Por P. Robert A. Brisman P.
Hace unos días atrás sucedió un hecho
lamentable que ha consternado e indignado a la sociedad dominicana por el hecho
en sí y uno de los actores principales del mismo por las actitudes que asumió.
Me refiero al hecho lamentable del altercado ocurrido en el parqueo del
aeropuerto internacional del Cibao en la provincia de Santiago de los
Caballeros.
Según lo narrado y visto en el video subido a
las redes sociales por la protagonista del hecho, la joven llegó al aeropuerto
antes mencionado y estacionó su vehículo en una zona restringida o prohibida
porque iba a buscar a un familiar que llegaba del extranjero. Cuando regresó a
su vehículo se encontró con la situación de que la autoridad de tránsito, - los
agentes -, le habían colocado al vehículo un candado o cepo por haberlo
estacionado en dicha zona restringida. Pues la joven se indignó por la acción
de los agentes y comenzó a grabar un video con su celular donde deja claro su
indignación e incomodidad y dirigiéndose a los agentes con palabras soeces,
vulgares, plebes e irrespetuosas, arremete contra los agentes reclamando a lo
que ella no tiene derecho. Es decir, reclamando una supuesta injustica y abuso
por parte de los agentes al proceder a impedir que el vehículo fuera movido.
Esta joven alega en el video que ella solo duro un minuto dentro del aeropuerto
y que no había, - según su parecer -, justificación para la acción de los
agentes. La situación se fue caldeando más y más y después llegaron al lugar de
fiscalización para proceder a pagar la multa y una vez en el lugar, la joven, acompañada
por otros familiares y amigos, se abalanza sobre el agente de la digeset que le
impuso la sanción igualmente profiriendo improperios y la misma falta de
respeto. Pero, esto no quedó ahí, sino que esta joven agredió físicamente con
un bisturí al agente cortándolo en la cara y provocándole una herida que le fue
suturada con unos diez o doce puntos. El agente, con su arma de reglamento, le
golpeó en la frente y le abrió una herida. Los familiares y amigos que allí
estaban también participaron en la trifulca. Cabe señalar que, en otros países,
como los Estados Unidos de América, por ejemplo, esta joven hubiera sido sujeto
con lo que se llama “fuerza letal”.
Pues este fue el hecho, según lo narrado y
visto en los videos subidos a las redes sociales, sobre todo, por la misma
joven involucrada.
Ahora vamos por partes. Tenemos que saber que
en los países existen lo que se llaman zonas o áreas de máxima seguridad. Y los
aeropuertos, en todos los países, son zonas de máxima seguridad por lo implican
esos espacios para el desarrollo de las actividades de transporte, comercio y
asistencia de personas. Esas zonas se extienden también a lo que es el perímetro,
- calles y avenidas -, alrededor de los aeropuertos. Las zonas de restricción están
bien señaladas para que nadie alegue ignorancia. A nadie se les está permitido
estacionarse en las calles de acceso a los aeropuertos donde entran y salen las
personas. Sólo se permite dejar o recoger personas con sus equipajes e inmediatamente
ir a los parqueos a estacionar el vehículo.
Se entiende que no se permita estacionar ningún
vehículo particular, - excepto los de emergencia -, porque puede darse lo que
se llama un atentado con un vehículo que esté, por ejemplo, equipado con
explosivo u otras cosas peligrosas. Además, imaginemos que se pudieran
estacionar vehículos en esos lugares, pues sería un inmenso caos que se armaría
y, si sucediera una emergencia, no habría chance para que se pudiera ejecutar
alguna acción que amerite una intervención rápida de prevención o emergencia.
Con este caso citado, los ciudadanos
debemos saber y ser conscientes a estas alturas que, tenemos que cumplir y
obedecer las leyes, normas y reglas de la convivencia social. Cuando alguien
viola la ley debe ser aplicada la sanción debida. Lamentablemente, es
característico de nuestra sociedad dominicana el que mucha gente no obedezca
las leyes y, cuando es sancionado, pues la reacción es de violencia hacia la autoridad
o entre los mismos ciudadanos civiles.
En el caso de esta joven, desde el principio
hasta el final, ella tuvo la culpa de lo sucedido, puesto que, ella no debió estacionar
su vehículo en un lugar prohibido, sin importar el tiempo que durara en buscar
a su familiar. Los agentes cumplieron con su deber de aplicar la sanción debida
sin miramiento: se cometió una violación a la ley y ellos actuaron en
consecuencia. Ante la actitud agresiva, - de palabras y acción de la joven -,
los agentes mantuvieron una actitud correcta de no responder igual ni agresivamente
hasta el momento en que ocurrió la agresión física de la joven. Lo único que
ella tenía que hacer era haber reconocido su falta e ir a pagar la multa en
cuestión para recuperar su vehículo. Pero no fue lo que hizo.
