martes, 18 de agosto de 2026

El caos del tránsito vehicular: ¿Por dónde debe empezar el cambio?

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Uno de los dichos populares en nuestra sociedad es que, el dominicano, desde que pisa el aeropuerto, se transforma. Se vuelve un estricto cumplidor de las leyes, sobre todo cuando viaja a un país donde las leyes se cumplen, como por ejemplo los EE.UU. Pero, desde que llega al país y sale del aeropuerto, se transforma y vuelve automáticamente a asumir la actitud del desorden.

  Teniendo estas palabras anteriores en cuenta, uno de los dolores de cabeza de nuestra sociedad dominicana siempre ha sido el desorden del tránsito vehicular. Este desorden no lo venimos padeciendo desde hace unos años atrás. Es un padeciendo de décadas atrás que, con el paso del tiempo y la indiferencia de las autoridades se ha complicado más.

  Parte de la culpa de este desorden lo encabezan las autoridades, pasadas y presentes, porque nunca han querido asumir ni aplicar las medidas que se necesitan para ayudar a buscar posibles soluciones a este problema.

  Hemos sido testigos de las numerosas concesiones y dejadez que las autoridades le han otorgado, sobre todo a los llamados sindicatos de choferes que, más bien han funcionado siempre como empresarios del transporte. Es muy oportuno recordar el calificativo con el que un prestigioso periodista, - fallecido -, los nombró como "los dueños del país".

  Así es. "Los dueños del país" que siempre le han trazado pautas y presionado a los gobiernos para que éstos a su vez, les otorguen y concedan beneficios particulares a costa de que ellos no incendien las calles, mientras y el resto de la población está indefensa ante las medidas que estos empresarios del transporte han aplicado en detrimento y en franco abuso de la población de a pie. Desde hace décadas, estos empresarios del transporte le han sacado tantos beneficios a los gobiernos que se han inflado de tal manera que los mismos gobiernos se han visto en la inacción e indiferencia o impotencia de no hacerles nada: les meten miedo o los chantajean. Les han creado programas de renovación vehicular (como los pasados dos planes – RENOVE -, vehiculares para el transporte público y que la sociedad bautizó como “los pollitos y las garzas blancas”), y no fueron más que un puro desastre, entramado mafioso y de corrupción que al final no resolvieron nada para que el transporte público. Estos sindicatos choferiles han funcionado como "monstruos" insaciables donde sus presidentes se han enriquecido y hasta han ocupado posiciones políticas de alto nivel, como ha sido en el poder legislativo.

  Pero, volvamos al punto. Hemos venido escuchando opiniones de diferentes sectores y personalidades señalando posibles soluciones para que este desorden vehicular desaparezca. Lo que me he dado cuenta es que no he leído ni escuchado a ninguno señalar lo que debería ser, a mi pensar, el primer paso para provocar dichos cambios: la reforma total de la ley de tránsito de nuestro país.

  Unos dicen que podría ser fundir en una sola institución la DIGESSET y el INTRANT. Pero ¿Será esa la real solución? Si queremos dar pasos seguros para esto, la solución a este desorden vehicular pasa por un conjunto de medidas que, si no se asume así, pues todo seguirán siendo "medidas parches" que nada resuelven.

  Las medidas que ameritan asumirse para empezar a dar señales de verdaderos cambios pasan por la reforma total y absoluta de la ley de tránsito del país. Para hacer esto, debe consultarse y establecer una comisión por personas que sean expertas en movilidad vehicular que tomen en cuenta la realidad vehicular nacional, pero sin privilegios ni distinción. La pregunta es: ¿Tenemos en el país ese personal calificado?

  Por otro lado, esa reforma de la ley de tránsito debe incluir, lo que yo llamo, medidas disuasivas, por ejemplo: el aumento de las multas a un monto que la población se espante. Por eso se llaman "medidas disuasivas”, porque se trata de disuadir al conductor de que no viole la ley para que no tenga que pagar una multa alta. Y es que uno de los problemas es que hay un gran porcentaje de conductores que no pagan sus multas porque son irrisorias y tampoco existe un sistema que ayude a saber la situación de esos casos. Es que no hay régimen de consecuencias por las violaciones a la ley de tránsito.

  Por otro lado, esa reforma debe incluir la educación vial, y esto se hace incluyendo esta materia en el sistema educativo nacional. Puede ser desde el nivel de bachillerato (o como se le diga ahora). Pero tampoco como materia de relleno. La educación guía a la toma de conciencia ciudadana.

