martes, 6 de enero de 2015

"Todos quieren ir al cielo, pero nadie quiere morir" (Robert Kiyosaki)


Hemos oído infinidad de veces que el hombre es un misterio; él mismo no llega a comprenderse por completo; es un gran misterio insondable. Hemos oído también que el hombre hasta ahora no ha podido dar una respuesta exacta a las grandes cuestiones que tienen que ver con su existencia o con el sentido de su existencia, como lo son ¿de dónde vengo? ¿A dónde voy? Por esto decimos que el hombre es un gran enigma, sobre todo para sí mismo. Cada persona humana encierra un enigma y un misterio. Buscarle solución a este enigma se ha convertido en una tarea permanente que dura toda la vida. El hombre es la gran tarea de sí mismo. Al ir resolviendo esta tarea, el hombre se va conociendo a sí mismo. Es también por nosotros conocida la frase “conócete a ti mismo”, frase esta que estaba inscrita en la entrada del templo de Delfos. El ser humano sigue siendo un enigma y, a la vez, sigue siendo la solución del enigma. Cada ser humano debe de conocer dentro de su grandeza su miseria. Descubrir esta miseria, es lo que lo lleva a reconocer su condición suplicante.

  En el libro del Génesis, en el relato de la creación, leemos que Dios creó al ser humano del polvo y a su imagen y semejanza. De acuerdo a esta enseñanza bíblica, podemos afirmar que hay en nosotros algo de divino, pero también esta en nosotros y nos acompaña, algo de miseria, de caducidad. El ser humano se encuentra en la tensión entre su cuasi divinidad y su miseria absoluta. El hombre no es completamente divino ni completamente humano. El hombre lo tiene todo y a la vez no tiene nada. Tiene una inmensidad de recursos para subsistir, encuentra su camino en cada circunstancia y, al mismo tiempo, no haya camino. No sabe cómo escaparse de la muerte. Su dicha es siempre pasajera…”vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad…”

  El ser humano es el ser que sabe que va a morir, pero jamás está dispuesto a rendirse frente a su propia muerte. El hombre tiene y siente un gran deseo de inmortalidad. Todos los vestigios de la antigüedad lo atestiguan. El ser humano es el ser que sabe que va a morir, pero no lo sabe de la misma manera que los demás animales; vive consciente de ello y por eso mismo se plantea la pregunta sobre su existencia y sentido de la vida como tal: ¿Tiene la vida humana un sentido? ¿Tiene el ser humano un destino, una meta, un fin? (M. Blondel). Mientras que el niño hace preguntas que pueden y tienen respuesta, el adulto se hace preguntas por el TODO: ¿Qué sentido puede tener una pregunta que no halle respuesta? Ciertamente, nos pone delante de un misterio, delante del misterio absoluto (Karl Rahner).

  Pero también es cierto que el ser humano muchas veces no quiere tampoco asumir una actitud de sacrificio. Queremos lograr cosas trascendentales, tener confort, salario abundante, buenas prestaciones, etc. Pensemos también en el deporte, y más ahora que en el mes de noviembre nuestro país logró una muy buena posición en el medallero centroamericano y del Caribe; vemos cómo se ha premiado el esfuerzo de los atletas y federados. Dicho en un lenguaje religioso y cristiano “no hay salvación sin sacrificio”. Vamos a decirlo de una manera muy popular y llana, el que pretenda llegar al cielo sin pasar por “go”  está equivocado. Ya lo dijo el mismo Señor Jesucristo: “no todo el que me diga Señor, Señor se salvará, sino el que escuche mis palabras y las ponga en práctica”.

  Todos queremos lograr grandes cosas en la vida, pero muy pocos estamos dispuesto a pagar el precio para obtenerlo. La única manera de ir al cielo es muriendo. Por eso es que la vida nuestra en este mundo es un retorno al Padre, que está en el cielo, porque de Él venimos y a Él vamos a volver; pero no podemos volver de cualquier manera. Hay una sola manera de regresar al Padre, y esa manera o, mejor dicho, ese camino es su Hijo Jesucristo, porque nadie va al Padre si no es por él ya que él es el camino, la verdad, la vida y la puerta para acceder al Padre y, por lo tanto, al cielo. Llegamos al cielo en la medida en que perdemos la vida por Cristo, por su evangelio; y nos damos, nos entregamos a los otros en nuestras familias, sociedad y comunidad.

