miércoles, 29 de enero de 2025

Migración y Doctrina Católica (1)

 Por Pbro. Robert A. Brisman P.

  La migración se define como el desplazamiento, voluntario o forzoso, de personas de un lugar a otro. Puede darse dentro del mismo país, o entre países, y puede ser permanente, temporal o estacional.

  Son varias las causas o razones que produce la migración, como son los factores económicos, políticos, sociales, ambientales, familiares, etc. El fenómeno de la migración, conocido también como movilidad humana, ha existido siempre. El ser humano nunca se ha quedado fijo en un sitio, lugar o país. La migración influye mucho, positiva como negativamente, tanto en los países a los que se llega como a los países que se abandonan. Hay personas que emigran por decisión personal, otras porque se ven obligadas, otras por alguna conveniencia personal, etc.

  El ser humano siempre ha buscado su bienestar y cuando no lo encuentra en el lugar de nacimiento, pues siempre mira hacia el exterior. Por eso es por lo que nos encontramos con causas sociopolíticas, económicas, religiosas, naturales, familiares, atracción al lugar de destino, mayor y mejores oportunidades de trabajo y de ingresos, mejores servicios de salud, seguridad y desarrollo de capacidades. En fin, mayor bienestar en general.

  También existe lo que se ha denominado diferentes tipos de migraciones. Estas se pueden clasificar de acuerdo con el lugar, tiempo y razón. Tenemos la migración externa, que es aquella que se da cuando una persona o grupo de personas se muda a un estado, país o continente diferente; la migración interna, es el desplazamiento o cambio de residencia dentro de un estado, país o continente; la migración temporal, que es la que se realiza solo por un determinado tiempo y con la intención de regresar al lugar de residencia previo; la migración permanente, es la que se realiza a un nuevo destino sin la intención de regresar al lugar de origen; la migración voluntaria, se da cuando la persona elige mudarse a un nuevo lugar como una oportunidad de mejorar su forma de vida; y la migración forzosa, se da cuando una persona debe mudarse debido a una persecución, conflictos, guerra religiosa, étnica, racial o política, que ponen en peligro la libertad y su seguridad.

  Si es verdad que existe todo un tratado sobre la migración y los refugiados, también es cierto que ésta ha sido utilizada, en muchos casos, como arma para destruir, deconstruir y debilitar a los países. También ha sido utilizada por los partidos políticos para ganar elecciones. Todo esto por la imposición de intereses de unos grupos de poderosos globalistas que quieren imponer su visión de una nueva gobernanza mundial. El mundo, y en particular, los Estados soberanos, están enfrentando una situación de crisis migratoria que ha llegado a niveles incontrolables y de crisis interna que atacan sus costumbres, valores e identidad. Es lo que se ha llamado como el multiculturalismo, y esto en la práctica, no ha dado los resultados y bondades que anunciaban sus promotores.

  Algo que se ha planteado con respecto a la migración es si existe el derecho a migrar o no. No es fácil dar una respuesta exacta a esta cuestión. Hay muchos factores y otros derechos humanos que los Estados soberanos deben tomar en cuenta a la hora de establecer normas y leyes con respecto a la movilidad humana. En la legislación internacional no existe el derecho a migrar.  Por un lado, está el derecho al libre tránsito. Pero ¿cuál es el alcance de este derecho? ¿Sólo es nacional, dentro del mismo país? ¿O también alcanza el nivel internacional? Hoy los seres humanos pueden moverse libremente de un lugar a otro, de un país a otro. Pero tienen que hacerlo bajo ciertas restricciones. A nivel internacional deben contar o portar un pasaporte válido. Dicho de otra manera, esto va más orientado hacia un derecho de tipo administrativo. No todas las leyes migratorias son las mismas para todos los países. Cada país establece sus propias leyes migratorias de acuerdo con su realidad y sus necesidades

jueves, 23 de enero de 2025

La atención pastoral y espiritual a los feligreses: misa en creole ¿sí o no?

 

Por Pbro. Robert A. Brisman P.

  Hay un dicho popular que reza: “Hay tres temas que al dominicano le gusta hablar, aunque no tenga el más mínimo conocimiento de ellos: la política, la religión y el beisbol”. Y cuando habla de esto, lo hace con una actitud como si fuera todo un experto.

Una de las características de nuestra sociedad dominicana, es que es una sociedad muy politizada. Todo lo ve y lo analiza desde la política, sobre todo, desde la política partidaria. Se puede decir que el dominicano sueña, se desayuna, come y cena con la política. Pareciera como si la política fuera inherente al dominicano; como si viniera en su ADN. Esto, claro que tiene a gran parte de la población en el nivel del hartazgo. Hace unas décadas atrás, la programación de las emisoras de radio solo era de música, noticieros; uno que otro programa educativo, de orientación médica, etc. Pero esto cambió. Comenzaron a incluirse en las programaciones radiales programas de contenido y análisis sociopolíticos, y esto fue en aumento hasta que, en la actualidad, solo existe una que otra estación radial que su programación la dedica solo a la música de diferentes géneros. Pero música al fin.

  Como he dicho más arriba, al ser la nuestra una sociedad muy politizada, pues las demás realidades se comentan, se analizan y se miran desde el ámbito político, y esto incluye la realidad religiosa. La política ha impregnado la cuestión religiosa y esto no ha sido para nada positivo ya que, son dos realidades que cada una tiene su propio terreno. No es que sean antagónicas. Pero sí cada una informa su propio terreno. Se puede decir incluso que hasta se acompañan, se apoyan, pero sin confundirse.