  Esta reforma debe incluir devolverle a la institución responsable la autoridad debida. Es decir, que no valga la excusa de que el conductor violador llame muestre a su papi, muestre la tarjetica de su amigo militar o funcionario, ni que el agente fiscalizador le tome llamada a nadie. Que la aplicación de la ley no sea ni aleatoria, ni selectiva, ni con privilegio, ni distinción. La aplicación de la ley debe ser igual para todos e innegociable. También debe castigar los abusos de autoridad.

  Esta reforma debería aplicar la ley de que, la persona que compre un vehículo de motor en un dealer, para poder salir con él del concesionario debe obtener la placa y el seguro; ya después lo podrá cambiar por el que más le acomode. Otra medida debe ser que todo vehículo de motor debe tener su registro (placa) para poder circular en el territorio nacional y prohibir la circulación de vehículos de motor no aptos para circular de manera ordinaria en las calles, por ejemplo: los buguis para montear, y que sean trasladados en remolques. La reforma de la ley debe contemplar el poner a una persona o personal al frente de la institución responsable que sepa y tenga experiencia en movilidad vehicular. Lamentablemente siempre vemos que al frente de la institución se nombran personas que no cumplen o no saben nada de esto y los ponen solo por amiguismo, cuota o compromiso político. La reforma debe también establecer el fortalecimiento de la institución en sus recursos humanos y técnicos: dotar a la institución de equipo de tecnología de punta que les permita realizar un trabajo mucho más efectivo.

  ¡Basta de aplicar medidas parches que no resuelven nada! ¡Basta de que la autoridad muestre miedo en la aplicación de la ley! ¡Basta de que la institución sea asumida nada más como institución recaudadora, que sólo aplican la ley cuando el gobierno necesita dinero! ¡Basta que miembros del gobierno de turno crean y asuman que su puesto político o jerarquía es una licencia para ellos hacer y andar en la calle como jefes y que las leyes para ellos no se aplican sin ninguna justificación!

  Mientras los presidentes no asuman su responsabilidad en esta área de tomar el toro por los cuernos en una real y profunda reforma de la ley de tránsito y eliminar los privilegios, así como los abusos de poder de los funcionarios para violar la ley sin consecuencias, este desorden de nuestras calles no va a cambiar para bien. La ley es dura, pero es la ley; debemos cumplirla y hacerla cumplir. La inconsciencia, el irrespeto, la imprudencia y otras actitudes negativas son las causantes, muchas veces, de los accidentes de tránsito que han colocado a nuestro país como uno de los más peligrosos del mundo para manejar. Transitar en orden en nuestras calles no nos va caer del cielo ni los buenos deseos u opiniones sin voluntad política y ciudadana.

  Tenemos leyes, pero no se aplican como debe ser. Todos debemos someternos a su cumplimiento. Todos debemos asumir la parte que nos corresponde. La responsabilidad no sólo es de las autoridades, sino también de todos los ciudadanos, empresarios y demás instituciones. No exijamos a los demás lo que no estamos dispuestos a dar o hacer por el bien de nuestra sociedad. No exijamos orden, cortesía y amabilidad a los demás, si no estamos dispuestos a practicarlas primero.

  Pues esta es sólo una opinión. Trabajar para poner o establecer el orden con el cumplimiento de la ley es una de las tareas pendientes de las actuales autoridades y las venideras. Pasemos de la quejadera a la acción. Hay muchas otras cosas o medidas que se pueden y se deben asumir si en verdad queremos que este desorden vehicular cambie y el tiempo es ahora. No basta con construir nuevas carreteras, túneles y elevados, si no se aplican ni cumplimos con las leyes de tránsito.

 

Dios les bendiga.

viernes, 14 de agosto de 2026

Massachusetts: Cuando la ley olvida al más vulnerable.

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Ha sido noticia mundial que el pasado 10 de agosto se publicara la rueda de prensa de la gobernadora del estado norteamericano de Massachussets, firmando la ley del aborto hasta el momento del nacimiento, legislación que deroga la anterior que establecía el límite del aborto hasta la semana 24. Su entrada en vigor está fechada para el mes de noviembre próximo. Según las imágenes que se publicaron, la gobernadora del estado norteamericano firmó la orden ejecutiva estatal en su oficina en presencia o compañía de un grupo de mujeres, legisladoras y miembros de organizaciones abortistas como la IPPF que, una vez firmada la ley, se unieron todas en un gran aplauso por el triunfo logrado en favor de los derechos de las mujeres y después brindaron por el acontecimiento. Cabe destacar que la gobernadora del estado ella misma pregona su catolicismo, pero también es defensora de estos derechos femeninos. Ante esta ley que ha firmado, como católica, la gobernadora está bajo la legislación católica de Derecho Canónico que, en sus cánones 1398 impone la pena canónica de excomunión automática (Latae sententiae), así como el canon 1329 &2 que extiende la pena a los cómplices sin cuya colaboración el delito no se habría cometido.

