viernes, 2 de agosto de 2024

Rebelión contra el orden divino

 

Entre los males que arropan a la Iglesia y la humanidad hoy en día podemos señalar este que va en contra del orden divino y que se viene desarrollando como una rebelión. Ya el Señor Jesús había dicho que “el que no está con él, está contra él. El que no cosecha con él, desparrama”. Pues esto es en lo que ha venido caminando gran parte de la Iglesia y la humanidad hoy. Se han convertido en unas desparramadoras de los bienes sobrenaturales y de la vida divina; no están produciendo los buenos y abundantes frutos que el Señor espera recoger de la vendimia.

  Esta rebelión se ha matizado más en el total rechazo y cambio de la enseñanza moral que encontramos en el evangelio y en la doctrina moral católica, sobre todo. Estamos asistiendo, desde hace un tiempo atrás, a la rebelión que se ha hecho presente y ha estallado dentro de la Iglesia de Cristo. Muchos de sus miembros, - jerarcas y fieles laicos, así como varias instituciones católicas -, han tomado el camino equivocado y se han apartado de Dios y de su enseñanza, para asumir como norma de vida sus propios criterios. Ya el Señor nos había profetizado desde hace siglos lo que nos sucedería si no nos apartábamos de su camino y enseñanza: “Esto dice el Señor: esta es la orden que di a mi pueblo: Escuchen mi voz, y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré, para que les vaya bien. Pero ellos no escucharon ni prestaron oído. Caminaron según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, y en vez de darme la cara, me dieron la espalda, desde que sus padres salieron del país de Egipto hasta hoy” (Jer 7,23-25).

  Vemos aquí cómo el Señor Dios nos marca y señala el camino para que nosotros, si queremos prosperar correctamente, tengamos vida. El Señor siempre ha dejado claro que es el Dios de la vida; y su Hijo Jesucristo lo ratificó y selló con su evangelio: “Dios es el Dios de la vida; es Dios de vivos, no de muertos; él vino para que tengamos vida en abundancia”. Pero, cuando el hombre se aparta de este camino y enseñanza, pues el otro camino que le queda es el contrario, el camino del pecado, es decir, la mentira, la oscuridad y la muerte.

  La grave crisis de la Iglesia hoy, y de Gran parte de la humanidad, es que han abandonado su relación con Dios para establecer solamente la relación entre los seres humanos, renunciando así al sentido trascendente de su existencia, para construirse un paraíso terrenal sin relación con Dios ni nada que se le parezca; han dejado de escuchar la voz del Señor, de su Dios, para escuchar su propia voz. De esta manera han renunciado a ser el pueblo de Dios, su pueblo santo, para irse a entregar a sus dioses de barro. Le han dado la espalda a Dios; su corazón es obstinado y cerrado, y así le han negado la entrada a Dios y sus bendiciones. Así entonces, esta parte de la Iglesia y de la humanidad van caminando hacia su perdición, hacia su muerte. Todo esto es consecuencia del pecado.

  Esto es lo que se viene profundizando en la actualidad; y en la Iglesia por igual. Muchos de los miembros de la Iglesia, - jerarcas y fieles creyentes -, se han apartado del camino de Dios, de su palabra, de su enseñanza, para recorrer su propio camino con su propia enseñanza. Promoviendo estilos de vida contrarios a los valores cristianos, redefiniendo las instituciones del matrimonio, la familia y el aumento del relativismo moral, donde la verdad es vista como subjetiva y variable; la sustitución de los mandamientos de Dios por los mandamientos del hombre; la predicación de la llamada “agenda verde” del ecologismo, el cuidado de la tierra o la pacha mama, migración, indigenismo, multiculturalismo, etc., en vez de predicar el evangelio de Cristo. Se viene normalizando el pecado y la rebelión contra Dios. Esto provoca la apostasía y el alejamiento de la fe, y así hace su entrada triunfal el reinado del anticristo.

  Nuestra dependencia debe estar cimentada en Dios, y no en los deseos humanos. No caigamos ni fomentemos la normalización del pecado. Ya nos dijo el mismo Señor Jesucristo que es al pecado que debemos tenerle miedo porque este lo que busca y quiere es nuestra perdición y muerte. Pero fuimos creados por Dios para la vida.

  Busquemos esa vida ahora más que nunca en la medida en que escuchamos la palabra de Dios y nos esforzamos en ponerla en práctica. Así seremos luz para este mundo que camina en las tinieblas, la mentira y la muerte.

martes, 11 de junio de 2024

Luchemos contra la división

 

Reza el dicho popular “divide y vencerás”. Si aplicamos este dicho a nuestra realidad eclesial, vemos que es exactamente lo que hemos venido viviendo desde hace un tiempo atrás y que se viene profundizando cada vez más.

  El Señor Jesús, en varias ocasiones, pidió al Padre por la unidad de los suyos: “Y la gloria que tú me diste, yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos uno”, leemos en el evangelio de san Juan. Pero, esta unidad es, - y así nos lo enseña nuestra Iglesia -, un don y una tarea al mismo tiempo. Es un don, porque viene de Dios; Dios es el que ha tomado la iniciativa, ha dado el primer paso para que esta unidad pueda ser posible; y además nos ha dado y revelado la manera por excelencia de cómo podemos ir logrando esta unidad. Y también es una tarea que nos corresponde a nosotros, sus hijos, irla resolviendo. Pero esta tarea no se resuelve de un día para otro, ni en una semana, ni en un mes, ni en un año, etc. Esta tarea se va resolviendo en el día a día de nuestro caminar eclesial.