  La Iglesia católica tiene una misión bien clara y definida que le viene dada desde su fundación por el mismo Cristo: la salvación de las almas. Y esto lo busca y logra con la predicación del evangelio de Jesús. La Iglesia es Madre y, como madre, debe preocuparse por todos y cada uno de sus hijos e hijas, no solo en lo espiritual, sino también en las demás realidades que impregnan sus vidas.

  Pero, enfoquémonos en lo espiritual. Es obligación de la Iglesia velar, cuidar, fortalecer y promover el cuidado espiritual de sus hijos e hijas. La vida sacramental en la que se nos comunica la gracia de Dios, - su misma vida -, es fundamental para la vivencia y testimonio de la fe en Cristo, y que nos impulsa al apostolado. El Papa san Juan XXIII, en su encíclica Iglesia: Madre y Maestra, nos dice: “La doctrina de Cristo une la tierra con el cielo, ya que considera al hombre completo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, y le ordena elevar su mente desde las condiciones transitorias de esta vida terrena hasta las alturas de la vida eterna, donde un día ha de gozar de felicidad y de paz imperecederas” (n 2). Entonces, si la Iglesia no cumple con su misión de cuidar y fortalecer la vida espiritual de sus hijos e hijas, ¿cómo podrá lograr alcanzar esta meta? La Iglesia es universal, su doctrina es universal. Está destinada para atraer a todos los hombres y mujeres, de todos los lugares y tiempos, a Cristo; ofreciéndoles el mensaje del evangelio donde se nos comunica y revela la voluntad de Dios, Creador y Padre nuestro.

  Hace un par de días, con motivo de la celebración de nuestra Señora de la Altagracia, - Protectora del pueblo dominicano -, se celebró en la Basílica una misa en creole. Esto provocó un malestar y comentarios negativos hacia la institución religiosa católica. Se acusó a la Iglesia católica de ser, fomentar y contribuir a la ya crisis de la migración ilegal haitiana. Es decir, por llevar a cabo un acto meramente religioso con una asamblea compuesta por persona haitianas católicas, como lo es la misa, se hizo una acusación política. Se politizó un acto religioso. Hay que tener mucho cuidado para no caer en este tipo de confusiones. Todo católico, sea de donde sea, tiene el derecho a ser y recibir atención, así como acompañamiento espiritual por parte de la Iglesia. ¿Es raro encontrar en comunidades parroquiales el que se ofrezcan servicios religiosos para personas extranjeras que viven en esa demarcación parroquial? Pues no. Aquí en República Dominicana hay varias parroquias donde se ofrecen este tipo de servicios religiosos a extranjeros de diferentes países, entre ellos, los católicos haitianos. En el clero dominicano hay sacerdotes de diferentes nacionalidades que ofrecen servicios religiosos a sus conciudadanos como también lo hacen con los dominicanos.

  Al hacer esto, - atender pastoral y espiritualmente a sus feligreses -, la Iglesia no está violando las leyes migratorias dominicanas, ni fomentando la migración ilegal haitiana, ni de ningún otro país. Lo que está haciendo es cumplir con su rol de atención pastoral y espiritual a esa población del pueblo de Dios. Para entrar a un templo católico, participar en un retiro espiritual, en algún taller de formación cristiana católica, etc., no se necesita ni se exige a los extranjeros carnet de residencia legal, ni se le pregunta a ninguno su estatus migratorio. La basílica de nuestra señora de la Altagracia, como cualquier otro templo católico, no son solo para los dominicanos y extranjeros legales. Es la casa de Dios donde tienen cabida todos sus hijos e hijas. La situación migratoria de los extranjeros es otra cosa que no puede confundirse.

  Por lo tanto, aprendamos a diferenciar estas realidades. La República Dominicana vive una situación difícil en lo que respecta a la migración. Aquí hay muchos extranjeros de diferentes países, que viven de manera ilegal en nuestro territorio, y realizan su vida de lo más tranquilos. Nuestras autoridades aun no tienen ni cuentan con los mecanismos legales, estrategias, equipo humano y tecnológico para aplicarlas y controlar la migración legal e ilegal. Si vienen haciendo esfuerzos para ello y hasta ahora son insuficientes. Y es que hay todo un entramado de corrupción en lo que a ese tema respecta. No hay un registro claro y confiable de los extranjeros que viven en nuestro país y saber su estatus migratorio. Claro que hay extranjeros que están regularizados. La atención pastoral y espiritual de los cristianos no se detiene ante fronteras, ni idioma, ni cultura.

  No nos dejemos confundir por esta situación difícil que nuestro país está viviendo con el tema de la migración ilegal, sobre todo, pero no nada más, de Haití. Hay una realidad en nuestro país con la población haitiana, y la Iglesia, pastoral y espiritualmente hablando, no puede ser indiferente. Ella debe dar atención a esa población. Otra cosa será el que esté fomentando, incentivando, provocando y llamando para que vengan a República Dominicana los extranjeros que quieran violando las leyes migratorias de nuestro país. La Iglesia y los cristianos debemos tener cuidado de no utilizar ni manipular de manera burda, la sagrada escritura para justificar la inmigración. Hay muchos dignatarios eclesiásticos “expertos” y feligreses solidarios en materia migratoria que adoban de citas bíblicas descontextualizadas la migración.