 

 

Bendiciones.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Libranos del mal. Amen.


El mal existe, de eso no tenemos dudas. El mal no viene de Dios. El mal fue introducido en el mundo por el enemigo de Dios. El evangelio nos ilustra al respecto en la parábola sobre la cizaña, que nos advierte que el enemigo de Dios es el que ha sembrado, en la noche, la cizaña para que dañara el trigo (Mt 13, 24-30). Le pedimos a Dios en esta súplica no dar al maligno más fuerza de lo soportable. Le pedimos que nos salve, que nos redima, que nos libere. Es la petición de la redención (Benedicto XVI).

  Este “mal o maligno”, está representado en las Sagradas Escrituras por diferentes imágenes. Una de ellas la encontramos en el libro del apocalipsis cuando el autor usa la palabra “bestia”, que ve salir del fondo, del oscuro abismo del mar con los distintivos del poder político romano y que representaba un poder amenazante contra los cristianos. Ante esta amenaza, el cristiano en tiempo de la persecución invoca al Señor, la única fuerza que puede salvarlo: redímenos, líbranos del mal.

  Ahora, si esto fue en tiempos del Imperio Romano, lo cierto es que hoy día esta amenaza sigue siendo actual. Hoy nos enfrentamos a todo un sin número de amenazas e ideologías: los poderes de mercado, el capitalismo salvaje que denunció el Papa Juan Pablo II, el narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero, tráfico de armas, etc., que son un lastre para el mundo y arrastran a la humanidad hacia ataduras de las que no nos podemos librar tan fácilmente. De esto le pedimos al Señor “líbranos del mal”. Están las diferentes ideologías que conducen al hombre a un sin sentido y más bien a apartarse de Dios y sus designios, ya que presentan a Dios como algo innecesario y como obstáculo para el desarrollo del mismo hombre. Presentan a Dios como una farsa, algo que hace perder el tiempo. Así conducen al hombre a un disfrute desenfrenado de la vida, sin compromiso ni responsabilidades. Son muy ilustrativas las palabras de Gandhi que dijo: “los siete pecados de la sociales de la humanidad son dinero sin trabajo, política sin principio, placer sin responsabilidad, negocios sin moral, conocimiento sin carácter, ciencia sin humanidad y religión sin sacrificio”.

  Esta petición nos alerta en el sentido de que si perdemos a Dios, nos habremos perdido a nosotros mismos; entonces seremos tan solo un producto casual de la evolución, y así entonces habrá triunfado el Dragón. Permanecer con Dios, junto a Dios, es estar íntimamente sano. La humanidad necesita de sanación. Por esto mismo Jesús, en su diálogo con Pilatos dice que su Reino no es de este mundo; y tuvo razón el Señor porque, si fuera de este mundo no hubiera podido ofrecer sanación a este mundo enfermo por el mal, por el pecado.

  San Cipriano dijo: “Cuando decimos líbranos del mal, no queda nada más que pudiéramos pedir. Una vez que hemos obtenido la protección pedida contra el mal, estamos seguros y protegidos de todo lo que el mundo y el demonio puedan hacernos”. Debemos de vivir con la confianza en el Señor que todo lo puede, como lo manifestó san Pablo: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?... En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado”. Esta es la seguridad del que vive abandonado al Dios de Jesús. Esta es la promesa de triunfo que prometió a sus seguidores. San Pablo lo entendió muy bien y fue lo que transmitió a los demás. Son las palabras que el mismo Señor Jesucristo trasmitió a sus seguidores cuando les dijo: “Animo, si yo he vencido al mundo (maligno), ustedes también lo podrán vencer”; nada más que nos puso una condición para poder lograr este triunfo: “tendrán que venir todos hacia mí, porque sin mi nada podrán hacer”.

  Esta es la riqueza y el gran tesoro que encontramos en esta oración del Padre Nuestro u oración del Señor y también oración dominical. Son muchas las reflexiones que se han hecho y muchos los libros que se han escrito para analizar y profundizar en la misma. La tarea sigue ardua, porque el mensaje de Dios no se agota en las palabras. Sus palabras son palabras de vida y son siempre nuevas. Estas no han sido más que un aporte para seguir profundizando en ella y que así podamos fortalecer nuestra fe y compromiso cristiano en una humanidad que quiere cada vez más desvincularse de Dios, no dándose cuenta que cada paso que da en esta dirección, se encaminada más y más a un abismo del cual lo único que sacará de él será su destrucción para siempre.

