Por P.
Robert A. Brisman P.
Se hizo
público en algunos medios de comunicación y redes sociales el proyecto o
propuesta de ley presentado por un diputado del PRM de Azua, Julio César
Beltré, para que se establezca de manera obligatoria en el sistema educativo
nacional, - específicamente en los colegios y escuelas de nivel primario y
secundario -, el aprendizaje del creole. Pero también se sabe que hay otros
legisladores oficialistas que apoyan esta propuesta legislativa. Este proyecto
equipara el creole con el inglés y el francés que, más bien es para dar la
impresión o imagen de que se estaría hablando un idioma o lengua universal. Y
como era de esperarse, el debate se encendió.
Hablar
de lengua es hablar de cultura, de identidad y de personas. Según los
argumentos de justificación de la propuesta o anteproyecto, dice el diputado
que, entre la República Dominicana y Haití, hay vínculos históricos,
comerciales, culturales y migratorios que compartimos ambos y una intensa
dinámica fronteriza. Este diputado, además, dice que aprender creole
fortalecería la comunicación entre ambas naciones, especialmente entre las
zonas limítrofes y facilitaría el comercio y la cooperación bilateral.
Vayamos
por parte. ¿Qué significa la palabra "vínculo", que el diputado
afirma en su propuesta? Esta palabra significa "unión, atadura".
Entonces, ¿quiere decir que la RD y Haití, están unidas o atadas en todo o en
varios aspectos? ¿RD y Haití están unidas o atadas en lo histórico, lo
cultural, lo comercial y la migración? ¿Se puede hablar de una atadura o unión
entre ambas naciones o, más bien, hablar de una relación necesaria que conlleva
establecer unas buenas relaciones de países vecinos? ¿RD y Haití son dos países
en una misma isla que no tendría sentido que estuviéramos separados? ¿Se le
olvidó a este diputado y a quienes le secundan, de quién nos independizados?
¿Quiénes fueron nuestros opresores y verdugos?
A ver.
El creole se deriva mayormente de la lengua francesa. La constitución haitiana
establece que el francés y el creole son los dos idiomas oficiales del país;
mientras que, en RD el idioma oficial es el español. RD y Haití lo único que
tenemos en común es que compartimos una misma isla. Pero, no hay ni tenemos
vínculos culturales; somos de culturas diferentes: no compartimos idioma, ni
creencias, ni conocimiento, ni arte, ni moral, ni leyes, ni costumbres, ni
educación, ni hábitos que nos identifiquen como dos naciones hermanas; que no
lo somos, ni lo seremos. ¿Que tenemos relaciones comerciales? Sí. Pero ¿Quiénes
son los que tienen esas relaciones comerciales? Grandes comerciantes y
empresarios, así como políticos que se han beneficiado de un comercio, - en
gran parte irregular -, con ese país, sin importarles cumplir con las leyes
establecidas que regulan dicha actividad. Si ellos necesitan aprender creole
para sus negocios, que lo hagan.
¿Y el
tema migratorio entre ambas naciones? Este es uno de los grandes y graves
problemas que tiene la RD con Haití: la masiva migración ilegal y el descontrol
de las autoridades dominicanas que no asumen con sinceridad este problema. Las
medidas que anuncian parecen más bien una especie de anestesia para calmar la
irritación social de los dominicanos: hablan de deportaciones, pero al mismo
tiempo, a los que deportan, vuelven a entrar al país de manera ilegal por el
contubernio y corrupción de las mismas autoridades fronterizas y el tráfico de
migrantes por parte de desaprensivos delincuentes civiles, así como los mismos
empresarios que fomentan la mano de obra extranjera ilegal y barata.
Dicho lo anterior, entonces ¿por qué estos
políticos siguen apretando la tuerca, proponiendo leyes que llevan a entender
que quieren unir ambas naciones en vez de legislar para que se establezcan
leyes que combatan realmente la migración ilegal, sobre todo la que viene de
Haití y se fortalezca la soberanía de la RD? Muchas veces se ha dicho, y con
razón, que entre ambas naciones lo que debe establecerse son unas relaciones de
buenos vecinos que lleve a cada actor a ocuparse de su territorio, es decir,
ellos allá y nosotros aquí, sin perjuicio de la soberanía de cada país.
A los
dominicanos no pueden obligarnos a aprender a hablar el idioma de los que
fueron nuestros verdugos, nuestros opresores. Son ellos los que tienen que
aprender el español, si quieren venir a establecerse aquí, hacer negocios,
vivir, estudiar..., todo de manera legal en el cumplimiento de la ley
migratoria de la RD. El creole no es un idioma ni una lengua universal; no se
habla en ningún otro país; a diferencia del español que esta entre las primeras
cinco lenguas más habladas del mundo.
Ahora,
¿Qué implicaciones culturales tendría para la RD aprender el idioma de sus
opresores?
A estos
legisladores hay que preguntarles: Y después qué otras propuestas vendrán: ¿que
icemos la bandera haitiana en las escuelas y colegios, junto a la dominicana y
que se cante el himno haitiano porque tenemos vínculos históricos y culturales
con Haití? ¿Que asumamos el vudú como manifestación religiosa? ¿Que asumamos
actitudes reñidas contra la moral y las buenas costumbres, - como defecar y
bañarse en cueros en la vía pública -, para normalizarlas en nuestra sociedad?
