miércoles, 15 de mayo de 2019

¿Por qué los católicos casados por lo civil o en unión libre, están impedidos de recibir la comunión eucarística y la confesión sacramental?


Lo primero que quiero dejar claro es que no pretendo agotar todo el tema en estas líneas ya que es imposible. Lo que sí quiero es presentar lo más fundamental al respecto y que nos sirva para poder conocer y entender la doctrina de nuestra fe con respecto a este tema. El mismo puede verse enriquecido por las opiniones y preguntas que se susciten, pero siempre apegado a la doctrina evangélica y eclesial. La enseñanza de la Iglesia se fundamenta en lo que podríamos llamar un trípode: 1) sagrada escritura, 2) la sagrada tradición (porque no todo fue escrito) y, 3) magisterio eclesial. Que no prevalezcan las opiniones personales y sentimentales, por encima de la doctrina evangélica y eclesial. Santa Catalina de Siena decía: “Hablen, griten con mil lenguas, porque de tanto callar, el mundo está podrido”. ¡Y nosotros no podemos callar la verdadera enseñanza que nos salva: el evangelio de Cristo!

  Quiero partir del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 31-32, que dice: “La Iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaría. Se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y crecía con el consuelo del Espíritu Santo”.

  En estos dos versículos de los Hechos, leemos lo que es fundamental en todo este caminar en la fe, es decir, lo que le dará a la Iglesia y la mantendrá firme en su camino, es en la medida en que ella permanezca fiel a Cristo y su evangelio, y se deje guiar, sea dócil (sumisa) a  las inspiraciones del Espíritu Santo.

  La Iglesia es de Cristo, no nuestra. Y esto quiere decir que ella no tiene que reinventarse, sino ser fiel a Cristo y su evangelio. La Iglesia nace desde el evangelio, no al revés; el mensaje evangélico es anterior a la Iglesia. Por lo tanto, la Iglesia tiene que ser, -y de hecho lo es- , custodia, guardiana, depositaria y predicadora del único evangelio de Cristo. La Iglesia no se predica a sí misma, sino que predica a Jesús resucitado. El mandato de Jesús a la comunidad de los Doce y en ellos a sus sucesores, fue la de “ir por todo el mundo a predicar el evangelio, enseñarles a las gentes a cumplir todo cuanto el Maestro de Nazaret les enseñó y todo el que crea en este mensaje y se bautice, se salvará”. Pues esto es lo que viene cumpliendo la Iglesia desde su fundación hasta nuestros días.

  El obispo de Hipona, san Agustín, dijo: “¡Ay del hombre y de sus pecados! Cuando alguno admite esto, TÚ te apiadas de él; porque TÚ lo hiciste a él, pero no sus pecados”. Cristo mismo dijo: “No teman al que mata el cuerpo, pero no el alma. Teman más bien al que, matando el cuerpo, puede matar también el alma”. ¿Y quién es ese que puede matar el cuerpo y el alma? Pues el pecado mortal o grave. ¡Y es la muerte eterna, condenación eterna! Recordemos que una cosa es la persona, el pecador; y otra cosa es el pecado. Dios ama al pecador, pero rechaza el pecado; y Jesús vino a buscar, sanar, liberar y salvar al pecador de la enfermedad, esclavitud y condenación del pecado. Y también dijo Jesús: “Yo no vine al mundo a condenar al mundo, sino a que el mundo se salve por mí”.

  Hablando específicamente de nuestro tema, hay que decir que en toda la Sagrada Escritura  hay abundantes citas y textos que nos hablan acerca del adulterio. El adulterio es pecado grave, mortal. La misma Sagrada Escritura nos deja ver la importancia profunda que Dios le otorga al matrimonio; y ya el mismo san Pablo hablando del matrimonio, lo presenta como imagen de Cristo-esposo como cabeza de su Iglesia-esposa. Y la traición que en esta unión, -querida y establecida por Dios desde el principio, adulterio-, se considera o califica como pecado grave y es causa de condenación.

  Veamos lo que leemos en algunos pasajes bíblicos con respecto a este pecado. En el libro del Éxodo 20,14; así como en Deuteronomio 5,18 se nos habla del mandamiento de “no cometer adulterio”. En Levítico 20,10 leemos: “Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera”; en Mateo 5,28 leemos: “Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”; en 5,32: “Pues yo les digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto en el caso de fornicación, la hace ser adúltera, y el que se case con una repudiada, comete adulterio”; en 15,19 leemos: “Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias”. En Marcos 10,11-12 leemos: “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; lo mismo la mujer que repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

  Como vemos, es la misma Sagrada Escritura que califica el adulterio como pecado grave; y Jesús fue quien le dio su más profundo y definitivo sentido al calificarlo como pecado grave o mortal. Una de las cosas que muchos de nosotros los cristianos no hemos reparado en ello, a pesar de que está muy especificado en la Sagrada Escritura, es la radicalidad de Jesús y del evangelio. Jesús no vino a suavizarnos el mensaje, fue radical; Jesús no vino a buscar consenso ni a fortalecer el sentimentalismo ni a otorgar derechos; él vino a cumplir con la misión encomendada por su Padre, que fue la de salvar a sus hijos, predicando y enseñándoles la verdad, para que por esa verdad fuéramos libres y salvos. Y la Iglesia, que es la depositaria y continuadora de la misión de la evangelización iniciada por Jesús, anuncia en fidelidad a Cristo resucitado y su evangelio, nos guste o no nos guste; estemos de acuerdo o no; porque esto no se trata de consenso, sino de doctrina evangélica y eclesial. Hay quien le reclama a la Iglesia que de dónde ella se adjudicó esa autoridad para enseñar lo que enseña. Pues esa autoridad le viene dada, le fue otorgada, delegada por el mismo Jesús para que la ejerza en su nombre, cuando le dijo al apóstol Pedro y al resto de los Doce, y en ellos, a sus sucesores: “Te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16,19). Por esto, en continuidad con este mandato, la Iglesia nos enseña en el Catecismo de La Iglesia Católica n.1385c: “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a comulgar”; y en el n. 1415: “El que quiere recibir a Cristo en la comunión eucarística debe hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado mortalmente no debe acercarse a la eucaristía sin haber recibido previamente la absolución en el sacramento de la penitencia”. No podemos dejar de mencionar a san Pablo, que dijo: “Así pues, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre de Cristo. Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación. Por eso hay entre ustedes muchos enfermos y débiles, y mueren tantos. Si nos examináramos a nosotros mismos, no seriamos condenados”. Es claro que el apóstol de los gentiles apela aquí a la conciencia de cada uno para el recto examen interior y poder estar capacitado espiritualmente para recibir la comunión. Cabe destacar con las citas anteriores del Catecismo que, queda claro que la Iglesia está basando su enseñanza en este aspecto en lo que respecta al fuero externo de la persona y no en el fuero interno. El papa san Juan Pablo II dijo: “De lo interno, ni la Iglesia se atreve a juzgar”.