 

Bendiciones.

Busquemos a Dios partiendo de nosotros mismos


San Agustín, en sus “Confesiones” nos dice: “mira, tú estabas dentro de mí y yo fuera de ti, y por fuera te buscaba”. Para poder encontrarse con Dios, san Agustín tuvo que cambiar de dirección en su búsqueda, y así también nos invita a que hagamos lo mismo: “no vayas hacia fuera, entra en ti mismo; en el hombre interior habita la verdad”. Muchos de nosotros nos concentramos buscando a Dios en el exterior, en lo que está fuera de nosotros; pero son pocos los que reparan en que Dios habita en nuestro interior, en nuestro corazón. De hecho, es ahí, en nuestro corazón, donde Él quiere habitar: “mira que estoy a la puerta tocando, si tú me abres, mi Padre y yo vendremos y haremos en ti nuestra morada”; y también “cuando quieras hablar con Dios, tu Padre, entra a tu habitación, cierra la puerta; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”. El lugar privilegiado de la presencia de Dios es el mismo ser humano, su interior, su corazón. Ya Anselmo de Canterbury nos invita a esta aventura del encuentro cercano con Dios en nuestro interior, cuando dijo: “oh hombre, huye un momento de tus ocupaciones, escóndete un instante del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos ahora tus agobiantes preocupaciones, y aparta de ti tus penosas inquietudes. Ten un poquito de tiempo para Dios y descansa un poquito en Él. Entra en la habitación de tu mente, saca todo de ella menos a Dios y lo que te ayuda a buscarlo y búscalo a puerta cerrada”.

  Los grandes místicos han sido hombres y mujeres que han emprendido este gran camino de aventura y encuentro hacia Dios desde su interior. Estos hombres y mujeres supieron descubrir esta presencia de Dios en lo más íntimo y profundo de su interior. Pensemos por ejemplo en la gran Santa Teresa de Jesús, que nos invita a entrar en las moradas del castillo interior del alma: “…para buscar a Dios en lo interior, que se halla mejor y más a nuestro provecho que en las criaturas” (Moradas III, 3,3). El P. Fco. Javier Sancho Fermín, comentando los escritos de la santa Edith Stein en su libro “Ciencia de la Cruz”, que se refiere al punto de “cruz y noche”, dice: “la noche mística, no debe entenderse cósmicamente. No nos llega desde el exterior, sino que tiene su origen en la interioridad, y afecta sólo al alma en la que emerge”. Es decir, que para Santa Teresa de Jesús, Dios vive en el interior del ser humano, y el ser humano vive en la morada de Dios. Este deseo de encuentro del hombre en su interior con Dios, para Teresa, parte desde la antropología al hombre preguntarse: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es lo propio del ser humano que le distingue de las otras creaturas? ¿Cuál es su papel y su puesto enigmático en el universo?

  Es conocida por muchos de nosotros la famosa frase “conócete a ti mismo”; frase esta que estaba inscrita en la puerta de entrada del templo de Delfos, en la antigua Grecia. Son también famosos los enigmas del oráculo de Delfos a las preguntas de los hombres. La solución del enigma se convierte en la tarea de una vida, en la cual el hombre se va conociendo a sí mismo. El ser humano sigue siendo un enigma y, a la vez, es la solución del enigma. Me viene a la mente el famoso enigma de la Esfinge a Edipo cuando esta le preguntó ¿cuál es el animal que en la mañana anda en cuatro patas, en la tarde en dos y en la noche en tres? La respuesta fue ciertamente sencilla: el hombre, porque cuando nace, siendo niño gatea; de adulto, camina sobre dos; y cuando envejece, usa un bastón. Por lo tanto, el hombre, que es la solución al enigma, sigue siendo un misterio para él mismo. Cada persona humana encierra un enigma y un misterio y el mismo Edipo tuvo que  experimentarlo trágicamente.

