jueves, 26 de febrero de 2026

Independencia Nacional: Seamos una Nación Fuerte y Santa

 

Por P. Robert A. Brisman P.

 

  Estamos en las vísperas de celebrar un aniversario más de nuestra Independencia: 182 años exactamente. Al llegar a esta fecha no podemos dejar de mirar hacia atrás y ver el camino que hemos recorrido como nación libre, soberana e independiente; para seguir construyendo el presente con intención de forjar una nación edificada en la justicia y mirar al futuro para dejar a las venideras generaciones un país edificado en los valores y principios que dan vida y prosperidad.

  Debemos seguir construyendo el país que nuestros independentistas quisieron. La nación dominicana ha enfrentado muchas crisis en su pasado y presente, y de todas ha sabido salir adelante, no sin experimentar dolor y sufrimiento. Toda liberación política, económica, social, cultural y espiritual es un proceso de desarrollo interna y externa de toda sociedad y su gente. Es una lucha constante contra toda esclavitud de alma y cuerpo, como son la ignorancia, la miseria, el temor, el vicio y desde luego el pecado. Podemos afirmar que, el proceso de independencia y libertad de nuestra nación dominicana no ha terminado. Es una independencia y libertad que se vienen construyendo, edificando. Este proceso nos recuerda la enseñanza de Jesús: “El que escucha mis palabras y las pone práctica…edifica su casa sobre roca firme”. Esto es lo que viene sucediendo con nuestra nación. Pero esa edificación debe contar con cada dominicano y dominicana de buen corazón para que esta obra de Dios sea una realidad.

  La práctica de la libertad exige compromiso con la Patria. Nos debe de llevar a la vivencia de valores como son: la verdad, el amor, el respeto mutuo, el trabajo, la honradez, la caridad, la solidaridad, la fraternidad, la valentía, la constancia, etc., valores que deben ser inculcados desde la niñez. Estos valores no son solamente para ser contemplados, sino para ser vividos en nuestro diario comportamiento.

  Hay una enfermedad moral que abunda en la historia humana y de la cual nuestra nación dominicana no escapa, y es la traición. Tenemos traidores que han abierto las puertas de nuestra nación a nuestros enemigos, apostando por el caos, el desorden y el incumplimiento de nuestras leyes. Cuando Duarte fundó la Trinitaria y, consciente de este mal moral, la constituyó como organización dotada de un mecanismo protector, por eso la fuerza vindicativa del juramento trinitario: “Si tal hago, Dios me proteja, y de no ser así, que me lo tome en cuenta; y mis consorcios castiguen el perjurio y la traición si los vendo”.

  En el libro del profeta Joel 2,17, leemos: “Perdona a tu pueblo, Señor”.  Como nación que ha sido fundada en los valores y principio cristianos, le hemos fallado a Dios, lo hemos traicionado. Hemos desviado, - como hizo el rey Salomón -, nuestros corazones del camino de Dios: “Se enojó el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón del Señor Dios de Israel, diciéndole que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado. Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo” (1Re 11,9-11).

  Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, pero con tristeza que, nuestra nación dominicana vive una especie de posesión demoníaca. En la Biblia, la serpiente es un símbolo de la oscuridad, del reino satánico o demoníaco. En gran parte, la sociedad dominicana ha cerrado su corazón a Dios y se ha rendido a los dioses, se ha fabricado sus propios ídolos. Hay una especie de persecución contra Cristo y sus seguidores que buscan procurar el fin de la fe en Jesús y la exterminación de los suyos.