  Así se va edificando, construyendo la Iglesia de Cristo. Esta Iglesia todavía no termina de construirse. Se ha venido construyendo en el tiempo, y dicha construcción terminará cuando Su Señor regrese, como lo prometió. Cristo es el arquitecto jefe de este proyecto y nosotros somos los obreros que debemos asumir la parte que a cada uno nos corresponde en esta construcción.

  Esta construcción debe ser edificada sobre la roca firme, la piedra angular de la persona y palabra de Cristo: “El que escucha mis palabras y las pone en práctica, es como el hombre prudente que edifica su casa sobre roca firme”; y también: “Yo soy la piedra angular”. No hay otro cimiento en el que debamos edificarnos como creyentes y como Iglesia.

  Pero, esta construcción se ha visto afectada, desde el principio, por la sombra de la división. Si Cristo quiere la unión de su familia, su enemigo es el que quiere y busca que esto no sea posible propiciando y sembrando la división entre los suyos. La división busca el debilitamiento y este busca la destrucción. El diablo siempre ha querido la destrucción de la Iglesia de Cristo, de su familia espiritual. Pero esto no será posible porque el mismo Cristo prometió que no lo permitiría. Claro que esto no quiere decir que, en la Iglesia no esté presente este mal. Recordemos que, en el grupo de los Doce, ya el fantasma de la división se hizo presente y el Maestro tuvo que detener y reprenderlos para que no fuera así: “Saben que los que gobiernan las naciones las oprimen y los poderosos las avasallan. No tiene que ser así entre ustedes; al contrario: quien entre ustedes quiera llegar a ser grande, que sea su servidor…” (Mt 20,25-27).

  Esta unidad querida por Cristo para su Iglesia está fundamenta en la Verdad de Dios, que es Su Hijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”; y también: “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. No podemos edificarnos como Iglesia en la verdad de cada uno. La Verdad de Cristo es la que nos unifica, une y fortalece. En él está garantizado nuestro triunfo, si permanecemos fieles a su palabra: “Todo el que persevere hasta el final, se salvará”.

  Dentro de la Iglesia de Cristo siempre ha habido desacuerdos y diferentes pareceres. Pero esto no quiere decir que tengamos que imponer a los demás los mismos. Debemos buscar la unidad edificándonos en la Verdad con nuestras diferentes maneras de pensar y ver las cosas. Dios quiere nuestra unidad, no nuestra uniformidad. No podemos pensar todos igualmente. Esta es parte de la riqueza de ser humano. En una familia, sus miembros no piensan todos iguales, pero eso no les impide que busquen y propicien la unidad que les da fortaleza para mantenerse unidos y poder perseverar para lograr alcanzar la meta que se propongan.

  Nosotros, los cristianos, nos hemos propuesto llegar a estar en la presencia de Dios, pero debemos hacerlo juntos, unidos como él lo ha querido desde el principio. Dios es nuestro fin último, por consiguiente, el fin de la Iglesia es sobrenatural: la gloria de Dios y la salvación de las almas.

  Pues ante el dicho popular del “divide y vencerás”, contrapongamos el dicho “¡los cristianos, unidos, jamás seremos vencidos!”.

jueves, 16 de mayo de 2024

NO a la firma del Tratado de la OMS sobre Pandemias

 

  Desde hace unos años atrás, - específicamente desde mayo del 2021-, cuando estaba el mundo en el auge de aquella nefasta y planeada pandemia del covid y que decretó la emergencia sanitaria mundial, se ha venido trabajando en la sede de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, el acuerdo de Prevención, Preparación y Respuesta ante una Pandemia, mejor conocido como Tratado de la OMS sobre Pandemias.

  Se ha elaborado un documento borrador para que los países miembros lo trabajen y le den la forma final a dicho documento. Pero, este Tratado pandémico se ha venido denunciando por diferentes países como una especie de “caramelo envenenado”, por lo que en realidad quieren estos burócratas implementar o imponer en las naciones a nivel mundial. La firma de este Tratado está para llevarse a cabo a finales de este mes de mayo y ya son varios los países miembros que han manifestado que no firmarán dicho documento ya que, lo que está detrás de dicho Tratado es, - como han denunciado -, cederle a este organismo mundial la soberanía de los estados en materia de salud.

  Países que han manifestado su negativa a firmar este Tratado son: Italia, que ha afirmado que, ante las muertes súbitas provocadas por las vacunas del covid en el país europeo, la primera ministra Giorgia Meloni, ha dicho que no lo firmará; el Reino Unido (Inglaterra) también ha anunciado que no firmará el Tratado alegando que el mismo socaba su soberanía en materia de salud y entregaría muchos recursos a otros países. Según el borrador que se ha venido trabajando, este plantea que cada país miembro debe ceder el 20% de los productos sanitarios relacionados con la pandemia a otros países y se les impediría almacenar suministros. Esto incluiría terapias, enfermedades pélvicas inflamatorias y vacunas. Tenemos que un grupo de diputados argentinos, presentaron un proyecto de declaración para instar al gobierno a que no firme ese Tratado, expresando “preocupación y rechazo ante la probable existencia de una eventual suscripción a un acuerdo pandémico en el marco de la OMS, y ante la modificación del reglamento sanitario internacional. Restringiendo y reemplazando la soberanía de la República Argentina afectando no solamente la salud en un sentido amplio, sino que, además atentaría contra la libertad y propiedad de los ciudadanos de nuestro país”. El documento deja claro que es el estado argentino quien ejerce sus potestades y atribuciones conferidos por la constitución, a través de su gobierno federal.