Se sabe ya que la joven ha pedido perdón público
a la sociedad y a los agentes del orden. Pero, tengamos en cuenta esto. Pedir
perdón y otorgarlo es parte ya de la justicia. Pero esto no exenta de la acción
de la justicia en los tribunales. Esta joven tiene que pagar el mal cometido de
la agresión física al agente de tránsito. Debe ser sancionada por la agresión
de intento de homicidio. Por otro lado, se ha oído que los padres de la joven
han pedido o están accionando para que su hija sea exonerada de todo cargo y
regrese a su casa como si nada hubiera pasado. Esto no puede suceder. Estos
padres, más bien, lo que deben es permitir que su hija recapacite y entienda
que ese tipo de conducta es incorrecta y conlleva sanciones en la justicia.
Los excesos y los abusos, tanto de la
autoridad como de los civiles, deben de ser castigados de manera ejemplar y
justa para que este tipo de e conducta no sigan cometiéndose sin ningún tipo de
consecuencia. Cuando la autoridad abusa del poder debe ser sancionada como
estipula la justicia. Pues así mismo debe ser con los ciudadanos civiles.
A raíz de este suceso lamentable, vuelve otra
vez a salir a la palestra pública el debate sobre la situación del tránsito y
el comportamiento de los conductores en nuestro país. Sabemos que nuestras
calles son un pandemonio: por un lado, la autoridad no cumple con la aplicación
de la ley como es debido; en muchos casos aplica la ley medalaganariamente, de
manera selectiva, injusta, de momento, como parche; a veces da el mensaje de
que tiene miedo de aplicar la ley a ciertos grupos y esto da pie a que éstos hagan
lo que quieran. Así no progresamos, porque, cuando la ciudadanía ve estas
acciones por parte de la autoridad, lo que sucede es que se aprovechan para
hacer y deshacer en el tránsito. En otras ocasiones, es la misma autoridad que
viola la ley de tránsito sin justificación alguna; cuantas veces vemos a muchos
policías y militares circulando en las calles en sus motores, sin casco
protector, sin placa, por los elevados y túneles, violando la luz roja de los
semáforos, y nada pasa.
Es tiempo ya de que la ley de tránsito de la República
Dominicana sea reformada completamente. Se siguen poniendo parches y eso sólo
dura un par de días porque la autoridad se cansa y la ciudadanía lo sabe. Esa
reforma de la ley de tránsito tiene que establecer lo que yo llamo “medidas
disuasivas”, para disuadir al conductor de que no viole la ley de tránsito y,
si lo hace, será aplicada una sanción ejemplar.
Pues, sin pretender ser un analista a
profundidad de estos casos, más bien quise dejar mi opinión de lo que creo debe
de ser la acción común de los ciudadanos frente a la autoridad, y de que
debemos tomar conciencia de que tenemos que ir cambiando esa actitud de
enfrentar a la autoridad porque nos da la gana, aun sin tener razón; no vamos a
avanzar como una sociedad de verdadero derecho y sana convivencia. Hace mucho
tiempo que nuestra sociedad viene caminando en un conato de violencia
irracional motivado por muchas cosas que las personas están viviendo en su vida
cotidiana. Pero, eso no es justificante para que vivamos en un constante
enfrentamiento contra la autoridad y entre los mismos ciudadanos. Esto toma los
ribetes a veces de que también es un problema de mal o enfermedad social que nos
destruye como sociedad. Nos lleva a vivir como si fuéramos animales en la
selva.
Debemos recuperar, formarnos y fomentar
permanentemente la actitud del diálogo, de la comunicación, de la convivencia,
la educación, la amabilidad, la cortesía. Reconocer los fallos propios y
aceptar las correcciones y, a veces, las sanciones que esto acarrea. Todos, -
autoridades y ciudadanos comunes -, debemos asumir las acciones que nos
corresponden para que la convivencia social sea lo que debe de ser. No
pretendemos ser una sociedad perfecta, pero sí una sociedad donde nos guiamos
por el respeto, el derecho y la auténtica justicia.
La violencia no sólo es característica de
nuestra sociedad. Es un problema de la humanidad, y desde tiempos bíblicos. La
violencia es un cáncer social.
Debemos recuperar los valores imprescindibles
para una convivencia civilizada. Como sociedad, no podemos jamás acostumbramos
a la violencia en ninguna de sus manifestaciones. El aprendizaje de la conduta
empieza en los hogares, en las familias. Hay que seguir insistiendo en el
fortalecimiento de los programas educativos.
Dios les bendiga.
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