  Entonces, dicho todo lo anterior, hay que decir lo siguiente. Un católico que esté casado sólo por el civil o en unión libre, o divorciado y vuelto a casar; está impedido de acercarse a los sacramentos de la comunión y confesión sacramentales. Pero, ¿por qué al de la confesión? Pues porque este sacramento está en relación y orientado a la comunión eucarística. Cuando la persona se acerca a la confesión, no puede hacerlo para confesar algunos pecados sí y otros no. Esto no quiere decir que la persona no pueda buscar y ser recibida para una dirección espiritual o conversación. Una cosa es la confesión sacramental y otra cosa es la dirección espiritual. También la persona debe saber y ser consciente de que, una cosa es el impedimento para recibir estos sacramentos; y otra cosa es la “exclusión de la comunidad”: la persona, aun en razón de su pecado mortal, no está excluida de la vida eclesial y comunitaria. La exclusión de la comunidad eclesial se da por medio de un decreto público de “excomunión” o, por autoexclusión de la misma persona. Cuando una persona, fiel católico, se auto excluye de la comunidad porque no le parece o no está de acuerdo con la doctrina enseñada, es un asunto personal del que así actúe; no puede echarle la culpa a la Iglesia. Es importante que la persona entienda que, al enseñar esta doctrina, la Iglesia no le está juzgando, sino más bien, evitándole una situación espiritual de condenación. También recordemos que los sacramentos y la gracia que recibimos en ellos, no son un derecho que tenemos los católicos en la Iglesia, sino más bien, son un don (regalo) de Dios a sus hijos en su Iglesia; y este regalo nos exige a todos cumplir con ciertas condiciones para poder recibirlos. No comulgamos porque tenemos derecho a comulgar; sino que, comulgamos porque estamos viviendo en la gracia de Dios. Ahora bien, su situación de “irregularidad matrimonial” no le impide vivir, practicar y realizar alguna acción apostólica en la Iglesia ni tampoco participar de los diferentes grupos eclesiales. De hecho, desde hace mucho tiempo existe en nuestra Iglesia una pastoral para divorciados.  

  Es bueno saber que el impedimento sacramental se aplica a partir del momento en que la persona tiene relaciones íntimas con su pareja. Es enseñanza de nuestra Iglesia el que a estos hermanos se les instruya en la belleza y práctica de la castidad, pero también sabiendo que esto nos exige una práctica de vida virtuosa, ya que es la misma gracia de Dios, por medio del Espíritu Santo el que lo hace posible en nosotros de acuerdo a nuestra disposición. También hay que saber que, una persona que este casado por la Iglesia y se haya separado, pero no establece una nueva relación sentimental, no tiene ningún impedimento para recibir los sacramentos; lo mismo el que haya estado casado solo por lo civil y se haya divorciado sin establecer una nueva relación sentimental.

  Por último, escuchemos lo que nos dice el profeta Jeremías 23, 9-15, al respecto de todo esto y de la actitud corrupta que asumen los falsos profetas y sacerdotes de su tiempo y que son denunciados: “Acerca de  los profetas. Se me rompe el corazón dentro de mí, se estremecen todos mis huesos, estoy como un borracho enajenado por el vino, a causa del Señor y de sus palabras santas. Pues de adúlteros está lleno el país, porque por una maldición está de duelo la tierra, se han secado los oasis del desierto. Corren tras la maldad. Su fortaleza no tiene fundamento. Hasta el profeta y el sacerdote son impíos, incluso en mi templo encontré su perversión. Por eso, su camino será como un resbaladero, serán empujados a las tinieblas y caerán en ellas; les traeré la desgracia el año de su castigo. Entre los profetas de Samaría vi una atrocidad: profetizaron por Baal y descarriaron a mi pueblo Israel. Pero entre los profetas de Jerusalén vi algo horrible; fornicar y caminar en la mentira. Y apoyaban a los malvados para que no se convirtiera nadie de su maldad. Por eso, así dice el Señor de los ejércitos acerca de los profetas: Yo les daré a comer ajenjo (comida amarga) y les hare beber agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén salió la impiedad para todo el país”. Quiero decir que, debemos tener mucho cuidado con la  enseñanza de una falsa misericordia. Hay sacerdotes que le dicen a algunos fieles que, sabiendo su situación sacramental irregular, les impulsan a comulgar y confesarse. El sacerdote que así actúa, sabe que está actuando en contra de la doctrina evangélica y eclesial induciendo al fiel a cometer sacrilegio y el fiel que está consciente de esto no debe de seguir ni aplicar ese mal consejo. Hay que decir que, “el que me ama de verdad, me dice la verdad, aunque me duela”; precisamente porque quiere lo mejor para mí; ese es el camino del verdadero amor. Cuando caemos en el falso concepto de la misericordia, hacemos daño y engañamos al otro. El que nos da falsa misericordia, es como si nos estuviera dando un caramelo diciéndonos que con eso nos vamos a sanar de nuestra enfermedad. No podemos caer en el abuso de la misericordia de Dios; es verdad que Dios es inmensamente misericordioso, pero también es inmensamente justo.