  Otro país que ha manifestado su negativa a firmar este Tratado sobre pandemia es Estados Unidos de Norteamérica que, un gran número de congresistas republicanos han instado al presidente Biden a que no firme dicho Tratado por las mismas razones ya expuestas. Otros países que han expresado su negativa o reserva para la firma son Rusia, China, Suiza, Francia, España, Sudáfrica, Indonesia, Corea del Sur, Eslovaquia, Eslovenia, Nueva Zelanda y otros.

 

Como nota trágica, a la hora de escribir este artículo, se confirma la noticia de que, el día de ayer (15/5), el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, sufrió un atentado contra su vida, pero ya está fuera de peligro. Este ministro es cercano a Orban y Trump, y había ordenado una investigación sobre la vacuna contra el covid en su país. Dijo que “las vacunas han violado los derechos humanos de las personas, y que la OMS no puede tener más poder”.

 

  Como podemos ver, lo cierto es que, si estos países han dado la voz de alarma para no firmar este Tratado pandémico, es porque algo turbio se está manejando por debajo. Esto no lo podemos ver como algo fortuito o simplemente como llevar la contraria. Es ya muy importante que países del llamado primer mundo figuren entre los no firmantes.

  Hablar de la OMS es mirar directamente hacia la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La ONU hace tiempo que dejó de ser fiel a lo que le dio origen el siglo pasado. La ONU es la sede de lo que se ha llamado Gobierno Mundial, que ya tiene sus ministerios mundiales, como son: el ministerio mundial de salud (OMS), ministerio mundial del trabajo (OIT), ministerio mundial de desarrollo (PNUD), ministerio mundial de justicia (CPI), ministerio mundial de agricultura (FAO), ministerio mundial del transporte (OMT), ministerio mundial del comercio (OMC), ministerio mundial de educación, ciencia y  cultura (UNESCO), ministerio mundial de la mujer (ONU-mujeres), ministerio mundial para la niñez (UNICEF), etc. Y todos estos ministerios mundiales tienen sus respectivos satélite u ONGs que están presentes en todo el mundo. Están también el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc. Estos son los que prestan los dineros a los países para sus programas sociales y de desarrollo. País que se niega a aceptar sus proposiciones, - que más bien son mandatos e imposiciones -, pues no podrán acceder a estos préstamos onerosos, que es el método de cómo mantienen a los países arrodillados.

  ahora ¿qué implica para las naciones la aprobación e implementación de este Tratado sobre Pandemia? ¿Qué dice su contenido? Pues según el borrador que se viene trabajando, en materia de salud implica para los estados miembros incluir el aborto como un derecho fundamental de salud en sus documentos, incluida la guía de atención al aborto de 2022, incluyéndolo como un servicio sanitario esencial en el Tratado; prevé el más alto nivel posible de salud para todos los pueblos, sobre la base de la equidad, derechos humanos y la solidaridad. Esto incluye el que los estados miembros, según las directrices de la OMS, eliminen el derecho a la objeción de conciencia del personal sanitario.

  Por otro lado, el embajador enviado por Biden, pidió, - que más bien hay que entenderlo como una exigencia -, que se incluyera en el Tratado el acceso a los servicios sanitarios esenciales durante las pandemias, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva, es decir, el aborto. Y China ha pedido que se mantenga en secreto lo tratado en las negociaciones sobre la pandemia, o sea, que estos documentos no sean de acceso público.

  Esto así, daría una mayor y casi total autoridad al director de la OMS, para declarar una pandemia y activar, por ende, los requisitos y disposiciones del Tratado sobre la soberanía de los países miembros.

  Como siempre, para confundir al enemigo, el Tratado hace referencia a la soberanía de los estados. Pero el borrador contiene una advertencia, que garantiza que la jurisdicción y el control nacionales de los estados, no causen daños y lesiones a otros países. ¿Cómo se entiende esto? Como daños que siguen sin especificarse, y que se puede interpretar de varias maneras, incluyendo acciones consideradas discriminatorias, como prohibiciones de aborto, cirugías para transexuales, etc.

  Ahora, ¿qué implica la firma de este Tratado sobre Pandemia para la República Dominicana? Nuestro país es estado miembro de este organismo mundial. Pero, hasta el día de hoy, ni la prensa ni comunicadores han hablado de este Tratado que se viene cocinando en la OMS. Salvo dos o tres comunicadores en plataformas digitales han hablado de esto y lo han hecho en una manera de advertirnos, tanto al gobierno central como al pueblo dominicano en general, de que el gobierno dominicano no debe firmar dicho Tratado sobre Pandemia ya que eso traería el entregar a la OMS la soberanía en materia de salud.

  La República Dominicana ha venido dando unas señales en anteriores ocasiones, nada inocentes, de apoyar una serie de políticas internacionales, emanadas de estos organismos, que ponen en entredicho la soberanía del país a la hora de apoyar o no dichas resoluciones. Es una especie de arrodillamiento ante estos organismos que, muy pocas cosas positivas traen al país. Pareciera que a nuestras autoridades les da miedo exponer sus puntos de vistas en esas discusiones que se dan en esos organismos; que la representación del país sólo está en esas discusiones para apoyar lo que se plantee en esas reuniones. Nuestro país ha fungido como una especie de sello gomífrafo y eso no es bueno.

