martes, 8 de septiembre de 2026

Propuesta Legislativa: ¿Obligar a hablar creole? Los límites de la ley frente a la lengua

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Se hizo público en algunos medios de comunicación y redes sociales el proyecto o propuesta de ley presentado por un diputado del PRM de Azua, Julio César Beltré, para que se establezca de manera obligatoria en el sistema educativo nacional, - específicamente en los colegios y escuelas de nivel primario y secundario -, el aprendizaje del creole. Pero también se sabe que hay otros legisladores oficialistas que apoyan esta propuesta legislativa. Este proyecto equipara el creole con el inglés y el francés que, más bien es para dar la impresión o imagen de que se estaría hablando un idioma o lengua universal. Y como era de esperarse, el debate se encendió.

  Hablar de lengua es hablar de cultura, de identidad y de personas. Según los argumentos de justificación de la propuesta o anteproyecto, dice el diputado que, entre la República Dominicana y Haití, hay vínculos históricos, comerciales, culturales y migratorios que compartimos ambos y una intensa dinámica fronteriza. Este diputado, además, dice que aprender creole fortalecería la comunicación entre ambas naciones, especialmente entre las zonas limítrofes y facilitaría el comercio y la cooperación bilateral.

  Vayamos por parte. ¿Qué significa la palabra "vínculo", que el diputado afirma en su propuesta? Esta palabra significa "unión, atadura". Entonces, ¿quiere decir que la RD y Haití, están unidas o atadas en todo o en varios aspectos? ¿RD y Haití están unidas o atadas en lo histórico, lo cultural, lo comercial y la migración? ¿Se puede hablar de una atadura o unión entre ambas naciones o, más bien, hablar de una relación necesaria que conlleva establecer unas buenas relaciones de países vecinos? ¿RD y Haití son dos países en una misma isla que no tendría sentido que estuviéramos separados? ¿Se le olvidó a este diputado y a quienes le secundan, de quién nos independizados? ¿Quiénes fueron nuestros opresores y verdugos?

  A ver. El creole se deriva mayormente de la lengua francesa. La constitución haitiana establece que el francés y el creole son los dos idiomas oficiales del país; mientras que, en RD el idioma oficial es el español. RD y Haití lo único que tenemos en común es que compartimos una misma isla. Pero, no hay ni tenemos vínculos culturales; somos de culturas diferentes: no compartimos idioma, ni creencias, ni conocimiento, ni arte, ni moral, ni leyes, ni costumbres, ni educación, ni hábitos que nos identifiquen como dos naciones hermanas; que no lo somos, ni lo seremos. ¿Que tenemos relaciones comerciales? Sí. Pero ¿Quiénes son los que tienen esas relaciones comerciales? Grandes comerciantes y empresarios, así como políticos que se han beneficiado de un comercio, - en gran parte irregular -, con ese país, sin importarles cumplir con las leyes establecidas que regulan dicha actividad. Si ellos necesitan aprender creole para sus negocios, que lo hagan.

  ¿Y el tema migratorio entre ambas naciones? Este es uno de los grandes y graves problemas que tiene la RD con Haití: la masiva migración ilegal y el descontrol de las autoridades dominicanas que no asumen con sinceridad este problema. Las medidas que anuncian parecen más bien una especie de anestesia para calmar la irritación social de los dominicanos: hablan de deportaciones, pero al mismo tiempo, a los que deportan, vuelven a entrar al país de manera ilegal por el contubernio y corrupción de las mismas autoridades fronterizas y el tráfico de migrantes por parte de desaprensivos delincuentes civiles, así como los mismos empresarios que fomentan la mano de obra extranjera ilegal y barata.

Dicho lo anterior, entonces ¿por qué estos políticos siguen apretando la tuerca, proponiendo leyes que llevan a entender que quieren unir ambas naciones en vez de legislar para que se establezcan leyes que combatan realmente la migración ilegal, sobre todo la que viene de Haití y se fortalezca la soberanía de la RD? Muchas veces se ha dicho, y con razón, que entre ambas naciones lo que debe establecerse son unas relaciones de buenos vecinos que lleve a cada actor a ocuparse de su territorio, es decir, ellos allá y nosotros aquí, sin perjuicio de la soberanía de cada país.

  A los dominicanos no pueden obligarnos a aprender a hablar el idioma de los que fueron nuestros verdugos, nuestros opresores. Son ellos los que tienen que aprender el español, si quieren venir a establecerse aquí, hacer negocios, vivir, estudiar..., todo de manera legal en el cumplimiento de la ley migratoria de la RD. El creole no es un idioma ni una lengua universal; no se habla en ningún otro país; a diferencia del español que esta entre las primeras cinco lenguas más habladas del mundo.

  Ahora, ¿Qué implicaciones culturales tendría para la RD aprender el idioma de sus opresores?

  A estos legisladores hay que preguntarles: Y después qué otras propuestas vendrán: ¿que icemos la bandera haitiana en las escuelas y colegios, junto a la dominicana y que se cante el himno haitiano porque tenemos vínculos históricos y culturales con Haití? ¿Que asumamos el vudú como manifestación religiosa? ¿Que asumamos actitudes reñidas contra la moral y las buenas costumbres, - como defecar y bañarse en cueros en la vía pública -, para normalizarlas en nuestra sociedad? ¿Que las transacciones comerciales dentro de RD se realicen con la moneda haitiana?

