Por P.
Robert A. Brisman P.
Hace
unos días atrás, yo escribí un artículo de opinión sobre el problema del caos y
el desorden del tránsito vehicular en nuestro país, sobre todo, en lo que se
denomina el Gran Santo Domingo. Expresé en ese artículo mi opinión sobre lo que
creo que sería el primer paso a dar para buscar posibles soluciones a este
problema nacional que se ha convertido en un problema de salud pública. Lo hice
desde mi realidad como ciudadano, preocupado por este problema y que también
sigue esperando que las autoridades, actuales y venideras, se empeñen en
buscarle posibles soluciones y que no nos sigamos quedando en las quejas, pero
no buscamos ni hacemos todo lo posible por erradicar dicho problema. Y esto nos
compete a toda la sociedad, no solo a las autoridades. Todos tenemos nuestra
cuota en el fomento de este caos vehicular y también todos tenemos nuestra
cuota en aplicar los correctivos de lugar.
Pues
hace unas semanas atrás, y con motivo a la celebración de la Restauración de la
República Dominicana el 16 de agosto, el presidente, como ya es una tradición,
- que no por ley -, realizó cambios de funcionarios en el tren gubernamental en
algunas dependencias del estado. Uno de esos cambios fue nombrar al nuevo
incumbente del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte (INTRANT), general
(r) Juan Manuel Méndez que, a su vez, venía de la dirección del Centro de
Operaciones de Emergencias (COE), donde estuvo al frente por varios años en
varios gobiernos.
Este
señor, en una reciente entrevista que diera a la periodista de investigación
Nuria Piera, - que fue más bien una entrevista tipo “píchamela suave”, porque
la misma se notó muy complaciente con el entrevistado -; dijo, y cito: “Mi hijo
pequeño hizo una oración pidiendo para que la imagen de mi papá no se dañe”.
Pues lo cierto es que parece ser que esa oración no ha hecho el efecto ni ha
obtenido los resultados deseados, porque la imagen de este señor sí que está
por los suelos ya que tiene cuentas pendientes de su administración cuando
estaba en el COE en unos casos sonados como, por ejemplo, el gasto que se hizo en esa dependencia de más
de mil millones de pesos para los arreglos mecánicos de ambulancias y que
todavía al día de hoy, este señor no ha dado repuesta satisfactoria a la
sociedad ni la justicia ni ninguna otra dependencia de transparencia del
estado, ha actuado con el debido procedimiento de persecución contra la
corrupción. A renglón seguido, el entrevistado se despacha con unas desatinadas
palabras que dejan a la sociedad con la boca abierta, dijo: “El tránsito no lo
va a solucionar nadie; no nos podemos venir a llamar a engaños. El tránsito
vamos a gestionarlo, a trabajarlo con los actores y decirle a cada quién lo que
tiene que hacer”.
A este
señor hay que preguntarle: general, si esa es su apreciación con respecto al
caos y desorden del tránsito vehicular, ¿por qué entonces usted aceptó ese
puesto en esa institución? En otra entrevista realizada por la periodista
Colombia Alcantara, dijo el general que el presidente le pidió que lo
acompañara en la dirección del COE, a pesar de que ya estaba en retiro. Pero,
también hay que preguntarle al presidente: Señor presidente ¿Por qué usted
nombró a un incumbente en el INTRANT que no sabe nada de movilidad vehicular,
si no va a buscarle soluciones a los problemas? ¿Qué pasó con los cambios que
prometió en su campaña? ¿En ellos nos estaban los cambios que la sociedad
necesita en materia de tránsito vehicular? Ya lo dije en mi artículo anterior:
estas son las consecuencias de nombrar a personas en instituciones o puestos
que no dominan, que no conocen, que no están preparados. Esto solo se sigue
haciendo por amiguismo o cuota política. Y la sociedad, los de a pie, somos los
que pagamos el precio porque no vemos que estos funcionarios infuncionales se
concentren en buscar soluciones a los problemas más acuciantes de la sociedad.
Esto es síntoma de la falta de voluntad política para gestionar soluciones.
Cuando a una persona la ponen en un puesto de tanta importancia es para que
busque soluciones y no para que provoque más problemas. De ser así, quítese de
ahí y váyase para su casa.
Esta
excusa inexcusable de este ministro también podrían asumirla otros ministros
que se escudarían en tal pensamiento, por ejemplo, se me ocurre pensar: ¿Qué
tal si escucháramos al ministro del interior y de migración decir “el problema
de la migración ilegal haitiana no lo arregla nadie”; o al de salud diciendo
que el problema de salud pública no lo arregla nadie”; o al de educación con
esa misma afirmación? Etc. Pues si así sucede, entonces como dice el dicho
popular “cerremos este país, votemos la llave al fondo del mar y vámonos de
aquí para la luna”. Con razón dicen la vox populi que nuestro país es una selva
con aires de modernidad.
¡Así
es! Con ministros como estos seguimos siendo una sociedad desamparada y sujeta
a su triste destino de seguir caminando en el desorden y el caos institucional;
provocando que vivamos como perros y gatos; como chivos sin ley; aplicando la
ley de la selva. Vuelvo y repito lo dicho hace unos días atrás: necesitamos,
como sociedad, que las instituciones apliquen la ley con justicia, sin
miramientos, sin distinción, sin complacencias, con igualdad para todos y que
los abusos también se castiguen. ¡La ley es dura, pero es la ley! La autoridad
debe devolvérsele absolutamente a la institución para que haga su trabajo como
la ley manda. Por eso existen las leyes: para vivir en orden.
Hay que
recordarle a este señor que el tránsito vehicular no se maneja ni tiene que ver
con temas ni asuntos de la naturaleza, como son las lluvias, tormentas, terremotos,
ciclones, etc. Quiero recordarle que está en ese puesto para diseñar políticas
públicas que enfrenten los problemas del tránsito en el país; y que
afirmaciones como esa dejan claro que es un irresponsable. Se nota que este
señor no asumió ese cargo para buscar soluciones, sino que más bien en sus
palabras dejó entrever que él no va a echarse ese tema sobre sus hombros ya que
incumbentes anteriores tampoco aplicaron soluciones a este problema. Él es uno más.
A este señor lo que le interesa es mantener su “buena imagen”. Pero ya está
derrotado.
Como
diría el chapulín colorado: ¡Oh, y ahora ¿Quién podrá defendernos? Esta frase
también se puede parafrasear con un versículo del evangelio referida a la
persona de Juan Bautista: “Soy la voz que clama en el desierto”. Así estamos la
sociedad dominicana, gritando para que se apliquen políticas públicas para
enfrentar los problemas sociales, pero no nos hacen caso. Por estas actitudes
de indiferencia y de falta de soluciones reales, es que una gran parte de la
población está harta y cansada de funcionarios que sólo buscan su bienestar
particular y no resuelven los problemas sociales.
General,
como ciudadano le digo que yo no quiero ni espero que administre el problema
del caos y el desorden vehicular, sino que piense, busque y aplique políticas públicas
para resolver este problema, sino váyase en paz.
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