  ¡Conócete a ti mismo! Para los autores de la antigüedad significaba esto que el ser humano debía conocer dentro de su grandeza su miseria, y parece que su grandeza precisamente consiste en conocer su miseria. Dada su miseria, su condición de ser suplicante aparece como la esencia del ser humano.

  Edith Stein reivindica la experiencia mística como un camino que da luz sobre los misterios mas íntimos del ser humano: “la conquista del centro del alma se transforma en una verdadera conquista de la humanidad, la sede de la libertad de la persona, la sede de los pensamientos del corazón, la sede del encuentro y de la unión con Dios”.

 

Bendiciones.

 

 

 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

No nos dejes caer en tentación...


  El apóstol Santiago dice: “Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie” (1,13).

  En Dios no existe la tentación. Tampoco es el que tienta. El pasaje de las tentaciones de Jesús es ilustrativo a este respecto: nos dice que Jesús fue llevado al desierto para ser tentado por el Diablo (Mt 4,1). De hecho, este nombre es simbólico: el evangelista san Marcos lo llama “Satanás”, al igual que Lucas. San Juan se referirá a él en el apocalipsis como “el Acusador”. Ya este nombre nos hace recordar a nosotros en el libro de Job, cómo Satanás frente a Dios se pone a acusar a su servidor Job señalando que su adoración a Dios se debe a su bienestar material y que si se le quitan sus propiedades abandonará el camino religioso. Dios ciertamente le permite que sea tentado, pero también le marca los límites.

  Con respecto a la tentación, nos dice el exorcista padre José Antonio Fortea: “La tentación es esa situación en la que la voluntad tiene que elegir entre dos opciones, y sabe que una opción es buena y otra mala, pero se siente atraído hacia la mala”.  Para pecar hay que saber que uno está escogiendo la opción mala. Por eso, no hay pecado sin mala conciencia.

  Es cierto que el pecado tiene que ver con la debilidad; pero también lo es que no somos tan débiles como para no poder resistirnos. La tentación siempre tiene un elemento atractivo, apetitosa. En el relato del Génesis, del pecado de nuestros primeros padres, la serpiente le presenta a la mujer la tentación (el fruto) de forma apetitosa y así le provoca su deseo de comerlo, esto unido a la astucia de sus palabras engañadoras. En la tentación entra en juego la libertad del hombre. A este respecto el mismo padre Fortea dice: “Parece razonable pensar que la mayor  parte de las tentaciones proceden de nosotros mismos. No necesitamos a nadie para ser tentados. Basta la libertad para poder usarla mal” (Summa Daemoniaca, pag. 38).

  Una de las preguntas que siempre está en la mente de las personas es ¿por qué somos tentados? o ¿por qué Dios nos tienta? Pensamos muchas veces que la tentación viene de Dios, y ya vimos que no es así. También el apóstol Pablo nos ilustra al respecto cuando dice: “Fiel es Dios que no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas, sino que con la tentación les dará el éxito haciéndolos capaces de sobrellevarla” (1Cor 10,13). Dios, como Padre que es vela para que ninguno de sus hijos se vea presionado más allá de lo que puede soportar. Si fuéramos a ilustrar esta idea con un dicho popular sería: “Dios aprieta, pero no ahorca”.

  Al pensar en las tentaciones de Jesús en el desierto, descubrimos que toda su vida y ministerio estuvieron sometidos a esta difícil realidad. Jesús tuvo que llevar a cabo la misión de su Padre en medio de las tentaciones. Jesús fue tentado hasta el último momento de su vida terrena: así cuando estaba agonizando en la cruz al escuchar aquellas palabras de las gentes que se burlaban de él diciendo que “si es el hijo de Dios que baje de la cruz para que le crean…, o las palabras de reclamo a su Padre al sentir la experiencia del abandono: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”.

  Otro elemento a tener en cuenta con respecto a la tentación es lo que podemos llamar “la prueba”. El Papa Benedicto XVI nos dice: “Para madurar, para pasar cada vez más de una religiosidad de apariencia a una profunda unión con la voluntad de Dios, el hombre necesita la prueba”. La prueba entonces es necesaria para poder fortalecer nuestra fe y confianza en Dios. El mismo Jesús no nos eximió de ella: “Pero, antes de todo, les echaran mano y les perseguirán… Los llevaran ante reyes y gobernadores por mi nombre. Propongan en su corazón no preparar defensa, yo les daré sabiduría… Todos los odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza. Con su perseverancia salvarán sus almas” (Lc 21, 12-19).