  Recordemos que en la pasada pandemia del covid, en nuestro país hubo la intención de algunos legisladores de aprobar la vacunación obligatoria, violando así la constitución en su articulo 42, numeral 3. Las vacunas que se autorizaron por la OMS para el covid fueron vacunas experimentales, y ya se han publicado las consecuencias de estas y todas las demandas judiciales que se han venido sometiendo en los tribunales de otros países. Pero aquí en RD no se dice nada de esto ni de las consecuencias negativas que estas vacunas están provocando en gran parte de la población. Aquellos que se la pasaron satanizando a los que no se vacunaron y pidiendo que se les encerrara y no tuvieran acceso a bancos, centros comerciales, transporte, y otros servicios públicos y privados, - médicos, políticos, comunicadores, pastores -, hace tiempo que salieron de las redes sociales y no dicen nada para exigir una investigación científica y judicial que dé respuestas a tantas cuestiones.

  Ante esta fecha que se acerca para la aprobación de este Tratado sobre pandemia de la OMS, será una ocasión más para ver qué decisión tomará el gobierno dominicano en las votaciones. Esperamos que, como han manifestado otros países, la República Dominicana se abstenga de firmar dicho Tratado, que es más bien una especie de dictadura sanitaria. Esta es una prueba más para ver hasta dónde viene avanzando la incondicionalidad del presidente a la ONU.

miércoles, 8 de mayo de 2024

Cumplir la voluntad de Dios

 

En el evangelio de san Marcos 4, 31-35, leemos un texto muy característico de la predicación de Jesús, y que se ha utilizado por grupos protestantes, sobre todo, para justificar lo injustificable o hacer decir al texto bíblico lo que en realidad no dice. Es el texto que habla de “Los hermanos de Jesús”. Este texto nos recuerda otro pasaje evangélico donde se hace referencia a la dicha de los pechos que le amamantaron. Pero, Jesús responde que, más bien dichosos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

  Hay quienes interpretan estos textos evangélicos como un irrespeto y desconsideración de parte de Jesús hacia su Madre. Pero es todo lo contrario. De hecho, la Virgen María es la feliz, dichosa y bienaventurada por haber escuchado la palabra de Dios y ponerla en práctica. La Virgen María es llamada también la “fiel discípula de Dios y de Su Hijo”. En esto reside la dicha y bienaventuranza que ella experimentó. Por lo tanto, Jesús en estos pasajes evangélicos lo que hace más bien es alabar a su Madre santísima por esta actitud de fe y confianza en Dios Padre.

  La misión de María es netamente maternal. Ser la Madre del Dios hecho hombre. Esa maternidad se prolonga y extiende en espacio y tiempo; en toda la existencia de la humanidad. Su maternidad abarca la maternidad espiritual de la humanidad. Por esto, ella fue constituida madre de todos los hombres por su mismo Hijo Jesucristo antes de entregar su espíritu en la cruz. Por esto nosotros nos dirigimos a ella como nuestra Madre espiritual, no de otra manera. Jesucristo no la incluyó a ella en el grupo de los Doce porque su misión es maternal; está por encima de los Doce, pero no al mismo nivel que su Hijo. Ella no es diosa; es Madre de la segunda persona de la Santísima Trinidad. Ella fue constituida por su propio Hijo para ser nuestra más grande y primordial intercesora.

  Volviendo al texto en cuestión, y que lleva el título de este escrito. Tenemos entonces que, Jesús no tenía más hermanos de sangre o carnales. Sí tuvo otros familiares, como primos, primos hermanos; quizá tuvo, - aunque no hay documentación que lo atestigüen -, hermanastros. Pero, pensemos en algo lógico. Si Jesús tuvo más hermanos carnales, ¿por qué dejó a su Madre al cuidado de un extraño, su discípulo Juan? Lo lógico hubiera sido que sus supuestos hermanos carnales se hubieran ocupado de ella. Pero no. Por otro lado, está la figura de san José. Lo lógico hubiera sido que hubiera regresado al lado de su esposo. Pero no. Parece ser que, a estas alturas de la vida física de Jesús y su ministerio, san José ya habría muerto y María era viuda.

  Jesús, en la respuesta que da a esos que le avisan que su madre y hermanos le buscan, vemos que invierte las palabras. Primero hace una pregunta retórica e inmediatamente da la respuesta: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Pues el que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Jesús, con estas palabras, amplia su familia. El parentesco con él ya no será por vínculos de sangre, sino más bien por vínculo espiritual. La Iglesia será ahora su gran familia. El vínculo será por la presencia y acción del Espíritu Santo que nos da la gracia de convertirnos en hijos de Dios.

  Pero ¡mucho cuidado! Amor incondicional no significa salvación incondicional. Es decir, Dios nos ama incondicionalmente, pero no nos salva incondicionalmente. Nuestra salvación sí está condicionada a la escucha y práctica de su palabra, porque “no todo el que me diga, Señor, Señor, se salvará”; y también, “si no volvemos a ser como niños, no entraremos al Reino de los cielos”. Tenemos que configurar nuestro querer con el querer de Cristo. Esta es la llave que nos abrirá la puerta para entrar al cielo. Jesús ama hacer la voluntad de su Padre; pues también nosotros debemos amar cumplir su voluntad, tal cual nos la ha revelado, sin condicionamientos y sin regateos.