  Pues como ya hemos dicho, no tiene nada de malo ni extraño, ni mucho menos tiene que ver con violación a nuestras leyes migratorias, el que se celebre la misa en cualquier lugar o templo, para una comunidad de fieles católicos de cualquier país en su idioma o dialecto. Esto es tarea de la Iglesia, que es el pueblo de Dios, de atender y acompañar pastoral y espiritualmente a sus hijos e hijas, sin importar de dónde vienen.

miércoles, 22 de enero de 2025

¿Para qué existe la Iglesia? ¿Cuál es su misión?

 

Por Pbro. Robert A. Brisman P.

  Estas preguntas se responden de esta manera: la Iglesia existe para evangelizar. Su misión es la salvación de las almas. En una visita de los obispos de Papua-Nueva Guinea al papa Benedicto XVI, éste les dirigió estas palabras: “La misión de la Iglesia es predicar el evangelio a todas las naciones más allá de las fronteras establecidas por los hombres”. Al decir estas palabras ¿el Papa Benedicto estaba dando una nueva misión a la Iglesia? ¿Se estaba inventando incursionar en un nuevo terreno, hasta hace un tiempo, olvidado por ella? Estas preguntas las podemos parafrasear con el dicho popular, a manera de pregunta: ¿Estaba el Papa descubriendo el agua tibia? Pues ya sabemos la respuesta. Y esta nos la da el mismo Jesús en su Evangelio: “Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto yo les he mandado” (Mt 28,18-20). Siguió diciendo el Papa Benedicto XVI a los obispos de Papua-Nueva Guinea: “Deben llevar a todas las naciones, razas e idiomas, a Jesucristo el Salvador, en el que se revela la plenitud de la humanidad y la verdad. Y también: “Deben seguir aplicando las verdades eternas del evangelio a las costumbres de las personas, al servicio de las cuales está la Iglesia, con el objetivo de reforzar y consolidar los elementos positivos que hay en ellas y purificando otros, si es necesario”.

  Todo lo anterior viene a razón de que, en estos últimos años, y más recientemente en estos últimos meses, se han dado unas declaraciones y hechos nefastos y tristes de algunos obispos, sacerdotes e instituciones de la Iglesia católica que ponen en evidencia la infiltración ideológica del modernismo, del progresismo y la infidelidad a Cristo y la sana doctrina milenaria católica, que lo único que provocan son escándalos en los feligreses y manifiestan también lo que ya había anunciado nuestra Madre Santísima en algunas de sus apariciones. Por ejemplo, la aparición en Garabandal- España, la Virgen dijo: “Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Muchos Cardenales, Obispos y Sacerdotes van por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. A la eucaristía se le da cada vez menos importancia. Deben evitar la ira del buen Dios sobre ustedes con sus esfuerzos”.

  Cuando se estaba preparando el Sínodo sobre la amazonia, un sacerdote italiano P. Corrado Dalmolego, que realiza su trabajo misionero en esas tribus indígenas de América del Sur, dijo a manera de orgullo o de presunción de que, “En 53 años de trabajo eclesial en esa zona, nunca han administrado el sacramento del bautismo”. Él se justificaba con estas palabras: “Estas tribus de los yanomanis, con la vivencia de la propia religiosidad, de la propia espiritualidad, ayuda a la misma Iglesia a limpiarse, quizás de esquemas, de estructuras mentales, que pueden haber quedado obsoletas e inadecuadas”. Sigue diciendo que “los yanomamis ayudan a la Iglesia a defender este mundo, y a construir una ecología integral, al establecer puentes entre los conocimientos tradicionales y los conocimientos modernos, ecológicos, de la sociedad occidental”.  

  Bueno, como vemos, para este misionero el cumplir con el mandato de Jesús es una cosa del pasado, obsoleta, abusiva y anacrónica. Este sacerdote le ha enmendado la plana al mismo Cristo y es como si le dijera en su cara, que está equivocado. Las palabras de Cristo, para este sacerdote, hace tiempo que pasaron, han caducado. Y la Iglesia no tiene nada que cambiar ni proponer ni enseñar a estas tribus, sino más bien es la Iglesia la que tiene que aprender de ellos.

  Un segundo ejemplo de esta mentalidad antievangélica y anti doctrinal, la tenemos en el que fuera el responsable de la Jornada Mundial de la Juventud del año 2023 en Lisboa-Portugal, el obispo y futuro cardenal de entonces, Mons. Américo Aguiar. Este obispo católico, en una entrevista que ofreció antes del inicio de la JMJ, se destapó con la siguiente afirmación: “Nosotros no queremos convertir a los jóvenes a Cristo ni a la Iglesia Católica ni nada de eso, en absoluto”; siguió diciendo que “La JMJ nunca es para los católicos…nunca los papas hicieron una invitación para los jóvenes católicos, siempre fueron invitaciones a los jóvenes del mundo entero. Es muy importante que los jóvenes que vienen a Lisboa, a Portugal, conozcan a otros jóvenes de África, Asia, América, ricos, pobres, de occidente, católicos, no católicos, con religión, sin religión, con fe y sin fe, y comprender primero que esta diversidad, cualquiera que sea, es una riqueza. De ahí en adelante, que se cuiden, que se amen, que tengan el gusto de estar juntos”.

  O sea, dicho de otra manera. Para este obispo y cardenal, las JMJ son un paseo turístico. Es una actividad organizada por la Iglesia Católica para que, principalmente jóvenes de todo el mundo, se den un paseo a un país, gasten un dinero para conocer a otros jóvenes y, fomenten las relaciones sociales.