  El amor es siempre un proceso de purificación, de renuncias, de transformaciones dolorosas en nosotros mismos y, así, un camino hacia la madurez.

 

Bendiciones.

martes, 11 de noviembre de 2014

Conocer a Dios, ¿es fácil o difícil?


“A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer” (Jn 1,18).

 

  Todos sabemos algo de Dios; aunque no hayamos desarrollado la capacidad del intelecto, lo cierto es que todos, de alguna manera, hablamos de Dios, aunque muchas de las veces esas palabras no sean del todo acertadas o bien elaboradas; dicho en otras palabras, es lo que muchos llaman “la fe del carbonero”. Hablamos de Dios ya sea por lo que nos enseñaron nuestros padres desde pequeños o también por lo que hemos oído de Él en el paso de los años. Todos, de alguna manera, mostramos con ello conocer a Dios aunque no sepamos que lo conocemos. Los mismos que niegan su existencia en el fondo afirman algo o alguna verdad de ese Dios que dicen no conocer ya que Dios no existe como nosotros lo imaginamos. Es más, lo cierto es que a Dios nadie puede conocerlo tal como Él es, porque Dios no existe de tal forma que lo podamos imaginar. Por esto es que nadie puede alcanzarlo dignamente, nadie puede decir toda la verdad acerca de Dios.

  Estas afirmaciones nos llevan entonces a pensar o a preguntarnos: ¿Es que Dios permanece vedado a nosotros? ¿No es posible su conocimiento? ¿Dios permanece oculto o es de alguna manera accesible a nosotros? Aristóteles nos ilustra muy bien al respecto con su símil sobre los ojos del murciélago: “como los ojos del murciélago respecto a la luz del día, así se comporta el entendimiento de nuestra alma respecto a las cosas que, por naturaleza, son las más evidentes de todas”. Con este símil, lo que el filósofo griego quiere darnos a entender es que, por naturaleza somos ciegos para conocer lo más obvio. El entendimiento quiere conocer la verdad. Y cuanto más verdadero sea lo que conoce, mejor. Pero, lo más obvio no siempre es lo que podemos ver con más facilidad: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119,105); y el mismo Jesús ya nos había dicho que “los ojos son la lámpara del cuerpo; así pues, si tus ojos están buenos, todo tu cuerpo tendrá luz” (Mt 6,22). Lo que queremos afirmar con estas palabras bíblicas es que, para tener acceso a Dios necesariamente tenemos que aceptar la verdad que él mismo nos ha revelado en su Hijo Unigénito, ya que el acceso a Él nos es posible por su Hijo: Jesús es el camino para llegar al Padre y también para conocerlo, porque el que conoce al Hijo conoce también al Padre. Cuando queremos conocer algo, queremos conocer la verdad. Toda investigación que se realiza se hace con el único objetivo de llegar a la verdad.

  El hombre, por naturaleza, siempre quiere y busca el bien; también, siempre quiere y busca conocer la verdad. Así entonces podemos decir que nuestra vida siempre es, por naturaleza, deseo de vivir, deseo de verdad y deseo de felicidad. Ahora bien, resulta que estos deseos mencionados implican de alguna manera el deseo de Dios. Dios es nuestro deseo más profundo de vida, verdad y felicidad: “nos hiciste Señor para ti, y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti” (san Agustín, Confesiones 1,1). En Dios encontramos todos estos deseos de manera plena, total; no parcial. En Dios no hay vida, Dios es la vida; en Dios no hay verdad, Dios es la verdad; en Dios no hay felicidad, Dios es la felicidad, Dios no es sabio, Dios es la sabiduría, etc. Las perfecciones de Dios son de la misma sustancia de Dios. Por eso nuestra vida toda tiende a Dios como a su fin: “…Yo los escogí a ustedes entre los que son del mundo, y por eso el mundo los odia, porque ya no son del mundo” (Jn 15,19), dijo Jesús a sus discípulos. Esto es fácil de descubrir para el que cree y por eso se mantiene en el camino que le lleva a Dios. De aquí se deduce que el ser humano sea entonces “capaz de Dios”: el hecho de que somos capaces del bien y de la verdad nos deja entrever que también somos capaces de Dios (Martín Lenk, sj).