¿Que las transacciones comerciales dentro de RD se realicen con la moneda
haitiana?
Señores
legisladores, sean prudentes en su propuesta. Este no es un tema ligero ni
superficial, ni de simple trámite burocrático. Sabemos que hay una gran
presencia o matrícula de estudiantes haitianos en nuestras escuelas sin
pedirles un solo documento de identidad y que los mismos no muestran
identificación con la historia dominicana ni cantan nuestro himno nacional.
¿Qué piensan y dicen los haitianos de Juan Pablo Duarte? También ¿qué
implicaría la aprobación de este proyecto para las autoridades dominicanas y el
cuerpo docente nacional; la inversión, estructura y preparación de los docentes
que se tendría que crear para llevar a cabo el aprendizaje de este idioma?
El
idioma español es parte de nuestra identidad como dominicanos y sumarle el
creole se estaría fomentando una mezcla que afectaría nuestra identidad. Sería
una especie de mimetización y una mala señal de lo que desde nuestra
independencia hemos logrado.
Aprender
siempre es importante y positivo para el desarrollo de los pueblos y las
personas. Hablar más de un idioma es tener acceso a otro mundo diferente al
propio. Pero también conlleva asumir conocimientos y costumbres y es una forma
de unión. Y esto es lo que está detrás de esta propuesta legislativa. A la
mayoría de los dominicanos no nos interesa aprender ese idioma de una minoría
sólo porque a un reducido grupito de empresarios y políticos se les antoja
imponerlo al resto de la sociedad por sus intereses comerciales y por presiones
foráneas. A los dominicanos no nos interesa tener vínculos de unidad culturales
con los que fueron nuestros opresores y verdugos. El dominicano que necesite o
quiera aprender a hablar creole, que lo haga de manera personal. Queremos más
bien, que ellos allá se decidan a sacar a su país de la miseria y crisis en la
que ellos mismo lo han sumido y lo mantienen. Esto sería beneficioso para ambas
naciones.
Y es
que somos dos pueblos diferentes, en el que cada uno tomó su rumbo por caminos
diferentes. No pretendan buscar formas de crear vínculos forzados entre ambas
naciones, porque eso no será posible. No sigan apretando la tuerca a la
sociedad dominicana con este tipo de imposiciones. Dejen de poner sus intereses
personales, partidistas y de grupo, disfrazados de lazos amigables, por encima
de los intereses nacionales y soberanos. Esta migración masiva e ilegal
haitiana es ya un grave problema social y demanda de todos, sobre todo de las
autoridades, aplicar medidas que ya están establecidas y otras que deben
establecerse, si queremos que nuestro país siga avanzando hacia el desarrollo, el
progreso y el orden.
¿Por
qué no le preguntaron a la sociedad dominicana si estamos de acuerdo con esa
propuesta? La respuesta la saben y por eso no lo hacen, sino que se atribuyen
una acción que afecta, en este caso, la identidad cultural del país, para hacer
sus movimientos sectarios y antinacionales. A ustedes se les olvida que están
en esos puestos políticos por un tiempo muy limitado y que la sociedad que
ustedes juraron representar en sus mejores intereses se las cobra con el voto.
Señores
legisladores, recuerden la historia de ambos países, sus culturas, sus valores,
sus identidades. Este no es un tema sencillo para legislar de esa manera por
sus implicaciones. ¿Qué hay detrás de esa propuesta legislativa? Las
consecuencias de algo así no se ven de inmediato, sino a largo plazo. Es un
tema muy, pero muy delicado y hay que analizarlo con detenimiento y frialdad
intelectual, sin manipulaciones, sin engaños. Es poner todas las cartas sobre
la mesa; analizar los pros (que dudo que los haya), y los contras (que sí son
peligrosos para RD). Porque, si a esas vamos, entonces ¿por qué no se legisla
para imponer el idioma chino, el mandarín, debido a la gran cantidad de
ciudadanos chinos que viven y tienen negocios en RD? También en nuestro país
hay cantidades significativas de población de otros países que han aprendido a
hablar español. ¿Por qué entonces el creole hay que imponerlo a los
dominicanos? Yo me pregunto si existe una ley en Haití que obligue a los
haitianos a aprender y hablar español. Me imagino que no. Entonces, ¿por qué
somos siempre los dominicanos los que tenemos que ceder ante estos aprestos?
Concluyo
este artículo volviendo a decirles que no sigan apretando la tuerca a la
sociedad dominicana con acciones, propuestas y leyes que laceran la identidad,
la cultura y la soberanía dominicana. Con estas acciones lo que provocan es que
los votantes miren hacia otros posibles aspirantes porque la población está
harta y cansada de tantas promesas de campaña de defensa, promoción y
soluciones a los grandes problemas sociales, y cuando logran el triunfo, se
olvidan de ellas. La sociedad dominicana debemos protestar contra esta
imposición que se quiere legislar. Esto no es una necesidad ni una prioridad ya
que no resuelve ningún problema acuciante de la sociedad dominicana en su
conjunto. Protejamos nuestra lengua y la libertad de quienes la hablamos.
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