  Hemos de tener en cuenta que esta legislación estatal sucede a consecuencia de que, la Suprema Corte de Justicia Federal, eliminó la legislación federal del aborto (ley Rose and Wade), y otorgó la libertad a los estados para que legislen en sus territorios. Esto gracias a la influencia de la administración Trump de este segundo mandato y los jueces que fue nombrando para ocupar las vacantes en el Tribunal Supremo Federal.

  Con esta legislación estatal que ocurrió en este estado norteamericano, una vez más vemos que la cultura de la muerte sigue avanzando. El estado de Massachussets se convierte en el estado número once en aprobar este tipo de leyes, que también son estados gobernados por el partico azul, es decir, el partido demócrata.

  Así queda demostrado una vez más que la mujer pasa de ser portadora de vida, a ser portadora de muerte. Sigue convirtiéndose en la verduga de sus propios hijos en su vientre; es una devoradora de sus propios hijos; es una asesina de sus propios hijos desde el vientre. Es el más atroz infanticidio de estos tiempos modernos, de estos tiempos de progreso. Y lo peor es que son aplaudidos y secundados por muchos otros, incluyendo muchos cristianos. Es la decadencia de occidente. Es el reino de la muerte que sigue arropando a gran parte de la humanidad. El aborto es lo que es, por más que lo disfracen de derecho: es un homicidio, un asesinato, un crimen de lesa humanidad, que no garantiza ninguna salvación ni ningún remedio al sufrimiento de la madre que lo practica. La madre que asesina a su propio hijo en su vientre se cree que es su dueña y que puede disponer de su vida cómo y cuándo se le antoje. La mujer ha sido puesta como facilitadora de la vida, bendecida con el privilegio y la responsabilidad de preservar la especie, pero nunca es dueña de la vida que facilita y por tanto no tiene potestad para disponer la muerte de esa nueva persona. El papa León XIV, citando a su vez al Papa san Juan Pablo II, en su encíclica Magnifica Humanitas (n 51), nos recuerda: “El valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente”.

  Según esta ley estatal ¿Cuál es el criterio para realizar un aborto? Pues el del médico y la voluntad de la madre. Aquí no toma en cuenta ningún método, ni estudio científico ni nada parecido. ¿Qué implica esta ley para un ser humano (el bebé), que se ha desarrollado completamente en el vientre materno, tiene su cuerpo formado, su código genético, que siente, que respira, que palpita su corazón…, en fin, es un ser humano completo? ¿Será este el último paso que darán estos grupos infanticidas en su carrera mortífera o pretenden dar más pasos en esta dirección? ¿Hasta dónde es que quieren llegar? ¿Dónde queda el derecho fundamental de no agredir a otro? ¿Dónde queda el mandamiento divino de “no matarás”? ¿A dónde va una sociedad que aplica la pena de muerte a una persona en el vientre materno y en el momento de nacer? ¿Dónde están los defensores de los indefensos; de los que no tienen voz? ¿Dónde están aquellos que pregonan y defienden los derechos de los inmigrantes, los lgtbq, los veganos, los ecologistas, etc.?  ¿Pero no dicen nada de los derechos de los niños por nacer?

  ¡Un estado más que decide por decreto quién vive y quién no! Esto no es gobernar. Esto es totalitarismo disfrazado de progreso, de derechos, de conquista. ¿Se puede llamar esto política? Creo que más bien hay que llamarlo demoníaco: es el poder del mal contra el poder del bien, el poder de las tinieblas contra el poder de la luz; es la batalla espiritual entre el bien y el mal. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que parece ser que estamos siendo gobernados por personas que están poseídas por el demonio. Esto es síntoma de una sociedad violenta y sanguinaria que se ensaña contra los más débiles.

  Rabindranath Tagore señaló: “la verdad no está de parte de quien grite más”. Toda propaganda del mundo, no podrá ocultar el hecho de que el aborto es genocidio, y toda la censura del mundo, no podrá esconder el hecho de que tal genocidio es un negocio multimillonario para unos pocos.

  La mujer que aborta mata. Sabe qué mata, en qué momento mata y sabe perfectamente a quién mata. Al más cercano. Al propio. Al más indefenso, al más joven.

  Concluyo este artículo citando las palabras del Papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas (n 214): “Tenemos una posibilidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene”.

 

Dios les bendiga.