martes, 17 de marzo de 2026

Luchemos contra la violencia para lograr una convivencia civilizada

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Hace unos días atrás sucedió un hecho lamentable que ha consternado e indignado a la sociedad dominicana por el hecho en sí y uno de los actores principales del mismo por las actitudes que asumió. Me refiero al hecho lamentable del altercado ocurrido en el parqueo del aeropuerto internacional del Cibao en la provincia de Santiago de los Caballeros.

  Según lo narrado y visto en el video subido a las redes sociales por la protagonista del hecho, la joven llegó al aeropuerto antes mencionado y estacionó su vehículo en una zona restringida o prohibida porque iba a buscar a un familiar que llegaba del extranjero. Cuando regresó a su vehículo se encontró con la situación de que la autoridad de tránsito, - los agentes -, le habían colocado al vehículo un candado o cepo por haberlo estacionado en dicha zona restringida. Pues la joven se indignó por la acción de los agentes y comenzó a grabar un video con su celular donde deja claro su indignación e incomodidad y dirigiéndose a los agentes con palabras soeces, vulgares, plebes e irrespetuosas, arremete contra los agentes reclamando a lo que ella no tiene derecho. Es decir, reclamando una supuesta injustica y abuso por parte de los agentes al proceder a impedir que el vehículo fuera movido. Esta joven alega en el video que ella solo duro un minuto dentro del aeropuerto y que no había, - según su parecer -, justificación para la acción de los agentes. La situación se fue caldeando más y más y después llegaron al lugar de fiscalización para proceder a pagar la multa y una vez en el lugar, la joven, acompañada por otros familiares y amigos, se abalanza sobre el agente de la digeset que le impuso la sanción igualmente profiriendo improperios y la misma falta de respeto. Pero, esto no quedó ahí, sino que esta joven agredió físicamente con un bisturí al agente cortándolo en la cara y provocándole una herida que le fue suturada con unos diez o doce puntos. El agente, con su arma de reglamento, le golpeó en la frente y le abrió una herida. Los familiares y amigos que allí estaban también participaron en la trifulca. Cabe señalar que, en otros países, como los Estados Unidos de América, por ejemplo, esta joven hubiera sido sujeto con lo que se llama “fuerza letal”.

  Pues este fue el hecho, según lo narrado y visto en los videos subidos a las redes sociales, sobre todo, por la misma joven involucrada.

  Ahora vamos por partes. Tenemos que saber que en los países existen lo que se llaman zonas o áreas de máxima seguridad. Y los aeropuertos, en todos los países, son zonas de máxima seguridad por lo implican esos espacios para el desarrollo de las actividades de transporte, comercio y asistencia de personas. Esas zonas se extienden también a lo que es el perímetro, - calles y avenidas -, alrededor de los aeropuertos. Las zonas de restricción están bien señaladas para que nadie alegue ignorancia. A nadie se les está permitido estacionarse en las calles de acceso a los aeropuertos donde entran y salen las personas. Sólo se permite dejar o recoger personas con sus equipajes e inmediatamente ir a los parqueos a estacionar el vehículo.

  Se entiende que no se permita estacionar ningún vehículo particular, - excepto los de emergencia -, porque puede darse lo que se llama un atentado con un vehículo que esté, por ejemplo, equipado con explosivo u otras cosas peligrosas. Además, imaginemos que se pudieran estacionar vehículos en esos lugares, pues sería un inmenso caos que se armaría y, si sucediera una emergencia, no habría chance para que se pudiera ejecutar alguna acción que amerite una intervención rápida de prevención o emergencia.

Con este caso citado, los ciudadanos debemos saber y ser conscientes a estas alturas que, tenemos que cumplir y obedecer las leyes, normas y reglas de la convivencia social. Cuando alguien viola la ley debe ser aplicada la sanción debida. Lamentablemente, es característico de nuestra sociedad dominicana el que mucha gente no obedezca las leyes y, cuando es sancionado, pues la reacción es de violencia hacia la autoridad o entre los mismos ciudadanos civiles.

  En el caso de esta joven, desde el principio hasta el final, ella tuvo la culpa de lo sucedido, puesto que, ella no debió estacionar su vehículo en un lugar prohibido, sin importar el tiempo que durara en buscar a su familiar. Los agentes cumplieron con su deber de aplicar la sanción debida sin miramiento: se cometió una violación a la ley y ellos actuaron en consecuencia. Ante la actitud agresiva, - de palabras y acción de la joven -, los agentes mantuvieron una actitud correcta de no responder igual ni agresivamente hasta el momento en que ocurrió la agresión física de la joven. Lo único que ella tenía que hacer era haber reconocido su falta e ir a pagar la multa en cuestión para recuperar su vehículo. Pero no fue lo que hizo.