  Amar a Dios, a su Hijo y a su Madre, lo demostramos en la medida en que cumplimos sus mandamientos. Si no hacemos esto, no podremos llegar a ser santos. Es un amor que nos debe impulsar a ser instrumentos suyos para atraer a otros hombres y mujeres a la comunidad creyente, a la Iglesia. En la Iglesia, - la gran familia espiritual de Dios -, se fortalece el interés de conocer y amar más a Cristo. Somos sus seguidores, sus discípulos y sus apóstoles evangelizadores, con un interés común de dar a conocer a Cristo para que sea más creído y más amado. Nuestra meta y misión es ganar almas para Cristo, llevando su evangelio allí donde el ambiente es hostil. Fermentar de evangelio nuestros ambientes, diríamos los cursillistas de cristiandad. Y esto lo realizó muy bien la Madre santísima. Ella es la obediente, la fiel servidora, amiga y Madre de Dios; la pura y sencilla que supo estar de pie ante la cruz donde estaba crucificado su Hijo, escuchando los insultos de los demás.

  Que nuestra Madre del cielo nos ayude a todos sus hijos espirituales a escuchar y cumplir la voluntad de su Hijo amado.

martes, 30 de abril de 2024

Elecciones de mayo 2024: votemos por el bien posible.

 

Hemos entrado en la recta final de este proceso electoral con miras a las elecciones presidenciales y congresuales. En el mes de febrero pasado, tuvimos un primer torneo electoral que fue para elegir o confirmar a los alcaldes. Ahora nos ha llegado la segunda oportunidad de elección nacional, pero estas son las presidenciales y congresuales. No podemos negar que el interés que despiertan estas elecciones presidenciales y congresuales de mayo sea el mismo que para las alcaldías. La República Dominicana es un país presidencialista. A nivel político, todo gira en torno a la figura presidencial. Así nos concientizaron nuestros líderes políticos y esto está muy difícil, -por no decir imposible -, que sea cambiado de la mentalidad del pueblo dominicano. Quien ha ocupado la primera magistratura del estado siempre es visto y tratado como una especie de rey o príncipe, a quien hay que rendirle pleitesía.

  En el Catecismo de la Iglesia Católica, n 1776, leemos lo que nos dice con relación a la conciencia moral: “En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y hacer el bien y a evitar el mal… el hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón… la conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”. Y, Santo Tomás Moro, que es el patrono de los políticos y gobernantes, nos dijo “El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral”.

  Ante este torneo electoral que se avecina, los cristianos estamos llamados a votar con conciencia cristiana, es decir, elegir a aquellos candidatos y partidos políticos que estén más acorde con la búsqueda del bien común y que luchen por defender y promover lo que nos enseña nuestra Iglesia Católica sobre los llamados “Principios no negociables, a saber: la defensa de la vida, desde su concepción hasta su muerte natural; la defensa y promoción de la familia natural (papá, mamá e hijos); la libertad de los padres de elegir la educación que quieren para sus hijos de acuerdo a sus convicciones, y el derecho de libertad religiosa. ¿Por qué son llamados Principios no negociables? Pues porque expresan valores de razón y de fe fundamentales para construir una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona humana.

  Pero cuando se acerca un torneo electoral, estos principios siempre son cuestionados de manera más incisiva. Luchar por defender el valor absoluto de la dignidad de la persona garantiza un diálogo pacífico y respetuoso. No podemos acallar nuestra conciencia a la hora de ejercer el voto.

  Lamentablemente, es característica del votante dominicano, dar su voto al político y partido que representa sus intereses personales y familiares; también dar su voto al político que, según las encuestas y medios de comunicación, está llevando la delantera en la carrera electoral porque no quiere dar su voto a un perdedor, aun esté de acuerdo con el proyecto político de este último; otra motivación del votante dominicano es votar por puro sentimentalismo, es decir, por aquel candidato que le es más simpático, agradable a la vista y hasta más parecido o gracioso, etc.

  La política es la ciencia de lo posible. Y los cristianos tenemos que hacer lo posible en este terreno porque se haga realidad. No buscamos la perfección. Esto es imposible. Los cristianos debemos ejercer con conciencia nuestro derecho a elegir y ser elegidos porque no somos ciudadanos ni de segunda ni de tercera categoría. Somos ciudadanos de pleno derecho como todos los demás. Tenemos todo el derecho a promover y defender nuestros valores y principios en la plaza pública; tenemos derecho a ser escuchados como todos los demás. Tenemos que impregnar desde nuestra fe en el Dios verdadero nuestra acción política. Tenemos que trabajar e influir por la sanidad y la santidad en las esferas sociales, culturales y políticas. Tenemos que decirles a los políticos que tienen una gran responsabilidad de proteger la vida humana. Esto no es imponer una religión. Nos dice el libro del Éxodo 18,20: “A ellos los debes instruir en las leyes y en las enseñanzas de Dios, y darles a conocer la conducta que deben llevar y las obligaciones que deben cumplir”.

  Si nuestros líderes políticos que desempeñan un cargo público de responsabilidad cometen atropellos contra los mandatos divinos, nosotros los votantes cristianos, también tenemos responsabilidad en ello porque fuimos los que los votamos para esos cargos. Nuestra conciencia moral tiene su fundamento en nuestra fe en Dios, y san Pablo nos dice que la obediencia de la fe es nuestra primera obligación. Seremos juzgados en base al cumplimiento o no, de los mandamientos de la ley de Dios.

