Nuevamente tuvimos al santo
Padre en América, específicamente ahora le tocó a México. Pero antes de llegar
a tierra azteca, el santo padre hizo una escala breve en Cuba para un encuentro
fraterno con el líder de la iglesia católica ortodoxa de lo que se conoce como
de toda las Rusias-, el patriarca Kiril. Este encuentro de estos dos líderes
religiosos se viene propiciando desde hace un poco más de medio siglo. Todo
empezó con el Papa san Juan Pablo II, pero no fue posible ya que faltando unas
semanas para ese encuentro, el Papa polaco murió. Se continúo la intención con
el Papa Benedicto XVI, pero tampoco se pudo realizar por motivos de impases
sobre la presencia de la iglesia católica en Rusia. Pero ya con el Papa Francisco
estas diferencias han sido superadas y se ha aprovechado este viaje a América y
reunirse en un país neutral, como lo ha sido Cuba.
Es mucha la noticia que hay en los medios
sobre este acontecimiento. Y, ¡claro que ha sido un acontecimiento! Desde que
sucedió el cisma que dividió a la Iglesia hasta ahora, estos dos líderes
religiosos se juntan, se dan las manos y conversan en un clima de fraternidad.
El tema más importante tratado fue el de la persecución y martirio que están
sufriendo nuestros hermanos cristianos por el estado islámico. Tendremos que
esperar para saber a qué conclusiones habrán llegado ambos líderes religiosos.
Pero ahora el santo Padre llega a México.
Siempre una gran cantidad de personas y fieles católicos se han preguntado por qué
los últimos tres papas han visitado más de una ocasión este gran país azteca;
qué es lo que les ha llamado la atención
a los últimos tres Papas de México, etc. Cabe señalar que a veces estas
preguntas se hacen bajo el manto de cierto celo porque pareciera que los otros
países del continente latinoamericano no despiertan la misma inquietud de los pontífices.
Se han dado varias razones para justificar estos viajes apostólicos a México, y
el mismo santo padre ha dado algunas que otras causas de su visita. Independientemente
de estas, si quiero, -y es bueno señalar-, otras causas que hay que tener en
cuenta son las siguientes: recordemos que México, junto con Brasil y Colombia,
tienen la mayor cantidad de fieles católicos de este continente. México es una
de las columnas del catolicismo junto a estas otras dos naciones. La fe
católica del pueblo Mexicano ha sido muy golpeada por los escándalos de abusos
sexuales llevados a cabo por algunos miembros del clero. Esta triste situación,
como en los otros países, ha sido un demoledor golpe a la fe de muchos fieles y
ha puesto en entredicho también la autoridad de la Iglesia. Recordemos que
siempre se le ha endilgado a la jerarquía católica en México y al Vaticano el
no haber actuado con prontitud y energía ante estos casos.
Otro asunto o problema que no debemos dejar
pasar por alto es que México ha sido contagiado, si cabe el término, por la
ideología de género. En algunos estados de México se han aprobados leyes que
hacen presente aquello que el papa san Juan Pablo II llamó “la cultura de la
muerte”, con leyes de aborto, uniones homosexuales y adopciones por estos y
eutanasia. México es un país federado y hay leyes federales y leyes estatales;
por eso estas leyes sólo se han aprobados en algunos estados incluyendo el
Distrito Federal. Todo esto conlleva a mermar más la tradición, valores y
principios del pueblo mexicano que en su mayoría se identifican con el
catolicismo. La visita del santo Padre a México ha provocado también cierto
malestar y crítica porque los contrarios a ella han dicho que el gobierno mexicano
ha gastado muchos millones y que lo mejor era que lo invirtieran en obras de
bien social. Hay que aclarar que el costo de la visita papal a México casi en
su totalidad fue asumida por donaciones de empresas y personas particulares, -por ejemplo: los cinco
papamóviles usados para sus recorridos fueron donados por empresas automotrices-;
sin dejar de lado la responsabilidad o la parte que sí le corresponde a las
autoridades. Recordemos que el santo Padre también ostenta la categoría de jefe
de Estado del Vaticano y el país anfitrión tiene la obligación y
responsabilidad de garantizar la seguridad y estancia de todo visitante distinguido, como lo son los
jefes de estado que visitan un país. Jamás se puede pretender que porque sea el
Papa, el gobierno mexicano no cumpla con su deber con tan distinguido huésped.
A estos que dicen estas cosas habría que preguntarles por qué no reclaman lo
mismo cuando va cualquier otro jefe de estado de visita a su país. Lo evidente
no necesita demostración: definitivamente se fragua por debajo una
animadversión hacia la figura del Papa y lástima que sea en uno de los
bastiones del catolicismo en América. Pero, esto tampoco ha de extrañarnos.
Esperemos que esta visita del santo Padre
haya logrado su cometido y que Francisco haya podido confirmar a nuestros
hermanos de México en la fe en Cristo y su Iglesia.
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