  Pues pidámosle a nuestro Señor Jesucristo que nos enseñe siempre, con su gracia, a ser fieles a él y su evangelio y que nos ayude siempre a ser obedientes a lo que nos enseña su iglesia en sus pastores. Que envíe siempre a su Iglesia buenos y santos pastores; y que los que ya somos pastores, que nos esforcemos por ser buenos, fieles y santos discípulos de Cristo. Que TODOS pongamos en práctica sus palabras: “El que a ustedes los escucha, a mí me escucha; y el que me escucha a mí, escucha al que me ha enviado”. Que nos de sabiduría y discernimiento para saber rechazar lo malo y quedarnos con lo bueno.



Bendiciones.

viernes, 3 de mayo de 2019

Testigos de la persecución


El pasado mes de abril, -justamente en semana santa-, que para nosotros los cristianos católicos es de importancia trascendental, como lo es el Santo Triduo Pascual y el Domingo de Resurrección, el catolicismo fue objeto, o más bien, víctima de dos horrendos acontecimientos que marcan o alimentan más lo que es la persecución a la que hace mucho tiempo atrás nos han sometido, sobre todo, en la Europa cristiana que, cada vez más se está descristianizando. Y todo esto debido a un plan muy bien orquestado por grupos poderosos económica y políticamente; así como por una parte radical de los musulmanes, apoyados e impulsados por organismos internacionales que se han dado a la tarea de someter a la Europa cristiana en un proceso profundo y continuo de descristianización. Se han puesto como meta romper, destruir todo vestigio de cristiandad en el viejo continente, porque es el gran obstáculo que tienen estos grupos y organismos para imponer su agenda globalista-mundial del tan llamado Nuevo Orden Mundial. El papa Francisco ya ha dicho en reiteradas ocasiones una verdad que está en nuestras narices: “hoy en día, en estos tiempos modernos, -en este siglo XXI-, la persecución religiosa contra los cristianos es más fuerte que en los primeros tiempos del cristianismo. Hoy en día, hay más mártires por la fe, que en los primeros años del cristianismo”.

  Hay una acción muy marcada por acabar, borrar las raíces cristianas de occidente. Estamos en una guerra espiritual, una guerra entre el bien y el mal. Es el poder mundial que quiere destruir el cristianismo. Hay quienes que, viendo este tétrico panorama, piensan a lo mejor que es difícil, por no decir imposible, que el bien pueda vencer al mal. Hay una realidad que nuestros políticos no quieren ver, o se hacen los desentendidos; que más bien la fomentan, y es esa actitud de colaborar, por sus mezquinos intereses grupales, políticos-partidarios de socavar los cimientos cristianos de nuestros países para dar paso a toda una serie de medidas y de grupos anti cristianos, con sus creencias, costumbres, cultura, y fomentando con ello un multiculturalismo que borra las identidades de los pueblos para querer convertirnos en “ciudadanos del mundo”. Este lenguaje chabacano y manipulador que ya están fomentando y exportando a los demás países desde la sede de este poder global que es la ONU.

  Y es que nuestra fe cristiana, una de las enseñanzas que proclama es “hacer el bien, orar y amar a nuestros enemigos”. Pero es que también este buenismo nos ha llevado a muchos a no ver la realidad. Es decir, muchos de nosotros creemos que los demás, los que no son cristianos y que profesan otra creencia religiosa, son también practicantes de esta enseñanza, ¡y no es cierto! Bien dicen muchos que “los cristianos somos el enemigo perfecto”, ya que, mientras a nosotros nos atacan con bombas y persecuciones de todo tipo, nosotros les respondemos con oraciones; pero no tratan así a otros creyentes religiosos, por ejemplo, los musulmanes. La realidad es que estos grupos quieren y están destruyendo la institución familiar natural fundada en el cristianismo. La cultura occidental-cristiana, está sufriendo un ataque directo al corazón de nuestras tradiciones, cultura, creencias, valores, principios e identidad. Hay un grupo muy específico que se sabe y se le señala que está detrás de toda esta agenda discriminatoria y de persecución contra el occidente cristiano, y son los grupos de izquierdas radicales o marxistas, donde se incluye también la rama feminista de izquierda marxista que, encabezan una lucha sin sentido de una guerra de la mujer contra el hombre. Estos grupos hablan mucho y exigen a los demás que sean tolerantes, pero ellos a su vez no lo son; esta actitud contradice la enseñanza evangélica de “trata a los demás como quieres que te traten a ti”.

  Volviendo a los hechos que mencionamos al principio de este escrito, hay algunos críticos y analistas, sobre todo del ámbito religioso, que han advertido y señalado, -por estos hechos, sobre todo el acto terrorista de Sri Lanka-, que este 2019 será  “el año más sangriento para los cristianos”. El tema del incendio de la catedral de Notre Dame ya hay indicios de que fue un hecho provocado. Hay analistas, expertos en arquitectura que han dicho que esa estructura de la catedral está hecha para resistir esos tipos de siniestros; hay otros que, según las investigaciones, han encontrado el químico que se conoce como “nano termitas”. Apunta todo esto a un plan dirigido por las logias masónicas para convertir la catedral en una especie de museo público o plaza pública, quitándole así todo el significado de lo religioso. Sumémosle a esto más de 1,200 atentados terroristas registrados en Francia en el 2018 contra los  templos cristianos, específicamente contra los católicos. De los atentados terroristas en los templos cristianos en Sri Lanka, la rama radical del ISIS se adjudicó el mismo disque en represalia por el atentado de hace unas semanas atrás en una mezquita en Nueva Zelanda llevado a cabo por un supremacista blanco que asesinó con ametralladora a más de cincuenta fieles musulmanes. ¡Éstos les cobraron a los cristianos aquella barbaridad! Se estima el número de muertos en unos 300 y más de 500 heridos, en un país donde la población cristiana  representa el 7%; entre las víctimas fatales, habían unos niños que estaban celebrando su primera comunión. Esto nos recordó el asesinato del obispo san Arnulfo Romero que fue asesinado mientras presidia la eucaristía. Se resalta de este atroz hecho que, varios líderes mundiales, entre ellos el ex presidente estadounidense Barack Obama y la ex candidata a la presidencia de los EE.UU., la demócrata Hillary Clinton, que se refirieron al hecho lamentando la tragedia de esos “adoradores de pascua”. Es decir, estos líderes políticos ni siquiera se refirieron a estas víctimas como “cristianos”. Por otro lado, el gobierno de Sri Lanka estaba advertido de que había la posibilidad de este atentado terrorista y no hizo absolutamente nada para evitarlo. Se puede decir que fue cómplice de esta matanza. 