  Se sabe ya que la joven ha pedido perdón público a la sociedad y a los agentes del orden. Pero, tengamos en cuenta esto. Pedir perdón y otorgarlo es parte ya de la justicia. Pero esto no exenta de la acción de la justicia en los tribunales. Esta joven tiene que pagar el mal cometido de la agresión física al agente de tránsito. Debe ser sancionada por la agresión de intento de homicidio. Por otro lado, se ha oído que los padres de la joven han pedido o están accionando para que su hija sea exonerada de todo cargo y regrese a su casa como si nada hubiera pasado. Esto no puede suceder. Estos padres, más bien, lo que deben es permitir que su hija recapacite y entienda que ese tipo de conducta es incorrecta y conlleva sanciones en la justicia.

  Los excesos y los abusos, tanto de la autoridad como de los civiles, deben de ser castigados de manera ejemplar y justa para que este tipo de e conducta no sigan cometiéndose sin ningún tipo de consecuencia. Cuando la autoridad abusa del poder debe ser sancionada como estipula la justicia. Pues así mismo debe ser con los ciudadanos civiles.

  A raíz de este suceso lamentable, vuelve otra vez a salir a la palestra pública el debate sobre la situación del tránsito y el comportamiento de los conductores en nuestro país. Sabemos que nuestras calles son un pandemonio: por un lado, la autoridad no cumple con la aplicación de la ley como es debido; en muchos casos aplica la ley medalaganariamente, de manera selectiva, injusta, de momento, como parche; a veces da el mensaje de que tiene miedo de aplicar la ley a ciertos grupos y esto da pie a que éstos hagan lo que quieran. Así no progresamos, porque, cuando la ciudadanía ve estas acciones por parte de la autoridad, lo que sucede es que se aprovechan para hacer y deshacer en el tránsito. En otras ocasiones, es la misma autoridad que viola la ley de tránsito sin justificación alguna; cuantas veces vemos a muchos policías y militares circulando en las calles en sus motores, sin casco protector, sin placa, por los elevados y túneles, violando la luz roja de los semáforos, y nada pasa.

  Es tiempo ya de que la ley de tránsito de la República Dominicana sea reformada completamente. Se siguen poniendo parches y eso sólo dura un par de días porque la autoridad se cansa y la ciudadanía lo sabe. Esa reforma de la ley de tránsito tiene que establecer lo que yo llamo “medidas disuasivas”, para disuadir al conductor de que no viole la ley de tránsito y, si lo hace, será aplicada una sanción ejemplar.

  Pues, sin pretender ser un analista a profundidad de estos casos, más bien quise dejar mi opinión de lo que creo debe de ser la acción común de los ciudadanos frente a la autoridad, y de que debemos tomar conciencia de que tenemos que ir cambiando esa actitud de enfrentar a la autoridad porque nos da la gana, aun sin tener razón; no vamos a avanzar como una sociedad de verdadero derecho y sana convivencia. Hace mucho tiempo que nuestra sociedad viene caminando en un conato de violencia irracional motivado por muchas cosas que las personas están viviendo en su vida cotidiana. Pero, eso no es justificante para que vivamos en un constante enfrentamiento contra la autoridad y entre los mismos ciudadanos. Esto toma los ribetes a veces de que también es un problema de mal o enfermedad social que nos destruye como sociedad. Nos lleva a vivir como si fuéramos animales en la selva.

  Debemos recuperar, formarnos y fomentar permanentemente la actitud del diálogo, de la comunicación, de la convivencia, la educación, la amabilidad, la cortesía. Reconocer los fallos propios y aceptar las correcciones y, a veces, las sanciones que esto acarrea. Todos, - autoridades y ciudadanos comunes -, debemos asumir las acciones que nos corresponden para que la convivencia social sea lo que debe de ser. No pretendemos ser una sociedad perfecta, pero sí una sociedad donde nos guiamos por el respeto, el derecho y la auténtica justicia.

  La violencia no sólo es característica de nuestra sociedad. Es un problema de la humanidad, y desde tiempos bíblicos. La violencia es un cáncer social.

  Debemos recuperar los valores imprescindibles para una convivencia civilizada. Como sociedad, no podemos jamás acostumbramos a la violencia en ninguna de sus manifestaciones. El aprendizaje de la conduta empieza en los hogares, en las familias. Hay que seguir insistiendo en el fortalecimiento de los programas educativos.

 

Dios les bendiga.   

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