  A este obispo hay que recordarle las palabras de san Pablo en 1Cor 9,16: “! ¡Ay de mí, si no evangelizo!”. Este apóstol de Cristo, junto al trabajo de la Iglesia, lo que buscan es que todos nos sometamos al señorío de Jesucristo. Por eso la Iglesia anuncia a Jesús. El Papa san Juan Pablo II siempre le dio a las JMJ un impulso evangelizador. Las JMJ no son para celebrar la diversidad y las diferencias. Son un encuentro evangelizador, porque Cristo es el centro de ellas y el que convoca por medio de su Iglesia: “Donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

  Pero, más recientemente, tenemos las declaraciones del obispo de la diócesis alemana de Essen, Mons. Franz-Josef Overbeck, - ¡otra vez los obispos alemanes! -; que se acaba de destapar con estas palabras: “No necesitamos evangelizar a todo el mundo ni ganar adeptos para una forma específica de vida eclesiástica”. Sigue diciendo que “conoce a muchas personas que viven de manera natural sin Dios. Que no necesitan religión, ni fe, y mucho menos una Iglesia; que son felices y están satisfechas: llevan a menudo una vida plena, y no por ello son personas egoístas”.

  Entonces, según las palabras de este obispo, nos preguntamos: ¿Basta ser solamente buenos para salvarnos? ¿Eso fue lo que predicó Jesús? Ya lo dice el dicho popular que “de buenas intenciones está lleno el camino al cielo”. Y Jesús dijo que “no todo el que me diga Señor, Señor, se salvará… sino el que escuche su palabra y la ponga en práctica”. Y san Agustín dijo: “El que te creó sin ti, no te puede salvar sin ti”. No olvidemos la parábola de las Vírgenes necias y prudentes en el evangelio de san Mateo 25, 1-13.

  Esta es la nueva doctrina que se predica en muchos ambientes eclesiales católicos: el buenismo. Si esto es cierto, pues ¿Qué sentido tuvo la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios? Es verdad que Dios es el que tiene la última palabra en lo que respecta a nuestra salvación, y salva a quién quiere. Pero, él estableció la manera de cómo accedemos a la salvación. Es verdad que Dios nos ama incondicionalmente, pero no nos salva incondicionalmente. Esto no es más que la equivocada teología luterana y calvinista.

  Otro hecho lamentable que sucedió en estos días recientes fue el escándalo que suscitó el anuncio de una obra teatral titulada “María Maricón”, nada más y nada menos que a presentarse en la Universidad Pontificia Católica de Perú, y que gracias a las protestas de muchos feligreses y algunas instituciones particulares, así como la pronunciación contundente de la Conferencia del Episcopado de Perú, y del Cardenal de Lima, que manifestó su indignación y rechazo, señalando que “la obra incluía elementos agresivos e irrespetuosos contra la fe de nuestro pueblo y que la promoción del evento fue igualmente injuriosa hacia nuestra fe cristiana”. Pues debido a estas manifestaciones de rechazo, la obra blasfema fue impedida de presentarse en el campus universitario. Al enterarnos de esto, vemos cómo viene avanzando la persecución, la burla y la discriminación contra la fe cristiana católica y su veneno ideológico dentro de la Iglesia. ¿Cómo es posible que una universidad pontificia permita estas acciones blasfemas dentro de su ámbito académico en contra de la Iglesia? ¿Quién dirige esa Universidad?

  Pues si la Iglesia no cumple con su misión para la que fue creada y enviada, no tiene ningún sentido su existencia. Ya el Papa Benedicto XVI había dicho que la misión de la Iglesia no es la de gobernar a los pueblos. La Iglesia ha sido puesta por el mismo Jesús como faro que ilumina al mundo: “Ustedes son la luz del mundo”; y también dijo que “somos la sal de la tierra”. Si no cumplimos con este cometido y misión, pues no tenemos ningún sentido de existir. Como dijo el Papa Francisco que, “no seriamos más que una ong gigante”.

  Tomemos conciencia de nuestro ser e identidad como Iglesia de Cristo. Conciencia de nuestra misión en el mundo. La Iglesia católica no es una multinacional, sino una comunidad religiosa, - el cuerpo místico de Cristo de la cual él es nuestra cabeza -, que fue creada con una misión específica de velar por la salvación de las almas, porque ese fue el mandato que le dio su fundador. Dejemos ya de seguir engañando a la gente. Concentrémonos en la predicación del evangelio de Cristo y no lo sigamos sustituyendo por conceptos mundanos del ecologismo, multiculturalismo, cambio climático, veganismo, migración. Prediquemos a Cristo vivo, su amor, su misericordia; la conversión de nuestros corazones y nuestra mente. Llevemos a la gente a tener un verdadero encuentro de fe con Cristo. Enseñémosle a la gente a comunicarse con Dios por medio de la oración de fe, confiada, humilde y perseverante.

  El sacerdote debe conocer realmente a Dios desde su interior y así llevarlo a los hombres:  este es el servicio principal que la humanidad necesita hoy. Busquemos la manera de acercar a la gente a que experimenten la misericordia de Dios en el sacramento de la reconciliación y su amor en la eucaristía. La gente quiere ver en los sacerdotes a verdaderos pastores de Cristo y no burócratas de lo sagrado. Preocupémonos por ser verdaderos y fieles maestros de vida espiritual, y no instrumento del demonio para la perdición de las almas.