  Con este acto terrorista aprendemos que, para ser testigo cristiano no hace falta morir en un espectáculo público; porque el martirio es imitación de Cristo y anticipación del cielo. Definitivamente, estos hermanos mártires son el verdadero rostro de la Iglesia de Cristo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Exhortación Apostólica Christus Vivit


Ha sido publicada la esperada Exhortación Apostólica del papa Francisco Christus Vivit (Vive Cristo). Esta es la cuarta Exhortación del pontificado de Francisco. Recordemos que este documento pontificio, -la Exhortación Apostólica-, es el documento final que el romano pontífice escribe donde recoge o sintetiza las conclusiones de un Sínodo, ya sea solamente de obispos o también de obispos con la participación de laicos, para tratar algún tema de interés pastoral de una iglesia particular o regional, así como de la Iglesia universal. Este documento no es de contenido doctrinal, es decir, no define aspectos de la doctrina eclesial, sino más bien, trata aspectos o elementos en la línea pastoral.

  Pues con este documento que el papa Francisco ha firmado y la Santa Sede publicado, se marcan unos lineamientos a tener en cuenta en lo que respecta al trabajo pastoral con los jóvenes ya que, es el fruto del pasado Sínodo de los jóvenes que se llevó a cabo en la Ciudad del Vaticano en octubre del año pasado. Este documento tiene la particularidad de que en su mayoría de contenido está dirigido a los jóvenes, pero no de manera exclusiva a ellos; sino también a todos los fieles católicos (obispos, presbíteros, diáconos, laicos), y personas de buena voluntad. Otra particularidad que encontramos en el mismo es su extensión: consta de 299 puntos o párrafos y nueve capítulos. Otro aspecto es que fue publicada el pasado 2 de abril, día en que murió el papa san Juan Pablo II y que fue declarado por el papa Francisco como “Patrono de las jornadas mundiales de la juventud”. También recordemos que el documento se titula haciendo uso de las primeras palabras con las que inicia su escritura: “ Vive Cristo”.

  Los capítulos en que está dividido la Exhortación son: 1- ¿Qué dice la palabra de Dios sobre los jóvenes?; 2- Jesucristo siempre joven; 3- Ustedes son el ahora de Dios; 4- El gran anuncio para todos los jóvenes; 5- Caminos de juventud; 6- Jóvenes con raíces; 7- La Pastoral de los jóvenes; 8- La vocación, y 9- El Discernimiento. En este documento, el papa Francisco nos recuerda algunas convicciones de nuestra fe y alienta a crecer en la santidad y en el compromiso de la propia vocación. También explica el Papa que la Iglesia tiene que ser liberada de aquellos que quieren avejentarla, volverla inmóvil. Pero también hay que liberarla de otra tentación: creer que es joven porque cede a todo lo que el mundo le ofrece; creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mimetiza (tomar la apariencia de las cosas o seres de su entorno), con los demás. La Iglesia es joven cuando es ella misma; cuando recibe la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, la Eucaristía, de la presencia de Cristo…de la fuerza de su Espíritu cada día.

  Apoyando lo anterior, el cardenal arzobispo de Colonia, Monseñor Rainer María Woelki dijo: “La Iglesia no necesita reinventarse, sino ser fiel a Cristo y al evangelio”. Esto lo dijo a raíz de todos esos comentarios y afirmaciones que se están dando en muchas personas e incluso en muchos católicos que piden y quieren que la Iglesia cambie su enseñanza moral y sexual, ya que esto parece ser, según el cardenal, consecuencia de no haberla predicado bien. Y advierte también que a pesar de la presión de la sociedad y los medios de comunicación, la Iglesia no puede cambiar sus enseñanzas y contradecir el evangelio. Es aterrador y vergonzoso que cada vez más haya personas que no quieren escuchar el mensaje de salvación, que no pidan los sacramentos, que consideren el evangelio como algo piadoso y el credo como algo poético. Al parecer, los heraldos de la fe han fracasado.

  ¡Jesús vive y te quiere vivo!, les dice el papa a los jóvenes. El papa advierte que, como joven, uno puede pasar la vida distraído; volar sobre la superficie de la vida; adormecido e incapaz de establecer relaciones profundas y de entrar en lo más hondo de la vida. De ese modo prepara un futuro pobre, sin sustancia; o uno puede gastar su juventud para cultivar cosas bellas y grandes y así preparar un futuro lleno de riqueza interior. Necesitamos proyectos que fortalezcan a los jóvenes, los acompañen y los lancen al encuentro con los demás, al servicio generoso, a la misión. Jesús es la verdadera juventud de un mundo envejecido y también es la juventud de un universo que espera con “dolores de parto” ser revestido con su luz y con su vida.

  Otro aspecto que el papa subraya es que ser joven, más que una edad, es un estado del corazón. Los miembros de la Iglesia no tenemos que ser “bichos raros”. Todos tenemos que sentirnos hermanos y cercanos como los Apóstoles. Pero al mismo tiempo tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece; a testimoniar la belleza de la generosidad, del servicio, de la pureza, del perdón, fidelidad a la propia vocación, la oración, lucha por la justicia y el bien común, amor a los pobres, etc.

  Con estas palabras no queremos ni pretendemos evitar la lectura de este documento apostólico; más bien lo que queremos es provocar todo lo contrario: que nos motivemos a leer sus páginas de una manera atenta, sin prisa, con paciencia, porque su contenido es muy rico para seguir creciendo y fortaleciendo nuestra fe y fidelidad a Cristo y su evangelio, y también nuestra pertenencia a su Iglesia.