  Entonces, podemos conocer de Dios lo que Él ha dispuesto que conozcamos; conocemos lo que Él mismo nos ha revelado por medio de su Hijo. En Jesús, nuestro acceso a Dios-Padre ha quedado abierto de par en par. Jesús es la puerta para acceder al Padre.

 

Bendiciones.

miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Es la Iglesia Católica inmisericordiosa? (2a parte)


  Continuando con nuestro tema en relación al Sínodo de obispos sobre la familia que se está realizando en la ciudad del Vaticano y, del cual ya escribí un artículo anterior tratando dos temas que han estado ocupando la mayor parte de las opiniones tanto de la prensa secular como la católica, en esta segunda parte me propongo escribir sobre el segundo de ellos que es el tema de “la aceptación de la uniones homosexuales o, dicho de otra manera, si la Iglesia Católica debe bendecir las uniones homosexuales”.

  Vuelvo aquí a hacer referencia a lo que dije en la primera parte de este artículo: los medios de comunicación secular y que son, muchos de ellos, con una clara tendencia contrarios a la Iglesia Católica y su doctrina, han querido influenciar con sus opiniones sobre el Sínodo y crear además confusión en los fieles católicos. Se han dicho, escrito y afirmado cosas que ni ver con lo tratado en el Sínodo. Ya se habla en estos medios de que la Iglesia Católica parece que va a dar apertura a la aceptación y bendición de las uniones homosexuales. Esto es falso. Se basan para decir esto que ya hay un documento que lo afirma y lo dan por hecho. Veamos dos aspectos de lo que sucede en un Sínodo. Primero, existe lo que se llama “relatio pre-disceptationem” (resumen o relación previo a las discusiones); y segundo, existe lo que llama “relatio post-disceptationem” (documento post discusiones). En la primera se motivó a que los obispos hablaran con franqueza; en la segunda se presenta a los medios de comunicación y contiene todas las propuestas presentadas por los obispos, peritos y auditores para trabajar estas propuestas en los diferentes grupos sinodales. Esto quiere decir que si un obispo dijo que las uniones homosexuales deben ser aceptadas y bendecidas por la Iglesia Católica, esta propuesta se tendrá que discutir en estos grupos para saber si se acepta o no, y claro que esto no debe afectar ni ir en contra de la sana doctrina católica. Es decir, que esta propuesta no ha sido mencionada por ningún obispo y el Sínodo tampoco lo ha aceptado. Lo que ha surgido en torno a este tema es una pura manipulación de los medios de prensa seculares contrarios a la Iglesia Católica.

  Muchos dicen que la Iglesia tiene que adaptarse a los nuevos tiempos. Con esto lo que están queriendo decir es que la Iglesia Católica debe de amoldarse o acomodarse a los criterios y sombras de este mundo, pero lo que no reparan estos enemigos de la Iglesia es que, la Iglesia debe más bien ser luz para este mundo, para esta humanidad que está caminando mucho en las tinieblas. La Iglesia, la familia de Jesús, es portadora de luz y esa luz tiene que iluminar la oscuridad, las tinieblas; la luz no puede ser utilizada para tapar las tinieblas: “Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,14); y san Pablo dice: “Pero, ustedes hermanos, no viven en la oscuridad…todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos ni de la noche ni de las tinieblas…” (1Tes 5, 4-8). Esa luz le viene dada a la Iglesia por el mismo Jesucristo por medio del Espíritu Santo a pesar de que en ella misma hay oscuridad; pero esa oscuridad no impide jamás que la luz del Espíritu salga e ilumine.