  Señores legisladores, sean prudentes en su propuesta. Este no es un tema ligero ni superficial, ni de simple trámite burocrático. Sabemos que hay una gran presencia o matrícula de estudiantes haitianos en nuestras escuelas sin pedirles un solo documento de identidad y que los mismos no muestran identificación con la historia dominicana ni cantan nuestro himno nacional. ¿Qué piensan y dicen los haitianos de Juan Pablo Duarte? También ¿qué implicaría la aprobación de este proyecto para las autoridades dominicanas y el cuerpo docente nacional; la inversión, estructura y preparación de los docentes que se tendría que crear para llevar a cabo el aprendizaje de este idioma?

  El idioma español es parte de nuestra identidad como dominicanos y sumarle el creole se estaría fomentando una mezcla que afectaría nuestra identidad. Sería una especie de mimetización y una mala señal de lo que desde nuestra independencia hemos logrado.

  Aprender siempre es importante y positivo para el desarrollo de los pueblos y las personas. Hablar más de un idioma es tener acceso a otro mundo diferente al propio. Pero también conlleva asumir conocimientos y costumbres y es una forma de unión. Y esto es lo que está detrás de esta propuesta legislativa. A la mayoría de los dominicanos no nos interesa aprender ese idioma de una minoría sólo porque a un reducido grupito de empresarios y políticos se les antoja imponerlo al resto de la sociedad por sus intereses comerciales y por presiones foráneas. A los dominicanos no nos interesa tener vínculos de unidad culturales con los que fueron nuestros opresores y verdugos. El dominicano que necesite o quiera aprender a hablar creole, que lo haga de manera personal. Queremos más bien, que ellos allá se decidan a sacar a su país de la miseria y crisis en la que ellos mismo lo han sumido y lo mantienen. Esto sería beneficioso para ambas naciones.

  Y es que somos dos pueblos diferentes, en el que cada uno tomó su rumbo por caminos diferentes. No pretendan buscar formas de crear vínculos forzados entre ambas naciones, porque eso no será posible. No sigan apretando la tuerca a la sociedad dominicana con este tipo de imposiciones. Dejen de poner sus intereses personales, partidistas y de grupo, disfrazados de lazos amigables, por encima de los intereses nacionales y soberanos. Esta migración masiva e ilegal haitiana es ya un grave problema social y demanda de todos, sobre todo de las autoridades, aplicar medidas que ya están establecidas y otras que deben establecerse, si queremos que nuestro país siga avanzando hacia el desarrollo, el progreso y el orden.

  ¿Por qué no le preguntaron a la sociedad dominicana si estamos de acuerdo con esa propuesta? La respuesta la saben y por eso no lo hacen, sino que se atribuyen una acción que afecta, en este caso, la identidad cultural del país, para hacer sus movimientos sectarios y antinacionales. A ustedes se les olvida que están en esos puestos políticos por un tiempo muy limitado y que la sociedad que ustedes juraron representar en sus mejores intereses se las cobra con el voto.

  Señores legisladores, recuerden la historia de ambos países, sus culturas, sus valores, sus identidades. Este no es un tema sencillo para legislar de esa manera por sus implicaciones. ¿Qué hay detrás de esa propuesta legislativa? Las consecuencias de algo así no se ven de inmediato, sino a largo plazo. Es un tema muy, pero muy delicado y hay que analizarlo con detenimiento y frialdad intelectual, sin manipulaciones, sin engaños. Es poner todas las cartas sobre la mesa; analizar los pros (que dudo que los haya), y los contras (que sí son peligrosos para RD). Porque, si a esas vamos, entonces ¿por qué no se legisla para imponer el idioma chino, el mandarín, debido a la gran cantidad de ciudadanos chinos que viven y tienen negocios en RD? También en nuestro país hay cantidades significativas de población de otros países que han aprendido a hablar español. ¿Por qué entonces el creole hay que imponerlo a los dominicanos? Yo me pregunto si existe una ley en Haití que obligue a los haitianos a aprender y hablar español. Me imagino que no. Entonces, ¿por qué somos siempre los dominicanos los que tenemos que ceder ante estos aprestos?

  Concluyo este artículo volviendo a decirles que no sigan apretando la tuerca a la sociedad dominicana con acciones, propuestas y leyes que laceran la identidad, la cultura y la soberanía dominicana. Con estas acciones lo que provocan es que los votantes miren hacia otros posibles aspirantes porque la población está harta y cansada de tantas promesas de campaña de defensa, promoción y soluciones a los grandes problemas sociales, y cuando logran el triunfo, se olvidan de ellas. La sociedad dominicana debemos protestar contra esta imposición que se quiere legislar. Esto no es una necesidad ni una prioridad ya que no resuelve ningún problema acuciante de la sociedad dominicana en su conjunto. Protejamos nuestra lengua y la libertad de quienes la hablamos.

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