 

martes, 16 de abril de 2019

“Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? (Lc 18,8)


Hoy, martes santo, nosotros los católicos nos encontramos llorando de la tristeza y pesar el que ha provocado enterarnos de que, uno de los templos más emblemáticos de nuestra cristiandad católica, la Catedral de Notre Dame en Paris, fue objeto de un incendio que, si no destruyó por completo este templo, si hizo un gran y terrible daño a su estructura que tomará un largo tiempo su completa restauración.

  Este desastroso siniestro, tenemos que verlo o comentarlo desde una postura lo más objetivamente posible. A causa de esto, no han dejado de salir a la palestra pública, sobretodo de las redes sociales, los comentarios desagradables, juiciosos, cristianófobos, catolifóbicos, burlescos, y todo lo que se le quiera añadir. Se ha aprovechado este siniestro para que grupos y personas en particular, sobre todo anti católicos, manifiesten su odio, su intolerancia, que no es más que fruto de su misma ignorancia ante este lamentable acontecimiento. Lo cierto es que, si una persona es atea, agnóstica, gnóstico, creyente no católico o creyente de otra religión; no puede negar el valor histórico, artístico y cultural que tiene esta joya de la arquitectura para la humanidad. Yo no me imagino ni caería en la ignorancia o estupidez de desear que las pirámides de Egipto, el Taj Majal de la India, la imagen de Buda, etc…, sean destruidos por cualquier evento, y que eso me provoque alegría y burla. Soy consciente del valor histórico, arquitectónico y cultural de los mismos para la humanidad. Además, si tuviera la oportunidad de visitar esos lugares sagrados y especiales para tanta gente, lo haría sin pensarlo dos veces, ya que provocaría en mi interior una satisfacción inenarrable poder contemplar su majestuosidad e historicidad.

  Pero vamos al comentario. Aclaro que esto es solo un comentario; no pretendo abarcar todas las circunstancias para ello. El mismo puede y debe ser enriquecido con otras opiniones. De lo que se trata es de aportar; no de condenar ni burlarse ni alegrarse ni de manifestar el odio por la religión ni el catolicismo. Lo primero que hay que decir es que en Francia desde hace mucho tiempo, -sobre todo desde la Revolución Francesa con su trípode de fraternidad, igualdad y libertad-, viene siendo sometida a un proceso de secularización y un mal entendimiento de una laicización que está afectando en su mayoría a la cristiandad, sobretodo la fe católica. Ahí están las situaciones, los hechos trágicos que dejó la Revolución Francesa. Francia se ha convertido en el bastión del secularismo y laicismo europeo, y desde ahí viene propagándose a todo el continente. Desde hace unos años atrás se ha venido recrudeciendo la persecución e intolerancia religiosa cristiana católica de muchas maneras. En Paris se vienen quemando, destruyendo y profanando templos, imágenes, monumentos católicos por estos grupos radicales marxistas izquierdistas, intolerantes, (remito al medio informativo INFOBAE, en su artículo titulado “Una serie de ataques a Iglesias en Francia siembra dudas sobre el incendio de Notre Dame: ¿fue provocado o accidental?”). La misma catedral de Notre Dame fue objeto de un atacante radical islamita del ISIS que en el 2018 intentó entrar a la misma con un bulto de explosivos para detonarlos en su interior, hirió a uno de los policías que cuidan la catedral, pero fue detenido.  Francia fue uno de los bastiones del cristianismo católico. Sin embargo, hoy en día viene sufriendo, -causa de la laicización y secularización-, un proceso de  descristianización. Esto es fruto también del tema de la migración, sobre todo islámica, que viene asumiendo desde hace tiempo y que tiene su contribución al mismo fenómeno. Se sabe que las mujeres musulmanas tiene entre seis y ocho hijos, mientras que las cristianas solo uno o dos y, en muchos de los casos, ninguno.

  Por otro lado, cuando se dan estos acontecimientos o casos desastrosos, siempre surgen aquellos que se creen expertos en la materia a dar sus opiniones como algo verdadero. Me refiero a que, ninguno de nosotros estuvimos ni estamos en el lugar para saber a ciencia cierta la (s) causa (s) del siniestro. Se han oído que ese incendio pudo haber sido provocado o accidental. La catedral ha sido sometida a un proceso de restauración desde hace un par de años y los informes preliminares que se tienen de los encargados es que, pudo haber sido causa de un accidente en algún tramo que se está usando para la misma; hay otros que dicen que puede haber indicios de que fuera provocado, etc. Lo cierto es que no se sabe la causa o causas; habrá que esperar los resultados de la investigación, que tomará su tiempo largo. Ciertamente que las autoridades tendrán que dar una respuesta que sea convincente.

  En la catedral se guardan algunas reliquias de la cristiandad, como es la corona de espinas de nuestro Señor Jesucristo, uno de los clavos de su crucifixión, un trozo de la cruz, etc. Son reliquias de gran importancia, no sólo y nada más de valor histórico, sino sobre todo de valor religioso y de fe. Según el rector de la catedral, ha dicho que la corona de espinas de nuestro Señor Jesucristo y la túnica de san Luis, rey de Francia, están intactas, así como el trozo de madera de la cruz. El párroco de la catedral ha dicho que se salvaron los sacramentales. Habrá que esperar el reporte final de los daños y de lo que no fue afectado.

  Por otro lado, el presidente Macron ha dicho que se encargarán de restaurar la catedral junto a los demás franceses. Yo en lo personal no estoy muy convencido de que así vaya a ser, puesto que me parece un discurso que es más bien de “pose”. La masonería es la que domina en en Francia, y se sabe que el presidente pertenece a ella. Otro factor es que el costo que se lleva su restauración ciertamente es muy elevado y no creo que el gobierno haga esa inversión. Tendrán que venir inversiones de fuera, de otras instituciones y personas físicas (A propósito de esto, ya se ha publicado que el esposo de una famosa actriz mexicana, ha ofrecido la donación de cien millones de euros para la restauración de la catedral; así como la familia del multimillonario francés Bernard Arnault, que donara 200 millones de euros, y otras más que se están anunciando).