  Ya es de nosotros sabido lo que enseña la Iglesia Católica con respecto a la persona homosexual y la homosexualidad. Solo tenemos que acercarnos a leer el catecismo en sus números 2357,2358 y 2359. La Iglesia es para los pecadores, pero no para el pecado. La Iglesia no es un museo de santos, sino un hospital de enfermos por el pecado. Cristo mismo vino a buscar y rescatar al pecador de su pecado. Dios ama al pecador, pero repudia el pecado. En la parábola del rey que prepara el banquete de bodas de su hijo, cuando el rey saluda a los comensales se da cuenta de que hay uno que no tiene el traje de fiesta y cuando lo cuestiona éste no sabe qué responder y el rey manda a que lo echen fuera donde será el llanto y rechinar de dientes. La pregunta es entonces: ¿sabemos nosotros los cristianos y nuestros enemigos cuál es ese traje de fiesta que hace referencia Jesús en esta parábola? El problema de muchos de nosotros es que queremos estar en la Iglesia y seguir viviendo una vida licenciosa y de pecado y que esto sea aceptado por todos sin más. NO. Una cosa es la persona homosexual y otra es la homosexualidad, como lo es el corrupto y la corrupción; como lo es el adicto y la adicción; como lo es el delincuente y la delincuencia, etc. Es la persona que hay que salvar,  y el pecado lo que hay que rechazar.

  Ya el Papa Francisco dijo en una ocasión a su regreso a Roma después de la jornada mundial de la juventud en Río de Janeiro, y esto fue motivo de manipulación: cuando un homosexual quiere, desea vivir su relación con Dios como Dios manda y enseña la Iglesia, ¿quién soy yo para juzgarlo? Así como existe la pastoral penitenciaria, que es acompañar espiritualmente a los internos con la intención de ayudarlos a recuperar su dignidad de hijos de Dios y que abandonen ese mal camino, soy partidario y me gustaría que en cada parroquia exista una pastoral para homosexuales y lesbianas que se dedique a acompañar a estos hijos e hijas de Dios en su caminar y ayudarlos a vivir desde su condición los valores del Reino de Dios como nuestro Señor Jesucristo nos enseña en el evangelio.

  Lo cierto es que todos los seres humanos tenemos un lugar en la gran familia de Dios que es su Iglesia, pero el que quiera ser parte de esta familia tiene que asumir ciertas actitudes si es que quiere experimentar el gozo de sentirse hijo de Dios. De descubrir en Dios y su mensaje el camino por el cual puede ser feliz en esta vida y después llegar a disfrutar de la presencia de Dios cuando deje este mundo. Por supuesto que debemos de ser respetuosos y solidarios con estos hermanos nuestros que sufren mucho por esta situación, porque: “no todo el que diga Señor, Señor se salvará, sino el que escuche la palabra de Dios y la ponga en práctica” (Lc 8,21). La Iglesia de Cristo está en el mundo, pero no es del mundo. Camina con el mundo proponiendo el mensaje evangélico como luz en medio de la oscuridad.

 

Bendiciones.

 

martes, 14 de octubre de 2014

¿Es la Iglesia Catolica inmisericordiosa? 1a parte


El pasado 5 de este mes de octubre dio inicio en la ciudad del Vaticano el Sínodo de los obispos -convocado por el Papa Francisco y que concluirá el 19 del mismo-, para tratar el tema de los desafíos actuales de la familia y de cómo tienen que ser encarados pastoralmente por la Iglesia. Este Sínodo, que el significado de la palabra es “caminar juntos”, no es para tratar ningún aspecto doctrinal sobre la familia, es decir, no tratará ningún aspecto sobre lo que enseña la doctrina de la Iglesia Católica sobre la familia. De hecho, el mismo título del Sínodo lo aclara: “los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”.

  Desde el momento en que fue convocado este Sínodo por el Papa, concitó mucha atención por todos los medios de comunicación del mundo secular y, por supuesto, por la misma feligresía católica porque empezaron a surgir especulaciones sobre lo que nuestros obispos iban o debían de tratar. La prensa secular no tardó en empezar a dar opiniones al respecto y también se hizo eco de algunas opiniones de algunos cardenales, por ejemplo el Cardenal Kasper que introdujo el tema de si se debería aceptar a la comunión sacramental o no a los divorciados vueltos a casar o, dicho en otras palabras, el Cardenal Kasper llegó a decir que si el Sínodo no asume esta postura de aceptación entonces no tendría ningún sentido realizarlo. Como era de esperarse, esta opinión encendió el debate y puso en cuestión la doctrina católica sobre este punto y surgieron innumerables opiniones tanto a favor como en contra. Cada quien presentaba sus argumentos. Pero, el Sínodo ya está en marcha. Están presentes todos aquellos que fueron convocados, salvo uno que otro que quizá no pudo asistir por alguna razón específica. El Papa Francisco, al inicio del mismo, exhortó a los obispos a que hablaran sin miedo; que se dejaran guiar por Espíritu Santo; hablar con claridad y escuchar con humildad, etc. Pero lo que quiero resaltar es las opiniones de medios de comunicación seculares que han querido de alguna forma influenciar en el Sínodo con sus opiniones que contradicen la doctrina católica en dos puntos principales, que no los únicos, y que trataré en dos partes de este escrito ya que son temas abundantes, y son: la comunión sí o no a los divorciados vueltos a casar y la bendición o aceptación de las uniones homosexuales. Estos temas tienen una gran importancia para la vida y doctrina católica y no se diga para nuestros feligreses.