  En Deuteronomio 10,8, leemos: “En aquella ocasión destinó el Señor la tribu de Leví para portar el Arca de la Alianza del Señor, para estar en la presencia del Señor, servirle y dar la bendición en su nombre, hasta el día de hoy”. Pues esta es la esencia del sacerdote: estar en la presencia del Señor y servirle. El sacerdote tiene la misión de velar. Debe estar en guardia ante las fuerzas amenazadoras del mal. Debe mantener despierto al mundo para Dios. Debe estar de pie frente a las corrientes del tiempo. De pie en la verdad. De pie en el compromiso por el bien. Servir significa cercanía y obediencia. Nuestra obediencia es creer con la Iglesia, pensar y hablar con la Iglesia, servir con ella.

Y si no es así, pues como dice el dicho popular: “Apaguen esto y vámonos”.

viernes, 17 de enero de 2025

!Nada extraño en una ciudad sin Dios!

 

Por Pbro. Robert A. Brisman P.

  El pasado día 5 del presente mes, tuvo lugar en la ciudad de Los Ángeles, California, la ya acostumbrada gala de los premios de la Academia del cine los Globos de Oro (Golden Globe). En una de las intervenciones de la gala presidida por la presentadora, la actriz y comediante Nikki Glaser, comentó lo que se ha calificado como una “burla de mal gusto hacia Dios”, cuando mencionó un sondeo de cómo iban los agradecimientos en los discursos por lo galardonados. Se puso en pantalla grande en el auditorio de los asistentes que la mención a los equipos de producción de las películas tenía un número acumulado de 11; la mención a las madres 3 y la mención a Dios 0 (cero). Esto fue terminado por la presentadora en un tono burlesco y concluyó ese momento con las palabras “nada extraño en una ciudad sin Dios”. Y como había de esperarse, vinieron las risas, las burlas y las carcajadas de los asistentes. Cabe resaltar que, aunque no se enfocaron todos los asistentes por las cámaras, hemos de pensar que hubo algunas personas que no les hizo ninguna gracia tal afrenta.

  El estado norteamericano de California, según las estadísticas, es la quinta economía mundial. Es el tercer estado más extenso y poblado de los EE. UU.; tiene varias ciudades consideradas con una gran economía mundial, etc.  Es el estado que tiene una de las más fuertes tasas impositivas. Es conocida también como la “meca” del cine mundial. Pero también es conocida como el estado más liberal de los Estados Unidos, que ha implementado las políticas Woke más extremas por sus políticos locales del partido demócrata. La ciudad de San Francisco es conocida por su belleza y ubicación geográfica dentro del estado, así como por ser la capital mundial del movimiento gay. El estado californiano es también muy prolífero en la agricultura, el deporte y el entretenimiento.

  Pues sucede que, un día después de esa gala de premios, algunas ciudades de este estado norteamericano fueron objeto de una catástrofe natural de grandes incendios forestales que arrasaron con todo lo que encontraron a su paso, incluyendo algunas pérdidas de vidas humanas. Se dice, por las imágenes que se han publicado, que estos hechos son de dimensiones apocalípticas. Las autoridades civiles no han podido controlar los incendios, así como el reclamo de que no hayan dado una fuerte y contundente respuesta acorde a la magnitud del siniestro. Se le señala a las mismas el que hayan quitado o eliminado gran parte del financiamiento a las instituciones de emergencia, como los bomberos y los cuerpos de rescate; así como la eliminación de las fuentes acuíferas para el funcionamiento de los hidrantes y la destrucción de presas.

Esta catástrofe sucedida en este estado ha sido abordada desde diferentes tópicos o realidades y, una de ellas que no podía faltar, es la realidad religiosa. Es decir, muchos están asumiendo esta catástrofe como una señal a las burlas hacia Dios. En la carta a los Gálatas 6,7, leemos: “No se engañen: de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembre, eso recogerá…”

  El comentario que hizo la presentadora en la gala de los premios, podemos decir que tiene razón. La ciudad de Los Ángeles se ha venido caracterizando por su alejamiento y rechazo de Dios. Su clase artística, debido a su influencia en el público, viven y pregonan una vida licenciosa, banal, superflua, disoluta y de excesos. Es decir, una vida llena de pecado.

  Dice el dicho popular: “Dios perdona siempre; el hombre perdona a veces y la naturaleza nunca”. Y aquí hemos visto y presenciado un hecho de la naturaleza, pero que también tiene una connotación o vinculación religiosa. No afirmamos que este siniestro haya sido un castigo de Dios. Pero tampoco podemos descartar el que lo haya permitido ya que, el hombre necesita de purificación interior. Gran parte de la humanidad, - esa que está alejada de Dios -, necesita volver a su Creador y Señor. No importan la fama, el dinero, las comodidades y bienes materiales que se tengan, con este siniestro nos damos cuenta una vez más que todo eso se va, se esfuma, desaparece en un abrir y cerrar de ojos: “He aquí el hombre que no hizo de Dios su baluarte, sino que confió en la multitud de sus riquezas y llegó a ser poderoso por sus crímenes” (Sal 52,9). Han sido muchos los famosos, multi millonarios, gente acaudalada que perdieron todo en esos incendios. Pero también lo perdieron todo otras personas menos pudientes, que a lo mejor era lo único que tenían. Todo esto ha sido lamentable y trágico. No se trata de alegrarnos por lo sucedido. Pero tampoco podemos ignorar las consecuencias que trae para muchas personas cuando tienen su corazón lleno de cosas y vacío de Dios.