  Este desastroso siniestro ha provocado y llevado a muchos parisinos a una manifestación de fe, publicitados por las redes sociales, con el rezo del santo rosario y otras oraciones. Ha sido un hecho que, entre lo malo, ha despertado el fervor religioso de muchos católicos. El catolicismo en Francia viene sufriendo una debacle profunda, en la que muchos católicos ya no practican la fe; otros no les interesa practicar ni escuchar la doctrina católica; otros son indiferentes y llevan una práctica religiosa y católica a su manera y licenciosa, etc. ¿Se puede interpretar este siniestro de la Catedral de Notre Dame como una señal de lo mal que están los cristianaos católicos o el catolicismo en Francia y en Europa? Cristo prometió que su Iglesia no iba a ser derrumbada por ningún poder. Pero esa promesa ciertamente no se refería a los templos ni a ningún grupo cristiano en particular ni comunidad religiosa; sino a su pueblo santo, su cuerpo místico. Una cosa es el templo, el edificio; pero otra es su pueblo santo, su cuerpo místico, del cual Él es la cabeza. ¿Será este siniestro una señal de que hay que restaurar, reforzar, profundizar la fe y volver a ser luz en medio de tanta oscuridad? En tiempo de Jesús, los judíos se admiraban de la majestuosidad del templo y sus exvotos, y sin embargo de ello no quedo nada más que un muro; de esta catedral majestuosa, impresionante, casi destrozada por el fuego, ¿qué nos queda? No quiero que se entienda el que no valore en su justa dimensión lo que significa para nuestra fe este Catedral. Soy muy consciente de ello, y me uno a la expresión del Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el Cardenal Ravasi, que dijo: “Las grandes Catedrales son cuerpos vivientes”.

  Creo que es el momento de hacer una mirada retrospectiva e interna a nuestra fe y práctica religiosa. Nuestra fe tiene que seguir creciendo y fortaleciéndose día a día. El fuego que debe de arder en nuestros corazones es el del Espíritu Santo, y llevarlo a que ilumine nuestra sociedad alejada cada vez más de Cristo. La Iglesia de Cristo no arde en el infierno; tiene que arder en este mundo para que el mudo encuentre la luz que le guía a cumplir la voluntad de Dios. Nuestro Señor Jesucristo espera a su regreso encontrar fe en sus seguidores. Él ha rogado y sigue rogando por nosotros para que nuestra fe no desfallezca, y así podamos confirmar a los demás hermanos en ella.



Bendiciones.

martes, 9 de abril de 2019

Concluyó el Encuentro de los obispos en el Vaticano: ¿Ahora qué?


En los días del 21 al 24 de febrero pasado, el Papa Francisco convocó a la ciudad del Vaticano a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo para lo que se llamó “Encuentro sobre protección de menores”; pero que otros llamaron el pequeño “Sínodo de obispos sobre los abusos de menores por parte de sacerdotes”. También es bueno señalar que en el mismo hubo la participación de laicos, religiosos y religiosas que, desde su profesión y apostolado compartieron su visión de este problema dando luz y cómo luchar juntos ante este flagelo moral. Creemos que no importa tanto el nombre con el que se quiera identificar esta convocatoria del Papa, sino más bien lo que importa fue el tema tratado sobre esta “lacra o cáncer” que está haciendo mucho daño y destrozando interiormente vidas de personas y también a la familia de Cristo, su Iglesia.

  Han sido muchos los comentarios que esta reunión del Papa con los obispos concitó desde su convocatoria, desarrollo y resultado. Creemos que tendremos que ver la misma lo más objetivamente posible y con la sincera intención de ser honestos a la hora de analizar sus resultados. Esa cumbre no pretendía jamás proporcionar la solución definitiva a tan nefasto y desastroso problema. Se pretendía buscar juntos, -con sinceridad, humildad, docilidad y obediencia-; métodos, posibles acciones a tomar en cuenta para enfrentar y luchar contra este flagelo. Tenemos el conocimiento de que el Papa, al comienzo de la reunión, entregó a cada asistente una lista de 21 puntos de reflexión sobre este problema. Dijo el Papa: “Estos puntos son una línea orientativa para ayudar a nuestra reflexión; son un punto sencillo de partida, que viene de ustedes y vuelve a ustedes, y que no quita la creatividad que debe tener este encuentro… son una forma de compromiso, una hoja de ruta para el debate, son puntos muy concretos y hay que tomarlos en atenta consideración, de forma muy seria”.

  Y ciertamente, estos puntos no son los únicos existentes, sino que vienen siendo un punto de partida, pero no un punto de llegada. Los obispos han puesto su disposición en el tema, pero han dejado que el Espíritu Santo sople sobre ellos. Ha sido una actitud de sinceridad y humildad de nuestros obispos ya que han tenido que seguir reconociendo las fallas, descuidos y hasta complicidad que han asumido en muchos de los casos de los abusos a menores por no haber sabido enfrentarlos con coraje, entereza y justicia, sobre todo para las víctimas. Pero es de sabios reconocer los propios fallos y pedir perdón.

  Fueron muchos los aportes que surgieron en este encuentro, tanto de los mismos obispos como de los laicos y religiosos que participaron. Hubo motivaciones para que jamás se calle o tape  ningún caso de acusación de un sacerdote que abuse de un menor; se instó encarecidamente a los obispos a que colaboren totalmente con las autoridades civiles; el manejar con transparencia estos casos, etc. Por parte del Papa hubo un reconocimiento de tomar conciencia de la responsabilidad de la Iglesia e hizo nuevamente un llamado para seguir luchando contra el abuso de menores; los obispos reconocieron su responsabilidad en el mal manejo de la situación, y Monseñor Scicluna afirmó que una persona peligrosa para los menores no puede ejercer el ministerio sacerdotal.

