El pasado 5 de este mes de
octubre dio inicio en la ciudad del Vaticano el Sínodo de los obispos -convocado
por el Papa Francisco y que concluirá el 19 del mismo-, para tratar el tema de
los desafíos actuales de la familia y de cómo tienen que ser encarados pastoralmente
por la Iglesia. Este Sínodo, que el significado de la palabra es “caminar juntos”, no es para tratar
ningún aspecto doctrinal sobre la familia, es decir, no tratará ningún aspecto
sobre lo que enseña la doctrina de la Iglesia Católica sobre la familia. De
hecho, el mismo título del Sínodo lo aclara: “los desafíos pastorales de la
familia en el contexto de la evangelización”.
Desde el momento en que fue convocado este Sínodo
por el Papa, concitó mucha atención por todos los medios de comunicación del
mundo secular y, por supuesto, por la misma feligresía católica porque
empezaron a surgir especulaciones sobre lo que nuestros obispos iban o debían
de tratar. La prensa secular no tardó en empezar a dar opiniones al respecto y también
se hizo eco de algunas opiniones de algunos cardenales, por ejemplo el Cardenal
Kasper que introdujo el tema de si se debería aceptar a la comunión sacramental
o no a los divorciados vueltos a casar o, dicho en otras palabras, el Cardenal
Kasper llegó a decir que si el Sínodo no asume esta postura de aceptación
entonces no tendría ningún sentido realizarlo. Como era de esperarse, esta
opinión encendió el debate y puso en cuestión la doctrina católica sobre este
punto y surgieron innumerables opiniones tanto a favor como en contra. Cada
quien presentaba sus argumentos. Pero, el Sínodo ya está en marcha. Están
presentes todos aquellos que fueron convocados, salvo uno que otro que quizá no
pudo asistir por alguna razón específica. El Papa Francisco, al inicio del
mismo, exhortó a los obispos a que hablaran sin miedo; que se dejaran guiar por
Espíritu Santo; hablar con claridad y escuchar con humildad, etc. Pero lo que
quiero resaltar es las opiniones de medios de comunicación seculares que han
querido de alguna forma influenciar en el Sínodo con sus opiniones que
contradicen la doctrina católica en dos puntos principales, que no los únicos, y
que trataré en dos partes de este escrito ya que son temas abundantes, y son:
la comunión sí o no a los divorciados vueltos a casar y la bendición o aceptación
de las uniones homosexuales. Estos temas tienen una gran importancia para la
vida y doctrina católica y no se diga para nuestros feligreses.
Hablemos del primero de ellos: la aceptación
o no a la comunión de los divorciados vueltos a casar. Siempre se ha querido
presentar a la Iglesia Católica como que es inmisericordiosa con estos hermanos
que viven en esta situación. Comunicadores que opinan sin saber ni conocer la
enseñanza del evangelio al respecto. Comunicadores que más bien citan
versículos del evangelio como si fueran dichos populares y lo despojan de todo
su contenido doctrinal. Hay que tener en cuenta que la Iglesia Católica nunca
ha dicho ni afirmado que las personas que viven en esta situación están excomulgadas
o castigadas; más bien lo que siempre ha dicho y enseñado es que estas personas
viven en una “situación irregular” y que por ello están impedidos de acceder
a los sacramentos, -entiéndase comunión y confesión-, mientras permanezcan en
esa situación. Y, hay que aclarar también en este punto que esta situación de
irregularidad no se les aplica a los hijos. Esta situación de irregularidad no
les impide en ningún momento estar en la Iglesia y realizar su vida de fe en la
misma ni vivir su compromiso cristiano. Es más, en casi todas las parroquias
existe una pastoral para divorciados vueltos a casar para acompañarles en su
caminar y no dejarlos solos. Son infinidad de matrimonios en esta situación que
están viviendo y practicando su fe en alguna comunidad eclesial y nunca se han
sentido rechazados y señalados como si no tuvieran salvación. El impedimento de
no comulgar para estas personas viene especificado por el mismo Jesucristo que
dijo: “cuando un hombre se divorcia de su mujer y se casa con otra comete
adulterio contra la primera y viceversa” (Mc 10,11); y san Pablo en su
1 carta a los Corintios dice que: “Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz
del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor” (11,27).
Como vemos esta es la enseñanza de Jesús y no es un invento de la Iglesia. Esto
es lo que no saben o no quieren saber los enemigos de la Iglesia y por eso no lo
citan. Hay que tener mucho cuidado con un falso concepto de la “misericordia”. La misericordia no puede
ir nunca en contra de la verdad, en este caso, no puede nunca en contra de la
verdad del evangelio. No podemos incitar a las personas a que, movidos por falso
concepto de la misericordia, se condenen. Jesús mismo mandó a sus apóstoles y en
ellos a su Iglesia, a que enseñaran a los demás a cumplir todo cuanto Él enseño
tal cual Él lo enseñó, y sin cambiarle una sola letra al menaje recibido puesto
que el mensaje del evangelio no es de la Iglesia sino de Cristo, y la Iglesia
no es más que la portadora y anunciadora del evangelio y no su dueña: “el
que quiera creer y se bautice ése salvará y el que no quiera creer se condenará”
(Mc 16,15-16).
No podemos manipular el evangelio y hacerlo
decir lo que él no dice. Eso sería ir en contra del mismo Jesucristo. Jesús fue
radical con el mensaje que nos vino a comunicar y esa misma rigurosidad se la
encargó a su Iglesia. Esta es la enseñanza que muchos no han entendido ni han
querido entender y lo que hacen muchas veces es irse a una comunidad cristiana
en donde el evangelio se les acomode a sus necesidades, cuando tiene y debe de
ser al revés. En esto la Iglesia Católica siempre ha estado clara y no ha
cambiado su línea le guste o no a los fieles. Creo que la Iglesia debe de
seguir insistiendo en una seria y más profunda preparación al matrimonio a sus
fieles, y principalmente a los jóvenes. Lamentablemente el matrimonio hoy en día
se asume como algo que está de moda y pocos piensan en lo que significa y conlleva
este camino de compromiso y de salvación.
Bendiciones.
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