  En el mundo hollybudense, el nombre de Jesús y la fe cristiana católica están vetados; más no así nombres como Mahoma, Buda, Krishna, islamismo, hinduismo, yoga, etc. Es que hay una clara oposición en estos ambientes y ciudades, así como en lo político, de rechazo a Dios. Es una impiedad profunda. Al ver estos acontecimientos desastrosos en estas ciudades, nos recuerda el pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra (Gn 19,24ss), cuando Dios, cansado de sus pecados, no tuvo más remedio que mandar fuego y azufre para acabar con la maldad de la gente que allí habitaban. La ofensa a Dios por parte del hombre siempre ha salido cara.

  Pues una ciudad sin Dios es una ciudad sin esperanza, sin sentido de trascendencia, sin meta hacia lo eterno; una ciudad que ignora a Dios es una ciudad impía. Una ciudad que se cierra a la gracia y acción del Espíritu Santo es una ciudad que se encamina al precipicio: “Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si hoy escuchan su voz, no endurezcan sus corazones como sucedió en la rebelión, el día de la tentación en el desierto… por eso me indigné contra esta generación y dije: están siempre extraviados en su corazón y no han conocido mis caminos. Por eso juré en mi ira: ¡no entrarán en mi descanso” (Hb 3,7-11).

  Por otro lado, ha habido unas señales, si se quiere milagrosas, de una que otra casa que no fueron tocadas por las llamas, mientras que las casas de alrededor quedaron hechas cenizas. Otra señal milagrosa que se dio fue con una imagen de la Virgen María de Guadalupe que estaba en el patio de una casa de católicos, que quedó intacta en medio de las llamas y esta familia se reunió en torno a ella para elevar cánticos de alabanzas a Dios.

  Estos hechos siniestros nos llevan a preguntarnos: ¿Cuáles son nuestras prioridades? ¿En qué gastamos nuestros recursos? Muchas personas, incluyendo creyentes en Dios, dejan a un lado a Dios, su fe. Se olvidan de que no son sólo materia, sino que tienen un alma, un espíritu que necesita estar en contacto con lo trascendente. Personas que se sienten intocables, que humillan a los demás por no estar a su nivel. Ya lo dijo Jesucristo: “¿De qué le sirve al hombre ganarse el mundo entero, si al final pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?” (Mt 16,26). Pues parece ser que todo lo tenemos bajo nuestro control.

  Pues cuidado con caer en esto de ser una ciudad sin Dios. Nuestro país, - República Dominicana -, fue fundada sobre la base de la fe cristiana católica. En ella descansa nuestra identidad, valores, principios y cultura. No le demos jamás la espalda a Dios. No guiemos a nuestra sociedad dominicana por el camino oscuro y tenebroso. Desde hace tiempo, a nuestra sociedad se le viene imponiendo una agenda oscurantista, ideológica y genocida, destructora de la familia natural, de nuestras instituciones. No lo permitamos. Vivamos de acuerdo con las enseñanzas del evangelio de Jesús. Seamos una ciudad fuerte, porque, “La complacencia de Dios está en los que le temen, en los que se fían de su bondad” (Sal 147,11).

miércoles, 8 de enero de 2025

Jesús: Príncipe de la paz.

 por Pbro. Robert Brisman

Hemos iniciado este nuevo año 2025. Le damos gracias al Todopoderoso que nos haya permitido terminar un año e inmediatamente iniciar otro. El Dios de la vida se sigue manifestando con nosotros haciéndonos partícipes de su misma vida, porque para esto nos ha creado, como nos lo dijo y enseñó nuestro Señor Jesucristo.

  El Maestro de Nazaret, el Hijo de Dios, en su predicación de la buena noticia de salvación, nos hizo la promesa de la paz. Dijo que nos da la paz, no como la da el mundo, sino como es en realidad, es decir, como un don, un regalo de Dios. Es la paz que nace, que se gesta en nuestro interior, en nuestro corazón. Es la paz que debemos testimoniar siempre en donde nos encontremos. Es la paz que funciona de adentro hacia fuera; la paz que anida en nuestro corazón. Por eso es un don de Dios. Pero, la paz también es uno de los bienes espirituales que el Señor nos trajo y que están contenidos en el mensaje del evangelio; más específicamente, es uno de los bienes espirituales del Reino de Dios. Cristo es nuestra paz y alegría; el pecado, por el contrario, siembra soledad, inquietud y tristeza en el alma. Y es que el verdadero discípulo y discípula de Cristo es mensajero de paz. Pero no de cualquier paz, sino de la paz que nos regala Dios. Anunciamos y predicamos lo que vivimos. Es la paz que no quiere decir ni debemos entender como ausencia de guerras, ni de pleitos, ni de rencillas, ni de odios, ni de chismes, ni de conflictos, etc. Es, más bien, la paz que debemos aprender a vivir en medio de las dificultades; como dice la canción: “paz en medio de la tormenta”.

  Jesús vino a predicarnos el Reino de Dios, puesto que este es el mensaje central del evangelio, su columna vertebral. Y este fue el mandato y la encomienda que les entregó a la comunidad de los Doce y, en ellos, a toda la comunidad de su Iglesia. La Iglesia es la continuadora de la única misión de evangelización iniciada por Cristo y continuada por sus apóstoles y en ellos, toda la comunidad eclesial. La evangelización es tarea de todos los bautizados. Todos somos evangelizadores, pero no todos la realizamos de la misma manera. El mensaje del evangelio es el mismo, no cambia, es inmutable. Lo que cambia es o son los métodos de evangelización, de cómo llevar a cabo esa misión evangelizadora de nuestro Señor Jesucristo. Pero, lamentablemente, no todos los bautizados somos conscientes de esta tarea y obligación bautismal. No todos los bautizados cumplimos con esta misión evangelizadora, ni mucho menos están evangelizados. También hay que evangelizar a los bautizados.