  Nuestro país está transitando en estos momentos un camino muy complicado, sobre todo en el aspecto internacional. O sea, está sufriendo una fuerte presión foránea de países y organismos internacionales para que establezca en nuestra Constitución leyes contrarias a la voluntad divina. Se viene presionando con el tema de la implantación o imposición de la nefasta, perversa y diabólica Agenda 2030 de los Objetivos del Desarrollo Sostenible que sus enunciados están cargados de buenismo, pero que, en su aplicación es pura deshumanización, destrucción, totalitarismo y esclavitud. Una agenda que lo busca es la destrucción de las soberanías nacionales y los estados. Y muchos ciudadanos, creyentes, no creyentes e indiferentes están de acuerdo. Pero que nunca se han molestado en saber e investigar de qué se trata esta agenda. Esta agenda globalista es una dictadura disfrazada de democracia.

  En este mes de mayo los dominicanos elegiremos a nuestras autoridades que nos gobernarán por los próximos cuatro años. No votamos ni elegimos a organismos internacionales ni políticos de otros países para que nos gobiernen ni nos digan qué tenemos que hacer como nación soberana. Los gobernantes dominicanos se deben al pueblo dominicano, que es quien los vota; por eso al pueblo se le llama “el soberano”. Necesitamos políticos, autoridades que no se arrodillen ni arrodillen al país por un plato de lentejas, ante estos poderes injerencistas; más bien que se arrodillen ante Dios. Para votar por un buen dirigente político, tenemos que exigir de él que sea honrado, transparente y con vocación de servicio.

  No podemos ser indiferentes ante este torneo electoral que se avecina. En la República Dominicana siempre se ha dicho y, parece ser que la experiencia lo atestigua, que las elecciones se deciden una semana antes de la fecha. Y esto, nuestros partidos y políticos lo saben muy bien y a eso juegan. Tenemos que eliminar la costumbre del “pica pollo, la cerveza y el galón de gasolina”, que son elementos de esta politiquería barata, demagógica y populista, que utilizan gran parte de nuestra clase política para granjearse los votos. Blas de Leso dijo que “una nación se pierde porque quienes la aman no la defienden”; y Walt Whitman dijo que “los peores gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan”. ¿Cuál debe ser el filtro por el cual debemos emitir nuestro voto? Nuestras convicciones cristianas, y no las lealtades ni simpatías a un partido.

  Muchos cristianos han perdido el eje de la dirección de Dios en cuanto a lo que tienen que hacer ante los gobiernos. Estamos viviendo un tiempo en que se busca la felicidad y perfección del ser humano dejando de lado la incidencia de Dios en la vida de la sociedad, y esto es un fallo grande. No podemos seguir siendo cómplices del mal que arropa nuestra sociedad por nuestra indiferencia e irresponsabilidad en el ejercicio y práctica política.

  Ante todo esto que amamos y percibimos que nos lo pueden arrebatar, tenemos que sacudirnos del confort, de la indiferencia, del conformismo y del derrotismo. Por eso: no importa que no te guste la política, ya que hay unos políticos feroces que sí les gusta, y decidirán por ti, y afectará nuestra vida; si amas a tus hijos y nietos, y no quieres que sean adoctrinados por esos políticos feroces, debes votar; si deseas que la libertad de expresión, de pensamiento, de movimiento, de educación, de  creencia…sigan vigentes, debes votar; si quieres que la dignidad de la persona prevalezca siempre, debes votar; si quieres que la democracia y la pluralidad sigan siendo los pilares de nuestra convivencia, debes votar; si quieres que la ley y la justicia predominen en nuestra sociedad, debes votar; si deseas una economía de libre mercado en donde se respete la propiedad privada, debes votar; si quieres una sociedad de ciudadanos libres e iguales, con los mismos derechos y obligaciones, sin privilegios ni superiores a nadie, debes votar; si amas a tu patria y no quieres que sea postrada, dividida, pisoteada, humillada, debes votar. En definitiva, tenemos que luchar y defender todo aquello que amamos, y que nos quieren arrebatar.

  Nuestra nación dominicana se juega su futuro en los próximos años. Y para verla destruida, no hace falta crear una guerra; aunque eso parece. Lo que basta es hacer olvidar su historia, trastocar o cambiar su lenguaje, alejarla de su religión y desintegrar sus valores, principios e identidad.

  El político irlandés Edmund Burke dijo que “para que el mal triunfe, sólo hace falta que los hombres buenos no hagan nada”. Y es que, si queremos que la situación de crisis que vive nuestra nación dominicana cambie para bien, aquellos dominicanos que se dicen que son buenos y serios, no sean indiferentes ante el compromiso político y moral que tenemos en frente en este próximo torneo electoral. Los cristianos no podemos fallarle a Dios ni a nuestra patria. Sacar a Dios, - que es la luz -, de nuestra vida como sociedad, es perdernos en las tinieblas.

  Las familias destruidas destruyen a la patria, mientras que las familias sanas no lanzan delincuentes a las calles. Tenemos que luchar por construir una sociedad dominicana sana, justa y comprometida, donde su mayor valor es su gente. Pero para lograrlo, debemos volver a Dios, darle a Dios el lugar que le corresponde en nuestra vida personal, familiar, eclesial y social. Es lo que le debemos a Dios. Él no nos debe nada. En nuestra sociedad dominicana no debe reinar jamás satanás; no podemos ser esclavos suyos. Y esto es parte de lo que se juega el futuro de nuestra sociedad dominicana en estos años venideros.

  Nos advierte el Catecismo de la Iglesia Católica, en el numeral 1868: “El pecado es un acto personal. Pero nosotros tenemos una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando cooperamos con ello: participando directa y voluntariamente, ordenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos; no revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo; protegiendo a los que hacen el mal”. Es decir, los cristianos no sólo debemos ser y actuar como tales cuando vamos al templo, sino que toda nuestra vida, - privada y pública -, debe estar impregnada de nuestra fe en Dios. No podemos quitarnos “el traje de la fe” cuando vamos a ejercer el voto.