  La eficacia de las propuestas-conclusivas en este encuentro, habrá que esperar sus resultados a un largo plazo. Cada Conferencia Episcopal, así como cada obispo en su diócesis, tendrá que poner en práctica y seguir buscando formas, medios y maneras de cómo prevenir estos abusos y, los que ya se hayan dado, denunciarlos y colaborar con la autoridad civil para lograr la justicia a las víctimas. También es bueno tener en cuenta de que al sacerdote no se le va a dejar solo o a abandonar a su suerte. La iglesia es madre de todos, -tanto de las víctimas como de los victimarios-; hay que estar atentos también para enfrentar las falsas denuncias, que se han dado y han hecho mucho daño. La Santa Sede ha comunicado que en los próximos meses, el Papa escribirá un documento fruto de ese encuentro para que sea objeto de estudio y aplicación por los obispos diocesanos en conjunto con toda la iglesia y ayudados por laicos expertos en la materia. Hay que luchar por recuperar y volver a la santidad. Es verdad que en la Iglesia de Cristo, el humo de satanás está metido; hay mucha oscuridad en la Iglesia de Cristo; hay mucha práctica de vida cristiana, espiritual y moral licenciosa en la Iglesia de Cristo por muchos de sus hijos; para muchos ya nada es pecado, todo se vale; ya lo dice el apóstol san Pedro: “Sean sobrios, estén despiertos, porque su enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resístanles firmes en la fe”.

  El reto de que esta situación cambie es responsabilidad de toda la Iglesia, de todos los bautizados en Cristo. Somos todos los bautizados que tenemos que luchar por recuperar la santidad a la que fuimos llamados por el mismo Cristo: “Sean santos, como su Padre celestial es santo”; así como recuperar la práctica de una vida virtuosa. Si queremos seguir caminando en dirección al cielo, a la casa del Padre, debemos de permanecer en el camino correcto, el único camino que nos lleva al Padre y entrar por la puerta que nos da acceso al Padre: Su Hijo Jesucristo.

martes, 12 de marzo de 2019

Llega nuestra Feria del Libro Católico


“Todo esto es el libro de la vida, que es el testamento del Altísimo y el conocimiento de la verdad” (Eclo 24,32).

 

  Arribamos en este año a la celebración de la Feria del Libro Católico en su edición número XXX. Treinta años compartiendo con nuestra gente de todos  los estratos sociales y de fe, -gente de buena voluntad, -esta manera de seguir cumpliendo el mandato de Nuestro Señor Jesucristo, de proclamar su mensaje del evangelio, su buena noticia de salvación para todos nosotros. Treinta años que se dicen rápido, pero que han sido todo un camino de experiencias en su mayoría positivas y de muchas satisfacciones para la gloria de Dios y fortaleza de nuestra fe, de nuestro movimiento de cursillos y compromiso eclesial.

  Esta Feria del Libro Católico nació como una inquietud de un grupo de hermanos en la fe y dirigentes apostólicos de nuestro movimiento de cursillos como una manera de promover y fomentar la lectura de la Palabra de Dios; esa Palabra que nos da la vida en abundancia, nos comunica la misma Gracia de Dios revelada en su Hijo Jesucristo. El mismo Jesús dijo que sus palabras son palabras de vida; que el que no quiera creer que es el enviado de Dios no habría ningún problema, pero que sí creyéramos a sus palabras. Pero también nos enseñó que todo el que escucha sus palabras y las pone en práctica, ese sería su hermano, su hermana y su madre. Pues todo esto es lo que en estos treinta años hemos querido seguir transmitiendo con este evento eclesial y familiar de crecimiento y profundización de la Palabra de Dios.

  Para este año, hemos querido tener en cuenta y hacer coincidir el lema de nuestra Feria del Libro Católico con el lema pastoral de este año de nuestra Iglesia Católica en nuestro país cuyo lema es “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11,28). Y es que tenemos que seguir siendo una Iglesia que testimonia, proclama, celebra su fe  en Jesucristo, integrado en familias que contribuyamos a la vivencia de los valores cristianos en todos los creyentes y personas de buena voluntad, para así seguir haciendo visible el Reino de Dios en nuestra sociedad. La Palabra de Dios tiene que seguir edificándonos no sólo como Iglesia de Cristo, sino también como sociedad, puesto que nuestro fundamento esta cimentado sobre el mensaje del evangelio; nuestra identidad está cimentada sobre el libro de la vida, la Biblia; una sociedad que debemos estar en la constante búsqueda de la verdad de Dios para que seamos una nación verdaderamente libre.

  Acercarnos al libro de la vida, a la Biblia, es acercarnos a una persona; es tener un encuentro con una persona que está viva y nos habla. El libro de la vida no es solo y nada más un libro más que contiene unas letras con un mensaje bonito. Es sobre todo, encontrarnos con una persona, con la persona de Cristo, -el Hijo de Dios, el que nos ha revelado la verdadera imagen de Dios Padre-, para que nuestra vida sea iluminada de una manera diferente, para que así seamos al mismo tiempo, luz para todos los que nos rodean; ser luz en nuestra Iglesia, en nuestras familias, en nuestra sociedad. La vida que nos comunica el Hijo de Dios por medio de su Palabra es la misma vida que debemos de testimoniar a todos para que puedan llegar a contemplar la viva imagen de Dios ya desde ahora: “porque ahora vemos de una manera confusa, pero después lo podremos contemplar tal cual es”.

  Esta nuestra Feria del libro Católico es una oportunidad más de renovar nuestro encuentro con Cristo y SU Iglesia, ¡que es nuestra Iglesia! Es una ocasión para encontrarnos como familia de fe, en un ambiente de fraternidad eclesial y testimonial, puesto que será el mismo Cristo que estará acompañándonos todos esos días, ya que, Él estará en medio de nosotros porque nos reuniremos en su nombre para compartir tantas experiencias y vivencias por medio de los conciertos que se han preparado para alabar y bendecir a Dios por medio del canto; como lo dijo san Agustín: “El que canta ora dos veces”; las charlas de predicadores conocidos por nosotros, que son instrumentos de Dios para comunicarnos su buena noticia; las ponencias o presentación de libros por sus autores donde nos transmitirán parte de su vivencia de fe por medio de la palabra escrita; las actividades para compartir en familia, con los niños y jóvenes; las ventas de libros, la celebración de las eucaristías que serán espacios para fortaleza de nuestra fe en la escucha asidua de la Palabra de Dios y recibimiento de su Cuerpo sacramental; y no podemos dejar de mencionar el compartir los alimentos que se estarán ofreciendo durante el evento que debe de ser también un espacio de compartir el pan material como signo del Reino de Dios.