  La Iglesia es evangelizadora y evangelizada al mismo tiempo. Es mucho el terreno o las realidades en las que aún muchos no conocen a Cristo o que a pesar de estar bautizados están muy débiles y alejados en su compromiso y práctica cristiana. Pensemos, por ejemplo, la realidad de muchas familias en donde uno o dos miembros son los que están en la práctica del camino de la fe y los demás miembros no: están alejados, no les interesa o son indiferentes. Esto también ha sido para muchos, objeto de incomprensiones, burlas y cierta persecución dentro del seno familiar. Pues en esa realidad familiar es necesario testimoniar la gracia de Dios para que así sean familias que puedan estar edificándose sobre la roca firme que es Cristo y su evangelio.

  Otras realidades que necesitan ser evangelizadas son los ambientes laborales, las amistades, la política y la economía. Esto es hacer presente el Reino de Dios en cada uno de nuestros ambientes, que no solamente tiene que ver con lo religioso.

  En este nuevo año que comienza, pidamos a Dios que nos guíe y ayude con su gracia santificante a vivir como verdaderos hijos e hijas suyos, y fieles discípulos de su amado Hijo Jesucristo para fomentar la paz en medio de tanta guerra y odio. Seamos hombres y mujeres de verdadera paz en nuestro corazón para estar mejor capacitados para vivir como hijos e hijas de Dios, fortaleciendo la fraternidad con los demás.  Este deseo de paz del Señor necesita de corazones dóciles y humildes que estén dispuestos a dejarse transformar por este bien espiritual. Seamos hacedores y constructores de la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano.

martes, 3 de diciembre de 2024

El Mundo de lo absurdo

 

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra “absurdo” como contrario y opuesto a la razón, que no tiene sentido. Y esta definición aplicada a la realidad del mundo de hoy es precisamente lo que estamos viviendo. Vivimos en el mundo de lo contrario y opuesto a la razón y al sinsentido. Dicho de otra manera, es aplicar la frase conocida de que hoy el sentido común es el menos común de los sentidos.

  Pues no es de extrañar que, si no todos, si muchos nos preguntemos ¿Qué le está pasando a la humanidad? ¿Por qué hemos caído en lo absurdo? ¿Quién es el que está mal: yo o el resto del mundo? ¿Por qué la humanidad hoy ha perdido el sentido común? ¿Qué le está sucediendo a la humanidad hoy, que parece que ya ha dejado de pensar? Parece que estamos viviendo en un mundo utópico, el cual ya describió el novelista británico, George Orwell, en su novela utópica “1984”. Si este autor hubiera vivido en nuestros días de seguro que se habría quedado asombrado de ver cómo lo que describió a mitad del siglo pasado en su novela, hoy se está convirtiendo en una realidad.

  Se percibe un cierto sentido de demencia total en el que muchos, sobre todo aquellos que nos sentimos y nos esforzamos por vivir en la cordura, nos sentimos hasta a veces solos, solitarios; se percibe una sensación de vivir en otro planeta muy lejano a la tierra. Nuestra sociedad occidental ha venido sufriendo lo que se ha denunciado como su decadencia. Cicerón dijo: “Cuanto más cerca está la caída de un imperio, más locas son sus leyes”. Y esta decadencia parece que tiene un tinte de irreversibilidad. Pero esto no ha sido algo fortuito, sino más bien provocado, buscado y fomentado. Porque hay una élite globalista que se ha enfocado precisamente en inflingir el más grande y profundo daño a los valores y principios occidentales para ellos poder ir imponiendo su propio estilo de vida a la humanidad. Se han erigido en una especie de dioses que, - sin que nadie se lo haya pedido ni tampoco han consultado-, le vienen a decir al resto del mundo cómo tienen que vivir. Pero son medidas que ellos no están dispuestos jamás a enseñar con el ejemplo. Todo viene siendo parte de una agenda que es bien conocida como “Agenda 2030 Objetivos del Desarrollo Sostenible”, y que se ha prolongado ahora en una nueva agenda llamada “Pacto del Futuro 2045”, denunciada por muchos. Ya un ministro del interior español afirmó que esta Agenda era la “biblia”.

  Parece que estamos viviendo una de esas películas de ficción, que ya muchos no saben distinguir entre la realidad de la ficción, ciertamente. Como ejemplo de este mundo absurdo, parece que tenemos que creernos cosas como esta: un hombre, - en el estado norteamericano de Arkansas -, que se enamoró de su automóvil, acabó con su corazón partido porque el carro Chevy Monte Carlo del 98, fue desguazado por un accidente cuatro años antes. Esto es lo que se ha denominado “objetofilia”, amor por los objetos. Años atrás, estas conductas eran objeto de que a la persona se le tratara de manera psiquiátrica. Pero hoy esta conducta es validada y defendida, y hasta legislada como un derecho. Nos hace pensar en la canción de Juan Luís Guerra que lleva por título La guagua va en reversa. Pues así va el mundo, en reversa. Esta gente ahora se cree que son los normales y, los que permanecen o permanecemos en la cordura, en el sentido común, en la realidad, son o somos tachados de anormales, homófobos, tránsfobos… y toda hierba aromática que se les ocurra. Afirmar que un hombre es un hombre y que una mujer es una mujer, es de retrógrados y discriminadores. Pero es que esto es parte de este mundo absurdo, de esta sociedad decadente.