  En estas próximas elecciones presidenciales y congresuales, dejémonos guiar por la razón y no por el corazón. Pidámosle a Dios que nos ilumine y guíe para saber elegir el bien posible.

 

 

miércoles, 27 de marzo de 2024

Porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni comprenden

 

Por P. Robert A. Brisman P.

  La humanidad hoy estamos viviendo unos tiempos difíciles, que podríamos llamarlos “tiempos proféticos”. Hay una gran crisis universal que nos lleva a vivir nuestro valle de lágrimas. Ya el mismo Señor Jesucristo, camino al calvario lo había dicho: “mujeres de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos”. Y esto es lo que hoy está sucediendo. Estamos llorando amargamente y estas lágrimas podrían incluso ser lágrimas de sangre. El ser humano sigue sin aprender. Ya se ha dicho que hoy no estamos viviendo un cambio de época, sino una época de cambios. Y estos cambios nos están costando muy caro asimilarlos. El ser humano sigue sin aprender de su pasado. Lo dice la máxima que, quien no conoce su pasado, está condenado a repetirlo.

  Se cierne sobre la humanidad un gran manto de tiniebla. El hombre moderno y progre sigue rechazando a su Creador y su condición de criatura, para erigirse como su propio amo y señor; se ha empecinado en ser su propio artífice de su destino a expensas de un guía y la verdad absoluta, y se ha venido guiando en su propia verdad o propias verdades, dándose sus propias leyes. Para el hombre de hoy, todo es relativo, nada es absoluto. Todo lo ha centrado en sí mismo; se ha erigido en centro de la creación y del universo. Un mundo creado por el hombre es al mismo tiempo un mundo inhumano.

  El hombre de hoy está recorriendo el camino sobre la máxima del “vive como quieras y aprovecha el presente”, porque piensa que todo termina con la muerte a esta vida. Es la máxima de “darle al cuerpo todo lo que pida o darle gusto al cuerpo”, porque eso es lo que te llevas cuando te mueras. Y la pregunta es ¿te llevas para dónde? Si lo que es de este mundo, se queda en este mundo. ¿Qué gustos y placeres nos llevaremos de este mundo para la otra vida? ¿Acaso se nos va a cuestionar acerca de esto? ¿Eso fue lo que nos vino a enseñar el Hijo de Dios?: “Le preguntó un doctor de la ley: Maestro, ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Y Jesús le contestó: ¿Qué está escrito en la Ley? Le dijo: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. Jesús le dijo: haz esto y vivirás” (Lc 10,25-28).

  Estos acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad, se vienen analizando desde la perspectiva de la geopolítica y la economía. Pero, son pocos los que reparan y ni siquiera miran o lo ven, desde la perspectiva religiosa, de la fe; concretamente, desde las profecías del evangelio y las advertencias marianas a la humanidad. De hecho, muchos cristianos ni siquiera están enterados ni le dan crédito a las mismas. Es verdad que estas advertencias marianas no pertenecen al depósito de la fe, nadie está obligado a creer en ellas. Pero, tampoco eso quiere decir que no puedan ser tomadas en cuenta para que nosotros tomemos las previsiones de lugar y evitar, con nuestras oraciones y sacrificios, el que sucedan.

  El deterioro en el que actualmente se encuentra la humanidad es profundo y se puede decir que ya ha llegado a tocar fondo. Cuando se toca fondo, se nos presentan dos opciones: la primera es para que nos impulsemos desde el fondo y podamos salir a la superficie; y la segunda es quedarnos en el fondo y ahogarnos. Y parece ser que gran parte de la humanidad está decidiendo quedarse en el fondo para ahogarse y morir. Y es que la Iglesia hoy, casi no habla del pecado, el infierno, la muerte, el riesgo de condenación y la vida eterna; pero sí mucho sobre pobreza, cambio climático, migración, inclusividad y felicidad terrena, fraternidad universal sin relación a Dios Padre. Si la Iglesia mundaniza su mensaje, pues ella está de más. Vivimos en un mundo apóstata, y la Iglesia parece ser que se ha abrazado con él.

  Pues todo esto y más ya se nos fue advertido que vendría a nosotros al apartarnos de Dios y confraternizar con el mundo y sus pompas, sus criterios, sus ideologías. Por otro lado, la Virgen María también ya nos ha venido advirtiendo en sus diferentes apariciones (Garabandal, Fátima, Akita, etc.), de esta crisis del mundo y, en ella, la crisis interna de la Iglesia de Su Hijo. Esta crisis interna de la Iglesia tiene que ver con el camino de perdición en la que van avanzando muchos cardenales, obispos y sacerdotes y con ellos van arrastrando a muchas almas, es decir, les enseñan una doctrina adulterada; crisis en las vocaciones sacerdotales y religiosas, al grado de que ya muchos seminarios están vacíos y sus edificaciones puestas en venta para convertirlos en bares, cantinas, teatros, parques de diversión, etc. Otras de las advertencias de la Virgen es la llegada de lo que sería la tercera guerra mundial que, por los acontecimientos de estos últimos años, se viene concretando más y más esa posibilidad, con guerras que no resuelven nada, y más bien lo que sí resuelven es hacer más ricos a los países que la generan. Ya estamos al borde de esta guerra, con el agravante de que puede desencadenar en una guerra nuclear.