  Como nación, le hemos abierto las puertas a los espíritus demoníacos al apartarnos de Dios, de su palabra, de Jesús. ¿Qué buscan estos ídolos espirituales? Ejercer su dominio sobre nuestra nación. Los valores y principios cristianos que han forjado nuestra nación dominicana están siendo sustituidos o reemplazados por principios idólatras, como la imposición de políticas progresistas globalistas auspiciadas por organismos internacionales mediante el chantaje económico; la ideología de género, con el aborto y simulaciones matrimoniales de uniones homosexuales en la clase alta, para ir influenciando y mentalizando a la población a que asumamos una conducta que va en contra de nuestros valores y principios culturales y familiares, como algo normal; otro ídolo es el multiculturalismo, haciéndonos creer que, porque dos naciones compartimos una isla somos lo mismo; así quieren arruinar nuestro país como han hecho con otros. Los dominicanos somos los únicos que debemos decidir de manera soberana quién entra y quién no a nuestro país, y bajo qué condiciones, porque la migración, primeramente es un tema de política migratoria de los estados soberanos antes que un asunto de caridad y compasión, y porque una migración masiva y descontrolada, no es beneficiosa ni es signo de progreso ni de desarrollo; otros ídolos son la limitación de la libertad de expresión que se quiere legalizar; la imposición de derechos humanos sin fundamentos que se multiplican absurdamente hasta significar cualquier cosa; la manipulación mediática, la difamación y la vulgaridad en los medios y redes sociales de comunicación; la corrupción, la violación y profanación de nuestros símbolos patrios, etc. Nuestra cultura e identidad dominicana están sufriendo una especie de ataque constante que buscan su paganización. Necesitamos y debemos exigir de nuestras autoridades que cumplan y hagan cumplir la ley con determinación, sin abusos, sin privilegios, sin distinción; que entendamos todos, - autoridad y ciudadanos -, que la aplicación de la ley no se dialoga; que no expriman a los ciudadanos; que protejan sus derechos; que nos concienticen sobre nuestros deberes; que fortalezcan nuestras instituciones. Que, el tan cacareado crecimiento económico se traduzca en un verdadero desarrollo y bienestar social.

  Como nación fundada en los valores y principios cristianos, hemos de reconocer que, con el paso del tiempo nos hemos ido alejando de la palabra de Dios, de sus leyes y de sus caminos. George Washington, después de su toma de posesión, dirigió al pueblo estadounidense unas palabras proféticas y que nosotros podemos hacer nuestras: “Si Estados Unidos alguna vez se apartaba de Dios y de sus leyes eternas, sus bendiciones serían eliminadas”.

  Pero no todo está perdido. Todavía tenemos tiempo de volver nuestros pasos a Dios. Por eso, el salmista nos dice: “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad” (Slm 33,12). Tenemos que arrodillarnos, no ante los ídolos que son seres de polvo que no pueden salvar; sino arrodillarnos ante Dios, eso nos engrandece como nación libre y soberana. No vendamos nuestra alma, ni nuestra identidad por un plato de lentejas. Necesitamos fronteras seguras y bien vigiladas. Las fronteras abiertas no traen ningún beneficio, ni progreso, ni desarrollo a los pueblos. Todo lo contrario: traen desorden, pobreza, caos, violencia. No permitamos que vengan de fuera a dictarnos e imponernos lo que tenemos que hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Luchemos, como nación, por ser un bastión, un muro de contención ante estas agendas globalistas y genocidas, destructoras de las soberanías de los estados. Para ser un país que progresa no tenemos que renunciar a nuestros valores y principios. Seamos arquitectos de nuestro propio destino. Busquemos juntos caminos para vivir en paz en medio de este caos que vivimos. No permitamos que la soberbia sea la que nos marque el camino a seguir. Estamos frente a una guerra espiritual en nuestra nación: el vudú, el gaga, la brujería, el islam han hecho su entrada en nuestra casa porque le hemos abierto las puertas y hemos dejado que avancen porque hemos entendido mal la libertad de culto y libre asociación.

  El Dios en el que nosotros creemos, nos dice en el libro del Deuteronomio (30,15-18): “Hoy pongo ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te ordeno hoy, amando al Señor, tu Dios, marchando por sus caminos y guardando sus mandamientos, leyes y normas, entonces vivirás y te multiplicarás: el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión”.   Queridos hermanos, no cortemos nuestras raíces cristianas, porque si lo hiciéramos, a partir de ese día empezaremos a morir. Venzamos, con la gracia de Dios, nuestros pecados sociales de idolatría, de corrupción, de vulgaridad, de injusticia…porque Dios es compasivo y misericordioso, y quiere hacer de nosotros una nación fuerte y santa. Que nuestra Madre del cielo nos acompañe y que nos ayude a reconciliarnos con Dios, nuestro Creador y Padre.

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