  Preparémonos para participar de este evento de nuestra Iglesia Católica en nuestra Arquidiócesis. En ella tendremos como invitada especial a la Diócesis de la Vega, que es una de las primeras que se fundó en nuestro país. ¡La Feria del Libro Católico es de todos! Es una celebración comunitaria y fraterna. ¡Aprovechemos este espacio de Encuentro con la Palabra de Dios, que es viva y eficaz! Acojamos la Palabra de Dios que viene a nosotros nueva vez y dejémonos transformar por ella, para que en medio de nuestra sociedad seamos luz que ilumine la oscuridad.

martes, 12 de febrero de 2019

Vio Jesús a un hombre llamado Mateo… y le dijo: Sígueme.


En el evangelio de san Mateo, leemos en el capítulo 9, 9-13, cuando Jesús se acerca a este “publicano” (pecador público), que está sentado en la mesa del cobro de los impuestos, y sin iniciar ningún diálogo le dirige una sola palabra: sígueme. Hemos de imaginarnos que Mateo quizá nunca había visto al Maestro en persona hasta ese momento; quizá sí oyó hablar de un tal Jesús que hacía milagros y que hablaba como ningún otro maestro, etc. Pero ya se le presenta la ocasión de conocerlo y tenerlo cara a cara. El mismo pasaje del evangelio nos dice que este hombre era un publicano cobrador de impuestos. Pero, ¿cobrar los impuestos es malo? No. Lo que sí es malo es cobrar lo injusto para después embolsillarse una buena parte; además, éste estaba al servicio del Imperio Romano, del Emperador, peor todavía. Entonces era señalado como un pecador público.

  Pensemos en las posturas que asumen tanto Jesús como Mateo. Primero, dice el pasaje evangélico que Mateo estaba “sentado” a la mesa de recaudación de los impuestos. Esa postura de estar sentado nos hace pensar que es la misma postura que asumimos nosotros de comodidad con respecto al pecado: mucha gente le gusta estarse revolcando como los cerdos en el lodo mal oliente, putrefacción, etc.; gente que se goza nadando en las aguas turbias; vigilando lo propio, lo suyo, sus pertenencias para que nadie se las toque, pero ellos sí tocan las de los demás y con la intención de despojarlos de las mismas, aun sabiendo que es injusto. Diciéndolo de una manera llana sería el “no cojo corte con lo mío, pero sí corto lo de los demás”. Jesús llega a él en ese momento y lo mira con una mirada fija, penetrante y de misericordia. Le dirige una palabra “sígueme”. Hay que pensar no tanto en la palabra que Jesús le dijo a Mateo, sino más bien es pensar y reflexionar en cómo Jesús le dijo esa palabra; a lo mejor se la dijo de una manera que caló en lo más profundo del corazón de este hombre que se sintió impulsado a dejarlo todo y aceptar la invitación a seguirlo. Jesús conoce muy bien la situación de aquel hombre, pero no le importa; lo llama a seguirle.

  Sigue narrando el pasaje evangélico que Mateo “se levanta y dejándolo todo, lo sigue”. Se levanta de aquello que significa esa mesa y oficio. Ya Jesús en una ocasión nos dirá que todo aquel que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que la pierda por Él y por evangelio, la encontrará. Esto fue lo que sucedió en Mateo: abandonó sus seguridades y las puso en Jesús. Así nos pasa a muchos de nosotros: queremos seguir al Señor, pero con nuestras seguridades; con nuestras cosas agarradas. Recordemos el pasaje del evangelio de san Juan del joven rico que le preguntó al Señor qué tenía que hacer para ganarse la vida eterna, el Señor le contestó que vendiera todas sus posesiones, la compartiera con los pobres y luego lo siguiera; pero aquel joven no quiso aceptar la invitación del Señor porque estaba muy aferrado a sus posesiones. No era él el que poseía las cosas; más bien, eran las cosas las que lo que lo poseían a él.

  El novelista inglés Aldous Huxley, en su novela Un mundo feliz, nos dice: “si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y esfuérzate por comportarte mejor la próxima vez. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse”. Y es que nosotros también debemos de aprender a levantarnos del fango de nuestro pecado, para que, escuchando el llamado del Señor, aprendamos a dejarlo todo para seguirlo. Abandonar nuestras seguridades para asegurarnos en lo que nos da el Señor, porque es que el Señor es nuestro verdadero tesoro; es el tesoro que nada ni nadie puede robar ni destruir. Pues Mateo así empezó a acumular su tesoro en el cielo.

  La otra idea importante que nos dice este pasaje evangélico, es que Jesús, -como respuesta a los fariseos que lo criticaban por esta acción de juntarse y comer con publicanos y pecadores-, les dice que son los enfermos los que necesitan al médico, no los sanos. Bueno, pues es que nosotros estamos enfermos por la enfermedad del pecado, y Jesús es nuestra sanación. Fue la sanación de Mateo y tantos otros enfermos del pecado. Mateo, al escuchar el llamado del Señor, levantarse, dejarlo todo y seguirle, empezó a sanar. Lo mismo nosotros: hemos recibido un llamado del Señor a seguirle, pero es un llamado que exige nuestra respuesta personal y, al igual que Mateo, encontrar en Jesús aquel que nos puede y de hecho nos sana de la enfermedad de nuestro pecado. Mateo empezó así su cambio de vida, su proceso, camino de conversión. Mateo encontró su lugar en la comunidad cristiana, como lo podemos y encontramos cada uno de nosotros, porque Dios ama al pecador, pero rechaza el pecado; ama al enfermo, pero sana de la enfermedad del pecado.

  Los sacrificios que cada uno de nosotros hagamos tienen que ir acompañados del amor que nace de un corazón bueno, pues la caridad ha de informar toda la actividad del cristiano, y de modo particular, el culto a Dios.