  Nuestra Madre del cielo nos ha advertido que lo único que podría detener estos acontecimientos catastróficos es la oración, la penitencia, el sacrificio y la frecuencia de los sacramentos de la confesión y la comunión. Pero ya es tarde para evitarlo. Muchos católicos hemos o han fallado, porque parte de esta crisis religiosa es la falta de fe. Ya lo dijo el Señor: “Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?” (Lc 18,8b).

  ¡El mundo necesita a Cristo; necesita volver a Cristo! La Iglesia no puede, ni tiene ni debe asemejarse al mundo, sino en transformarlo de acuerdo con el mensaje del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Dijo Chesterton: “La Iglesia está para decirle al mundo, no lo que quiere oír, sino lo que necesita escuchar. El hombre no necesita una religión que le diga que él tiene la razón. Lo que necesita es una religión que tenga razón cuando él esté equivocado”. La Iglesia tiene que ser luz en medio de la oscuridad. Pero ella tiene que dejarse iluminar por la luz de su Señor. La Iglesia tiene que ver el mundo desde la perspectiva de Cristo para poder ayudarle a salir de su oscuridad. En la Iglesia cabemos todos, pero no cabe todo. Es decir, no cabe el pecado en ninguna de sus manifestaciones. La Iglesia es la esposa de Cristo; no la concubina de nuestros antojos, deseos y pasiones. Estamos viviendo un proceso profundo de descristianización. Hoy se busca y se quiere un cristianismo sin Dios; una religión sin doctrina; una caridad sin fe.

  La Iglesia necesita que sus pastores orienten a los fieles en la doctrina y en política, así como la explicación de las causas que nos han conducido a la catastrófica situación actual. Necesitamos feligreses católicos valientes que estén bien formados, que no se dejen engañar por eslóganes fantasiosos. La doctrina revelada es palabra divina que debe anunciarse, causa de vida y gracia de salvación. La ausencia de Dios conduce inevitablemente a la omnipotencia del mal.

  No seamos ciegos a lo que estamos viviendo en la actualidad. Dios nos está hablando. Podemos decir que, hasta ahora, Dios nos viene hablando como Padre. Pero ya llega el día, y está encima de nosotros, en que nos hablará como el Dios Único, Vivo, Verdadero y Todopoderoso.

 

jueves, 14 de marzo de 2024

Una humanidad que muere (y 3)

 

Por Pbro. Robert A. Brisman P.

  Con esta afrenta, a esta sociedad moderna se le ha olvidado que el hombre fue creado con el fin de alabar a Dios, honrarlo y servirle según la voluntad divina, y así salvar su alma. El filósofo español Rafael Gambra, escribió: "Una sociedad en que el Dios verdadero no tiene derechos es una sociedad destinada a perecer a manos de sus ídolos". Y esta sociedad moderna y progre, con este afán de legalizar la muerte, ha caído en manos del dios Moloc. Por esto C.S. Lewis dijo: "Quién se rinde sin reservas a las demandas temporales de una nación, de un partido o de una clase está dándole al César aquello que, por encima de cualquier otra cosa, pertenece categóricamente a Dios: uno mismo”. 

  Nos viene bien recordar aquí las palabras del papa Benedicto XVI, con respecto a los principios no negociables: "La protección de la vida en todas sus fases, desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural; reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como una unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa ante los intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y sus papel social insustituible; la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos. Estos principios no son verdades de fe, aunque queden iluminados y confirmados por fe; están inscritos en la naturaleza humana, y por lo tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia en su promoción no es por lo tanto de carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, independientemente de su afiliación religiosa. Por el contrario, esta acción es aún más necesaria en la medida en que estos principios son negados o malentendidos, pues de este modo se comete una ofensa a la verdad de la persona humana, una grave herida provocada a la justicia misma".

  No hay dudas de que por el camino que va la humanidad, lo que está demostrando es su odio a la vida, y, por lo tanto, es odio al amor; porque el amor genera vida y la vida se fundamenta en la verdad. El papa Pablo VI, en la encíclica Humanae Vitae, señaló a los gobiernos: “Decimos a los gobernantes, que son los primeros responsables del bien común y que tanto pueden hacer para salvaguardar las costumbres morales: no permitan que se degrade la moralidad de sus pueblos; no acepten que se introduzcan legalmente en la célula fundamental, que es la familia, prácticas contrarias a la ley natural y divina. Es otro el camino por el cual los poderes públicos pueden y deben contribuir a la solución del problema demográfico: el de una cuidadosa política familiar y de una sabia educación de los pueblos, que respete la ley moral y la libertad de los ciudadanos”.

    Esta deriva asesina por la cual avanza y se hunde la humanidad, no es más que una señal inequívoca del poder espiritual del mal, es decir, del diablo. Es un combate, una ofensa y una oposición radical al mismo Dios. Y ante esta afrenta, como Iglesia de Cristo, debemos seguir dando la batalla de defender, promover y proteger la vida, sobre todo del más indefenso, el niño por nacer. Como Iglesia, somos el último escudo frente a esta nueva ética mundial de genocidio que está arropando al mundo.

  Termino este artículo, citando nuevamente al cardenal Carlo Caffarra: “La concepción de una persona es un acontecimiento grandioso. Es el resultado de un acto creador de Dios y del acto de la unión conyugal. Dios ha querido al hombre desde el principio. Y lo quiere en cada concepción. Ninguno de nosotros viene al mundo por azar o necesidad. Su ser es debido a un acto creador de Dios. Cada uno de nosotros puede decir: yo estoy porque Dios me ha querido. Ninguna persona puede ser sólo utilizada ni instrumentalizada”.