  Hablemos del primero de ellos: la aceptación o no a la comunión de los divorciados vueltos a casar. Siempre se ha querido presentar a la Iglesia Católica como que es inmisericordiosa con estos hermanos que viven en esta situación. Comunicadores que opinan sin saber ni conocer la enseñanza del evangelio al respecto. Comunicadores que más bien citan versículos del evangelio como si fueran dichos populares y lo despojan de todo su contenido doctrinal. Hay que tener en cuenta que la Iglesia Católica nunca ha dicho ni afirmado que las personas que viven en esta situación están excomulgadas o castigadas; más bien lo que siempre ha dicho y enseñado es que estas personas viven en una “situación irregular” y que por ello están impedidos de acceder a los sacramentos, -entiéndase comunión y confesión-, mientras permanezcan en esa situación. Y, hay que aclarar también en este punto que esta situación de irregularidad no se les aplica a los hijos. Esta situación de irregularidad no les impide en ningún momento estar en la Iglesia y realizar su vida de fe en la misma ni vivir su compromiso cristiano. Es más, en casi todas las parroquias existe una pastoral para divorciados vueltos a casar para acompañarles en su caminar y no dejarlos solos. Son infinidad de matrimonios en esta situación que están viviendo y practicando su fe en alguna comunidad eclesial y nunca se han sentido rechazados y señalados como si no tuvieran salvación. El impedimento de no comulgar para estas personas viene especificado por el mismo Jesucristo que dijo: “cuando un hombre se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra la primera y viceversa” (Mc 10,11); y san Pablo en su 1 carta a los Corintios dice que: “Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor” (11,27). Como vemos esta es la enseñanza de Jesús y no es un invento de la Iglesia. Esto es lo que no saben o no quieren saber los enemigos de la Iglesia y por eso no lo citan. Hay que tener mucho cuidado con un falso concepto de la “misericordia”. La misericordia no puede ir nunca en contra de la verdad, en este caso, no puede nunca en contra de la verdad del evangelio. No podemos incitar a las personas a que, movidos por falso concepto de la misericordia, se condenen. Jesús mismo mandó a sus apóstoles y en ellos a su Iglesia, a que enseñaran a los demás a cumplir todo cuanto Él enseño tal cual Él lo enseñó, y sin cambiarle una sola letra al menaje recibido puesto que el mensaje del evangelio no es de la Iglesia sino de Cristo, y la Iglesia no es más que la portadora y anunciadora del evangelio y no su dueña: “el que quiera creer y se bautice ése salvará y el que no quiera creer se condenará” (Mc 16,15-16).

  No podemos manipular el evangelio y hacerlo decir lo que él no dice. Eso sería ir en contra del mismo Jesucristo. Jesús fue radical con el mensaje que nos vino a comunicar y esa misma rigurosidad se la encargó a su Iglesia. Esta es la enseñanza que muchos no han entendido ni han querido entender y lo que hacen muchas veces es irse a una comunidad cristiana en donde el evangelio se les acomode a sus necesidades, cuando tiene y debe de ser al revés. En esto la Iglesia Católica siempre ha estado clara y no ha cambiado su línea le guste o no a los fieles. Creo que la Iglesia debe de seguir insistiendo en una seria y más profunda preparación al matrimonio a sus fieles, y principalmente a los jóvenes. Lamentablemente el matrimonio hoy en día se asume como algo que está de moda y pocos piensan en lo que significa y conlleva este camino de compromiso y de salvación.

 

 

Bendiciones.