenemos que aprender a vivir como auténticos cristianos en medio de esta realidad que nos ha tocado vivir. Ser fieles discípulos de Cristo y fieles miembros de su familia espiritual, la Iglesia. Tener cuidado con los lobos disfrazados de ovejas que están dentro del rebaño de Cristo para no ser confundidos ni devorados por estos. Ser amigos de Cristo y no del mundo; servir a Dios y no al mundo. Escuchar y ser de Cristo es ser verás.

 

 

miércoles, 13 de abril de 2022

Soy católico, pero… (2ª parte)

 

Estos prelados parece que han olvidado intencionalmente, - porque no podemos alegarles ignorancia -, lo que dice la Constitución Dogmática Dei Verbum, del Concilio Vaticano II, en el numeral 10: “La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un sólo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia… de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de fe recibida. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios o transmitirla ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, NO está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer. Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas”.

  Pero claro que estas ideas de este cardenal y de otros prelados alemanes que van en la misma línea de pensamiento, han encontrado la oposición y advertencia de otros obispos de varios países. Algunas de estas opiniones en contra se han manifestado en conjunto como la Conferencia Episcopal de Polonia; otras de manera individual, como es el caso del obispo de Tyler-Texas, Mons. Joseph Strickland, que dijo: “Marx ha dejado la fe católica, necesita ser honesto y renunciar oficialmente”.

  Una vez más sigue la mentalidad de los llamados modernistas o progres que quieren y están empeñados en devaluar y diluir la enseñanza de Cristo y su evangelio. Con esta mentalidad lo que manifiestan es que están corrigiendo al mismo Cristo al decirle que su mensaje no es válido para todos los tiempos y lugares, sino que tiene y debe de irse adaptando a los cambios de los mismos. Es decir, para estos modernistas y progres, es el evangelio el que tiene que irse adaptando a nosotros y no al revés. Somos nosotros los que tenemos que iluminar el evangelio y no el evangelio a nosotros. Somos nosotros los que debemos iluminar el evangelio y la Iglesia, y no la luz de Cristo y del Espíritu Santo. Hacen ver que el contenido de la Biblia es sólo una mera opinión personal de los escritores de esos tiempos. Parafraseando al escritor Zygmunt Bauman: “Estos prelados proclaman, defienden y anuncian un evangelio y una iglesia líquidos”. Todo este pensamiento no es más que pura herejía. Y lo saben, pero no les importa. El mismo cardenal Marx ya lo ha dicho: “Yo sé que estoy en contra de la enseñanza de la doctrina católica, pero he querido expresar lo que pienso”.

  El Catecismo de la Iglesia Católica no es un simple libro de consulta. Es el libro que contiene nada más y nada menos todo lo que los cristianos católicos debemos y tenemos que creer, y por qué debemos y tenemos que creerlo; así como lo que no debemos ni tenemos que creer. Se podría calificar como el segundo libro, después de la Biblia, más importante para la vivencia y práctica de nuestra fe. El Catecismo contiene y conserva el Depósito de la fe. El cardenal Marx y los otros prelados saben que nadie, en la Iglesia de Cristo, tienen la autoridad para cambiar una sola letra del mensaje del Evangelio que ellos no inventaron ni crearon. Ellos saben que Jesucristo no le dio esa autoridad a nadie, porque el mensaje del Evangelio es de propiedad exclusiva de Cristo y nosotros sólo somos sus mensajeros.

  Pues todo esto y otras cosas más, es lo que ha llevado a la Iglesia a vivir, a adentrarse en una profunda y grave crisis de fe. Estamos viviendo un tiempo de intensa oscuridad de fe y eclesial, no sólo por los ataques que viene sufriendo la Iglesia desde fuera, sino y, sobre todo, por los ataques feroces que está experimentando desde dentro de ella misma. Esto es, una vez más, el tomar el Evangelio y Catecismo como si fueran un “menú” de restaurante para elegir lo que más me gusta, más me conviene y pueda pagar. Jesús ya dijo que tenemos que “decir sí cuando sea sí, y no cuando sea no… ya que a los tibios los vomita”.