  Hoy, a nuestros gobernantes parecen ser que no les importa hacer las cosas con lógica para que sus ciudadanos vivan con y en libertad, sino más bien lo que les importa y quieren es contribuir a acabar con sus gobernados imponiendo leyes absurdas, contrarias a la razón y al designio divino. Es una nueva reingeniería social.

  Pues no lo permitamos. No debemos ceder un solo ápice para que esta élite globalista siga con su intención de destruir a la humanidad. Ninguno de ellos es Dios. No podemos permitirles que destruyan lo que ellos no crearon. Somos creación de Dios: si dejamos de creer en Dios, creeremos cualquier cosa, dijo G. K. Chesterton.

 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Católicos culturales y Católicos practicantes

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  Cuando nosotros rezamos el Credo, que es el contenido de lo que debemos creer los católicos y la parte donde decimos que creemos en la Iglesia, afirmamos que ella es Una, Santa, Católica y Apostólica. Estas características son conocidas como las “notas de la Iglesia”. En el catecismo de la Iglesia católica, en el numeral 811, leemos al respecto: “Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades”. Y en el numeral 830, nos dice: “En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo, unido a su Cabeza, lo que implica que ella recibe de él, la plenitud de los medios de salvación que él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía”.

  El término “católico” hace referencia a la universalidad. Este término fue usado por primera vez por san Ignacio de Antioquía, en una carta que escribió a la comunidad de los Esmirniotas, y lo dijo con estas palabras: “Donde aparece el obispo, allí está reunida la comunidad, lo mismo que donde está Cristo, allí está la Iglesia católica”. Aquí, la expresión tiene el sentido de “verdadera Iglesia”. Por lo tanto, todas las demás comunidades cristianas que existen se han separado de ella, rompiendo el vínculo con las comunidades apostólicas. Son iglesias o comunidades surgidas a partir de la voluntad de los hombres, no de Cristo. La división viene de ellos.

  Esto viene al caso porque, hace varios años atrás, hemos venido escuchando por los medios de comunicación de masas y las redes sociales, el anuncio de la decisión que han tomado varios artistas, sobre todo del género de la música popular, de que han encontrado a Dios o se han convertido a Cristo. Algunos de ellos hasta se han convertido en predicadores del evangelio. Éstos han hecho la referencia o la salvedad de que antes eran católicos, pero se han convertido a Cristo y esto conlleva el salir o abandonar la Iglesia católica. El caso más reciente ha sido la “conversión” del artista colombiano Juanes. Este publicó en sus redes sociales lo siguiente: “Desde que soy cristiano y dejé el catolicismo soy una persona nueva y llena de esperanzas”.

  Este artista no especifica con sus palabras que no abandonó la Iglesia católica. Pero se puede intuir que así es. Ahora, la pregunta que viene al punto es ¿alguna vez se interesó este artista por conocer la doctrina y la Iglesia en la que él recibió la fe? Bien dice la frase “nadie ama lo que no conoce”. Pero, lo que sí podemos desprender de este caso es que, este artista, como muchos tantos católicos, sólo vivían un catolicismo cultural, es decir, de puro un cumplimiento de costumbres, y no de práctica, de convicciones. Dicho de manera más llana, era un católico cultural porque fue bautizado en la Iglesia católica, a lo mejor fue confirmado, hizo su primera comunión, se confesó previamente para recibir ese sacramento; quisa se casó por la Iglesia católica alguna vez por un asunto de costumbre familiar y no por convencimiento, iba a la Iglesia católica a alguna celebración litúrgica por puro cumplimiento, etc. Claro que, si para este artista es real este paso de fe y ha encontrado a Cristo en ello, pues que el mismo Cristo le fortalezca esa convicción.

  Pues este catolicismo cultural es un fracaso, y esto es lo que viven muchos católicos hoy en día. Ser católico no es tener un título, sino más bien es vivir la vida a la manera cristiana. Esta es la diferencia de vivir un catolicismo de práctica ferviente, persevante y constante. Este es el catolicismo que tenemos que aprender a vivir. Un catolicismo que sea un verdadero testimonio de vida para los que nos rodean y así puedan creer que Cristo vive y que su promesa de vida eterna es verdadera. La Iglesia es nuestra madre y procura nuestro bien, no solo en esta vida, sino también en la otra. Y como madre, es lamentable el que muchos de sus hijos e hijas no la experimenten como tal y, por lo tanto, no se empeñan en conocerla para poder amarla. Es verdad que la Iglesia no es la que nos salva, pero sí es camino, medio para lograr alcanzar la salvación. Es nuestro puente para poder llegar al otro lado de la orilla, ya que en ella están los medios necesarios para nuestra salvación, que son los sacramentos que nos comunican la gracia santificante y los mandamientos de Dios. Este es el gran tesoro que nuestra madre Iglesia ofrece a sus hijos e hijas como patrimonio y salvación.

  No se trata de ser católico solo de palabra y de costumbres, sino de convicciones; de dejar que la gracia santificante que recibimos en los sacramentos nos vaya fortaleciendo y guiando en nuestro caminar de conversión, de fe y confianza en Dios.